“Tuits al aire. Del Camp Nou a la vida”, un relato corto de F. Xavier Simarro

 

PARTIDO

 

Tiempos de confinamiento en los que una de las mejores tablas de salvación que nos quedan es la lectura. Y si es literatura futbolera, mejor.

Os dejo un emotivo relato corto que el escritor y profesor Francesc Xavier Simarro ha tenido la gentileza de enviarme, y que gira en torno a ese mágico e inolvidable momento en el que un padre lleva a su hijo por primera vez al estadio de su equipo. En este caso, es el Camp Nou. Pero seguro que cualquier aficionado que haya vivido la experiencia de descubrir el fútbol de la mano del padre se sentirá identificado.

Espero que lo disfrutéis.

 

Tuits al aire. Del Camp Nou a la vida

 

Luz al final del túnel. Socios y seguidores vestidos de ilusión. Una platea verde abierta al mundo. 22 pies blaugranas danzando. La partitura se ha explicado en el vestuario. Toca interpretarla. Con ritmo, sudor y talento. Barça en estado puro.

***

La belleza de contemplar en can Barça la danza de los jugadores. Sus pies trenzando pases. El chut se presiente. Hay que vencer al dragón de la derrota. Las espinas caen y el castillo de la portería será asaltado. Respiramos aroma de victoria.

***

Barça son los ojos sorprendidos, abiertos de par en par, de un niño convertido en bocadillo entre el padre ebanista y un desconocido. Su dolor de pies y el bigote frio, metálico, de los antiguos soportes situados tras los goles. La nariz congelada, el corazón a punto de estallar, y el chut que apenas atisbaba. ¡Fuerza, padre!

***

Can Barça es un bosque de luciérnagas ondulando. Un mar de muñecas que cimbrean, gritos. Aupamos a Messi. Soñamos con sus goles subiendo al marcador. Miles de cuellos, cual flamencos en las marismas del estadio, se alargan.

***

Bocas del estadio vomitando público. Un Barça que mastica triángulos, posiciona delanteros y logra que ruja el público. La pizarra es la ruta, también el paseo que nos conduce al estadio. Afilamos los dientes intuyendo el placer que nos aguarda. ¡Comámonos el balón!

***

El corazón atenazado por la emoción. La vista fija en la alfombra verde. Alfileres de mil colores puntean la gradería. Todo él tiembla. Un culer de siempre. Demasiados años con el saco roto por las derrotas. La red se llena de goles. ¡Queremos una nueva Champions!

***

Antes que nada, dibujaron el rectángulo de juego. Luego edificaron. Ella lo veía en sus idas y venidas de casa al trabajo. En la Maternidad, a un tiro de piedra, nacerían sus dos hijos.

La gestación del estadio la acompañaba durante sus paseos por la Travessera de les Corts. Todavía nadie escribía tuits. La platea verde, que nunca quiso contemplar en directo, no era su teatro particular. La línea de producción en la fábrica, sí. El dragón de la miseria cabalgaba poderoso en los años 50. Costaba llegar a final de mes. Ante sus ojos, día a día, se alzó el castillo blaugrana.

Al niño del tercer tuit lo parió ella. Miró Sans, un año antes (1957) alumbró un estadio que dejaba atrás el de la calle Industria (si, el de los culos al aire) y el de las Corts.

A base de bocadillos (no solo los del campo) y otras menudencias el bigote del niño salió a la luz y cobró forma. El dolor de pies ahora le llega tras 5 horas de clase haciendo malabarismos, no con los pies, como los futbolistas; sino con las mentes (no siempre receptivas, de sus alumnos de primaria) La pizarra es una de las rutas del saber, aunque cada vez menos. Ahora son digitales. Y los marcadores, y las pantallas gigantes del estadio.

No siempre consigue dejar boquiabiertos a los niños (únicamente cuando les lee un cuento).

Culer de siempre, de toda la vida. Como el padre ebanista (el del tercer tuit) que nos dejó, perdiéndose el bosque de luciérnagas punteando la gradería. Messi no ha llegado a verlo. Lástima, los artistas siempre se acaban entendiendo entre ellos. Construía unos muebles que hubieran enamorado al mago argentino. Mi padre depositaba la magia en la madera convertida en sillas, butacas y sofás, dignos de una tribuna culer.

En la previa, la emoción de ir al campo de su mano. Luego venia el paseo desde Collblanc hasta la puerta del estadio. Una boca nos vomitaba, y la platea esperaba ansiosa ser pisada por las botas. Yo no respiraba, no decía ni pio, subido a la torre de las emociones.

Había una vez un niño que se convertía en bocadillo humano. Que lucia un bigote imposible de afeitar. Que algunas noches cenaba berenjenas fritas, antes o después del bocadillo en el campo, no recuerdo. Ahora escribe tuits, y se queda mudo de emoción cuando contempla algunas jugadas.

Respiro aromas de victoria. Conozco el rectángulo de la vida. Me han puesto la zancadilla algunas veces. He olvidado la táctica a seguir, pero aún no he caído de la alineación.

Seguro que papá, con la vista fija en la alfombra verde, vio desde su tribuna particular la primera Champions. Aquella inútil estirada de Pagliuca. Quizás pensó: ¡ya era hora! Demasiado años cargando con el saco roto por tantas derrotas. Le escribiré un tuit: papi, tenías razón. Deberían comerse el balón cuando encaran la portería.

F. Xavier Simarro Montané.

 

Biel Camp Nou

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