“Todo lo que ganamos cuando lo perdimos todo”, de Eduardo Verdú. Plaza Janés

Portada

 

– ¿Un gabinete de crisis? ¿Toda una operación porque un futbolista se ha ido a jugar a otro equipo?

– ¿No lo comprendes? Es una traición al socialismo.

– Querrás decir al Dynamo de Berlín.

– Eso también.

– Querrás decir que es una traición a ti.

– Eso… eso también.

 

Todo lo que ganamos cuando lo perdimos todo” es una novela (magnífica novela) del periodista y escritor Eduardo Verdú y publicada por Plaza Janés a principios de este 2018. La descubrí antes de haber leído ninguna referencia sobre su existencia, mientras olfateaba entre los estantes de una librería en busca de alguna novedad futbolera. Recuerdo que me llamó la atención su título, que me parece muy atractivo, así como la portada. En ella se ve a una mujer que camina cabizbaja junto a un muro en el que aparece la imagen de un hombre. Si nos fijamos con atención descubrimos que él tiene las manos en la espalda, y que viste una camiseta en la que aparecen las siglas DDR. Así, no es difícil asociar la imagen con la de un futbolista. Una mancha de color rojo (que se identifica rápidamente con la sangre) no impide que podamos ver sus rasgos. Como es de suponer, cogí el libro y leí su sinopsis:

“Un jugador ambicioso, una mujer traicionada y un servicio secreto todopoderoso se baten en una drama emocional y político basado en hechos reales.

En 1979 el aclamado futbolista Lutz Eigendorf lo abandona todo, a su mujer, Gabi, a su hija de dos años, Sandy, su trabajo y su patria, la Alemania comunista, en busca de libertada. La huida de la estrella del Dynamo de Berlín supone un duro golpe para el sistema socialista y para Erich Mielke, presidente del equipo y, además, jefe de la Stasi (servicio de inteligencia), quien jura venganza.

Mientras el jugador intenta reunir a su familia al oeste del muro, Gabi es sometida a interminables interrogatorios y a un férreo acoso. ¿Sabía Eigendorf que con su fuga ponía en riesgo su vida y condenaba la de su familia?

 

Estaba claro que estaba ante una obra de gran interés, una idea que se reforzó en cuanto leí el prólogo. En él, explica el autor que fue en el 2013, mientras se dirigía en tren al entierro de un familiar, cuando decidió escribir la novela. Fue tras la lectura de un artículo de José Manuel Comas en el diario El País titulado «El Beckenbauer del Este». Precisamente en marzo de este año, con motivo de la publicación de la novela y del aniversario de la muerte del jugador, Diego Torres escribía el artículo “La fuga imposible del futbolista que obsesionó a la Stasi”.

 

Foto El Pais

Imagen de www.elpais.com

 

No había duda: aquella combinación de fútbol, historia reciente y drama personal basado en hechos reales prometía y mucho. Sin embargo, enfrascado como estaba en otras lecturas y asuntos, el ejemplar pasó a ocupar un lugar indeterminado en la pila de pendientes. Afortunadamente, el azar, siempre certero, vino en mi auxilio hace un par semanas para obligarme a zambullirme en su lectura.

Fue el azar, como decía, y de la forma más inesperada, pues utilizó para ello un sorprendente intermediario. Se trata del escritor nicaragüense Sergio Ramírez, cuyo nombre me vino inexplicablemente a la cabeza hace dos o tres semanas, de quien conozco muy poca cosa. Aunque no podría asegurarlo, creo que leí hace muchos años “Margarita está linda la mar”, una de sus obras más conocidas, y también sé que el año pasado le fue otorgado el Premio Cervantes.

Aparte de eso, poca cosa más puedo aportar respecto de su trayectoria literaria. Sin embargo, como decía, su nombre se cruzó en mi camino sin razón aparente. Como no podía ser de otra manera, apliqué el protocolo que suelo utilizar en estas situaciones, que consiste, básicamente, en formular dos preguntas. La primera: ¿es futbolero? Y la segunda: en caso afirmativo, ¿tendrá algo escrito relacionado con el fútbol?

 

– ¡No es suficiente! –grita Mielke escupiendo carne blanca-. ¡Quiero joderle!, ¿entendido? Quiero que se arrepienta cada día, cada segundo. Quiero que esté tan jodido que no pueda comer, que no pueda dormir, que no pueda respirar, que no pueda jugar al fútbol.

 

No desvelo ningún secreto si confieso que este particular protocolo me ha proporcionado grandes satisfacciones, pues disfruto mucho cuando descubro que algún autor desconocido para mí tiene algún artículo o relato relacionado con el mundo del balón. En el caso de Sergio Ramírez mis expectativas no eran demasiado elevadas, pues jamás había oído nada sobre él relacionado con el mundo del balompié. Pero, como se suele decir, la liebre salta donde uno menos se lo espera. Y bien potente que fue el salto, puesto que tras investigar un poco al respecto descubrí dos magníficos relatos del nicaragüense en los que el fútbol es el eje central.

Los dos cuentos en cuestión fueron publicados en el 2001 en el volumen “Catalina y Catalina”, y también podemos encontrarlos en “Todos los cuentos”, edición de este mismo año de Debolsillo. El primero de ellos lleva por título “El pibe Cabriola”, y en él autor recrea el asesinato de Andrés Escobar, defensa de la selección colombiana, en represalia al gol que se marcó en propia puerta en el mundial de fútbol de 1994. El segundo de los cuentos de temática futbolera es “La partida de caza”, y encontramos el tema en una de sus frases: «Se parece a la historia del futbolista Lutz Eigendorf, al que mató la Stasi porque se había fugado de Alemania Democrática para jugar en la Bundesliga».

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Como os podéis imaginar, terminé de devorar el cuento teniendo ya en perspectiva que lo primero que haría en cuanto lo hiciera sería salir corriendo a buscar la novela “Todo lo que ganamos cuando lo perdimos todo”. Y así lo hice, y no sabéis cuanto agradezco al azar que me haya obligado a no esperar ni un día más a disfrutar de esta gran historia, magníficamente escrita y novelada.

El arco temporal en el que la historia transcurre va desde el 20 de marzo de 1979 (día de la deserción de Eigendorf) hasta el día en el que el Bayern Kaiserslautern y el Eintracht de Braunschweig celebran un partido de homenaje tras su muerte, sucedida el 7 de marzo de 1983. Tal y como la sinopsis explica, se trata de un tremendo episodio en el que un reconocido futbolista de la Alemania del Este decide abandonar lo todo y pasar al otro lado del muro. Las consecuencias de ese acto afectan, especialmente, a sus familiares. Por un lado, a su esposa Gaby y a su pequeña hija Sandy, a quienes intentará reunir con él en el otro lado. Y, por otro, a sus padres.

Su huída pondrá en funcionamiento toda la terrible maquinaria de la Stasi y su tupida red de espías e informadores. Encabezada por Erick Mielke, su máximo responsable además de presidente del Dynamo de Berlín, se sentirá especialmente traicionado por el acto de Eigendorf, ya que además de un símbolo de los valores de la Alemania del Este sentía por él un aprecio especial.

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Imagen de www.footballrepublik.com

Partiendo del hecho concreto e histórico, la narración tiene el mérito de convertirse en algo que va mucho más allá de la mera descripción de lo que sucedió. El texto se divide en tres partes: “Balón dividido”, “Fuera de juego” y “Tiempo de descuento”, y va avanzando cronológicamente sumergiéndonos en la evolución de los tres personajes principales -Eigendorf, su esposa Gaby, y Mielke- y quienes les rodean.

 

Eigendorf corre detrás del esférico como si pudiese dejar atrás los errores y los recuerdos, los dulces y los afilados, como si el campo fuese una pista de una sola dirección y no hubiese posibilidad de dar media vuelta. Sin embargo, comprende que jamás se desprenderá de la membrana de nostalgia envolviéndole el corazón. Hay gente que vive con un tumor, con una bala alojada en la cabeza, con una orden de búsqueda. Él lo hará con la astilla de la melancolía, de la lástima, de la culpa clavándosele a cada carrera sobre el césped.

 

A partir de aquí, y con un ritmo que no decae en ningún momento, asistimos a las diferentes fases por las que atraviesa Lutz: la fuga y su nueva vida, en lo personal y lo deportivo, el intento por reunir con él a su familia, y la dicotomía que le genera la nueva vida con lo que occidente le ofrece y la que deja atrás. En el caso de Gaby, vemos el padecimiento por el abandono y lo que ello implica, y el proceso de adaptación a la nueva situación. Y, en cuanto a Mielke, la necesidad de resarcir el daño causado al sistema y sus valores, pero también el sufrido en lo personal en cuanto a la inesperada traición.

BFC Dynamo - Vorwärts Stralsund 2:0

Imagen de www.wikimedia.org

 

En “Todo lo que ganamos cuanto lo perdimos todo” hay un gran estudio psicológico de los personajes. La novela va más allá, como decía, de la simple descripción de los hechos, y profundiza en la forma de experimentar los grandes cambios en los que se sumergen: las dudas, los miedos, las expectativas, las esperanzas… Todo ello reforzado por un conjunto de secundarios de gran importancia en el desarrollo de la historia que son el complemento perfecto para entender la vivencia de los protagonistas.

En este sentido, el conjunto está muy equilibrado con la aportación de estos personajes que ayudan a entender la nueva situación de los protagonistas principales. Encontramos aquí a los compañeros que Lutz encuentra en sus nuevos equipos –el Bayern Kaiserslautern y el Eintracht de Braunschweig-, a algunos vinculados a su vida anterior y a las nuevas relaciones que hará en su nuevo destino. También Gaby deberá tomar decisiones, y ante las dificultades de una posible reunificación deberá plantearse rehacer su vida. Y, así mismo, cabe citar a algunos otros personajes que también intervendrán en la historia que se sitúan en la órbita de Mielke y la Stasi.

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Erich Mielke. Imagen de www.wikipedia.es

Un elemento en común de todos ellos es que a lo largo de la novela se percibe la búsqueda continua de una salida para sus vidas. El destino, indomable, los ha situado en una encrucijada que activa una necesidad de escapatoria para regresar a la zona de confort en la que se encontraban. Y esta circunstancia no solo afecta a Eigendorf, Gaby y Mielke, sino que también se detecta en el resto de personajes con papel relevante.

Desde el punto de vista futbolístico, las referencias son numerosas, y van desde el reconocimiento de quien fuera llamado el “Beckenbauer del Este” y su paso por el Dynamo de Berlín, hasta su nueva etapa en los equipos de la Alemania Federal. La vida de los futbolistas de la época –mucho más libertina que la actual-, así como descripciones de la forma de entrenar y el día a día de los jugadores profesionales de la época también tienen su espacio.

 

Lutz y Hans acuden al Texas Bar a ver el partido de vuelta de las semifinales de la Copa de Europa. El Hamburgo se mide en casa al Real Madrid. Los españoles llegan con la renta de un 2-0 gracias a un doblete de Santillana en el Bernabéu. En la otra semifinal, el Notthingham Forest viaja a Amsterdam para defender también un 2-0 ante el Ajax.

 

Y vale la pena destacar la magnífica descripción del debut de Lutz con su nuevo equipo, el Kaiserslautern. Siguiendo la línea del resto de la novela, lo que en ese pasaje se describe no es solamente el mero episodio futbolístico, sino que se hace un repaso por el recorrido emocional del jugador: el sentirse nuevamente jugador al volver a pisar el césped de un estadio, la ilusión por sentir el aliento de la grada, el nerviosismo del debutante y la alegría por volver a disfrutar de la esencia futbolística…

Así mismo, existen numerosas referencias a partidos y jugadores de finales de los 70, algunos de los cuales formaron parte de mi infancia: el fichaje de Schuster por el Barcelona, la figura de aquella potencia de la naturaleza que era Brieguel, una eliminatoria entre el Real Madrid y el Hamburgo, un gol de Cunnhingham…

Una gran novela, en definitiva, que ficcionaliza un hecho real de gran potencia dramática. Y además de la magnífica descripción histórica que se ofrece, se lee como si se estuviera ante una obra de suspense en la que, incluso para aquellos que conozcan su final, no podrán dejarla hasta llegar a la última página.

Con un final, por cierto, también muy acertado.

Aquí tenéis un booktráiler:

 

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Semana grande para “Los futbolísimos”: llega la película y “El misterio de la tormenta de arena”

 

 

Semana destacada para “Los futbolísimos” y sus seguidores. Por un lado, hoy se pone en venta el número 14 de la serie, con el sugerente título de “El misterio de la tormenta de arena“. En la sinopsis leemos:

Un equipo de fútbol italiano con extrañas costumbres y una tormenta de arena que impide ver con claridad. ¿Conseguirán los Futbolísimos resolver este nuevo misterio?
Acaban de inaugurar el Gran Camping de Sevilla la Chica y las primeras en llegar son tres misteriosas autocaravanas. Sus ocupantes, un equipo de fútbol italiano que viene a hacer la pretemporada con el Soto Alto, aunque en realidad sus intenciones son muy distintas.Y para colmo, una tormenta de arena del desierto que impide ver las cosas con claridad. ¿Conseguirán Los Futbolísimos resolver este nuevo misterio?

 

 

Y, como complemento de la lectura, el viernes se estrena la película de Los Futbolísimos. basada en el primero de los libros de la serie: “El misterio de los árbitros dormidos“.

Así que ya sabéis lo que toca este fin de semana: sillón de lectura y palomitas 🙂

 

 

Nos ha dejado Vicente Verdú, autor de “El fútbol, mitos, ritos y símbolos”

 

 

Vicente Verdú, el polifacético periodista y escritor -un renacentista, en palabras de algunos-, nos ha dejado hoy. Erudito de muchos temas, el fútbol fue uno de ellos, siendo el autor de “El fútbol, mitos, ritos y símbolos“.

Durante el Mundial de Rusia todavía pudimos disfrutar con sus artículos. El último de ellos, publicado en el diario El País el 29 de junio, llevaba por título “Mundiales“. Es el siguiente:

Mundiales

Entre todo lo grande que me ha dado el periodismo, no me ha faltado siquiera la experiencia de cubrir tres campeonatos de fútbol

 

Entre todo lo grande que me ha dado el periodismo (la profesión más divertida e interesante del mundo), no me ha faltado siquiera la experiencia de cubrir tres mundiales de fútbol. La primera ocasión fue en 1978 en Argentina y lo chocante fue que la publicación donde enviaba las crónicas era nada menos que Cuadernos para el diálogo. ¿Una institución tan erudita gastando dinero en un género tan populachero? Al final, sin embargo, se produjo un amoroso enlace: conocí a una linda porteña nada más llegar y tras la estancia de 30 días ella quiso regalarme un diccionario castellano/lunfardo y yo, en significativa evocación, la compensé con la novela de Manuel Puig, The Buenos Aires affaire.

El siguiente mundial en el que me vi implicado como periodista fue el que se celebró en España, en 1982. Y fue el menos interesante. Las exageradas expectativas españolas se frustraron enseguida. Italia-Alemania (3-1) fue el partido de clausura en Madrid. Pero nada importante y de otro género reseñar.

Muy diferente fue el torneo de 1994 en Estados Unidos donde viajamos de San Francisco a Boston, llegamos hasta cuartos de final, nuestra medida más alta, y yo conocí a Gregory Peck.

Que fuera tan apasionado del fútbol explica, en parte, que pusiera tanto empeño en vivirlo, como un polizón, entre mundiales. Pero había otros motivos que dieron satisfacción a esta mixtura. Disfrutaba entonces el éxito de El fútbol. Mitos, ritos y símbolos, que publicó en 1980 la muy culta Alianza Editorial, bajo la dirección del no menos culto Javier Pradera. Con esto se cierra el círculo. Un periodista ajeno a cubrir encuentros de fútbol y convertido en pionero de un vínculo contranatura.

Durante unos años todas las invitaciones importantes que recibí para pronunciar conferencias en América Latina fueron referidas al fútbol. Pero entre todos aquellos viajes, mi recuerdo más conmovedor se produjo en Venezuela. Di una conferencia en la Universidad de Caracas y al finalizar, formando parte de la cola pidiendo una dedicatoria apareció un personaje que me presentó el libro encuadernado en piel y con los cantos dorados. Me dijo: “Este es ahora mi libro de cabecera”.

La primera edición se había agotado pronto y no hubo reimpresión por problemas en la editora. Varias veces en los noventa y en 2000 he tenido proposiciones para relanzarlo. Pero, ¿qué mayor broche que el de mi amigo caraqueño? ¿Qué mejor anillo entre fútbol y nuestra supuesta alta cultura?

 

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Imagen de www.elpais.es

 

Fútbol y literatura en el “Cubelles Noir. III Festival de Novela Negra del Garraf”

 

 

Del 23 al 26 de agosto se celebra el “Cubelles Noir, III Festival de Novela Negra del Garraf. Se trata de una interesante e imprescindible cita para los amantes del género negro, y en la que también tienen cabida los aficionados a la novela negra de temática futbolera.

 

 

Hace un tiempo publiqué este artículo con una selección de obras en las que el fútbol y lo negro iban de la mano. Pero si queréis profundizar en esta cuestión no os perdáis la sesión que han programado, en el marco del festival, para el próximo viernes 24 a las 17.30. Se trata de una mesa redonda sobre fútbol y literatura, moderada por Maria Talló, y en la que participarán Luis Gutiérrez Maluenda, Yoli García, Carlos Quilez y Jordi Agut Parrés, autor de la destacada y más que recomendable “L’últim defensa”, y cuya versión en castellano acaba de ser recientemente publicada bajo el título de “El último defensa”.

 

 

 

Así que ya sabéis: si andáis cerca de Cubelles durante estos día, no os perdáis esta interesante convocatoria.

 

“La maldita vida futbolística de Wolfram Wuttke”, de José Miguel Gala

 

 

El paso del tiempo no perdona. Su demoledor efecto va arrastrando consigo gran parte de los rincones de la memoria, haciéndonos olvidar infinidad de recuerdos. Me pasa a menudo cuando intento recuperar nombres de futbolistas de los ochenta, aquellos que durante una época tuve bien presentes y cuya existencia se ha ido difuminando con el paso de los años.

Me pasa, por ejemplo, cuando pienso que el 4 de mayo de 1988 me invitaron a ir al estadio de Sarrià para ver el partido de ida de la final de la Copa de la UEFA que disputaron el Espanyol y el Bayer Leverkusen. Aquel fue un encuentro histórico e inolvidable, una gran noche de fútbol de la que conservo un gran recuerdo por la vivencia de aquellas horas: el trayecto hasta el campo, el ambiente en las gradas, la emoción y el buen juego sobre el terreno de juego… Los pericos vencieron por un contundente 3 a 0, un resultado que los alemanes, de manera inesperada, acabarían remontando en el partido de vuelta.

He consultado la alineación del Espanyol de aquel día, que entrenaba Javier Clemente: N’Kono, Job, Miguel Ángel, Gallart, Soler, Orejuela, Urquiaga, Iñaki, Valverde, Pichi Alonso, Losada. En el banquillo, Golobart y Lauridsen. Si no hubiera sido por la Wikipedia, tan solo habría sido capaz de recordar a cinco o seis de ellos. Y hasta que no la he leído no he podido volver a pensar en algunos de aquellos jugadores que había olvidado por completo.

 

 

Algo similar es lo que me ha pasado con un peculiar y talentoso jugador que jugó en el Espanyol entre el 1990 y el 1992. Un jugador de visible mostacho, cuerpo robusto, gran potencia física y buena capacidad técnica: Wolfram Wuttke. Era, como se solía decir en la época, el típico ‘panzer alemán’. Fue fichado por el club perico pese a todas las polémicas que rodeaban su vida personal, llena de excesos y no demasiado adecuada para un futbolista profesional. Pese a todo, Wuttke llegó a convertirse en el máximo goleador del equipo durante su primer año, además de ofrecer buenas dosis de fútbol. Haciendo clic en este enlace encontraréis un interesante artículo sobre su trayectoria.

 

Imagen de www.kaisermagazine.com

 

Hablo de Wuttke porque se acaba de publicar un pequeño e interesante libro sobre la tormentosa vida del alemán. Lleva por título “La maldita vida futbolística de Wolfram Wuttke”, y está escrito y autoeditado por José Miguel Gala. Su precio es de 8€ (7€ durante estos días) y se puede conseguir contactando directamente con el autor a través del correo electrónico librowolframwuttke@gmx.es

Una obra que tiene muy buena pinta para acercarse a la figura de alguien que teniéndolo todo para triunfar acaba cayendo en el lado oscuro.