España-Malta, y el 12 a 1 en “Once goles y la vida mientras”

 

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Esta noche, la selección española juega un partido para la fase clasificatoria de la Eurocopa 2020 en Malta. Seguramente, se trata de uno de los encuentros más recordados del fútbol español. Y es que hace ya 36 años, el 21 de diciembre de 1983 para ser exactos, el conjunto español se jugaba la clasificación para la Eurocopa de 1984. Para ello, debía vencer a su rival de aquel día por una diferencia de once goles, ni más ni menos. Once, que se dice rápido, y que por débil que fueran los malteses se veía como una misión imposible.

Sin embargo, lo que sucedió sobre el terreno de juego del Benito Villamarín de Sevilla ha quedado para la historia, puesto que España acabó venciendo por… 12 a 1. Desde aquel episodio se han sucedido las interpretaciones sobre cómo fue posible conseguir semejante marcador, y no faltaron las que acusaron a John Bonello, el portero maltés, de haberse dejado sobornar para encajar cuantos goles fueran necesarios (por cierto, esta noche, el guardameta de la portería de Malta será su hijo).

Sea como fuere, el caso es que los locales consiguieron su objetivo, y eso pese a que tras adelantarse en el marcador, la selección de Malta llegó a empatar a 1. Pero, a partir de ahí, se produjo un carrusel de goles que nadie podía imaginar. Mucho menos aún tras la poca confianza que existía en la escuadra española después del pobre papel realizado un año antes, durante el Mundial del 82.

El partido, como no podía ser de otra manera, hizo correr ríos de tinta. E incluso años después ha sido objeto de recuerdo por parte de la literatura futbolera. En el conjunto de relatos “Once goles y la vida mientras“, escrito por Pablo Santiago Chiquero, y publicado por la editorial Maclein y Parker en el 2016.

En tan recomendable volumen uno de los capítulos está dedicado precisamente al último gol de ese partido. Su título, “¡Gol de Señor, gol de Señor!“, y aquí tenéis un fragmento:

 

Como es habitual en los locos andariegos, Juan parecía más joven de lo que era y tenía su propio y obsesivo espectáculo con el que divertir a los viandantes y ganarse el derecho a una moneda. El suyo estaba centrado en el España-Malta de 1983, el famoso 12 a 1 con el que España consiguió la clasificación para la Eurocopa. Se sabía perfectamente la narración original de cada uno de los goles, incluido el gol de Malta, e imitaba tan bien la voz y el tono de José Ángel de la Casa que resultaba asombroso que una voz tan noble pudiera salir de aquel cuerpo maltratado por la vida en la calle. Y si se le dejaba, la cosa iba para largo.

 

 

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“El fútbol es así”: tópico… y título

 

 

Si existiera una colección de tópicos futbolísticos, uno de los cromos que ocuparían las primeras páginas sería el tan recurrente “El fútbol es así”. Repetido hasta la saciedad para explicar lo que en ocasiones es difícilmente explicable, se trata de una afirmación que ha servido también para encabezar a un buen puñado de artículos, noticias, algún anuncio de revista (como el último de Gol Televisión) y, por supuesto… libros.

A continuación os dejo con una recopilación de portadas en las que “El fútbol es así” (y algunas de sus variantes) sirven de título. Incluso aparecen el cartel de una obra de teatro y de una exposición.

 

 

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“La ciudad de la lluvia”, de Alfonso del Río. Ediciones Destino

 

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“- El fútbol es solo un deporte, hijo. Pero en muchas ciudades tiene una función casi sagrada porque mantiene unidas a miles e personas que, si no, habrían roto todos sus vínculos. Puede sonar pueblerino, pero un gol hace más por una relación personal que miles de argumentos políticos, sociales o religiosos. Puede sonar pueblerino… pero orgulloso que estoy de formar parte de este pueblo”.

 

Hace unas semanas publiqué este artículo promovido por la lectura de “Días de fútbol”, de Luis Aleixandre Giménez y publicado por Unaria Ediciones. En la reseña hacía referencia a que el tema central de la novela tenía que ver con el vínculo afectivo que se establece entre un abuelo y su nieto gracias a que ambos son aficionados del mismo equipo, el Villarreal, en este caso.

Desde Twitter, el usuario JC Cristobal @JCCHristo me recomendó que añadiera a la lista “La ciudad de la lluvia”, de Alfonso del Río y publicada por la Ediciones Destino. Una recomendación que le agradezco porque me ha permitido disfrutar de una gran novela. Un thriller apasionante en el que se mezcla la historia reciente con la de la Alemania nazi, y en la que también hay un trasfondo futbolero, pues uno de los protagonistas es un jugador del Athletic Club, transcurriendo también alguna de las escenas en el estadio de San Mamés.

 

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SINOPSIS

En el Bilbao de principios de los años ochenta, tres misteriosas muertes unirán los destinos de varios personajes sin conexión aparente. Alain Lara, un joven y prometedor jugador del Athletic, descubre una vieja fotografía de los años cuarenta que su abuelo Rodrigo había mantenido siempre oculta. De todos los personajes que aparecen en ella Alain reconoce a su abuelo, junto a un también joven Ignacio Aberasturi, el gran empresario bilbaíno y actual candidato a la presidencia del Banco del Norte. La repentina y extraña coincidente desaparición de ambos, junto con otros sucesos, lo llevará a una investigación que se remontará a un pasado oculto.

En un intento por entender lo que sucede, Alain contactará con María, la hija y heredera del imperio Aberasturi, y junto a ella tejerán los hilos del pasado que unieron a sus familias en los años del Berlín nazi, en busca de respuestas. Pero lo que obtendrán serán más preguntas, más dudas, más sospechas.

¿Qué pudo unir hace más de cuarenta años a estos dos hombres cuyas vidas nunca más volvieron a cruzarse? ¿Quiénes son los demás personajes que aparecen retratados junto a ellos? ¿Quién y por qué anda detrás de ellos?

La ciudad de la lluvia” es un thriller que reúne lo mejor y lo peor que anida en el ser humano. Es una historia sobre el poder magnético de la ambición, el amor y la complicidad entre las personas, y que nos muestra que la cara oculta que todos tenemos no puede permanecer indefinidamente en la sombra.

 

La historia alterna diferentes periodos temporales, claves para comprender el núcleo de la trama. Así, se va saltando de la Alemania nazi de 1941 al Bilbao de 1983, el año de las terribles inundaciones y del campeonato de liga del Athletic. Y, en un tercer nivel, encontramos un diario personal en el que se van describiendo diferentes episodios y hechos clave de la historia.

El mecanismo se pone en funcionamiento a partir del momento en el que Alain, jugador de la plantilla profesional del Athletic y uno de los protagonistas de la novela, descubre una enigmática fotografía entre los objetos personales de su abuelo, con quien mantiene, por otro lado, un vínculo afectivo tan poderoso como el que se establece entre un padre y un hijo.

 

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Imagen de www.elbuhoentrelibros.com

 

La ciudad de la lluvia” entreteje una compleja y atractiva historia por la que desfilan personajes muy potentes y definidos procedentes de ámbitos aparentemente inconexos. Sin embargo, tal y como se va desvelando página a página, tienen muchas cosas en común: empresarios y abogados de las altas esferas de Euskadi, un particular policía de métodos poco ortodoxos, un futbolista del Athletic, personajes de la Alemania nazi como Goeebles y el Fuhrer… y todo ello orbitando en torno al enigmático ‘El Extranjero’, epicentro de la narración y poseedor de las claves que desvelan todo el misterio.

 

            – Puede que tengas razón –le dijo suspendiendo sus palabras-. La verdad… La verdad es que tienes una cabeza muy bien ordenada para … -María se interrumpió a sí misma cuando su propia voz le sonó demasiado ofensiva.

            Pero Alain clavó su mirada en ella consciente de lo que había querido decirle.

            – … ¿para ser jugador de fútbol? – preguntó con una ladeada sonrisa.

 

Una historia que te atrapa desde el inicio, en el que la complejidad de la trama se va transformando de forma fluida y natural en la apertura de nuevas puertas a partir de giros inesperados, y en el que el interés va en crescendo hasta la página final. Y todo ello salpicado con diferentes episodios futbolísticos relacionados con la historia del Athletic que incluyen alguna memorable escena en el mismo estadio de San Mamés.

 

MÁS INFORMACIÓN

Aquí tenéis el booktráiler del libro:

Y podéis leer un fragmento haciendo click aquí.

“Cuaderno de Mánchester. De cómo y con quién Pep Guardiola conquistó Inglaterra”, de Luis Martín y Pol Ballús. Malpaso Ediciones

 

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“’No quiero followers: a mi alrededor quiero líderes, gente que asuma su papel al límite, que decida, que piense por sí sola. En Dome, Mikel, Carles, Loren o Rodo he encontrado eso’, dice Pep al hablar de sus compañeros. La frase, oída en un reportaje sobre los all blacks, expresa una actitud y un principio con los que ha vivido siempre: lo importante es estar rodeado de líderes”.

Pep Guardiola en “Cuaderno de Mánchester

 

Una de las afirmaciones más ciertas sobre el mundo del fútbol es aquella que dice que todos los aficionados tenemos un entrenador dentro. Según esa idea, si a cualquiera de nosotros nos dieran la posibilidad de entrenar a un equipo de primera línea de cualquiera de las ligas más potentes de Europa, con los presupuestos que manejan y los jugadores que tienen en plantilla, con las instalaciones, equipos técnicos y estructuras de club de las que disponen, no hay duda alguna en que seríamos capaces de ganar Liga, Copa y Champions sin necesidad de bajar del autocar.

¿En serio creemos que eso es así? Yo diría, más bien, que las cosas no son tan sencillas. Todos, en el fondo, sabemos que gestionar un equipo del máximo nivel, con el grado de competencia que existe en el fútbol profesional, es de una enorme dificultad. Puedes disponer de los mejores jugadores, de las mejores condiciones y de todos los medios del mundo. Pero combinar las piezas para que ofrezcan un rendimiento óptimo lleno de éxitos es de una complejidad increíble. Y eso es así incluso cuando pones en las manos de Pep Guardiola, uno de los mejores entrenadores del mundo, todo el poderío de un club como el Manchester City.

Una radiografía de ese proceso y sus interioridades, del modo en que se intenta llevar adelante un proyecto y los pasos que para ello se dan es lo que nos ofrece “Cuaderno de Mánchester”, escrito por Pol Ballús y Lu Martín y publicado por la editorial Malpaso. El libro no se limita a hacer un recorrido cronológico por la trayectoria de Pep desde su llegada al City hasta la consecución de sus éxitos más rotundos, sino que nos muestra cómo ha sido el proceso que ha permitido que los objetivos se acabaran cumpliendo, desde las dinámicas de entrenamiento, la construcción del cuerpo técnico y otros ayudantes, la incorporación de los jugadores adecuados para poner en práctica una idea de juego en concreto, o cualquier otro elemento que pudiera contribuir a alcanzar la meta.

 

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SINOPSIS

Cuaderno de Mánchester” es el libro de la estancia de Pep Guardiola en Mánchester y como entrenador del City. Es un libro en el que las voces son las de los jugadores, los compañeros, su familia y el mismo protagonista. También la voz de la ciudad. Un libro personal, de crónica, de fútbol. “Cuaderno de Mánchester” es el perfil de alguien que revolucionó el deporte más seguido en la humanidad, visto por sí mismo y por el mundo. Del detalle a lo general y de lo general al detalle, Luís Martín modifica la distancia y el objetivo de la cámara narrativa para que en cada ocasión tengamos la fotografía más nítida de quién y cómo es realmente Pep Guardiola, y su vida en Manchester.

Uno de los atractivos de “Cuaderno de Mánchester” es que ofrece una radiografía perfecta de como ha ido construyendo Guardiola el nuevo City desde que llegó. Para mostrarlo, los autores van engarzando todas las piezas que han participado en este juego de orfebrería, tanto las que hacen referencia a futbolistas como las que se refieren a miembros de su cuerpo técnico.

En cada capítulo se procede al análisis de cada una de estas piezas. Se tiene en cuenta de qué manera se consideró que podía ser importante para el proyecto, cómo se consiguió llevarla al club y cuál ha sido su aportación. Y, en todos los casos, un hecho al que se da una gran relevancia: la componente humana del personaje en cuestión. Futbolistas, dietistas, utileros o cualquier otro miembro de cierta relevancia en el club no solo es mostrado a partir de su aportación profesional, sino también destacando la importancia de su presencia como persona. Por eso, no creo que sea desacertado decir que el libro gira en torno a un grupo de personas que han alcanzado el éxito en el mundo del fútbol, pero que lo han hecho manteniendo una gran calidad humana, aspecto este al que Guardiola otorga una gran importancia.

 

“Lo que le dijo Guardiola a Sané solo lo saben ellos. Lo que saben el equipo y todo Dios en la CFA es que hubo un antes y un después tras aquella mañana y también que el guapo de la plantilla es hoy el mejor futbolista de la Premier menor de 23 años según la Asoción de Futbolistas Profesionales”.

Cuaderno de Mánchester

 

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La lectura de cada uno de los capítulos es una delicia, pues ese mostrar a sus protagonistas desde la vertiente personal los humaniza y nos hace conocer interesantes cuestiones y anécdotas relacionadas con la vida de todos ellos. Así, descubrimos que Guardiola es un pésimo conductor y que también va al cine con sus hijas a ver “Shreck”. Que Silvia Tremoleda, además de una magnífica dietista, es una apasionada del deporte y practicante de Iron Man. O que detrás de la rigurosa seriedad que transmite Ferran Soriano, hay un tipo al que le gusta cantar y… comer ‘creativas’ (por lo improvisadas) ensaladas.

En los tiempos en que Guardiola fue jugador bajo las órdenes de Cruyfr hubo un término que ese puso de moda en el universo blaugrana: ‘entorno’. Se hablaba del ‘entorno’ para definir a una masa difusa pero cuya acción ejercía una importante influencia (más bien negativa, en aquella época) en el devenir del equipo. “Cuaderno de Mánchester” habla, también, de un entorno, pero desde un punto de vista completamente diferente. Aquí, las piezas que lo integran están perfectamente identificadas, y, en este caso, su influencia sobre el equipo es en parte responsable de todos los éxitos conseguidos.

 

“Es una persona muy modesta. Me recuerda a Matt Busby, mi primer entrenador. Por como habla, por su forma de actuar en las reuniones de equipo, me recuerda a él desde el primer día. Olvida su capacidad en el fútbol, fíjate en su modestia, en el respeto que siente por la gente: eso es lo que más me gusta de Pep. Y el espíritu de equipo y la piña que ha creado aquí, no solo una fraternidad en el campo, sino en todo el club”.

Brian Kidd en “Cuaderno de Mánchester

 

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Imagen de www.as.com

 

Cuestiones personales que combinadas con la faceta profesional de cada uno de ellos –futbolistas de máximo nivel unos, dirigentes de club de presupuestos millonarios otros, entrenador de éxito de una de las ligas más competitivas del mundo- permitan que los apreciemos, también, como personas. “Cuaderno de Mánchester” nos enseña las entrañas de toda esa maquinaria, de todo ese complejo y completo equipo de trabajo en el que todos tienen una misión y todo tiene su función. Y lo descubrimos gracias a la multiplicidad de voces con las que los autores trabajan, un caleidoscopio de visiones de quienes participan de ese conglomerado en primera persona que permiten comprender porqué el liderazgo que Guardiola ejerce le ha permitido transformar el mundo del fútbol.

El libro, así, es un minucioso atlas del universo Guardiola en Mánchester, en el que el gravitar de unas piezas sobre las otras, desde los planetas principales hasta los diferentes satélites y pequeños asteroides, permiten que todo funcione gracias a un perfecto equilibrio.

Y a uno, al final, también le queda la sensación de que cuando detrás del deportista de élite hay una buena persona, las cosas encajan mucho mejor. Algo así es lo que Guardiola y todo su equipo han conseguido en el City, un equipo que el pasado año consiguió destrozar todos los récords de la premier. Y, por eso, nada más descriptivo que el subtítulo del libro: “Cómo y con quién consiguió Guardiola todos sus éxitos”.

Como no podía ser de otra manera en esta cuidada edición, el color que predomina es el azul, y la lectura se puede complementar con el playlist que recoge las canciones que aparecen en el libro y que podemos encontrar en Spotify.

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Un vermut para hablar de fútbol y literatura

 

Cartel

 

El mes de diciembre comienza de la mejora manera posible. Y es que hoy, a las 12.00 h., la Casa València de Barcelona (c/Còrsega, 335) ha organizado un vermut futbolero en el que participarán Enrique Ballester (autor de “Barraca y Tangana” e “Infrafútbol“), Jacinto Elà (“Fútbol B” y “Ulises“) y Carlos Roberto y Miquel Sanchis (“Odio el fútbol moderno“).

El acto estará presentado y moderado por Manel Porcar, de Ànima Castelló.

 

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“Días de fútbol”, de Luis Aleixandre Giménez. Unaria Ediciones

 

Portada

 

“Cada victoria de los amarillos desencadena, de forma irremediable, un viaje al pasado, hacia vivencias de mi infancia con mi abuelo como protagonista. Una evocación del ayer cargado de sentimientos dispares e intensos: afecto, ternura, tristeza y dolor arraigados en lo más profundo de mi corazón”.

 

 

Dice Juan Villoro que “un estadio es un buen sitio para tener un padre. El resto del mundo es un buen sitio para tener un hijo”.  Y “¿Quién no recuerda alguna anécdota futbolística vivida con su padre o con su abuelo? ¿Quién, cuando llega a la edad de ser padre o abuelo, no vive anécdotas similares junto a su hijo o su nieto?”, son preguntadas formuladas por Ignacio Martínez de Pisón.

Padres, hijos, abuelos, nietos… y fútbol. Uno de los temas que de tanto en tanto encontramos en el espacio del fútbol y la literatura es el de las relaciones paterno-filiales en las que existe, de fondo, la pasión y la afición por un club. Algunos ejemplo de ellos, a bote pronto:

Nick Hornby y su padre, una relación a través de las tardes de fútbol siguiendo al Arsenal que se describe en “Fiebre en las gradas”;

Vicenç Villatoro, en “El sueño de París”, relata el reencuentro de un padre con su hijo adolescente tras el viaje que realizan para ver la final de Champions que el Barça disputó en el 2006 en París (contra el Arsenal de Hornby, casualmente);

– “Heysel” de Armand Company, en el que un padre y su hija Giussy viajan a Wembley para ver infausta final de la Copa de Europa de 1985 entre la Juventus y el Liverpool con trágico final para ella;

– “Dream Team”, de Mario Torrecillas y Artur Laperla, un delicioso cómic en el que el pequeño Enzo, un niño con unas cualidades que apuntan a glorioso futuro en el mundo del fútbol, hará todo lo que pueda para rescatar a su padre de la desastrosa vida que lleva;

– incluso en “Una canción de Bob Dylan en la agenda de mi madre”, de Sergio Galarza, encontramos una vinculación especial entre el narrador y, en este caso, su madre, gracias al fútbol.

Existen más ejemplos de la utilización de esta temática en la que el fútbol actúa como pegamento y nexo de unión entre miembros de una familia. “Independiente, mi viejo y yo”, de Eduardo Sacheri, sería uno de ellos. Y lo mismo sucede en el relato de Manuel RivasEl míster y Iron Maiden”, protagonizado por un padre y un hijo.

También podemos identificar ejemplos de este tipo de historias en la literatura infantil de tema futbolero. “Demà anirem al camp, Joan!”, de Josep Maria Fonalleras, centrado en describir la primera vez que un niño acude al estadio de su equipo, el Barcelona en este caso, “El mundial de fútbol más raro del mundo”, de Carlos Peramos, donde el fútbol sirve de puente para conectar a nietos y abuelos, o “Sentir los colores”, de Maria del Carmen de la Bandera, novela juvenil en la que un abuelo y su nieto son aficionados del Real Madrid son algunos ejemplos.

Y en el podio de este tipo de obras encontramos “Hijos del fútbol”, de Galder Reguera, un libro imprescindible para entender cómo se contagia el virus de la afición por el fútbol de padres a hijos, con el añadido de que en el caso del narrador la “infección” le fue transmitida por su abuelo.

 

 

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Las citadas son solo algunos ejemplos, como decía, de la acción que el fútbol a la hora de unir a los más grandes y a los más pequeños de la familia. Supongo que algo de aquello de que el “fútbol es la recuperación semanal de la infancia” debe haber en ello. Dando por buena tal afirmación, los adultos tenemos una puerta para regresar al tiempo en el que fuimos niños gracias al fútbol. Y por eso, quizá, la sociedad padres-hijos o abuelos-nietos sea tan habitual y, al mismo tiempo, tan prolífica como fuente de material literario.

A tan selecto y entrañable grupo viene a sumarse una delicia de obra escrita por Luis Aleixandre Giménez, publicada por la valenciana Editorial Unaria y que lleva por título: “Días de fútbol”. Se trata de una novela corta bilingüe (se puede leer tanto en valenciano como en español), y que en apenas 50 páginas ofrece un auténtico y emotivo homenaje a la relación entre abuelos y nietos gracias a la pasión por un club, en este caso, el Villarreal.

 

“Las relaciones con el sexo femenino no se me daban nada mal, pero lo que no cambió con el transcurso de los años fue la asistencia a los partidos de fútbol con mi abuelo”.

 

El libro está escrito en primera persona, y describe los años de relación entre el abuelo Pascual y su nieto Lorenzo, contados en relación a las temporadas del Villarreal que ambos compartieron. La primera, la 1990-1991, cuando el narrador cumplió los 11 años. La última, la 2017, con la desaparición de Pascual.

El arco temporal que se describe en el libro es de 26 años, en los que el equipo pasó por modestas categorías como la tercera división, y vivió grandes noches en competiciones europeas. Fuera como fuese, tanto en las victorias como en las derrotas, con éxitos o con frustraciones, como espectadores en el estadio la mayoría de veces o, cuando eso no era posible, siguiendo al equipo a través de la retransmisión de un sencillo transistor, algo se mantenía siempre invariable: el fútbol, para Pascual y Lorenzo, era algo que ambos debían siempre compartir juntos. Una lealtad y una fidelidad inquebrantables: hacia el club y hacia sí mismos.

La obra es una delicia de lectura pues refleja hasta qué punto puede llegar el vínculo afectivo entre nieto y abuelo. Sin duda, en la vida existen numerosos espacios en los que ambos pueden exteriorizar los sentimientos del uno hacia el otro. Pero seguramente el del fútbol sea uno en los que esa conexión se pueda manifestar de forma más intensa. Además, en este caso, el autor consigue que el lector se emocione ante determinadas situaciones vividas por el joven y el anciano sin caer en el recurso de buscar la lágrima fácil.

He sentido una envidia sana por los personajes de la historia. No tuve la suerte de conocer a mis abuelos. Como padre, he podido disfrutar de varias experiencias de tipo iniciático con mi hijo. Él, por su parte, tampoco ha tenido la oportunidad de vivirlas de manera tan intensa como sucede en “Días de fútbol”. Pero siempre nos queda la literatura, y poder comprender lo que debe ser una relación de ese tipo es más fácil gracias a obras como esta.

 

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Imagen de www.palabradefutbol.com

 

Aunque el club del que Pascual y Lorenzo son seguidores es el Villarreal, cualquier aficionado al fútbol que haya tenido la suerte de compartir pasión con su abuelo se sentirá identificado y encontrará en el libro las palabras para verbalizar el universo sentimental de este tipo de relaciones.

Días de fútbol” es, en definitiva, un maravilloso homenaje a la confluencia que se establece entre generaciones gracias al fútbol, y en la que las edades se difuminan cuando el objetivo es compartir la pasión por un equipo.

 

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Imagen de www.futbolbalear.es

 

Podéis leer un fragmento haciendo clic en este enlace.

Y el libro se puede adquirir a través de este enlace de la web de la editorial.

El fútbol en la infancia en “Vuelta a la vida en 30 años”, artículo de José Antonio Lizana Arce

 

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El nacimiento de la afición por un equipo, el disfrute de encontrar y enganchar cromos en un álbum, la primera vez que se acude a un estadio… Experiencias que se viven durante la infancia y que se quedan para siempre enganchadas a nuestros recuerdos.

El periodista y escritor chileno José Antonio Lizana Arce ha tenido la gentileza de enviarme un emotivo artículo, publicado en la edición chilena de Le Monde Diplomatique, en el que habla de todo ello y con el que es fácil sentirse identificado.

 

 

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Vuelta a la vida en treinta años

(José Antonio Lizana Arce)

 

Dedicado a José Eugenio Lizana V.

 

En mi infancia me asombraron muchas hazañas de Súperman, de la Mujer Maravilla y del Chapulín Colorado, pero ninguna como cuando en una noche de lluvia, mi viejo salió en busca de las láminas que me faltaban para completar el álbum Fútbol ‘88.

Una bolsa en la cabeza y otras en los zapatos le bastaron para ir recorrer los bazares del barrio. Eran tiempos difíciles, donde la integridad cotidianamente estaba en peligro, pero mi papá nunca le tuvo miedo a esas cosas.

Se demoró harto, pero cuando abrió la puerta respiré aliviado. Traía una bolsa colmada de sobres, pero también un asfixiante olor a pólvora.

A él no le apasionaba el fútbol tanto como a mí. Prefería mirar una película a un partido, pero decía que era simpatizante de la Universidad de Chile. Por lo mismo, cuando me preguntaban por mi equipo favorito, yo respondía que era de la U, porque era el elenco de mi padre. Éramos sanguíneamente hinchas del Ferroviarios en el fútbol amateur, por lo que no estaba tan convencido de mi adhesión por los universitarios en el profesionalismo. Esta opción también me diferenciaba de mis amigos que eran acérrimos hinchas del Colo-Colo.

Me encantaba pegar monitos, porque esos simples papeles multicolores cobraban vida propia en mi mente. Las estampitas del “Ligua” Puebla, del “Jurel” Herrera, del “Pititore” Cabrera, del “Condorito” Ugarte eran las que más se me repetían, pero me interesaban las de la U: Patricio Reyes, Horacio Rivas, Valdir Pereira y Héctor Hoffens.

La primera vez que asistí al Estadio Nacional, fue el 9 de enero de 1988 y se jugó el clásico entre la U y la UC. Pero lo que más me impresionó en esa ocasión, fue el marcador electrónico que se había inaugurado hace algunos meses en el recinto de Ñuñoa. Nunca había visto nada igual.

Después de esa experiencia, llegué alucinado a la casa y le pedí a mi madre que con sus manos nobles y cálidas me bordara una bandera que de vez en cuando asomaba desde la ventana de mi casa en el pasaje de la calle Antofagasta.

La campaña de esa temporada la registré en un cuaderno. El debut en el Campeonato Nacional lo consigné el 9 de julio de 1988, con un empate a uno frente a Palestino con gol de Marcelo Silva. Un periplo donde todo fue cuesta abajo, incluyendo la racha de cinco fechas sin marcar un gol. Los hinchas estaban choreados con el entrenador Manuel Pellegrini, porque dejó botado al equipo varias semanas para ir a un curso de perfeccionamiento a Inglaterra y en su ausencia los resultados fueron paupérrimos.

A final de la competencia, no bastó el triunfo por 3 a 0 ante Colo Colo, porque el 15 de enero de 1989 se produjo la debacle total. Tras empatar a dos goles en el Estadio Nacional ante Cobresal, descendió por primera vez en su historia a la segunda división. El equipo había obtenido veintiséis puntos en treinta partidos y había ganado siete encuentros, empatado doce y perdido once. Si bien O’Higgins y Unión Española también habían terminado el campeonato con veintiséis puntos, la diferencia de gol los salvó de perder la categoría: tenían menos siete goles contra menos ocho de la U. Un tiempo después, se habló de que esos equipos se habían confabulado para que los azules bajaran.

Aquella tarde íbamos con mi familia a visitar al tío Ángel Cornejo a su casa nueva en Puente Alto y en la micro nos enteramos de la terrible noticia. Vimos gente llorando en la calle junto a sus hijos o acompañados de sus vecinos. Yo no lloré, pero abracé a mi padre, a mi madre y a mi hermana. Ese fue el año de la huelga de ferrocarriles, el año en que cursé el sexto básico y en el que se inauguró el Estadio San Carlos de Apoquindo. Ese fue el año en que Alfonso de Iruarrizaga ganó medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Seúl, en el que Los Prisioneros lanzaron la edición latinoamericana de “La Cultura de la Basura” y en el que se estrenó Sussi con la magistral actuación de Marcela Osorio. Ese fue el año en que nació Alexis Sánchez y en el que murieron el poeta Enrique Lihn y el dibujante Lukas. Ese fue el año en que el 53% de los chilenos le dijo No a la dictadura de Augusto Pinochet. La vida dio una vuelta en treinta años y ese fue el año en que tuve un efímero entusiasmo por el tinte azul de una camiseta que a mi papá le gustaba.

 

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