FutBlog capítulo 6: La Frontera, “Judas el miserable” y un futbolista especial

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La Fiesta Mayor de Cornellà se celebra coincidiendo con el Corpus Christi, la cual cosa significa que tan solo faltan un par de semanas para su llegada. Se trata de una de esas festividades móviles, que cada año caen en un día diferente, debido a su dependencia del ciclo lunar. En concreto, se celebra el jueves que sigue al noveno domingo después de la primera luna llena de primavera del hemisferio norte. Es decir: el 15 de junio.

Como últimamente la nostalgia me invade por cualquier cosa, la cercanía de la Fiesta Mayor ha hecho que esa sensación de fugacidad de un tiempo que se escurre como el agua entre las manos se multiplique. Supongo que también influye la distancia, y el vivir lejos de tu lugar de origen hace que el anhelo de disfrutar de la fiesta más importante del año cobre una importancia especial.

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Por si fuera poco, en cuanto consulté hace unas semanas el programa de actividades correspondiente a la edición de este año no pude evitar dar un respingo, puesto que uno de los grupos musicales que actuarán es… ¡La Frontera! Se trata de una de aquellas formaciones de los años de juventud de quien tuve la suerte de ver en directo -apabullante- en más de una ocasión. La verdad es que no tenía ni idea de que continuaban en activo, y descubrir que el viernes dia… darían un concierto en Cornellà fue una auténtica sorpresa. A poco que pueda no me lo pienso perder.

Desde que tuve conocimiento de la noticia sobre La Frontera sucedió lo inevitable: sus canciones colonizaron mi cabeza. “El límite“, “Rosa de los vientos”, “Cielo del sur” o “Juan Antonio Cortés“, volvieron a emerger con su estilo rockero vaquero y a hacerme rememorar grandes momentos de disfrute musical.

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El sábado por la tarde volví a Cornellà. En cuanto puse el pie en el territorio melancolía se activó, casi de manera automática, el botón del juke box mental que puso a sonar La Frontera. Lo más curioso es que la canción que colonizó mis tarareos mentales fue una de las que menos me gustaban: “Judas el miserable“.

Un tema divertido, fiestero, pegadizo, de consumo fácil, pero que no era especial santo de mi devoción ante otras composiciones, desde mi punto de vista, mucho más sólidas y redondas. En cualquier caso, incluso mientras veía la final de copa del rey entre el Barça y el Alavés, de vez en cuando se dejaba escuchar de fondo “No puede ser / Quién está ahí / Creo que es él / Es Judas el miserable!!!“.

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Imagen de www.lavanguardia.es

El domingo por la mañana, como es habitual, me levanté temprano. Tenía un par de horas libres que aproveché para dedicar a una de mis aficiones favoritas: visitar el Mercat de Sant Antoni y deambular entre paradas de libros. El momento en el que todo está recién montado o aun en proceso de montaje es uno de mis favoritos. Se respira una atmósfera casi religiosa, en la que todo puede suceder, y en la que cualquier descubrimiento es posible.

Pese a que iba mirando aquí y allá, intentando agudizar mi capacidad de observación y detección de ejemplares buscados, la banda sonora regresó, y “Judas el miserable” volvió a sentarse en el sofá de mi cerebro para reproducirse una y otra vez en un bucle infinito. Y entonces, cuando parecía que nunca más sería capaz de liberarme de él, lo vi, reposando en una de las paradas de libros y documentos antiguos. Letras negras sobre portada roja. “Judas el futbolista“. “Judas el miserable” había invocado a otro Judas, en este caso futbolista, un libro escrito por Francesc Rosell y Rossend Pich, publicado en 1928 y cuya existencia desconocía.

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Desde entonces no paro de cantar:

No puede ser  / Quién está ahí / Creo que es él / Es Judas el futbolista!!!

P.D. Remato la jugada con otra jugarreta del destino. Es esta.

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Y ahora, como no podía ser de otra manera, disfrutemos con la canción que protagoniza este post:

Futblog Capítulo 5: Autores, dedicatorias y sucesos paranormales en Sant Jordi y el Día del Libro

 

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La persona que aparece en la fotografía que encabeza este artículo se llama Kevin Prados. Os aconsejo que recordéis su nombre, pues estoy convencido de que dentro de un tiempo oiréis hablar de él y su obra literaria. La imagen está tomada mientras leía un texto, el Pregón de la Lectura, un encargo realizado desde la Biblioteca Pública Terra Baixa del Vendrell como parte de los actos de celebración del 23 de abril, Diada de Sant Jordi en Catalunya, festividad en la que libros y rosas toman las calles, y Día del Libro.

Lo que explico sucedía el sábado día 22 de abril por la mañana. Kevin escribió y leyó un brillante pregón, un apasionado alegato sobre la importancia de la lectura en nuestras vidas. Entre otras cosas, venía a defender que sin lectura no hay vida, y que la lectura es el mejor refugio para la intemperie moral que nos azota.

Llegados a este punto, la pregunta que alguno se estará haciendo es: ¿y habló también de fútbol y literatura en el pregón? Respuesta: no, en absoluto. Entonces, ¿qué tiene que ver el pregón del tal Kevin con esta esotérica sección del blog en la que me dedico a explicar sucesos paranormales provocados por el fútbol y la literatura? Pues bastante. Así que abrir las orejas, que allá voy.

Como cada año, cuando el Día del Libro se acerca, comienzo a pensar en el contenido del artículo que con motivo de esa celebración publicaré en el blog. En un espacio dedicado a la literatura (aunque sea futbolera) el día 23 de abril es uno de los marcados en rojo en mi particular calendario. Bueno, más que en rojo, en verde césped. O en negro sobre blanco.

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El artículo que escribí hace dos años recogía una selección de once libros futboleros destinados al público infantil y otros once para el público adulto. El año pasado, lo que publiqué fue una relación de autores con obra literaria de temática futbolera. Y con esos antecedentes, hace unos días comencé a pensar en el contenido del post para este año.

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Tras darle bastantes vueltas al asunto, finalmente me decidí a dedicarlo a uno de los momentos que considero más especiales en la relación entre autor y lector: el de su encuentro, cuando se produce, que queda definitivamente vinculado mediante una dedicatoria. Hice entonces un repaso por mi modesta biblioteca y comencé a recopilar las dedicatorias que conservo en algunos de mis libros.

Si hablamos de dedicatorias, el Día de Sant Jordi, el Día del Libro, es un momento idóneo para salir al encuentro de autores, intercambiar algunas palabras con ellos e inmortalizar ese momento con alguna dedicatoria. Con esa idea, el sábado por la mañana, en cuanto Kevin acabó la lectura de su pregón le comenté que tenía la intención de ir al día siguiente a Barcelona. También él tenía planeado desplazarse hasta allí, para que algunos autores a los que admiran le firmaran, por lo que quedamos en llamarnos y encontrarnos.

El sábado por la tarde escribí el artículo en el que recopilaba mi colección de dedicatorias de autores futboleros, dejando el post programado para ser publicado al día siguiente, domingo 23 de abril. Nada más hacerlo me puse a preparar la lista de autores que sabía estarían en Barcelona y a los que pensaba llevar mis ejemplares para que los firmaran. Entre otros, estaban los que tenían obra directamente futbolera, como Josep Bobé (“Quan no érem ni onze”), Leandro Pérez (“Las cuatro torres”) o David Trueba (“Saber perder”).

Además de estos, también estarían otros escritores a los que admiro y que a pesar de no tener escritos futbolísticos podía relacionar, ni que fuera tangencialmente, con el fútbol. Me refiero a Eduardo Mendoza, a quien llevaría mi ejemplar de “El misterio de la cripta embrujada”, que comienza con un estrambótico partido de fútbol que se está jugando en un manicomio.

No faltaría Rodrigo Fresán, a quien pediría que firmara mi ejemplar de “Historia argentina”. En este caso, se da la circunstancia de que se trata de un conjunto de relatos en cuya primera edición (la que yo tengo) no aparece ninguno de temática futbolera. Durante un tiempo se reprochó a su autor que tratandose de un volumen centrado en la idiosincrasia argentina no apareciera ninguna referencia al fútbol. Y, finalmente, se decidió a escribir el texto “La pasión de multitudes”, que aparece en ediciones posteriores del libro.

Y, por supuesto, también estaría entre mis objetivos el conseguir una firma de Enrique Vila-Matas, autor declaradamente futbolero, de quien de tanto en tanto aparecen artículos en prensa de esta temática. A este le llevaría mi ejemplar de su “Desde la ciudad nerviosa”, en el que aparece el texto “El arte de conocer futbolistas”.

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Con estos antecedentes, la galaxia “dedicatorias” ejerció sobre mi una poderosa influencia, que se vio reforzada en cuanto vi un artículo publicado en la edición de El Periódico de Catalunya del sábado. Con motivo del partido que al día siguiente se disputaría entre el Real Madrid y el FC Barcelona en el Estadio Santiago Bernabéu, se solicitaba a once escritores su opinión al respecto. Uno de ellos, evidentemente, era Enrique Vila-Matas, lo que interpreté como una señal en positivo de que, efectivamente, me encontraba en la buena onda para conseguir su firma.

Antes he hablado de la colección de dedicatorias que fui recopilando y reuniendo para el artículo que escribí y dejé programado el sábado por la tarde. En esta particular colección hay una en concreto que tiene una historia especial. Llegó hasta mis manos hará un par de meses, en una escapada que hice a la librería Re-Read de la calle Rosselló de Barcelona. Tenía la mañana libre, y decidí dedicarla a buscar obras futboleras difíciles de conseguir por otras vías. En estos casos, lugares como el Mercat de Sant Antoni o librerías de segunda mano acostumbran a ser espacios de grandes encuentros y descubrimientos.

Mi lectura de aquel día, mientras viajaba en el tren de camino hacia Barcelona, era “El delantero centro fue asesinado al atardecer”, de Manuel Vázquez Montalbán. Seguramente por ello, uno de los libros que tenía en mi cabeza era “El intruso”, una novela de temática futbolera escrita por Daniel Vázquez Sallés, hijo de Vázquez Montalbán. Pues bien. Por sorprendente que parezca, en cuanto puse los pies en la librería que antes comentaba, ¿sabéis qué fue lo primero que vi? ¡Bingo! La llamativa portada de “El intruso” parecía decirme “te estaba esperando”.

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Aunque estoy más que acostumbrado a este tipo de travesuras del azar, no dejo de sorprenderme cada vez que tropiezo con alguna de ellas. Y aquella mañana, en cuanto vi aquel ejemplar, no pude evitar que el corazón me diera un vuelco. Así que lo cogí, lo compré, y salí de la librería más que satisfecho por la captura realizada. Pero aquí no se acaba la cosa, ya que cuando abrí aquel ejemplar para echarle un vistazo descubrí que tenía una dedicatoria.

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Volviendo al sábado 22 de abril por la tarde, mientras recopilaba las firmas para mi artículo, apareció también en pantalla esa dedicatoria de Vázquez Sallés. Pensé en lo curioso que sería poder llevar el libro al autor para que me lo dedicara. Un mismo libro dedicado a dos personas diferentes con algunos años de diferencia. De momento, eso no ha sucedido, así que como esa firma no era para mi, decidí que no debía incluirla junto a las que aparecerían en mi artículo.

Al día siguiente, domingo 23 de abril, publiqué el artículo. Después acompañé a mi hijo al partido de fútbol que tenía. El plan del día era salir por la tarde hacia Barcelona, cargado con mi lista de libros para buscar la firma de sus autores, pero al mediodía vi que no me sería posible hacerlo, por lo que avisé a Kevin de que no podría acompañarlo en su peregrinación. Le deseé que disfrutara de la jornada y que consiguiera las firmas que buscaba.

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De camino para casa me detuve a poner gasolina. Como me gustan los suplementos que con motivo del Día del Libro se acostumbran a publicar, aproveché para echar un vistazo a los diarios del día. Cuando abrí el suplemento de El Periódico de Catalunya ¿sabéis qué encontré? Un artículo titulado “El gen literario”, en el que se hablaba con tres autores sobre lo que significaba ser hijos de reconocidos escritores. Uno de los entrevistados era Daniel Vázquez Sallés, de quien justo la tarde anterior había tenido en la pantalla de mi ordenador una dedicatoria escrita en un libro casualmente encontrado en una librería de segunda mano. Una dedicatoria que había decidido no incluir en mi artículo al no considerarla mía.

Una vez más volví a ser víctima de las extrañas coincidencias del fútbol y la literatura. Y una vez más volví a fantasear con la idea de que quizá había sido yo quien había provocado la materialización de Vázquez Sallés desde el momento en el que comencé a pensar en las dedicatorias. Claro que, al poco rato, alejé esa idea de mi cabeza al considerarla tan solo una simple casualidad. Una más. Al fin y al cabo, también había pensado en Vila-Matas, y aunque es cierto que se había asomado a mis paranoias con el artículo sobre el clásico Madrid – Barça publicado el sábado, no había vuelto a dar señales en mi extraño mundo de sucesos paranormales.

¿En serio? ¿Estáis seguros de que en ese fin de semana de azarosos episodios en torno al mundo de las dedicatorias Vila-Matas se iba a volver invisible?

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El domingo por la tarde, mientras estaba en casa lamentándome de haber perdido la oportunidad de pasear entre autores por las calles de Barcelona para conseguir sus firmas, comencé a recibir mensajes de whatsapp. Los enviaba Kevin, quien me iba informando de sus peripecias: “Esperando la firma de Fresán”, “Colas kilométricas para Mendoza”, y otros textos similares.

Y en uno de esos mensajes lo que me enviaba era una fotografía en la que aparecía una dedicatoria con mi nombre realizada por… Enrique Vila-Matas.

 

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Kevin había tenido el grandísimo detalle de pensar en mi y obsequiarme con esta joya, un gesto que siempre le agradeceré. Y aunque “Mac y su contratiempo“, última novela de Vila-Matas, no sea de temática futbolera, conseguir su firma en un día tan señalado no deja de ser una sorprendente forma de cerrar un círculo.

¿No os parece?

100 años de TBO y fútbol, 100 años de fuTBOl

El TBO, una de las publicaciones de mayor impacto emocional para varias generaciones, cumple 100 años. Hace un par de semanas, Javier Pérez Andújar escribía un artículo especial con motivo de esta conmemoración en El Periódico de Catalunya. El texto comenzaba así:

“El próximo 17 de marzo, pero otros estudiosos aseguran que fue el día 11, hará 100 años que el primer número del semanario TBO salió de un pequeño taller litográfico de la calle de Enric Granados. Su legado cultural abarca todo el siglo XX y llega hasta el nuestro. En primer lugar, ha contribuido a un oficio, el de dibujante, que en más de una ocasión ha puesto a Barcelona en la cresta de la ola. Y por supuesto ha formado y entretenido a generaciones de lectores. Además ha nutrido el imaginario colectivo con personajes, como la familia Ulises, y con secciones, como Los grandes inventos del TBO o De todo un poco, que acabaron siendo parte de la vida y del lenguaje cotidianos, y trascendieron mucho más allá de nuestra ciudad, donde había empezado todo esto.”

 

A lo largo de todos estos años el TBO ha sido un completo retrato sociológico de la sociedad y las diferentes épocas por las que atravesaba. Y entre los temas tratados, como no podía ser de otra manera, también ha habido una importante presencia del fútbol.

Por esa razón, hoy, 17 de marzo, es un día idóneo para recordar algunas de las portadas que la publicación dedicó a este deporte, y con las que tan agradables ratos pasamos muchos de nosotros.







FutBlog: ¿Estoy viviendo una versión futbolero-literaria de “El show de Truman”?

 




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A veces me siento como el personaje que interpretaba Jim Carrey en “El show de Truman”. ¿Lo recordáis? Un tipo normal, con una vida aparentemente normal, pero que en realidad no es más que un títere inconsciente que deambulaba por un mundo totalmente planificado por otros. Protagonista de un programa de televisión con millones de espectadores que eran testigos de su día a día sin que él sospechara nada. Una vida teledirigida en la que todo cuanto sucedía estaba perfectamente programado.

¿Y por qué digo esto? Pues porque tal y como me he propuesto ir explicando en esta azarosa sección, a menudo me suceden cosas extrañas, como si algún oculto guionista estuviera empeñado en que mi cotidianidad literario-futbolera estuviera gobernada por las más inverosímiles y retorcidas coincidencias. Os explico la última.

(Por cierto: una más que se interpone en la que desde hace ya más de dos semanas tengo pendiente de explicar, la de las famosas “hormigas”, en relación a la cual el viernes vino a sumarse otro episodio que la refuerza aún más. Pero ya llegará el momento de explicarlo, si es que el destino me deja).

A lo que iba.

El domingo 29 de enero, tal y como expliqué en este artículo, fui hasta Mollerussa acompañando al equipo de mi hijo (el Alevín A del Calafell), con el objetivo de participar en un torneo de fútbol base en aquella localidad. Situada en el centro de Catalunya, y perteneciente a la provincia de Lleida, creo que disputé algún encuentro allí durante mi etapa de jugador juvenil. Es decir, hace más de 30 años. Desde entonces, no recuerdo haber pisado Mollerussa.

Cuatro días después, es decir, el jueves 2 de febrero, recibí con alborozo la llegada de un invasor a mi buzón. Se trata del libro “Estimat Leo, volia escriure’t una carta, però…”, de Miquel y Daniel Arguimbau y publicado por la editorial Barcanova. Esa misma noche comencé a leer sus primeras páginas, protagonizadas por un chico de 16 años cuyo nombre es Adrià y que juega de portero.

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El sábado 4 de febrero, a las 10 de la mañana, mi hijo tenía partido de liga en campo propio, así que a las 9 llegábamos los dos al campo. Él se dirigió hacia los vestuarios, y yo, para hacer tiempo, me volví al coche para continuar avanzando en la lectura de “Estimat Leo”. Al llegar a la página 22 descubro que el protagonista de la historia juega en el Igualada, un equipo de la provincia de Barcelona al que también me enfrenté en los tiempos de la prehistoria.

Mientras navegaba entre futboleros recuerdos del pasado percibí que ya faltaban pocos minutos para que comenzara el partido de mi hijo, así que decidí aparcar la lectura, salir del coche y observar el calentamiento que realizaban sobre el terreno de juego.

A las 11.15, aproximadamente, finalizó el partido, con victoria cómoda por parte de los nuestros. Cuando se dirigía hacia los vestuarios, mi hijo me vio en la grada, se acercó para saludarme y, a continuación, añadió:

– Después juega el infantil. ¿Nos podemos quedar a ver el partido?

El partido al que se refería era el que disputaría una hora después el Infantil A del Calafell, equipo que milita en una categoría (la Preferente) que acostumbra a ofrecer atractivos momentos de fútbol. Como no teníamos prisa, le dije que vale, que podíamos quedarnos a verlo, pese a que todavía faltaba casi una hora y media para que empezara.

Decidí hacer tiempo regresando al coche para retomar la lectura. Cuando me dirigía hacia el parking pasé por delante del tablón de anuncios en el que aparece la relación de los partidos que se juegan en ese día en el campo y busqué el rival del infantil.

Era el Igualada.

Sobresalto. Treinta años sin noticias de este equipo y ahora reaparecía ante mi por dos sitios. Y claro, pregunta inevitable que emergió a continuación. ¿Se llamará Adrià el portero del Igualada?

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Entré en el coche dándole vueltas a la coincidencia de que fuera precisamente ese equipo y no otro el rival de ese día. Pensé, además, que si aquel día estábamos allí era por una casualidad, ya que lo habitual es que el equipo de mi hijo juegue como local los domingos, y no los sábados.

Tomé nota mental del episodio para regresar a él y escribirlo en cuanto llegar a casa, y continué avanzando en la lectura. Cuando llegué a la página 57 os juro que me sentí igual que Truman cuando descubre que todo lo que le rodea no es más que una ficción diseñada por otros. Miré nervioso hacia un lado y a otro del interior del coche, convencido de que en algún lugar alguien había ocultado una cámara a través de la cual estaban observando mi reacción. Y es que esto es lo que leí en la página en cuestión:

“El patit va bé, distret, amb alternatives. A la primera part, faig bones parades i, tot i que el Mollerussa marca primer…”

¡¡¡¿¿¿El Mollerussa???!!!

¡¡¡El partido que aparece en el libro que estoy leyendo es un Igualada-Mollerussa!!!

¿No os parece cosa de brujas?

P.D. Por cierto. “Estimat Leo…” es un libro magnífico, una recomendable lectura para jóvenes de la que en unos días publicaré la reseña.

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FutBlog: Las inesperadas conexiones de un 29 de enero

 

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Cuando me decidí a estrenar esta sección del blog dedicada a casualidades y coincidencias con las que a menudo me voy tropezando, lo hice especialmente impulsado por un episodio relacionado con un libro escrito por Blanca Álvarez, destinado a jóvenes lectores y cuyo título es “Hormigas en  botas de fútbol”.

Sin embargo, justo cuando comencé a redactar el artículo en el que habría de explicar lo que me acababa de ocurrir, se interpuso una aparición del escritor Jordi de Manuel, su relato “El venedor de pipes”, los jugadores Cayetano Re y Martí Filosía y un texto del periodista Alfredo Relaño, un cóctel cuya combinación dio como resultado el texto con el que, finalmente, estrené la sección. Al tratarse de algo que acababa de ocurrir, no quise dejar pasar la oportunidad de explicarlo justo al día siguiente, y eso es lo que hice.

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Una vez publicada la que me pareció una curiosa carambola futbolístico-literaria volví a centrar mis pensamientos en las “hormigas” de Blanca Álvarez, siendo mi intención la de dedicar algún momento del fin de semana a redactar el texto correspondiente. El domingo, sin embargo, un caprichoso destino volvió a cruzarse en mi camino obligándome nuevamente a cambiar lo planificado.

Quienes están más o menos al corriente del tipo de publicaciones que alimentan este blog sabrán que una de sus fuentes es la aparición de fechas en textos literarios dedicados al fútbol. Las voy agrupando bajo la etiqueta “Calendario del fútbol y la literatura”, siendo lo más habitual que hagan referencia a partidos o acontecimientos históricos, goles o jugadas especiales, o cualquier otro episodio relacionado con el fútbol la fecha del cual aparezca reflejada en algún texto de este tipo.

¿Ejemplos? El 2 de enero en “Saber perder” de David Trueba, el 12 de diciembre en “Fuera de juego” de Patrick Cauvin, el 13 de septiembre de Jordi Puntí, el 11 de julio de “La inmensa minoría” de Miguel Ángel Ortiz o el 5 de julio, día del Italia-Brasil del Mundial 82 tan presente en “Los fantasmas de Sarriá visten de chándal” de Wilmar Cabrera.

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Pocas veces esa colección de fechas con las que voy completando mi particular calendario, corresponden a necrológicas. Sin embargo, repasando el blog descubro que los últimos artículos de esta tipología que he publicado corresponden, precisamente, al aniversario de pérdidas: la de Matthias Sindelar un 23 de enero, la de Giusy Conti en Heysel un 26 de enero, y una de las últimas publicadas, dedicada a Osvaldo Soriano, fallecido un 29 de enero de hace 20 años.

Escribí esta entrada en recuerdo del escritor argentino el sábado por la noche, y la dejé programada para que apareciera publicada el domingo por la mañana. Ese día debía salir temprano hacia Mollerussa, una población situada en la zona central de Catalunya, a una hora y media en coche del lugar en el que vivo, aproximadamente. El motivo de ese desplazamiento era que mi hijo de doce años participaba en un torneo de fútbol alevín, la Danone Nations Cup. La hora del primer partido –las 10.20 de la mañana- nos obligaba a salir temprano de casa, por lo que no dispondría de demasiado tiempo para escribir el artículo esa misma mañana.

El mismo sábado por la noche recordé que Llorenç Bonet, autor del libro “Camp de terra”, y responsable de La Toca Football Sports, una empresa dedicada a la gestión de actividades deportivas, vivía relativamente cerca de Mollerussa. Supuse que sería bastante probable que se acercara a ver algunos partidos del torneo al que pensábamos ir, por lo que le envié un mensaje preguntándole. Su respuesta no tardó, y me confirmó que sí, que pasaría toda la mañana en el citado torneo, ya que actualmente es el coordinador de fútbol base del club anfitrión. Quedamos que en cuanto llegara al campo lo avisaría para vernos, y de esa manera nos podríamos conocer personalmente.

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Mi hijo y yo salimos el domingo de casa a las 7.45 de la mañana, y hacia las 9 ya estábamos en el campo de fútbol de Mollerussa. Aunque hacía algo de frío, la mañana era soleada, y cuando llegamos se estaban celebrando ya los primeros partidos del torneo. Pensé que quizá era un poco pronto para contactar con Llorenç, así que esperé hasta las 9.30 para enviarle un mensaje. Nuestro primer partido estaba programado para las 10.20, y estaríamos, como mínimo, hasta las 12.30 allí, por lo que tenía toda la mañana por delante.

Sin embargo, mientras observaba el partido de los equipos que ya estaban jugando, me pareció distinguir en la grada a alguien cuyo aspecto físico me pareció al que había visto en alguna foto de Llorenç. Hasta entonces, nuestra relación se había limitado al entorno de las redes sociales, por lo que no estaba del todo seguro de que aquel espectador fuera la persona a quien buscaba.

Ante la posibilidad de que sí se tratase de él me decidí a enviarle un mensaje informándole de que ya estaba en el campo. Nada más enviarlo observé si aquel espectador reaccionaba de alguna manera. Hasta que al cabo de unos minutos vi como tomaba su móvil, leía algo en él y se levantaba de su asiento en actitud de buscar a alguien. Estaba claro: aquel era Llorenç Bonet.



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Rápidamente nos vimos y nos saludamos, y de inmediato comenzamos a hablar de fútbol, de libros y de cultura. Fue una conversación muy agradable e interesante, en la que hubo también espacio para hablar de proyectos. Y aquí es donde vuelve a emerger el oculto poder de lo azaroso, puesto que me explicó algo que no solo motiva este texto, sino que demuestra, una vez más, que existen subterráneas corrientes que no dominamos que provocan que sucesos aparentemente inconexos muestren imprevistos contactos.

Llorenç me puso al corriente de un interesante proyecto en el que está trabajando, y cuyo origen se sitúa en un trágico accidente de tráfico. Sucedió en la mañana de un sábado de 1995, cuando el equipo infantil del Poal se dirigía a jugar un partido. El vehículo en el que iban, mientras esperaba en un semáforo en rojo, fue embestido por un tráiler junto a tres coches más, dejando como resultado un muerto y trece heridos. El fallecido tan solo tenía 13 años. Se llamaba Moisés, y era hermano de Llorenç.

El documental que le gustaría tirar adelante tiene uno de sus motores en ese suceso. Me pareció una historia muy emotiva y poderosa, sobre todo porque la lectura que se le quiere dar se aleja del planteamiento más dramático. Lo que se quiere transmitir y potenciar es la realidad del fútbol más modesto, el que practican quienes solo buscan divertirse sea en la categoría que sea. Y todo ello sin olvidar la función integradora del fútbol y el conjunto de valores que le son implícitos, como la superación, el compañerismo o la solidaridad.

Nuestra conversación se prolongó durante un buen rato, una charla muy agradable y enriquecedora en la que pudimos compartir pasiones comunes. Entre ellas, uno de los temas que Llorenç ha trabajado y en relación con el cual ha impartido algunas conferencias: la importancia del territorio en el carácter de determinados futbolistas. Por ejemplo, las diferencias existentes entre el norte y el sur de Italia, el uno más marcado por la elegancia (con representantes como Paolo Maldini, Roberto Baggio o Andrea Pirlo) y el otro por un estilo futbolístico más picaresco (solo ahí, en el ejemplo de Nápoles, podía encajar alguien como Maradona).

Y hablando de fútbol italiano no tardó en saltar al terreno de juego de nuestra conversación el Italia-Brasil del Mundial 82, un partido del que ambos somos admiradores. Era inevitable que en este punto de la conversación hiciera referencia a Wilmar Cabrera, el auténtico gran apasionado de ese mítico encuentro, epicentro de su novela “Los fantasmas de Sarriá visten de chándal”.

En este punto se produjo una de las primeras coincidencias del día. Ante la perspectiva de encontrarme con Llorenç me llevé hasta el campo del Mollerussa el ejemplar de su libro “Camp de terra”, con la intención de que también apareciera en la fotografía que con toda seguridad nos acabaríamos haciendo. Tuve el libro en mis manos durante nuestra conversación, y en cuanto apareció la referencia al Italia-Brasil, lo cogió y comenzó a buscar algo entre sus páginas.

– Aquí está –dijo al cabo de poco-.

Lo que “allí estaba” era, justamente una referencia al citado partido que aparece en la página 24 de su libro. El texto (que traduzco) es el siguiente:

Mi primer orgasmo no me lo provocó una mujer, sino que es el fruto de un partido que me cambió la vida. Se disputa en el ya desaparecido campo del Espanyol de la Avenida de Sarrià, un Italia-Brasil. Tres a dos a favor de los italianos con aquella fabulosa tarde del ídolo Paolo Rossi, partido hipnotizante por la belleza estética de dos equipos que representaban estilos antagónicos brillantemente ejecutados. Todavía hoy visualizo en YouTube durante las tardes de investigación futbolística aquella obra maestra que era el Brasil técnico y elegante frente a una Italia táctica y disciplinada. Los colores de la camiseta canarinha y el sobrio diseño azul y blanco de la escuadra italiana se entremezclaban en la Barcelona mediterránea y soleada en un momento de belleza estética memorable.

Otra coincidencia más”, pensé. Y, tras ello, hice una fotografía del párrafo en cuestión y la publiqué en twitter citando a Wilmar Cabrera, a quien seguro que le haría ilusión descubrir la cita a su admirado partido. Wilmar defiende que ese partido “debería estar en un museo“, y Llorenç habla de él en términos de “obra maestra“.

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La conversación continuó durante algunos minutos, hasta que el reloj informó de que faltaba poco para que mi hijo comenzara su participación en el torneo. Nos despedimos y nos emplazamos para continuar en contacto y volvernos a encontrar en cuanto tuviéramos oportunidad. Después me fui hacia las gradas, y poco antes del mediodía volví a cruzarme con Llorenç, de quien volví a despedirme ya que él se marchaba.

Ya por la noche, de vuelta en casa, recibí un mensaje suyo en el que me decía que le había hecho ilusión que nos hubiéramos conocido. También me pidió una dirección de correo electrónico para enviarme el teaser del documental del que me había hablado y en el que estaba trabajando. Se lo facilité y al cabo de un rato recibí el enlace al vídeo y el dossier de presentación del proyecto. Eché un vistazo a ambos y me reafirmé en que se trata de una propuesta muy interesante que merece tirar adelante. Pensé entonces en aquella desgraciada tragedia, y busqué en Internet alguna referencia a la noticia.

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No tardé en encontrar lo que se publicó en relación con el accidente en la edición del Mundo Deportivo del día siguiente. Y fue nada más ver la página y leer la reseña que el destino me ofreció una muestra más de sus azarosos vaivenes. El día del accidente, el equipo infantil del Poal se dirigía a jugar un partido contra otro equipo de la provincia de Lleida, el Balàfia, el mismo equipo contra el que mi hijo había jugado el primer partido del torneo durante la mañana.

Además, el accidente se produjo el 28 de enero de hace 21 años, mientras que yo había publicado en el blog una referencia a otro 29 de enero, el día del fallecimiento de Osvaldo Soriano. Y, para rematarlo todo, en la página en la que aparecía la noticia se podía también leer la crónica de un partido jugado aquel mismo fin de semana. En letras bien grandes y visibles el partido al que se hacía referencia era un Vendrell-Rapitenca, dos poblaciones con las que tengo una estrecha relación. Especialmente con la primera, puesto que es el lugar en el que vivo actualmente.

Un conjunto de relaciones y conexiones en torno a una fecha, el 29 de enero, que no he sido capaz de ignorar y que por esa razón me he decidido a explicar.

Ahora toca volver a empezar y regresar a las “hormigas” de las que hablaba al principio. Aunque, quien sabe si no volverá a aparecer alguna otra extraña interferencia por el camino. Porque, como dice la narradora de “Hormigas en botas de fútbol” en uno de los momentos de la historia:

     No tenía claro como me sentía.

     Y mucho menos a dónde nos conducían los extraños laberintos, conexiones y «coincidencias» de aquella historia.

 

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FutBlog: Jordi de Manuel, Cayetano Re y Martí Filosía

 

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Hace tiempo que tengo ganas de ir recogiendo los sucesos paranormales que me afectan como consecuencia de mi relación con el fútbol y la literatura. Casualidades, carambolas futbolístico-literarias, episodios austerianos… en fin, toda una avalancha de fenómenos sorprendentes que libro sí, libro también, se manifiestan cuando menos me lo espero.

Finalmente, y tras un tiempo de ir guardando información, notas y apuntes, he decidido no esperar más y estrenar una nueva sección para ir dejando constancia de ellos. Como no se me ocurre un nombre mejor para este nuevo cajón de sastre, he decidido llamarlo “FutBlog”, y os aseguro que todo cuanto aquí se explique, por sorprendente e inverosímil que os pueda parecer, es totalmente real. Algunas historias no os las creeréis, pese a que son totalmente ciertas.

Y como habrá algunos sucesos que os parecerán pura ciencia-ficción, nada mejor que comenzar con lo último que me ha ocurrido, relacionado, precisamente, con Jordi de Manuel, un profesor de ciencias de la naturaleza, además de un reconocido y premiado escritor, que también es miembro de la Sociedad Catalana de Ciencia Ficción y Fantasía (SCCFF).

Aunque su principal actividad en el mundo de la escritura la encontramos en el ámbito de la novela negra y la ciencia ficción, lo que ha supuesto ser distinguido con varios premios, es también el autor de dos libros de relatos que tienen, como temática principal, el mundo del fútbol. Bueno, para ser preciso, debería decir el mundo del “fúmbol”, que así es como él mismo se refiere en ocasiones a todo cuanto tiene que ver con el balompié actual.

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Pantera negra” (Editorial Proa, 2004) y “Orsai” (Editorial Meteora, 2012) son los títulos de esos dos libros, dos joyas en las que el mundo del fútbol es abordado desde diferentes y originales perspectivas, haciendo que la lectura de esos relatos sean un puro goce. Además, se trata de dos volúmenes a los que tengo un especial aprecio, puesto que tuve la inmensa suerte de que me enviara un ejemplar de cada uno de ellos con una cariñosa dedicatoria, gesto que le continúo agradeciendo.

Afortunadamente, esos dos libros no han sido el único detalle que Jordi de Manuel ha tenido conmigo. El caso es que en el 2005 se puso en marcha una campaña, bajo el título de “Lletres al camp” (“Letras al campo”) que intentaba fomentar la lectura entre los socios y aficionados del Fútbol Club Barcelona. Desde la Institució de les Lletres Catalanes, en colaboración con el club azulgrana, se editó durante unos años un folleto en tamaño Din A3 en el que se recogían 11 relatos de cortos de autores catalanes. Los folletos se dejaban en los asientos del Camp Nou coincidiendo con el partido más cercano a la festividad de Sant Jordi, con la intención de incitar a la lectura a cuantos espectadores acudieran aquel día al campo.

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Ese material, con el formato en gran tamaño de la recopilación de diversos relatos, se estuvo editando hasta el año 2009. A partir de entonces, y por motivos que desconozco, la campaña se limitó a la elaboración de unos puntos de libro en los que aparecía una frase de algún escritor. Una incitación a la lectura que casi se convertía en una invitación a la lectura de aforismos.

Jordi de Manuel tuvo un gran detalle en relación con una de esas primeras ediciones de “Lletres al camp”, la correspondiente al 2006. Sucedió hace un par de años, cuando contactó conmigo para decirme que ordenando papeles en casa había encontrado un ejemplar de ese material, y que si me hacía ilusión conservarlo para el Fútbol Club de Lectura no tenía más que decírselo y me lo enviaría. Evidentemente, así lo hice, y no tardé en recibir el folleto, que conservo como oro en paño, con dedicatoria incluida.

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El caso es que esa edición de “Lletres al camp” originó una anécdota que el propio Jordi de Manuel me transmitió. El día en que el folleto de ese año fue editado se imprimieron al menos 30.000 ejemplares que fueron repartidos por los asientos del Camp Nou. La intención era poner en marcha una acción de fomento de la lectura entre los aficionados. Y una buena forma de llevarla a cabo era dejando esa recopilación de relatos futboleros a su alcance.

Seguramente, hubo un pequeño sector del público que tomó el folleto y leyó todos los relatos. Otro grupo más amplio es probable que se limitara a ojearlo y leer, como mucho, un relato suelto. Pero también, tal y como me explicó el propio Jordi de Manuel, hubo quien se tomó el nombre de la campaña al pie de la letra (“Lletres al camp”, “Letras al campo”) y se dedicó a hacer aviones con aquel folleto y a lanzarlos al campo. La imagen de relatos futbolísticos convertidos en aviones de papel que aterrizan sobre el césped del Camp Nou es digna de un relato.

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Toda esta previa informativa sobre mi virtual relación con Jordi de Manuel sirve como antecedente para el episodio vivido hace dos días: el domingo 22 de enero. Siendo aproximadamente las 22 horas, recibí una notificación de facebook que indicaba que el escritor me acababa de etiquetar en una publicación.

Hacía referencia a “El venedor de pipes” (“El vendedor de pipas”) uno de los relatos que aparecen en su libro “Orsai”, y daba a conocer la existencia de un audio gracias al cual se puede escuchar la narración. Realizada por Miquel Llobera, de extraordinaria voz, el escrito estaba acompañado por el enlace desde el cual se podía proceder a la audición.

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La referencia iba acompañada de una imagen en blanco y negro de un antiguo futbolista del Espanyol, Cayetano Re, protagonista de uno de los momentos del relato, y de quien el propio autor explicaba que siempre le había resultado curioso el apellido de nota de musical del futbolista.

Pocos minutos después de la publicación contesté su mensaje agradeciéndole que me diera a conocer el citado audio. Además, le comenté que también a mi me había llamado siempre la atención el nombre de Cayetano Re. Y añadí, no sé porqué, y tras una automática asociación, que también me resultaba curioso otro nombre de la época, el de Martí Filosía. Jordi de Manuel coincidió conmigo en el recuerdo del barcelonista, a quien era inevitable bautizar como Martí Filosofía.

Pues bien. Hace un par de semanas se inició una de esas promociones que continuamente lanzan los diarios, en este caso, para conseguir una cámara del estilo de las GoPro. Mi hijo, nada más ver el anuncio, comenzó a hacer campaña para conseguirla. Al no tratarse de una cosa desmesurada sucumbí a sus deseos y desde entonces compro disciplinadamente el diario “El País” y recorto el cupón que viene con el diario del día.

Y justo el día siguiente de la publicación de Jordi de Manuel, y de nuestra referencia a Cayetano Re y Martí Filosía, descubrí en la sección de Deportes un artículo de Alfredo Relaño en su sección “Memorias en blanco y negro”. ¿Sabéis a quien está dedicado el artículo? ¡A Martí Filosía!

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Un ejemplo más de que los caminos del fútbol y la literatura son inescrutables.

P.D. Cuando pensaba que podía dar carpetazo al episodio con Jordi de Manuel, descubro que no, que todavía existe algún tentáculo suelto que conecta (sorprendentemente) con otro episodio paranormal. En unos días lo explico.