Doce meses, doce dorsales: con el número 5, mayo

 

<> at Camp Nou on January 29, 2014 in Barcelona, Spain.

Imagen de www.elgraficochile.cl

 

Si el calendario fuera un equipo de fútbol, el dorsal número 5 lo llevaría el mes de mayo. Y así juega mayo, más o menos, sobre el terreno de juego del fútbol y la literatura.

RONALDO: UN DIOS DE LA INGENIERÍA FUTBOLÍSTICA

Partido Barcelona-Deportivo de La Coruña. Mayo de 1997. El Barcelona aún tiene oportunidades de acercarse al líder, el Real Madrid, pero ha de ganar al Depor cueste lo que cueste. Faltan pocos minutos para el final y se mantiene el empate. Un equipo de gala capitaneado por Ronaldo se ha estrellado una y otra vez contra la muralla de la excelente defensa coruñesa. Ronaldo lo ha intentando una vez más y ha caído al suelo. Parece un atleta vencido, con la mirada perdida buscando algo que sólo él ve. Es la pelota. Y de pronto la pelota rebota en un jugador coruñés y pasa ante Ronaldo como si le invitara a levantarse y seguirla para bailar la samba. La pelota le está diciendo: “Tú estás el primero en mi carnet de baile”. El atleta caído obedece la llamada. Se levanta. Recupera la pelota con la punta de la bota y mira hacia la portería. Es el momento Ronaldo, ese instante técnico en que sabe medir como nadie el pasillo que le lleva hacia el gol. Empieza su carrera y su dribling a costa de cuantos adversarios se pongan en su camino y, ante la salida del portero del Depor, el gol está servido. La magia de Ronaldo ha funcionado una vez más, y un episodio se suma a la leyenda áurea de un jugador de fútbol prefabricado a la medida del siglo XXI.

Manuel Vázquez Montalbán, en “Fútbol. Una religión en busca de un Dios“. (Debate, 2005)

Portada Futbol religion dios

 

“Blade Runner” y la literatura futbolera

 

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Jordi Puntí, destacado jugador de este Fútbol Club de Lectura, habló de mí el pasado día 8 en su artículo “El futuro ya está aquí” publicado en El Periódico de Catalunya. Quizá lo hizo sin saberlo (o sí, ves a saber), pero lo importante es que lo hizo, y que quien lo sabe es quien debería saberlo: es decir, yo.

Como la temática de este blog es el fútbol y la literatura y no los jeroglíficos iré al grano y os explicaré lo que sucedió. El caso es que nada más comenzar el citado artículo hizo una alusión directa hacia mi persona, sí, sí, ya en la primera línea, justo cuando se refiere a los seguidores empedernidos de la película “Blade Runner”, de Ridley Scott, y entre los cuales me cuento.  Supongo que entendéis la inmensa emoción que en ese momento me embargó, pues no todos los días es uno objeto de la atención de un escritor. Me entendéis, ¿verdad?.

El caso es que en ese artículo explica Jordi Puntí que Roy Batty -uno de los protagonistas del film- nació, justamente, ese mismo día: el 8 de enero de 2016. Y que dentro de cuatro años (esa es la duración de los Nexus 6, generación de replicantes a la que Roy pertenece) su vida se extinguirá, perdiéndose igual que lo hacen las lágrimas en las gotas de lluvia.

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Y ahora, la pregunta es: ¿y qué pinta la fecha de caducidad de unos androides con aspecto humano en un blog sobre lecturas futboleras? ¿Acaso se está preparando una segunda parte de “Blade Runner” con escenas futbolísticas?

La respuesta a la segunda pregunta es ‘no’ (que yo sepa). En cuanto a la primera cuestión, la verdad es que existe una curiosa y cierta relación entre Blade Runner y la literatura futbolera.

Antes de continuar, tomaros un descanso y leed algo como dios manda. Así que disfrutar con el artículo de Puntí.

“El futuro ya está aquí”

JORDI PUNTÍ

El Periódico de Catalunya – Viernes, 8 de enero de 2016

Si usted es un seguidor empedernido de la película ‘Blade runner’, de Ridley Scott, quizá sepa que el 8 de enero del 2016 es un día importante: esta es la fecha de creación del replicante Roy Batty, el modelo de Nexus 6 programado para vivir cuatro años y que, tras rebelarse y volver a la Tierra, se convierte en un fugitivo. Dentro de cuatro años reales, pues, llegará ese momento culminante en el que Roy, a punto de morir, suelta el famoso monólogo de las lágrimas en la lluvia. Pero de momento ya tenemos la excusa perfecta para ver de nuevo la película.

El paso del tiempo es implacable y al final la ciencia-ficción siempre se convierte en ciencia o en ficción. Nos dejamos engatusar por sus juegos, pero cuando el futuro se convierte en presente suele ser una mezcla entre fascinante y decepcionante. Hace unos meses llegamos al día clave de ‘Regreso al futuro’, de Robert Zemeckis, y muchos lo aprovecharon para convertirlo en una fiesta de la fantasía. El efecto de ‘Blade Runner’ es menos alegre: no tenemos replicantes, ni coches voladores, pero su escenografía era tan potente y verosímil que la realidad a menudo nos hace pensar en ella. Más allá de la intriga, hoy ‘Blade Runner’ es el caos de la hora punta en las megalópolis del siglo XXI, las pantallas gigantes que iluminan la noche eterna, la lluvia inesperada y persistente del cambio climático…

El paso del tiempo es implacable y al final la ciencia ficción siempre se convierte en ciencia o en ficción

En 1948, cuando George Orwell publicó ‘1984’, le debió parecer que invertir los números era suficiente para situar la distopía en un futuro lejano pero amenazador -no iba mal-. En 1968, cuando Stanley Kubrick adaptó un relato de Arthur C. Clarke y le puso ‘2001: una odisea del espacio’, el siglo XXI era un misterio donde los ordenadores podían tener personalidad. Cada vez es más arriesgado jugar con el futuro, porque ahora llega más rápido que antes para desmentir o, peor, confirmar las premoniciones. Es más seguro imaginarse el año 2540, como Aldous Huxley en ‘Un mundo feliz’, o como en esa canción pegadiza que Zager & Evans cantaban en los años 70: “En el 3535 no hará falta decir la verdad ni mentir, todo lo que pienses, hagas o digas estará en la pastilla que te hayas tomado hoy”.

Blade Runner y el fútbol

La literatura futbolera no solo sirve para conocer asuntos relacionados con el fútbol. Afortunadamente, en las páginas de cualquier lectura con el fútbol como tema central podemos encontrar mucho más que los simples devenires de un balón. Si el fútbol es un reflejo de la vida (“La vida no es sino un partido de fútbol”, decía Walter Scott) inspirarse en este deporte para llenar páginas y páginas no puede ser más que una fuente inagotable de contenidos.

Pero, además, con este tipo de libros también se aprenden otras muchas cosas, puesto que además de las alusiones puramente futbolísticas (un partido, un equipo, un gol…) en ellos encontramos también otro tipo referencias: a lugares, a sucesos históricos, a obras literarias, a personajes, a canciones… y a películas de cine.

Y entre las citas cinematográficas, ¿sabéis cuál es la película con la que más veces me he topado en este tipo de libros? Premio: con “Blade Runner“.

 A continuación, las pruebas.

“El delantero centro fue asesinado al atardecer”, de Manuel Vázquez Montalbán 

En “El delantero centro fue asesinado al atardecer“, del gran Manuel Vázquez Montalbán, encontramos una referencia directa a la película pese a que no llega a ser citada, una descripción que si no eres muy friqui (a lo Puntí) de la película posiblemente no consigas identificar. Es la siguiente:

“Luego, en la calle, el aire fresco del atardecer olía a gasolina y cubos de basura, aire estancado que no conseguía impedir del todo el resol del poniente. Recordó de pronto una película de ciencia ficción que había visto hacía algún tiempo, entre tinieblas de una ciudad contaminada los héroes se persiguen y se matan, una batalla entre hombres y robots de apariencia humana que de pronto termina con un viaje de huida del chico y la chica, hacia el sol, hacia el capo, de pronto de nuevo la luz, como si la ciudad fuera el fondo de un pozo. Pero tenía salida.”

“Las cuatro torres”, de Leandro Pérez. Planeta, 2014

Una novela negra, futbolera y sentimental. Y además, muy bien escrita“. Esto es lo que afirma Arturo Pérez-Reverte sobre esta obra sobre la que publiqué este artículo. Entre sus páginas, hacia la mitad del texto, encontramos lo siguiente:

“En cuanto llegó al estudio, Torca cogió un bolígrafo para anotar todo lo que recordaba del disco duro. Un cuarto de hora más tarde miró el papel. Sólo había puesto la fecha. Madrid, 31 de octubre de 2011. Y no se había quedado en blanco, pero no sabía por dónde empezar. La memoria, caprichosa y volátil, le recordaba el monólogo del replicando de Blade Runner: “Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”.

 

 “Los once de la tribu”, de Juan Villoro

Juan Villoro es otro de los cracks de la literatura futbolística. Es el autor de dos obras imprescindibles para los amantes de este tipo de lecturas: “Dios es redondo“, y la más reciente “Balón dividido“. Así mismo, entre su producción encontramos otra obra cuyo título no deja dudas ante su tendencia futbolera: “Los once de la tribu“.

Publicado en 1995, se trata de una recopilación de artículos en la que tienen cabida tanto crónicas futbolísticas como de otros aspectos relativos a la cultura de masas, como el rock o el arte.

Sin ser una obra totalmente futbolera, tanto la portada como algunos de los artículos interiores sí lo son. Y aunque no sea precisamente en estos dónde aparece, también entre las páginas del libro encontramos dos referencias a “Blade Runner“.

La primera de ellas es en el artículo “Los quince minutos de Andy Warhol“:

“El siglo XX inventó a las celebridades, es decir, a las personas famosas por ser famosas. Andy Warhol captó a la perfección su carácter superficial y se convirtió en el pintor de Corte de quienes disponían de más de siete cifras en el banco. Como Goya al retratar a los Borbones de hiperquijada, no dejó de criticar a sus acaudalados modelos. Las caras en serie, pintadas con dos o tres ayudantes, transformaron a los célebres del planeta en fantasmas de sí mismos, figuras creadas por una inteligencia artificial, como los replicantes de Blade Runner”.

Y la segunda en la crónica “Las piedras tienen la edad del fuego

“Empieza a oscurecer y los fotógrafos buscan un último ángulo del escenario diseñado por Mark Fisher, una fantasía metálica, presidida por una cobra de treinta metros que si no estuviera tan pulida podría decorar algún rincón de Blade Runner”.

Dos referencias más en un libro titulado “Los once de la tribu” con la silueta de un futbolista conduciendo un balón. Sirven, ¿no?

 

La sintonía del programa “Fútbol de primera”

Y por si todavía quedan dudas sobre la vinculación entre “Blade Runner” y el fútbol recordaros que en la televisión argentina existía un programa, “Fútbol de primera“, cuya sintonía musical era, adivina adivinanza, una de las canciones más conocidas de la banda sonora de la película.

 

CONCLUSIONES

Como podéis ver, la relación entre “Blade Runner“, el fútbol y la literatura futbolera es estrecha. Que tres autores del nivel de los descritos acudan a la misma película para incorporarla a sus obras no puede ser casualidad. Por eso, y a modo de conclusión, solo me resta acabar este artículo con tres observaciones finales.

  1. Blade Runner” está parcialmente inspirada en la novela “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?“, escrita en 1968 por Philip K. Dick. La pregunta es: si el autor hubiera sido futbolero, habría cambiado el título a “¿Sueñan los futbolistas con balones eléctricos?“.

2. Además de la de Roy Batty en la escena final, la película está repleta de frases inolvidables. Una de ellas tiene lugar cuando Roy va a visitar a su creador para intentar que le ayude a alargar su longevidad. Un momento de gran intensidad en el que la respuesta del ‘dios de la biotecnología, el responsable de la Tyrell Corporation, es:

“La luz que brilla con el doble de intensidad dura la mitad de tiempo. Y tú has brillado con mucha intensidad, Roy.”

Una magnífica frase aplicable a muchos ámbitos y situaciones de la vida excepto a uno: la longevidad en el rendimiento de Leo Messi, para quien el paso de los años no parece ser inversamente proporcional al brillo de su juego.

3. Para terminar, si Roy Batty fuera un replicante construido con el objeto de jugar a un fútbol futurista (como podría ser el que se describe en “Fuera de juego”, de Enki Bilal), quizá la frase final de la película habría quedado de la siguiente manera:

 

“Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar defensas cerradas más allá del punto de penalti. He visto rabonas, bicicletas y elásticas brillar en la hierba cerca de la portería de los mejores guardametas. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia”.

 

Manuel Vázquez Montalbán y el clásico

 

 

Cada vez que se acerca un Real Madrid-F.C.Barcelona (o un F.C. Barcelona-Real Madrid, que el orden de los factores no altera el producto) me acuerdo del gran Manuel Vázquez Montalbán. Y me acuerdo de él doblemente. Por los días previos, acerca de los cuales decía:

¿Qué he hecho yo para merecer esto? Cuando se acerca un encuentro entre el Barcelona y el Real Madrid intuyo que seré convocado para opinar asumiendo la representación de los barcelonistas, que es mucho asumir, y progresivamente me siento más desganado para cumplir el empeño; tal vez porque pertenezco, como algunos príncipes, al país de mi infancia: Basora, César, Kubala, Moreno y Manchón… ah, y Gonzalvo III, casi nada, y además era rubio en un país en el que todos los hombres eran morenos o en su defecto se ponían boina”. 

 

Montalbán, uno de los cracks de la literatura futbolera y autor de “El delantero centro fue asesinado al atardecer“, una de las joyas del género, dejó una abundante recopilación de artículos en los que el fútbol era el tema principal. Los podemos encontrar en “Fútbol. Una religión en busca de un dios“, con abundantes escritos sobre los enfrentamientos en Barça y Real Madrid, y con algunos capítulos titulados, por ejemplo, “Barça-Real Madrid: por los siglos de los siglos“.

Hoy, como decía, me he vuelto a acordar de sus artículos. Y a un par de horas de que el balón comience a rodar es buen momento para recordar al menos un fragmento de hace más de diez años que a los ojos de hoy parece casi de la prehistoria por lo que describe pero que es todo un placer por quien lo escribe:

“Una significación reduccionista de la esquizofrenia es el doble comportamiento, connotado literariamente en el mito del Doctor Jekyll y Míster Hyde, y se me ocurrió que el inmediato partido entre el Real Madrid y el Barcelona se plantea entre dos equipos esquizofrénicos o al borde de la esquizofrenia. Al Barça actual se le reprocha que pierde en las segundas partes lo que gana en las primeras, y al Real Madrid que ande a gatas den la Liga española y en cambio vuele como el águila, real naturalmente, en la Liga europea. El Barça presume de tridente atacante, Rivaldo, Saviola y Kluivert, pero hasta ahora ha funcionado mejor el tridente de contención y reserva espiritual, Puyo, Xavi y Luis Enrique, con el apoyo de Bonano, un portero que contempla los campos de fútbol como si fueran la pampa y husmeara el asado”.

Johan Cruyff: fuente de fútbol y literatura

Imagen de www.telegraph.com.uk

Ayer se hizo pública una triste noticia: Johan Cruyff padece cáncer de pulmón. Tras los resultados de las pruebas de las últimas semanas el diagnóstico ha sido confirmado a través de un comunicado emitido por Cruyff Management. Pese a lo negativo de la información, parece que Cruyff está animado y dispuesto a afrontar la enfermedad, una dura situación que no le es desconocida, pues en 1991 fue intervenido a corazón abierto después de sufrir una insuficiencia coronaria en fase aguda.

Después de aquella intervención -muchos lo recordarán- dejó de fumar y protagonizó una conocida campaña de televisión contra el tabaco cuyo lema era: “En mi vida he tenido dos grandes vicios: fumar y jugar al fútbol. El fútbol me lo ha dado todo en la vida, y en cambio, fumar casi me la quita“.

Imagen de www.marca.com

A quien fue mi ídolo de infancia, quien me impresionó con su forma de jugar las pocas veces que en aquellos tiempos pude verlo por la televisión, a quien me hizo llorar tras la derrota de Holanda frente a Alemania en el Mundial de 1974, a quien me hizo descubrir regates, cambios de ritmo y jugadas cuya existencia desconocía, a quien tanto me ha hecho disfrutar con su valentía a la hora de ver, entender e interpretar el fútbol, a quien tanto le deben todos los aficionados al buen juego, al espectáculo, es de justicia dedicar el espacio de hoy del Fútbol Club de Lectura. Y para hacerlo, nada mejor que recordar lo que ha significado para el mundo del fútbol de la mano de tres grandes escritores.

Porque Johan Cruyff, además, ha sido una gran fuente de fútbol y literatura. Así que aquí van estos tres fragmentos de Eduardo Galeano (que nos ayuda a entender quién fue), Manuel Vázquez Montalbán (que nos ilustra sobre lo que significó) y de Juan Villoro (que nos muestra cuál fue su legado).

Imagen de www.bidami.com

Deseando que también pueda ganar este partido, aquí tenéis los textos.

LO QUE FUE:

 

“Cruyff”

“A la selección holandesa la llamaban la Naranja Mecánica, pero nada tenía de mecánico aquella obra de la imaginación, que desconcertaba a todos con sus cambios incesantes. Como la Máquina de River, también calumniada por el nombre, aquel fuego naranja iba y venía, empujado por un viento sabio que lo traía y lo llevaba: todos atacaban y todos defendían, desplegándose y replegándose vertiginosamente en abanico, y el adversario perdía las huellas ante un equipo donde cada uno era once.

         Un periodista brasileño lo llamó la desorganización organizada. Holanda tenía música, y el que llevaba la melodía de tantos sonidos simultáneos, evitando el bochinche y el desafine, era Johan Cruyff. Director de orquesta y músico de fila, Cruyff trabajaba más que ninguno.

         Este flaquito eléctrico había entrado al club Ajax cuado era niño: mientras su madre atendía la cantina del club, él recogía las pelotas que se iban afuera, limpiaba los zapatos de los jugadores, colocaba los banderines en las puntas del campo y hacía todo lo que le pidieran y nada de lo que le ordenaran. Quería jugar y no lo dejaban, por su físico demasiado débil y su carácter demasiado fuerte. Cuando lo dejaron, se quedó. Y siendo un muchacho debutó en la selección holandesa, jugó estupendamente, marcó un gol y desmayó al árbitro de un puñetazo.

         Después siguió siendo calentón, trabajador y talentoso. A lo largo de dos décadas ganó veintidós campeonatos, en Holanda y en España. Se retiró a los treinta y siete años, cuando acababa de convertir su último gol, en andas de la multitud que lo acompañó desde el estadio hasta su casa”.

Eduardo Galeano en “El fútbol a sol y sombra”, Siglo XXI, 2010

Imagen de www.globovision.com

EN LO QUE SE CONVIRTIÓ:

 

“He aquí un curioso caso de hegemonía deportiva basada fundamentalmente en la inteligencia. Hay jugadores escasamente inteligentes en la vida real, pero de una gran inteligencia futbolística en el espacio-territorio de su praxis, el campo de fútbol. Los hay incluso que tienen una inteligencia especial en una zona concreta de ese campo, como ocurre con los delanteros centro especialistas, ya sean del modelo delantero torpedo a lo Müller o Vieri, o del modelo ágil y estratégico como Rossi. Pero pocas veces un jugador es totalmente inteligente y juega tan perfectamente a partir de la alianza entre cerebro y musculatura de la ligereza como Johan Cruyff. Bien es cierto que no estaba solo, que encabezaba una brillante promoción de jugadores holandeses que se quedaron siempre a las puertas de la victoria final, ya fuera en los campeonatos de Europa de los setenta o en el mundial de Argentina de 1978; Cruyff alcanzó el aura de los grandes en unos tiempos en que el negocio todavía no estaba preparado para trasmitir el imaginario de la globalidad y la FIFA tampoco estaba aún capacitada para entronizar dioses mundiales que prestigiaran un negocio en crecimiento. Hubo que esperara a que naciera Maradona, nacimiento mítico como en las leyendas primeras, el de un niño nacido lumpen que alcanzará la condición todavía no de Dios, pero sí de la mano de Dios.

Manuel Vázquez Montalbán en “Fútbol. Una religión en busca de un dios”,

Editorial Debate, 2005 

Imagen de www.deportes.elpais.com

LO QUE NOS DEJÓ:

 

“Como tantos innovadores, Cruyff no siempre es capaz de argumentar sus intuiciones. Ama el fútbol ofensivo y en permanente rotación; sin embargo, el modo de lograr este incesante oleaje no es para él cuestión de método. En la orilla del campo, chupa una paleta y mira el juego como un cuadro de expresionismo abstracto. De pronto, se le ocurre un color y llama al suplente más inesperado. A punta de goles demostró que su audacia es productiva. Bajo su tutela, el Barcelona conquistó cuatro ligas consecutivas y subió los 32 escalones que separaban el césped de Wembley de la Copa Europea de Clubes.

         Cruyff encontró en Guardiola a un cómplice inmejorable. La obsesión de ataque del holandés es tan marcada que comienza en el área de su equipo. El primero que toca el balón debe diseñar un lance al frente. Guardiola no tenía especial talento para las misiones canónicas del fútbol. Cruyff lo convirtió en el máximo estratega desde abajo. Al asignarle el número 4, que en la vieja nomenclatura definía a un central, no pensó en sus dones para el marcaje sino en su capacidad para entender que todo gol empieza de muy lejos. Compararlo con Beckenbauer resulta un tanto exagerado (el señorío del Kaiser era tal que no daba pases: absolvía la pelota); de cualquier forma, Guardiola posee la misma visión panorámica del juego. Su inteligencia aclara y reparte. Con justeza, Jorge Valdano dijo que se trataba del mejor entrenador con el balón en los pies. La precisa arquitectura del Dream Team requería de un dibujante al fondo del terreno. Partido tras partido, el 4 soñado por Cruyff transformó el fútbol en una asombrosa aventura del orden.”

Juan Villoro, en “Dios es redondo”, Ed. Anagrama, 2006

Imagen de www.palabradefutbolista.blogspot.com

Y para acabar, una selección de jugadas de Cruyff en este vídeo.

11 de setembre, Diada Nacional de Catalunya, y la literatura futbolera

 

Imagen de www.naciodigital.cat

 

Catalunya celebra hoy la Diada, su Fiesta Nacional. Se trata de una fecha con la que se conmemora la caída de Barcelona a manos de las tropas borbónicas del Duque de Berwick durante la Guerra de Sucesión Española de 1714. El 11 de septiembre de aquel año, tras catorce meses de asedio, Barcelona acabó cayendo en manos de los atacantes, una derrota que significó la abolición de las instituciones catalanas tras la promulgación de los Decretos de Nueva Planta del 1716.

Durante el día de hoy son numerosos los actos en recuerdos de aquellos sucesos históricos, con un marcado carácter simbólico y reivindicativo. Como colofón, una multitudinaria manifestación que durante los últimos años ha aumentado su dimensión (y cuyo último gran ejemplo fue el de la Vía Catalana de 2013 o la V de 2014) sirve como cierre del día.

El 11 de septiembre también tiene presencia en la literatura futbolera, de manera más o menos indirecta. En este artículo aprovecho para citar tres fragmentos en los que esa fecha aparece.

El primer fragmento corresponde a una conversación (que traduzco al español) entre Manel Serras y Ferran Ariño sobre “Barça i política”, publicada en el libro “Amb blau sofert i amb grana intens”, Editorial Proa, 1999.

 

MANEL SERRAS: “Echando un vistazo a la historia nos encontramos con situaciones de clara identificación del Barça con el sentido de catalanidad. Por ejemplo el junio de 1925, cuando Milans del Bosch, entonces capitán general de CAtalunya, cerró las Corts durante seis meses porque se había silbado al himno español, hubo una respuesta clara no solo de los socios, sino de la sociedad catalana que dio suporte económico a la entidad.

FERRAN ARIÑO: Pero era la consecuencia de otra cosa. Por aquel entonces el Barça era uno de los elementos que reflejaba aquella situación. Y suerte que era así. Pero ahora mucha gente, sobretodo los más jóvenes, piensan que el Barça era un activo elemento político. Y por sí mismo no lo ha estado nunca. En los boletines internos del Barça se explica que Pompeu Fabra dio clases de catalán a los socios, y se hacía una referencia habitual a los 11 de septiembre, y se convocaba a los socios a las manifestaciones, pero nadie se escandalizaba por todo ello. Era una entidad viva del país”.

Imagen de www.martiperarnau.com

 

El segundo fragmento es del capítulo “Cien años y un día”, de Manuel Vázquez Montalbán, que podemos encontrar en “Fútbol. Una religión en busca de un dios”, Debate, 2005.

 

 

 

“No hay que ver, pues, a Núñez como un dictador a la vieja usanza, defendiendo como gato panza arriba su pedestal civil, sino como un profeta de una nueva cosmovisión barcelonista en la que la vinculación nacional será un simple paisaje emocional para el 11 de septiembre, ni un minuto más. El Barça del futuro podrá estar formado por jugadores apátridas que en estos momentos ya deben de estar incubándose en laboratorios holandeses de ingeniería genética, alimentados, eso sí, con sueros aromatizados con pan con tomate artificial para que el globalizado público del futuro perciba el olor a pan con tomate nada más salir los jugadores al césped y se sienta por ello zoológicamente ratificado. Rafael Ribó ha anunciado el posnacionalismo, pero Núñez ha ido más allá al instalar al Barça en el mercado de los imaginarios sin fronteras. El día siguiente ha comenzado”.

 

Imagen de www.arasdehierba.wordpress.com

Y, por último, un tercer texto, un fragmento de “Elogio del centro del campo”, de Vicenç Villatoro, publicado en el libro “Cuando nunca perdíamos. 15 miradas sobre el Barça”, Alfaguara, 2011.

“Faltos de épica, hijos y nietos como mucho de una épica de derrotados, de perdedores de Ligas, como nos llamaba Félix de Azúa, entre el 11 de septiembre de 1714 y el 26 de enero de 1939, entre el anarquista de Terrassa y el señor de Terrassa, a los míos, a mi clase, a los que temíamos el lunes porque los castellanos de los carmelitanos eran del Madrid y se burlarían de nosotros y los catalanes de Can Culapi pensaban –entonces- que el fútbol era el opio del pueblo o el entretenimiento de los pobres, nos convenía que pasara finalmente lo que ha pasado, la entrada en la era no sé si llamarla mesiánica o messiánica. De Messi, claro.”

Eduardo Manchón en la literatura

 

La playa de Coma-ruga acogerá esta tarde la 18 edición del torneo Eduardo Manchón, un acontecimiento lúdico-deportivo con el que se quiere homenajear a quien fue uno de los míticos integrantes de la histórica delantera del Barça de las Cinco Copas.

Organizado por un gran amigo del jugador, Josep Maldonado, y la Penya Barcelonista de Coma-ruga, se trata de una oportunidad de ver en acción a exjugadores jugando un partido en la playa, así como de acercarse a otros conocidos y populares personajes que aportan su granito de arena en la organización del torneo.

Tal y como podemos encontrar en la Wikipedia, Eduardo Manchón Molina (Barcelona, 24 de julio del 1930 – Barcelona, 29 de septiembre del 2010) fue un futbolista español de los años 50. Desarrolló la mayor parte de su carrera deportiva en el FC Barcelona, entre 1948 y 1957, como extremo izquierdo, formando parte de la legendaria delantera del “Barça de las Cinco Copas” de la temporada 1951-52 junto a Basora, César, Kubala, Vila y Moreno, que emocionó a los barcelonistas y que Joan Manuel Serrat popularizó con su famosa canción “Temps era temps“.

Manchón fue un extremo izquierdo de clase excepcional, pequeño (1,66 m de altura), con gran velocidad y muy buen regado, pero también un excelente rematador. Su velocidad hizo que lo denominaran con el apodo de La Bicicleta.

A Manchón lo ha recordado la música (el citado Serrat), e incluso la televisión, mediante la serie “Kubala, Moreno i Manchón” de TV3. Así que un día como hoy es ideal para aportar un granito de arena en su recuerdo. Y nada mejor para hacerlo que recordar algunas referencias literarias en las que es protagonista.

Aparte de todos las innumerables obras de historia en las que se hace referencia a la mítica delantera de las Cinco Copas, Manchón también ocupa alguna obra de ficción, como es el caso de “La inmensa minoría”, de Miguel Ángel Ortiz, novela en la que los orígenes de Manchón y su paso por el Iberia, el equipo del barrio, forman parte de la trama:

“Decía eso y nos contaba la historia del Manchón.

Nos decía que había tenido que dejar su tierra para poder comer. Con nuestra edad, el Barça ya se había fijado en él, “asín que vais tarde, canijos”, nos decía, “Menos quejarse de que a nuestro campo no vienen los ojeadores, que él salió de Casa Antúnez, que así le llamaban a Can Tunis, y, de allí, al Iberia. ¡Ea! Que pasó de clavar los tacos en la tierra del Iberia a clavarlos en la yerba del Camp Nou. Ahí es na”.

En otro momento de la novela descubrimos que Manchón también es el personaje central del trabajo de recerca del narrador:

“El Pista me llamó después de los exámenes, cuando ya estábamos metidos con el trabajo de recerca. Yo había elegido al Manchón como tema para el trabajo. Pensé que no me lo darían por válido, pero al tutor le gustó porque había sido una personalidad del barrio y me dio el visto bueno. Le hice muchas preguntas al padre del Chusmari y el Peludo me dejó buscar más información en su ordenador y pasarlo a limpio. Chanaba, la recerca; pero cada vez que pensaba que tendría que salir y explicarlo delante de la clase, empezaba a morderme las uñas y los pellejos.”

Otro tipo de referencias son las que encontramos en “Fútbol, una religión en busca de un Dios”, publicado el 2005, una obra en la que Manuel Vázquez Montalbán atribuye a Eduardo Manchón una cuota de responsabilidad en el hecho de que el creador de Carvalho fuera del Barça:

“Imposible olvidar que empieza la celebración del Centenario del Barcelona F. C., institución de la que me declaro partidario por los mismos motivos que Joan Manuel Serrat. Los dos somos de barrio y nos hicimos del Barça porque en las tiendas del país de nuestra infancia aparecían carteles en los que Samitier regateaba a un jugador, cualquiera, del Espanyol. Los dos nos hicimos del Barça por obra y gracia de Basora, César, Kubala, Moreno y Manchón. Y lo seguimos siendo porque el Barça era el ejército simbólico de una idea de catalanidad popular, laica, sin necesidad de peregrinar a otra montaña sagrada que no sea la grada del Camp de Les Corts o del Camp Nou”.

Y en el mismo libro hace una invitación al lector a comparar aquella mítica delantera de la que Manchón fue elemento destacado con la del equipo del año del Centenario:

“Qué importa un autoengaño más. Al fin y al cabo, Serrat canta del himno del Centenario y ahí está la delantera representativa, heredera de Basora, César, Kubala, Moreno y Manchón. Recítenla de carrerilla: Figo, Giovanni, Anderson o Kluivert, Rivaldo y Zenden. No les invito a que reciten de carrerilla el resto del equipo para que no se echen a llorar, porque hay motivos más serios para las lágrimas: por ejemplo, la flexibilización del mercado de trabajo o que a Pinochet le haya salido un hijo con esa voz”.

Y una referencia más es la que encontramos cuando dice:

“Diez años después de que el franquismo pretendiera convertir el campo de Les Corts en un aparcamiento de tanques de ocupación, Basora, César, Kubala, Moreno y Manchón desembarcaban en Dunkerque y abrían el segundo frente ansiado, respaldados por una retaguardia tan exquisita como disuasoria: Ramallets, Calvet, Biosca, Seguer, Gonzalvo III, Bosch, Aldecoa, Vila… El equipo de las Cinco Copas”.

 

El fútbol, el 23-F y las casualidades lectoras

 

Imagen de www.flapa.es

Ayer fue 23 de febrero, una fecha sin nada especial para unos, y cargada de simbolismo para los que, digámoslo claro, tenemos una cierta edad. Recuerdo que durante un tiempo los informativos de la televisión y la radio, cada 23 de febrero, recordaban que el mismo día de 1981 se produjo uno de los episodios más relevantes (y frikies, también) de la historia española. Un hecho que ha dejado de ser material de recordatorio informativo quedando sepultado en lo más profundo del baúl de los recuerdos de Karina.

Aquel día, un grupo de guardia civiles, liderados por el teniente coronel Tejero y su mostacho, irrumpieron en el congreso de los diputados, manteniendo secuestrados a todos los que por allí pululaban durante 18 horas. A quien le interese el tema le recomiendo el libro de Javier Cercas “Anatomía de un instante”, o, también, el interesante programa “Operación Palace“, que hace poco se emitió y fue realizado por el equipo de Salvados.

Para que nos entendamos, aquello fue un intento de golpe de estado en toda regla, de los de tomo y lomo, expresión esta que recuerdo de los tebeos y me hacía mucha gracia. Hacia las 18.22 exactamente se produjo la invasión del Congreso de los Diputados, y supongo que minuto arriba minuto abajo fue cuando en la bóveda del edificio retumbó el famoso “¡Alto todo el mundo! ¡Todo el mundo al suelo!”.

Son momentos que uno acaba siempre recordando. Y se recuerdan por razones diversas. De hecho, como me pilló jovencito (16 años, segundo de B.U.P. Sí, sí: B.U.P., una cosa de la prehistoria), en una época en la que transición, democracia, libertades, franquismo, espíritu reivindicativo… eran términos de gran actualidad, me tocó vivir el suceso con toda la atención del mundo, poniendo sobre él mis cinco sentidos, desde las trincheras del instituto de una ciudad dormitorio, consciente de la repercusión histórica de lo que estaba sucediendo.

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(Bueno, de hecho, también puse los cinco sentidos –y porque no tenía más- y tuve conciencia de la importancia planetaria de lo que sucedió un año después, cuando la Italia de Paolo Rossi eliminó del Mundial 82 al Brasil de Sócrates en aquel inolvidable partido que se jugó en Sarriá. ¡No había llorado por una final de fútbol desde la de Alemania contra Holanda en 1974!

Pero como decía, si tengo fresco aquel 23 de febrero de 1981 fue por un momento clave que se produjo aquella tarde. Un momento que me hizo entender de golpe lo que significan las expresiones “sabiduría popular” y “¡Ay la que se va a liar!”. Y fue cuando mi madre, muy seria, me dijo: “Niño, baja a la bodega y compra todos los huevos, patatas, latas de conserva y otros productos imperecederos que puedas, que como esto vaya en serio vamos a necesitar provisiones”. Vaaaa, lo reconozco: me he tomado la licencia de transformar las auténticas palabras que mamá pronunció aquella tarde, que como se puede suponer fueron bastante menos literarias y mucho más onomatopéyicas.

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¿Y por qué precisamente hoy me asalta el recuerdo del (valga la redundancia) asalto del 23-F? Se supone que en este blog se habla de lecturas relacionadas con el fútbol, ¿no? Bueno, sí. Se habla de libros en los que el fútbol es el tema principal. Y también se habla de lo que se habla en los libros que hablan de fútbol. Más o menos. Y justamente en uno de esos libros, “El delantero centro fue asesinado al atardecer”, de Manuel Vázquez Montalbán, justamente hoy, decía, leo:

…ante ellos apareció de pronto una pequeñísima taberna, inexplicablemente superviviente en aquella acera del paseo de la Bonanova, titulada Cervecería Víctor y nada más entrar Carvalho recibió cien informes visuales de que algo irreparable había pasado en su vida: había traspasado el dintel del tiempo. A este lado de la puerta, la Barcelona democrática, olímpica y yuppie, y al otro un rincón para la nostalgia de la España franquista, una madriguera color vino donde hasta las jarras de cerveza llevaban la bandera española y las postales eran señales de una identidad nostálgica: Onésimo Redondo, Ramiro Ledesma Ramos, el general Muñoz Grandes con la Cruz de Hierro, el coronel Tejero con los bigotes de hierro, Adolfo Suárez disfrazado de jefe falangista y acompañado del lema “¿Juras, Judas?”.

Pues eso. Que como quien no quiere la cosa me ha saltado a un ojo desde las páginas del libro que estoy leyendo “el coronel Tejero con los bigotes de hierro”. Un asalto que se ha producido un 23 de febrero. Y he creído que la cosa no podía quedar así.

Otro ejemplo más de todo lo que se puede aprender leyendo literatura futbolera. Hoy, historia contemporánea.

Cogido con pinzas, ¿verdad?

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