Eduardo Manchón en la literatura

 

La playa de Coma-ruga acogerá esta tarde la 18 edición del torneo Eduardo Manchón, un acontecimiento lúdico-deportivo con el que se quiere homenajear a quien fue uno de los míticos integrantes de la histórica delantera del Barça de las Cinco Copas.

Organizado por un gran amigo del jugador, Josep Maldonado, y la Penya Barcelonista de Coma-ruga, se trata de una oportunidad de ver en acción a exjugadores jugando un partido en la playa, así como de acercarse a otros conocidos y populares personajes que aportan su granito de arena en la organización del torneo.

Tal y como podemos encontrar en la Wikipedia, Eduardo Manchón Molina (Barcelona, 24 de julio del 1930 – Barcelona, 29 de septiembre del 2010) fue un futbolista español de los años 50. Desarrolló la mayor parte de su carrera deportiva en el FC Barcelona, entre 1948 y 1957, como extremo izquierdo, formando parte de la legendaria delantera del “Barça de las Cinco Copas” de la temporada 1951-52 junto a Basora, César, Kubala, Vila y Moreno, que emocionó a los barcelonistas y que Joan Manuel Serrat popularizó con su famosa canción “Temps era temps“.

Manchón fue un extremo izquierdo de clase excepcional, pequeño (1,66 m de altura), con gran velocidad y muy buen regado, pero también un excelente rematador. Su velocidad hizo que lo denominaran con el apodo de La Bicicleta.

A Manchón lo ha recordado la música (el citado Serrat), e incluso la televisión, mediante la serie “Kubala, Moreno i Manchón” de TV3. Así que un día como hoy es ideal para aportar un granito de arena en su recuerdo. Y nada mejor para hacerlo que recordar algunas referencias literarias en las que es protagonista.

Aparte de todos las innumerables obras de historia en las que se hace referencia a la mítica delantera de las Cinco Copas, Manchón también ocupa alguna obra de ficción, como es el caso de “La inmensa minoría”, de Miguel Ángel Ortiz, novela en la que los orígenes de Manchón y su paso por el Iberia, el equipo del barrio, forman parte de la trama:

“Decía eso y nos contaba la historia del Manchón.

Nos decía que había tenido que dejar su tierra para poder comer. Con nuestra edad, el Barça ya se había fijado en él, “asín que vais tarde, canijos”, nos decía, “Menos quejarse de que a nuestro campo no vienen los ojeadores, que él salió de Casa Antúnez, que así le llamaban a Can Tunis, y, de allí, al Iberia. ¡Ea! Que pasó de clavar los tacos en la tierra del Iberia a clavarlos en la yerba del Camp Nou. Ahí es na”.

En otro momento de la novela descubrimos que Manchón también es el personaje central del trabajo de recerca del narrador:

“El Pista me llamó después de los exámenes, cuando ya estábamos metidos con el trabajo de recerca. Yo había elegido al Manchón como tema para el trabajo. Pensé que no me lo darían por válido, pero al tutor le gustó porque había sido una personalidad del barrio y me dio el visto bueno. Le hice muchas preguntas al padre del Chusmari y el Peludo me dejó buscar más información en su ordenador y pasarlo a limpio. Chanaba, la recerca; pero cada vez que pensaba que tendría que salir y explicarlo delante de la clase, empezaba a morderme las uñas y los pellejos.”

Otro tipo de referencias son las que encontramos en “Fútbol, una religión en busca de un Dios”, publicado el 2005, una obra en la que Manuel Vázquez Montalbán atribuye a Eduardo Manchón una cuota de responsabilidad en el hecho de que el creador de Carvalho fuera del Barça:

“Imposible olvidar que empieza la celebración del Centenario del Barcelona F. C., institución de la que me declaro partidario por los mismos motivos que Joan Manuel Serrat. Los dos somos de barrio y nos hicimos del Barça porque en las tiendas del país de nuestra infancia aparecían carteles en los que Samitier regateaba a un jugador, cualquiera, del Espanyol. Los dos nos hicimos del Barça por obra y gracia de Basora, César, Kubala, Moreno y Manchón. Y lo seguimos siendo porque el Barça era el ejército simbólico de una idea de catalanidad popular, laica, sin necesidad de peregrinar a otra montaña sagrada que no sea la grada del Camp de Les Corts o del Camp Nou”.

Y en el mismo libro hace una invitación al lector a comparar aquella mítica delantera de la que Manchón fue elemento destacado con la del equipo del año del Centenario:

“Qué importa un autoengaño más. Al fin y al cabo, Serrat canta del himno del Centenario y ahí está la delantera representativa, heredera de Basora, César, Kubala, Moreno y Manchón. Recítenla de carrerilla: Figo, Giovanni, Anderson o Kluivert, Rivaldo y Zenden. No les invito a que reciten de carrerilla el resto del equipo para que no se echen a llorar, porque hay motivos más serios para las lágrimas: por ejemplo, la flexibilización del mercado de trabajo o que a Pinochet le haya salido un hijo con esa voz”.

Y una referencia más es la que encontramos cuando dice:

“Diez años después de que el franquismo pretendiera convertir el campo de Les Corts en un aparcamiento de tanques de ocupación, Basora, César, Kubala, Moreno y Manchón desembarcaban en Dunkerque y abrían el segundo frente ansiado, respaldados por una retaguardia tan exquisita como disuasoria: Ramallets, Calvet, Biosca, Seguer, Gonzalvo III, Bosch, Aldecoa, Vila… El equipo de las Cinco Copas”.

 

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