30 de abril: partido en “Fuera de juego”, de Miguel Ángel Ortiz

 

Hoy es 30 de abril, y en el calendario de la literatura futbolera eso significa que hay un importante partido de la Liga Regional Juvenil entre el Alcázar CD y el Nela FC. El partido está programado para las 12 horas, en el Estadio Jesús María Pereda. Aunque estos últimos datos -hora y campo- son simbólicos y orientativos.

El verdadero encuentra se juega en las páginas de “Fuera de juego“, primera novela de Miguel Ángel Ortiz, y una auténtica joya a la que siguió otra más, “La inmensa minoría“.

fuera de juego

 

Aquí tenéis un par de imágenes facilitadas por el propio autor del campo al que se hace referencia en el libro. Fotografías que conservan toda la esencia de los campos de fútbol de hace dos o tres décadas.

 

Campo Pereda

Campo Medina de Pomar

 

Aquí tenéis la referencia al día 30 de abril:

 

Pedro entró en el bar riéndose, mientras Gorka bordeaba los coches aparcados en batería. Al pasar por donde estaban sentados Koldo y Fichy, se quitó uno de los auriculares. Su voz sonó por encima del rumor de guitarras eléctricas.

– Paquetes.

Volvió a ponerse el auricular.

– Subnormal -rumió Koldo.

Cuando Gorka dobló la esquina, le vieron pararse frente a la esquela, en la esquina de Mari Tere. Se recolocó el auricular, mientras la miraba. Después tiró de los pantalones y giró la esquina.

Koldo y Fichu se acercaron hasta la puerta del bar. En el cartel, de fondo, aparecía la silueta de un futbolista corriendo. Encima, en letras mayúsculas, negras y puntiagudas, ponía:

18º PARTIDO LIGA REGIONAL JUVENIL

ALCÁZAR CD vs NELA FC

12:00 HORAS DOMINGO 30 DE ABRIL

ESTADIO JESÚS MARÍA PEREDA

La puerta del bar se abrió de golpe.

– Tú -le dijo Pedro a Koldo-, para dentro.

El bar estaba tranquilo: en una de las mesas redondas, dos mujeres jugaban a las cartas. Un hombre, que empuñaba una cerveza, leía el periódico deportivo en la barra y, en la mesa más cercana a la tarima, un viejo leía la televisión.

– ¿Ahora?

– Hay que preparar bocatas -dijo Pedro encendiendo lo que quedaba de purito.

– No hay ni chus.

Una nube gris se escapó entre los dientes de Pedro.

– Ni chus ni chusa. Coge el balón y para dentro.

– Lo tiene Salva.

– ¿Salva?

– Se lo he dejado.

– Pues venga -dijo Pedro entrando al bar-, al tajo.

– Ya voy -dijo Koldo sujetando la puerta.

Fichu esperó a que Pedro no le oyera.

– ¿No vas a decirle lo del balón?

– Todavía no. ¿Qué vas a hacer?

– Llamaré a Salva.

– Dile lo del equipo. Y a tu novia.

– No es mi novia.

Koldo sonrió.

– Agur. Luego estamos.

 

Y, para acabar, otra imagen que es un auténtico tesoro y que también me facilita el autor. Se trata de la foto de un cartel anunciando un partido entre los mismos equipos que aparecen en el libro, con todo el sabor y la estética de unos tiempos sentimentalmente cercanos para mi, pero cronológicamente ya lejanos.

En este caso, la fecha que aparece es la del 5 de marzo, pero nos vamos a permitir la licencia de considerar que no es más que un error de imprenta, que la que debía aparecer es la del 30 de abril.

Cartel

 

Por cierto, un 30 de abril que coincide con el aniversario del autor. Así que muchas felicidades, Miguel Ángel 😀

28 de abril, Simon Kuper y la tragedia de la selección de Zambia

 

Imagen de www.diariosdefutbol.com

Chabala, Muanza, Changue, Chomba, Kangua, Watiyakeni, Makinka, Mulenga, Mutale, Soko, Muila, Chansa, Muitua, Masuwa, Chikualakuala, Banda y Simamba.

¿Os dicen algo estos nombres? Reconozco que a mi, hasta ayer mismo, no me sonaban de nada. Pero gracias al calendario he conocido sus nombres y su historia. Un episodio triste y trágico, pues se trata de los nombres de los futbolistas de la selección de Zambia que fallecieron el 28 de abril de 1993 en un accidente de avión.

Venían de ganar por 3 a 0 a Islas Mauricio en un partido de clasificación para la Copa África, y se dirigían hacia Dakar, donde jugarían el siguiente partido frente a Senegal, en este caso correspondiente a la fase de clasificación para el Mundial de 1994 de Estados Unidos. Una clasificación que era todo un sueño para la que se estaba revelando como una brillante generación de futbolistas. Un sueño que quedó truncado por culpa de un trágico accidente de avión.

Encontraréis información sobre el trágico suceso en este artículo que publicó el diario El País, y en este otro de la página Diarios de Fútbol.

Y también aparece una referencia al accidente en el fragmento que tenéis a continuación, correspondiente al libro “Fútbol contra el enemigo“, de Simon Kuper y Contra Editorial, y en el que se recuerda aquel triste 28 de abril.

            Etiopía fue una de las veintisiete selecciones africanas que pudo disputar todos los partidos de la fase de clasificación para el Mundial de Estados Unidos. Su primer partido fue contra Marruecos en campo contrario. Los etíopes volaron vía Roma, donde sus cinco mejores jugadores solicitaron asilo político. Solo quedaban ocho jugadores para disputar el partido, por lo que tuvieron que echar mano, para completar el once inicial, del portero suplente, del segundo entrenador y de un amigo. En el descanso, dos de los «fichajes» de última hora no podían con su alma y Marruecos ganaba ya por 5 a 0. Al empezar la segunda parte, tres jugadores etíopes más se rindieron y, con solo seis jugadores sobre el terreno de juego, el árbitro decidió dar por concluido el encuentro. Etiopía no se clasificó para el Mundial.

            Pero lo que le pasó a Zambia por falta de presupuesto fue muchísimo peor. Y es que los integrantes de su selección murieron cuando el avión en el que viajaban a Senegal para disputar un partido clasificatorio se estrelló en el Atlántico el 28 de abril de 1993, cerca de la costa de Gabón. El avión que se suponía que tenía que cubrir 4.800 kilómetros desde Lusaka hasta Dakar, no era más que un pequeño avión militar diseñado para cubrir trayectos cortos. La Federación de Fútbol de Zambia no había podido costearse un avión de línea regular. Cuando se conoció la tragedia, la indignación en Zambia fue mayúscula y las cosas empeoraron cuando los ministros responsables de las investigaciones se trasladaron a Gabón en el potentísimo Douglas DC-8 presidencial. «Jamás en la vida se lo perdonaré a la Federación», declaró Albert Bwalya, quien no había sido seleccionado por discrepancias económicas.

            Pero la falta de presupuesto no fue, como me explicó Burkhard Ziese, un alemán que había entrenado a Ghana, la única causa de la tragedia: «Ten en cuenta que volar en aviones militares no deja de ser más lucrativo tanto para dirigentes como para jugadores. Como no tienes que pasar el control de la aduana, puedes comprar gran cantidad de jabón, perfumes, ginebra y whisky de alta gama a precio muy bajo, y ganar algo vendiéndolo en Ghana».

 

Fragmento de “África (en pocas palabras”, en “Fútbol contra el enemigo”, de Simón Kuper. Contra Editorial, 2012

 

Imagen de www.bbc.co.uk

27 de abril, la Virgen de Montserrat… y el fútbol

 

Hoy es 27 de abril, el día de la Virgen de Montserrat, patrona de Cataluña. Así que lo que procede es felicitar a todas las Montserrat.

Vale, pero ¿qué tiene que ver el santoral con el fútbol y la literatura? Pues bastante. Y si no, leed el siguiente fragmento de Ramon Solsona.

Virgen Montserrat Barça

 

“Los Ramallets, Olivella, Rodri, Gracia, etcétera, son la edad de oro de mi memoria futbolística. Una tarde de 1957, una bandada de palomas me había marcado el camino de la fe azulgrana, pero yo no lo había sabido interpretar. Hizo falta que la Virgen de Montserrat enmendara la falta de diligencia de mis padres. Por eso lanzo desde aquí una seria advertencia a los papás jóvenes: si no queréis que vuestros hijos vayan por el mal camino, enseñadles a ser del Barça desde la cuna. Y rezad a la Virgen de Montserrat, que no os fallará nunca. Acordaos de que en 2011 el Barça y el Madrid se enfrentaron cuatro veces con dieciocho días de diferencia y que el mismo 27 de abril, la festividad de la patrona de Cataluña, el Barcelona ganó por 0-2 en el Bernabéu más purulento que se recuerda. Acordaos de que así encauzamos las semifinales de la Champions y que finalmente ganamos al Manchester United en la final de Wembley. La gente se lanzó a la calle para celebrarlo y en medio de las enseñas azulgranas y las banderas catalanas entreví alguna imagen de la Virgen de Montserrat. No me extrañó en absoluto”.

 

Fragmento de “Memorias de un niño redimido“, de Ramon Solsona, en “Cuando nunca perdíamos“, Alfaguara, 2011

Ramallets Olivella Gracia

Imagen de www.futbol.as.com

Post número 200

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Por una vez, y sin que sirva de precedente, voy a traicionar el principal precepto de la religión fundada por mi admirado Enrique Vila-Matas: voy a celebrar un número redondo. Porque me hace gracia e ilusión hacerlo. Y aunque a partir de mañana volveré a diluirme entre las fanáticas hordas de quienes estamos “Para acabar con los números redondos” (tal es el nombre de nuestra particular biblia, santas escrituras nacidas de la sapiencia de nuestro maestro) hoy me puede la tentación, mi inquebrantable fe se rompe en mil pedazos para caer en el pecado y no tengo ganas de oponer resistencia.

¿Y qué celebramos?”, grita la muchedumbre que se manifiesta por las principales urbes del planeta. Pues, ni más ni menos, que este artículo lleno de impurezas, fruto de la misma fragilidad manifestada por Adán ante la manzana venenosa, es el número 200 de este modesto espacio virtual en el que fútbol y literatura comparten órbita.

Como no soy especialmente cuidadoso a la hora de controlar los guarismos (¡qué ganas tenía de colocar el término “guarismo” en un post!), debo reconocer que casi se me escapa la efeméride. Y que, un poco más, y un día me doy cuenta de que llevo 217, 235 ó 279 artículos. Cifras, estas sí, dignas de ser alabadas según la normativa promulgada por nuestro guía espiritual. De hecho, ya me pasó con el número 100, que si no celebré no fue por falta de ganas de pecar, sino porque ni siquiera me enteré de su llegada.

Imagen de www.escudodehielo.blogspot.com

Dicho esto, y habiendo decidido que esta vez sí, que estaba dispuesto a transgredir el gran libro y arriesgarme a ser expulsado al numérico infierno del aburrimiento, solo me faltaba un detalle por resolver. “Vale, chaval. ¿Y cómo lo celebramos?”. Sabia pregunta.

Hace por lo menos catorce (simbólico número) artículos que me devano los sesos en busca de una respuesta a tan peliaguda cuestión. Y hace al menos ocho posts que encontré la solución. Desgraciadamente, a la contraseña que me iba a permitir abrir el cofre del tesoro no llegué por méritos propios. No fue mi capacidad creativa, mis dosis deductivas, mis facultades improvisadoras las que me llevaron hasta la línea de meta. ¡Qué más quisiera yo que ser un cerebrito de soluciones brillantes ante enigmas indescifrables!

No. Lo que ocurrió fue mucho más simple y prosaico, más fortuito y azaroso, más inverosímil y rocambolesco. Lo que ocurrió fue una demostración más de que el universo se rige por una woodyallenianense ley filosófica que no falla nunca: deja que la chiripa lo resuelva por ti.

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Y la chiripa, en mi caso, actuó hace unas dos semanas, justo cuando descubrí que el 200 asomaba su remolque en lontananza. Entonces, supongo que como resultado del azoramiento que provocó en mi la dualidad “dejad que el 200 se acerque a mi” y “Vade Retro 200”, intenté buscar consuelo en uno de mis libros. Y al girarme para cogerlo del estante el “consuelo” se convirtió en “al suelo”, pues hacia allí se precipitó el volumen que tan torpemente tomé, y cuya función debía ser la de redimirme de mi sentimiento de culpabilidad.

Pero, en realidad, el “al suelo” de mi posible “consuelo” no fue tal. O, al menos, no de manera literal. Y no lo fue porque el volumen, en su caída al vacío, fue a aterrizar contra mi empeine derecho, activando de forma inmediata una reacción en cadena que acabó siendo expulsada de mi cuerpo por la boca mostrando al vecindario el significado de la palabra “decibelios”.

Si yo hubiera sido Maradona, la caída del libro sobre mi pie habría sido aprovechada para comenzar a dar unos toques y hacer unos malabarismos al ritmo de “Life is life”. Pero como no lo soy, tan solo me pude acordar de Peret, puesto que el impacto de tanta letra sobre mi extremidad hizo también que “Una lágrima cayera en mi pie”. Superada la primera fase del percance, es decir, aquella en la que la razón deja de existir para dejar paso a la espontaneidad del “¡ostia puta qué daño!”, eché un rápido vistazo a la extremidad agredida, cosa que no fue del todo posible puesto que sobre ella, como si fuera un tejado protector o un ave agotada reposaba, abierto y en posición de decúbito prono (boca abajo, en lenguaje callejero), el libro volador.

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Y hete aquí que pasé entonces a una nueva fase, más compasiva y comprensiva y spasibo (vale, ya sé que esto no pinta nada aquí, pero era para demostrar mi dominio del ruso). Aquella fase, como la reanudación de un partido tras el descanso, fue la de la racionalización kantiana, que me llevó a pensar, en primer lugar, en lo simbólico del suceso, en lo críptico del episodio, en los inescrutables caminos del… azar. Y me dejé arrastrar por el daliniano método crítico-paranoico hasta formular el siguiente paralelismo: buscando el modo de celebrar un hecho virtual relacionado con el fútbol y la literatura, atravieso las dimensiones espacio-temporales para materializar la caída de un objeto literario-futbolístico sobre una extremidad futbolística capaz de acomodar un libro.

Uffff. Esto casi que vale como pregunta de examen, ¿no? Pues ahora vais y me analizáis la frasecita sintáctica y morfológicamente.

Y después de este nuevo “Encuentro en ya he perdido la cuenta de qué fase” fue cuando mi bombilla cerebral (de bajo consumo, todo hay que decirlo) acabó por activarse. Demostré que mis abdominales todavía funcionan, me agaché sobre el suelo, observé la portada del libro, su título, su foto, viajé por algunos fogonazos de sus personajes e historia, y lo tomé con cuidado con las manos.

¿Y sabéis qué fue lo primero que vieron mis ojos? Un número. El número de una página. El número 200. “¡Eureka, lo encontré!”. Volví a gritar con la intención de que todo el barrio me escuchara. Y efectivamente, acabé por descubrir mis Indias particulares. Celebraría el post número 200 recogiendo 11 fragmentos extraídos de la página 200 de libros futboleros.

Teniendo en cuenta que no doy para más, yo creo que está bastante bien, ¿no? Pues vamos a ello.

 

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– 1 –

 

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En Cultura y melancolía, Roger Bartra explica que durante siglos la melancolía fue vista como una dolencia judía, un «mal de frontera, de pueblos desplazados, de migrantes, asociada a la vida frágil, de gente que ha sufrido conversiones forzadas y ha enfrentado la amenaza de grandes reformas y mutaciones de los principios religiosos y morales que los orientaban». En términos futbolísticos, el portero es el hombre fronterizo. Condenado a una situación limítrofe, no debe abandonar su área. Es el raro que usa las manos. Si el Dios del fútbol es el balón, el arquero es el apóstata que busca detenerlo.

El cuadro más célebre del arte alemán es el retrato secreto de un portero derrotado. En Melancolía I, Durero dibuja a un ángel en la actitud de meditar bajo el nefasto influjo de Saturno. Después de un gol, todo guardameta es el ángel de la melancolía: sentado en el césped, con las manos sobre las rodillas o la cabeza apoyada en un puño, simboliza el fin de los tiempos, la sinrazón, la pura nada.

Pág. 200 de “Balón dividido” de Juan Villoro (Planeta, 2014)

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– 2 –

 

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“Lo que siempre he deseado es encontrar un punto en el que pudiera entregarme del todo a los patrones, a los ritmos del fútbol, sin tener que preocuparme por el resultado. Tengo la impresión de que, si se dieran las circunstancias precisas, el fútbol podría servir como una especie de terapia estilo New Age: el frenético movimiento de los jugadores de uno y otro equipo podría de alguna forma absorber todo lo que me corroe por dentro y disolverlo, aunque nunca funciona de ese modo. Primero me distraen las excentricidades: los hinchas, los gritos de los jugadores («¡Dale caña, a ver si lo dejas para el arrastre!», le insistió Micky Chatterton, nuestro héroe del Maidenhead, a un compañero que aquella tarde se las tenía que ver con un extremo particularmente habilidoso en el regate), la inconfundible y destartalada forma de presentar el espectáculo (el Cambridge City daba por megafonía la melodía de Match of the Day, aunque muchas veces la cinta se ralentizaba hasta terminar con un penoso chirrido en el momento culminante). Y una vez estoy ya entregado, todo me importa: no pasa mucho hasta que el Maidenhead, el Cambridge o el Saffron Walden empiezan a importarme más de lo que debieran, vuelvo a meterme a fondo en lo que está pasando, y así es imposible que funcione la terapia.

 

Pág. 200 de “Fiebre en las gradas” de Nick Hornby (Anagrama, 2008)

 

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– 3 –

 

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“El día en que llegó a Cipolletti, hace más de treinta años, ya insinuaba esa determinación de rebelarse contra los esquemas y los tabúes del fútbol. En aquel tiempo yo había cumplido los diecisiete y empezaban a ponerme en la primera con los grandes. Orlando el Sucio, que había sido el técnico anterior, nos hacía jugar con el esquema que Helenio Herrera aplicaba en Italia. Ponía cuatro defensores en línea, otros dos criminales unos pasos más adelante y un tercero que les quitaba a los contrarios las ganas de asomarse. Ése era el Cuco Pedrazzi, que tenía el récord de ocho expulsiones por juego brusco en un solo campeonato. A los lados, boyando en zona, colocaba un par de corredores sin historia de los que se consiguen en cualquier potrero. El que llevaba el número once era un poco más despierto, corría por delante de la muralla y tenía que ordenar el despelote que se armaba cada vez que venía una pelota dividida y se chocaban entre ellos. Todos tenían prohibido pasar la mitad de la cancha. Sólo el Manco Salinas, que era número diez, podía irse unos metros, no muchos, y allá arriba, solo y puteado por toda la hinchada, quedaba yo como único delantero. Fueron tan pocos los goles que hice ese año que me los acuerdo todos, hasta aquel cañonazo del Cuco Pedrazzi que pegó en el travesaño, rebotó adentro y como el referí hizo seguir tuve que ir a meterla de chilena. No sé cómo hice pero desde ese día la tribuna empezó a putearme menos a mí que a los defensores contrarios.

 

Página 200 de “Fútbol” de Osvaldo Soriano. Fragmento de “Peregrino Fernández” (Seix Barral, 2010)

 

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– 4 –

 

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“Chupando un cubo de hielo o algo parecido, el tipo camina de vuelta al centro de la cancha, mirando de soslayo a la portería uruguaya. Es de suponer que esté frustrado por el gol que no pudo hacer, pero parece tranquilo, de una placidez incluso arrogante, como si quisiera dar a entender que, la verdad, no quería hacer lo que parecía haber querido hacer, que todo salió conforme a lo planificado y que la impresión de todo el mundo –de que quería anotar el gol, mientras todo el tiempo su intención era fallarlo por poco, marcar en el cuerpo colectivo de la especie la cicatriz de ese «por poco», consciente de que quemaría más que el gozo de la realización-, eso era el regate definitivo, inconcebible, el regate del regate sobre el pobre Mazurkiewicz.

Sucede que el negro de camiseta amarilla que llena la pantalla, congelado en el acto de chupar un hielo y mirar de reojo, ya es un jugador maduro, consagrado, más que eso, inmortal, pero joven –no tiene ni siquiera treinta.

La relatividad del tiempo. Rew, play, pause, play.

 

Página 200 de “El regate” de Sergio Rodrigues (Anagrama, 2014)

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11. JUGADA D’ESTRATÈGIA A BIRMINGHAM

Les accions a pilota parada són cada dia més importants en els partits de futbol. Sovint, quan el joc normal no serveix per foradar la porteria contrària, els entrenadors recorren a la pissarra. Això vol dir que durant la setmana han hagut d’idear com treure partit dels llançaments de falta i dels córners per sorprendre el rival. En aquestes jugades hi sol haver igualtat numèrica i, freqüentment, un bon truc a l’hora de moure els jugadors provoca un desequilibri definitiu.

 

Página 200 de “L’últim defensa” de Jordi Agut (Stonberg, 2015)

 

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“Ya era muy célebre antes de llegar al Arsenal (de ahí que pagaran tanto por él), sobre todo por un partido de estruendoso resultado, un 1-5 de Escocia en Wembley. Ya entonces se discutía entre el estilo escocés y el estilo inglés, según se atuviera el juego más al paso corto o al pase largo. James aglutinó una selección escocesa que jugó a su estilo, estilo escocés, estilo James, y dio un baile en Wembley. Y eso que en Escocia muchas voces se habían opuesto a que fuera seleccionado, ya que había abandonado el país para fichar por el Preston North End. «¿No se ha llevado su fútbol a Inglaterra? Pues que juegue para Inglaterra», escribió un editorialista. Pero jugó, marcó dos goles (uno en un preciso bombeo sobre el portero desde treinta metros, otro en un disparo duro y seco) y alimentó a sus compañeros en los otros tres.

Curiosamente, a este hombre tan preocupado por el dinero las inversiones le fueron mal. Cuando dejó el fútbol se fue arruinando, y en el momento de su muerte, en 1953, estaba sin un penique.”

 

Página 200 de “366 historias del fútbol mundial” de Alfredo Relaño (Ediciones Martínez Roca, 2010)

 

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“Y ahora yo te digo, te digo y me gustaría que me contesten todos esos que ahora dicen que fue una hijaputez lo que hicimos con el viejo Casale ese día. Me gustaría que alguno de esos turritos me contestara si alguno de ellos lo vio como lo vi yo al viejo Casale cuando el referí dio por terminado el partido, hermano. Que alguno me diga si, de puta casualidad, lo vio al viejo Casale como lo vi yo cuando el referí dio por terminado el partido y la cancha era un infierno que no se puede describir en palabras. Te digo que me gustaría que alguien me diga si alguien lo vio como lo vi yo. ¡La cara de felicidad de ese viejo, hermano, la locura de alegría en la cara de ese viejo! ¡Que alguien me diga si lo vio llorar abrazado a todos como lo vi llorar yo a ese viejo, que te puedo asegurar que ese día fue para ese viejo el día más feliz de su vida, pero lejos lejos el día más feliz de su vida, porque te juro que la alegría que tenía ese viejo era algo impresionante! Y cuando lo vi caerse al suelo como fulminado por un rayo, porque quedó seco el pobre viejo, un poco que todos pensamos: «¡Qué importa!» ¡Qué más quería que morir así ese hombre! ¡Esa es la manera de morir para un canalla!

 

Página 200 de “Cuentos de fútbol” (Santillana, 1995). Fragmento de “19 de diciembre de 1971” de Roberto Fontanarrosa

 

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“Compramos telas de diferentes colores y a las que lo requerían les pintamos las pertinentes rayas. Cortábamos cuadrados pequeños y con ellos forrábamos las chapas, prensando la tela por abajo con el corcho correspondiente, que antes habíamos sacado con cuidado para que saliera entero. Sobre la tela pegábamos las caras de los jugadores, recortadas a su vez de cromos. Fue idea de mi hermano abandonar el garbanzo crudo y saltarín que servía de balón incontrolable, en favor de un botón blanco de proporcional tamaño, pelota mucho más manejable al ser plana y no botar tanto. Supongo que hoy es inimaginable tanta tarea; lo cierto es que así llegamos a disponer de las plantillas completas de ocho o diez equipos de Primera División. Ambos éramos y somos del Real Madrid, pero nunca cupo duda de que mi hermano jugaría con las chapas de nuestro favorito, por ser mayor y por ser el inventor del asunto y el fabricante y dueño de las porterías.”

 

Página 200 de “Salvajes y sentimentales” de Javier Marías (Aguilar, 2000)

 

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– 9 –

 

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Conchi fue a la habitación.

-¿Qué haces ahí subido?

-Buscar las camisetas.

-Baja de ahí.

Fichu saltó de la banqueta.

-Está Koldo abajo –dijo Conchi-. Dice que bajes rápido que se tiene que ir al bar, que empieza no sé qué partido.

-Necesito las camisetas.

-¿Qué camisetas?

-Las de papá –dijo Fichu.

-¿Cuáles?

-Las de trabajar.

-¿Las blancas?

-Sí.

-Pero si están muy viejas –dijo Conchi-. ¿Para qué las quieres?

-Para hacer las del equipo.

-¿Qué equipo?

-Alas de Júpiter.

 

Página 200 de “Fuera de juego” de Miguel Ángel Ortiz (Caballo de Troya, 2013)

 


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– 10 –

 

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Cecilio trató de recordar inútilmente qué palabras, cuentos o consejos transmitía a su Souto de siete años. «Es distinto», pensó. «Este no es mi hijo, ni siquiera mi nieto. Estoy en otro tiempo, somos de dos sangres, buenas sangres, pero una aceite y otra agua.» De pronto se acordó del fútbol, que tanto le unió a Souto desde que le llevaba de la mano a San Mamés. «Fue mucho antes de sus siete años, los hijos aprenden a andar mucho antes.» A fin de atrapar la atención del que tenía delante se propuso hablarle de fútbol. Y al recordar, por Irune, que el pequeño llenaba cromos de futbolistas un álbum tras otro, creyó estar en el buen camino. Incluso apoyó sus dos manos en los tiernos hombros y pronunció la palabra Athletic adobada con alguna más. Aunque no consiguió nada, al menos sabía la razón. «Cecilio, ¿cuándo has podido explicarte a ti mismo con palabras qué es el Athletic? Nunca. ¡Nunca! Ni siquiera en las pausas del retrete. Es algo que se siente y se acabó.

 

Página 200 de “Aquella edad inolvidable” de Ramiro Pinilla (Maxi Tusquets, 2012)

 


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– 11 –

 

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-Bueno, ¿qué opina? –preguntó.

-¿Sobre esta lista? Si estuviera escribiendo un artículo para un periódico sobre la gente a la que le caía mal Joao Zarco ya habría cubierto el expediente con esos nombres. Pero existe una sana diferencia entre que te caiga mal alguien para criticarlo y odiarlo hasta el punto de querer verlo muerto. Algunas de esas personas son figuras muy respetadas en el mundo del fútbol. Este deporte inspira sentimientos muy intensos. Siempre lo ha hecho. Recuerdo que mi padre me llevó a un partido de la Old Firm un día de Año Nuevo. Era un Rangers contra el Celtic, por cierto. Fue mucho antes de la Ley sobre Conductas Ofensivas en el Fútbol y Mensajes Amenazadores, que me parece un oxímoron ridículo. La ferocidad de la rivalidad histórica y religiosa entre esas dos aficiones era algo digno de ver. Y es justo decir que se han cometido asesinatos porque un hombre llevaba los colores equivocados en la parte equivocada de la ciudad. Dicho esto…

 

Página 200 de “Mercado de invierno” de Philip Kerr (RBA, 2015)

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23 de abril, Sant Jordi, el Día del Libro y autores futboleros

Imagen de www.ccaa.elpais.es

Hace un año, por estas mismas fechas, hice una selección de once propuestas para saltar al terreno del fútbol y la literatura en el día del libro, un listado para quien estuviera interesado en comprar algún libro de esta temática.

Hoy, 23 de abril, día del libro (diada de Sant Jordi en Catalunya, donde la gente regala libros y rosas) mi propuesta es diferente, porque en lugar de hablar de libros hablaré sobre autores. Y lo que me propongo es hacer un modesto homenaje a los auténticos responsables de todo este tinglado, los autores, que no solo nos alegran la vida con sus creaciones literarias, sino que, además, dan salida de tanto en tanto a su pasión futbolera y nos la transmiten mediante la escritura.

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Listado de recomendaciones que publiqué para Sant Jordi de 2015

Así, en este artículo hago una convocatoria de autores que tienen alguna obra futbolística, ya sea en forma de libro o de relato. Afortunadamente la nómina de escritores que han trabajado este tema es tan amplia que podría estar haciendo equipos durante un año. Por esa razón he tenido que establecer unos límites en mi lista de convocados, y muy a mi pesar he tenido que dejar fuera del equipo a algunos.

Por un lado, me he limitado a citar a dieciséis jugadores: once saldrán de titulares, y cinco quedarán en el banquillo. Todos han entrenado bien durante la semana, así que el salir de titular o de reserva al comenzar el encuentro tan solo se debe al tan recurrido orden alfabético.

El segundo de los condicionantes para formar parte de esta selección es el de la proximidad geográfica. Se trata de autores ubicados, todos ellos, próximos a Barcelona. Y como los hay que son del Barça y otros del Español, si fueran citados para jugar en un estadio neutral, como el Olímpico de Montjuic, estarían como mucho a dos horas de distancia.

Finalmente, aquí está la convocatoria, impulsada por un deseo que me gustaría ver cumplido algún día: la de que esta reunión virtual se pudiera producir de manera real, y que al menos una vez al año dos equipos integrados por autores futboleros pudieran llevar las historias de sus páginas al terreno de juego.

Si algún patrocinador lee esto…

Alineación escritores Sant Jordi 2016 - copia

ALINEACIÓN PRIMERA PARTE

Jordi Agut

Josep Maria Albert de Paco

Llorenç Bonet

Wilmar Cabrera

Jordi Calvet

Josep Maria Fonalleras

Jorge Gamero

Jordi de Manuel

Miguel Ángel Ortiz

Sergi Pàmies

Jordi Puntí

SALTARÁN AL CAMPO EN LA SEGUNDA PARTE

Emma Riverola

David Trueba

Enrique Vila-Matas

Vicenç Villatoro

Juan Villoro

 

Buscad sus libros, tanto los de temática futbolística como los que no lo son, y disfrutad de la literatura.

Por cierto, que nadie piense que en un hipotético partido de fútbol de verdad este equipo sería fácil de batir. Tenemos de portero a Jordi de Manuel, el padre de “Pantera negra“, el mejor portero del mundo,  y a Jordi Agut como excelente “último defensa”. Y, por si fuera poco, algunos de los convocados han sido futbolistas de verdad, como Llorenç Bonet, Wilmar Cabrera, Jorge Gamero o Miguel Ángel Ortiz.

O sea, que de equipo fácil nada de nada.

Que paséis un gran día del libro.

 

 

 

 

22 de abril: de Enrique Vila-Matas a Juan Sasturain, y de Saviola a Messi, con el Quijote de árbitro

 

Imagen de www.cultura.elpais.com

Tal día como hoy, pero de hace 14 años (es decir, el 22 de abril de 2002), Enrique Vila-Matas escribía un artículo en el diario El País bajo el título “Don Quijote y Saviola”. Vale la pena recuperar el texto porque el inicio no puede estar más en consonancia con el día de hoy, en un ejemplo más de que, a menudo, parece que estamos inmersos en un eterno día de la marmota. Y si no, fijaros en las dos primeras frases del artículo:

Mañana es el Día del Libro y el día del partido del siglo. Literatura y fútbol más unidos que nunca, el no va más. Tal vez por lo especial que se presenta el día de mañana estaba yo hace un rato leyendo al profesor Claudio Magris hablando del Quijote…

Excepto por la referencia al partido del siglo (aquel año coincidió un Barça-Real Madrid por Sant Jordi), el resto de la frase podría haberse escrito perfectamente tal día como hoy: mañana es el Día del Libro, Claudio Magris leyó ayer el pregón de Sant Jordi en el ayuntamiento de Barcelona, Cervantes y el “Quijote” fueron homenajeados en el congreso de los diputados…

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Lo que decía. Que aunque el paso del tiempo es inexorable, en ocasiones se muestra juguetón y parece haberse detenido y mostrarse perezoso, con ganas de que la realidad se repita una y otra vez. En fin, dejémonos de enrevesamientos temporales y disfrutemos del artículo.

¡Ah! Y cuando lleguéis al final no os marchéis todavía, que aún hay más.

Don Quijote y Saviola

Enrique Vila-Matas

22 de abril de 2002

Mañana es el Día del Libro y el día del partido del siglo. Literatura y fútbol más unidos que nunca, el no va más. Tal vez por lo especial que se presenta el día de mañana, estaba yo hace un rato leyendo al profesor Claudio Magris hablando del Quijote y, ustedes perdonen, he ido a parar a la cueva de Montesinos y allí se me ha aparecido el presidente Gaspart.

Dice Magris que Don Quijote no tiene miedo. He recordado que Cruyff le ha recomendado a Rexach que no tenga su habitual canguelo -a nivel de táctica, se vio en Vigo y me parece asombroso, el entrenador del Barça sigue estando en la pretemporada y, además, continúa con sus apelmazados pánicos- y le juegue al Madrid sin miedo, teniendo la fe y la confianza del que sabe que puede ser superior. Precisamente los éxitos del dream team llegaron gracias a haberle perdido por completo el miedo, que no el respeto, al Madrid.

Dice Magris que Don Quijote se ofrece a la incertidumbre del vivir, que le trae desastres, palos, porquerías, humillaciones. Pero Don Quijote no tiene fe en la vida, que no sabe lo que hace, sino en los libros que no hablan de la vida, sino de aquello que le da sentido, sus enseñas. Por ellas Don Quijote se bate y recibe palizas, pero nunca duda de esas enseñas.

¿Puede tener fe el socio del Barça en Rexach si éste se ha pasado la (pre)temporada plagiando a Alexanko, quiero decir a Héctor Cúper? ¿Puede tener fe el socio del Barça en su presidente si éste, que es una de sus máximas enseñas, tiene canguelo en el palco y lo abandona cambiándolo por el retrete a la primera de cambio? Ya se vio en el partido de laChampions con los mediocres griegos y lo hemos visto otras veces: de pronto, desaparece el presidente y con él se evaporan, pues, trágicamente todos los socios a los que él representa. Es como si en las grandes batallas antiguas el general en jefe de un ejército de legendario prestigio cambiara sistemáticamente a sus soldados por las letrinas.

Se dirá que todo el mundo tiene derecho a estar enfermo, pero conviene recordar que el presidente no ha sido elegido para que haga de charlatán en la televisión, sino para que sea la encarnación misma de la dignidad de un gran club. No es una cuestión estética el asunto de las letrinas, sino ética. Ya que no le reprende el entorno mediático -cómplice del miedo y más ocupado en chorradas que en advertir, por ejemplo, a los socios de las pretensiones de la Junta de vender a ese futuro gran jugador que es Arteta a un club escocés-, deberían reprenderle los socios pero éstos, en respetable mayoría, eligieron hace dos años el proyecto Riquelme -llamemos así a la ausencia de cualquier proyecto de futuro- y se merecen lo que está pasando.

Hace tiempo que el gregarismo y la mezquindad de cierta parte de la afición están alejando a muchos de su antigua identificación con este gran club que no siempre ha tenido miedo, que tuvo etapas de valentía y arrojo.

En fin. Ojalá mañana sea el Día del Libro y el día del Libro de Saviola -acaba de publicar uno, seguramente escrito en el tiempo que le ha sobrado todo el año cuando jugaba el Barça en campo contrario- y el equipo juegue sin miedo ofreciéndose como el Quijote a la incertidumbre del vivir y, como hicieron algunos inolvidables jugadores que forjaron la intensa leyenda de este club, a la maravillosa incertidumbre del fútbol.

Ojalá el equipo, olvidándose del canguelo escénico de palco y banquillo, recupere la fe y, si es necesario, la fe en los libros y vea el partido como un libro abierto y acabe ganando por 6-2, que es un resultado que a los miedosos de Can Barça les haría decir que la eliminatoria aún no estaba resuelta y a los valientes proclamar que había que ir de nuevo con todas las enseñas y la fe del mundo al Bernabéu.

Enrique Vila-Matas,socio del Barcelona número 7.933.

Javier Saviola. Imagen de www.taringa.net

¿Ya estáis aquí? Bien. Pues ahora que habéis acabado con la lectura del artículo, os tengo preparada otra sorpresa. Debe ser una confabulación astral o ves a saber qué alineación sobrenatural, pero el caso es que existe una fijación en la literatura por relacionar a delanteros argentinos con el Quijote. Yo, al menos, conozco dos casos. El descrito del artículo de Vila-Matas, vinculando al caballero de la triste figura con el conejo Saviola y otro, de Juan Sasturain, publicado en el 2004, bajo el título de… Agarraros: “Lionel Messi, autor del Quijote”.

Juan Sasturain. Imagen de www.donpatadon.com

 

Y así, gracias al fútbol y la literatura, nos encontramos ante una pared literaria entre Enrique Vila-Matas y Juan Sasturain, y entre Javier Saviola y Leo Messi. Y todo ello con el Quijote como testigo. Desconozco si tan famoso hidalgo jugó alguna vez al fútbol, o si Cervantes, como tantos otros escritores, fue portero durante su juventud (siendo manco, no me extrañaría en absoluto).

Pero no puedo evitar dejar volar la imaginación y pensar que en el episodio de los molinos que don Quijote veía como gigantes quizá, en realidad, en lo que Cervantes estaba pensando era en enormes defensas del equipo rival de un partido de fútbol, tal y como Forges lo intuyó y podéis ver en la viñeta del final de este artículo.

Aquí tenéis el artículo.

Lionel Messi, autor del Quijote

 Por Juan Sasturain

Cuando Jorge Luis Borges en 1944 publicó Ficciones, acaso el mejor libro de cuentos de la lengua castellana, incluyó un texto barroco, irónico y sin duda extraordinario que le había dedicado a Silvina Ocampo cinco años antes: Pierre Menard, autor del Quijote. Pocos relatos borgeanos han sido objeto de exégesis más finas y ninguno plantea con mayor sutileza una cuestión tan insólita como deslumbrante. El narrador, que es un pedantísimo confidente epistolar del desaparecido Menard –simbolista tardío, amigo de Valéry, autor de una obra breve y fragmentaria y de un intento desmesurado–, hace el relato y la detallada descripción de la inconcebible empresa que se llevó los máximos esfuerzos y los parciales logros del malogrado poeta de Nimes: escribir El Quijote.

Porque el propósito del oscuro francés Pierre Menard no era traducir ni copiar ni transcribir ni memorizar la obra clásica española; es decir, no quería escribir otro Quijote –“lo que sería fácil”, dice Borges por boca del narrador–, sino escribir el Quijote, el mismo texto: “Producir unas páginas que coincidieran –palabra por palabra y línea por línea– con las de Miguel de Cervantes”. Un propósito “meramente asombroso” en sus propias palabras, para cuyo cumplimiento se impuso en principio un método que, dentro de lo imposible, era relativamente sencillo: ser Cervantes.

Para eso –y ahí deslumbra Borges en la enumeración–, Menard llegó a conocer relativamente bien el español del siglo XVII, recuperó la fe católica, guerreó de memoria contra turcos y moros y consiguió olvidar la historia europea entre 1602 y 1912, entre otras hazañas. Sin embargo, ese camino le pareció excesivamente fácil y lo desechó. Así eligió finalmente la tarea más ardua y la única verdadera: llegar a escribir El Quijote sin tratar de ser en el siglo XX un novelista del XVII, siendo apenas lo –y el– que era, el oscuro Pierre Menard. “Mi empresa no es difícil esencialmente –le confiesa al narrador en una de sus cartas con lógica perturbadora–, me bastaría ser inmortal para llevarla a cabo.”

De toda esa prodigiosa tarea sólo quedan testimonios parciales, ejemplos de lo que pudo haber sido: los capítulos noveno y trigésimo octavo de la primera parte y un fragmento del veintidós. Y eso es todo.

Hasta ahí, Menard. Hasta –o desde– ahí, la soberbia especulación borgeana sobre la propiedad de las ideas y los relatos, la temporalidad reversible, el equívoco sentido que se ilumina hacia atrás y hacia adelante. “Menard (acaso sin quererlo) ha enriquecido mediante una técnica nueva el arte detenido y rudimentario de la lectura: la técnica del anacronismo deliberado y de las atribuciones erróneas”, concluye la indudable voz de Borges con pavorosa ironía.

Recurrir a estos esplendores de la ficción y la inteligencia para referirse a un avatar futbolero puede parecer excesivo o al menos descaminado. Creo poder demostrar que no lo es.

Cuando –ya famosamente– el joven Lionel Messi realizó en el Camp Nou del Barcelona FC, durante el crepúsculo boreal del miércoles 18 de abril, para disfrute y consumo urbi et orbe, la maniobra prolongada en tiempo y espacio que culminó en el segundo gol de su equipo contra el Getafe, hubo consenso unánime e inmediato de que se trataba de un hecho prodigioso y, paradójicamente, comparable: el pibe había hecho un gol igual al de Maradona contra los ingleses en el Mundial ’86.

En estos tiempos de fútbol mecanizado y jugadas preconcebidas con ejecutores obedientes, no es demasiado raro que se vean goles iguales a otros –hay infinidad de casos en que se repiten calcados circunstancias y desempeños–; lo extraordinario del caso es que, precisamente, lo que se veía mágicamente repetido era lo –por definición– irrepetible, lo excepcional: el mejor gol de la historia. El de Messi no era ni mejor ni peor: era, de un modo inquietante, igual. No hizo otro gol parecido ni lo copió ni lo imitó ni lo tradujo: simple, increíblemente, lo hizo otra vez.

Digo que, como Pierre Menard quiso y pudo parcialmente escribir El Quijote, Messi intentó y pudo hacer el gol de Diego. Incluso se puede llegar a suponer o –me atrevo a decirlo– a reconstruir un propósito similar en el precoz, homólogo petiso. Es innegable que, como Pierre Menard, Messi –o el espíritu consciente o no que a través de él se manifiesta– alguna vez concibió la idea de hacer el mismo gol del Diego. Y es evidente que eligió como primera opción, al igual que Pierre Menard, el camino de –en la medida de lo posible– ser Maradona para después hacerlo “desde el Diego”. Por eso es (se hizo) argentino, por eso se mueve allí donde se mueve, por eso ha ido a jugar a Europa en el Barcelona, por eso ha sido campeón mundial juvenil, por eso ha tenido un primer Mundial frustrante.

Lo extraordinario es que en algún momento, y también como Pierre Menard, Messi decidió el camino más difícil, y decidió hacer el gol del Diego sin (esperar) ser Diego: aceleró (literalmente) el trámite, se apuró, no llegó ni a cumplir los años ni a jugar el segundo Mundial ni a enfrentar a Inglaterra y, en una noche cualquiera, hizo el gol del Diego con la certeza y sabiduría desinteresada con que da en el blanco un arquero zen.

 

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Jordi de Manuel y “Lletres, al camp!” del 2006

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Uno de los principales jugadores de este Fútbol Club de Lectura, el escritor Jordi de Manuel, tiene el detalle (que agradezco enormemente) de hacerme llegar un auténtico tesoro para nuestro equipo. Se trata del material que con motivo de la edición de la campaña “Lletres al camp!” del año 2006 se repartió entre los asistentes al Camp Nou el día de Sant Jordi de aquel año, una publicación en formato DIN A3 recogiendo los relatos breves encargados a once autores, con el objetivo de aprovechar el altavoz de un estadio de fútbol como el blaugrana para hacer difusión de la lectura.



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La campaña “Lletres al camp!” se puso en marcha por primera vez el año 2005, impulsada desde l’Institut de les Lletres Catalanes en colaboración con el Fútbol Club Barcelona. Actualmente, la iniciativa continua vigente, celebrándose cada año el día de partido más cercano a Sant Jordi, el 23 de abril, mediante acciones como el reparto de puntos de libro con frases futboleras de escritores, por ejemplo.

Material de difusió de "Lletres, al camp!"

La edición que nos ocupa, la del 2006, jugó con la siguiente alineación: Gemma Lienas, Pere Guixà, Jordi de Manuel, Antoni Dalmases, Jordi Puntí, Julià de Jòdar, Toni Sala, Ada Castells, Ignasi Riera, Lolita Bosch, Ramon Solsona.

Cada uno de los once jugadores escribió un relato corto de temàtica futbolera que fue impreso en el material que justo ahora acabo de recibir. Once demostraciones de que el fútbol y la literatura pueden hacer buenas combinaciones, y que de sus asociaciones pueden surgir magníficas jugadas. Once historias para disfrutar antes del inicio de un encuentro de fútbol.

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Según tengo entendido, se publicaron unos 90.000 ejemplares, que fueron dejados en los asientos del estadio. Estoy convencido de que la mayoría de los asistentes al partido de aquel día tuvieron la oportunidad de descubrir que el fútbol se puede leer. Llegar al campo y encontrar sobre tu asiento un material de estas características es algo que se debería valorar.

Pero también hubo quien al ver aquel documento se tomó al pie de la letra el lema de la iniciativa: “Lletres, al camp!” (“Letras, ¡al campo!”), y decidió que la mejora forma de convertir aquel imperativo en realidad era convertir el impreso en avión de papel y lanzarlo al terreno de juego. “Letras, ¡al campo!”, nunca mejor dicho, tal como el propio Jordi de Manuel me explica y Toni Sala, otro de los jugadores/escritores participantes en aquella edición, recogió también en un artículo.

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Agradezco nuevamente el gesto que Jordi de Manuel ha tenido conmigo al enviarme este documento, que incluye su relato dedicado. Y también aprovecho para llevar a cabo lo que considero es un acto de justicia, como es hacer regresar al impreso por un momento al lugar para el que fue creado, y darle la posibilidad de volver a cumplir la función para la que se publicó: ser leído en la grada de un campo de fútbol por parte de sus espectadores.

De esta manera, además de volver a vincular literatura y fútbol, rendimos un sencillo homenaje a los ejemplares que aquel día fueron lanzados al aire sin haber sido leídos. He aquí el documento gráfico que acredita que diez años después la memoria de aquellos folletos sigue bien viva, y que no volaron en vano.

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Para terminar, aquí tenéis el relato que escribió Jordi de Manuel, para que lo disfrutéis. Se trata de “El darrer penal“, una historia ambientada en el año 2026, lo que me lleva a fijarme en otra de esas coincidencias que tanto me gustan: un material escrito para Sant Jordi del 2006 vuelve a salir a flote en el Sant Jordi de 2016 haciendo referencia a otro Sant Jordi situado en el 2026.

 

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La base argumental de “El darrer penal” es la que encontramos más adelante en “Clonació (Biografia d’un felí, 3)“, uno de los relatos futboleros que integran “Orsai“, publicado el 2012. Antes, en el 2004, el autor había publicado otra recopilación de este tipo de relatos, “Pantera negra“, bajo el nombre de Joan Gols. Tanto una como otra son dos obras imprescindibles para los amantes de la literatura futbolera, puesto que ofrecen una variada aproximación al mundo del “fúmbol” desde perspectivas muy originales. Y, además, la gran abundancia de interrelaciones entre uno y otro libro enriquecen enormemente la lectura.

Leed el relato y disfrutadlo. Y a ser posible, hacerlo sentados en la grada de un estadio de fútbol.

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Primera parte - copia

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