20 de mayo: una fecha especial para el fútbol y la literatura

 

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Imagen de www.besoccer.com

Por razones que desconozco hay fechas que uno olvida para siempre, mientras que otras se graban a fuego en la memoria sin saber por qué. Unas, por más que nos esforzamos en recordarlas, se niegan a manifestarse con claridad, mientras que otras permanecen en nuestro recuerdo como un rótulo luminoso en medio del desierto.

Eso es lo que me pasa, por ejemplo, con las Champions del Barça de París o Roma. Soy incapaz de recordar siquiera los años en que fueron ganadas, o me hago un lío y los confundo. En cambio, con la primera de todas, conseguida en Wembley, recuerdo perfectamente cuando se produjo: el 20 de mayo de 1992.

De aquel día incluso recuerdo que era un miércoles, que en el lugar en el que yo trabajaba era fiesta local, razón por lo cual aproveché para hacer una escapada en moto hasta Andorra con unos compañeros de trabajo. También recuerdo que a la hora de comer comenzó a caer una impresionante tormenta y que aún teníamos unas horas de camino por delante si queríamos ver el partido en casa. Conseguimos llegar a tiempo. Empapados hasta los huesos pero a tiempo. Y, como decía, por más tiempo que pase, sigo recordando que todo aquello sucedió el 20 de mayo de 1992.

Se trata de un día, por lo demás, muy productivo desde el punto de vista del fútbol y la literatura. Por un lado, porque el encuentro de Wembley, como era de esperar, se convirtió en fuente de emociones y vivencias escritas por parte de autores barcelonistas. Pero, por otro, porque también fue un 20 de mayo de más de 60 años atrás cuando se jugó otro partido que también sirvió para que viera la luz una de las más famosas creaciones literarias inspiradas en un suceso futbolístico. Me estoy refiriendo a la “Oda a Platko” que Rafael Alberti escribió con motivo del partido que Barcelona y Real Sociedad disputaron el 20 de mayo de 1928.

Así que, en tal día como hoy, no quedaba otra que ofrecer una recopilación de fragmentos en los que ambas fechas son protagonistas. Aquí la tenéis.

20 de mayo de 1992

 

Johan Cruyff en “Johan Cruyff 14. La autobiografía”.

“Esto muestra que, con frecuencia, la suerte va unida al éxito. Pero tienes que forzar la buena suerte. Por eso, como jugador, siempre he tomado la iniciativa. Gobernando el encuentro. Para poder tenerlo todo bajo control. Como hice el 20 de mayo de 1992 en Wembley contra la Sampdoria. Tras noventa minutos seguíamos 0-0, pero Ronald Koeman conseguiría marcar en la prórroga aquel gol históric. Tras cuatro años, mi misión estaba cumplida. Aquella noche, en el terreno de juego estaba el equipo que yo siempre había imaginado”.

 

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Josep Maria Fonalleras, fragmento de “Hartos de Berna, hambrientos de Wembley”, en “Cuando nunca perdíamos

“Decía César Luis Menotti en una entrevista que el fútbol es «espacio, tiempo y engaño», y poco tiempo después el poeta Jaume Subirana añadía: «Y la literatura debe de ser, sin duda, una idea similar: espacio, palabras y engaño». Quizás hayamos olvidado otras cosas, pero todos sabemos qué hacíamos y dónde estábamos la noche del 20 de mayo de 1992, o la del 18 de mayo de 1994. U otras tantas tardes y noches de mayo de nuestras vidas”.

Daniel Samper, fragmento de “Las diabluras de un niño bueno”, en “Cuando nunca perdíamos”.

“Creo que es el momento de revelar que en mi modesto fondo de armario había hasta ese momento dos camisetas del Barcelona. Una, que yo mismo compré en la tienda del club, lleva el nombre de Rosario, a quien tanto admiré. Otra luce en el pecho una pequeña copa –la Champions, que el Barcelona ganó por primera vez el 20 de mayo de 1992 en Londres- y en la espalda el número ocho. Solo el número, pues entonces no se estilaba escribir el nombre del portador”.

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Raül Llimós, fragmento de “Todos tenemos nuestra cruz”, en “Relatos del Mundial”.

20-05-1992: Wembley Stadium, Londres. Final de la Copa de Europa. Barça 1 – Sampdoria 0. Tres años después, Cruyff y Boskov volvían a verse las caras. Catalanes e italianos querían ganar su primera Copa de Europa, y la consecuencia fue un partido tenso, emocionante y resuelto en la prórroga gracias a un trallazo de Ronald Koeman en el minuto 111. Pagliuca y Salinas fueron titulares.

Xavier Torres, fragmento de “La partida de la vida”, en “Historias solidarias del deporte 5

“Pero aún antes que apareciera la siguiente ficha empezaron a gritar de nuevo, como si el pito-blanca tuviera un mensaje doble: “20demayode1992.ZubizarretaFerrerKoemanNandoJuanCarlosGuardiola(Alexanko)BakeroEusebioSalinas(Goikoetxea)LaudrupyStoitchkov”. El cronómetro saltó por los aires. No se le volvió a ver jamás. Debe estar por el suelo, pisoteado. “¡Bote, bote, bote, madridista quién no bote!”. El bar temblaba. Las cucharas de café repicaban con las tazas, añadiéndose a la fiesta. Era, de verdad, para los que estuvimos allí dentro, un terremoto 9.0 en la escala de Richter. ¡Brutal!”.

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Llorenç Bonet, fragment de “Carles Puyol, el germà del Putxi”, en “Camp de terra”.

“20 de maig de 1992, el Barça guanya la seva primera Copa d’Europa a l’antic Wembley, estic al mític estadi londinenc amb l’amic David Sellart i uns quants afeccionats del Poal. Hem trobat entrades gràcies al Cuca (tiet del David), que té contactes amb la plana major de la directiva del Barça. És fàcil d’explicar i difícil d’entendre, deixant a part que tot i que m’he casat amb una dona espectacular capaç d’enamorar al més pintat i he vist el naixement en directe dels meus fills, naturalment la cosa que més estimo del món, crec que el dia mes feliç de la meva vida és aquell, el de la final”.

Pablo Santiago Chiquero, fragmento de “Un cañonero en prisión”, en “Once goles y la vida mientras”.

Ronald Koeman.

Antiguo Estadio de Wembley (Londres)

20 de mayo de 1992

“Se llamaba Ricardo, pero ninguno sabíamos su nombre o lo habíamos olvidado y le decíamos el Koeman o simplemente Ronald porque no había nadie en prisión que le pegara a la pelota como él lo hacía. Le daba con el empeine, y entonces el patio de la cárcel se quedaba pequeño para sus amplias roscas y parecía que el balón se quedaría atrapado en el alambre de espino que recorría la parte superior de los muros, pero el efecto siempre hacía que finalmente bajara o volviera a centrarse, cobrara aún más velocidad y se dirigiera a la puerta con la precisión de un proyectil. El Koeman no fallaba, y todos los internos sabíamos que aquello era un verdadero don, una gracia que la vida le había dado como a otros les regala unos ojos bonitos o los hace buenos con la poesía”.

pablo santiago chiquero

20 de mayo de 1928

Josep Maria Fonalleras, fragmento de “Hartos de Berna, hambrientos de Wembley”, en “Cuando nunca perdíamos

“Todos tenemos un partido que hubiéramos querido ver en directo, sobre el terreno. Algunos, además, si nos dijeran que podríamos volver a ellos, incluso seríamos capaces de vender nuestra alma. Mi partido se jugó en Santander el día 20 de mayo de 1928.

Por aquellos días, Rafael Alberti era huésped de José María de Cossío, el experto en tauromaquia que vivía cerca de Santander. «Yo estaba escribiendo un libro sobre los ángeles», dijo el poeta. De Cossío lo invitó a ver un partido de fútbol al que también asistió Carlos Gardel, amigo de Samitier. Y no era un partido cualquiera. Se trataba de la final del Campeonato de España que tenían que jugar el día 20 de mayo, en los Campos de Sport del Sardinero, el Barça y la Real Sociedad”.

Jorge López, fragmento de “Tot el camp és un tanto”, en “Historias solidarias del deporte 8

“El 20 de mayo de 1928, en Santander, Gardel se graduó de culé. Leal feligrés de Samitier, entonó como forofo los cantos barcelonistas en la final de Copa del Rey entre la Real Sociedad y el Barça. El encuentro, desteñido por los nacionalismos, terminó entre patadas, golpes y ferocidad policial. Fue una batalla librada entre porterías, con los banquillos improvisados como trincheras. Tras la guerra, en el equipo blaugrana terminaron lesionados Platko, Samitier, Castillo y Perera. Todo a media luz, en la intimidad del hotel de concentración, Gardel se alzó delante de todos como soldado blaugrana y matizó la velada. Hubo silencio en la noche. Ya todo estuvo en calma. En esos instantes en los que el músculo duerme y la ambición trabaja. Con su música ya no hubo más pena. Ni olvido”.

En “Un balón envenenado

“Rafael Alberti escribió una “Oda a Platko” con motivo del primer partido de la final de la Copa del Rey de 1928, que se jugó el 20 de mayo en Santander, en los Campos de Sport de El Sardinero. Ni el Fútbol Club Barcelona, ni la Real Sociedad salieron ganadores de este encuentro. Se necesitaron hasta tres partidos para que el Barcelona conquistara por fin el título, después de dos empates a un gol, con un marcador de 3 a 1. Eso ocurrió ya el 29 de junio. Pero Alberti hizo célebre con su poema el primer encuentro”.

 

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Oda a Platko

Ni el mar,
que frente a ti saltaba sin poder defenderte.
Ni la lluvia. Ni el viento, que era el que más rugía.
Ni el mar, ni el viento, Platko,
rubio Platko de sangre,
guardameta en el polvo,
pararrayos.
No nadie, nadie, nadie.
Camisetas azules y blancas, sobre el aire.
Camisetas reales,
contrarias, contra ti, volando y arrastrándote.
Platko, Platko lejano,
rubio Platko tronchado,
tigre ardiente en la yerba de otro país.
¡ Tú, llave, Platko, tu llave rota,
llave áurea caída ante el pórtico áureo !
No nadie, nadie, nadie,
nadie se olvida, Platko.
Volvió su espalda al cielo.
Camisetas azules y granas flamearon,
apagadas sin viento.
El mar, vueltos los ojos,
se tumbó y nada dijo.
Sangrando en los ojales,
sangrando por ti, Platko,
por ti, sangre de Hungría,
sin tu sangre, tu impulso, tu parada, tu salto
temieron las insignias.
No nadie, Platko, nadie,
nadie se olvida.
Fue la vuelta del mar.
Fueron diez rápidas banderas
incendiadas sin freno.
Fue la vuelta del viento.
La vuelta al corazón de la esperanza.
Fue tu vuelta.
Azul heróico y grana,
mando el aire en las venas.
Alas, alas celestes y blancas,
rotas alas, combatidas, sin plumas,
escalaron la yerba.
Y el aire tuvo piernas,
tronco, brazos, cabeza.
¡ Y todo por ti, Platko,
rubio Platko de Hungría !
Y en tu honor, por tu vuelta,
porque volviste el pulso perdido a la pelea,
en el arco contrario al viento abrió una brecha.
Nadie, nadie se olvida.
El cielo, el mar, la lluvia lo recuerdan.
Las insignias.
Las doradas insignias, flores de los ojales,
cerradas, por ti abiertas.
No nadie, nadie, nadie,
nadie se olvida, Platko.
Ni el final: tu salida,
oso rubio de sangre,
desmayada bandera en hombros por el campo.
¡ Oh, Platko, Platko, Platko
tú, tan lejos de Hungría !
¿ Qué mar hubiera sido capaz de no llorarte ?
Nadie, nadie se olvida,
no, nadie, nadie, nadie.

Rafael Alberti

Santander, 20 de mayo de 1928

 

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Imagen de www.mundodeportivo.com

 

 

EL NACIMIENTO DEL COLOSO

A RAS DE HIERBA

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El fútbol de El coloso de Rande (1927), la primera novela deportiva publicada en España, todavía se escribía foot-ball. En abarrotados stadiums, los equipiers disputaban reñidos matchs en los que defendían, con caballerosidad y patadas, los colores de sus respectivos maillots. El fútbol de la novela de José Luis Bugallal todavía mantenía intacto su romanticismo: solo tres backs, fornidos y bigotudos, defendían la puerta, mientras los cinco forwards rivales buscaban incansablemente el goal.

Importado de Inglaterra, aquel sport gustaba del dribbling certero, del buen chut y del ágil plongeon del goalkeeper, al mismo tiempo que exigía arrojo para rematar los correosos pelotones llovidos del cielo o meter la pierna en una melé. No solo un fault podía dejar cojo al player de por vida, sino que había que cuidarse de las furias de los aficionados. No era raro que los partidos acabasen bajo una tormenta de cantos…

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15 de mayo: 117 años del primer partido de la selección italiana

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Imagen de www.es.wikipedia.org

Hoy, 15 de mayo, se cumplen 117 años del primer partido jugado por la selección de fútbol de Italia. Encontramos una referencia a esa efemérides en “Los fantasmas de Sarrià visten de chándal“.

“El partido de Sarrià era el 397 en la historia de la Nazionale Italiana di Calcio. Selección que nació en 1898, pero que solo disputó su primer partido internacional el 15 de mayo de 1910. Aquel día, en Milán, la escuadra vestida con camiseta blanca venció a Francia 6-2. Los colores del pantalón y las medias eran diferentes. Dependían del equipo al que perteneciera el jugador, no por disposición ni política federativa sino porque no había. Solo se consiguió el dinero para comprar las camisetas más baratas, así que a los convocados, como en cualquier equipo de barrio, les tocó traer medias y pantalones desde sus clubes. Fue el primero de muchos partidos oficiales. La camiseta azul se estrenó en el tercer partido, un juego contra Hungría, el Día de Reyes de 1911, en el estadio Cívico Arena de Milán”.

 

wilmar cabrera

Futblog Capítulo 5: Autores, dedicatorias y sucesos paranormales en Sant Jordi y el Día del Libro

 

Kevin

 

La persona que aparece en la fotografía que encabeza este artículo se llama Kevin Prados. Os aconsejo que recordéis su nombre, pues estoy convencido de que dentro de un tiempo oiréis hablar de él y su obra literaria. La imagen está tomada mientras leía un texto, el Pregón de la Lectura, un encargo realizado desde la Biblioteca Pública Terra Baixa del Vendrell como parte de los actos de celebración del 23 de abril, Diada de Sant Jordi en Catalunya, festividad en la que libros y rosas toman las calles, y Día del Libro.

Lo que explico sucedía el sábado día 22 de abril por la mañana. Kevin escribió y leyó un brillante pregón, un apasionado alegato sobre la importancia de la lectura en nuestras vidas. Entre otras cosas, venía a defender que sin lectura no hay vida, y que la lectura es el mejor refugio para la intemperie moral que nos azota.

Llegados a este punto, la pregunta que alguno se estará haciendo es: ¿y habló también de fútbol y literatura en el pregón? Respuesta: no, en absoluto. Entonces, ¿qué tiene que ver el pregón del tal Kevin con esta esotérica sección del blog en la que me dedico a explicar sucesos paranormales provocados por el fútbol y la literatura? Pues bastante. Así que abrir las orejas, que allá voy.

Como cada año, cuando el Día del Libro se acerca, comienzo a pensar en el contenido del artículo que con motivo de esa celebración publicaré en el blog. En un espacio dedicado a la literatura (aunque sea futbolera) el día 23 de abril es uno de los marcados en rojo en mi particular calendario. Bueno, más que en rojo, en verde césped. O en negro sobre blanco.

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El artículo que escribí hace dos años recogía una selección de once libros futboleros destinados al público infantil y otros once para el público adulto. El año pasado, lo que publiqué fue una relación de autores con obra literaria de temática futbolera. Y con esos antecedentes, hace unos días comencé a pensar en el contenido del post para este año.

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Tras darle bastantes vueltas al asunto, finalmente me decidí a dedicarlo a uno de los momentos que considero más especiales en la relación entre autor y lector: el de su encuentro, cuando se produce, que queda definitivamente vinculado mediante una dedicatoria. Hice entonces un repaso por mi modesta biblioteca y comencé a recopilar las dedicatorias que conservo en algunos de mis libros.

Si hablamos de dedicatorias, el Día de Sant Jordi, el Día del Libro, es un momento idóneo para salir al encuentro de autores, intercambiar algunas palabras con ellos e inmortalizar ese momento con alguna dedicatoria. Con esa idea, el sábado por la mañana, en cuanto Kevin acabó la lectura de su pregón le comenté que tenía la intención de ir al día siguiente a Barcelona. También él tenía planeado desplazarse hasta allí, para que algunos autores a los que admiran le firmaran, por lo que quedamos en llamarnos y encontrarnos.

El sábado por la tarde escribí el artículo en el que recopilaba mi colección de dedicatorias de autores futboleros, dejando el post programado para ser publicado al día siguiente, domingo 23 de abril. Nada más hacerlo me puse a preparar la lista de autores que sabía estarían en Barcelona y a los que pensaba llevar mis ejemplares para que los firmaran. Entre otros, estaban los que tenían obra directamente futbolera, como Josep Bobé (“Quan no érem ni onze”), Leandro Pérez (“Las cuatro torres”) o David Trueba (“Saber perder”).

Además de estos, también estarían otros escritores a los que admiro y que a pesar de no tener escritos futbolísticos podía relacionar, ni que fuera tangencialmente, con el fútbol. Me refiero a Eduardo Mendoza, a quien llevaría mi ejemplar de “El misterio de la cripta embrujada”, que comienza con un estrambótico partido de fútbol que se está jugando en un manicomio.

No faltaría Rodrigo Fresán, a quien pediría que firmara mi ejemplar de “Historia argentina”. En este caso, se da la circunstancia de que se trata de un conjunto de relatos en cuya primera edición (la que yo tengo) no aparece ninguno de temática futbolera. Durante un tiempo se reprochó a su autor que tratandose de un volumen centrado en la idiosincrasia argentina no apareciera ninguna referencia al fútbol. Y, finalmente, se decidió a escribir el texto “La pasión de multitudes”, que aparece en ediciones posteriores del libro.

Y, por supuesto, también estaría entre mis objetivos el conseguir una firma de Enrique Vila-Matas, autor declaradamente futbolero, de quien de tanto en tanto aparecen artículos en prensa de esta temática. A este le llevaría mi ejemplar de su “Desde la ciudad nerviosa”, en el que aparece el texto “El arte de conocer futbolistas”.

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Con estos antecedentes, la galaxia “dedicatorias” ejerció sobre mi una poderosa influencia, que se vio reforzada en cuanto vi un artículo publicado en la edición de El Periódico de Catalunya del sábado. Con motivo del partido que al día siguiente se disputaría entre el Real Madrid y el FC Barcelona en el Estadio Santiago Bernabéu, se solicitaba a once escritores su opinión al respecto. Uno de ellos, evidentemente, era Enrique Vila-Matas, lo que interpreté como una señal en positivo de que, efectivamente, me encontraba en la buena onda para conseguir su firma.

Antes he hablado de la colección de dedicatorias que fui recopilando y reuniendo para el artículo que escribí y dejé programado el sábado por la tarde. En esta particular colección hay una en concreto que tiene una historia especial. Llegó hasta mis manos hará un par de meses, en una escapada que hice a la librería Re-Read de la calle Rosselló de Barcelona. Tenía la mañana libre, y decidí dedicarla a buscar obras futboleras difíciles de conseguir por otras vías. En estos casos, lugares como el Mercat de Sant Antoni o librerías de segunda mano acostumbran a ser espacios de grandes encuentros y descubrimientos.

Mi lectura de aquel día, mientras viajaba en el tren de camino hacia Barcelona, era “El delantero centro fue asesinado al atardecer”, de Manuel Vázquez Montalbán. Seguramente por ello, uno de los libros que tenía en mi cabeza era “El intruso”, una novela de temática futbolera escrita por Daniel Vázquez Sallés, hijo de Vázquez Montalbán. Pues bien. Por sorprendente que parezca, en cuanto puse los pies en la librería que antes comentaba, ¿sabéis qué fue lo primero que vi? ¡Bingo! La llamativa portada de “El intruso” parecía decirme “te estaba esperando”.

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Aunque estoy más que acostumbrado a este tipo de travesuras del azar, no dejo de sorprenderme cada vez que tropiezo con alguna de ellas. Y aquella mañana, en cuanto vi aquel ejemplar, no pude evitar que el corazón me diera un vuelco. Así que lo cogí, lo compré, y salí de la librería más que satisfecho por la captura realizada. Pero aquí no se acaba la cosa, ya que cuando abrí aquel ejemplar para echarle un vistazo descubrí que tenía una dedicatoria.

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Volviendo al sábado 22 de abril por la tarde, mientras recopilaba las firmas para mi artículo, apareció también en pantalla esa dedicatoria de Vázquez Sallés. Pensé en lo curioso que sería poder llevar el libro al autor para que me lo dedicara. Un mismo libro dedicado a dos personas diferentes con algunos años de diferencia. De momento, eso no ha sucedido, así que como esa firma no era para mi, decidí que no debía incluirla junto a las que aparecerían en mi artículo.

Al día siguiente, domingo 23 de abril, publiqué el artículo. Después acompañé a mi hijo al partido de fútbol que tenía. El plan del día era salir por la tarde hacia Barcelona, cargado con mi lista de libros para buscar la firma de sus autores, pero al mediodía vi que no me sería posible hacerlo, por lo que avisé a Kevin de que no podría acompañarlo en su peregrinación. Le deseé que disfrutara de la jornada y que consiguiera las firmas que buscaba.

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De camino para casa me detuve a poner gasolina. Como me gustan los suplementos que con motivo del Día del Libro se acostumbran a publicar, aproveché para echar un vistazo a los diarios del día. Cuando abrí el suplemento de El Periódico de Catalunya ¿sabéis qué encontré? Un artículo titulado “El gen literario”, en el que se hablaba con tres autores sobre lo que significaba ser hijos de reconocidos escritores. Uno de los entrevistados era Daniel Vázquez Sallés, de quien justo la tarde anterior había tenido en la pantalla de mi ordenador una dedicatoria escrita en un libro casualmente encontrado en una librería de segunda mano. Una dedicatoria que había decidido no incluir en mi artículo al no considerarla mía.

Una vez más volví a ser víctima de las extrañas coincidencias del fútbol y la literatura. Y una vez más volví a fantasear con la idea de que quizá había sido yo quien había provocado la materialización de Vázquez Sallés desde el momento en el que comencé a pensar en las dedicatorias. Claro que, al poco rato, alejé esa idea de mi cabeza al considerarla tan solo una simple casualidad. Una más. Al fin y al cabo, también había pensado en Vila-Matas, y aunque es cierto que se había asomado a mis paranoias con el artículo sobre el clásico Madrid – Barça publicado el sábado, no había vuelto a dar señales en mi extraño mundo de sucesos paranormales.

¿En serio? ¿Estáis seguros de que en ese fin de semana de azarosos episodios en torno al mundo de las dedicatorias Vila-Matas se iba a volver invisible?

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El domingo por la tarde, mientras estaba en casa lamentándome de haber perdido la oportunidad de pasear entre autores por las calles de Barcelona para conseguir sus firmas, comencé a recibir mensajes de whatsapp. Los enviaba Kevin, quien me iba informando de sus peripecias: “Esperando la firma de Fresán”, “Colas kilométricas para Mendoza”, y otros textos similares.

Y en uno de esos mensajes lo que me enviaba era una fotografía en la que aparecía una dedicatoria con mi nombre realizada por… Enrique Vila-Matas.

 

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Kevin había tenido el grandísimo detalle de pensar en mi y obsequiarme con esta joya, un gesto que siempre le agradeceré. Y aunque “Mac y su contratiempo“, última novela de Vila-Matas, no sea de temática futbolera, conseguir su firma en un día tan señalado no deja de ser una sorprendente forma de cerrar un círculo.

¿No os parece?

23 de abril: Día del libro, los autores y las dedicatorias… futboleras

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Ya tenemos aquí un nuevo 23 de abril. El gran día de la fiesta del libro. En Catalunya, además, celebramos también el día de la rosa. Y no se me ocurre mejor fiesta que esta, una celebración en la que las calles se inundan de libros y rosas.

Me he puesto a bucear en el blog para recuperar los artículos que he ido publicando con motivo de los anteriores Días del Libro. Se trata, en concreto, de los correspondientes al año 2015 y el 2016. Lo que he descubierto es que hace dos años hice una recopilación de once libros de temática futbolera para el público infantil y otros once para lectores adultos.

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Un año después, es decir, el 2016, lo que hice fue reunir sobre el terreno de juego del fútbol y la literatura una selección de autores no solo declaradamente futboleros, sino que habían publicado alguna obra con esta temática.

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Para la edición del Día del Libro de este año me he decidido a continuar explorando el hilo de los autores. El contacto con el escritor de una obra, sea de la temática que sea, siempre es grato y agradable. Y particularmente siempre me ha hecho especial ilusión el momento de conocer a alguno de ellos en persona, poder intercambiar algunas palabras sobre fútbol y literatura y conseguir su dedicatoria.

Por esa razón, he querido dedicar el artículo de este año a la modesta colección de dedicatorias que conservo como oro en paño en lugar destacado de mi biblioteca. Os invito a que las veáis, pero, sobre todo, a que leáis a sus autores.

Jordi Agut en “L’últim defensa

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Llorenç Bonet en “Camp de terra

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Wilmar Cabrera en

Los fantasmas de Sarrià visten de chándal

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Vicent Dasí en “El millor dels 22

Vicent Dasí

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Gerard van Gemert en “Lucha por la victoria“,

de la serie “Futbolmanía

Gerard van Gemert

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Andrés Iniesta en “La jugada de mi vida

Andrés Iniesta

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Jordi de Manuel en “Lletres al camp

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Jordi de Manuel en “Orsai

Jordi de Manuel Orsai

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Joan Gols (Jordi de Manuel) en “Pantera negra

Jordi de Manuel Pantera Negra

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Ignacio Martínez de Pisón,

relato “El fin de los buenos tiempos

Ignacio Martínez Pisón Fin buenos tiempos

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Ignacio Martínez de Pisón,

en “El siglo del pensamiento mágico

Ignacio Martínez de Pisón

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Miguel Ángel Ortíz Olivera en “Fuera de juego

Miguel Ángel Ortiz - Fuera de juego

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Miguel Ángel Ortíz Olivera

en “La inmensa minoría

Miguel Angel Ortiz - Inmensa minoría

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Jaime Palomo Cousido,

en “El loco Higuita y el escorpión“,

de la serie “Gol o penalti

Jaime Palomo

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Víctor Panicello en

7000 metres quadrats de gespa

Víctor Panicello

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Quique Peinado en “¡A las armas!

Quique Peinado

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Jordi Puntí en “Lletres al camp

Jordi Puntí - Letres al camp

Jordi Puntí en “Cuando era un Neeskens“, relato publicado en “Cuando nunca perdíamos

Jordi Puntí - Cuando nunca perdíamos

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Pablo Ríos y Santiago García

en “Fútbol. La novela gráfica

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Pablo Santiago Chiquero

en “Once goles y la vida mientras

Pablo Santiago Chiquero

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Quien sabe si mañana, con un poco de suerte, consigo ampliar mi colección 🙂

“El último milagro”, de Horacio Convertini. Editorial Barrett

 

 

Aunque pueda sonar extraño, no me parece una barbaridad equiparar el desarrollo de algunos libros con el de algunos partidos de fútbol. Así, hay encuentros a los que les cuesta entrar en acción, y convierten sus primeros veinte o treinta minutos en un tanteo aburrido en el que apenas sucede nada, sin oportunidades ni situaciones destacables, como si a los jugadores les costara tomar conciencia de que el combate ya ha comenzado. En cambio, en otras ocasiones, desde el silbido inicial del árbitro la acción se sucede sin apenas respiro. Con el espectador aún sin acomodarse en su asiento ya se han producido tres oportunidades, un tiro al palo y dos córners, como mínimo.

En los libros, a veces, sucede justamente lo mismo. A algunos les cuesta arrancar, y la cosa no se anima hasta que llegas a la página 80. En otros casos, como te descuides, el libro te ha cogido del cuello de tal modo que te va a ser imposible apartar la vista de él.

Eso es, más o menos, lo que ofrece “El último milagro”, del argentino Horacio Convertini y publicado por la Editorial Barrett. Un toma y daca constante desde el inicio de la lectura. Un ritmo trepidante que te hace ir devorando páginas sin respiro. Un permanente sprint que no afloja en ningún momento, y del que cuando lo terminas te das cuenta de que el tiempo del partido se te ha pasado volando, y esperas que haya prórroga y penaltis para que el espectáculo continúe.

Un libro que además de leerse se devora.


ACCESOS AL ESTADIO

El primer contacto con el estadio sorprende muy gratamente por lo cuidados que se presentan sus accesos e instalaciones. La fotografía de portada ya refleja el contenido futbolístico de la novela, puesto que está protagonizada por la soledad de un balón de fútbol junto a un banderín de córner, obra de Michal Jarmoluk. Una imagen diferente a la que apareció en la edición argentina de la novela, publicada el 2014.

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La edición es detallista, con unas zonas previas formadas por dos textos introductorios muy oportunos para comprender mejor algunos elementos del trasfondo de la novela. Así, lo primero que leemos es una presentación a cargo de Jorge Valdano, seguido de un texto de Alexis Ravelo (ganador del premio Dashiell Hamett 2014 por la obra “La estrategia del pequinés”) y otro de Paco Camarasa, comisario del festival Barcelona Negra y un referente del género negro español.

También aparece una “Nota del autor” en la que justifica que el equipo en torno al cual gira la historia no sea ficticio, sino totalmente identificable, correspondiendo a Racing de Avellaneda. Por último, un fondo de color en estas páginas iniciales ayudan a dar un toque atractivo a esta primera toma de contacto.

EL TERRENO DE JUEGO

Citaba al principio que uno de los aspectos más destacables de la novela es su gran ritmo narrativo. El libro, de unas 230 páginas, se organiza en base a capítulos cortos, muy dinámicos, centrados cada uno de ellos en alguno de los principales protagonistas de la historia.

Tres o cuatro páginas a lo sumo en los que se cuenta de manera directa lo necesario para que la historia vaya avanzando. Haciendo un símil futbolístico, diría que cada capítulo es una jugada de ataque directa, una clara intención de buscar el área rival y huir de especulaciones o de congelar el juego.

EL PARTIDO

Lo decía al principio y vuelvo a insistir en ello: “El último milagro” es una magnífica novela con un ritmo trepidante. La tensión narrativa se mantiene del primer al último capítulo, sin que el interés decaiga en ningún momento. Si fuera un partido de fútbol nos encontraríamos ante uno de esos encuentros en los que no hay tregua ni especulación en el juego, y en el que los dos equipos no paran de buscar el gol de manera directa.

En la sinopsis leemos:

“El Racing Club de Avellaneda, uno de los equipos más populares de Argentina, se encuentra en crisis Terminal y a punto de descender a segunda división. Para salvar la situación, una empresa japonesa se ofrece a implantarle un chip a Franzoni transformándolo en el mejor jugador del mundo, superando a Messi y Maradona juntos, ya que puede ser controlado desde la grada por el campeón mundial de PlayStation. Todo envuelve a sus personajes en una trama sangrienta llena de intriga, lo que hace de esta novela un inquietante exponente del género negro”.

Es inevitable dibujar una mueca de sorpresa cuando se lee semejante planteamiento. Novela negra sobre fútbol, en la que hay un implante de chip, presencia del campeón del mundo de PlayStation… Y, todo ello, ambientado en el contexto reconocible de un club identificable –Racing de Avellaneda, uno de los cinco grandes del fútbol argentino-, y no en el lejano futuro del año 2.374, por ejemplo.

Una delirante propuesta argumental que, sin embargo, se acaba convirtiendo en algo totalmente verosímil, sin llegar a chirriar en ningún momento. Más bien sucede lo contrario, y ese incorporación de la ciencia ficción (quizá premonitoria, quien sabe si algún día llegaremos a ver algo así) se integra perfectamente con el devenir de unos personajes sólidos y creíbles.

Toda la historia gira en torno a cuatro personajes principales. Zagaglia, entrenador de largo recorrido que no ha conseguido conquistar el terreno del triunfo. Franzoni, mejor jugador del equipo y conejillo de indias del experimento. Ribonatti, presidente de un club en crisis cuya vida familiar también comienza a hundirse. Y Lis, extraño líder de la barra más ultra del club, una especie de profeta amante de la poesía y obsesionado con el cumplimiento de una misión. Todos ellos son los planetas que sitúan cada uno de los capítulos y en torno a los cuales orbitan otros protagonistas como la enigmática e hipnótia Romina, el japonés Nakamura o Petaca, el asesor del presidente.

Explica el autor en el prólogo que “Racing es una montaña rusa enloquecida, el reflejo futbolístico de una argentinidad siempre en la disyuntiva de la gloria o la hecatombe. La historia de un jugador cyborg que puede salvar a un club en estado terminal es un delirio que toma carnadura y se vuelve creíble solo si hablamos de Racing, de sus aficionados capaces de cualquier epopeya, de sus dirigentes tan propensos al desatino, de su perfil de gigantesco Titanic que puede zozobrar aún en el agua calma de una piscina hinchable”.

Horacio Convertini

Esa sensación de funambulismo, de caminar al filo de la navaja es continua a lo largo de la historia. La crisis por la que atraviesa el club parece encontrar un atisbo de esperanza gracias al revolucionario invento tecnológico de una empresa japonesa. Los protagonistas, cuya situación actual está más cerca del fracaso que del éxito, parecen descubrir aquí la solución a todos sus males. Pero en esa montaña rusa que a veces es el destino es fácil pasar de acercarse a lo más alto para acabar cayendo en lo más bajo.

El interés del libro va más allá de la negrura y la intriga que se respira. La trama avanza como un rompecabezas perfecto en el que las piezas van encajando sin fisuras sin pausa, manteniendo un ritmo constante que no permite relajarse. Pese a la brevedad de lo capítulos la dosis de contenido en cada uno de ellos es alta. Y, además, existe una poderosa corriente subterránea que coloca a los personajes ante una interesante tesitura moral. ¿Hasta dónde se es capaz de llegar con tal de conseguir el éxito?

Una novela, en definitiva, más que recomendable, que ofrece un magnífico rato de lectura a partir de una original forma de aproximarse al mundo del fútbol y en el que también hay espacio para la reflexión.

SALA DE PRENSA



“Un balón envenenado”, de Luis García Montero y Jesús García Sánchez, para el 21 de marzo, Día Mundial de la Poesía

 

 

“Mis amigos poetas futboleros

a veces tienen lunes desastrosos.

Da igual que sean de liga o amistosos,

si pierden sus equipos andan fieros”.

Fragmento de “Mis amigos poetas futboleros”, de Daniel Rodríguez Moya

 

Hoy, 21 de marzo, se celebra el Día Mundial de la Poesía, una iniciativa aprobada por la Unesco en 1999 en París. Uno de sus objetivos es el de apoyar la diversidad lingüística a través de la expresión poética y dar la oportunidad a las lenguas amenzadas de ser un vehículo de comunicación artística en sus comunidades respectivas. El día, en Europa, se conoce como la “Primavera de los Poetas”, y significa la celebración de numerosos actos en los que la poesía es la protagonista absoluta.

No he sido capaz de encontrar si en alguna ocasión se ha realizado alguna acción especial desde el ámbito del fútbol para conmemorar este día. Por ejemplo, si algún club de fútbol celebró el Día Mundial de la Poesía organizando un recital poético, o repartiendo poemas entre los asistentes al partido de esa jornada. En cualquier caso, no sería nada extraño, puesto que la relación entre fútbol y poesía ha sido constante y fructífera a lo largo de la historia.

 

ÁRBITROS

Y tres señores de negro,

Un pito y dos banderines:

Alcancías de improperios.

Rafael Martínez Shaw

 

El año pasado, con motivo del 21 de marzo, publiqué este artículo en el que además del “Poema de fútbol” de Walter Saavedra y Claudio Cherep hacía también referencia a uno de los libros imprescindibles en la biblioteca de todo amante del fútbol y la literatura: “Épica y lírica del fútbol”, de Julián García Candau.

Se trata de un trabajo que ofrece una completísima recopilación de textos de autores de todas las épocas. Desde Rabelais a Shakespeare, pasando por Machado, Alberti, Miguel Hernández, Pemán, y muchísimos otros, el libro es un completo catálogo de poemas que constituye una magnífica muestra de la relación entre fútbol y poesía.

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Hoy, en este día tan especial, vale la pena volver a reivindicar el papel del fútbol como inspirador poética a través de otro libro “Un balón envenenado”, un volumen especial publicado en la Colección Visor de Poesía, en cuyo trasfondo encontramos el trabajo de dos grandes de la poesía: Luis García Montero y Jesús García Sánchez.

En la sinopsis podemos leer:

La colección Visor de Poesía tiene la costumbre de celebrar con un libro especial cada centena de títulos que alcanza su catálogo. Con motivo de la aparición del número 800 se presenta ahora “El balón envenenado”, una antología de poemas dedicados al fútbol. El lector encontrará aquí hermanados los nombres de Platko, Di Stefano, Pelé, Messi o el Niño Torres con Rafael Alberti, Miguel Hernández, Mario Benedetti, Mújica Laínez o Eduardo Galeano. Un partido de fútbol resume en 90 minutos muchas preguntas sobre la memoria, el futuro, la identidad, la suerte, la justicia, el yo y el nosotros. No es extraño que los poetas se hayan interesado por este deporte rey, sin duda el más republicano de todos, desde los años de la vanguardia hasta nuestros días. Como cualquiera de los grandes asuntos relacionados con la vida, el fútbol ha provocado himnos y elegías, sátiras y cultos a la personalidad, declaraciones de amor y de principios.

Lo que corre por las barras de los bares, las discusiones de autobús, los quioscos de prensa, las llamadas de teléfono, las alegrías y tristezas de la gente, no puede ser ajeno a la poesía. Del mismo modo, estamos convencidos de que la poesía sigue ocupando un lugar en la vida. Así lo demuestra un catálogo con 800 títulos, casi un partido con 800 goles. Gracias, lector, por tu compañía.

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Un balón envenenado” es una auténtica joya, una delicia de obra que pone a nuestro alcance una extraordinaria recopilación de poesías de temática futbolera, un atractivo catálogo con una completa diversidad de perspectivas y miradas.

“Elemental y recio, tu pasado

es la cruda tangente para el vuelo

de un litro de aire en cuero aprisionado…”

Fragmento de “Oda a Jacinto Quincoces”, de Federico Muelas

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Poemas escritos por autores que son declarados apasionados del fútbol y también por otros que no lo son. Homenajes a jugadores, a equipos, a estadios, a momentos vitales en los que el fútbol es el centro del mundo, a episodios históricos de la historia del fútbol, a la afición, al árbitro… En “Un balón envenenado” hay espacio para todas las caras del poliédrico universo fútbol.

Algunos ejemplos para que os hagáis una idea de lo que se reúne en este volumen. Autores de Chile, Nicaragua, Perú y España, entre otras nacionalidades. Apasionados de clubes como Nacional de Montevideo, el Manchester United, San Lorenzo, Boca Juniors Atlético de Madrid, Xeréz, Osasuna y algunos más.

Homenajes al fútbol callejero y al fútbol de la infancia, a la grada y a los estadios abandonados, a legendarios jugadores y a goles inolvidables… Versos de poetas, escritores e incluso cantantes. Palabras que se convierten en versos para ofrecernos inolvidables metáforas en torno al mundo del fútbol.

A todo ello cabe añadir un ensayo de presentación que es una auténtica reivindicación de lo que el fútbol ha significado y continúa significando desde un punto de vista social, pero también como parte inherente a la formación de nuestra identidad.

“… la verdadera verdad de las cosas

es que nosotros éramos gente de acción

a nuestros ojos el mundo se reducía

al tamaño de una pelota de fútbol

y patearla era nuestro delirio

nuestra razón de ser adolescentes…”

Fragmento de “Los profesores”, de Nicanor Parra

El libro ideal para leer en días como hoy, de reivindicación poética, pero también para llevarlos en el bolsillo de la chaqueta e ir echándole un vistazo de tanto en tanto, a medida que el partido transcurre, para disfrutar de lo que vemos sobre el “tapete verde del azar” explicado a través de los ojos y las palabras de los poetas.

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Imagen de www.ladiestradegerrard.wordpress.com/futbol-vintage-2/