“El último milagro”, de Horacio Convertini. Editorial Barrett

 

 

Aunque pueda sonar extraño, no me parece una barbaridad equiparar el desarrollo de algunos libros con el de algunos partidos de fútbol. Así, hay encuentros a los que les cuesta entrar en acción, y convierten sus primeros veinte o treinta minutos en un tanteo aburrido en el que apenas sucede nada, sin oportunidades ni situaciones destacables, como si a los jugadores les costara tomar conciencia de que el combate ya ha comenzado. En cambio, en otras ocasiones, desde el silbido inicial del árbitro la acción se sucede sin apenas respiro. Con el espectador aún sin acomodarse en su asiento ya se han producido tres oportunidades, un tiro al palo y dos córners, como mínimo.

En los libros, a veces, sucede justamente lo mismo. A algunos les cuesta arrancar, y la cosa no se anima hasta que llegas a la página 80. En otros casos, como te descuides, el libro te ha cogido del cuello de tal modo que te va a ser imposible apartar la vista de él.

Eso es, más o menos, lo que ofrece “El último milagro”, del argentino Horacio Convertini y publicado por la Editorial Barrett. Un toma y daca constante desde el inicio de la lectura. Un ritmo trepidante que te hace ir devorando páginas sin respiro. Un permanente sprint que no afloja en ningún momento, y del que cuando lo terminas te das cuenta de que el tiempo del partido se te ha pasado volando, y esperas que haya prórroga y penaltis para que el espectáculo continúe.

Un libro que además de leerse se devora.


ACCESOS AL ESTADIO

El primer contacto con el estadio sorprende muy gratamente por lo cuidados que se presentan sus accesos e instalaciones. La fotografía de portada ya refleja el contenido futbolístico de la novela, puesto que está protagonizada por la soledad de un balón de fútbol junto a un banderín de córner, obra de Michal Jarmoluk. Una imagen diferente a la que apareció en la edición argentina de la novela, publicada el 2014.

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La edición es detallista, con unas zonas previas formadas por dos textos introductorios muy oportunos para comprender mejor algunos elementos del trasfondo de la novela. Así, lo primero que leemos es una presentación a cargo de Jorge Valdano, seguido de un texto de Alexis Ravelo (ganador del premio Dashiell Hamett 2014 por la obra “La estrategia del pequinés”) y otro de Paco Camarasa, comisario del festival Barcelona Negra y un referente del género negro español.

También aparece una “Nota del autor” en la que justifica que el equipo en torno al cual gira la historia no sea ficticio, sino totalmente identificable, correspondiendo a Racing de Avellaneda. Por último, un fondo de color en estas páginas iniciales ayudan a dar un toque atractivo a esta primera toma de contacto.

EL TERRENO DE JUEGO

Citaba al principio que uno de los aspectos más destacables de la novela es su gran ritmo narrativo. El libro, de unas 230 páginas, se organiza en base a capítulos cortos, muy dinámicos, centrados cada uno de ellos en alguno de los principales protagonistas de la historia.

Tres o cuatro páginas a lo sumo en los que se cuenta de manera directa lo necesario para que la historia vaya avanzando. Haciendo un símil futbolístico, diría que cada capítulo es una jugada de ataque directa, una clara intención de buscar el área rival y huir de especulaciones o de congelar el juego.

EL PARTIDO

Lo decía al principio y vuelvo a insistir en ello: “El último milagro” es una magnífica novela con un ritmo trepidante. La tensión narrativa se mantiene del primer al último capítulo, sin que el interés decaiga en ningún momento. Si fuera un partido de fútbol nos encontraríamos ante uno de esos encuentros en los que no hay tregua ni especulación en el juego, y en el que los dos equipos no paran de buscar el gol de manera directa.

En la sinopsis leemos:

“El Racing Club de Avellaneda, uno de los equipos más populares de Argentina, se encuentra en crisis Terminal y a punto de descender a segunda división. Para salvar la situación, una empresa japonesa se ofrece a implantarle un chip a Franzoni transformándolo en el mejor jugador del mundo, superando a Messi y Maradona juntos, ya que puede ser controlado desde la grada por el campeón mundial de PlayStation. Todo envuelve a sus personajes en una trama sangrienta llena de intriga, lo que hace de esta novela un inquietante exponente del género negro”.

Es inevitable dibujar una mueca de sorpresa cuando se lee semejante planteamiento. Novela negra sobre fútbol, en la que hay un implante de chip, presencia del campeón del mundo de PlayStation… Y, todo ello, ambientado en el contexto reconocible de un club identificable –Racing de Avellaneda, uno de los cinco grandes del fútbol argentino-, y no en el lejano futuro del año 2.374, por ejemplo.

Una delirante propuesta argumental que, sin embargo, se acaba convirtiendo en algo totalmente verosímil, sin llegar a chirriar en ningún momento. Más bien sucede lo contrario, y ese incorporación de la ciencia ficción (quizá premonitoria, quien sabe si algún día llegaremos a ver algo así) se integra perfectamente con el devenir de unos personajes sólidos y creíbles.

Toda la historia gira en torno a cuatro personajes principales. Zagaglia, entrenador de largo recorrido que no ha conseguido conquistar el terreno del triunfo. Franzoni, mejor jugador del equipo y conejillo de indias del experimento. Ribonatti, presidente de un club en crisis cuya vida familiar también comienza a hundirse. Y Lis, extraño líder de la barra más ultra del club, una especie de profeta amante de la poesía y obsesionado con el cumplimiento de una misión. Todos ellos son los planetas que sitúan cada uno de los capítulos y en torno a los cuales orbitan otros protagonistas como la enigmática e hipnótia Romina, el japonés Nakamura o Petaca, el asesor del presidente.

Explica el autor en el prólogo que “Racing es una montaña rusa enloquecida, el reflejo futbolístico de una argentinidad siempre en la disyuntiva de la gloria o la hecatombe. La historia de un jugador cyborg que puede salvar a un club en estado terminal es un delirio que toma carnadura y se vuelve creíble solo si hablamos de Racing, de sus aficionados capaces de cualquier epopeya, de sus dirigentes tan propensos al desatino, de su perfil de gigantesco Titanic que puede zozobrar aún en el agua calma de una piscina hinchable”.

Horacio Convertini

Esa sensación de funambulismo, de caminar al filo de la navaja es continua a lo largo de la historia. La crisis por la que atraviesa el club parece encontrar un atisbo de esperanza gracias al revolucionario invento tecnológico de una empresa japonesa. Los protagonistas, cuya situación actual está más cerca del fracaso que del éxito, parecen descubrir aquí la solución a todos sus males. Pero en esa montaña rusa que a veces es el destino es fácil pasar de acercarse a lo más alto para acabar cayendo en lo más bajo.

El interés del libro va más allá de la negrura y la intriga que se respira. La trama avanza como un rompecabezas perfecto en el que las piezas van encajando sin fisuras sin pausa, manteniendo un ritmo constante que no permite relajarse. Pese a la brevedad de lo capítulos la dosis de contenido en cada uno de ellos es alta. Y, además, existe una poderosa corriente subterránea que coloca a los personajes ante una interesante tesitura moral. ¿Hasta dónde se es capaz de llegar con tal de conseguir el éxito?

Una novela, en definitiva, más que recomendable, que ofrece un magnífico rato de lectura a partir de una original forma de aproximarse al mundo del fútbol y en el que también hay espacio para la reflexión.

SALA DE PRENSA



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