Fútbol, bibliotecas, y un lateral izquierdo bibliotecario

 

 

 

Si uno de los hábitats naturales de un balón es el campo de fútbol, las bibliotecas lo son  en el caso de los libros. La relación entre unos y otros –fútbol y bibliotecas– se ha ido haciendo cada vez más fluida con el paso del tiempo. Los ejemplos de ello son numerosos: actividades, exposiciones, tertulias, ciclos de cine, elaboraciones de guías de lectura, e incluso retransmisiones de partidos.

En alguna ocasión he hecho alguna referencia a esa combinación. En mi caso, como creyente absoluto en los beneficios de vincular fútbol y bibliotecas como acción de fomento de la lectura, he puesto en marcha alguna actividad para el público infantil en esa línea.

Las experiencias de acercamiento, como decía, son cada vez más abundantes. Hace tiempo comencé a preparar un artículo al respecto, especialmente motivado por la cantidad de iniciativas que se pusieron en marcha con motivo de la celebración del Mundial de Rusia. Antes del campeonato, sin embargo, ya existían casos interesantes, como por ejemplo el de la Biblioteca Pública del Deporte y la Recreación, situada en el interior del estadio Pascual Guerrero, en Cali (Colombia), y acerca de la cual hablé en este artículo.

 

Imagen de www.marca.com

 

Y ahora tenemos otra más interesante aún, pues fútbol y bibliotecas estrechan sus lazos como nunca en la Biblioteca Pública Ánxel Casal de Santiago de Compostela. un equipamiento cuyo director es Jesús Torres Junquera, ex futbolista profesional que llegó a jugar en segunda división con el Compostela.

Hace unos días el diario Marca publicaba una interesante entrevista con él en la que hablaba de su experiencia. Sin duda,

 

Jesús Torres, de jugar en el Compos a dirigir una de las grandes instituciones de Santiago

EL DIRECTOR DE LA BIBLIOTECA ERA LATERAL IZQUIERDO

Imagen de www.marca.com

 

El mío es un perfil raro, casi único en España… pero marcado en cierto modo por las casualidades”. Lo admite Jesús Torres Junquera, ex futbolista profesional que llegó a jugar en Segunda división con el Compostela, actual director en Santiago de la Biblioteca Pública Ánxel Casal (de titularidad estatal, pero gestionada por la Xunta). “Tuve muchos problemas de impagos, incluso en Segunda nos dejaron 11 nóminas sin cobrar, después también en el Eldense, así que, ante tanta incertidumbre, con 28 años pensé que debía buscar algo que me diera estabilidad. Entré en una academia y las oposiciones que se preparaban en ese momento eran para las bibliotecas de la Universidad. Empecé a estudiar, aprobé y la dedicación profesional aumentó mi pasión por este mundo, pero puede que estuviéramos hablando de otra historia si aquel día me ofrecen por ejemplo para Abogado del Estado”, explica durante la conversación que mantiene con Primera Plana.

Tampoco su irrupción en el fútbol de élite resultó del todo ortodoxa. “Fui yo el que llamó al Compostela, porque me venía a Santiago a estudiar. Estaba jugando en el juvenil del Arousa, después de haberme formado en el Caldas, y destacaba. Así que me hicieron una prueba y me ficharon. Llegué al filial en el momento oportuno, porque el equipo acababa de bajar y se atravesaba una crisis económica. Quizás en tiempos mejores no habrían tirado de la cantera tan pronto, pero el caso es que en pocos meses ya estaba entrenándome con el primer equipo”.

Jesús estuvo en el Compostela hasta 2004 y en el curso 02-03 jugó en la categoría de plata. Para el recuerdo queda, por ejemplo, un marcaje que despachó sobre Mijatovic, entonces en el Levante. La escuadra gallega hizo un curso más que digno… pero descendió en los despachos precisamente por los impagos antes mencionados. Ahí se inició un proceso que llevaría posteriormente a Regional Preferente, primero, y a la liquidación de la entidad, después. Para entonces, como sucedió con tantos otros, ya no formaba parte de la misma el lateral izquierdo. “Antes jugaba de mediapunta o interior, pero al llegar a profesional estaban los Fabiano o Juanito y costaba más, así que poco a poco me fui hacia atrás. De hecho terminé mi carrera como central“, recuerda. Esa carrera también pasaría desde entonces por Ponferradina, el citado Eldense y, en el regreso a Galicia, Ciudad de Santiago, Negreira y, por último, Ordes. De todos, por cierto, guarda perfectamente organizados sus recortes de prensa. No podía ser de otro modo.

En paralelo, aprovechaba el tiempo. Se licenció en Ciencias Políticas y sacó una diplomatura en Relaciones Laborales. “El fútbol te ocupa poco. Dos horas para entrenar por la mañana, y si acaso otras dos por la tarde. Nunca perdí el hábito de estudiar”. Cinco años de interino, pasando por varias Facultades, desembocaron en otras oposiciones. Las de la Xunta. “Eran dos procesos paralelos, pero saqué los dos. Ahora, con 38 años, tengo el honor de dirigir esta biblioteca”, explica, reconociendo la complicada relación entre deporte y cultura. “Es cierto que casi todos los futbolistas que conozco gastaban o gastan poco tiempo libre en lectura y que son mundos poco hermanados, de hecho mi caso llama la atención, pero también hay un montón de intelectuales que escriben sobre fútbol, relatos chulos, cuentas en redes sociales…”

Jesús, marcado por ‘La historia interminable’ en su devoción lectora (“me marcó en la niñez”), desprende pasión a la que la charla deriva por fin hacia la Anxel Casal: “Las nuevas tecnologías nos reconfiguran, pero espero y deseo que nuestra misión principal siga siendo la promoción de la lectura y del amor por la misma. Nosotros tenemos una plataforma digital que funciona y organizamos cerca de 400 actividades culturales al año -conciertos, teatro, juegos de rol por ordenador, magia, aulas para mayores…-, pero la idea final sigue siendo que la gente se lleve un libro. Y es lo que los usuarios demandan. Tenemos más de 40.000 socios sobre una población que no llega a los 100.000 habitantes y en el día a día podemos recibir a más de 1.000 visitantes”.

Entonces, ¿una pelota o un libro? “Depende del momento. Ambas cosas son geniales“. Y compatibles, cabría añadir. Ahí está Jesús Torres para demostrarlo. El director de la biblioteca era lateral izquierdo.

 

Una historia que vale la pena seguir y que demuestra, una vez más, que fútbol y literatura pueden hacer una gran labor cuando juegan en el mismo equipo. Seguro que Jesús demostrará como nadie que entre balones y libros se pueden hacer grandes paredes lectoras.

 

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Imagen de www.elcorreogallego.es

30 de diciembre en “Una historia de fútbol”, de Jose Roberto Torero.

 

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En las primeras páginas de “Mercado de invierno“, la primera novela de la trilogía sobre fútbol de Philip Kerr, podemos leer: “Tres encuentros en siete días. Eso no es deporte, eso es un puto Ironman. Cuando la gente del mundo del fútbol profesional habla de lo bonito que es este deporte, normalmente no contempla las vacaciones navideñas“.

El fútbol inglés no es el único en el que no existe parón vacacional. También en la literatura infantil encontramos algún ejemplo. Como el día hoy, 30 de diciembre en el que el Siete de Septiembre y el Barón del Noroeste, dos de los equipos que podemos encontrar en la maravillosa “Una historia de fútbol“, de José Roberto Torero y Blackie Books, disputan la final de un competidísimo campeonato:

El 30 de diciembre fue la gran final del campeonato. De los treinta y dos equipos que habían empezado la competición, solo quedábamos el Siete de Septiembre y el Barón del Noroeste.

Hacía un sol tremendo. Nuestros uniformes deslumbraban de limpios y un montón de gente fue a ver el partido, todos con ropa de domingo. Algunas mujeres hasta llevaban sombrero. Papá, mama y la señora Celeste se pusieron en el palco que estaba adornado con banderitas. El señor Dondinho se sentó en un banco al borde del campo, junto al señor Landao. Carmencita fue vestida de rojo, que era el color del uniforme del Barón, y Senira iba de azul, que era el color del nuestro. Unos chicos se subieron a los árboles para ver mejor.

 

Si queréis conocer el resultado final… tendréis que leer el libro 🙂

 

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“La ciudad de la lluvia”, de Alfonso del Río. Ediciones Destino

 

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“- El fútbol es solo un deporte, hijo. Pero en muchas ciudades tiene una función casi sagrada porque mantiene unidas a miles e personas que, si no, habrían roto todos sus vínculos. Puede sonar pueblerino, pero un gol hace más por una relación personal que miles de argumentos políticos, sociales o religiosos. Puede sonar pueblerino… pero orgulloso que estoy de formar parte de este pueblo”.

 

Hace unas semanas publiqué este artículo promovido por la lectura de “Días de fútbol”, de Luis Aleixandre Giménez y publicado por Unaria Ediciones. En la reseña hacía referencia a que el tema central de la novela tenía que ver con el vínculo afectivo que se establece entre un abuelo y su nieto gracias a que ambos son aficionados del mismo equipo, el Villarreal, en este caso.

Desde Twitter, el usuario JC Cristobal @JCCHristo me recomendó que añadiera a la lista “La ciudad de la lluvia”, de Alfonso del Río y publicada por la Ediciones Destino. Una recomendación que le agradezco porque me ha permitido disfrutar de una gran novela. Un thriller apasionante en el que se mezcla la historia reciente con la de la Alemania nazi, y en la que también hay un trasfondo futbolero, pues uno de los protagonistas es un jugador del Athletic Club, transcurriendo también alguna de las escenas en el estadio de San Mamés.

 

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Imagen de www.buscandomiequilibrio.com

 

SINOPSIS

En el Bilbao de principios de los años ochenta, tres misteriosas muertes unirán los destinos de varios personajes sin conexión aparente. Alain Lara, un joven y prometedor jugador del Athletic, descubre una vieja fotografía de los años cuarenta que su abuelo Rodrigo había mantenido siempre oculta. De todos los personajes que aparecen en ella Alain reconoce a su abuelo, junto a un también joven Ignacio Aberasturi, el gran empresario bilbaíno y actual candidato a la presidencia del Banco del Norte. La repentina y extraña coincidente desaparición de ambos, junto con otros sucesos, lo llevará a una investigación que se remontará a un pasado oculto.

En un intento por entender lo que sucede, Alain contactará con María, la hija y heredera del imperio Aberasturi, y junto a ella tejerán los hilos del pasado que unieron a sus familias en los años del Berlín nazi, en busca de respuestas. Pero lo que obtendrán serán más preguntas, más dudas, más sospechas.

¿Qué pudo unir hace más de cuarenta años a estos dos hombres cuyas vidas nunca más volvieron a cruzarse? ¿Quiénes son los demás personajes que aparecen retratados junto a ellos? ¿Quién y por qué anda detrás de ellos?

La ciudad de la lluvia” es un thriller que reúne lo mejor y lo peor que anida en el ser humano. Es una historia sobre el poder magnético de la ambición, el amor y la complicidad entre las personas, y que nos muestra que la cara oculta que todos tenemos no puede permanecer indefinidamente en la sombra.

 

La historia alterna diferentes periodos temporales, claves para comprender el núcleo de la trama. Así, se va saltando de la Alemania nazi de 1941 al Bilbao de 1983, el año de las terribles inundaciones y del campeonato de liga del Athletic. Y, en un tercer nivel, encontramos un diario personal en el que se van describiendo diferentes episodios y hechos clave de la historia.

El mecanismo se pone en funcionamiento a partir del momento en el que Alain, jugador de la plantilla profesional del Athletic y uno de los protagonistas de la novela, descubre una enigmática fotografía entre los objetos personales de su abuelo, con quien mantiene, por otro lado, un vínculo afectivo tan poderoso como el que se establece entre un padre y un hijo.

 

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Imagen de www.elbuhoentrelibros.com

 

La ciudad de la lluvia” entreteje una compleja y atractiva historia por la que desfilan personajes muy potentes y definidos procedentes de ámbitos aparentemente inconexos. Sin embargo, tal y como se va desvelando página a página, tienen muchas cosas en común: empresarios y abogados de las altas esferas de Euskadi, un particular policía de métodos poco ortodoxos, un futbolista del Athletic, personajes de la Alemania nazi como Goeebles y el Fuhrer… y todo ello orbitando en torno al enigmático ‘El Extranjero’, epicentro de la narración y poseedor de las claves que desvelan todo el misterio.

 

            – Puede que tengas razón –le dijo suspendiendo sus palabras-. La verdad… La verdad es que tienes una cabeza muy bien ordenada para … -María se interrumpió a sí misma cuando su propia voz le sonó demasiado ofensiva.

            Pero Alain clavó su mirada en ella consciente de lo que había querido decirle.

            – … ¿para ser jugador de fútbol? – preguntó con una ladeada sonrisa.

 

Una historia que te atrapa desde el inicio, en el que la complejidad de la trama se va transformando de forma fluida y natural en la apertura de nuevas puertas a partir de giros inesperados, y en el que el interés va en crescendo hasta la página final. Y todo ello salpicado con diferentes episodios futbolísticos relacionados con la historia del Athletic que incluyen alguna memorable escena en el mismo estadio de San Mamés.

 

MÁS INFORMACIÓN

Aquí tenéis el booktráiler del libro:

Y podéis leer un fragmento haciendo click aquí.

“Futbolsilibro”: fútbol de quiosco, fútbol de bolsillo

 

Imagen de www.siguealconejoblanco.es

 

Hace unos días leía el siguiente titular en el diario La Vanguardia: “Barcelona estudia que los quioscos incluyan otras funciones”. La noticia explicaba que desde el ayuntamiento se quería poner en marcha un plan piloto que tenía como objetivo principal el de revitalizar este tipo de establecimientos, muy implantados y valorados socialmente, pese a que atraviesan una cierta etapa de decadencia.

Hace poco más de un año, Javier Pérez Andújar escribía un maravilloso artículo en El Periódico de Catalunya bajo el título “Ser de quiosco”. En él decía, entre otras cosas, que los quioscos eran “la biblioteca de los pobres”, y el “Amazon de los bloques“. Representan la anulación de las fronteras culturales, y actúan como espacios en los que la ‘Ciropedia de Jenofonte‘ es el compañero de ‘Las colinas negras‘, de Lucky Luke.

Los quioscos forman parte del paisaje cultural de mi infancia y mi juventud. Allí compré lo que describe Andújar: tebeos y cromos, cómics y diarios deportivos, revistas y libros de ciencia, novelitas baratas y fascículos de colecciones de grandes clásicos de la literatura. Seguramente, hubo un tiempo en el que el refugio de lo que se podría llamar “fútbol y literatura” de la época estaba allí, en los quioscos: en forma de prensa deportiva, de álbumes de cromos y de revistas como Don Balón.

Pero también en otro producto más desconocido y hoy casi olvidado. Los quioscos fueron los distribuidores, diría que entre la década de los 40 a la de los 80 del siglo XX, de una de las principales opciones de ocio de la época en la que la televisión e internet todavía no lo habían inundado todo. Me refiero a la “novela popular” o “novelas de a duro” (por su precio), “de quiosco” (por el lugar en el que se adquirían) o “bolsilibros” (por el nombre de la famosa colección que puso en marcha Bruguera).

 

Eran lo que en Estados Unidos se denominaba “pulp“. Tras el rodaje de “Pulp Ficion”, Quentin Tarantino explicó en alguna entrevista que la película era, en el fondo, “un homenaje a ese tipo de literatura kleenex, de usar y tirar, de gran éxito en los años treinta y cuarenta, y que Vincent Vega (el personaje interpretado por John Travolta), devora en sus continuas visitas al cuarto de baño. Te compras un libro de estos por 10 centavos, te lo guardas en el bolsillo trasero del pantalón, te sientas encima de él, lo lees a ratos en el autobús y cuando lo terminas se lo das a alguien o lo tiras, no lo pones en la biblioteca. Algunos estupendos escritores salieron de ahí, pero fueron reconocidos de forma retrospectiva; en su momento se les consideró desechables, sólo para las masas”.

Podéis encontrar una completa explicación sobre los bolsilibros en esta página del blog “La memoria del bolsilibro“. Tal y como allí se explica, su formato era muy manejable, con unas medidas aproximadas de “10,5 cm. de ancho y 15 cm. de largo. Estaban encuadernados con goma y con unas tapas de cartón de baja calidad que contaban con sus correspondientes portadas ilustradas. El número de páginas se acercaba al principio a las 150, para acabar teniendo 96 páginas, lo que obligaba a los autores a ser cada vez más concisos en el desarrollo de las tramas”.

Este tipo de obras eran distribuidas en ejemplares de pequeño tamaño y papel de baja calidad (de ahí el nombre de ‘pulp’, en referencia al desecho de pulpa de madera que con que se fabricaba un papel amarillento de muy mala calidad y coste muy barato), y su principal objetivo era, única y exclusivamente, el de proporcionar entretenimiento. Abundaban, en aquellos libritos, las historias de terror, ciencia-ficción, bélicas, de aventuras, del oeste (con Marcial Lafuente Estefanía al frente) y, sobre todo, de género negro. También, por supuesto, había espacio para el romanticismo y la denominada novela rosa, territorio dominado por la gran estrella que era Corín Tellado en el mercado español.

Imagen de www.novelasdeaduro.blogspot.com

 

Imagen de www.bolsilibrosmemoriablog.wordpress.com

Existen aficionados que mantienen viva toda aquella producción gracias a espacios en internet que son auténticas enciclopedias en la materia, como los blogs “Novelas de a duro (o bolsilibros)”, “La memoria del bolsilibro”, “Bolsilibros. Novela popular de kiosco”, “Novela de quiosco”. Y conste que los citados son, tan solo, algunos ejemplos de los que existen. Después tenemos los artículos de Pérez Andújar, de Toni Vall (como este), o acciones como la exposición “Francesc Caudet i la novel·la popular” organizada por la Biblioteca La Bòbila de l’Hospitalet. Como no es un tema que domine, seguramente se me escapan otros muchos casos en los que la novela popular es valorada con atención. Pero aún así, tengo la sensación de que se trata de un género que ha sido injustamente marginado y menospreciado.

Prácticamente ya nadie habla de esas obras, y siendo cierto que la gran mayoría se alejan de lo que podríamos considerar determinados criterios estéticos, ni siquiera se le reconoce el importante papel que jugó durante décadas acercando la lectura a varias generaciones. Y no hay que olvidar que hoy otorgamos la máxima consideración a autores que se iniciaron en ese “submundo”, como Raymond Chandler o Dashiell Hammet. La clave de todo radica, como dice Pérez Andújar, en el hecho de que lo que se consideraba “literatura de calidad” se vendía en las librerías, mientras que lo que se vendía en los quioscos no podía ser considerado un producto literario.

 

He citado antes a Marcial Lafuente Estefanía y a Corín Tellado. Pero junto a ellos destacaron nombres como los Curtis Garland (Juan Gallardo Muñoz), J. Mallorquí, Clark Carrados, (Luis García Lecha), Silver Kane, (Francisco González Ledesma), Frank Caudett, (Francisco Caudet Yarza), George H. White (Pascual Enguidanos) o Lou Carrigan (Antonio Vera Ramírez) entre muchos otros. Nombres que en realidad eran algunos de los diversos pseudónimos que cada uno de ellos utilizaba y bajo los cuales crearon miles y miles de ejemplares. Si a algunos de vosotros les suenan será porque en algún momento habéis sido usuarios de quioscos.

Pero, ¿y el deporte? Por supuesto, entre tanta producción también existía espacio para las narraciones en las que lo criminal se fundía con lo deportivo. Envidias, corrupciones, apuestas ilegales, drogas, bajos fondos y otras tramas inundaban esas páginas. Boxeo, hípica, hockey, béisbol, baloncesto, automovilismo, ajedrez… todas las disciplinas deportivas eran susceptibles de caer en el terreno de estas historias.

Y, cómo no, el fútbol no podía quedar al margen de este particular universo, y encontramos historias ambientadas en Europa, pero también en el soccer norteamericano. Algunas de ellas no tienen nada que envidiar a algunos de los best sellers actuales, y son puro divertimento, intriga y acción de la primera a la última página.

En este artículo comparto los títulos y colecciones de temática futbolera que he podido localizar después de que hace un par de meses me tropezara con “Asesinatos en el estadio“, de Peter Debry. Sin ánimo de exhaustividad, aquí tenéis los libros que desde entonces he conseguido localizar.

Y, por supuesto, si alguien conoce alguna otra obra de esta tipología que tenga al fútbol como temática agradeceré enormemente que me lo comunique para añadirla al artículo.

 

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Imagen de la Biblioteca Tecla Sala de l’Hospitalet

Josep Mallorquí Figuerola: padre de “El Coyote” y de “La novela deportiva

Iniciamos este repaso a finales de los años 30 y comienzos de los 40, con la figura de Josep Mallorquí Figuerola, popularmente conocido por tratarse del autor de la exitosa serie “El Coyote”. Mallorquí, de infancia complicada y formación autodidacta, trabajó para la Editorial Molino, que se trasladó a Buenos Aires tras el estallido de la guerra civil. Uno de los encargos recibidos fue el de la elaboración de una colección de novelas bajo el título “La novela deportiva”.

 

 

La principal referencia a esta colección la he encontrado en el blog “Novela de quiosco”, donde se explica que “allá por el año 1937 Mallorquí comenzó a preparar, para una posible serie de novelas, algunos cuentos y relatos cortos ambientados en el mundo del deporte, exclusivamente del deporte aficionado, excepto en el caso del boxeo”. El formato era de 14,5 x 19,5 cm, con un número de páginas entre 64 y 80. Las portadas eran de Bocquet, y las ilustraciones de Bocquet y otro.

A continuación, las portadas de los ejemplares de la serie dedicados al fútbol, extraídas todas del citado blog:

 

J Mallorquí - Mascara negra

J Mallorquí - Secreto Mark Brown

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Peter Debry y sus “Asesinatos en el estadio

 

Peter Debry - Asesinatos en el estadio

 

Algunos años después de “La novela deportiva” de la Editorial Molino, en 1950 concretamente, la Editorial Bruguera puso en marcha la Colección Servicio Secreto, de la que se publicaron más de 1500 números en formato bolsilibro y con periodicidad semanal hasta 1985. Uno de ellos, el número 46, corrió a cargo de Peter Debry, pseudónimo de Pedro Víctor Debrigade Dugy, y uno de los considerados padres de la novela negra española. El título del libro que apareció en la colección es “Asesinatos en el estadio”, con una impactante portada atribuida a Provensal, y acerca del cual publiqué este artículo.

Se trata de una historia ambientada en el fútbol norteamericano (peculiaridad presente en otras obras similares) y que contiene todos los ingredientes que se pueden esperar de este tipo de obras: fútbol, suspense, asesinatos, un héroe, acción… Entretenimiento puro y duro.

 

Colección Balas y Deporte. Editorial Jara (1951-1962)

En el libro “Bang, bang, estás muerto”, se hace referencia a una serie de colecciones de novela negra que triunfaron entre los años 1951 y 1962. Una de ellas llevaba por nombre el expresivo y directo “Balas y Deporte”, perteneciente a la Editorial Jara, editorial de posguerra ubicada en Madrid.

Balas y Deporte” incluía un llamativo título: “El gol de la traición”. Su autor fue Mompel Folch (pseudónimo de Francisco Faura Peñasco).

 

Mompel Folch - El gol de la traición

 

Colección Geyser. Editorial Domingo Savio

 

Federico Revilla - El idolo sin pies

 

En 1964, la editorial barcelonesa Domingo Savio comenzó la publicación de una colección en formato bolsilibro a la que puso por nombre Géyser. Según el blog “Bolsilibros. Novelas popular de kiosco” “estaba formada por novelas de bolsillo con diferentes temáticas, acontecimientos históricos, biografías de personajes célebres y también los últimos descubrimientos técnicos, incluyendo la simple novela de entretenimiento”.

El número 19 de la colección era eminentemente futbolístico. Llevaba por título “El ídolo sin pies”, estaba escrito por Federico Revilla y fue publicado en 1967. La cubierta estaba ilustrada por J. Blasco, tenía un total de 80 páginas y contenía ilustraciones a dos tintas de página completa de D. Bladé.

La colección incluía otro libro, titulado “Hazañas deportivas”, del que la única información que he podido conseguir es que, al parecer, contenía una relación de biografías de deportistas de disciplinas diversas.

 

Colección “Doble Juego”, Editorial Ceres

Sin duda, si nos referimos a la presencia del mundo futbolístico en las novelas populares tenemos que hablar de la colección “Doble juego”, impulsada por la Editorial Ceres y de la que se publicaron 86 números entre marzo de 1982 y noviembre de 1983. Es decir, casi un volumen por semana. Por la fecha en que salió al mercado podemos suponer que hubo un intento de aprovechar el tirón de la celebración del Mundial de España de 1982. Y, quizá también, intentar revitalizar un género que ya comenzaba a mostrar síntomas de declive ante el auge, entre otros, de la televisión.

La impulsora de “Doble Juego” fue Ediciones Ceres, una filial de Bruguera centrada en la temática deportiva desde la perspectiva de lo criminal, que es, justamente, lo que encontramos en las obras de esta colección. Los deportes tratados incluyen automovilismo, boxeo, hockey, tenis, karate, basquet, golf, fútbol americano o hípica, entre otros. En el caso del fútbol, hay nueve títulos dedicados a él:

 

Alex Simmons - El traspaso

Alan Parker - Drogas y gol

Lucky Marty - La gran jugada

Curtis Garland - ¡¡Penalty!!

Joseph Berna - El as italiano

Lem Ryan - Historia de un crack

Lem Ryan - La lesión

 

Thomas Lower - Tragedia en Wembley

Frank Caudett - Marcaje al hombre

 

Los “Asesinatos en el Mundial-74” de Curtis Garland

Termino con este repaso regresando a un autor que ya ha aparecido anteriormente. Se trata de Curtis Garland, pseudónimo de Juan Gallardo Muñoz, uno de los más prolíficos en el universo de la novela popular, con más de 2.000 libros publidados. Llegó a tratar prácticamente todos los géneros: policiaco, del oeste, ciencia-ficción, terror, aventuras, bélico, artes marciales… Como hemos visto, también participó con “¡Penalty!” en la Colección Doble Juego. Pero todavía existe al menos otro libro de temática futbolera: “Asesinato en el Mundial-74“:

 

Curtis Garland - Asesinato en el Mundial 74

 

Y hasta aquí el repaso con lo que he podido encontrar. Como antes indicaba, si conocéis alguna otra obra que pueda incluirse en este particular catálogo os estaré muy agradecido si me facilitáis su referencia.

“El futbol és així”, de Edicions Xandri: fútbol y género negro de la mano de un equipo de lujo

 

 

Seguramente, uno de los géneros más explorados y que mejor encajan con la literatura futbolera es el de la novela negra. La relación de artículos y estudios sobre esta materia, y, por supuesto, la relación de títulos, es abundante. Incluso diría que durante los últimos años no hay festival “noir” en el que no se incorpore una sección dedicada a obras de temática futbolera.

Si nos fijamos en la mayoría de publicaciones incluidas en este territorio descubriremos que la gran mayoría corresponden a novelas. Esto es así, probablemente, porque permite tomar algunas de las aristas propias del género (en el caso del fútbol, asuntos de corrupción, crímenes por razones diversas, apuestas ilegales, ambiciones desmesuradas, derivaciones políticas…) y desarrollarlos con la profundidad que la extensión de una novela permite. Como contrapartida, no abundan tanto los relatos de género negro, una tipología más adecuada a tratar otro catálogo de temas propios del mundo futbolístico.

Que la vinculación entre género negro de trasfondo futbolero y cuento no haya sido especialmente prolífica no significa que sean incompatibles. Y, para muestra, la reciente publicación de “El futbol és així“, una obra colectiva publicada por Ediciones Xandri, en la que once autores y periodistas participan con un relato de género negro.

 

 

Se trata de un once de lujo integrado por cinco periodistas (Xavier Torres, Frederic Porta, Josep Gimeno, Gemma Montero y Ruth Gumbau) y seis escritores y escritoras de novela negra: Irene Solanich, Joan Ramon Armadàs (estos dos actuando además como coordinadores de la obra), Xènia Armadàs, Ramona Solé, Aida Montoya y Salvador Balcells. Un variado y solvente equipo que consigue proporcionar al conjunto una gran variedad de registros y tramas.

La obra, escrita en catalán, es un magnífico catálogo de las posibilidades de explicar una historia negra y futbolera utilizando el formato del relato. Porque, además de la calidad de las historias, se trata de un libro que es una auténtica demostración de las variadas posibilidades que lo criminal ofrece a la hora de aproximarse literariamente al mundo del fútbol.

 

SINOPSIS (traducción)

El fútbol es un deporte que despierta pasiones en nuestro país. Ya sea a nivel profesional o en categorías inferiores, estamos acostumbrados a ver conflictos que va desde simples agresiones legales en un terreno de juego hasta crímenes y delitos de primer orden. Directivos de club en presión, estafas, terrorismo, seguidores violentos o rivalidades ancestrales son solo algunos ejemplos de lo que pasa en la vida real. Este libro pretende trasladar todo ese universo a la ficción. En su interior encontrarás 11 relatos con el fútbol y la novela negra como protagonistas.

 

Vale la pena destacar que el punto de partida del volumen fue de gran originalidad. Todos los relatos se estructuran a partir de un título y un subtítulo. Cada autor pudo escoger el subtítulo más adecuado a la historia que escribía, pero el título (que actuaba como punto de partida al que adaptar su historia) le vino impuesto tras un sorteo celebrado en un bar de Barcelona con dos cajas: una contenía el nombre del autor, mientras que en la otra estaban los títulos propuestos desde la editorial.

Los capítulos tienen nombres tan futbolísticos como: Més que un club (“Más que un club”), “Joc perillós (“Juego peligroso”, “Hooligan”, “Pena màxima”, “Derbi”, “Targeta vermella” (“Tarjeta roja), Mundial, “Fora de joc” (“Fuera de juego), “Som vermells i blancs” (Somos blanquirrojos”, “Meravellosa minoria” (“Maravillosa minoría”).

De ellos han surgido los relatos “10 córners”, “El delator”, “Contacte humà”, “Un tret al cap” (“Un disparo a la cabeza”), “La tria” (“La elección”), “Gol providencial”, “El turista”, “Estrellats”, “A triste de brutal história de uma injustiça”, “La fam de la bèstia (“El hambre de la bestia”) y “Montjuïc 25-5-98”.

Y entre los relatos encontramos argumentos vinculados a la compra de jugadores, episodios que se desarrollan en la Barcelona de los años 20, algún crimen que podríamos calificar de futurista, enigmáticas muertes de jugadores, situaciones dignas de bajos fondos mafiosos, goles capaces de salvar vidas, presencia de la amenaza yihadista, crímenes sospechosos, y muertes casi gore, historias de suspense en las que se cuela lo legendario e incluso relatos donde lo negro y lo futbolístico no impiden la aparición de lo emotivo.

Tal y como los coordinadores explican en el prólogo, “la crónica negra también se ha extendido hasta el mundo del fútbol, tal y como ‘lo ha hecho en cualquier ámbito de nuestro planeta. Y si la crónica llega hasta este deporte, ¿por qué no puede hacerlo el relato negro? Eso es lo que pretendemos demostrar con este libro: que 11 amantes y detractores del fútbol, 11 personas vinculadas de alguna manera al mundo del fútbol, la literatura negra y la escritura son capaces de crear un buen catálogo de crímenes futbolísticos”.

Cabe decir, en relación con esta explicación, que esta obra es la tercera incursión en el género negro puesta en marcha desde la editorial tras “Els crims nostrats” (2015) y “Terra de crims” (2017).

Una gran y recomendable obra que hará las delicias de los amantes del género negro, tanto si son aficionados al fútbol como si no lo son. Sería una gran noticia que apareciera la versión en castellano para que este auténtico equipazo pudiera llegar a un mayor número de lectores.

 

Imagen de www.elescriba.cat

“Anoche tuve un sueño”, relato de José Antonio Lizana con la final de la Copa Libertadores de fondo

 

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Hace una semana, Boca Juniors y River Plate disputaban el segundo partido de la final de la Copa Libertadores. En cambio, en los sueños del escritor y periodista deportivo José Antonio Lizana, quienes se enfrentaban eran Boca y su querido Club Ferroviarios de Chile, y el encuntro no se jugaba en el Estadio Santiago Bernabéu, sino en el desaparecido Estadio San Eugenio.

 

Anoche tuve un sueño

(José Antonio Lizana Arce)

Anoche soñé que el Ferro jugaba la final de la Copa Libertadores de América frente a Boca Juniors y que el último partido se disputaba en el Estadio San Eugenio con más de 33.000 espectadores. Por supuesto que la mayoría de los hinchas que repletaban el romántico recinto eran ferroviarios.

Como toda la vida y con mayor razón para este trascendental encuentro, fui con mi padre a la cancha. También invitamos a su amigo “Pepe” Riquelme, que vivía a una cuadra del estadio.

Estábamos nerviosos y nuestros rostros lo evidenciaban. Y cómo no si éramos el equipo chico que enfrentaba a un monstruo del fútbol mundial. Pero a pesar de esto, teníamos fe. Siempre la tuvimos.

Había tanta gente en la galería que subimos como pudimos hasta la parte más alta que daba a la avenida Ramón Subercaseaux. Ahí nos ubicábamos siempre a modo de cábala, aunque esta vez temerosos de que la galería se viniera abajo.

El barrio San Eugenio era el centro de la noticia y los medios de todo el mundo transmitían sus enlaces desde cualquier esquina. Así vieron en todas partes del planeta el ambiente previo que había en los populares y sabrosos restaurantes “El Rápido”, “Saca pica”, “Cabeza de peso” y “Mando mando”. Incluso allí se juntaron, frente a la televisión y acompañados de interminables cervezas, los infortunados fanáticos tiznados que no pudieron conseguir boletos para la final.

El corazón se me apretaba cuando escuchaba a mi padre y al “Pepe” Riquelme gritar el clásico “¡EFE con E!”. Sus voces eran las de dos hombres fuertes y duros que se forjaron desde muy jóvenes en las sacrificadas labores de la Maestranza de Ferrocarriles.

La hora pasó tan rápido que no nos dimos ni cuenta cuando los equipos entraron a la cancha. Primero lo hizo Boca con una pifiadera que nunca había oído en ese recinto. Desde la distancia divisé a su formación plagada de estrellas: Hugo Orlando Gatti; Gary Medel, Rolando “Flaco” Schiavi, Jorge Bermúdez, Silvio Marzolini; Antonio Rattín, Miguel Ángel Brindisi, Juan Román Riquelme, Diego Armando Maradona; Carlos Tévez y Martín Palermo. Y en la banca había un técnico de tanto prestigio como sus dirigidos: Carlos Bianchi.

Luego hizo su ingreso Ferroviarios, de impecable amarillo y negro, con Raúl Coloma, “Lucho” Jorquera, Enrique “Chacal” Iturra, Luis “Fifo” Eyzaguirre, Carlos “Pluto” Contreras, Juan Carlos Escamilla, Carlos Carmona, Gustavo Huerta, Jorge “Guatón” Pérez, Leonel Sánchez y Luis “Negro” Martínez. En la banca ya no estaba el profesor Francisco Graells, pero la Conmebol permitió que dirigiera desde el cielo.

Antes de que sonara el pitazo inicial, me puse a rezar y le pedí a diosito que la copa se quedara en casa, porque ellos tenían tantas y una más ni se iba a notar en su ya repleta vitrina de trofeos.

Los argentinos entraron a jugar con una personalidad avasalladora, con esa misma que les hace pinchar tanto con las chiquillas en Reñaca. No había cómo detenerlos.

El arquero Coloma no paraba de atajar: arriba, abajo, al lado, al córner, cortando centros y también saliendo a jugar. En tanto, las puteadas entre el “Lucho” Jorquera y el “Chacal” Iturra se escuchaban más fuerte que el pitar de la locomotora.

El colombiano Bermúdez se encargó de neutralizar a Leonel Sánchez y nuestras esperanzas de gol se fueron de a poco difuminando.

Sabíamos que Maradona no era un jugador cualquiera, sino un crack cuyo botín izquierdo se pegaba a la pelota de cuero y además tenía el don de enamorar al balón, pero lo dejamos solo, sin marca. Es cierto que todo el estadio aplaudía sus piruetas, pero el problema es que estaba jugando contra nosotros.

Tuvimos suerte de que no nos metieran un gol hasta los 33 minutos, cuando el “Flaco” Schiavi nos clavó un frentazo tras un córner de Riquelme. El estadio se quedó en silencio y el pitar de la locomotora también. Pero, el grito de gol de la pequeña barra argentina se escuchó con nitidez y eso dolía más.

El primer tiempo finalizó a los 45 minutos exactos. Bajamos rapidito al baño para despejarnos un poco. Mi papá me compró una empanada y una Bilz, y ante mi pesimismo me decía que nunca en la vida había que dar algo por perdido. Yo lo miraba y asentía con la cabeza sólo por respeto.

Con otros hinchas nos quedamos entusiasmados analizando el partido y cuando íbamos subiendo las escaleras, Ferroviarios empató con gol del “Negro” Martínez. Le pregunté a mi papá y al “Pepe” si lo habían visto y me dijeron que no, pero a los minutos lo busqué en YouTube y ya estaba disponible. El empate nos mandaba directo a los penales, pues no había alargue.

Hugo Orlando Gatti pasó de ser un mero espectador a ser la figura del encuentro. Y, era que no, el Gary se descontroló y le pegó un par de viajes a Leonel y también se agarró a combos con Marzolini de su propio elenco.

A los 86 minutos, el Diego tomó la pelota en su propia área y comenzó a derribar palitroques, pero cuando llegó al área de Ferro, Gustavo Huerta lo tomó de la camiseta y casi le arrancó el número diez de la espalda. Penal cobró el árbitro.

Juan Román Riquelme y Martín Palermo discutieron un rato, llevando sus diferencias personales al terreno de juego, y finalmente el “9” tomó el balón. La suerte estaba echada, qué más daba. Ya éramos campeones por el solo hecho de estar ahí y por haber eliminado en las fases anteriores a Flamengo, Sao Paulo, Peñarol y Olimpia.

El reloj marcaba el minuto 89 y Martín envió la pelota a las nubes. El árbitro lo repitió y Palermo otra vez la lanzó afuera. El delantero argentino reclamó que Coloma se había adelantado y el hombre de negro ordenó lanzarlo nuevamente. Sin embargo, en el momento que el ariete se aprestaba para ejecutarlo por tercera vez, el juez finalizó el partido. Todo el equipo de Boca se le fue encima y los carabineros tuvieron que protegerlo. Ya no había nada que hacer. Sólo quedaba la tanda definitiva de penales.

En el intermedio fuimos con mi papá y con el “Pepe” a comprar unas bebidas y unas sopaipillas con ají para calmar la ansiedad.

El “Loco” Gatti se arreglaba el cintillo y le hacía gestos a la barra. Se veía tenso. A su vez, Raúl Coloma, con mucha calma y sapiencia, eligió el arco que daba de oriente a poniente.

Como en la final de la Copa Intercontinental de 2003 ante el Milan, empezó Schiavi y con un tiro rasante y a la derecha de Coloma puso el 1-0. Empató para el local “Lucho” Jorquera, que le pegaba con un fierro. A Martín Palermo le tocaba en el último turno, pero decidió tirar en el segundo. Para no seguir pasando vergüenzas, le pegó fuerte y arriba a la derecha de Coloma. Salió celebrando como un desquiciado. Gustavo Huerta se reivindicó de la cagadita en el penal de Boca y puso el 2-2. “Carlitos” Tévez se fue en puros amagues y el viejo portero del Ferroviarios no le compró. Leonel no fallaba y así fue no más: 3-2 para los tiznados. A Riquelme no se le arrugó ni la frente para colocar el 3-3. Juan Carlos Escanilla acercó a Ferroviarios a la gloria con un tiro a media altura del guardameta boquense para el 4-3. Miguel Ángel Brindisi cerró la serie de los lanzamientos xeneizes para dejar las cifras 4-4. El “Guatón” Pérez le pidió una oportunidad al cielo al profe Graells para lanzar el quinto tiro. Seguramente, don “Pancho” le dijo: “Está bien, pero cuidadito con que se te vaya a ir, hueón”.

Desde que el “10” tiznado tomó la pelota, fue imposible no acordarse de la serie ante Chiprodal de Graneros en 1991, cuando este rechoncho se vendió por unas botellas de whisky y perdimos el título de esa temporada. Pero esta vez teníamos fe. Siempre la tuvimos.

Pérez se tocó las muñequeras, caminó y le pegó fuerte a un rincón…

Anoche tuve un sueño. Soñé que mi Ferroviarios era el campeón de la Copa Libertadores de América.

 

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