“El chico que relataba partidos de fútbol”, de Pablo di Pietro. Ediciones Deldragón

 

 

 

Cuando tenía unos once o doce años tuve un compañero en el colegio que se pasaba el día inventando y contando noticias deportivas y gritándolas por los pasillos. Una de las que se me han quedado grabadas es la siguiente: “¡Extra, extra. Cruyff, 29 años, 48 veces internacional. Iríbar, 33, solo 49!”. Lo hacía a grito pelado. Tenía alma de periodista, pero le perdí el rastro y desconozco si acabó dedicándose a ello.

Me he acordado de él tras leer una extraordinaria novela: “El chico que relataba partidos de fútbol”, del escritor y periodista argentino Pablo di Pietro y publicada por Ediciones Deldragón. Se trata de una maravilla de historia protagonizada por Campeonato, uno de los personajes más entrañables con los que me he cruzado. El contexto histórico es el del final del peronismo, la dictadura de Videla, la Argentina del Mundial 78, los inicios de Maradona y la guerra de las Malvinas. Pero la novela es mucho más que eso, puesto que aborda temas universales con los que cualquier lector se sentirá identificado.

SINOPSIS

Al cumplirse un nuevo aniversario de la Guerra de las Malvinas, Nacho, un periodista en plena crisis de los cuarenta, publica una semblanza sobre Sosita, el ídolo futbolístico de su infancia, que combatió en las islas, y de quien perdió el rastro. Poco después, recibe el llamado de una mujer que dice ser la viuda de Sosita. A partir de ahí, Nacho repasará su niñez teñida de fútbol, reconstruirá la historia de su amistad con el goleador y descubrirá que las cosas no ocurrieron exactamente como las evocaba.

Este es el argumento central de El chico que relataba partidos de fútbol. Su telón de fondo, las peleas entre familiares peronistas y antiperonistas, la dictadura militar, el Mundial ’78 y, especialmente, los delirantes días de la guerra en el Atlántico Sur. El protagonista vivirá intensamente su pasión por “el más popular de los deportes” y le servirá de refugio o de fuga ante las situaciones que deberá atravesar.

Plagada de personajes y de escenas entrañables, haciendo equilibrio sobre la delgada línea que separa la realidad de la ficción, El chico que relataba partidos de fútbol atrapa y no suelta hasta el final. Detrás de su inocente apariencia, sin embargo, ofrece una singular mirada sobre la Guerra de las Malvinas, al mismo tiempo que reflexiona sobre lo agujeros de la memoria y las miserias del exitismo.

 

La escritura de una reseña sobre Sosita, quien fuera su ídolo futbolístico cuando era niño, lleva a Nacho a rememorar los años de su infancia. En aquella época, todos lo llamaban Campeonato. Sus amigos creían que ello era debido a que todo el tiempo estaba relatando partidos. Aunque, en realidad, el origen del apodo era otro, una peculiaridad manifestada el día de su nacimiento.

 

cartel oficial mundial - còpia

 

La novela, entre otras muchas cosas, es un perfecto espejo del universo infantil en el que transcurrieron mis primeros años. Dice Javier Marías que el fútbol es la recuperación semanal de la infancia. También he vuelto a sentirme nuevamente transportado a mi infancia con esta historia, que me ha emocionado por momentos ante la descripción de vivencias con las que es imposible no sentirse identificado. En este sentido, el hecho de que la ambientación corresponda a un determinado contexto cultural e histórico (el de la Argentina de los 70) no supone ningún impedimento para la narración. Es más, se trata de una etapa que no es extraña para nadie. ¿Quién no recuerda el simbolismo de los goles de Maradona a Inglaterra en el Mundial de México, con el eco de la Guerra de las Malvinas de fondo?

 

“Al principio, cada vez que su madre lo escuchaba susurrar en la oscuridad, creía que estaba rezando antes de dormirse, como ella le había enseñado. Cuando descubrió que murmuraba goles como un poseído, se preguntó si no sería víctima de alguna enfermedad”.

 

El mundo en el que Campeonato se mueve es el de un niño para quien la vida es un placentero lugar en el que solo existe el campito en el que jugar al fútbol, el ídolo al que admirar y el artesanal fulbito con el que prolongar la experiencia futbolística en la soledad de una habitación. Un oasis que se completa con la experiencia del primer enamoramiento. El paraíso que muchos de nosotros conocimos (niños que crecimos entre el Mundial del 78 y el del 82) y que la llegada de la edad adulta acaba haciendo que se evapore. Un proceso al que Campeonato se va viendo abocado, hasta acabar contemplando como la realidad de las cosas va provocando la desaparición del estado de inocencia que la niñez lleva asociado.

 

“Campeonato se daba cuenta de que era distinto a los demás porque el relato se le hacía más fácil:

– Recibe la pelota, levanta la cabeza. Amaga, deja atrás al defensor, se la pasa al diez y la vuelve a pedir, atención. Sosita le pegóo… y el remate se va rozando el travesaño.”

 

Por ahí aparecen las discusiones políticas en la Argentina de la Junta y la dictadura militar, de los encontronazos familiares entre peronistas y contrarios. Y, finalmente, entre la crudeza de la Guerra de las Malvinas y la huella simbólica que el conflicto dejó en los argentinos. También queda reflejada en la novela ese episodio, como uno de los ingredientes que conforman el cóctel definitivo de la entrada de Campeonato en una nueva etapa en la que se mezclan el momento político, la influencia del fútbol, la revelación de aquel que fue tu ídolo y el despertar a los primeros escarceos amorosos. Todo ello descrito con maestría, como si uno fuera el propio Campeonato, reviviendo lo que cuando fuimos como el protagonista de la historia también vivimos.

Y eso también es la novela: la descripción de un proceso de descubrimiento, el de Campeonato respecto del viraje del mundo que lo rodea. Un camino que lo conducirá a aceptar que las cosas no eran como pensaba, y que el idílico paisaje al que estaba acostumbrado comenzaba a transformarse hasta convertirse en un lugar diferente.

El chico que relataba partidos de fútbol es una maravillosa historia habitada por  un batallón de personajes entrañables capitaneados por Campeonato. Una conmovedora e inolvidable novela de las que dejan una huella imborrable.

El libro también está disponible en versión digital a través de Amazon e Itunes.

 

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