13 de septiembre: un año más, recordemos la invocación de Jordi Puntí

 

 

Un año más, no olvidéis que hoy es 13 de septiembre, así que no dejéis que el día terminé sin dedicar un momento a recordar la invocación de Jordi Puntí.

Las claves, aquí.

 

 

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23 de abril: Día del libro, los autores y las dedicatorias… futboleras

11 libros Sant Jordi

 

Ya tenemos aquí un nuevo 23 de abril. El gran día de la fiesta del libro. En Catalunya, además, celebramos también el día de la rosa. Y no se me ocurre mejor fiesta que esta, una celebración en la que las calles se inundan de libros y rosas.

Me he puesto a bucear en el blog para recuperar los artículos que he ido publicando con motivo de los anteriores Días del Libro. Se trata, en concreto, de los correspondientes al año 2015 y el 2016. Lo que he descubierto es que hace dos años hice una recopilación de once libros de temática futbolera para el público infantil y otros once para lectores adultos.

 sant jordi adultos

Un año después, es decir, el 2016, lo que hice fue reunir sobre el terreno de juego del fútbol y la literatura una selección de autores no solo declaradamente futboleros, sino que habían publicado alguna obra con esta temática.

Alineación escritores Sant Jordi 2016 - copia

Para la edición del Día del Libro de este año me he decidido a continuar explorando el hilo de los autores. El contacto con el escritor de una obra, sea de la temática que sea, siempre es grato y agradable. Y particularmente siempre me ha hecho especial ilusión el momento de conocer a alguno de ellos en persona, poder intercambiar algunas palabras sobre fútbol y literatura y conseguir su dedicatoria.

Por esa razón, he querido dedicar el artículo de este año a la modesta colección de dedicatorias que conservo como oro en paño en lugar destacado de mi biblioteca. Os invito a que las veáis, pero, sobre todo, a que leáis a sus autores.

Jordi Agut en “L’últim defensa

Jordi Agut

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Llorenç Bonet en “Camp de terra

LlorençBonet

llorenç bonet

Wilmar Cabrera en

Los fantasmas de Sarrià visten de chándal

Wilmar Cabrera firma

wilmar cabrera

Vicent Dasí en “El millor dels 22

Vicent Dasí

vicent dasi

Gerard van Gemert en “Lucha por la victoria“,

de la serie “Futbolmanía

Gerard van Gemert

gerard van gemert

Andrés Iniesta en “La jugada de mi vida

Andrés Iniesta

andres iniesta

Jordi de Manuel en “Lletres al camp

Jordi de Manuel

Jordi de Manuel en “Orsai

Jordi de Manuel Orsai

jordi de manuel orsai4

Joan Gols (Jordi de Manuel) en “Pantera negra

Jordi de Manuel Pantera Negra

jordi de manuel pantera negra

Ignacio Martínez de Pisón,

relato “El fin de los buenos tiempos

Ignacio Martínez Pisón Fin buenos tiempos

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Ignacio Martínez de Pisón,

en “El siglo del pensamiento mágico

Ignacio Martínez de Pisón

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Miguel Ángel Ortíz Olivera en “Fuera de juego

Miguel Ángel Ortiz - Fuera de juego

miguel angel ortiz fuera juego

Miguel Ángel Ortíz Olivera

en “La inmensa minoría

Miguel Angel Ortiz - Inmensa minoría

miguel angel ortiz inmensa minoriva.jpg

Jaime Palomo Cousido,

en “El loco Higuita y el escorpión“,

de la serie “Gol o penalti

Jaime Palomo

jaime palomo cousido

Víctor Panicello en

7000 metres quadrats de gespa

Víctor Panicello

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Quique Peinado en “¡A las armas!

Quique Peinado

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Jordi Puntí en “Lletres al camp

Jordi Puntí - Letres al camp

Jordi Puntí en “Cuando era un Neeskens“, relato publicado en “Cuando nunca perdíamos

Jordi Puntí - Cuando nunca perdíamos

jordi punti

Pablo Ríos y Santiago García

en “Fútbol. La novela gráfica

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Pablo Santiago Chiquero

en “Once goles y la vida mientras

Pablo Santiago Chiquero

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Quien sabe si mañana, con un poco de suerte, consigo ampliar mi colección 🙂

Futblog: libros, Puntí, novela negra, Paco Camarasa y… Japón

 

El pasado viernes Jordi Puntí publicaba un artículo en El Periódico bajo el título “Muchos libros, poco tiempo” en el que reflexionaba sobre formas de leer por parte de lectores empedernidos. En el texto hacía referencia a aquellos que acometen varias lecturas al mismo tiempo, y citaba el caso de Màrius Serra y del crítico Joe Queenan como ejemplos de este tipo de lectores.

Entiendo perfectamente qué significa leer varios libros al mismo tiempo. De hecho, en el Fútbol Club de Lectura siempre tengo dos jugadores sobre el terreno de juego: el del equipo de los adultos y el infantil.

Del texto de Puntí me saltaron a la yugular dos frases. La primera, la que habla de que los lectores constantes “buscamos conexiones entre novelas”. Y, la segunda, “la coincidencia arbitraria crea vínculos”. Con esas dos afirmaciones parece como si Puntí se estuviera refiriendo a mí, puesto que se trata, precisamente, de una de las cosas que más placenteras me resultan en relación con los libros. Descubrir túneles subterráneos que enlazan un libro con otro, vínculos secretos que te hacen saltar de una página a otra, ideas que se repiten en textos totalmente alejados, la azarosa presencia de referencias cruzadas…

Para ilustrar a qué me refiero nada mejor que un ejemplo. Cuando leí la columna de Puntí acababa de adentrarme en “El último milagro”, del argentino Horacio Convertini y publicada por Ediciones Barrett. Se trata de una magnífica novela que además de futbolera es del género negro. Por eso, junto a un texto introductorio a cargo de Jorge Valdano (sector futbolístico) encontramos en el libro un par de artículos más escritos por Alexis Ravelo y Paco Camarasa (ambos del territorio de la novela negra).

Sigamos con la jugada iniciada por Puntí y continuémosla en Paco Camarasa. Comisario de BCNegra, referente indiscutible en este terreno y hasta hace poco responsable de la librería Negra y Criminal, la edición del martes de La Vanguardia le dedicaba su sección La Contra, apareciendo una entrevista con él en la que se habla, por supuesto, de la evolución de la novela negra, de sus autores preferidos, y, también… de Manuel Vázquez Montalbán y su importancia para el crecimiento y aceptació de la relación entre fútbol y la literatura.





Sí, la referencia futbolera es breve pero con fundamento, como diría aquel. Y su simple mención certifica lo que, más o menos, Puntí apuntaba al principio. Que hay lectores -entre los que me incluyo- que no paramos de buscar esas conexiones subterráneas que acaban dibujando una particular cartografía en el planeta literatura.

Inicia la jugada Puntí, el balón se dirige hacia Horacio Convertini que atraviesa la divisoria entrando en el terreno de “El último milagro”. Cesión hacia Paco Camarasa que lo lanza al área de La Vanguardia y es recogido por Manuel Vázquez Montalbán que lo devuelve al territorio de la novela negra con “El delantero centro fue asesinado al atardecer”…

Y en mi cabeza continua sonando la letanía “Buscamos conexiones entre novelas”, “la coincidencia arbitraria crea vínculos”…

No se vayan todavía, que aún hay más.

Para que os deis cuenta del alcance que las ramificaciones de la literatura proyectan sobre la vida real, añado un nuevo y perturbador suceso a este episodio. Uno de los ejes argumentales de “El último milagro” consiste en que a uno de los jugadores y protagonista de la historia se le implanta un revolucionario chip. Ese hecho permitirá que el mejor jugador del mundo de PlayStation lo maneje a su voluntad, transformándolo en un futbolista que superará en calidad a Messi y Maradona juntos. Si hablamos de revolucionarios inventos tecnológicos procedentes de un país determinado lo más probable es que a la mayoría le venga a la cabeza el nombre de Japón.

Así pues, tenemos una historia de temática futbolera en la que un chip de procedencia japonesa es elemento clave. A priori, no parecen ingredientes habituales de la novela negra, ¿verdad? Pues bien. Resulta que ayer, pocos días después de que fútbol y mundo nipón invadieran mi espacio por culpa de la literatura, mi hijo (de categoría alevín) jugó un partido amistoso con su equipo y en su campo, situando a orillas del Mediterráneo. ¿Sabéis quien era el rival? La selección alevín de Tokyo.

¿No os parece una increíble coincidencia?

REMATANDO LA JUGADA

Por si lo explicado fuera poco esperad, que todavía se le puede dar “Otra vuelta de tuerca“. Para ello, volvamos a Paco Camarasa. Podríamos decir que en la entrevista de La Vanguardia cierra un círculo y enlaza con Jordi Puntí al referirse a la pasión por los libros. En la foto que acompaña el texto se ve una estantería con libros de fondo, y a él con aspecto sonriente mientras sostiene una copa con la mano.

Resulta que hace unos días entraron a robar en la librería Negra y Criminal que durante varios años tuvo abierta en Barcelona. Hace un tiempo el establecimiento cerró, pero Camarasa, su propietario, sigue acudiendo de vez en cuando a leer y escribir. Como decía, hace poco entraron a robar, y, tal y como explica, “los ladrones dejaron en la copa numerosas pero ilegibles huellas digitales, pues la utilizaron para beber una botella de cava tras haberse comido antes un pastel“.

La anécdota no dejaría de ser justamente eso, una simple anécdota, si no fuera porque anoche, mientras avanzaba en la lectura de una novela negra publicada por la Editorial BóvedaSolo silencio“, de Massimo Cassani, esto fue lo que leyeron mis ojos:

“… y un banal y torpe intento de robo en la librería de este último, con relativa y consiguiente venganza por parte de los ladrones, léase, principio de incendio, por no haber encontrado nada que robar.

-Pero ¿a quién se le ocurre que vaya a haber dinero en una librería? Hay que ser idiota.

-El mundo está lleno de idiotas, comisario, y perdone el término.”

 

 

¿No os parece otra increíble coincidencia?

Buscamos conexiones entre novelas”, “la coincidencia arbitraria crea vínculos”…

Os dejo con el artículo de Puntí.

JORDI PUNTÍ

Escritor

Muchos libros, poco tiempo

@puntinho10

VIERNES, 24 DE MARZO DEL 2017 – 16:25 CET

Los lectores constantes, empedernidos, sabemos que uno de los signos de nuestra manía es que, además de leer mucho, nos gusta hablar de ello. Buscamos conexiones entre novelas, autores, épocas; leemos a los clásicos, pero también al autor oscuro. Existe sin embargo un tipo de lector que lleva el vicio más allá y, además de hablar de lo que lee, reflexiona sobre la forma de hacerlo. Pienso en la primera página de ‘Si una noche de invierno un viajero’, de Italo Calvino, cuando el narrador nos da instrucciones para empezar a leer su libro. Relájate. Concéntrate. Cierra la puerta. Ponte cómodo. ¿Acaso tienes que mear antes?

Màrius Serra es de esa estirpe de lectores y en su último libro, ‘D’on trec el temps?‘ (Empúries), predica con el ejemplo. Viniendo de él, claro, la cosa tiene trampa: en apariencia nos da consejos para aprovechar el tiempo, como un apunte de autoayuda, pero en realidad le va bien para convertir la teoría en ejemplos prácticos que incluyen cuentos, poemas, artículos… El tiempo de Màrius Serra tiene unas leyes propias y en él a menudo se confunden la vida y la escritura. Es lógico, pues, que nos cuente cómo lo hace para leer tanto. Hay un capítulo, al principio, que es un elogio de la lectura rápida: si aprendes a leer más deprisa y sin poner en peligro la comprensión, nos dice, leerás más libros.

El entusiasmo voraz de Màrius Serra me hace pensar en el crítico Joe Queenan, que también escribe a menudo sobre las formas de la lectura, el cómo y el cuándo. En su libro ‘One for the Books‘ (2012) nos cuenta sus prejuicios y manías: no lee nunca, por ejemplo, novelas en las que el protagonista vaya a una universidad privada. Además, su método consiste en leer unos 25 títulos al mismo tiempo, cada uno con su ritmo. Puede alternar una novela de Simenon con un ensayo sobre Courbet o la relectura de un Joyce. La coincidencia arbitraria crea vínculos. Hay novelas que le duran dos días, pero también tardó 30 años en terminar ‘Middlemarch‘, de George Eliot. Cada título tiene su tiempo. Hay, me parece, un sentimiento que une a Màrius Serra y Joe Queenan: un respeto tan profundo por la literatura que no se permiten sacralizar el acto de leer.

 

22 de febrero y… ¿una nueva premonición de Jordi Puntí?

Portada - Cuando nunca perdíamos

 

Seguramente hemos llegado al punto en el que una fecha como el 23 de febrero no tenga significado alguno para los más jóvenes. Para los que tenemos una edad, sin embargo, continúa siendo el día en el que alguien intentó dar un golpe de estado hace ya muchos años. Un día antes de aquel episodio, es decir, el 22 de febrero, la vida transcurría más o menos como siempre. Y dentro de esas rutinas habituales digamos que un importante porcentaje se lo llevaba el desarrollo de la liga.

El 22 de febrero de 1981, es decir, hace hoy exactamente 16 años, se celebraba la semanal dosis de encuentros de primera división. Seguramente, la inmensa mayoría de aficionados no podían imaginar lo que sucedería al día siguiente. Y seguramente, también, pocos recuerdan algún partido o resultado destacado de aquella jornada. Sin embargo, yo sí recuerdo perfectamente cómo concluyó uno de los enfrentamientos de aquel día. En concreto, el que disputaron dos históricos del fútbol español (Betis y Barça) en un no menos legendario estadio (el Benito Villamarín) que acabó con empate a un gol. ¿Y cómo lo sé? Pues porque esa fecha y ese resultado pasaron a formar parte del “Diario de música y deporte” que Jordi Puntí fue elaborando durante aquellos años.

Lo explica en su relato “Cuando era un Neeskens”, publicado en “Cuando nunca perdíamos”. Aquí tenéis el fragmento:

«Domingo 22 de febrero de 1981: el Barça ha empatado 1-1 con el Betis en el Benito Villamarín. Goles de Morán y Bernd Schuster.» Aquel Barça lo entrenaba Helenio herrera, precisamente. En él jugaba Quini, a quien habían secuestrado la temporada anterior. El Morán que marcó el gol del Betis era un extremo que acabó jugando en el Barça. Poco a poco, las anotaciones del diario se volvían algo más elaboradas. No me limitaba a apuntar el nombre de los goleadores, sino que comentaba alguna jugada o hablaba de algún futbolista del equipo contrario que me había gustado. Quizá pueda parecer presuntuoso, pero, tal como lo veo ahora, estaba descubriendo el fútbol, el juego más allá del juego, el papel individual de cada futbolista en el partido colectivo. La rapidez de Simonsen, el oportunismo de Quini, los pases largos de Schuster, los caracoleos de Carrasco… 

Y hasta aquí lo que podría ser un ejemplo más de la importancia del calendario en la literatura futbolera. Pero… un momento, porque aún hay más.

Quien sea un atento seguidor de este humilde blog recordará que Jordi Puntí, además de ser uno de los cracks de este Fútbol Club de Lectura, es el responsable de una extraña invocación: la del 13 de septiembre, acerca de la cual hablé en este artículo.

De forma resumida os diré que aquella invocación tenía que ver con algo que Puntí explicaba en el mismo relato al que acabo de hacer referencia. Tras hacer un repaso a jugadores brasileños que a lo largo de la historia han jugado en el Barça, en uno de los pasajes del texto habla de un centrocampista, Fausto dos Santos, y un portero, Jaguaré Bezerra de Vasconcelos, procedentes del Vasco de Gama que en 1931 hizo una gira por Europa.

Aquel año, y tras jugar algunos partidos en el Barça B, ambos fichajes debutaron en un Atlético de Madrid-Barcelona que acabó en empate a 2. Eso sucedió el 13 de septiembre de 1931. Y, caprichos del azar futbolístico literario, el 13 de septiembre de 2015, día en que leí el relato de Puntí, se volvía a jugar un Atlético de Madrid-Barça.

Pues bien. Justamente hoy en el que todo mi interés estaba concentrado en la fecha del 22 de febrero una nueva y posible invocación de Jordi Puntí toma forma. Porque, si continuamos leyendo el párrafo que antes he transcrito encontramos la siguiente referencia:

A veces recortaba fotos de los periódicos deportivos y los pegaba para ilustrar mi comentario. «El brasileño Dirceu juega en el Atlético de Madrid, pero es suplente. The Police publicarán un nuevo casete (sic, no tenía tocadiscos) que se llamará Ghost in the Machine, a ver si es tan bueno como todos los demás», apunté un día que el Barça perdió por el Atlético 1-0 en el Vicente Calderón, y parece como si la mención de The Police consiguiese calmarme de la decepción por la derrota.”

Ya lo habéis visto. De nuevo, un Atlético de Madrid-Barça. ¿Resultado final? 1 a 0 a favor de los rojiblancos. Y ahora la pregunta: ¿sabéis quien juega este domingo en el estadio Vicente Calderón? Pues sí: Atletico de Madrid y Barcelona.

Esperaremos impacientes el resultado.

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Jordi Puntí: “Jugar bé i guanyar”

 

Imatge de www.ara.cat

Ahir a la nit es va emetre al “Sense ficció” de TV3 el documental “L’últim partit. 40 anys de Johan Cruyff a Catalunya”. Entre d’altres intervencions vam poder veure i escoltar les lloances de Guardiola o Xavi, que consideren que cal situar l’origen en els canvis experimentats en el club blaugrana durant les últimes dues dècades en l’arribada de l’holandès.

La defensa a ultrança d’una filosofia insubornable, unes idees futbolístiques revolucionàries, en tant que la seva principal aposta passava pel bon joc, i una trajectòria històrica amb successors que han continuat amb la línia marcada per Cruyff han estat les peces que han transformat en guanyador un club que fins aleshores no ho era.

Per això, val la pena recuperar un article de Jordi Puntí, un dels autors que ha fet servir el futbol com a matèria primera per algun dels seus textos i que és un gran representant de la dignificació de la relació entre futbol i literatura.

Imatge de www.elperiodico.com

I un exemple d’aquesta relació és la d’aquest text, publicat en el número 403 de L’Avenç, corresponent als mesos de juliol i agost de 2014, i en el que fa una magnífica relació entre les idees futbolístiques de Cruyff i la seva estètica i la narrativa actual.

Res més apropiat per formar part d’aquest Futbol Club de Lectura. A més, el text inclou una magnífica descripció de la creació literària fent servir descripcions pròpies del futbol.

(NOTA: no us perdeu els escrits de Jordi Puntí relacionats amb el futbol. Trobareu aportacions seves, juntament amb les de molts altres escriptors, en les obres següents:

– “Amb blau sofert i amb grana intens”, publicat per Proa el 1999, inclou una conversa entre Jordi Puntí i Vicenç Villatoro on sota el títol “Barça i literatura” parlen sobre aquest tema;

– “Cuando nunca perdíamos”, publicat a Alfaguara el 2011, un altre recull d’escriptors i periodistes on trobem el text “Cuando era un neeskens”, signat per Jordi Puntí).

A continuació, l’article sobre Cruyff, l’estètica, l’estil i la narrativa actual, en el qual m’he pres la llibertat d’intercalar algunes imatges per il·lustrar-lo.

JUGAR BÉ I GUANYAR

Jordi Puntí

No és cap disbarat considerar que les idees de Johann Cruyff sobre el futbol ens poden ajudar a entendre alguna cosa de la narrativa actual. Cruyff sempre ha defensat un futbol basat en una estètica molt clara, segons la qual jugar bé, amb un bon control de la pilota, amb vistositat i diversitat de recursos, és molt millor que anar a buscar només la victòria per satisfer la intriga dels aficionats.

Un altre entrenador, Xabier Clemente, apel·lava al sentit pràctic i deia que abans preferia guanyar que no jugar bé, perquè el públic paga per veure la victòria, però Cruyff li responia amb el seu proverbial sentit comú:

Si vols jugar bé i ho aconsegueixes, a la llarga acabes guanyant. Si només et preocupa guanyar sigui com sigui, quan perds et queda cara de ruc”.

D’alguna manera, Cruyff reivindica que cada equip tingui una veu pròpia que el representi, on l’èxit surti de la combinació de forma (jugar bé, passar-se la pilota amb criteri) i contingut (marcar gols o, si més no, crear perill).

Com deia, aquest mateix plantejament pot funcionar quan pensem en la narrativa actual, on la tendència que s’imposa per part d’editors i agents literaris és la de guanyar (diners, vendes, potser lectors) per sobre de la qualitat. Així, per necessitats de mercat, hi ha molts narradors que sempre van de cara a barraca i només es fixen en el contingut.

Imatge de www.mispeloterosfavoritos.blospot.com

L’estil més aviat els fa nosa: no tenen cap interès per trobar una veu pròpia i acaben escrivint en una prosa funcional, de defensa matusser que llança pilotades llargues, d’equip que només busca l’emoció del gol des de les formes més tòpiques i previsibles. Són novel·les que, un cop acabades, s’obliden igual que l’empat a zero més insubstancial. Sovint també aquests autors defensen la quantitat per sobre de la qualitat, i insisteixen a centrar sempre pel mateix cantó, a repetir un cop i un altre la mateixa jugada, la mateixa fórmula de best-seller que ja els ha funcionat abans.

A l’altre extrem hi ha els narradors que s’obliden de guanyar i defensen la forma per sobre de tot, la forma com a contingut, i en aquest cas el perill és ben bé el contrari: que l’autor s’oblidi que hi ha un partit en joc i s’acabi recreant en el dríbling gratuït, la bicicleta exagerada, l’experimentació com a finalitat, que només condueixen al narcisisme estilístic o a l’absurd. Com si el llibre no fos un partit de futbol, sinó un entrenament perpetu.

La filosofia de Cruyff se situa en algun punt intermedi i no perd de vista que un partit dura 90 minuts i al final s’ha d’haver marcat algun gol, tot i que amb el temps el lector recordarà sobretot les jugades, la impressió general d’haver freqüentat una obra d’art.

Fa anys que el best-seller d’escassa qualitat literària, que reprodueix tòpics, troba milions de lectors a tot el món, en totes les llengües. Als Estats Units, potser perquè és un país on els espots dominants es refien més de la força física –el futbol americà, el beisbol, fins i tot el bàsquet- que no de l’estratègia col·lectiva, fa dècades que la novel·la de consum és el gènere amb més seguidors. Alhora, però hi ha una llarga tradició d’autors que escriuen combinant una trama complexa amb un esforç estilístic notable, de John Irving a Annie Proulx, André Dubus III, Michael Chabon o Jeffrey Eugenides.

Aquest territori pot ajudar a entendre el fenomen de The Goldfinch (La cadernera), la novel·la de Donna Tartt que aquest any ha guanyat el premi Pulitzer i és a les llistes de llibres més venuts de mig món. Tartt és una autora lenta (publica una novel·la per dècada), molt lloada per una prosa elaborada i l’habilitat per crear trames complexes.

 En el cas de The Goldfinch, es tracta d’una novel·la dickensiana, de més de mil pàgines, que en el conjunt s’ha de veure com una obra fallida i alhora exitosa. A estones l’exercici estilístic és notable, sobretot a peu de gespa, frase a frase, però massa sovint el lector té la sensació que l’autora carrega en excés la història, la vesteix amb detalls i descripcions innecessaris només per disfressar una trama que té molts replecs, com si li fes por caure en l’esquematisme.

La majora de novel·les best-seller no tenen qualitat literària per defecte d’estil; en aquest cas únic, el problema és per excés.

JORDI PUNTÍ