Los ‘balones colgados’ de Mandy Barker y “La hermandad de los balones desaparecidos”

 

 

Desde el 7 de enero y hasta el padado 10 de marzo el Centro Cultural Waterside de Manchester acogió la muestra “Our plastic ocean“, de Mandy Barker.

Hablamos de los meses anteriores al terremoto provocado por la pandemia del Coronavirus, unas semanas en las que el virus comenzaba a tomar protagonismo en los informativos, aunque el planeta, en general (excepto en China) continuaba con su ritmo de vida habitual.

Durante unos días estuve estudiando la posibilidad de hacer una escapada para poder disfrutar de la exposición, aunque finalmente no me fue posible hacerlo. Mientras planeaba la posible visita y buscaba información al respecto, descubrí una serie de fotografías de la muestra. En ellas, se puede ver cómo cuelgan del techo de la sala algunos de los balones y pelotas que la artista ha conseguido recuperar en diferentes mares y océanos del planeta.

Espero que la exposición de Mandy Barker siga itinerando en cuanto todo vuelva a la normalidad. Por supuesto, haré lo posible por visitarla in situ. Mientras tanto, me tengo que conformar con contemplar esas imágenes, que me hacen pensar en dos ideas:

  1. Balones que “cuelgan” del techo como metáfora de todos los que en algún momento de mi infancia se me “colgaron” y “colaron.
  2.  Y, lo más importante: ¿estará en alguna de esas redes la pelota que perdí de niño?

 

Imagen de /www.thetelegraphandargus.co.uk

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“La hermandad de los balones desaparecidos” en FNAC-Splau de Cornellà

 

 

 

El pasado sábado tuve el gran honor de celebrar un acto de presentación de “La hermandad de los balones desaparecidos” en el espacio Fòrum de Fnac-Splau, en Cornellà. Una vez más, tuve la cobertura del amigo y escritor Jorge Gamero, con quien me siento afortunado de continuar realizando combinaciones futboleras. De jóvenes lo hicimos en el campo. De adultos lo seguimos haciendo en la Agrupación de Veteranos de la UE Cornellà y, también, gracias a la literatura.

Que la asistencia no fuera la esperada no afecta para nada al buen recuerdo que me quedará de haber tenido la oportunidad de hablar de “La hermandad…” en aquel lugar. Aprovecho, por eso, para dar las gracias al equipo de FNAC por proporcionarme esa oportunidad y permitirme disfrutar de su magnífico “estadio”.

Tal y como comenté al principio de la presentación, el lugar geográfico en el me encontraba tiene un significado especial para mi. Un simbolismo del que ni siquiera me había dado cuenta hasta pocos días antes del acto. Fue de camino hacia allí cuando caí en la cuenta de que había cierta travesura del destino en aquella situación.

 

 

El caso es que si tuviera que identificar un detonante para “La hermandad de los balones desaparecidos” debería situarlo en un episodio que ya he explicado en varias ocasiones, y que tiene que ver con una pelota que perdí cuando tenía unos 11 o 12 años. Al menos, eso es lo que pensaba hasta hace bien poco, pues hace unos días, un fogonazo de lucidez me ha hecho comprender que, en realidad, el origen de toda esta obsesión se sitúa muchos años antes. Concretamente en un recuerdo desaparecido, borrado de mi memoria, tras un suceso ocurrido, exactamente, el 20 de septiembre de 1971.

Me reservo la explicación de lo que ocurrió aquel día para otro post, y De momento, y volviendo a la presentación del sábado, aquí tenéis algunas fotos de lo que fue una tarde muy especial.

 

Con el gran Chele, gran compañero y futbolista y uno de los defensas más técnicos y elegantes con los que he tenido el placer de jugar.

 

Carla y Queralt, jugadoras de la UE Cornellà, y a quien el amigo Jorge Gamero tuvo el gran detalle de hacerles llegar un ejemplar de “La hermandad de los balones desaparecidos“.

 

 

Y una foto que me encanta, acerca de la cual publiqué en facebook que no tenía ni idea de hacia dónde estábamos mirando con tanta atención. Y el amigo Jorge Gamero, como respuesta, escribió casi un minirrelato literario-futbolero: en el que no faltó mi querido “bordillo de Zanón“:

Alfonso, debíamos observar la parábola que describía la pelota tras una volea impulsada por la literatura. La imagen, aunque muy chula, no recoge el momento en el que la pelota entró por la escuadra ante la algarabía de una grada rendida a tu arte. Yo solo fui el bordillo de Zanón contra el que habías perpetrado una tarde perfecta.

 

6 de enero, Día de Reyes, de balones de reglamento… y de merchandising de “La hermandad de los balones desaparecidos”

 

Hubo un tiempo en el que una de las peticiones estrella que abundaba en las cartas que se escribían a los Reyes Magos era ese poderoso y mágico generador de felicidad que era un balón de reglamento.

 

 

Los tiempos han cambiado, aunque la ilusión en torno a la noche más mágica no debería desaparecer. Así que espero que os hayáis portado muy bien y que los Reyes Magos, tal y como han hecho en casa de la Familia Ulises, se hayan “etivocado” y os hayan dejado muchos más regalos de los que habíais solicitado.

 

 

Y, sobre todo, que entre vuestros regalos no haya faltado un libro. Si es “La hermandad de los balones desaparecidos” mejor que mejor 🙂

 

 

En mi caso, como he sido muuuuuuy buen chaval, me han traído… ¡un pijama que parece merchandising de “La hermandad…“!

Si es que los Reyes Magos son muy listos 😀

 

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Presentación de “La hermandad de los balones desaparecidos” en la Biblioteca Marta Mata de Cornellà

 

 

 

La tarde del martes 3 de diciembre tuve la ocasión de vivir una experiencia inolvidable en la presentación de “La hermandad de los balones desaparecidos“. Fue en la Biblioteca Marta Mata de Cornellà, ubicada en el antiguo Cine Titán, paisaje urbano de mi infancia.

 

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Una sala llena con 60 personas, representantes de diferentes momentos de mi vida, y a los que no puedo hacer más que agradecer que me quisieran acompañar en un momento tan especial.

Compañeros de colegio, gente del barrio, amigos de infancia, de juventud, de la edad adulta, del mundo del fútbol… Me habría gustado poder dedicar a cada una de esas personas el tiempo suficiente para agradecerles lo que su presencia significaba para mi. Pero en este tipo de actos, ya se sabe.

Así que solo puedo volver a insistir en dar las gracias de forma resumida, esperando que lleguen a todo el mundo, y publicar algunas de las fotos que he podido recopilar.

Gracias a Anna Sàlvia (directora de la Biblioteca), a su equipo y la Xarxa de Biblioteques de Cornellà.

Gracias al Sr. Ot García, Regidor de Cultura, por formar parte del acto, y también al Sr. Enrique Vanacloy, Regidor d’Esports, por su asistencia en la sala.

 

 

Gracias a mi familia, siempre incondicional e insustituible, desde mi mujer e hijo a mis padres, hermanos, sobrino, prima…

 

 

Gracias a los compañeros y compañeras del colegio Abat Oliba, con quienes compartí infancia y seguimos vinculados gracias al gen de aquella escuela.

 

 

Gracias a los miembros de la Agrupación de Veteranos de la UE Cornellà, ídolos de infancia con los que ahora tengo el honor de compartir equipo.

 

 

Gracias a los excompañeros del Levante Las Planas, con los que tantos momentos compartí y con los que continúo felizmente vinculado.

 

 

Gracias a todas las amistades que el mundo del fútbol (y todo aquello que lo rodea) me ha proporcionado, incluso sin haber coincidido en el mismo equipo. El compañerismo, por encima de todas las cosas, es una de las esencias del fútbol.

Gracias a todos los amigos y amigas, de procedencias y épocas diversas que la vida ha ido poniendo en mi camino y que ayer, con su presencia, me hicieron vivir unos momentos muy emocionantes y sentirme muy afortunado de haberlos conocido y de tenerlos cerca de mi.

 

 

Gracias a Libros Indie, la editorial que me ha dado la oportunidad de vivir esta experiencia, y a Pablo Ríos, por prestarse a ilustrar esta modesta novela.

Y, finalmente, un agradecimiento muy especial para el amigo y autor Jorge Gamero, por haberme acompañado, animado y guiado desde el inicio de esta aventura y continuar obsequiándome con su generosidad.

 

 

 

Tanto quienes pudieron asistir como quienes no pudieron hacerlo consiguieron hacer, de la tarde de ayer, una experiencia inolvidable.

Cuando tenía 11 años perdí una pelota llena de aire. El martes me fue devuelta inflada con toneladas de afecto.