Lo dramático como ingrediente de la literatura futbolera

 

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Anoche tuve el gran privilegio de ser invitado a participar en “La portada”, programa de Onda Cero Tarragona dirigido y conducido por Pablo Alcaraz. Durante algo más de media hora, mantuvimos una interesante tertulia en la que también participó Santiago Roncagliolo, y en la que hablamos sobre literatura deportiva, con especial énfasis en la futbolera.

La conversación estaba especialmente centrada en la presencia de lo dramático, lo épico y lo trágico en las obras literarias relacionadas con el mundo del fútbol. La potencialidad que desde el punto de vista del escritor tiene figura del perdedor, del derrotado en contraposición a la del ganador.

Para los interesados en el tema, aquí tenéis algunos ejemplos de los títulos citados, acompañados de una breve sinopsis, y en los que esa componente dramática tiene una presencia especial. Evidentemente, podríamos encontrar muchos ejemplos más, pero estos son los que mencionamos en el programa de anoche.

 

Tanta pasión para nada

Julio Llamazares

 

 

Tanta pasión para nada” es un relato que también aparece en la recopilación “Cuentos de fútbol I” coordinada por Jorge Valdano. El texto describe el penalty que Djukic falló contra el Valencia en la última jornada de liga. De haberlo marcado, su equipo, el Deportivo de la Coruña, se habría proclamado campeón por primera vez en su historia. Pero el lanzamiento fue detenido por el guardameta rival. Se trata, sin duda, de uno de los momentos más trágicos que puede vivir un futbolista: penalti en el último minuto. Si lo marcas, alcanzas la gloria. Pero si lo fallas…


El hombre que mató a Messi

Emma Riverola. Edhasa

 

 

SINOPSIS

El culpable. La muerte de Messi acompaña a Jaro desde aquel lejano día en que chocó, durante un partido, contra el futbolista más adorado de la historia y éste cayera muerto al borde del área. Solo, confuso y huraño, su vida es una huída constante de su pasado.

La víctima. Gaia sueña con ser invisible desde que su madre murió en el atentado de ETA en Hipercor, en Barcelona. Amante de la literatura, configura su vida a partir de una ficción que ella misma recrea día a día. Sólo en los dominios de la imaginación encuentra un refugio para su dolor.
Cuando, años después, Jaro y Gaia se encuentran, sus respectivos universos se tambalean. Gaia se adentra en el halo de oscuridad y misterio de Jaro, mientras que él va sumergiéndose en el bálsamo de la ficción que le ofrece Gaia. Poco a poco, las fronteras se difuminan. También la realidad. ¿Será todo una utopía?

Con una prosa delicada y honesta, articulada como sólo los grandes narradores saben, Emma Riverola nos regala esta novela, que cuenta una y mil historias a la vez: la de sus personajes, pero también las de todos nosotros. Porque “El hombre que mató a Messi” no és -o no sólo és- una novela sobre fútbol, o una historia de amor, o una reflexión sobre la culpa y el perdón; es, ante todo, un relato que se adentra en lo más profundo de la miseria y la esperanza humanas.


Fuera de juego. Matthias Sindelar, un héroe de su tiempo

Fabrizio Silei. Bárbara Fiore Editora

 

SINOPSIS

Hay momentos en los que la única manera de conservar algo es perdiéndolo todo.

Primavera de 1938. La Alemania nazi ocupa Austria. Para celebrar esta reunificación de los pueblos germánicos, no hay nada mejor, ni más popular, que celebrar un partido de fútbol entre las dos selecciones nacionales.

Pero las autoridades no contaron con que el jugador más grandes de todos los tiempos, Matthias Sindelar, les aguaría la fiesta; primero con un gol extraordinario, y, después, con una clamorosa negativa.


Aquella edad inolvidable

Ramiro Pinilla. Tusquets editores

 

SINOPSIS

Souto Menaya, «Botas», es un futbolista que ha tocado la gloria y ahora conoce el infierno. Tras un gol histórico en la final de la Copa del Rey de 1943, su carrera se ha visto truncada por una lesión que le ha dejado cojo y medio inválido. Él, que ha pasado de albañil a jugador profesional, que saltó de los equipos locales al Athletic de Bilbao, el club de sus sueños, necesita un trabajo sentado y acaba aceptando el de ensobrador de cromos, aunque ello suponga, «como una mueca de negro humor añadida a su naufragio», toparse con su propia foto en las colecciones de fútbol. Desde que cambió su suerte, Souto sabe que ha dejado atrás los mejores años de su vida, que tiene que renunciar a su noviazgo con Irune y al anhelado retiro de sus padres, y ni siquiera le consuela aquella edad inolvidable en que de la mano de su padre «lloraba y reía como un mocoso ante el Athletic»… Entonces un periodista llama a su puerta y le insiste con una tentadora propuesta.


Todo lo que ganamos cuando lo perdimos todo

Eduardo Verdú. Plaza Janés

 

 

SINOPSIS

En 1979 el aclamado futbolista Lutz Eigendorf lo abandona todo, a su mujer, Gabi, a su hija de dos años, Sandy, su trabajo y su patria, la Alemania comunista, en busca de libertad. La huida de la estrella del Dynamo de Berlín supone un duro golpe para el sistema socialista y para Erich Mielke, presidente del equipo y, además, jefe de la Stasi, el servicio de inteligencia. El jugador intenta reunir a su familia al oeste del muro, pero Gabi y Sandy no pueden respirar sin que lo sepa el servicio secreto más eficaz del mundo, que las somete a interminables interrogatorios y a un férreo acoso.

¿Sabía Eigendorf que con su fuga ponía en riesgo su vida y condenaba la de su familia?

Gabi, aunque se debate entre el amor y el odio a su marido, no deja de escribirle cartas que él nunca recibe y que ella a veces ni siquiera envía. Mientras tanto, Eigendorf lucha por triunfar en el fútbol occidental y por lograr el sueño irrenunciable de ser feliz con su mujer y su hija en occidente.

 

 

MÁS FÚTBOL Y LITERATURA

Además de las obras que exploran la vertiente más dramática del fútbol, durante la tertulia también aparecieron otros títulos de literatura futbolera que vale la pena recordar. Son los siguientes:

 

La pena máxima

Santiago Roncagliolo. Alfaguara

 

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SINOPSIS

Lima 1978. Un hombre que porta una mochila sospechosa es perseguido por las calles de uno de los barrios más populares de la ciudad y asesinado a plena luz del día. Pero nadie ha visto nada. El asesino ha elegido el momento perfecto para cometer su crimen: la ciudad se halla en ese instante desierta y concentrada ante el televisor. La selección peruana se juega mucho en el Mundial de fútbol de Argentina.

Ocho años después de la publicación de Abril rojo (Premio Alfaguara de novela 2006), su protagonista, Félix Chacaltana, se enfrenta a una nueva serie de crímenes. Estamos en un momento crucial para la historia de Perú. Con la operación Cóndor como telón de fondo, el país se esfuerza por salir de la oscuridad de la dictadura militar con la celebración de las primeras elecciones democráticas en mucho tiempo. Parece que también ha llegado el momento del cambio para Chacaltana, quien se debate entre la obediencia a una madre dominante y su amor por Cecilia, entre el reparo a salir de la protección que supone una vida ordenada y monótona, llena de reglas y procedimientos, y la lealtad a su amigo Joaquín.

La pena máxima es un thriller absorbente en el que la política, el fútbol, la lucha por sobrevivir y la muerte se entrelazan con ritmo vibrante. La investigación llevará a Chacaltana a descubrir hasta dónde están dispuestas a llegar algunas personas para defender sus ideales y cómo, en realidad, en el juego de la vida lo peor no es sufrir una falta sino tener que ejecutarla. Esto puede transformarte para siempre.

 


El delantero centro fue asesinado al atardecer

Manuel Vázquez Montalbán. Planeta

 

SINOPSIS

El club de fútbol más rico del mundo recibe en sus oficinas un anónimo en el que se amenaza de muerte al recién fichado delantero centro del equipo, Jack Mortimer. Los directivos del club contratan al detective Carlvalho para que inicie la investigación, haciéndose pasar por psicólogo para poder andar a sus anchas por el mundo deportivo sin levantar las sospechas de la prensa. Las pistas apuntan a un asunto de especulación inmobiliaria en el que están mezclados el presidente de un club de división regional y el delantero centro de su equipo, una vieja gloria venida a menos. Esta serie de coincidencias complican aún más, si cabe, la búsqueda del autor de las amenazas.


Fiebre en las gradas

Nick Hornby. Anagrama

 

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SINOPSIS

«Me enamoré del fútbol tal como más adelante me iba a enamorar de las mujeres: de repente, sin explicación, sin hacer ejercicio de mis facultades críticas, sin ponerme a pensar en el dolor y en los sobresaltos que la experiencia traería consigo», confiesa Nick Hornby, quien reconoce abiertamente que para él este deporte no es ni una vía de escape ni un entretenimiento, sino toda una forma de ver y estar en el mundo.

Fiebre en las gradas es el relato autobiográfico de la tumultuosa relación del autor con el fútbol y con su equipo, el Arsenal londinense, durante más de veinte temporadas. Con un entusiasmo contagioso y su característica ironía, Hornby nos cuenta lo que ocurre cuando uno deja que el fútbol llene unos cuantos huecos que deberían haber estado ocupados por otras cuestiones. Esclavo del calendario de competiciones y del devenir de su equipo, este adicto al fútbol rechaza invitaciones a bodas porque ese día el Arsenal juega en casa, o asocia su primera gran ruptura amorosa a la pérdida de un jugador emblemático. Así, este deporte y su equipo serán aquello que marque la iniciación a la vida y luego la continuamente postergada entrada a la adultez del autor, alguien cuya unidad de medida vital son los partidos de su equipo y para quien todo acontecimiento significativo en su vida tiene un matiz futbolístico (con la consiguiente incomprensión de aquellos que le rodean). Hornby se interroga aquí sobre la esencia de esta obsesión y describe con humor y gran perspicacia en qué consiste verdaderamente ser hincha de un equipo, sin caer en tópicos reduccionistas, por lo general poco rigurosos y negativos, al mismo tiempo que realiza una suerte de crónica sentimental de veinte años de la historia de su equipo.

Además de la honesta y divertida confesión de un obsesivo aficionado al fútbol, Fiebre en las gradas es también una lúcida radiografía de los entresijos deportivos y sociales de este deporte y termina convirtiéndose en una sentida declaración de devoción y lealtad a un deporte, a un club y, sobre todo, a la comunidad de sufridos seguidores que conforman su verdadera esencia. Este libro situó a Nick Hornby entre los principales escritores ingleses de su generación. Con el tiempo se ha convertido en un auténtico objeto de culto tanto para futboleros (está considerado el mejor libro sobre fútbol que se ha escrito jamás) como para el lector general: se han vendido más de un millón de ejemplares en el Reino Unido y ha sido objeto de dos adaptaciones cinematográficas.


El fútbol a sol y sombra

Eduardo Galeano. Siglo XXI

 

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SINOPSIS

Este libro rinde homenaje al fútbol, música del cuerpo, fiesta de los ojos, y también denuncia las estructuras de poder de uno de los negocios más lucrativos del mundo.

“La tecnocracia del deporte profesional”, escribe el autor, “ha ido imponiendo un fútbol de pura velocidad y mucha fuerza, que renuncia a la alegría, atrofia la fantasí y prohíbe la osadía. Por suerte, todavía aparece en las canchas, aunque sea muy de vez en cuando, algún descarado carasucia que se sale del libreto y comete el disparate de gambetear a todo el equipo rival, y al juez, y al público de las tribunas, por el puro goce del cuerpo que se lanza a la prohibida aventura de la libertad.”

Escribiendo este libro, Galeano ha querido hacer con las manos lo que nunca pudo hacer con las piernas. Cuando era niño, quería ser jugador de fútbol, pero sólo jugaba bien, y hasta muy bien, mientras dormía.


Poesía y patadas

Miguel Ángel Ortiz. Ediciones Córner

 

Portada

 

SINOPSIS

En 1910, un lector escribió a Bohemia, una revista de arte solicitándoles que incluyesen el fútbol entre sus temas. Como respuesta, recibió una contundente negativa de sus editores: «La poesía y las patadas son incompatibles». Ocho años después, Horacio Quiroga publicó un cuento en otra revista, Atlántida. El cuento narraba la trágica muerte del futbolista que se había quitado la vida disparándose en el corazón. La literatura, por primera vez, se puso al servicio del fútbol. Y desde entonces hasta nuestros días, a lo largo de un siglo, cientos de escritores han demostrado que, en el fútbol, hay poesía y patadas.

Precisamente Poesía y patadas se titula el libro de Miguel Ángel Ortiz. Por sus páginas desfilan afamados novelistas como Camus, Pasolini, Nabokov, Delibes, Montalbán, Ray Loriga o Félix Romeo. Los ensayos periodísticos de Miquelarena o Hernández Coronado, el aguafuerte porteño de Roberto Artl, un artículo de García Márquez, son algunos ejemplos más, junto a Alberti, Celaya o Miguel Hernández capitaneando a muchos otros poetas que, año tras año, han cantado al balón


La jugada de todos los tiempos. Fútbol, mito y literatura

David García Cames. Prensa Universidad de Zaragoza

 

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SINOPSIS

El fútbol es mito, el fútbol puede ser literatura. Un deporte que apasiona y conmueve a millones de personas como ningún otro juego a lo largo de lahistoria no puede permanecer al margen de cuentos, poemas y novelas. El fútbol es un fenómeno que, en contra de lo que pueda parecer, en contra de los prejuicios acumulados, ha recibido una atención notable por parte de algunos de los mejores escritores en lengua española. De Cela a Delibes, de Bolaño a Villoro, pasando por los clásicos futboleros como Fontanarrosa o Soriano, este ensayo rastrea la evolución del fútbol en la literatura hispánica a través de los principales motivos que han servido para fijar y anotar el gol en la palabra.Libro que puede interesar tanto en el mundo académico como fuera de él. Tema novedoso y poco explorado desde el ensayo, con un enfoque atractivo para el lector.


Quedará la ilusión

Galder Reguera – Carlos Marañón. Libros del KO

 

Carlos Marañón - Galder Reguera

 

SINOPSIS

Durante el pasado Mundial de Rusia, Galder Reguera y Carlos Marañón prometieron escribirse una carta cada noche en ese momento mágico en el que todos duermen. Esta correspondencia, como cualquier partido de fútbol, tiene varios relatos: se puede leer como el testimonio de dos padres desbordados que escriben para reconquistar la normalidad frente a la presión alta del día a día y es también un regate para recrear la ilusión de la infancia a través de los ojos de sus hijos, que asisten a su primer Mundial con el entusiasmo intacto del primer cromo. Más allá de la pizarra táctica, Quedará la ilusión es la espontaneidad transparente que sucede cuando dos amigos lejanos logran el milagro de vencer el pudor.

 

En cuanto esté disponible el podcast del programa publicaré el enlace.

 

 

 

 

 

 

 

 

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27 de diciembre: Nick Hornby y Charlie Nicholas

Imagen de www.dailystar.co.uk

 

En 1983, el jugador más famoso en el fútbol británico era Charlie Nicholas. Contra todo pronóstico, fue fichado por el Arsenal. En “Fiebre en las gradas”, Nick Hornby, su autor, se refiere al jugador como el “Niño Cañón, el jugador de los Celtics de Glasgow, que la temporada anterior había marcado en la liga escocesa cincuenta y tantos goles. ¡Por fin algo digno de verse!”.

El fichaje de Charlie fue interpretado por parte de Hornby como un buen augurio. Hacía poco que había abandonado su trabajo de profesor para ponerse a escribir, y en aquel momento, “vincular la trayectoria de Charlie con la mía se me antojó irresistible”. Las cosas, sin embargo, no fueron bien, ni para uno ni para otro. “A la sazón, Charlie terminó por ser un indicador bastante exacto de mi suerte”.

 

Imagen de www.express.co.uk

 

Y muestra de ello fue la racha de escasos goles que atravesó, y que se rompió tal día como hoy, un 27 de diciembre, pero de aquel 1983. Así lo explica Hornby:

 

“En el siguiente partido que jugamos en casa, contra el Manchester United, me pareció lento e incapaz de conectar con los demás, y el equipo fue barrido: perdimos por 2-3, pero nunca llegamos a estar dentro del partido. (A decir verdad, no marcó en Highbury hasta el 27 de diciembre, cuando convirtió un penalti contra el Birmingham, que celebramos con tanto fervor como si le hubiese metido tres roscos en un partido al mismísimo Tottenham.) Abreviando, su primera temporada fue un desastre, tal como lo fue para todo el equipo. El entrenador, Terry Neill, fue despedido tras una racha lamentable entre noviembre y comienzos de diciembre”.

 

Fiebre en las gradas

1 de noviembre: el delantero que vendía flores, Nick Hornby y Eidur Gudjohnsen

 

Arregui

 

Comenzamos un nuevo mes, noviembre, y lo hacemos a través de una celebración de carácter religioso: la festividad de todos los santos. Si el 1 de noviembre coincide con un fin de semana y, en consecuencia, hay jornada futbolística, los estadios se convierten en lugares concurridos. En cambio, si la jornada coincide con un día laborable, el récord de asistencia se lo llevará, seguramente, otro lugar: el cementerio.

En el día de hoy las familias suelen acudir a llevar flores a los lugares en los que reposan sus difuntos. Si el día del año en el que la venta de libros se dispara es el 23 de abril, seguramente sea hoy cuando se bate el récord de venta de flores. Bien. Pero, ¿qué tienen que ver las flores y el día 1 de noviembre con el fútbol y la literatura futbolera? Pues, aunque no lo parezca, podemos encontrar una cierta relación. Por ejemplo, mirad lo que explica Julián García Candau en su obra “Èpica y lírica del fútbol” sobre Arregui, un delantero centro que militó en las filas de la Real Sociedad:

 

“Entre los grandes mitos rematadores hizo historia Rafael Moreno Aranzadi, Pichichi, delantero muerto prematuramente y del que existe un busto en San Mamés. Tras la contienda bélica española todos los grandes delanteros centro respondieron a la estampa del rematador. Hicieron fortuna Campanal (Sevilla), Mundo (Valencia), Mariano Martín (Barcelona), Pruden (Atlético y Real Madrid), Pérez Payá (Atlético y Real Madrid) y sobre todo, Telmo Zarraonaindia, Zarra, goleador del Athletic Club, internacional y el hombre del que los liberales y anglófilos del país llegaron a decir que tenía la mejor cabeza de Europa, después de la de Churchill.

A los delantero centro no les estaba permitida la más mínima delicadeza intelectual o simplemente humana. El delantero centro debía ser una especie de individuo con orejeras. Se sabe, no obstante, de un delantero de la Real Sociedad, Arregui, que poseía una floristería, que tenía un contrato en el que se le eximía de jugar los días 1 de noviembre. En esa jornada se dedicaba exclusivamente a los ramos y coronas para los muertos”.

Epica lirica futbol

 

 

Existe un cierto punto de tristeza en este día en tanto que nos lleva a recordar, con mayor intensidad, a los seres que ya no están entre nosotros. Pero también puede convertirse en un día de ingrato recuerdo por otras razones, como por ejemplo por culpa de un partido. Y si no, mirad lo que explica Nick Hornby en “Fiebre en las gradas” en relación con el Arsenal-Brighton al que asistió, precisamente, un 1 de noviembre, el de 1980:

ARSENAL – BRIGHTON

1/11/80

“Un partido penoso entre dos equipos que daban pena. Dudo mucho que cualquiera de los que estuviesen allí recuerde nada de aquel partido, tal como es indudable que mis dos compañeros de aquella tarde, mi padre y mi hermanastro, habían olvidado el encuentro a la mañana siguiente. Yo solamente lo recuerdo (¡solamente!) porque fue la última vez que estuve en Highbury con mi padre, y aunque quién sabe si no iremos todavía alguna que otra vez (últimamente ha hecho un par de mínimas alusiones), ese partido tiene un aura propia del final de toda una época”.

 

Fiebre en las gradas

 

Pero dejemos atrás la tristeza y acabemos este recorrido con un poco de alegría, como la que sintió un todavía niño Eidur Gudjohnsen cuando el equipo en el que jugaba su padre eliminó al Barça en una eliminatoria de Recopa disputada en el Camp Nou en 1989. Él estaba en la grada, con una bufanda del Anderlecht. Aquel día pisó el estadio blaugrana por primera vez. Seguramente no podía imaginarse que años después llegaría a jugar con aquel equipo. Lo explica Santi Giménez en su relato “La isla maldita de los Gudjohnsen”, que aparece en el volumen número 5 de “Historias solidarias del deporte”:

 

Eidur Gudjohnsen

 

“De esa época, Eidur Gudjohnsen recuerda que era el fútbol lo que más le apasionaba. “Y eso que sacaba muy buenas notas, pero estudiar no me gustaba nada, no me motivaba. Yo quería jugar a fútbol”. Desde muy pequeño supo cómo funcionaba un vestuario profesional porque después de cada partido en el viejo Contant van den Stock, Eidur bajaba al vestuario para recoger a su padre. Allí era como la mascota de un equipo en el que jugaban tipos de la talla de Milan Jankovic, Marc Degryse, Marc van der Linden, Luc Nilis o Georges Grun. De todos ellos, Van der Linden era su preferido. Formaba pareja en la línea de ataque con su padre y fue el futbolista que le dio una de sus mayores alegrías cuando el 1 de noviembre de 1989 marcó en la prórroga un tanto que eliminaba al Barcelona de los octavos de final de la Recopa. Eidur vio ese partido desde la grada del Camp Nou con una bufanda del Anderlecht y al final del partido bajó a los vestuarios para participar de la kermesse que ahí se vivía. Era la primera vez que pisaba el estadio del Barça”.

Historias solidarias deporte

Arsenal – Leicester City o Nick Hornby – Julian Barnes

 

Arsenal - Leicester

 

Tras el duelo futbolístico-literario de ayer entre el Valencia y el Espanyol, hoy tenemos la oportunidad de disfrutar de un nuevo enfrentamiento en el que la literatura forma parte de la alineación.

Se trata del partido correspondiente a la jornada 26 de la Premier League que disputaran sobre el césped del Emirates Stadium el Arsenal y el Leicester City. O dicho de otra manera, entre el equipo de Nick Hornby y el de Julian Barnes, dos de los más destacados escritores británicos.

Tanto uno como otro han convertido su pasión futbolera en material de alguna de sus libros. Hornby, gunner hasta la médula, es el autor de una de las obras imprescindibles para los amantes del fútbol y la literatura, un libro en el que reconoce que su pasión por el fútbol no es ni una vía de escapa ni un entretenimiento, sino toda una forma de ver y estar en el mundo.

Se trata de “Fiebre en las gradas”, el “relato autobiográfico de la tumultuosa relación del autor con el fútbol y con su equipo, el Arsenal londinense, durante más de veinte temporadas”. La obra es un repaso por los momentos más importantes de su vida siempre vinculados al devenir de su equipo, y cualquier acontecimiento destacable del que tiene recuerdo es vinculado automáticamente a algún partido.

En sus páginas encontramos dos referencias a enfrentamientos con el Leicester. La primera corresponde al 2 de abril de 1977, un partido que Hornby asocia al hecho de que aquel año “me enamoré perdidamente, hasta el punto de que me daban retortijones, de una chica muy guapa, vivaracha y lista, que estudiaba para dedicarse a la enseñanza”.

Aquella chica fue “la primera de mis novias que fue conmigo a Highbury”. También pudo ser, quizá, la responsable de que en el partido de aquel año contra el Leicester, el Arsenal acabara ganando tras varias jornadas sin hacerlo:

“La promesa de renovación que vivimos con el arranque de la temporada se había volatilizado; a decir verdad, el Arsenal acababa de batir el récord histórico del club en lo referente a una larga racha de derrotas: habían conseguido perder consecutivamente contra el Manchester City, el Middlesbrough, el West Ham, el Everton, el Ipswich, el West Brom y el Queens Park Rangers. En cambio, la presencia de esa chica encandiló al equipo al igual que me había encandilado a mí, y marcamos tres tantos en la primera media hora de partido. El primero lo hizo Graham Rix la tarde en que debutaba; David O’Leary, que quizás marcó como mucho otra media docena de goles a lo largo de la década siguiente, metió dos en menos de diez minutos. Una vez más, el Arsenal tuvo muy en cuenta su costumbre de hacer las cosas más raras que se pueda imaginar. Tanto, que el partido, y no sólo la ocasión, terminaría por ser memorable para mí.”

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La siguiente referencia a un Arsenal–Leicester corresponde a un partido celebrado casi doce años más tarde, el 31 de agosto de 1985, una época marcada por los terribles sucesos de Heysel. En relación con aquel partido, Hornby explica:

“Una de mis alumnas italianas, una joven que tenía en Turín un abono de temporada para ir a los partidos de la Juve, se enteró no sé cómo de que me entusiasmaba el fútbol, y me pidió permiso para ir conmigo a Highbury a ver el partido contra el Leicester. Aunque estuviera muy a gusto con ella, aunque no se presente muy a menudo la ocasión de charlas con una mujer y además del continente europeo sobre las diferencias que hay entre su obsesión y la mía, dudé mucho hasta decir que sí.”

La causa de que Hornby dudara en aceptar la invitación era el nivel futbolístico de su equipo:

“Fue más bien porque me daba vergüenza todo el tinglado: la calidad inexistente, lamentable del fútbol que jugaba el Arsenal, el estadio medio vacío, el público tranquilo y desinteresado”.

Pero finalmente aceptó a ir con ella al estadio:

“Una vez allí, dijo que se lo había pasado bien, e incluso añadió que la Juventus también era un desastre a principio de temporada (el Arsenal marcó en el primer cuarto de hora y dedicó el resto del partido a especular y mantener a raya a un decepcionante Leicester). Yo no me tomé la molestia de decirle que nunca habíamos hecho un fútbol mejor que ése”.

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En cuanto a Julian Barnes hace le dediqué un artículo en relación a la referencia al fútbol que aparece en su relato “El sueño”, perteneciente a su obra “Una historia del mundo en diez capítulos y medio”. Entre otras cosas, explicaba allí que se trata de un autor del que no imaginaba que fuera especialmente aficionado al fútbol, pero que, sin embargo, las referencias de ese relato me habían convencido de lo contrario.

El caso es que se trata de un seguidor del Leicester, un club que protagoniza parte de los sueños del protagonista del relato. Una de las referencias al fútbol y al Leicester que aparecen en el relato es la siguiente:

“Abrí el periódico que Brigitta había tenido el detalle de poner en mi bandeja y casi derramo el té. Bueno, lo derramé, sólo que esas cosas ya no le preocupan a uno. Era noticia de primera plana. Bueno, lo habría sido, ¿no? El Leicester City había ganado la Copa. En serio, ¡el Leicester City había ganado la Copa! No se lo habrían creído, ¿verdad? Bueno, puede que ustedes se lo creyeran, si no entienden nada de fútbol. Pero yo sé unas cuantas cosas sobre fútbol, y he apoyado al Leicester City toda mi vida, y yo no me lo hubiera creído, ésa es la cuestión. No me malinterpreten, no estoy criticando a mi equipo. Es un buen equipo, muy bueno a veces, pero nunca gana las grandes competiciones. Campeones de Segunda División, tantas veces como quieran, oh, sí, pero nunca han ganado la Primera División. Subcampeones, una vez, sí, sin problemas. Respecto a la Copa…, es un hecho innegable, que en todo el tiempo en que yo he sido hincha del Leicester City (ni antes de eso tampoco) nunca han ganado la Copa. Tuvieron un buen historial de llegar a la final en los años de posguerra… y un historial igualmente bueno de no llevarse el trofeo. 1949, 1961, 1963, 1969, ésos fueron los años negros, y una o dos de esas derrotas fueron, en mi opinión, especialmente cuestión de mala suerte, de hecho yo señalaría… De acuerdo de acuerdo, ya veo que no les interesa el fútbol. No importa siempre y cuando entiendan el dato fundamental: el Leicester City nunca había ganado nada que valiera la pena y ahora se había alzado con la Copa posprimera vez en la historia del club. Y además el partido debió de ser la mar de emocionante, según el periódico: el City ganó por 5 a 4 en la prórroga después de ir perdiendo nada menos que cuatro veces. ¡Qué actuación! ¡Qué mezcla de destreza y puro carácter! Me sentía orgulloso de los muchachos. Brigitta me conseguiría el vídeo al día siguiente, estaba seguro de que podría. Mientras tanto, bebí un poco champán con el desayuno que tomé de cena.”

Así que, como podéis ver, el partido de hoy también se disputará en el terreno de juego delimitado por las páginas de los libros.

Se suele decir ante estas situaciones: que gane el mejor. Y yo añadiría: leed a los dos.

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Doce meses, doce dorsales: con el número 1, enero

 

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Si el calendario fuera un equipo de fútbol, el número 1 lo llevaría el mes de enero. Y enero, en la literatura futbolera, juega más o menos así:

 

El partido que jugamos en campo del Villa, para cuartos de final de la Copa de la Liga en enero del 86, fue uno de los mejores que recuerdo: una fantástica hinchada en un estadio fenomenal, que no visitaba desde que era pequeño; un buen partido y un resultado razonable (1-1 tras una primera parte en la que marcó Charlie Nicholas y un comienzo de la segunda en el que dominamos por completo, con fallos garrafales en sendas ocasiones de Rix y de Quinn). También hubo aquella noche un interesante elemento histórico: el aire gélido de enero, al menos a nuestro alrededor, estaba cargado de humo de marihuana, y fue la primera vez en que de verdad comprendí que existía una cultura de gradería diferente de la mía, aunque sólo empezase a surgir por entonces.

Artículo “Hundido en la miseria” de Nick Hornby, sobre el partido Aston Villa – Arsenal del 22 de enero de 1986. En “Fiebre en las gradas“. Anagrama, 2008.

 

 

1-ENERO

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14 de octubre: el día de hoy en el terreno de juego del fútbol y la literatura

 

14 de octubre

 

 

EL DÍA DE LA GRADUACIÓN

ARSENAL – IPSWICH

14 de octubre de 1972

 

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Cuando cumplí quince años ya no era tan bajito: a decir verdad, en mi curso había unos cuantos chavales bastante más bajos que yo. En muchos aspectos fue todo un alivio, aunque implicó un problema que me atormentó por espacio de unas semanas: si de veras quería conservar un mínimo respeto por parte de los demás, ya no podía posponer el paso del Recinto de los Escolares al Fondo Norte, la gradería cubierta que se halla tras una de las porterías y que alberga a los hinchas más escandalosos y más bestias del Arsenal.

Había planeado mi debut con todo esmero. Durante parte de la temporada, había pasado más tiempo contemplando aquella alarmante masa de ruidosa humanida que se situaba a mi derecha que dedicado a contemplar lo que sucedía en el campo, delante de mis narices. Intentaba calcular exactamente adónde podía dirigirme, qué partes me convenía evitar. El partido contra el Ipswich se me antojó la oportunidad ideal: era poco anada probable que los hinchas del Ipswich se propusieran “tomar al asalto” el Fondo Norte, y el público apenas llegaría a los treinta mil, más o menos la mitad del aforo del estadio. Había llegado el momento de abandonar para siempre a los Escolares”.

 

Fragmento de “El día de la graduación. Arsenal – Ipswich. 14 de octubre de 1972“, en “Fiebre en las gradas“, de Nick Hornby.

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