Doce meses, doce dorsales: con el número 7, julio

 

 

Si el calendario fuera un equipo de fútbol, el dorsal número 7 lo llevaría julio. Y así es, más o menos, como juega este mes en el terreno de juego de la literatura futbolera.

                Las circunstancias solo me permitieron ver un partido más en vivo, en el Foxboro, el 5 de julio. De nuevo uno de los dos equipos era Nigeria, que había superado la primera fase del torneo a pesar de perder con Argentina. Sin embargo, en aquella ocasión el rival era Italia, que, aunque era una de las favoritas, había jugado tan mal en la fase de grupos que solo por un escasísimo margen estadístico se había clasificado para los octavos de final.

                Durante casi toda aquella tarde en el Foxboro, de un calor y una humedad insoportables, Italia tampoco pareció mejorar ni una pizca. En efecto, mi segundo partido en vivo tenía pinta de acabar en una de las derrotas más inesperadas de la historia del fútbol. A falta de solo dos minutos para el final, ganaba Nigeria 1-0. Los cincuenta y cinco mil espectadores –todos los que cabían en el Foxboro Stadium- habían gritado hasta enronquecer, habían recorrido toda la gama de los sentimientos humanos y, cerca del pitido final, estaban tan agotados emocionalmente como lo estaban físicamente los jugadores.

 

Fragmento de “El milagro de Castel di Sangro“, de Joe McGinnis

28 de abril, Simon Kuper y la tragedia de la selección de Zambia

 

Imagen de www.diariosdefutbol.com

Chabala, Muanza, Changue, Chomba, Kangua, Watiyakeni, Makinka, Mulenga, Mutale, Soko, Muila, Chansa, Muitua, Masuwa, Chikualakuala, Banda y Simamba.

¿Os dicen algo estos nombres? Reconozco que a mi, hasta ayer mismo, no me sonaban de nada. Pero gracias al calendario he conocido sus nombres y su historia. Un episodio triste y trágico, pues se trata de los nombres de los futbolistas de la selección de Zambia que fallecieron el 28 de abril de 1993 en un accidente de avión.

Venían de ganar por 3 a 0 a Islas Mauricio en un partido de clasificación para la Copa África, y se dirigían hacia Dakar, donde jugarían el siguiente partido frente a Senegal, en este caso correspondiente a la fase de clasificación para el Mundial de 1994 de Estados Unidos. Una clasificación que era todo un sueño para la que se estaba revelando como una brillante generación de futbolistas. Un sueño que quedó truncado por culpa de un trágico accidente de avión.

Encontraréis información sobre el trágico suceso en este artículo que publicó el diario El País, y en este otro de la página Diarios de Fútbol.

Y también aparece una referencia al accidente en el fragmento que tenéis a continuación, correspondiente al libro “Fútbol contra el enemigo“, de Simon Kuper y Contra Editorial, y en el que se recuerda aquel triste 28 de abril.

            Etiopía fue una de las veintisiete selecciones africanas que pudo disputar todos los partidos de la fase de clasificación para el Mundial de Estados Unidos. Su primer partido fue contra Marruecos en campo contrario. Los etíopes volaron vía Roma, donde sus cinco mejores jugadores solicitaron asilo político. Solo quedaban ocho jugadores para disputar el partido, por lo que tuvieron que echar mano, para completar el once inicial, del portero suplente, del segundo entrenador y de un amigo. En el descanso, dos de los «fichajes» de última hora no podían con su alma y Marruecos ganaba ya por 5 a 0. Al empezar la segunda parte, tres jugadores etíopes más se rindieron y, con solo seis jugadores sobre el terreno de juego, el árbitro decidió dar por concluido el encuentro. Etiopía no se clasificó para el Mundial.

            Pero lo que le pasó a Zambia por falta de presupuesto fue muchísimo peor. Y es que los integrantes de su selección murieron cuando el avión en el que viajaban a Senegal para disputar un partido clasificatorio se estrelló en el Atlántico el 28 de abril de 1993, cerca de la costa de Gabón. El avión que se suponía que tenía que cubrir 4.800 kilómetros desde Lusaka hasta Dakar, no era más que un pequeño avión militar diseñado para cubrir trayectos cortos. La Federación de Fútbol de Zambia no había podido costearse un avión de línea regular. Cuando se conoció la tragedia, la indignación en Zambia fue mayúscula y las cosas empeoraron cuando los ministros responsables de las investigaciones se trasladaron a Gabón en el potentísimo Douglas DC-8 presidencial. «Jamás en la vida se lo perdonaré a la Federación», declaró Albert Bwalya, quien no había sido seleccionado por discrepancias económicas.

            Pero la falta de presupuesto no fue, como me explicó Burkhard Ziese, un alemán que había entrenado a Ghana, la única causa de la tragedia: «Ten en cuenta que volar en aviones militares no deja de ser más lucrativo tanto para dirigentes como para jugadores. Como no tienes que pasar el control de la aduana, puedes comprar gran cantidad de jabón, perfumes, ginebra y whisky de alta gama a precio muy bajo, y ganar algo vendiéndolo en Ghana».

 

Fragmento de “África (en pocas palabras”, en “Fútbol contra el enemigo”, de Simón Kuper. Contra Editorial, 2012

 

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18 de febrero y el cumpleaños de Roberto Baggio en la literatura

 

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Hoy es el cumpleaños del italiano Roberto Baggio, uno de los grandes del fútbol europeo. Técnico, imaginativo, elegante, un jugador que paseó su clase futbolística por equipos como la Juventus, el AC Milan, el Inter o el Brescia, entre otros, además de participar en tres mundiales con la camiseta de la selección italiana.

Roberto Baggio siempre fue uno de mis favoritos, que sin llegar al nivel de figuras como Pelé, Maradona, Cruyff o Messi, desbordaba calidad cada vez que saltaba al terreno de juego. Además del recuerdo de sus jugadas y sus goles, Il Divino, como se le conocía, ha trascendido llegando a ser en parte responsable de la publicación de una de las grandes obras de la literatura futbolera.

Me estoy refiriendo a “El milagro de Castel di Sangro“, de Joe MacGinniss y publicado por la Editorial Contra.  Y digo que se trata de un libro con un alto porcentaje de responsabilidad de Baggio porque, como el autor explica, fue víctima de una obsesión tras verlo jugar en un partido entre Nigeria e Italia del Mundial de Estados Unidos de 1994:

“Pero justo cuando parecía que ninguno de los dos contrincantes podía dar más, física o emocionalmente, un italiano menudo y garboso llamado Roberto Baggio marcó un gol con el pie derecho en el que demostró su gran técnica. El mismo Baggio volvió a marcar en el descuento e Italia ganó.

Baggio, un budista de veintisiete años que medía poco más de un metro setenta, pesaba solo sesenta y cinco kilos y llevaba coleta, había salvado el orgullo del país.

Aquello me embelesó. Mi obsesión ya tenía un foco. Baggio aportó al partido un elegancia, un garbo y un aura de magia que yo no había visto desplegar en ningún deporte.”

Más adelante, el cumpleaños de Baggio tiene su protagonismo entre las páginas del libro:

“Se acercaba el trigésimo cumpleaños de Baggio, que era de mediados de febrero, y el jugador parecía sumido en la melancolía. En las pocas entrevistas que concedía transmitía angustia. En Milán era infeliz. Nancy y yo le escribimos y le mandamos por fax desde el otro lado del Atlántico una felicitación de cumpleaños en la que incluí todos los comentarios públicos que yo había hecho en Italia sobre el semidiós que yo creía que era.

Se la mandé por fax sin ninguna esperanza de que llegara a leerla, puesto que recibía más de cinco mil cartas al día. De todas formas, solo una semana después de su cumpleaños, que era el 18 de febrero, volví del entrenamiento y me encontré un fax de Vittorio Petrone, el conocido representante y hombre de confianza de Baggio.

El mensaje rezaba así: «Robi ha intentado llamarte varias veces para agradeceros a ti y a tu mujer vuestros buenos deseos. Desafortunadamente todas las veces le ha saltado el contestador automático, por eso me ha pedido que os mande este fax, para decirte que si puedes asistir a la cena del Guerin Sportivo en abril, para él será un placer volver a verte».

Habría ido a la cena aunque hubiera tenido que ir a cuatro patas desde Brescia”.

Imagen de www.photogallery.indiatimes.com

Y para completar esta modesta celebración, nada mejor que ver un resumen con algunas de sus jugadas.

¡Muchas felicidades, Roberto!

 

18 de enero y “El milagro de Castel di Sangro”, de Joe McGinniss. Contra Editorial

 

 

“En 1994 viajé a Italia persiguiendo una recién inaugurada pasión. La primera semana de diciembre, cogí un tren de Padua a Roma, donde cuatro después mi nuevo amigo Alexi Lalas iba a jugar al fútbol”.

 

Así comienza el prólogo de “El milagro de Castel di Sangro”, sin duda una de las mejores lecturas para saltar al terreno de juego del fútbol y la literatura. Escrita en 1999 por Joe McGinnis, y publicada a finales de 2014 por la Editorial Contra, se trata de un libro en el que se describe el nacimiento de una pasión que cambiaría la vida del autor.

En la sinopsis del libro leemos:

 

EL MILAGRO DE CASTEL DI SANGRO

UN CUENTO DE PASIÓN Y LOCURA
EN EL CORAZÓN DE ITALIA

Joe McGinniss

Durante el Mundial de fútbol de 1994 celebrado en EE. UU., en Joe McGinniss, contraviniendo la histórica desidia norteamericana hacia el fútbol, nació una pasión que cambiaría su vida. Descubrió las emociones exacerbadas que mueve este deporte, descubrió el calcio italiano y sucumbió ante la clase y el estilo de Roberto Baggio, que brilló y fracasó en aquel Mundial a partes iguales.
Poco después, siendo ya un converso al balompié en toda regla, supo de la gesta de un pequeño equipo de una población de apenas cinco mil habitantes perdida en medio de los agrestes Abruzos italianos. El Castel di Sangro Calcio hizo realidad una proeza inaudita: pasó en pocos años de las profundidades de la liga amateur —Campionato Promozione, Terza Categoria— a la Serie B de la liga profesional (el equivalente a la Segunda División española). El coraje, talento y arrojo de un equipo de jóvenes liderados por el aguerrido y brutal Osvaldo Jaconi logró un hito que pasaría a los anales de la historia del fútbol.
McGinniss quiso inmortalizar aquella increíble hazaña y se trasladó al pequeño y gélido pueblo para dar cuenta de la gloriosa temporada 1996-1997 del Castel di Sangro, que tendría que enfrentarse a algunos de los mejores combinados del fútbol italiano.
El milagro de Castel di Sangro es el retrato de esa temporada épica, y es probablemente uno de los libros que mejor ha capturado la pasión del fútbol. A partir de un retrato casi felliniano de los personajes —los jugadores, el entrenador, los habitantes del pueblo, la oscura organización que controla el equipo, con actividades paralelas propias de la mafia—, McGinniss construye un fresco coral memorable, teñido de alegría, desolación, misterio,
crimen, muerte y todo el drama que destila el fútbol en estado puro.

 

Imagen de www.klear.com

 

Cualquier día es bueno para introducirse entre las páginas de esta apasionante historia. Por ejemplo, hoy mismo, 18 de enero, y viajar en el tiempo hasta otro 18 de enero, el que encontramos reflejado en el libro de la siguiente manera:

Llegué de vuelta a Roma el 18 de enero, un sábado. Christian vino a buscarme al aeropuerto. La primera pregunta que le hice fue cómo. ¿Cómo aquel conjunto de mediocridades desconsoladas, abatidas, sin Lotti, se había transformado en un equipo capaz de vencer al Lecce, a la Salernitana y al Génova en dos semanas?

                – Es Pippo y Danilo, Joe. Ellos es la causa.

                – ¿Qué quieres decir?

                – Sus espíritu. Nos levantas a todos. Los jugadores dicen: «Tenemos ahora el recuerdos de Pippo y Danilo, y a esto debemos dar todo nuestro cuore», ¿no? «No podemos hacer el disonore de sus nombres.»

                – ¿Quieres decir que los han inspirado?

                – Inspirati, si. ¿Recuerdas cuando Giuseppe escribes «tenemos el jugador número doce ahora porque Joe es vuelto»? Bueno, no seas insulto, pero con Pippo y Danilo es la veritad, no las tonterías de Giuseppe. Y ahora tenemos no el jugador número doce, sino el número treces, Pippo y Danilo. Cada partido dedica a ellos, así que cada partido nosotros ganamos porque ispirano a nosotros desde paradiso.

                Esperé el guiño de Christian y su sonrisa irónica de complicidad, porque aquel joven no era un crédulo inocente. Pero no hubo nada parecido.

                – Somos i lazzarati, Joe –dijo con seriedad-. La muerte de Pippo y Danilo nos ha levantato de los muertos. ¿Crees que yo bromas? Espera, Joe. Mañana verás, en Pescara.

Un libro de lectura imprescindible, que fue uno de los once finalistas en la edición del año pasado del “Libro del año” de la Revista Panenka.

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