30 de julio: Pickels, un perro con buen olfato… para el Mundial

 

 

Imagen de www.buendiario.com

 

La infinita capacidad de influencia del fútbol en cualquier esfera en la que pensemos nos lleva a poderlo relacionar hasta con el mundo canino. Así, a bote pronto, se me ocurren varios ejemplos. El primero, de tipo cinematográfico, hace referencia a las diversas películas en las que los perros han ejercido de futbolistas (encontraréis un artículo sobre esta cuestión en este artículo). El segundo ejemplo, de tipo literario, es el conocido relato “Messi es un perro”, de Hernan Casciari. Y el tercero tiene por nombre Pickles, seguramente el can más conocido en el ámbito futbolero internacional, pues fue quien encontró debajo de un coche la mismísima Copa Jules Rimet, robada a pocos meses del inicio del Mundial de Inglaterra de 1966.

 

Imagen de www.cinemania.elmundo.es

 

El periodista Jordi Costa, en su texto “La copa maldita”, uno de los que integran el libro “Relatos del Mundial”, explica la historia de tan extraño suceso, y también de la gran fama que Pickles, bien merecidamente, se ganó:

 

“¿Y Pickles? Pues fue condecorado y pudo lamer los platos de la cena inaugural del Mundial como premio. Vivió de cerca las exhibiciones del portugués Eusebio –la pantera negra-, y la cacería salvaje que sufrió el gran Pelé hasta que lo lesionaron y lo dejaron fuera de juego; a él y a Brasil, que llegaba como gran favorita y que no pasó de la primera fase”.

 

 

Imagen de www.diariopopular.com.ar

 

La recuperación de la copa provocó que las medidas de seguridad en torno a ella se llevaran al extremo el día de la ceremonia final. Y así, un día como hoy, el 30 de julio de 1966, se hizo entrega de ella al capitán de la selección inglesa, vencedora del campeonato… aunque por poco tiempo, por si las moscas.

El fragmento en el que Jordi Costa lo explica es el siguiente:

 

“Pero, ¿y la Copa Jules Rimet? Buena pregunta. Pues sí, aquel 30 de julio de 1966, después de la final, la Reina Isabel se la entregó a sir Bobby Moore, el capitán inglés. La policía tenía tanto miedo de volver a perderla que, una vez bajaron las míticas escaleras de Wembley, abordaron sutilmente a Nobby Stiles para cambiarle el trofeo auténtico por un duplicado encargado a toda prisa semanas antes por la Federación Inglesa, cuando el robo todavía no se había hecho público e intentaban enmascarar el ridículo con una copia”.

 

Olfato goleador u olfato de Pickels: cada uno ha aportado su granito de arena al mundo del fútbol.

 

Imagen de www.linternainformativa.com.mx

 

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FutBlog capítulo 15: ¿Ha invocado la religión ‘maradoniana’ el espíritu futbolero de Gertrude Stein?

 

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Retomo mis episodios paranormales para el FutBlog. Hace unos días compré “En qué pensamos cuando pensamos en fútbol”, del filósofo británico Simon Crichtley y editado por Sexto Piso. Se trata de un ensayo filosófico en torno al fútbol cuyas primeras 50 páginas me tienen absolutamente absorbido por la brillantez de sus planteamientos.

En la portada aparece una fotografía de Steve Powell correspondiente al Argentina-Bélgica del Mundial 82. En la imagen se ve a Maradona con el balón en los pies, y seis rivales delante de él haciendo de muro de contención. Como hacía poco que había comprado “La Caja del Fútbol” de La Caja Books, me vino de inmediato a la cabeza uno de los libros que contiene: “Maradona en Humahuaca y otros goles con historia”, de Vicent Chilet.

Para rematar la jugada, eché un vistazo a un álbum infantil que tengo sobre la mesa, escrito por Fernando Pérez Hernando, publicado por la editorial Takatuka y cuyo título es “Armando”.

Maradona por triplicado”, pensé de inmediato.

 

Armando - Fernando Pérez Hernando - Takatuka

 

De la misma manera que cuando algo se multiplica por cero nos acordamos de los Simpson, cuando algo se multiplica por tres siempre recuerdo el verso “una rosa es una rosa es una rosa” de Gertrude Stein, una de las creadoras del cubismo literario. Por eso, hace un par de días publiqué el siguiente tweet:

 

Tweet Gertrude Stein y Maradona

 

Y ahora, en el time line de @poebooks, cuenta de Twitter de ‘Los libros no muerden’, leo que la poeta americana murió un 27 de julio como el de hoy, el correspondiente al año 1946.

 

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Como conclusión, se me ocurre una pregunta: ¿Será que tanta concentración maradoniana ha invocado al espíritu futbolero de Gertrude Stein?

Los palíndromos futboleros también juegan su Mundial

 

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Hace exactamente cinco años (el 26 de julio del 2013), publiqué este artículo en un blog que por aquel entonces tenía. El título del texto era “Fútbol, literatura y palíndromos”, un claro ejemplo de mi atracción hacia todo cuanto sirva para unir la esfera de las letras con la futbolística.

Escribí aquellas líneas porque me recordó algo que descubrí muchos años atrás y siempre me resultó muy curioso: los palíndromos. Fue, lo recuerdo perfectamente, gracias a una revista de pasatiempos llamada “Cacumen” que se publicaba en mis tiempos de juventud (el primer número apareció en 1983) y a la que estaba totalmente enganchado.

En aquella publicación descubrí gran cantidad de formas de jugar con lo números y las letras, siendo una de ellas, como decía, los palíndromos, esas extrañas palabras que se leen igual hacia delante que hacia atrás. Ejemplos sencillos son “radar”, “oso”, “allá” o “reconocer”. Y, por sorprendente que parezca, también existen las frases palindrómicas, siendo una de las más conocidas aquella que dice “dábale arroz a la zorra el abad”.

El artículo de hace cinco años y al que me refería al principio vino motivado por un tweet publicado por Màrius Serra, un auténtico maestro de los juegos de palabras y, sin duda, el Rey de los ‘Verbívoros’, en el que jugaba con el nombre del por aquel entonces entrenador del Barcelona: Tata Martino. El tweet era el siguiente:

 

Tweet Marius Serra

Tata, Tete, Tito, Toto y Tutu en dos líneas. Aquello me hizo recordar un texto escrito en el 2012 por Enrique Vila-Matas (otro de los grandes), en el que hablaba del sustituto de Pep Guardiola en el banquillo del Barça, y cuyo título era: “Acá solo Tito lo saca”. Exacto: un palíndromo creado tiempo atrás por Augusto Monterroso. Por cierto, en aquel texto Vila-Matas soltaba algunos más que servían para describir la situación del club azulgrana del momento.

El artículo de Vila-Matas terminaba con la siguiente frase: “Ya que expulsaron del estadio el humo del tabaco, al menos que entren los palíndromos”. Un texto en el que, como veis, fútbol y juegos de palabras también hacen buena pareja. Más de la que os podáis imaginar. Y es que el pasado sábado 21 de julio, Màrius Serra publicaba una columna en el diario La Vanguardia en la que hablaba de una sorprendente asociación cuya existencia me ha dejado atónito (o “Thunderstrack”, en versión AC/DC).

 

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Artículo de Màrius Serra publicado en La Vanguardia el pasado 21 de julio

 

Se trata de “Rever”, y el centro de su actividad gira en torno al mundo … del palíndromo, al que consideran un género literario. Sus actividades son múltiples, no limitándose a un único idioma. Una de las últimas ha sido la organización del III Campeonato Mundial de Palíndromos, cuyo tema central, aprovechando la celebración del Mundial de Rusia, ha sido el fútbol.

Algunos de los ejemplos de palíndromos presentados al concurso y citados por Màrius Serra en su artículo son:

 

¿Eso pasó? ¿Duda? Revisaré VAR. ¡Oh, ahora verá! ¡Sí, revisaré pose!”, del guatemalteco Rodrigo Marroquín Rojas

Lo goza, lo grita, / Loco latir, / Golazo, / Gol.”, del argentino Pablo Nemirovsky.

Oré con un uno-cero”, de Hernán Montfort

 

Os invito a que os deis una vuelta por la página de Rever y conozcáis todo lo que hay allí. Y, por supuesto, no os perdáis todas las creaciones que se han presentado al concurso de palíndromos de temática futbolística. Es de un nivel alucinante, y váis a disfrutar un montón.

 

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Imagen de Rodrigo Marroquín, ganador del Mundial de Palíndromos 2018, extraída de la página de Rever

 

Once autores para leer el Mundial

 

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Al poco de comenzar el Mundial de Rusia publiqué un tweet en el que venía a decir que este campeonato, más que verlo, lo estaba leyendo. Martín Caparrós, en su última crónica para “El Mundo Mundial”, la sección que ha ido publicando en la versión española del New York Times y en la que ha ido narrando sus vivencias futboleras durante el mes de competición, dice: “Yo me la pasé bien escribiendo esta columna, dentro de ciertos límites”. Y yo, añado, he disfrutado leyéndola. Pero no solo sus textos, sino todo cuanto se ha ido escribiendo y he tenido la posibilidad de seguir.

Dejando al margen las crónicas puramente periodísticas de los partidos que han ido publicando maestros como Ramon Besa o José Sámano (cito solo a dos, porque la lista sería interminable), han sido innumerables los textos, columnas o artículos que se han escrito por parte de autores que han utilizado al fútbol, en algún momento u otro, como materia de sus textos.

 

Juan Tallón

Sin contar –como decía- todo lo que se me ha escapado pues es imposible para alguien con obligaciones laborales y familiares como yo estar pendiente de todo lo que se iba publicando, he conseguido elaborar una lista de 40 nombres que han dedicado alguna línea al último Mundial. En esa relación hay autores cuya aparición ha sido breve, con un par de artículos a lo sumo. Otros han sido más constantes, con una frecuencia de un artículo por día. Algunos han dedicado una columna a explicar lo que el Mundial significa para ellos, o se les ha pedido opinión sobre algún aspecto relacionado con lo futbolístico de manera tangencial.

Los más valientes se han lanzado a la aventura de escribir un “Diario del Mundial” (he estado siguiendo, dentro de este género, seis diarios), y algunos han ido teniendo apariciones que si no han llegado a ser periódicos si han sido más o menos frecuentes, llegando a escribir al menos cinco artículos durante el mes de campeonato.

Le futebol

 

Son, como decía, 40 nombres integrados, mayoritariamente, por escritores. O, cuando menos, por autores que han publicado alguna obra relacionada con el fútbol.

Ahora que el Mundial ha terminado, es habitual que se pregunte a los aficionados acerca de su once ideal. En mi caso, me atrevo a formar una selección con once de las plumas que he ido siguiendo. Elegir a unos u otros ha sido totalmente subjetivo, y me he ceñido a criterios en los que por encima de todo prevalece la frecuencia de sus textos. Como se suele decir, todo entrenador se siente triste cuando debe dejar fuera de la alineación a algunos jugadores, pero como solo pueden jugar once, acepto de antemano las críticas que los aficionados quieran formularme. Al fin y al cabo, para eso llevamos cada uno a un seleccionador dentro, ¿no?

 

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Aquí va mi once:

Suárez

Padilla – Villoro – Caparrós – Zanón

Puntí – Marañón – Reguera

Agredano – Ríos – Tallón

 

Por dorsales sería:

  1. Gonzalo Suárez
  2. Toni Padilla
  3. Juan Villoro
  4. Carlos Zanón
  5. Martín Caparrós
  6. Carlos Marañón
  7. Antonio Agredano
  8. Jordi Puntí
  9. Pablo Ríos
  10. Galder Reguera
  11. Juan Tallón

 

Quedan de momento en el banquillo (aunque no tardarán en saltar al terreno de juego) Santiago Roncagliolo, Miqui Otero, Iñaki Gabilondo, Leila Guerreiro, Manuel Jabois, Sergi Pàmies, Juan Bautista Martínez, y tantos y tantos otros que me estoy planteando hacer tres equipos y montar un triangular.

 

Un auténtico equipazo, ¿no?

 

“La muerte y el hincha”, Galder Reguera. La Caja Books

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“Yo era el único que creía que el amor por nuestros colores era incompatible con cualquier otro, estuviéramos en segunda B o en tercera división, ganáramos o perdiéramos. Eso me lo enseñó mi padre”.

 

¿Cómo funciona el engranaje emocional de un aficionado al fútbol? ¿Cuál es el secreto de ese enigmático impulso que lo lleva a vincular su vida al seguimiento por un equipo? ¿Cómo es posible que un fenómeno como un partido de fútbol, en el que no somos más que meros espectadores de cuanto sucede, llegue a afectarnos tanto como lo hace? ¿Puede el deporte del balón condicionar nuestras vidas hasta el punto de acabar con ellas?

El mítico Bill Shankly decía: “Algunos creen que el fútbol es solo una cuestión de vida o muerte, pero es algo mucho más importante que eso”. Santiago Roncagliolo, por su parte, escribía hace unos días un artículo en el diario El País titulado “Fanáticos” en el que dice: “En el fondo, los hinchas son así. Cada uno se identifica con algo tan vago y general como unos colores, y está dispuesto a dar la vida por ellos. No existen explicaciones de por qué cada persona asiste a un estadio, se endeuda para viajar a un mundial, llora más por la derrota del equipo que por su propio divorcio”.

Y, casualmente, el periodista Màrius Carol escribía también hace unos días el artículo “Tributo al fútbol” en La Vanguardia, donde decía: “He vuelto a releer el relato de Camus antes de la final del Mundial para entender por qué nos gusta tanto este deporte, por qué es capaz de hacernos tan felices o tan desdichados el hecho de que un balón entre o no en la portería”.

Así pues, la pregunta está clara: ¿dónde está el límite entre la pasión por un equipo y la propia vida?

 

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Ese planteamiento de fondo es el que encontramos en “La muerte y el hincha”, una novela corta de Galder Reguera que se incluye en esa maravilla que es “La Caja del Fútbol”, la atractiva y original propuesta editorial de La Caja Books. La caja en cuestión incluye también “La religión esférica” de Enrique Carretero y “Maradona en Humahuaca y otros goles con historia”, de Vicent Chilet.

 

“Qué sabían ellos, si su fútbol era de oro, de oro y brillantes y plástico y estadios llenos y focos que deslumbran. Qué sabían”

 

La muerte y el hincha” es una novela corta que se acaba devorando en un suspiro, casi como una obra de intriga pues las macabras coincidencias que van afectando a los protagonistas nos van arrastrando hasta la resolución de la historia. Pero es mucho más que eso, pues también plantea una acertada y profunda reflexión sobre lo que significa ser un aficionado al fútbol. Galder Reguera demuestra una vez más su habilidad a la hora de abordar lo futbolístico desde diferentes perspectivas.

Ya lo hizo con la maravillosa e imprescindible “Hijos del fútbol”, donde aplicaba el microscopio para descifrar cómo funciona la transmisión de la afición futbolera de padres a hijos. Y lo vuelve a hacer ahora, con una invitación indirecta a situarnos en el lugar de los protagonistas y terminar preguntándonos qué haríamos nosotros en su lugar.

SINOPSIS

 

Maka, Ariel, Mikel y Sergio son cuatro amigos unidos por una pasión: el fútbol. Cada uno es hincha de un equipo distinto. El día en que su club juega la final de la Copa del Rey, Maka aparece muerto en su cama. La desolación por la coincidencia de la muerte del hincha con la final de su equipo deja paso al miedo cuando lo mismo sucede con Ariel. El día en que su equipo disputa la ansiada final, muere. Quedan Sergio y Mikel. El destino enfrentará a sus clubes en una semifinal. ¿Celebrarán los goles de sus equipos, aunque la victoria tal vez suponga morir? ¿Desearán la derrota del club al que aman?

Galder Reguera ha escrito una conmovedora reflexión en torno a la figura del aficionado y el sentido último de la adhesión irracional a unos colores. Maka y su abnegada visión de la vida, donde la normalidad no se celebra. Ariel, hijo de intelectuales argentinos, con su pasión oculta en el armario. Mikel y su sensación de que el fútbol tritura a los héroes anónimos de la grada. Sergio y los recuerdos de un padre que ya no está. La muerte no se comprende, mascullan. Pero, ¿y la vida?

 

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Aquí hay aficionados al fútbol. Los parámetros que rigen a unos u otros, acaban siendo en el fondo los mismos, tanto si tu equipo es uno de los grandes, habituados a disputar finales a menudo como si es uno de los que se ven obligados a arrastrarse por el infierno de la segunda B. La afición, cuando es sincera, es vivida de la misma manera por unos y otros. Bueno, decir “vivida” en este caso puede sonar a sarcasmo, pues habría que decir, más bien, “muerta”.

A medida que las muertes de los protagonistas se van sucediendo la inevitable pregunta va cobrando cada vez más fuerza. ¿Qué importa más, la propia vida o la victoria de tu equipo? Este, como decía, es uno de los grandes temas de la novela, pero no faltan otros igual de interesantes en tanto que ayudan a comprender el significado de la condición de aficionado al fútbol.

 

“¿Unos niños jugaban con un balón, los bancos de la plaza como porterías? Qué bonita es la vida a veces, Maka.”

 

Así, hay referencias a la forma de vivir las victorias y las derrotas en función del tipo de equipo a quien uno siga (habituales a disputar finales o a “hundirse en las profundidades del fútbol de barro de la segunda B), al desprestigio que lo futbolístico ha tenido desde la esfera de lo intelectual (cada vez menor, afortunadamente), o a la transmisión de la afición por el fútbol que se produce entre padres e hijos, entre otros.

 

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Se trata, en definitiva, de una novela que cualquier aficionado al fútbol debería leer. Por un lado, porque se trata de una original trama que te acaba enganchando desde la primera frase:

 

“Tenían que hacerlo. Sabían que nadie lo comprendería. Sospechaban que era delito. Pero lo sentían como una obligación”.

Y, por otro, porque es una de esas lecturas que no abundan y que son muy necesarias para que todos aquellos que nos declaramos futboleros nos formulemos preguntas acerca de nuestra afición. Reflexionar sobre aquello que somos y hacemos siempre es sano.

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“Papeles en el viento”, de Eduardo Sacheri. Editorial Alfaguara

 

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Hace un tiempo publiqué una reseña sobre el libro “Las manos“, de Miguel A. Zapata. En aquel artículo intentaba elogiar lo magnífica que me había parecido, además de recomendar encarecidamente su lectura. Y, también, añadía que Mario Parreño, su protagonista, acababa de ser incorporado de manera definitiva a mi panteón de personajes entrañables.

Hoy tengo otro personaje para añadir. Se trata de El Ruso, uno de los protagonistas de la maravillosa “Papeles en el viento“, de Eduardo Sacheri. Un auténtico goce de novela en la que el citado Ruso es uno de los protagonistas. En realidad, podría incorporar a mi particular listado de personajes inolvidables a los cuatro amigos en torno a los cuales gira toda la historia, pero el vitalismo, carácter y actitud ante la vida del Ruso han hecho que me rinda a sus pies.

Últimamente estoy de suerte, puesto que no hago más que tropezarme con lecturas más que recomendables. Además -recordatorio una vez más para los escépticos- son historias en las que el fútbol está por ahí, como telón de fondo, como territorio en el que los personajes se desenvuelven, o simplemente como excusa para que el mecanismo de la vida se ponga en funcionamiento.

Aunque ya lo he dicho, pero vale la pena ponerse pesado e insistir: “Papeles en el viento” es una novela extraordinaria. Publicada en el 2012, y origen de la película del mismo nombre, se trata de una conmovedora y vitalista historia protagonizada por personajes entrañables, y en la que no faltan el humor, el drama e incluso las sorpresas y giros inesperados.

El origen de la trama se sitúa en la muerte del Mono (Alejandro, su nombre real) que tuvo la posibilidad de llegar a convertirse en futbolista profesional pero se quedó a medio camino. Su fallecimiento deja un legado un tanto especial. Por un lado, una hija, actualmente a cargo de su exmujer. Y, por otro, el resultado de sus primeros pasos en el mundo de la representación de jugadores. En concreto, los derechos de Mario Juan Bautista Pittilanga, un delantero mediocre que se va arrastrando por las categorías inferiores del fútbol argentino y de quien el Mono compró sus derechos esperando que llegara a ser una figura del fútbol mundial.

 

SINOPSIS

Alejandro, «El Mono», ha muerto. Su hermano y sus amigos, un grupo de hierro desde la infancia, apenas se dan tiempo para el dolor. Les preocupa Guadalupe, la hija del Mono. Quieren darle todo el amor que sentían por su amigo y asegurarle un futuro. Pero en el banco no quedó un peso. El Mono invirtió todo el dinero que tenía en la compra de un jugador de fútbol, un muchacho que prometía pero se quedó en promesa. Ahora está a préstamo en un club zaparrastroso del Interior. Y los trescientos mil dólares que costó su pase, a punto de evaporarse.

¿Cómo vender a un delantero que no hace goles? ¿Cómo moverse en un mundo cuyas reglas se desconocen? ¿Cómo seguir siendo amigos si los fracasos van abriendo fisuras en las antiguas lealtades? Fernando, Mauricio y el Ruso, con las escasas herramientas que poseen, desplegarán una serie de estrategias nacidas del ingenio, la torpeza, el desconcierto o la inspiración, para conseguir su objetivo.

Eduardo Sacheri demuestra una vez más su capacidad para construir personajes entrañables y contar historias que llegan de inmediato al lector. Papeles en el viento es un canto a la amistad, y una prueba de que el amor y el humor pueden más que la melancolía. Una invitación a pensar sobre el poder de la vida para abrirse paso a través del dolor y poner otra vez en marcha la rueda de los días.

 

Película papeles en el viento

 

La muerte del Mono pondrá a prueba los lazos de amistad y el compromiso con el compañero desaparecido. Fernando, hermano del Mono y profesor de instituto; el Ruso, el mejor amigo del finado desde que eran niños y un apoyo incondicional hacia él a lo largo de toda su vida; y Mauricio, el triunfador de los cuatro, abogado que conduce un Audi y ha conseguido remontar el vuelo de la vida del barrio. Los tres harán lo posible por asegurar el futuro de Guadalupe, huérfana del Mono, y para ello intentarán hacer lo posible por recuperar la inversión que aquel hizo a la hora de comprar los derechos de Pittilanga.

La estructura de la novela va alternando presente y pasado, y las dos líneas van avanzando en paralelo. Una nos muestra los pasos que se van produciendo en el intento de rentabilizar a Pittilanga vendiéndolo a algún club europeo. La otra, nos enseña el momento en el que se conoce la enfermedad del Mono. Los diálogos son una maravilla, construidos a partir de un lenguaje natural, lleno de modismos argentinos que son una auténtica delicia y que hacen que el texto muestre una gran cercanía.

La forma de enfrentar la tesitura en la que se encuentran los amigos es digna de admirar, y uno envidia en algún momento de la lectura no formar parte de este grupito, que pese a los problemas personales que todos tienen en su día a día muestran una lealtad a prueba de bomba, seguramente gracias a una religión compartida: el fútbol.

 

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Lo del fútbol, en “Papeles en el viento“, es un ejemplo de lo que puede dar de sí como tema central. Eduardo Sacheri es uno de los grandes en este género. Sus relatos de temática futbolera son de lectura obligada, y es uno de los principales representantes de lo que supone la simbiosis entre fútbol y literatura, entre escritor y futbolero. “El fútbol, de la mano” o “La vida que pensamos” son sus obras más recientes de esta temática, pero en su bibliografía y el material de este tipo no es nuevo.

 

La vida que pensamos

 

Hincha declarado de Independiente, es uno de esos autores que consiguen transmitir la parte oculta que la mayoría no somos capaces de ver, lo que la punta del iceberg del fútbol, desde el punto de vista de la vivencia de las personas, insinúa pero somos incapaces de verbalizar. Por suerte, hay escritores como él que consiguen que no nos sintamos huérfanos de palabras que nos ayuden a entendernos a nosotros mismos.

Sacheri consigue con maestría meter en una coctelera fútbol, amistad, drama, comedia, emotividad y humanidad hasta conseguir elaborar una novela escandalosamente buena.

 

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Imagen de http://www.losandes.com.ar

El cómic “Dream Team” se convertirá en película

 

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Imagen de www.elperiodico.com

Dream Team“, el magnífico cómic escrito por Mario Torrecillas, ilustrado por Artur Laperla, y publicado por Reservoir Books en el 2014, será llevado a la gran pantalla. Será en Francia, con dirección de Julien Rappeneau (hijo de Jean-Paul Rappeneau, responsable de ‘Cyrano de Bergerac’) y se convertirá en el primer cómic español que es llevado al cine.

Se trata de una gran noticia que supone todo un reconocimiento a esta gran obra. Para quienes lo hemos leído y disfrutado (hablé de ella en este artículo) será una nueva oportunidad de regresar a esta emotiva historia. Y para quienes aún no lo hayan hecho será una oportunidad única para que esta joya regrese a la actualidad y consiga nuevos lectores.

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Dream Team” está protagonizado por Enzo, un niño de barrio con unas grandes habilidades futbolísticas. Tantas que un ojeador del Arsenal se acaba interesando en él. Al mismo tiempo, el pequeño Enzo debe lidiar con un padre problemático cuya vida va directa al precipicio. La situación llegará a  tal extremo que Enzo se propondrá como objetivo rescatar a su padre. ¿Cómo? Utilizando un arma del todo inesperada: la mentira.

 

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Una historia emocionante que es todo un canto a la esperanza. Protagonizada por personajes entrañables, llena de elementos para reflexionar y maravillosamente ilustrado, convirtiendo a “Dream Team” en un auténtico disfrute.

Aprovechad para leedlo.

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