Futblog Capítulo 5: Autores, dedicatorias y sucesos paranormales en Sant Jordi y el Día del Libro

 

Kevin

 

La persona que aparece en la fotografía que encabeza este artículo se llama Kevin Prados. Os aconsejo que recordéis su nombre, pues estoy convencido de que dentro de un tiempo oiréis hablar de él y su obra literaria. La imagen está tomada mientras leía un texto, el Pregón de la Lectura, un encargo realizado desde la Biblioteca Pública Terra Baixa del Vendrell como parte de los actos de celebración del 23 de abril, Diada de Sant Jordi en Catalunya, festividad en la que libros y rosas toman las calles, y Día del Libro.

Lo que explico sucedía el sábado día 22 de abril por la mañana. Kevin escribió y leyó un brillante pregón, un apasionado alegato sobre la importancia de la lectura en nuestras vidas. Entre otras cosas, venía a defender que sin lectura no hay vida, y que la lectura es el mejor refugio para la intemperie moral que nos azota.

Llegados a este punto, la pregunta que alguno se estará haciendo es: ¿y habló también de fútbol y literatura en el pregón? Respuesta: no, en absoluto. Entonces, ¿qué tiene que ver el pregón del tal Kevin con esta esotérica sección del blog en la que me dedico a explicar sucesos paranormales provocados por el fútbol y la literatura? Pues bastante. Así que abrir las orejas, que allá voy.

Como cada año, cuando el Día del Libro se acerca, comienzo a pensar en el contenido del artículo que con motivo de esa celebración publicaré en el blog. En un espacio dedicado a la literatura (aunque sea futbolera) el día 23 de abril es uno de los marcados en rojo en mi particular calendario. Bueno, más que en rojo, en verde césped. O en negro sobre blanco.

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El artículo que escribí hace dos años recogía una selección de once libros futboleros destinados al público infantil y otros once para el público adulto. El año pasado, lo que publiqué fue una relación de autores con obra literaria de temática futbolera. Y con esos antecedentes, hace unos días comencé a pensar en el contenido del post para este año.

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Tras darle bastantes vueltas al asunto, finalmente me decidí a dedicarlo a uno de los momentos que considero más especiales en la relación entre autor y lector: el de su encuentro, cuando se produce, que queda definitivamente vinculado mediante una dedicatoria. Hice entonces un repaso por mi modesta biblioteca y comencé a recopilar las dedicatorias que conservo en algunos de mis libros.

Si hablamos de dedicatorias, el Día de Sant Jordi, el Día del Libro, es un momento idóneo para salir al encuentro de autores, intercambiar algunas palabras con ellos e inmortalizar ese momento con alguna dedicatoria. Con esa idea, el sábado por la mañana, en cuanto Kevin acabó la lectura de su pregón le comenté que tenía la intención de ir al día siguiente a Barcelona. También él tenía planeado desplazarse hasta allí, para que algunos autores a los que admiran le firmaran, por lo que quedamos en llamarnos y encontrarnos.

El sábado por la tarde escribí el artículo en el que recopilaba mi colección de dedicatorias de autores futboleros, dejando el post programado para ser publicado al día siguiente, domingo 23 de abril. Nada más hacerlo me puse a preparar la lista de autores que sabía estarían en Barcelona y a los que pensaba llevar mis ejemplares para que los firmaran. Entre otros, estaban los que tenían obra directamente futbolera, como Josep Bobé (“Quan no érem ni onze”), Leandro Pérez (“Las cuatro torres”) o David Trueba (“Saber perder”).

Además de estos, también estarían otros escritores a los que admiro y que a pesar de no tener escritos futbolísticos podía relacionar, ni que fuera tangencialmente, con el fútbol. Me refiero a Eduardo Mendoza, a quien llevaría mi ejemplar de “El misterio de la cripta embrujada”, que comienza con un estrambótico partido de fútbol que se está jugando en un manicomio.

No faltaría Rodrigo Fresán, a quien pediría que firmara mi ejemplar de “Historia argentina”. En este caso, se da la circunstancia de que se trata de un conjunto de relatos en cuya primera edición (la que yo tengo) no aparece ninguno de temática futbolera. Durante un tiempo se reprochó a su autor que tratandose de un volumen centrado en la idiosincrasia argentina no apareciera ninguna referencia al fútbol. Y, finalmente, se decidió a escribir el texto “La pasión de multitudes”, que aparece en ediciones posteriores del libro.

Y, por supuesto, también estaría entre mis objetivos el conseguir una firma de Enrique Vila-Matas, autor declaradamente futbolero, de quien de tanto en tanto aparecen artículos en prensa de esta temática. A este le llevaría mi ejemplar de su “Desde la ciudad nerviosa”, en el que aparece el texto “El arte de conocer futbolistas”.

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Con estos antecedentes, la galaxia “dedicatorias” ejerció sobre mi una poderosa influencia, que se vio reforzada en cuanto vi un artículo publicado en la edición de El Periódico de Catalunya del sábado. Con motivo del partido que al día siguiente se disputaría entre el Real Madrid y el FC Barcelona en el Estadio Santiago Bernabéu, se solicitaba a once escritores su opinión al respecto. Uno de ellos, evidentemente, era Enrique Vila-Matas, lo que interpreté como una señal en positivo de que, efectivamente, me encontraba en la buena onda para conseguir su firma.

Antes he hablado de la colección de dedicatorias que fui recopilando y reuniendo para el artículo que escribí y dejé programado el sábado por la tarde. En esta particular colección hay una en concreto que tiene una historia especial. Llegó hasta mis manos hará un par de meses, en una escapada que hice a la librería Re-Read de la calle Rosselló de Barcelona. Tenía la mañana libre, y decidí dedicarla a buscar obras futboleras difíciles de conseguir por otras vías. En estos casos, lugares como el Mercat de Sant Antoni o librerías de segunda mano acostumbran a ser espacios de grandes encuentros y descubrimientos.

Mi lectura de aquel día, mientras viajaba en el tren de camino hacia Barcelona, era “El delantero centro fue asesinado al atardecer”, de Manuel Vázquez Montalbán. Seguramente por ello, uno de los libros que tenía en mi cabeza era “El intruso”, una novela de temática futbolera escrita por Daniel Vázquez Sallés, hijo de Vázquez Montalbán. Pues bien. Por sorprendente que parezca, en cuanto puse los pies en la librería que antes comentaba, ¿sabéis qué fue lo primero que vi? ¡Bingo! La llamativa portada de “El intruso” parecía decirme “te estaba esperando”.

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Aunque estoy más que acostumbrado a este tipo de travesuras del azar, no dejo de sorprenderme cada vez que tropiezo con alguna de ellas. Y aquella mañana, en cuanto vi aquel ejemplar, no pude evitar que el corazón me diera un vuelco. Así que lo cogí, lo compré, y salí de la librería más que satisfecho por la captura realizada. Pero aquí no se acaba la cosa, ya que cuando abrí aquel ejemplar para echarle un vistazo descubrí que tenía una dedicatoria.

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Volviendo al sábado 22 de abril por la tarde, mientras recopilaba las firmas para mi artículo, apareció también en pantalla esa dedicatoria de Vázquez Sallés. Pensé en lo curioso que sería poder llevar el libro al autor para que me lo dedicara. Un mismo libro dedicado a dos personas diferentes con algunos años de diferencia. De momento, eso no ha sucedido, así que como esa firma no era para mi, decidí que no debía incluirla junto a las que aparecerían en mi artículo.

Al día siguiente, domingo 23 de abril, publiqué el artículo. Después acompañé a mi hijo al partido de fútbol que tenía. El plan del día era salir por la tarde hacia Barcelona, cargado con mi lista de libros para buscar la firma de sus autores, pero al mediodía vi que no me sería posible hacerlo, por lo que avisé a Kevin de que no podría acompañarlo en su peregrinación. Le deseé que disfrutara de la jornada y que consiguiera las firmas que buscaba.

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De camino para casa me detuve a poner gasolina. Como me gustan los suplementos que con motivo del Día del Libro se acostumbran a publicar, aproveché para echar un vistazo a los diarios del día. Cuando abrí el suplemento de El Periódico de Catalunya ¿sabéis qué encontré? Un artículo titulado “El gen literario”, en el que se hablaba con tres autores sobre lo que significaba ser hijos de reconocidos escritores. Uno de los entrevistados era Daniel Vázquez Sallés, de quien justo la tarde anterior había tenido en la pantalla de mi ordenador una dedicatoria escrita en un libro casualmente encontrado en una librería de segunda mano. Una dedicatoria que había decidido no incluir en mi artículo al no considerarla mía.

Una vez más volví a ser víctima de las extrañas coincidencias del fútbol y la literatura. Y una vez más volví a fantasear con la idea de que quizá había sido yo quien había provocado la materialización de Vázquez Sallés desde el momento en el que comencé a pensar en las dedicatorias. Claro que, al poco rato, alejé esa idea de mi cabeza al considerarla tan solo una simple casualidad. Una más. Al fin y al cabo, también había pensado en Vila-Matas, y aunque es cierto que se había asomado a mis paranoias con el artículo sobre el clásico Madrid – Barça publicado el sábado, no había vuelto a dar señales en mi extraño mundo de sucesos paranormales.

¿En serio? ¿Estáis seguros de que en ese fin de semana de azarosos episodios en torno al mundo de las dedicatorias Vila-Matas se iba a volver invisible?

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El domingo por la tarde, mientras estaba en casa lamentándome de haber perdido la oportunidad de pasear entre autores por las calles de Barcelona para conseguir sus firmas, comencé a recibir mensajes de whatsapp. Los enviaba Kevin, quien me iba informando de sus peripecias: “Esperando la firma de Fresán”, “Colas kilométricas para Mendoza”, y otros textos similares.

Y en uno de esos mensajes lo que me enviaba era una fotografía en la que aparecía una dedicatoria con mi nombre realizada por… Enrique Vila-Matas.

 

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Kevin había tenido el grandísimo detalle de pensar en mi y obsequiarme con esta joya, un gesto que siempre le agradeceré. Y aunque “Mac y su contratiempo“, última novela de Vila-Matas, no sea de temática futbolera, conseguir su firma en un día tan señalado no deja de ser una sorprendente forma de cerrar un círculo.

¿No os parece?

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