1 de marzo: 16 años de la firma del contrato de Messi

 

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De todos es conocida la historia del contrato de Messi en una servilleta de papel. Sucedió el 14 de diciembre de 2000. Aquel peculiar contrato se convertiría, pocos meses después, en un acuerdo de verdad que vinculaba al todavía niño Lionel con el Fútbol Club Barcelona. Esa firma se produjo el 1 de marzo de 2001. Es decir, hoy hace exactamente 16 años.

Y así lo explica el gran Juan Villoro en su relato “Lionel Messi: infancia es destino”, publicado en el recopilatorio “Cuando nunca perdíamos”.

Para tranquilizar a la familia, el técnico firmó el «contrato» más delgado del fútbol. El 14 de diciembre de 2000 tomó una servilleta de papel en un bar y escribió un párrafo en el que se comprometía a velar por el niño. El documento tenía el mismo valor legal que una plegaria en Montserrat, pero hoy en día es custodiado por Josep Maria Minguella, gestor de la contratación, como una valiosísima pieza de arte popular.

 El 1 de marzo de 2001 se firmó un contrato de verdad y la familia Messi  se trasladó a Barcelona para apoyar a la Pulga.

Uno de los mayores desafíos de un futbolista es la administración de la soledad. Durante horas sin fin debe matar el tedio en cuartos de hotel. Esto se agrava cuando el jugador es un niño alejado de su entorno. Sin los pasatiempos ni los ravioles familiares. Leo descubrió que vivir en Barcelona era tan aburrido como chupar un clavo.

Nunca ha sido una persona con muchas ni muy variadas aficiones, pero no es lo mismo estar triste en casa que estar triste lejos.

También sus hermanos se deprimieron. Estaban desubicados, ansiosos. La madre decidió regresar a Argentina con ellos. Leo permaneció con su padre en la ciudad donde el más célebre extranjero envejecía en el zoológico: el gorila blanco Copito de Nieve.

La importancia de quedarse

A Messi le sobraban facultades, pero la historia del fútbol está llena de talentos que se quedaron en el camino. ¿Valía la pena permanecer en Barcelona, lejos de la familia, sin recompensa certera a la vista?

Una tarde, el padre no pudo más y propuso que volvieran. Otra puerta parecía cerrarse en su carrera. Pero a los trece años Leo ya era un especialista en adversidades. El niño que escapó por una ventana para ganar su primer título le pidió a su padre que se quedarn. En Rosario estaba el mundo, pero en Barcelona estaba la Masía, la esuela de fútbol donde se formaron Xavi, Iniesta y Guardiola.

 

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Imagen de www.fcbarcelonanoticias.com

Portada - Cuando nunca perdíamos

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“Los actores del césped”: conferencia magistral de Juan Villoro

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Anoche, en el marco de la tercera edición del Coloquio Internacional de Teatro y Fútbol que tiene lugar en el Centro Nacional de las Artes de México, el gran Juan Villoro impartió una conferencia magistral bajo el título “Los actores del césped“.

Se hace tan difícil resumir el contenido de su charla que lo mejor que podéis hacer es sentaros tranquilamente a escucharla y a deleitaros con ella.

A continuación tenéis la conferencia completa, gracias a la grabación realizada por el colectivo Apuntes de Rabona.

Magistral es poco 🙂

 

10 de marzo y Leo Messi

 

 

Hoy, 10 de marzo, se cumplen nueve años del primer hat-trick de Messi con la camiseta del Barça. Fue, además, en un partido contra el Real Madrid disputado en el Camp Nou y cuyo resultado final fue de empate a 3.

Aquellos goles tenían una importante carga simbólica. Culminaban una trayectoria llena de dificultades y obstáculos por parte del argentino hasta alcanzar aquel momento. Años de lucha y sacrificio que tenían su recompensa al convertirse en protagonista de gestas como la de aquel partido.

Así habla de aquel 10 de marzo la literatura futbolera:

 

“A Messi le sobraban facultades, pero la historia del fútbol está llena de talentos que se quedaron en el camino. ¿Valía la pena permanecer en Barcelona, lejos de la familia, sin recompensa certera a la vista?

Una tarde, el padre no pudo más y propuso que volvieran. Otra puerta parecía cerrarse en su carrera. Pero a los trece años Leo ya era un especialista en adversidades. El niño que escapó por una ventana para ganar su primer título le pidió a su padre que se quedaran. En Rosario estaba el mundo, pero en Barcelona estaba la Masía, la escuela de fútbol donde se formaron Xavi, Iniesta y Guardiola.

Rexach tuvo la generosidad de fichar a un jugador que no sería suyo. Él no iba a durar suficiente tiempo como entrenador para ver el debut de Messi.

El honor le correspondió a Rijkaard, quien supo llevarlo con buen ritmo y apoyarlo paternalmente durante su primera lesión grave.

La mayoría de edad de Leo coincidió con su maduración futbolística. En 2005 cumplió dieciocho años, fue nombrado mejor jugador del Mundial Sub-20 y anotó su primer gol con el F. C. Barcelona. En 2007 confirmó su jerarquía en el Santiago Bernabéu: el 10 de marzo fue responsable de un hat-trick ante el equipo merengue.”

Fragmento de “Lionel Messi: Infancia es destino”, de Juan Villoro, en “Cuando nunca perdíamos” (Alfaguara, 2011)

 

“Blade Runner” y la literatura futbolera

 

Imagen de www.ferplei.com

 

Jordi Puntí, destacado jugador de este Fútbol Club de Lectura, habló de mí el pasado día 8 en su artículo “El futuro ya está aquí” publicado en El Periódico de Catalunya. Quizá lo hizo sin saberlo (o sí, ves a saber), pero lo importante es que lo hizo, y que quien lo sabe es quien debería saberlo: es decir, yo.

Como la temática de este blog es el fútbol y la literatura y no los jeroglíficos iré al grano y os explicaré lo que sucedió. El caso es que nada más comenzar el citado artículo hizo una alusión directa hacia mi persona, sí, sí, ya en la primera línea, justo cuando se refiere a los seguidores empedernidos de la película “Blade Runner”, de Ridley Scott, y entre los cuales me cuento.  Supongo que entendéis la inmensa emoción que en ese momento me embargó, pues no todos los días es uno objeto de la atención de un escritor. Me entendéis, ¿verdad?.

El caso es que en ese artículo explica Jordi Puntí que Roy Batty -uno de los protagonistas del film- nació, justamente, ese mismo día: el 8 de enero de 2016. Y que dentro de cuatro años (esa es la duración de los Nexus 6, generación de replicantes a la que Roy pertenece) su vida se extinguirá, perdiéndose igual que lo hacen las lágrimas en las gotas de lluvia.

Imagen de www.ilmanifesto.info

Y ahora, la pregunta es: ¿y qué pinta la fecha de caducidad de unos androides con aspecto humano en un blog sobre lecturas futboleras? ¿Acaso se está preparando una segunda parte de “Blade Runner” con escenas futbolísticas?

La respuesta a la segunda pregunta es ‘no’ (que yo sepa). En cuanto a la primera cuestión, la verdad es que existe una curiosa y cierta relación entre Blade Runner y la literatura futbolera.

Antes de continuar, tomaros un descanso y leed algo como dios manda. Así que disfrutar con el artículo de Puntí.

“El futuro ya está aquí”

JORDI PUNTÍ

El Periódico de Catalunya – Viernes, 8 de enero de 2016

Si usted es un seguidor empedernido de la película ‘Blade runner’, de Ridley Scott, quizá sepa que el 8 de enero del 2016 es un día importante: esta es la fecha de creación del replicante Roy Batty, el modelo de Nexus 6 programado para vivir cuatro años y que, tras rebelarse y volver a la Tierra, se convierte en un fugitivo. Dentro de cuatro años reales, pues, llegará ese momento culminante en el que Roy, a punto de morir, suelta el famoso monólogo de las lágrimas en la lluvia. Pero de momento ya tenemos la excusa perfecta para ver de nuevo la película.

El paso del tiempo es implacable y al final la ciencia-ficción siempre se convierte en ciencia o en ficción. Nos dejamos engatusar por sus juegos, pero cuando el futuro se convierte en presente suele ser una mezcla entre fascinante y decepcionante. Hace unos meses llegamos al día clave de ‘Regreso al futuro’, de Robert Zemeckis, y muchos lo aprovecharon para convertirlo en una fiesta de la fantasía. El efecto de ‘Blade Runner’ es menos alegre: no tenemos replicantes, ni coches voladores, pero su escenografía era tan potente y verosímil que la realidad a menudo nos hace pensar en ella. Más allá de la intriga, hoy ‘Blade Runner’ es el caos de la hora punta en las megalópolis del siglo XXI, las pantallas gigantes que iluminan la noche eterna, la lluvia inesperada y persistente del cambio climático…

El paso del tiempo es implacable y al final la ciencia ficción siempre se convierte en ciencia o en ficción

En 1948, cuando George Orwell publicó ‘1984’, le debió parecer que invertir los números era suficiente para situar la distopía en un futuro lejano pero amenazador -no iba mal-. En 1968, cuando Stanley Kubrick adaptó un relato de Arthur C. Clarke y le puso ‘2001: una odisea del espacio’, el siglo XXI era un misterio donde los ordenadores podían tener personalidad. Cada vez es más arriesgado jugar con el futuro, porque ahora llega más rápido que antes para desmentir o, peor, confirmar las premoniciones. Es más seguro imaginarse el año 2540, como Aldous Huxley en ‘Un mundo feliz’, o como en esa canción pegadiza que Zager & Evans cantaban en los años 70: “En el 3535 no hará falta decir la verdad ni mentir, todo lo que pienses, hagas o digas estará en la pastilla que te hayas tomado hoy”.

Blade Runner y el fútbol

La literatura futbolera no solo sirve para conocer asuntos relacionados con el fútbol. Afortunadamente, en las páginas de cualquier lectura con el fútbol como tema central podemos encontrar mucho más que los simples devenires de un balón. Si el fútbol es un reflejo de la vida (“La vida no es sino un partido de fútbol”, decía Walter Scott) inspirarse en este deporte para llenar páginas y páginas no puede ser más que una fuente inagotable de contenidos.

Pero, además, con este tipo de libros también se aprenden otras muchas cosas, puesto que además de las alusiones puramente futbolísticas (un partido, un equipo, un gol…) en ellos encontramos también otro tipo referencias: a lugares, a sucesos históricos, a obras literarias, a personajes, a canciones… y a películas de cine.

Y entre las citas cinematográficas, ¿sabéis cuál es la película con la que más veces me he topado en este tipo de libros? Premio: con “Blade Runner“.

 A continuación, las pruebas.

“El delantero centro fue asesinado al atardecer”, de Manuel Vázquez Montalbán 

En “El delantero centro fue asesinado al atardecer“, del gran Manuel Vázquez Montalbán, encontramos una referencia directa a la película pese a que no llega a ser citada, una descripción que si no eres muy friqui (a lo Puntí) de la película posiblemente no consigas identificar. Es la siguiente:

“Luego, en la calle, el aire fresco del atardecer olía a gasolina y cubos de basura, aire estancado que no conseguía impedir del todo el resol del poniente. Recordó de pronto una película de ciencia ficción que había visto hacía algún tiempo, entre tinieblas de una ciudad contaminada los héroes se persiguen y se matan, una batalla entre hombres y robots de apariencia humana que de pronto termina con un viaje de huida del chico y la chica, hacia el sol, hacia el capo, de pronto de nuevo la luz, como si la ciudad fuera el fondo de un pozo. Pero tenía salida.”

“Las cuatro torres”, de Leandro Pérez. Planeta, 2014

Una novela negra, futbolera y sentimental. Y además, muy bien escrita“. Esto es lo que afirma Arturo Pérez-Reverte sobre esta obra sobre la que publiqué este artículo. Entre sus páginas, hacia la mitad del texto, encontramos lo siguiente:

“En cuanto llegó al estudio, Torca cogió un bolígrafo para anotar todo lo que recordaba del disco duro. Un cuarto de hora más tarde miró el papel. Sólo había puesto la fecha. Madrid, 31 de octubre de 2011. Y no se había quedado en blanco, pero no sabía por dónde empezar. La memoria, caprichosa y volátil, le recordaba el monólogo del replicando de Blade Runner: “Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”.

 

 “Los once de la tribu”, de Juan Villoro

Juan Villoro es otro de los cracks de la literatura futbolística. Es el autor de dos obras imprescindibles para los amantes de este tipo de lecturas: “Dios es redondo“, y la más reciente “Balón dividido“. Así mismo, entre su producción encontramos otra obra cuyo título no deja dudas ante su tendencia futbolera: “Los once de la tribu“.

Publicado en 1995, se trata de una recopilación de artículos en la que tienen cabida tanto crónicas futbolísticas como de otros aspectos relativos a la cultura de masas, como el rock o el arte.

Sin ser una obra totalmente futbolera, tanto la portada como algunos de los artículos interiores sí lo son. Y aunque no sea precisamente en estos dónde aparece, también entre las páginas del libro encontramos dos referencias a “Blade Runner“.

La primera de ellas es en el artículo “Los quince minutos de Andy Warhol“:

“El siglo XX inventó a las celebridades, es decir, a las personas famosas por ser famosas. Andy Warhol captó a la perfección su carácter superficial y se convirtió en el pintor de Corte de quienes disponían de más de siete cifras en el banco. Como Goya al retratar a los Borbones de hiperquijada, no dejó de criticar a sus acaudalados modelos. Las caras en serie, pintadas con dos o tres ayudantes, transformaron a los célebres del planeta en fantasmas de sí mismos, figuras creadas por una inteligencia artificial, como los replicantes de Blade Runner”.

Y la segunda en la crónica “Las piedras tienen la edad del fuego

“Empieza a oscurecer y los fotógrafos buscan un último ángulo del escenario diseñado por Mark Fisher, una fantasía metálica, presidida por una cobra de treinta metros que si no estuviera tan pulida podría decorar algún rincón de Blade Runner”.

Dos referencias más en un libro titulado “Los once de la tribu” con la silueta de un futbolista conduciendo un balón. Sirven, ¿no?

 

La sintonía del programa “Fútbol de primera”

Y por si todavía quedan dudas sobre la vinculación entre “Blade Runner” y el fútbol recordaros que en la televisión argentina existía un programa, “Fútbol de primera“, cuya sintonía musical era, adivina adivinanza, una de las canciones más conocidas de la banda sonora de la película.

 

CONCLUSIONES

Como podéis ver, la relación entre “Blade Runner“, el fútbol y la literatura futbolera es estrecha. Que tres autores del nivel de los descritos acudan a la misma película para incorporarla a sus obras no puede ser casualidad. Por eso, y a modo de conclusión, solo me resta acabar este artículo con tres observaciones finales.

  1. Blade Runner” está parcialmente inspirada en la novela “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?“, escrita en 1968 por Philip K. Dick. La pregunta es: si el autor hubiera sido futbolero, habría cambiado el título a “¿Sueñan los futbolistas con balones eléctricos?“.

2. Además de la de Roy Batty en la escena final, la película está repleta de frases inolvidables. Una de ellas tiene lugar cuando Roy va a visitar a su creador para intentar que le ayude a alargar su longevidad. Un momento de gran intensidad en el que la respuesta del ‘dios de la biotecnología, el responsable de la Tyrell Corporation, es:

“La luz que brilla con el doble de intensidad dura la mitad de tiempo. Y tú has brillado con mucha intensidad, Roy.”

Una magnífica frase aplicable a muchos ámbitos y situaciones de la vida excepto a uno: la longevidad en el rendimiento de Leo Messi, para quien el paso de los años no parece ser inversamente proporcional al brillo de su juego.

3. Para terminar, si Roy Batty fuera un replicante construido con el objeto de jugar a un fútbol futurista (como podría ser el que se describe en “Fuera de juego”, de Enki Bilal), quizá la frase final de la película habría quedado de la siguiente manera:

 

“Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar defensas cerradas más allá del punto de penalti. He visto rabonas, bicicletas y elásticas brillar en la hierba cerca de la portería de los mejores guardametas. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia”.

 

Johan Cruyff: fuente de fútbol y literatura

Imagen de www.telegraph.com.uk

Ayer se hizo pública una triste noticia: Johan Cruyff padece cáncer de pulmón. Tras los resultados de las pruebas de las últimas semanas el diagnóstico ha sido confirmado a través de un comunicado emitido por Cruyff Management. Pese a lo negativo de la información, parece que Cruyff está animado y dispuesto a afrontar la enfermedad, una dura situación que no le es desconocida, pues en 1991 fue intervenido a corazón abierto después de sufrir una insuficiencia coronaria en fase aguda.

Después de aquella intervención -muchos lo recordarán- dejó de fumar y protagonizó una conocida campaña de televisión contra el tabaco cuyo lema era: “En mi vida he tenido dos grandes vicios: fumar y jugar al fútbol. El fútbol me lo ha dado todo en la vida, y en cambio, fumar casi me la quita“.

Imagen de www.marca.com

A quien fue mi ídolo de infancia, quien me impresionó con su forma de jugar las pocas veces que en aquellos tiempos pude verlo por la televisión, a quien me hizo llorar tras la derrota de Holanda frente a Alemania en el Mundial de 1974, a quien me hizo descubrir regates, cambios de ritmo y jugadas cuya existencia desconocía, a quien tanto me ha hecho disfrutar con su valentía a la hora de ver, entender e interpretar el fútbol, a quien tanto le deben todos los aficionados al buen juego, al espectáculo, es de justicia dedicar el espacio de hoy del Fútbol Club de Lectura. Y para hacerlo, nada mejor que recordar lo que ha significado para el mundo del fútbol de la mano de tres grandes escritores.

Porque Johan Cruyff, además, ha sido una gran fuente de fútbol y literatura. Así que aquí van estos tres fragmentos de Eduardo Galeano (que nos ayuda a entender quién fue), Manuel Vázquez Montalbán (que nos ilustra sobre lo que significó) y de Juan Villoro (que nos muestra cuál fue su legado).

Imagen de www.bidami.com

Deseando que también pueda ganar este partido, aquí tenéis los textos.

LO QUE FUE:

 

“Cruyff”

“A la selección holandesa la llamaban la Naranja Mecánica, pero nada tenía de mecánico aquella obra de la imaginación, que desconcertaba a todos con sus cambios incesantes. Como la Máquina de River, también calumniada por el nombre, aquel fuego naranja iba y venía, empujado por un viento sabio que lo traía y lo llevaba: todos atacaban y todos defendían, desplegándose y replegándose vertiginosamente en abanico, y el adversario perdía las huellas ante un equipo donde cada uno era once.

         Un periodista brasileño lo llamó la desorganización organizada. Holanda tenía música, y el que llevaba la melodía de tantos sonidos simultáneos, evitando el bochinche y el desafine, era Johan Cruyff. Director de orquesta y músico de fila, Cruyff trabajaba más que ninguno.

         Este flaquito eléctrico había entrado al club Ajax cuado era niño: mientras su madre atendía la cantina del club, él recogía las pelotas que se iban afuera, limpiaba los zapatos de los jugadores, colocaba los banderines en las puntas del campo y hacía todo lo que le pidieran y nada de lo que le ordenaran. Quería jugar y no lo dejaban, por su físico demasiado débil y su carácter demasiado fuerte. Cuando lo dejaron, se quedó. Y siendo un muchacho debutó en la selección holandesa, jugó estupendamente, marcó un gol y desmayó al árbitro de un puñetazo.

         Después siguió siendo calentón, trabajador y talentoso. A lo largo de dos décadas ganó veintidós campeonatos, en Holanda y en España. Se retiró a los treinta y siete años, cuando acababa de convertir su último gol, en andas de la multitud que lo acompañó desde el estadio hasta su casa”.

Eduardo Galeano en “El fútbol a sol y sombra”, Siglo XXI, 2010

Imagen de www.globovision.com

EN LO QUE SE CONVIRTIÓ:

 

“He aquí un curioso caso de hegemonía deportiva basada fundamentalmente en la inteligencia. Hay jugadores escasamente inteligentes en la vida real, pero de una gran inteligencia futbolística en el espacio-territorio de su praxis, el campo de fútbol. Los hay incluso que tienen una inteligencia especial en una zona concreta de ese campo, como ocurre con los delanteros centro especialistas, ya sean del modelo delantero torpedo a lo Müller o Vieri, o del modelo ágil y estratégico como Rossi. Pero pocas veces un jugador es totalmente inteligente y juega tan perfectamente a partir de la alianza entre cerebro y musculatura de la ligereza como Johan Cruyff. Bien es cierto que no estaba solo, que encabezaba una brillante promoción de jugadores holandeses que se quedaron siempre a las puertas de la victoria final, ya fuera en los campeonatos de Europa de los setenta o en el mundial de Argentina de 1978; Cruyff alcanzó el aura de los grandes en unos tiempos en que el negocio todavía no estaba preparado para trasmitir el imaginario de la globalidad y la FIFA tampoco estaba aún capacitada para entronizar dioses mundiales que prestigiaran un negocio en crecimiento. Hubo que esperara a que naciera Maradona, nacimiento mítico como en las leyendas primeras, el de un niño nacido lumpen que alcanzará la condición todavía no de Dios, pero sí de la mano de Dios.

Manuel Vázquez Montalbán en “Fútbol. Una religión en busca de un dios”,

Editorial Debate, 2005 

Imagen de www.deportes.elpais.com

LO QUE NOS DEJÓ:

 

“Como tantos innovadores, Cruyff no siempre es capaz de argumentar sus intuiciones. Ama el fútbol ofensivo y en permanente rotación; sin embargo, el modo de lograr este incesante oleaje no es para él cuestión de método. En la orilla del campo, chupa una paleta y mira el juego como un cuadro de expresionismo abstracto. De pronto, se le ocurre un color y llama al suplente más inesperado. A punta de goles demostró que su audacia es productiva. Bajo su tutela, el Barcelona conquistó cuatro ligas consecutivas y subió los 32 escalones que separaban el césped de Wembley de la Copa Europea de Clubes.

         Cruyff encontró en Guardiola a un cómplice inmejorable. La obsesión de ataque del holandés es tan marcada que comienza en el área de su equipo. El primero que toca el balón debe diseñar un lance al frente. Guardiola no tenía especial talento para las misiones canónicas del fútbol. Cruyff lo convirtió en el máximo estratega desde abajo. Al asignarle el número 4, que en la vieja nomenclatura definía a un central, no pensó en sus dones para el marcaje sino en su capacidad para entender que todo gol empieza de muy lejos. Compararlo con Beckenbauer resulta un tanto exagerado (el señorío del Kaiser era tal que no daba pases: absolvía la pelota); de cualquier forma, Guardiola posee la misma visión panorámica del juego. Su inteligencia aclara y reparte. Con justeza, Jorge Valdano dijo que se trataba del mejor entrenador con el balón en los pies. La precisa arquitectura del Dream Team requería de un dibujante al fondo del terreno. Partido tras partido, el 4 soñado por Cruyff transformó el fútbol en una asombrosa aventura del orden.”

Juan Villoro, en “Dios es redondo”, Ed. Anagrama, 2006

Imagen de www.palabradefutbolista.blogspot.com

Y para acabar, una selección de jugadas de Cruyff en este vídeo.

Sesión de fútbol y literatura: fase de calentamiento

 

El lunes día 22, a las 20 horas, una de las sesiones de la maratón de cuentos que la Biblioteca Pública Terra Baixa del Vendrell ha programado para conmemorar su décimo aniversario estará dedicada al fútbol.

Hablaremos de literatura futbolera, y escucharemos la grabación realizada por el periodista argentino Alejandro Apo del cuento “19 de diciembre de 1971“, escrito por Roberto Fontanarrosa, y que formaba parte de su espectáculo “Y el fútbol contó un cuento“.

Y aunque aún faltan cuatro días para saltar al terreno de juego, no está de más empezar a calentar. Y como primer ejercicio de esta fase de calentamiento, una frase de Juan Villoro que podemos encontrar en su obra “Los once de la tribu:


“El balón de cuero ha botado en infinitas páginas, a veces para causar la angustia del guardameta ante el penalti, otras para que el centro delantero muera al atardecer. Aunque no todos lo confiesen, numerosos escritores leen el periódico a la manera de Samuel Beckett: un veloz repaso a los desastres de la tierra y un minucioso estudio de la tabla de goleo.”

Imagen de www.clarin.com

“Buba”, de Roberto Bolaño, frente al “espíritu de Juanito”

 

 

Imagen de http://www.ciemarcheauvol.com/MarcheauVol/Buba.html

 

Ya tenemos a los finalistas de la Champions League 2015. Serán el Barça y la Juve. Los italianos consiguieron empatar a uno con el Real Madrid en el Santiago Bernabéu, impidiendo a los blancos remontar el resultado adverso (2 a 1) del partido de ida en Turín.

Es habitual en el mundo madridista invocar el “espíritu de Juanito” ante situaciones como la de ayer, en las que era necesario remontar un resultado adverso. Esa apelación al mundo sobrenatural me llevó ayer, mientras seguía el encuentro, a reflexionar sobre la posible incidencia que fuerzas del más allá puedan tener sobre el resultado de un partido de fútbol.

¿Y a qué conclusión llegué? Pues que desconozco si los espíritus marcan goles en el mundo real. Pero en el mundo literario, conozco al menos un caso: el de “Buba”, protagonista de un cuento futbolero de Roberto Bolaño del mismo título incluido en su libro de relatos cortos “Putas asesinas“, y en el que la magia y los rituales esotéricos tienen un importante papel.

Navegando por Internet en busca de información sobre el cuento (que podéis leer en este enlace) llegué hasta la página “Manzana Pecosa”, dónde descubrí que el autor de “2666” y de “Los detectives salvajes” conversaba a menudo de fútbol con Santiago Gamboa. Como ejemplo de la afición futbolera de Gamboa de este último podéis leer el artículo “Fútbol y literatura“, escrito hace poco más de año, y en el que relaciona a cuatro entrenadores con cuatro escritores.

De hecho, aunque Bolaño no era un gran futbolero, protagonizó de niño un episodio en el que llegó a conocer a… ¡Pelé, Garrincha y Vavá! El mismo Bolaño lo explicaba así al periodista Marcelo Soto de Revista Qué Pasa:

“En 1962 vivía en Quilpué, a cincuenta metros de donde estaba alojada la selección brasileña de fútbol. Conocí a Pelé, a Garrincha, a Vavá (delantero brasileño). Recuerdo por ejemplo que Vavá me tiró un penal y se lo atajé. Y para mí es la mayor hazaña que he hecho: ¡le atajé un penal a Vavá!”

 

(En este enlace encontraréis más información sobre esta anécdota).

Por lo que sé, Bolaño no tuvo mayor relación literaria con el fútbol aparte de “Buba“. Una actitud expresada perfectamente en la siguiente frase:

“A mí siempre me pareció más interesante marcar un autogol que un gol. Un gol, salvo si uno se llama Pelé o Didí o Garrincha, es algo eminentemente vulgar y muy descortés con el arquero contrario, a quien no conoces y que no te ha hecho nada, mientras que un autogol es un gesto de independencia. Aclaras, ante tus compañeros y ante el público, que tu juego es otro”.

Volviendo al cuento nos encontramos ante la historia de Buba, un misterioso jugador africano que llega para jugar en Barcelona, practica extraños rituales y acaba triunfando tanto en la liga española como en Europa. En el relato se habla de prácticas esotéricas, y también aparecen equipos como el Manchester, el Bayern y el Milan, así como el club que finalmente fichó a Buba: la Juventus.

Al día siguiente empezamos la Liga ganando seis a cero. Buba marcó tres goles, Herrera uno, yo dos. Fue una temporada gloriosa, a mí me parece mentira que la gente se acuerde, porque ya ha pasado mucho tiempo, pero si lo pienso bien, si hago funcionar la memoria, me resulta lógico (perdonen la vanidad) que todavía no haya caído en el olvido la segunda y última temporada que jugué con Buba en Europa. Ustedes vieron los partidos por televisión. Si hubieran vivido en Barcelona se vuelven locos. Ganamos la Liga con más de quince puntos de ventaja y fuimos campeones de Europa sin haber perdido ni un solo partido, sólo el Milán nos empató en San Siro y el Bayern sacó el otro empate en su casa. El resto, puras victorias.

Buba se convirtió en la estrella del momento, goleador en la Liga española y en la Liga de Campeones, su cotización subió por encima de las nubes. A mitad de temporada su agente intentó renegociar la ficha a más del triple de su monto anual y el club se vio obligado a venderlo a la Juve a principios de la pretemporada siguiente. Herrera también se convirtió en un jugador ambicionado por muchos clubes, pero como era canterano, es decir casi se había criado en las categorías inferiores de nuestro club, no quiso irse, aunque a mí me consta que tuvo ofertas del Manchester, en donde hubiera ganado más. A mí también me llovieron las ofertas, pero después de dejar marchar a Buba el club no podía darse el lujo de desprenderse de mí y me arreglaron la ficha y me quedé.

El cuento está dedicado a Juan Villoro, un insigne miembro del universo de la literatura y el fútbol, autor de una obra de referencia como es “Dios es redondo“. De manera que nos encontramos ante un gran tridente de esritores: Bolaño, Gamboa, Villoro. Pedazo de literantera o de delanteraria.

Así que, visto lo que ayer sucedió sobre el terreno de juego, habrá que pensar que quizá los “espíritus de Buba” fueron superiores al “espíritu de Juanito”.

Aquella temporada volvimos a ser campeones de la Liga española, pero en la Liga de Campeones nos enfrentamos en semifinales con el equipo de Buba y fuimos eliminados. En Italia nos metieron tres a cero y uno de los goles lo marcó Buba, uno de los goles más bonitos que he visto en mi vida, un gol de falta, o de tiro libre para ustedes, muchachos, desde una distancia de más de veinte metros, lo que los brasileños llaman una hoja muerta, una hoja de otoño, una pelota que parece que va a salir y que de repente cae como una hoja muerta, algo que dicen que sabía hacer Didí, algo que yo nunca le había visto hacer a Buba,

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