Futblog Capítulo 12: Miguel Ángel Ortiz y Belén Gopegui en “Letras y Fútbol”

 

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Como buen amante del fútbol y la literatura, hace tiempo que intento hacer una escapada a Bilbao y poder asistir a las jornadas Letras y Fútbol que organiza la Fundación del Athletic de Bilbao. Por unas razones u otras, nunca hasta ahora me había sido posible disfrutar in situ de las interesantes tertulias que en cada edición se organizan. Este año, sin embargo, la cosa cambiará. Como si de un regalo de Reyes anticipado se tratase, voy a poder cumplir mi deseo y, si no pasa nada, seré uno más de los asistentes a estos imprescindibles encuentros para los lectores futboleros.

Para redondear la jugada, el destino ha querido obsequiarme con un episodio paranormal que seguir llenando de combustible esta sección del blog. Aunque ya lo he explicado en más de una ocasión, no está de más insistir en que todos los austerianos episodios que por aquí voy contando son rigurosamente ciertos. Lo que cuento, por extraño y estrambótico que parezca, es real. No hay ni una gota de invención. (Ojalá la hubiera. Eso significaría que tengo capacidad inventiva, algo de lo que carezco por completo). Las cosas que hasta ahora he ido describiendo –insisto, aunque dudéis de su veracidad- se ciñen con exactitud a lo que me ha sucedido, y si lo que reflejan es más o menos acertado se debe, única y exclusivamente, a mis limitaciones como narrador.

O sea, que inspirándome en la advertencia de algunos libros y películas, afirmo que, en mi caso, cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia, sino realidad pura y dura.

 

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Real como lo que estoy a punto de explicar.

Volviendo al principio del artículo, a finales de noviembre me voy a Bilbao. Las jornadas “Letras y Fútbol” se desarrollan en días diferentes repartidos en dos semanas. Mientras no me toque la lotería no me puedo permitir el disfrutar de una quincena de vacaciones en noviembre. Por eso, me tengo que conformar con hacer una corta escapada de tan solo un par de días. Condicionado por esta limitación, mi decisión final fue que visitaré la capital vizcaína el lunes 27 y el martes 28 de noviembre, lo que me permitirá asistir a las sesiones programadas para esos días.

La del lunes lleva por título “Futbola eta Euskal Kultura“, y contará con la participación de Jon Maia, Gari, Juan Luis Zabala, e Iratxe Fresneda. En cuanto a la del martes, tiene como tema central el de “Fútbol, literatura y sociedad“, y tendrá como tertulianos a Miguel Ángel Ortiz, Belén Gopegui y Leire Palacios.

Esta segunda sesión, que es a la que asistiré, me interesa especialmente. De entrada, ya presenta una curiosidad, como lo es el hecho de que hace tiempo que Miguel Ángel (uno de los cracks del Fútbol Club de Lectura, y autor de “Fuera de juego” y “La inmensa minoría“) y yo intentamos quedar, pero por unas cosas u otras nunca conseguimos encontrar el momento, pese a vivir ambos en el entorno de Barcelona. Sin embargo, cosas de la vida, finalmente vamos a conseguir coincidir: en Bilbao.

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Pero existe otro episodio aún más extraño y paranormal. Conocí la existencia de un autor llamado Miguel Ángel Ortiz tras la publicación de “Fuera de juego“, su primera novela. Me pareció un gran libro, y publiqué un artículo en el blog explicando mis impresiones. Después, en el 2015, se publicó su segunda obra, “La inmensa minoría“, magnífica y más que merecedora de los reconocimientos que hasta el momento ha recibido. La novela está ambientada en el barrio de la Zona Franca, donde él estuvo viviendo durante un tiempo y en cuyo equipo -el Iberia– también llegó a jugar. En aquel barrio también vivió un histórico del Barça de las Cinco Copas, Eduardo Manchón, que es uno de los personajes al que se hace referencia en el libro.

Uno de los protagonistas está realizando un trabajo para el instituto sobre el mítico delantero, alguien que simboliza la posibilidad de prosperar y salir de una vida difícil a través del fútbol. Por circunstancias de la vida he llegado a conocer personalmente a la viuda de Eduardo Manchón, ya que cada año se organiza en Coma-ruga, donde vivo, un torneo con el que se le sigue rindiendo homenaje.

 

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Recuerdo el efecto que me produjo leer, al poco de comenzar “La inmensa minoría“, la referencia a Eduardo Manchón y, precisamente, el torneo de Coma-ruga. Me pareció una más que curiosa coincidencia, y se convertía en un episodio a comentar con Miguel Ángel el día que tuviera la oportunidad de conocerlo personalmente. Eso sucedió, en concreto, una tarde de sábado de febrero de 2015. Se me presentó la posibilidad de desplazarme hasta Barcelona, y aproveché para acercarme hasta el lugar en el que, según había leído en una entrevista, trabajaba Miguel Ángel: la desaparecida librería La Formiga d’Or.

Situada en el corazón de la ciudad, en la que quizá sea una de las calles más transitadas y comerciales de Barcelona, La Formiga d’Or fue, durante años y ya desde joven, uno de los puntos de visita obligada cada vez que iba a dar una vuelta por el centro. Ahora, años después, volvía a entrar allí, esta vez con mis ejemplares de “Fuera de juego” y de “La inmensa minoría” bajo el brazo.

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El encuentro con Miguel Ángel fue muy agradable, y tuvimos el tiempo suficiente para hacer cuatro rápidos comentarios, hacernos un par de fotos y que me dedicara las dos novelas. Como él estaba trabajando y la librería estaba llena de compradores no tuvimos tiempo para más.

Nos despedimos sabiendo que de un modo u otro seguiríamos en contacto. Él siguió a sus menesteres, y yo aproveché para echar un vistazo entre libros. Recuerdo que lo primero que hice fue dirigirme hacia la sección de Deportes, por si encontraba alguno de temática futbolera. También miré los de gran formato, y no me fui sin antes pasar por la sección de libros infantiles y juveniles, de donde no pude resistir la tentación de comprar uno de la colección “El Barco de Vapor“.

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Desde aquel día he mantenido un contacto más o menos fluido con Miguel Ángel. Pero siempre, circunstancias mandan, de forma virtual. En más de una ocasión hemos intentado coincidir para vernos aunque fuera un rato, pero sus horarios laborales y los míos no son lo que se dice “especialmente sociales”. La figura de Eduardo Manchón también ha seguido estando presente, y de hecho tanto Roser (su viuda) como Josep Maldonado (quien fue uno de los mejores amigos del jugador y alma mater del torneo que se organiza cada año en su honor) fueron obsequiados con dos ejemplares de “La inmensa minoría” firmados por el autor. Incluso tenemos pendiente quedar con Roser para tomar un café con ella y hablar del artículo que no hace mucho escribió Miguel Ángel, en la sección Tiempo Extra de la revista Panenka, sobre la relación de Eduardo Manchón y la literatura, y en la documentación del cual puse un granito de arena.

 

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Como decía, la realidad es que no ha sido posible que nos volvamos a ver en Barcelona. Y ahora, cosas del destino, los astros se han alineado para que nos encontremos… en Bilbao. Pero si este hecho ya es de por sí sorprendente, existe otro que aún lo es más todavía. Ya he explicado al principio que la sesión en la que Miguel Ángel participa lleva por título el de “Fútbol y sociedad“, y que estará acompañado por una más que reconocida autora, a quien descubrí por su libro “La conquista del aire“.

Se trata de Belén Gopegui, varias veces premiada y también autora de varias obras para el público infantil y juvenil. Lo que seguramente muchos no sabrán es que aunque no se trata de una escritora reconocidamente futbolera, sí tiene, curiosamente, un libro de esta temática destinado al público más joven. Se trata de “El balonazo“, un volumen que viajará conmigo hasta Bilbao y que aprovecharé para que sea dedicado por su autora.

(Hago un paréntesis para añadir que además de la de Belén, aprovecharé para aumentar mi colección de dedicatorias con la de Galder Reguera, responsable de las jornadas y autor de “Hijos del fútbol“).

Y ahora la sorpresa. ¿Recordáis cuando he explicado que el día que conocía a Miguel Ángel Ortiz acabé comprando un libro? ¿Recordáis el título? No, no podéis, porque no lo he dicho. Pero ahora os lo diré. El libro que compré aquella tarde fue… “El balonazo” de Belén Gopegui. Es decir, que hace dos años, cuando conocí personalmente a Miguel Ángel, también estuvo junto a nosotros Belén Gopegui a través de su libro. Y ahora, dos años después, esa extraña conjunción se volverá a producir, aunque en un lugar separado 600 km. del primero.

Y todo, gracias a la literatura futbolera.

¿Algún adjetivo para definir este episodio?

 

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FutBlog Capítulo 11: Íker Casillas: de “El Caimán de Kaduna” a suplente en la Champions

 

Hace apenas un par de horas he terminado de leer “El Caimán de Kaduna“, una novela escrita por Francisco Zamora Loboch y publicada por 2709 Books. Escrita en el 2012, se trata de una historia que gira en torno a la figura de Íker Casillas y su evolución y trayectoria como jugador.

Aunque se trata de una novela, gracias al texto conocemos cómo llegó a ser considerado el mejor portero del mundo. Se rememoran, así, algunos de sus grandes momentos, desde su etapa de juvenil hasta su titularidad en el Real Madrid y en la selección española.

Curiosamente, nada más acabar el libro, y todavía con el recuerdo de algunos de los grandes momentos futbolísticos que Casillas nos ha ofrecido, echo un vistazo a Twitter y me encuentro con esto:

 

A esto lo llamo “premonición a la inversa“.

FutBlog Capítulo 10: Vila-Matas, Ray Loriga, Kevin Prados… y “Lo peor de todo”

 

 

Uno de mis autores favoritos, Enrique Vila-Matas, publicó a principios de año su última novela: “Mac y su contratiempo”. Mi intención, con vistas al pasado 23 de abril, Día del Libro, era la de desplazarme hasta Barcelona para conseguir la firma de su autor. Pero los planes se me acabaron complicando y me fue imposible hacerlo.

Por suerte, mi amigo Kevin Prados (a quien auguro una gran carrera como escritor, así que apuntar su nombre) sí pudo hacerlo, y tuvo conmigo el grandísimo detalle de conseguirme un ejemplar dedicado, un episodio al que hice referencia en este artículo.

 

Pues bien. Hace apenas unos días mantenía con Kevin una conversación por whatsapp sobre literatura. En concreto, hablábamos sobre uno de sus textos. En un momento de la conversación le indicaba que me había recordado en algún momento a Ray Loriga. A continuación, un fragmento del diálogo:

 

Como veis, le recomendaba que buscara una novela corta, como por ejemplo “Lo peor de todo” que estaba convencido le gustaría. Después, él me preguntaba acerca de “Mac y su contratiempo”, la novela de Vila-Matas que me había regalado en abril.

 

 

Subrayo: el pasado 5 de agosto hacía mención a “Lo peor de todo” de Ray Loriga con Kevin, quien me había regalado la última novela de Enrique Vila-Matas con dedicatoria incluida, un título, “Mac y su contratiempo”, que también era nombrado en la conversación.

Pues bien. Hace dos días, el domingo 20 de agosto, Enrique Vila-Matas publicada un artículo en la sección “Deportes” del diario “El País” en el que hacía referencia a la situación que atraviesa el Barça. ¿Sabéis cuál era el título del mismo? “Lo peor de todo”. ¿Y sabéis por qué? Precisamente por la novela de Ray Loriga, a la que hace referencia hacia el final del texto.

Una de las frases de ese artículo afirma que “en el fútbol juega un papel importante el azar, pero sólo en el campo de juego; fuera de él, todo lo que es previsible acaba siéndolo; dicho de otro modo, se ve venir, y viene”.

Y yo pregunto: ¿Y en la literatura futbolera?

No me digáis que no tiene guasa la cosa.

 

 

FutBlog Capítulo 9: el vellocino de oro, Medusa, la Stasi, probabilidades… y coincidencias

 

Imagen de www.sp.depositphotos.com

Hace poco (cuatro días, para ser exactos) hablaba de probabilidades desde el punto de vista de libros de temática futbolera. A riesgo de ponerme pesado, no me queda más remedio que volver sobre el tema, para haceros una nueva pregunta en relación con algo tan futbolero como… el vellocino de oro.

De forma resumida, la del vellocino de oro es una de las historias de la mitología griega que está protagonizada por Jasón, a quien su hermano Pelias le impone como prueba de valor que salga a recuperarlo. Jasón, para ello, se embarcará en un viaje para el que se hará acompañar de los argonautas.

Mitología griega, Jasón, argonautas y vellocino de oro. Conceptos muy futbolísticos, ¿no? No, la verdad. Luego, en consecuencia, la probabilidad de que aparezcan en algún libro relacionado con el fútbol debe ser insignificante. ¿Cierto? Pues va a ser que no.

A finales de julio recomendaba encarecidamente la lectura de “Las manos”, de Miguel Ángel Zapata. La novela está protagonizada por un entrañable Mario Parreño, quien emprende un singular viaje para recuperar una desaparecida Copa del Mundo. Pero, en un momento de la historia, leemos:

¿Es que es tan importante que Jasón se haga rey, no le basta haberse apañao el vellocino?, terminaba por preguntar Mario, hastiado y confuso.

En este caso, existe una evidente simbología que relaciona a los dos objetos: Copa y vellocino, siendo ambos, además, de oro.

Hace apenas unos días, y tras acabar la lectura de “Mercado de invierno” de Philip Kerr, decidí enfrascarme en la segunda parte de su trilogía: “La mano de Dios”, de la que dentro de poco publicaré la correspondiente reseña. Podía haber escogido cualquier otro, pues tengo varios en lista de espera, pero algo me impulsó a elegir ese. Y, ¿sabéis con qué tropecé entre sus páginas? Correcto: con el vellocino de oro:

¿Y Jasón? ¿Os acordáis de él? ¿Creía algún griego que sus argonautas y él tenían más posibilidades de recuperar el Vellocino de Oro que una bola de nieve de sobrevivir en el infierno? No. Claro que no lo creían.

Sorprendente, ¿verdad? Pues más pasmoso aún es la coincidencia de la aparición de la palabra “mano” en el título de ambos libros.

Pero esperad, que sigo.

Uno de los libros que actualmente estoy leyendo es “Futbolítica. Històries de clubs políticamente singulars”, un libro en el que se hace referencia a la relación entre fútbol y política a través de los ejemplos de sesenta clubes. En un artículo que publiqué la semana pasada hablé precisamente de este libro, ya que ese azar que de forma continua me zarandea a su antojo me llevó a leer, el día 11 de agosto, justo un episodio ocurrido… un 11 de agosto.

Como los capítulos de “Futbolítica” se pueden ir leyendo de manera independiente, decidí alternar su lectura con otro libro. Tras barajar diferentes opciones, escogí uno que tengo muchas ganas de leer desde hace tiempo, pero que, por unas razones u otras, iba quedando siempre aparcado. Y hoy, precisamente hoy, me he decidido a zambullirme en él.

El libro en cuestión es “El intruso”. Se trata de una novela negra de temática futbolera escrita por Daniel Vázquez Sallés (hijo de Manuel Vázquez Montalbán), y publicada el 2013. Es un ejemplar un tanto especial, vinculado a uno de mis particulares poltergeist que algún día escribiré. El caso es que al poco de comenzarlo leo:

“Había escrito mil metáforas para describir el tacto de la muerte, y tenía en mente la palabra pelusa como pilar del poema, vocablo que rimaba con Medusa, el monstruo hipnótico femenino que convertía en piedra a aquellos que se atrevían a mirarlo. ¿Y por qué pelusa con Medusa? Por la sencilla razón de que Memé se sentía el Perseo de la poesía, capaz de decapitar a Medusa sin necesidad de apartar la vista ante la bestia”. (pág. 23)

Medusa y Perseo. Curioso, ¿no? Parece que mitología griega y literatura futbolera también combinan bien. Seguramente alguien pensará que vale, que es una casualidad que hayan referencias a la antigüedad griega en dos libros. Pero que tampoco es para tanto. Y quizá tenga razón. Lo que ocurre es que la referencia a Medusa y Perseo no aparece únicamente en “El intruso”. ¿Sabéis dónde me la encontré también? Ni más ni menos que en “La mano de Dios” de Philip Kerr, justo en el mismo párrafo en el que se hablaba del vellocino de oro:

«¿Quién creía que Perseo tenía alguna oportunidad de derrotar a la Medusa? Los griegos no, desde luego.

 

Y todavía no he terminado. Antes comentaba que uno de los libros que estoy leyendo es “Futbolítica”. Y justo antes de leer el capítulo con la referencia al 11 de agosto, se explica la historia del Dinamo de Berlín alemán, un club del que fue presidente Erich Mielke, ministro de Seguridad del Estado de la antigua República Democrática de Alemania y máximo responsable de la policía política. Por esa razón, el título del capítulo en cuestión es “El club de la Stasi”.

¿Y qué pinta ahora este salto desde la mitología griega hasta el siglo XX? Pues, simple y llanamente, que hace apenas cuatro días, me topaba con la Stasi en un libro de temática futbolera. Y hoy, hace apenas un par de horas, mientras avanzaba en la lectura de “El intruso”, leía lo siguiente:

– Sé cauto. Lo que te he contado es secreto de Estado y desde hoy, eres miembro de la Stasi del club”.

 

Alucinante, ¿no? Pues, aunque no os lo creáis, soy capaz de dar una nueva vuelta de tuerca a la jugada. Sí, porque no solo de literatura futbolera vive el hombre. Así que, hace bien poquito, intercalé una lectura de un autor muy futbolero pero en la que el fútbol no es ni tan solo residual. Me estoy refiriendo a Enrique Vila-Matas y su última novela, “Mac y su contratiempo”, en la que aparece una referencia a “París era una fiesta”, de Hemingway. Es esta:

“El epígrafe del cuarto relato, Algo en mente, es de Hemingway, de París era una fiesta: «Una muchacha encantadora, de cara fresca como una moneda recién acuñada, si vamos a suponer que se acuñan monedas en carne suave, de cutis fresco de lluvia.

¿Vais intuyendo lo que estoy a punto de decir?

Pues sí. Esta tarde, tras la aparición de la Stasi en “El intruso”, me ha asaltado el siguiente párrafo:

“Cuando el vendedor le aseguró que esos folios eran el original de París era una fiesta, Memé levantó la mano y lo obligó a callar con un contundente «¡Deje lugar a la imaginación, por Dios!». (pág. 37)

 

Para morirse de risa, ¿no? Además, y por si fuera poco, ambos libros habían ya combinado en este artículo.

Pero no os vayáis aún, y dejarme que remate la jugada. Si alguien os pregunta alguna vez acerca de la probabilidad de encontrarse con el vellocino de oro, o con Medusa, o con la Stasi, en más de un libro de literatura futbolera con una diferencia de apenas unos días responded que, curiosamente, es bastante alta.

Y es que, como se explica en “El intruso”:

 

“Memé nunca había sido un hombre de ciencias y le sorprendió descubrir con angustia que el fútbol era una ciencia que funcionaba con sus leyes empíricas y con sus ecuaciones matemáticas”.

 

¿Estarán todos estos sucesos relacionados con la “Negra espalda del tiempo” de Javier Marías? O será, más bien, que como dice Vila-Matas, “la realidad, creo yo, no necesita que nadie la organice en forma de trama, es por sí misma una fascinante e incesante Central creativa“.

 

Imagen de www.esferatic.com

 

 

Futblog Capítulo 7: Metallica, Shakira y la literatura futbolera

 

 

 

 

Hace varios días que no puedo dejar de tararear “Nothing else matters” de Metallica. En Youtube se pueden encontrar varias interpretaciones del grupo realizadas a lo largo de los años en diversos conciertos. También es posible ver y escuchar las versiones que de esa canción han hecho otros grupos (genial la de Steven’n Seagulls), incluyendo las de jóvenes artistas en el programa “La voz kids” de diferentes países.

Todas esas versiones son fantásticas. Y también lo es la que hizo Shakira en el concierto que dio en París en el 2011, si no me equivoco, y que podéis ver a continuación.

 

 

Esa versión, la de Shakira, fue la última que escuché anoche. Esta mañana, tras el correspondiente café, he continuado con la lectura de la novela que me tiene atrapado. Se trata de “Las manos”, de Miguel A. Zapata, publicada por la Editorial Candaya.

El libro explica la “…disparatada odisea de Mario Parreño, un hombre casi común y a la deriva, obsesionado por recuperar la Copa del Mundo de Fútbol, que robaron unas manos sin nombre ni rostro durante el desfile triunfal de la selección española por las calles de Madrid”.

En un momento de la lectura leo:

Le cuenta la cleptomanía de papá (…) con predilección por los objetos dorados”.

Y, un par de páginas más adelante:

– Sí, una réplica de las manos de Sissi de oro… ¿en oro? Sí. La tengo sobre mesa pequeña junto a al cama. Todas noches la miro antes de dormir.

Cuando llego al final del párrafo echo un vistazo al móvil y veo una notificación en twitter. La abro. ¿Sabéis lo que aparece en pantalla?

Ahí lo dejo.

FutBlog capítulo 6: La Frontera, “Judas el miserable” y un futbolista especial

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La Fiesta Mayor de Cornellà se celebra coincidiendo con el Corpus Christi, la cual cosa significa que tan solo faltan un par de semanas para su llegada. Se trata de una de esas festividades móviles, que cada año caen en un día diferente, debido a su dependencia del ciclo lunar. En concreto, se celebra el jueves que sigue al noveno domingo después de la primera luna llena de primavera del hemisferio norte. Es decir: el 15 de junio.

Como últimamente la nostalgia me invade por cualquier cosa, la cercanía de la Fiesta Mayor ha hecho que esa sensación de fugacidad de un tiempo que se escurre como el agua entre las manos se multiplique. Supongo que también influye la distancia, y el vivir lejos de tu lugar de origen hace que el anhelo de disfrutar de la fiesta más importante del año cobre una importancia especial.

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Por si fuera poco, en cuanto consulté hace unas semanas el programa de actividades correspondiente a la edición de este año no pude evitar dar un respingo, puesto que uno de los grupos musicales que actuarán es… ¡La Frontera! Se trata de una de aquellas formaciones de los años de juventud de quien tuve la suerte de ver en directo -apabullante- en más de una ocasión. La verdad es que no tenía ni idea de que continuaban en activo, y descubrir que el viernes dia… darían un concierto en Cornellà fue una auténtica sorpresa. A poco que pueda no me lo pienso perder.

Desde que tuve conocimiento de la noticia sobre La Frontera sucedió lo inevitable: sus canciones colonizaron mi cabeza. “El límite“, “Rosa de los vientos”, “Cielo del sur” o “Juan Antonio Cortés“, volvieron a emerger con su estilo rockero vaquero y a hacerme rememorar grandes momentos de disfrute musical.

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El sábado por la tarde volví a Cornellà. En cuanto puse el pie en el territorio melancolía se activó, casi de manera automática, el botón del juke box mental que puso a sonar La Frontera. Lo más curioso es que la canción que colonizó mis tarareos mentales fue una de las que menos me gustaban: “Judas el miserable“.

Un tema divertido, fiestero, pegadizo, de consumo fácil, pero que no era especial santo de mi devoción ante otras composiciones, desde mi punto de vista, mucho más sólidas y redondas. En cualquier caso, incluso mientras veía la final de copa del rey entre el Barça y el Alavés, de vez en cuando se dejaba escuchar de fondo “No puede ser / Quién está ahí / Creo que es él / Es Judas el miserable!!!“.

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Imagen de www.lavanguardia.es

El domingo por la mañana, como es habitual, me levanté temprano. Tenía un par de horas libres que aproveché para dedicar a una de mis aficiones favoritas: visitar el Mercat de Sant Antoni y deambular entre paradas de libros. El momento en el que todo está recién montado o aun en proceso de montaje es uno de mis favoritos. Se respira una atmósfera casi religiosa, en la que todo puede suceder, y en la que cualquier descubrimiento es posible.

Pese a que iba mirando aquí y allá, intentando agudizar mi capacidad de observación y detección de ejemplares buscados, la banda sonora regresó, y “Judas el miserable” volvió a sentarse en el sofá de mi cerebro para reproducirse una y otra vez en un bucle infinito. Y entonces, cuando parecía que nunca más sería capaz de liberarme de él, lo vi, reposando en una de las paradas de libros y documentos antiguos. Letras negras sobre portada roja. “Judas el futbolista“. “Judas el miserable” había invocado a otro Judas, en este caso futbolista, un libro escrito por Francesc Rosell y Rossend Pich, publicado en 1928 y cuya existencia desconocía.

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Desde entonces no paro de cantar:

No puede ser  / Quién está ahí / Creo que es él / Es Judas el futbolista!!!

P.D. Remato la jugada con otra jugarreta del destino. Es esta.

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Y ahora, como no podía ser de otra manera, disfrutemos con la canción que protagoniza este post:

Futblog Capítulo 5: Autores, dedicatorias y sucesos paranormales en Sant Jordi y el Día del Libro

 

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La persona que aparece en la fotografía que encabeza este artículo se llama Kevin Prados. Os aconsejo que recordéis su nombre, pues estoy convencido de que dentro de un tiempo oiréis hablar de él y su obra literaria. La imagen está tomada mientras leía un texto, el Pregón de la Lectura, un encargo realizado desde la Biblioteca Pública Terra Baixa del Vendrell como parte de los actos de celebración del 23 de abril, Diada de Sant Jordi en Catalunya, festividad en la que libros y rosas toman las calles, y Día del Libro.

Lo que explico sucedía el sábado día 22 de abril por la mañana. Kevin escribió y leyó un brillante pregón, un apasionado alegato sobre la importancia de la lectura en nuestras vidas. Entre otras cosas, venía a defender que sin lectura no hay vida, y que la lectura es el mejor refugio para la intemperie moral que nos azota.

Llegados a este punto, la pregunta que alguno se estará haciendo es: ¿y habló también de fútbol y literatura en el pregón? Respuesta: no, en absoluto. Entonces, ¿qué tiene que ver el pregón del tal Kevin con esta esotérica sección del blog en la que me dedico a explicar sucesos paranormales provocados por el fútbol y la literatura? Pues bastante. Así que abrir las orejas, que allá voy.

Como cada año, cuando el Día del Libro se acerca, comienzo a pensar en el contenido del artículo que con motivo de esa celebración publicaré en el blog. En un espacio dedicado a la literatura (aunque sea futbolera) el día 23 de abril es uno de los marcados en rojo en mi particular calendario. Bueno, más que en rojo, en verde césped. O en negro sobre blanco.

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El artículo que escribí hace dos años recogía una selección de once libros futboleros destinados al público infantil y otros once para el público adulto. El año pasado, lo que publiqué fue una relación de autores con obra literaria de temática futbolera. Y con esos antecedentes, hace unos días comencé a pensar en el contenido del post para este año.

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Tras darle bastantes vueltas al asunto, finalmente me decidí a dedicarlo a uno de los momentos que considero más especiales en la relación entre autor y lector: el de su encuentro, cuando se produce, que queda definitivamente vinculado mediante una dedicatoria. Hice entonces un repaso por mi modesta biblioteca y comencé a recopilar las dedicatorias que conservo en algunos de mis libros.

Si hablamos de dedicatorias, el Día de Sant Jordi, el Día del Libro, es un momento idóneo para salir al encuentro de autores, intercambiar algunas palabras con ellos e inmortalizar ese momento con alguna dedicatoria. Con esa idea, el sábado por la mañana, en cuanto Kevin acabó la lectura de su pregón le comenté que tenía la intención de ir al día siguiente a Barcelona. También él tenía planeado desplazarse hasta allí, para que algunos autores a los que admiran le firmaran, por lo que quedamos en llamarnos y encontrarnos.

El sábado por la tarde escribí el artículo en el que recopilaba mi colección de dedicatorias de autores futboleros, dejando el post programado para ser publicado al día siguiente, domingo 23 de abril. Nada más hacerlo me puse a preparar la lista de autores que sabía estarían en Barcelona y a los que pensaba llevar mis ejemplares para que los firmaran. Entre otros, estaban los que tenían obra directamente futbolera, como Josep Bobé (“Quan no érem ni onze”), Leandro Pérez (“Las cuatro torres”) o David Trueba (“Saber perder”).

Además de estos, también estarían otros escritores a los que admiro y que a pesar de no tener escritos futbolísticos podía relacionar, ni que fuera tangencialmente, con el fútbol. Me refiero a Eduardo Mendoza, a quien llevaría mi ejemplar de “El misterio de la cripta embrujada”, que comienza con un estrambótico partido de fútbol que se está jugando en un manicomio.

No faltaría Rodrigo Fresán, a quien pediría que firmara mi ejemplar de “Historia argentina”. En este caso, se da la circunstancia de que se trata de un conjunto de relatos en cuya primera edición (la que yo tengo) no aparece ninguno de temática futbolera. Durante un tiempo se reprochó a su autor que tratandose de un volumen centrado en la idiosincrasia argentina no apareciera ninguna referencia al fútbol. Y, finalmente, se decidió a escribir el texto “La pasión de multitudes”, que aparece en ediciones posteriores del libro.

Y, por supuesto, también estaría entre mis objetivos el conseguir una firma de Enrique Vila-Matas, autor declaradamente futbolero, de quien de tanto en tanto aparecen artículos en prensa de esta temática. A este le llevaría mi ejemplar de su “Desde la ciudad nerviosa”, en el que aparece el texto “El arte de conocer futbolistas”.

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Con estos antecedentes, la galaxia “dedicatorias” ejerció sobre mi una poderosa influencia, que se vio reforzada en cuanto vi un artículo publicado en la edición de El Periódico de Catalunya del sábado. Con motivo del partido que al día siguiente se disputaría entre el Real Madrid y el FC Barcelona en el Estadio Santiago Bernabéu, se solicitaba a once escritores su opinión al respecto. Uno de ellos, evidentemente, era Enrique Vila-Matas, lo que interpreté como una señal en positivo de que, efectivamente, me encontraba en la buena onda para conseguir su firma.

Antes he hablado de la colección de dedicatorias que fui recopilando y reuniendo para el artículo que escribí y dejé programado el sábado por la tarde. En esta particular colección hay una en concreto que tiene una historia especial. Llegó hasta mis manos hará un par de meses, en una escapada que hice a la librería Re-Read de la calle Rosselló de Barcelona. Tenía la mañana libre, y decidí dedicarla a buscar obras futboleras difíciles de conseguir por otras vías. En estos casos, lugares como el Mercat de Sant Antoni o librerías de segunda mano acostumbran a ser espacios de grandes encuentros y descubrimientos.

Mi lectura de aquel día, mientras viajaba en el tren de camino hacia Barcelona, era “El delantero centro fue asesinado al atardecer”, de Manuel Vázquez Montalbán. Seguramente por ello, uno de los libros que tenía en mi cabeza era “El intruso”, una novela de temática futbolera escrita por Daniel Vázquez Sallés, hijo de Vázquez Montalbán. Pues bien. Por sorprendente que parezca, en cuanto puse los pies en la librería que antes comentaba, ¿sabéis qué fue lo primero que vi? ¡Bingo! La llamativa portada de “El intruso” parecía decirme “te estaba esperando”.

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Aunque estoy más que acostumbrado a este tipo de travesuras del azar, no dejo de sorprenderme cada vez que tropiezo con alguna de ellas. Y aquella mañana, en cuanto vi aquel ejemplar, no pude evitar que el corazón me diera un vuelco. Así que lo cogí, lo compré, y salí de la librería más que satisfecho por la captura realizada. Pero aquí no se acaba la cosa, ya que cuando abrí aquel ejemplar para echarle un vistazo descubrí que tenía una dedicatoria.

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Volviendo al sábado 22 de abril por la tarde, mientras recopilaba las firmas para mi artículo, apareció también en pantalla esa dedicatoria de Vázquez Sallés. Pensé en lo curioso que sería poder llevar el libro al autor para que me lo dedicara. Un mismo libro dedicado a dos personas diferentes con algunos años de diferencia. De momento, eso no ha sucedido, así que como esa firma no era para mi, decidí que no debía incluirla junto a las que aparecerían en mi artículo.

Al día siguiente, domingo 23 de abril, publiqué el artículo. Después acompañé a mi hijo al partido de fútbol que tenía. El plan del día era salir por la tarde hacia Barcelona, cargado con mi lista de libros para buscar la firma de sus autores, pero al mediodía vi que no me sería posible hacerlo, por lo que avisé a Kevin de que no podría acompañarlo en su peregrinación. Le deseé que disfrutara de la jornada y que consiguiera las firmas que buscaba.

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De camino para casa me detuve a poner gasolina. Como me gustan los suplementos que con motivo del Día del Libro se acostumbran a publicar, aproveché para echar un vistazo a los diarios del día. Cuando abrí el suplemento de El Periódico de Catalunya ¿sabéis qué encontré? Un artículo titulado “El gen literario”, en el que se hablaba con tres autores sobre lo que significaba ser hijos de reconocidos escritores. Uno de los entrevistados era Daniel Vázquez Sallés, de quien justo la tarde anterior había tenido en la pantalla de mi ordenador una dedicatoria escrita en un libro casualmente encontrado en una librería de segunda mano. Una dedicatoria que había decidido no incluir en mi artículo al no considerarla mía.

Una vez más volví a ser víctima de las extrañas coincidencias del fútbol y la literatura. Y una vez más volví a fantasear con la idea de que quizá había sido yo quien había provocado la materialización de Vázquez Sallés desde el momento en el que comencé a pensar en las dedicatorias. Claro que, al poco rato, alejé esa idea de mi cabeza al considerarla tan solo una simple casualidad. Una más. Al fin y al cabo, también había pensado en Vila-Matas, y aunque es cierto que se había asomado a mis paranoias con el artículo sobre el clásico Madrid – Barça publicado el sábado, no había vuelto a dar señales en mi extraño mundo de sucesos paranormales.

¿En serio? ¿Estáis seguros de que en ese fin de semana de azarosos episodios en torno al mundo de las dedicatorias Vila-Matas se iba a volver invisible?

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El domingo por la tarde, mientras estaba en casa lamentándome de haber perdido la oportunidad de pasear entre autores por las calles de Barcelona para conseguir sus firmas, comencé a recibir mensajes de whatsapp. Los enviaba Kevin, quien me iba informando de sus peripecias: “Esperando la firma de Fresán”, “Colas kilométricas para Mendoza”, y otros textos similares.

Y en uno de esos mensajes lo que me enviaba era una fotografía en la que aparecía una dedicatoria con mi nombre realizada por… Enrique Vila-Matas.

 

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Kevin había tenido el grandísimo detalle de pensar en mi y obsequiarme con esta joya, un gesto que siempre le agradeceré. Y aunque “Mac y su contratiempo“, última novela de Vila-Matas, no sea de temática futbolera, conseguir su firma en un día tan señalado no deja de ser una sorprendente forma de cerrar un círculo.

¿No os parece?