24 de octubre: Día de la Biblioteca… y el día que “La Biblioteca migró al fútbol”

 

El fútbol y la biblioteca forman parte de la cultura de la gente, no tienen que estar separados.

Pablo Sevilla, uno de los impulsores del equipo de “la Biblio”

“…se arrimaron a jugar al fútbol y terminaron leyendo una poesía.

Omar Panza Majul, odontólogo, volante y goleador

del equipo de “la Biblio”

 

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Desde el año 1997 cada 24 de octubre se conmemora el Día de la Biblioteca. La propuesta surge de la Asociación Española de Amigos del Libro Infantil y Juvenil, apoyada por el Ministerio de Cultura, en recuerdo de la destrucción de la Biblioteca de Sarajevo, que fue incendiada el 1992 durante el conflicto balcánico.
La iniciativa nació para trasladar a la opinión pública la importancia de la biblioteca como lugar de encuentro de los lectores de todas las edades con la cultura, y como un instrumento de mejora de la formación y la convivencia humana.
Para el Fútbol Club de Lectura, una biblioteca es el estadio simbólico en el que el fútbol se continúa practicando sobre el terreno de juego de las páginas de los libros. Por eso, hoy es un buen día para recordar el artículo “Fútbol, bibliotecas y el dorsal 796.332 que publiqué el año pasado para conmemorar este día.
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En el artículo, además de hacer referencia a las bibliotecas como despensa de los amantes del fútbol y la literatura, también hablaba del número 796.332, el correspondiente a los libros cuyo tema es el fútbol según la Clasificación Decimal Universal.
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En el artículo también aprovechaba para destacar la existencia de un lugar que es un auténtico oasis para quienes consideran que fútbol y bibliotecas son la pareja perfecta. Se trata del Estadio Pascual Guerrero de Cali (Colombia), el primero de Latinoamérica que dispone de… una biblioteca pública de deporte.
Un lugar que destroza todos los tópicos en los que fútbol se relaciona con incultura, puesto que aquí se puede afirmar que uno va al estadio a culturizarse.
Pero, sin duda, si queremos hablar de bibliotecas y fútbol no podemos dejar de recordar el extraordinario caso de la Biblioteca Florentino Ameghino, situada en Venado Tuerto, en la provincia argentina de Santa Fe. La restauración de la biblioteca de la ciudad por parte de un grupo de jóvenes con inquietudes culturales se vinculó a la creación de un equipo de fútbol de vestimenta extravagante y colorido, como contraposición al oscuro clima de la dictadura militar. Corría el año 1982, y aquellos jóvenes se llamaban los muchachos de la “Biblio”.
Vale la pena leer la historia. Desde este enlace podéis acceder al texto escrito por Juan Mascardi en la página http://www.yorokobu.es Por si tenéis algún problema para acceder a la página os la transcribo íntegra. Disfrutad de la historia.

La biblioteca que migró al fútbol

POR JUAN MASCARDI – 08 MAYO 2013

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“Dijo Gabo: cuando un cuento es bueno tiene que parecer verdad y para que una crónica sea buena ha de parecer mentira”, Alberto Salcedo Ramos cita a Gabriel García Márquez

 

Los exjugadores se disfrazan de jugadores. El ropaje es anacrónico. Camiseta mitad amarilla y mitad roja cruzada en diagonal, pantalones a discreción, pompones en las medias, zapatillas para algunos, para otros botines usados. Se reencuentran y se cambian en un vestuario ajeno. Dos décadas después pretenden entonar los viejos cánticos. Desafinan con el ritmo de Sobreviviendo del cantautor Víctor Heredia. Le cambian la letra:

Tomamos vino puro en damajuana

y los boludos dicen que es marihuana…

 

Luego, el anti-insulto, la canción que desconcertaba a los rivales.

Ay qué ordinarios

son los contrarios

ellos tocan el bombo con la manguera,

eso a nosotros si nos desespera

 

Salen a la cancha. Hay menos de veinte simpatizantes desperdigados en las gradas de madera y cuatro banderas: ‘Enamórese’, ‘La vida ataca a los molinos’, ‘San Eduardo contigo puedo’ y ‘Tristeza aquí no entrás’. El viejo director técnico Dionisio Rubio, un excomisario que abandonó la Policía de Santa Fe por no aceptar las órdenes criminales que emitía la cúpula de la fuerza durante la dictadura de Jorge Rafael Videla, habla. Les habla.

Hoy es un día histórico para el fútbol. Esto es muy hermoso porque nos volvemos a encontrar después de veinte años. Ustedes fueron verdaderos cracks, jugadores que convocaban hinchas de otros clubes que venían a verlos”.

Dionisio se agacha y abre una canasta.

Nuestro símbolo de paz y libertad fue la paloma”.

En efecto, la casaca alternativa de la Biblioteca Ameghino era blanca, lisa con una paloma en el pecho. De la canasta salen un puñado de aves. La escena es surrealista. Los pájaros vuelan. Los jugadores aplauden. El DT vestido de DT continúa con el simulacro y da una brevísima charla técnica. Nosotros tratamos de grabar con tres cámaras la mayor cantidad de detalles, gestos y sonidos. Somos los responsables del disfraz. Deseamos contar la historia de la biblioteca transformada en equipo de fútbol y sugerimos una consigna casi como una exigencia: si el equipo se reencuentra deben jugar vestidos de jugadores. En la propuesta decimos “vestidos”, jamás “disfrazados”. El simulacro crece, los actores actúan y se apropian de su pasado.

Los exjugadores no pueden meterle un gol al equipo juvenil del club Jorge Newbery de la Liga de Venado Tuerto. La ficción propuesta para el documental es un fiasco. Los exjugadores se cansan a los quince minutos. Los partenaires no se dejan ganar y meten un golazo. Nadie entiende nada. Dionisio se exalta. Sobre el final, Lalo Pieroni, el volante derecho devenido en psicólogo aprovecha un rebote en el travesaño y la mete con el arco libre. El partido termina 1 a 1. Nosotros tenemos algunos inserts de apoyo para ‘vestir’ las entrevistas. Yo me quedo con ganas de entrar a la cancha, como lo hizo cierta vez el escritor Osvaldo Soriano.

………………………

Un hombre medio gordo, medio pelado, medio canoso, medio tímido, medio petiso pregunta:

Disculpen, ¿esta es la Biblioteca Ameghino?

Un grupo de directivos, hinchas y lectores, en su mayoría jóvenes recién salidos de la escuela secundaria, hacen lo de siempre: juegan al truco, pintan paredes, recauchutan libros, diseñan acciones, debaten ideas, componen canciones. Están en el hall de la Biblioteca Florentino Ameghino de Venado Tuerto, el espacio que literalmente tomaron en 1984 cuando la reapertura democrática dejó de ser una promesa. Están en una ciudad ubicada en plena Pampa Húmeda, en el centro del polo agroexportador más importante de Argentina. Están en el sur de la provincia que tiene forma de bota: Santa Fe. Están tan concentrados en lo que están haciendo que responden automáticamente: “sí, ésta es la Biblioteca Ameghino”.

Yo soy Osvaldo Soriano, hoy tengo que dar una conferencia.

Los muchachos no reconocen al escritor sin rostro, al columnista sin foto. Los jóvenes que siempre devoraban las contratapas del innovador diario Página 12 jamás habían leído un libro de Soriano. El autor de las novelas Triste, solitario y final y No habrá más pena ni olvido había regresado a la Argentina luego de un prolongado exilio en Bélgica y se acercó a esa particular experiencia cultural que mezclaba literatura con fair play. Se quedó en la ciudad todo el fin de semana. “Hubo una amistad con Osvaldo hasta el día de su muerte”, recuerda Pablo Sevilla, bibliotecario y dirigente futbolístico en la Biblioteca Florentino Ameghino. “Él era un intelectual que amaba el fútbol”.

Soriano no fue el único escritor que recorrió los 370 kilómetros por la ruta nacional 8 para llegar a Venado Tuerto. Desde Buenos Aires, otros intelectuales hicieron el mismo camino: Tomás Abraham, Beatriz Sarlo y Juan Carlos Portantiero, entre otros. Y, desde Uruguay, llegaron Eduardo Galeano y Mario Benedetti.

El fútbol tiene la significación de una guerra sin muertos, pero con conflicto. Con drama, reflexión e ironía. Y amalgama a la familia, cosa que no consigue la política”. Así, el Gordo Soriano, definía su pasión, su eterno amor de infancia. Porque Soriano es, ante todo, futbolista. El narrador que hasta los 20 años jugó de centrodelantero en las áridas tierras australes, el autor que imaginó al hijo de Butch Cassidy como árbitro en un partido de fútbol en la Patagonia, fue uno de los pocos intelectuales que traspasó el espacio de los libros para cumplir un deseo: salir a la cancha junto a esa infrecuente formación donde el arquero vestía un buzo que emulaba un frac y los jugadores portaban bermudas a cuadros como un mantel.

Fue en un partido en Murphy —dice Pablo Sevilla—. A mí me tocaba, de algún modo, cuidarlo. Soriano salió a la cancha con el plantel.

El equipo posa para la foto. El Gordo está de pie en el margen izquierdo abrazado al capitán Marcelo Sevilla y al arquero Marcelo Dabove, de frac, vincha y sonrisas. Minutos antes de comenzar el partido, Pablo, el dirigente, se acerca hasta el escritor porque lo nota conmovido, excitado.

—¿Te pasa algo, Osvaldo?

—Daría todos los libros que escribí en mi vida por volver a jugar al fútbol.

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El perfil del DT es desconcertante. Dionisio Rubio quiebra el estereotipo del policía duro y se autoproclama como guía, es el camino de acceso para contar la historia. El hombre al frente de la dirección técnica de un equipo rebelde, con ideas que marchaban a contramano de los estándares conservadores de la época, transformó su propio pasado. La Biblio fue la experiencia que le permitió canjear las miserias humanas que vio en la fuerza del orden por el andar displicente y aventurado de un equipo de fútbol. Rubio se pregunta por qué los jueces no renunciaron a sus cargos durante la dictadura si no había Justicia. Él lo hizo, su enroque fue menos balas y más goles.

Un mes antes del partido simulado lo convocamos a una reunión de producción. El objetivo: que Rubio convoque uno por uno a los integrantes del equipo para un partido de reencuentro. Dioni tiene los números de varios de sus exdirigidos prolijamente anotados en una agenda de cuero. Disca, tono, hablan. Algunos se sorprenden por la comunicación telefónica, otros aseguran que aún poseen los pantalones a rayas multicolores. La mayoría se compromete para el partido. Nosotros grabamos las llamadas.

Goles de la campaña 87-88” dice en la portada de un CD. Dionisio posee un archivo fotográfico cronológico, impecable, detallado. Hay afiches, artículos con análisis que hablan de la cultura y del fútbol y postales. Él puede reconstruir los pasos del equipo como si tuviera las figuritas difíciles de un álbum deportivo de moda. El CD gira en off. El relator vuelve a detallar gambetas y goles. Dionisio escucha en trance. El reencuentro ya está organizado.

Antes de irse, advierte: “Me gustaría hacer una suelta de palomas”.

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Pablo Sevilla está sentado en el patio interno de la Biblioteca junto al poeta Walter Abaca, uno de los empedernidos hinchas que durmió al calor de una estufa varias madrugadas en este mismo lugar. “Dormíamos acá, nos tapábamos con las banderas”, recuerda el poeta. Pero el impulso de los muchachos de la Biblio tiene su génesis durante la oscuridad de la dictadura.

En Venado Tuerto también hubo desaparecidos políticos, faltaban, pero nadie preguntaba por ellos — dice el bibliotecario.

En 1981, dos años antes de la caída de los militares, nace el Grupo Luz. Pablo, de 17 años por aquella época, rememora una acción concreta que considera un punto de quiebre: la convocatoria a una muestra de arte “sin censura” en la plaza. La campaña de difusión fue de altura: colgaron carteles en postes del tendido eléctrico a varios metros de la superficie, muy altos, para que la policía no pudiera alcanzarlos. El lema fue: “Estamos vivos, luz y entremos a la plaza”. El primer acto fue en octubre de ese año. Asistieron seis mil personas en una ciudad que hoy tiene más de cien mil habitantes. La gente comenzó a entrecruzarse, a intercambiar ideas, a reconocerse, a aparecer. “Vivir en esa época fue terrible, penosa, porque a pesar de mi edad yo era muy consciente de lo que ocurría en el país”.

Llevamos casi dos horas de grabación con Pablo Sevilla. Es la tercera entrevista que le hacemos. Ya estuvimos en la plaza de Venado Tuerto y en el patio de la biblioteca asediándolo. Ahora, que estamos entre libros, le pregunto cómo llegó la idea del balompié.

—Eso fue surgiendo entre el límite permitido, en el filo de la navaja. La idea original de la Biblio eran los libros y que la gente se acercara a los libros. Luego, pensamos que el fútbol también podía sumar. Después de un mes de asados nos preguntamos por qué no jugar en la Liga Venadense. El fútbol y la biblioteca forman parte de la cultura de la gente, no tienen que estar separados.

Los jóvenes no entendían por qué a las bibliotecas se las asociaba con una atmósfera de solemnidad. El devenir se fue dando instintivamente. Una de las primeras ideas del grupo fue pintar el frente de la Biblioteca con un estilo psicodélico, multicolor, para que los estudiantes que aún usaban pantalones grises y corbatas azules no tuvieran miedo de ingresar. También escribieron poemas en las paredes y sacaron las mesas y los libros a la calle. Dicen que todo lo hacían con felicidad, que no era un trabajo común: dormían, se levantaban, tomaban mate y seguían trabajando. Era algo que les pertenecía y aún hoy les pertenece. Para Pablo, el hombre, el legado de la Biblio “es la experiencia misma”. Haber participado de aquella experiencia.

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Para un argentino el asado es una misa pagana. No es solo el arte de la cocción de los distintos cortes de la vaca en una parrilla desgrasándose al calor de las brasas. Es un encuentro interminable que puede dividirse en etapas: selección de la carne, encendido de la fogata, ritual del vino tinto, comunión alrededor de fuego, degustación del manjar y extensa sobremesa. En algunos de los cientos de asados en la Biblioteca se empezó a gestar la idea de armar un equipo de fútbol y afiliarlo a una de las ligas más voluminosas de Latinoamérica: 30 equipos divididos en dos categorías. Los futbolistas coinciden: las grandes ideas se gestaron en un asado.

A media cuadra del epicentro ideológico había una carnicería que les proveía la materia prima para las ideas. Su dueño, un tal Mussini: tano temperamental que poco a poco fue seducido por la bohemia y el buen juego. Marcelo Sevilla, poeta, actor, exquisito volante central y capitán del equipo, recuerda que el carnicero no solo les fiaba sino también los atendía en horarios atípicos: “Le caíamos a las tres de la mañana, nos abría el local y nos daba la carne”.

Más allá de la seducción y más acá del temperamento, el poeta Abaca todavía tiembla cuando rememora la persecución de madrugada del tano que lo corrió cuchilla en mano, en calzoncillos y en cuero por la impertinencia del horario para adquirir una tira de asado. No obstante, Mussini entendió que con la puesta en escena de una acción de pura emoción violenta no iba a conseguir el dinero adeudado y cambió la estrategia. Cierta mañana irrumpió en la Biblioteca, quebrando la calma y la serenidad de los lectores.

Gritó: “¡Todos estos libros son míos!”.

Para apaciguar la ansiedad, los asadores le canjearon el trofeo de un campeonato oficial por un par de kilos de carne. El tano lo exhibió durante tres semanas entre las achuras y los chorizos.

En una sociedad de doctrina fabril, donde el trabajo es la automatización de las tareas, los muchachos de la Biblio construyeron en las extensas pausas de una democracia en pañales sus más brillantes ideas. Una tarde, en el patio de la Biblioteca se toparon con una pelota que formaba parte de la utilería de una obra de teatro infantil y se pusieron a jugar. Era verano y en las ciudades argentinas se suelen promover campeonatos estivales donde los amateurs pueden cumplir el sueño de sus vidas. ¿Y si nos anotamos en el torneo? Ese hecho fue el puntapié inicial para dar un paso más: afiliar una Biblioteca en una liga de la Asociación del Fútbol Argentino.

La filosofía del grupo era dedicarle tiempo completo al proyecto. “Era la vida cotidiana vivida de manera grupal, interactuada y siempre pensando en alternativas”. Marcelo Sevilla sostiene que las cosas ocurrieron gracias al contacto entre la gente. Aquellas personas que estuvieron recluidas en sus propios hogares durante los seis años de una dictadura sangrienta se empezaron a mezclar. “Se arrimó mucha gente y de todas las edades. Se organizaron peñas, se imprimieron revistas. Fue una experiencia colectiva y cultural. Pensábamos en cómo vivir siendo felices todo el día y no de a ratos”.

Los hechos sucedían en simultáneo: el fútbol, las peñas, los bailes, los libros, las charlas. Todo desbordaba y estaban enloquecidos, era la vida misma la que les iba poniendo leyes en la boca. Ante tanto desparpajo la sociedad los tildó de vagos, hippies y faloperos. Cómo podía ser que esos jóvenes estuvieran de asado en asado todas las noches y que se pusieran a bailar en la vereda a cualquier hora.

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Dionisio Rubio llega con una pata de ternera. Hay panes saborizados, salsa criolla, chimichurri, mayonesa, kétchup y cuchillos. Una versión posmoderna del asado, una especie de fast food cárnico de moda donde se va derecho al grano: cortar, embadurnar y deglutir. Si bien no hay ritual, a nosotros nos permite recrear un encuentro dos décadas después según nuestras propias necesidades audiovisuales. Los exjugadores, exdirectivos, y exsimpatizantes están amontonados en el quincho del club Jorge Newbery, el equipo más ganador de toda la historia de la Liga de Venado, plantel que ahora dirige Marcelo Sevilla. Como en un reencuentro de graduados de la escuela secundaria la evocación del pasado está en la esencia pero aquí no hay una parodia del pasado sino la puesta en palabras de una experiencia fundante.

En el libro de Matías Bauso ‘Dirigentes, Decencia y Wines’ sobre la obra periodística de antológico periodista deportivo Dante Panzeri se analiza la denominada ‘Máquina de River’ de los años ’40. Dice Panzeri: “El fútbol jamás podrá ser trabajo, puesto que es artesanía del atrevimiento, no del cálculo”(1). La Máquina fue un equipo multicampeón e innovador por la colaboración y el despliegue donde “todos suben, todos bajan, unos entran y otros salen”. El excomisario admira profundamente las ideas de Adolfo Pedernera y de aquel equipo de River. Él aplicó ese estilo cuatro décadas después.

El crack no es un jugador individual sino el equipo en su conjunto. En mi equipo no hay enganches ni jugadores encumbrados, tienen que laburar todos— dice Rubio.

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La rigidez y la estampa de Rubio contrastaban con la desfachatez de los jugadores que se disfrazaban como payasos pero jugaban seriamente. En el almuerzo ya no lo tratan de “usted”: pasó mucho tiempo y los players no son tan jóvenes. Dionisio, no obstante, es una especie de tutor, de formador. Muchos de ellos siendo niños jugaron en las divisiones inferiores de Centenario, equipo que el policía dirigía en sus ratos libres. Dionisio imponía algunas reglas: no matar pajaritos con gomeras, mostrar el boletín de calificaciones de la escuela.

Algunos exjugadores aún están transpirados. Casi ninguno se saca la casaca amarilla y roja que emula el equilibrio del yin y el yan. Comen y se ríen en clave irónica. Yo los veo como figuritas, esas figuritas redondas que venían en plano medio para completar los álbumes de los años felices. Las limitaciones del documental televisivo reduce la historia en tiempo y espacio y convierte a los personajes en bustos parlantes: son figuritas que hablan.

Jugar nos producía alegría”, dice el Gringo Bianco, un 9 rubio, grandote y corpulento al estilo Batistuta de la primera época. Omar Panza Majul, odontólogo, volante y goleador recuerda que no fueron pocos los que “se arrimaron a jugar al fútbol y terminaron leyendo una poesía”. Julio Cinquepalmi, plomero y gasista, es el más viejo y el que aún conserva la fibra del deporte en su físico. Con más de 50 años aún hoy sigue jugando. Era el 10 del equipo, un jugador rentado que optó por resignar cobrar suculentos sueldos para sumarse “a pulmón” a la Biblio. La historia dice que cuando jugó en las inferiores de Argentinos Juniors el mismísimo Diego Maradona fue suplente suyo. “Dejábamos a la vista del espectador lindas jugadas, un fútbol vistoso”.

El fútbol de la Biblio era solidario y colaborativo. Un centrodelantero podía bajar y sumarse en la defensa como así también un marcador central tenía la libertad de permitirse un lujo. “Intentábamos practicar un fútbol armonioso y alegre”, dice Dionisio, que entregaba un meticuloso informe por escrito a cada jugador y otro colectivo luego de cada partido.

El extravagante equipo jugaba de local en San Eduardo, a 17 kilómetros de Venado Tuerto, una localidad olvidada por la cartografía mundial. La única forma de llegar al pueblo es por un camino de tierra. Aún hoy, los días de lluvia, el paraje queda incomunicado. Cuando llegó la Biblio, los pobladores inmediatamente se apropiaron del equipo. Los jugadores eran una especie de “estrellas” y Dionisio reformulaba las reglas de la infancia: les tenía prohibido sobrepasarse con las mujeres de allí.

La mesa se hace larga e intensa como en las reuniones familiares de fin de año. La acumulación de una anécdota sobre otra hace que la reconstrucción histórica sea fragmentada, subjetiva, imposible. Ya tenemos casi diez horas de material para un documental de 26 minutos.

Algo extraño le ocurrió a otro equipo el año de la afiliación de la Biblio en la Liga. El plantel completo de Centenario quedó en libertad de acción por un error administrativo y como los jugadores no tenían en dónde jugar varios se sumaron al proyecto cultural-deportivo. Eso le dio volumen y dimensión al sueño que se gestó al calor de los asados. Luego aparece Dionisio, el DT de la infancia, el policía romántico, el amante de Pedernera.

Los integrantes del proyecto aceptaron al azar como aliado. El primer partido oficial de la Biblio se jugó un mes después de lo previsto. Esto hizo que se incrementaran los gastos y con la recaudación de las entradas era imposible sanear la deuda con el banco. El mismo domingo, luego del match, la comisión directiva se reunió y decidieron por unanimidad apostar el dinero que disponían en el casino para poder cancelar la deuda. La comisión lo dejó registrado en un acta y Pablo Sevilla, junto a otros integrantes, viajaron hasta Corral de Bustos, una localidad en el sur de la provincia de Córdoba. Fue un viaje relámpago. En 15 minutos de ruleta ya habían ganado el dinero que necesitaban.

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Un partido decisivo frente a uno de los equipos más poderosos de la Liga fue en Firmat. El relator de la radio de la ciudad vecina buscaba definiciones. En la previa criticó duramente a los jugadores de la Biblio por su aspecto desalineado y por comer junto a los hinchas unos pollos a la parrilla debajo de una arboleda. Durante el match, el equipo jugó su mejor juego y ganó. Al finalizar el encuentro el relator concluyó: “Serán lo que serán pero juegan bien”.

La televisión se empecina en montar acciones efímeras. Un highlight que justifique la emoción o la sensiblería inmediata condensada en un par de segundos. La escenificación del partido simulado fue la excusa del encuentro. El audiovisual posee enormes ventajas narrativas como así también limitaciones de lenguaje. Los relatos se encarcelan en encuadres, el montaje reduce y condensa sin piedad una década de pura vida, el flash-back viene a nosotros, la historia no viaja al pasado sino el pasado se reactualiza. El disfraz de jugador no es ridículo, los jugadores de la Biblio se vistieron de ellos mismos en el presente y al igual que Osvaldo Soriano volvieron a salir a la cancha un tiempo después.

Las canciones de Joan Manuel Serrat y Silvio Rodríguez en las tribunas, las banderas como consignas de defensa extrema a la vida, las flores repartidas en el día de la madre, los pompones multicolores en las medias, las pantalones a cuadros y los aplausos a los goles exquisitos de los adversarios son sólo detalles decorativos de un proyecto pleno. El bicampeonato 1987-1988 de la Liga Venadense de Fútbol es la expresión máxima sobre cómo se puede sostener con alegría y desparpajo un plan con argumentos, con amor, con dedicación.

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La sobremesa se extiende. Yo me retiro unos metros más allá del quincho y le pregunto a Marcelo Sevilla qué es la utopía.

—Es el horizonte que no se alcanza nunca. Es ese lugar de luz que uno quiere llegar. La utopía es el presente.

No es nostalgia por lo que fue y no volvió a ser. No es tristeza por el alejamiento de un pasado que puede tironear con la potencia de una cinchada sostenida por recuerdos precisos. No es la remembranza teñida de humor, chanzas, amagues, asados, libros y goles que crece mientras más se alejan de un tiempo que ya pasó. Tal vez sea un poco de todo. O tal vez sean la desmemoria y el olvido los antídotos que les permiten a los jugadores avanzar en otros roles, en otros puestos, en otras funciones donde ellos mismos son sus propios directores técnicos. El devenir como potrero plagado de banderas, canciones y tribunas que siempre acompañaron en paralelo los nuevos caminos, los asientos contables, los divanes, los remedios, los caños de termofusión, otros bancos de suplentes. Si la utopía es el presente, la utopía ya pasó.

“A la juventud se la entiende recordando cómo éramos nosotros. Y el fútbol es primero quehacer de jóvenes, luego de maduros”, Dante Panzeri escribe sobre los protagonistas admirados por Dionisio: ‘La Máquina de River’, las estrellas que revolucionaron el fútbol. El modelo que el viejo DT pudo plasmar en la Biblio reactualizando las ideas del team de los’40 en una liga de campo. Dionisio fue actor de un engranaje híbrido, interpretó la esencia y dejó que las cosas sucedan dando lugar al imprevisto, a esa desmesura juvenil de un grupo de pibes que primero vivían, después jugaban. Siempre vivían.

Juan Mascardi es cronista, guionista y profesor en la Universidad Nacional de Rosario (Argentina).

Nota del autor:

El 10 de octubre de 2009 viajamos a Venado Tuerto para rodar La biblio y el fútbol, un capítulo de la serie de crónicas Sustancias Elementales que escribí y dirigí, y que se luego se emitió en Señal Santa Fe, Colsecor Córdoba, Canal Encuentro de Argentina y Canal Institucional de Colombia.

La investigación periodística de tamaña historia les pertenece a mis compañeros Antonio Galimany, Paulo Ballan y Federico Pissinis. La historia de la Biblio la conocí a los 13 años gracias a la revista Super Fútbol, una especie de enciclopedia mensual que otorgaba espacio a equipos de las provincias de Argentina, lejos de las tapas de exitismo que difundían los diarios de distribución nacional donde sólo Boca, River y algunos clubes de la Capital Federal tenían espacio.

Con el paso del tiempo, en los años 90, conocí al futbolista Iván Gabrich a través de su hermano Fernando, colega y amigo. El exjugador de Newell’s y del Ajax de Holanda había jugado en la Biblio a los 14 años un Torneo Regional. La historia contada por Iván sirvió como una revisión de aquel vago recuerdo de mi adolescencia.

Siempre quise contar esta historia como hoy lo estoy haciendo. Como lo hicimos aquella jornada lluviosa del 2009 que entró también en mi historia personal por ser el día que más grité un gol en mi vida: el que Martín Palermo le convirtió a Perú y que le permitió a la selección Argentina clasificar para el Mundial de Sudáfrica. Ese día, mientras viajábamos desde Rosario a Venado Tuerto, le dije al camarógrafo Marcos Garfagnoli: “Hoy Maradona querrá ingresar en uno de los capítulos de la novela de Palermo”.

Y así fue. Argentina le ganó a Perú 2 a 1, agónicamente y en el último minuto. Grité tanto, tanto, tanto ese gol parado en una silla de un bar de Venado Tuerto abrazándome con desconocidos que perdí la voz en el instante, quedé mudo. El segundo día de rodaje no pude continuar con las entrevistas. Mi modo de comunicación fue a través escuetas escrituras en papelitos y señas que casi ningún integrante del equipo podía comprender.

En Venado Tuerto dejé mi voz pero renové la pasión, fui testigo del desenlace de una novela que seguí durante más de diez años, la vida de mi ídolo futbolístico Matín Palermo y le pode poner rostros, sonidos, colores, aromas, tamices a la historia más bella que nos regaló el fútbol: los bibliotecarios que sembraron el verde césped con ideas y desparpajo.

Mayo 2013. Rosario, Argentina.

(1) Dirigentes, Decencia y Wines. Obra periodística de Dante Panzeri. Edición a cargo de Matías Bauso. Editorial Sudamericana, Buenos Aires 2013

Imágenes de Dionisio Rubio y edición de Antonio Galimany.

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“El chaval de la cantera”, de Luis Prats. Editorial La Galera

 

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Dentro de la literatura futbolera de ficción destinada al público infantil y juvenil podemos identificar diferentes tipologías. Por ejemplo, historias puramente futbolísticas, otras que incorporan una componente de aventura y misterio, narraciones protagonizadas por equipos o por un único personaje…

Una de las temáticas más habituales en este tipo de libros –y, al mismo tiempo, de las más interesantes, pues permiten ir más allá de la lectura- es la de las historias cuyo principal objetivo es el de transmitir unos valores vinculados con la práctica de la actividad deportiva. Obras en las que el placer de la lectura se complementa con la asimilación de un mensaje positivo. Y un ejemplo de ello lo encontramos en “El chaval de la cantera”, de Luis Prats, publicado por la editorial La Galera.

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El chaval de la cantera” (“El noi del planter”, en la versión catalana) es uno de esos libros en los que se nos ofrece un retrato de lo que significa disponer de aptitudes para jugar al fútbol, que un ojeador las descubra y que se pase a formar parte de la estructura de un club: dejando tu hogar para pasar a vivir en una residencia, cómo se vive el día a día lejos de casa, las ilusiones y las expectativas por triunfar, etc.

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SINOPSIS

Nico juega tranquilamente en la plaza del pueblo. Lo que no sospecha es que dentro de pocas semanas tendrá su sueño al alcanze de la mano: lo llamarán del mejor club del mundo para hacer las pruebas de acceso a la cantera de futbolistas. Nico tiene el fútbol en la cabeza, y en los pies, cuando hay otros que solo lo tienen en los pies. Y eso es lo que busca el cazatalentos: un chaval que vea el juego desde el campo, mientras se está jugando. Que tenga ojos en la nuca y sentido común. Y que en lugar de botas calce guantes. Pero el día a día será duro. Y Juan tendrá que acostumbrarse a muchos cambios y que estos no le afecten en el campo.

Hace poco publicaba este artículo sobre “Torneo”, el libro de Miguel Pardeza, en el que dibuja sus primeros años en Madrid, tras ser fichado por el club madrileño y pasar a dejar su pueblo natal para ir a vivir a una pensión. En “El chaval de la cantera” el camino que se describe es similar, puesto que Nico Parra, el protagonista de la historia, es descubierto por un ojeador, quien recomienda su fichaje también por el Real Madrid (en la versión española, por el FC Barcelona en la catalana), pasando a partir de entonces a vivir en la ciudad deportiva con otros niños de su edad.

Nico regresó a casa contento, pero no tanto como lo estaba cuando había salido de ella; cavilaba si todo eso de irse a Madrid era una buena idea. Parecía que sí, pero solo el tiempo lo diría. En aquel momento se dio cuenta de que las buenas y excitantes noticias tambien tenían un lado oscuro: dejar su vida en Villanueva y embarcarse en una nave que quizás le llevaría a buen puerto, aunque la travesía se vislumbraba incierta y quién sabe si con algunas tormentas.

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La historia de Nico se convierte en una descripción del trayecto que muchos jóvenes futbolistas deben recorrer si quieren probar fortuna en el mundo del fútbol. El autor podría haber escogido narrar estas situaciones destacando el punto de vista más competitivo, frío y lleno de envidias y juego subterráneo que tan bien conocemos. Pero, sin embargo, la perspectiva que adopta es la de subrayar que no todo tiene porqué ser oscuridad en este mundo, y que también hay espacio para la esperanza y la vivencia de momentos gratificantes.

No nos piden que triunfemos.

Nos piden que lo intentemos con todas nuestras fuerzas.

Nico Parra

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El chaval de la cantera” se convierte, así, en un magnífico ejemplo de la utilización del fútbol como elemento para transmitir los valores más positivos del deporte. Una lectura muy recomendable para los jóvenes deportistas, que centrándose en los elementos más pedagógicos y educativos se convierte en una magnífica propuesta para asimilar conceptos como esfuerzo, compañerismo, amistad y superación.

E incluso para comprender que aun en los malos momentos, hasta en aquellas situaciones en las que nos podamos cruzar con quien esté dispuesto a provocar el mal ajeno, no debemos abandonar nunca el camino de la deportividad.

– A los contrarios se les saluda siempre, siempre, siempre, antes y después del partido. Que a nadie se le ocurra no hacerlo porque me mosquearía de verdad y le dejaría tres partidos sentado en el banquillo. Podemos enfadarnos con el contrario pero nunca debemos ser maleducados, ¿estamos?

La narración se complementa con unas poderosas imágenes realizadas por la ilustradora Eva Sánchez, muy dinámicas y vistosas, y que complementan a la perfección algunos pasajes del libro.




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FICHA TÉCNICA

Colección: Narrativa singular

Medidas: 15,0 x 21,0 cm

Páginas: 232

PVP: 12,45/12,95€

“El loco Higuita y el escorpión”, núm. 1 de la serie “Gol o penalti”, de Jaime Palomo Cousido y Caterina Rielli. Bookolia

 

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No hay duda. El fútbol es la recuperación semanal de la infancia. Y si no lo es, es uno de los conductos que nos puede llevar hasta nuestros primeros años. Porque gracias al fútbol (mejor dicho, gracias a los libros sobre fútbol, o a la combinación de fútbol y literatura, que cada cual se refiera como quiera) me siento como un niño con zapatos nuevos, o como un niño el día de reyes, o como un niño al que llevan a los caballitos en un día de feria.

Y hoy ha vuelto a suceder, ya que he tenido el honor de recibir un ejemplar dedicado de “El loco Higuita y el escorpión”, el primer número de la que promete ser una gran serie de once ejemplares cuyo título genérico es “Gol o penalti”.

Pero, ¿qué es exactamente “Gol o penalti“? Nadie mejor que la Presidenta de Honor del proyecto para explicarlo:

Sus autores son Jaime Palomo Cousido (responsable del texto) y Caterina Rimelli (autora de las ilustraciones) y está editado por Bookolia tras un proyecto de crowfounding a través de la plataforma Verkami, una iniciativa sobre a la cual ya hice referencia en el blog con este artículo.

Afortunadamente, el proyecto ha salido adelante, porque el ejemplar que he recibido es una auténtica maravilla en cuanto a la edición, composición, contenido e ilustraciones. Un gozo que, volviendo a las sensaciones de las que al principio hablaba, me ha transportado a aquella época en la que cuando abría un sobre de cromos descubría en su interior uno de los que me faltaban para completar la colección, de aquellos que tan difícil era encontrar. Con “El loco Higuita y el escorpión” me ha sucedido algo similar en cuanto he abierto el sobre que había en el buzón y he extraído de su interior esta delicia de librito.

En la contraportada podemos leer:

“Gol o penalti” es una colección de once libros que cuentan historias reales que tienen como denominador común el fútbol. Historias de jugadores que siguienron viviendo este juego como cuando eran niños. Historias de partidos míticos, de anécdotas inverosímiles, de dulces derrotas y tristes victorias, de travesuras; de viajes transoceánicos, regates imposibles y goles de leyenda. El fútbol entendido como juego. Ni más, ni menos.

El Loco Higuita y el Escorpión es el primer libro de la colección. En él contamos la historia del mítico René Higuita, un portero colombiano que concebía el fútbol como un espectáculo, un portero que se inventó una jugada, el escorpión, que solo tenía un objetivo: arrancar una sonrisa a los esepctadotes; un portero que decidió, el 6 de septiembre de 1995, que quería protagonizar una de las mayores travesuras de la historia del fútbol.

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Las cerca de 60 páginas de -insisto- este magnífico ejemplar nos ofrecen una aproximación a uno de los personajes más estrambóticos y originales de la historia del fútbol: René Higuita. Un portero que rompió con las convenciones que se asociaban con la posición de guardameta y que, pese a sus excentricidades, se ha hecho un hueco en el recuerdo de cualquier aficionado al fútbol.

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El loco Higuita y el escorpión” es una obra que nos conduce desde los inicios de Higuita a sus principales momentos como futbolista, en un relato que nos explica anécdotas y momentos destacados de su trayectoria, tanto en su función de cancerbero (fue un gran especialista deteniendo penaltis) como de… ¡lanzador de faltas!

Y todo ello explicado de una manera instructiva, amena y visualmente muy atractiva, puesto que el contenido se complementa a la perfección con unas ilustraciones de gran atractivo y originalidad.

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Una auténtica delicia que te deja con ganas de conocer ya el segundo número, y con la ilusión de un niño comenzar a pensar ya en la carta de los reyes magos.

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Podéis leer algunas páginas desde este enlace.

Y aquí tenéis el booktráiler:

 

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“Fora de joc”, de Vicent J. Climent y Rafa Morata. Andana Editorial

 

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“I recordeu que el nostre principal objectiu no ha de ser guanyar algun partit, sinó millorar dia a dia, treballar en equip i sobretot gaudir, passar-nos-ho bé”.

“Y recordad que nuestro principal objetivo no ha de ser ganar algún partido, sino mejorar día a día, trabajar en equipo y sobretodo disfrutar y pasárnoslo bien”.

 

Por enésima vez insisto en una cuestión que no me cansaré de reivindicar: el fútbol, como tema literario, tiene un gran potencial. Afortunadamente, cada vez hay más conciencia respecto de esta circunstancia. Y para demostrarlo, no hay más que echar un vistazo al gran número de novedades de género futbolero para darse cuenta de ello.

Especialmente interesante es el caso de la literatura infantil y juvenil, un segmento para quien las obras de este tipo pueden ser de gran utilidad. Porque el fútbol es mucho más que un simple correr tras una pelota, y las variantes temáticas son enormes si se quieren explorar. Especialmente si nos centramos en obras destinadas a los lectores más pequeños.

Un claro ejemplo de esta situación es el que encontramos en “Fora de joc” (“Fuera de juego”), un libro destinado a los lectores a partir de 10 años en el que se potencia, por encima de todo, la componente transmisora de valores que este tipo de obras, en las que fútbol y literatura son los principales protagonistas, pueden aportar.

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Escrita por Vicent J. Climent Blasco, con ilustraciones de Rafa Morata y publicada por Andana Editorial, se trata de una obra perteneciente, precisamente, a la colección que bajo el nombre de “Valores” tiene la editora en su catálogo.

Algunos datos sobre esta colección son los que encontramos en el libro:

Valores” es una colección de libros que ofrece a los jóvenes lectores aventura y diversión. Al mismo tiempo ayuda a descubrir la realidad social más próximo invitando a la reflexión. Se trata de narraciones constituyen un material literario único para ayudar en la educación en valores.

Además, cada libro dispone de unas propuestas didácticas para profesores y padres elaboradas por profesionales de la educación. El material se puede encontrar en www.andana.net.

SINOPSIS

El libro está escrito en valencià/català, y en la sinopsis podemos leer:

Buscamos jóvenes para formar un equipo

Es fundamental tener bien claras las 4-E: esfuerzo, entrenamiento, deportividad y, sobre todo, equipo. Consideramos imprescindible ser un buen compañero y tener ganas de pasarlo bien. No es indispensable tener un aspecto atlético ni una gran capacidad técnica. Interesados dirigirse a Alicia Martí. Mientras tanto, podéis comenzar a leer “Fora de joc”.

La protagonista de la historia es Alicia, una chica totalmente ajena al mundo del fútbol y que, pese a ello, se verá empujada a buscar un grupo de jugadores para formar un equipo. Su padre, regidor de Deportes, será quien la empujará a esa situación, ya que se comienza a organizar un torneo con motivo de las fiestas del pueblo y, a falta de un equpo para completar el cuadro de participantes, pide a su hija que participe.

“Però sortosament Llorenç em va fer una proposta força interessant: crear un equip amb joves de la nostra localitat”.

(“Pero afortunadamente Llorenç me hizo una propuesta muy interesante: crear un equipo con jóvenes de nuestra localidad”.)

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A partir de ese momento Alicia se pondrá en marcha en busca de los jugadores necesarios. El proceso de formación del equipo es el que iremos conociendo capítulo a capítulo, así como los problemas y dificultades que se irá encontrando para conseguir su objetivo.

Una historia en la que el fútbol no es utilizado para describir grandes gestas ni grandes triunfos, que se mueve lejos de los grandes estadios y los elementos más mediáticos. Lo que aquí encontramos es justamente todo lo contrario. Una historia protagonizada por jóvenes normales que son capaces de unirse, pese a las dificultades, para conseguir una meta común.

Y, como al principio decía, un ejemplo más del papel que el fútbol como tema puede ocupar en las lecturas destinadas a los lectores más jóvenes. En este sentido, habrá que estar atentos a la sesión que sobre fútbol y literatura infantil y juvenil se celebrará en el marco de la edición de “Letras y fútbol” de este año. Seguro que lo que allí se diga estará muy en consonancia con esta idea.

Vale la también la pena destacar las ilustraciones de Rafa Morata que están repartidas entre las páginas del libro. Aunque son todas en blanco y negro, se trata de dibujos poderosos que aportan expresividad a los personajes.

Podéis leer un fragmento de la historia en este enlace.

Aquí tenéis el vídeo que grabamos cuando el libro aterrizó en el buzón de casa.

Y aquí el booktrailer de verdad, en el que el autor del libro nos habla de la novela.

 

Y, por último, en el siguiente vídeo podéis escuchar una entrevista radiofónica con el autor en relación con el libro.

 

Presentada la edición 2016 de Letras y Fútbol

 

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La Fundación Athletic Club, en colaboración con la Diputación Foral de Bizkaia y con el patrocinio principal de Euskaltel, presenta la séptima edición de Letras y fútbol, la ya clásica cita anual con la literatura y el fútbol, que este año se desarrollará entre el 7 y el 12 de noviembre en San Mamés.

El programa principal constará de seis encuentros temáticos en los cuales se indagará en diferentes aspectos de la relación fútbol-literatura. Como invitados, este año estarán, entre otros, escritores y artistas como Philip Kerr, Héctor Abad Faciolince, Valerio Magrelli, Unai Elorriaga, Agustín Fernández-Mallo, Pablo Nacach, Jasone Osoro, Alaia Martin, o el cantante de Los Planetas, Jota.

El festival también contará con la representación en los exteriores de San Mamés de la obra “Mr. Pichichi” de Roberto Ferro y una nueva edición del Athletic Club de Lectura, una acción a través de la cual jugadores y técnicos del Athletic Club recibirán propuestas de lectura, comprometiéndose a aceptar al menos una de ellas y a participar en un club de lectura en torno a la misma. Este año serán Eneko Bóveda, Gorka Iraizoz, Xabi Etxeita, Andere Leguina, Maite Lizaso, Alberto Iglesias y Andoni Imaz quienes participarán en esta innovadora actividad.

Letras y fútbol se enmarca dentro de la innovadora y única en Europa apuesta del Athletic Club por la promoción de la cultura en el ámbito del deporte, que se completa con otras acciones como elThinking Football Film Festival (que en 2017 celebrará su quinta edición) o el BertsoDerbia. En los últimos años, autores como Juan Villoro, Eduardo Mendoza, Eduardo Galeano, Manuel Vilas, Enric González, Bill Buford, David Trueba, Manuel Jabois, Joan Tallón, Jorge Valdano, Bernardo Atxaga, Sergi Pàmies, Ignacio Martínez de Pisón, Simon Kuper, Josep Ramoneda, Jordi Puntí, Kirmen Uribe, Ray Loriga, Hernán Casciari, Andrés Neuman, Amets Arzallus, Ander Izagirre, Martín Caparrós o Eduardo Sacheri han pasado por un festival que año a año se consolida como un referente en lo que a unir cultura y deporte se refiere.

Letras y fútbol 2016 cuenta está organizado por la Fundación Athletic Club y la Diputación Foral de Bizkaia con el patrocinio de Euskaltel y Sala BBK. Igualmente, cuenta con la colaboración de Viajes Barceló, el Hotel Meliá Bilbao. RBA y El Observatorio del libro del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, a quienes los organizadores quieren agradecer su apoyo.

 
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“Ascenso y caída de Humberto da Silva”, de José Luis Muñoz. Ediciones Carena

 

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“Desde pequeño jugaba al fútbol en las playas que rodeaban Bahía y la convertían en el más maravilloso balneario del mundo, hasta que la marea subía al atardecer y el mar se nos llevaba el terreno de juego”.

Ascenso y caída de Humberto da Silva”, de José Luis Muñoz y publicada por Ediciones Carena, es un poderoso retrato de esa moneda en la que el éxito está acuñado en uno de sus lados, mientras que el otro lleva impreso el fracaso. Dos inseparables caras que son radiografiadas en esta magnífica obra que tiene al mundo del fútbol como telón de fondo.

La historia, no por ya conocida, pierde en fuerza al ser transformada en una obra de ficción. Ambientada en la ciudad brasileña de Salvador de Bahía, nos encontramos ante un libro en el que se nos explica cómo el fútbol puede ser el vehículo para viajar desde lo más profundo hasta lo más alto. Y, al mismo tiempo, cuáles pueden ser los peligros de tan anhelado pero vertiginoso viaje.

En la sinopsis leemos:

“Me llamo Humberto da Silva Purísima Concepçiao, hijo de papá negro, como el puro chocolate, que trabajaba, cuando había trabajo, descargando sacos de azúcar, café y cacao en el puerto de Cidade Baixa”.

Así arranca esta fábula sobre la banalidad del éxito y la contundencia del fracaso. Humberto da Silva es un niño de la calla de la populosa y exuberante Salvador de Bahía, la ciudad negra de Brasil. Él y sus amigos siempre andan jugando al fútbol en la playa. Cuando un promotor lo vea, su vida cambiará. De no ser nadie, a ser una estrella. Pero el éxito tiene un precio amargo”.

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Imagen de www.spanish.peopledaily.com.cn

Humberto da Silva, el protagonista y narrador de la historia, es uno más de esos desahuciados habitantes de las favelas. Una familia desestructurada, con un padre alcohólico, un hermano en prisión y ninguna esperanza para salir adelante.

Pero la varita mágica del destino lo elegirá en forma de un ojeador que descubrirá sus prodigiosas habilidades para el fútbol, deporte que practica a diario en la playa con sus amigos y que es la única evasión ante una gris existencia. Gracias a su habilidad se convertirá en el depositario del sueño y la ilusión de miles y miles de niños brasileños que llevan el fútbol impreso en su ADN, que buscan en el balón el salvavidas de la salvación y la supervivencia.

Y llegará el contrato, el fichaje por un club de verdad, el trabajo duro de la profesionalidad, la oportunidad en la vida, el triunfo, la fama y la popularidad. Y de jugar en la playa pasará a jugar en un estadio de verdad, sobre la misma superficie que pisaron ídolos como Bebeto, Rivaldo, Ronaldo, Romario… y Pelé, el dios supremo. Y con ello, la culminación del ascenso.

“Y llegó el momento crucial, el de la verdad, aquel con el que soñaba cuando era niño y jugaba con mis compañeros en la favela, o cuando pateaba el balón y la arena en las playas”.

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Imagen de www.que.es

 

Su autor, José Luís Muñoz, explica que ha “querido que sea el propio Humberto da Silva, en primera persona, el que vaya contando su historia a su manera, de forma caótica y atropellada, con el lenguaje elemental de la favela”.

Y es que el lenguaje es ciertamente crudo y directo, una narración que fluye a borbotones, sin apenas pausas ni respiros ni apenas signos de puntuación, una sucesión de disparos que se encadenan como en el intercambio de pases de una larga jugada. Un hablar en voz alta lleno de expresiones cortantes y contundentes, sin maquillar lo que se quiere explicar, especialmente en cuanto al sexo se refiere, sin escatimar ni disfrazar nada.

De hecho, la voz en primera persona del protagonista nos acaba arrastrando hasta el mundo que describe, haciendo que la novela adquiera, por momentos, una poderosa atmósfera de realidad. Así, en un momento del libro aclara: “…de modo que pudiera redactar esta especie de memorias que el lector tiene entre sus manos, que me perdonara su estilo torrencial, su abundancia de comas, el que las frases no se acaben nunca y se engarcen con otras, como cuentas de un rosario…“.

Y es inevitable intentar asociar al Humberto da Silva de la ficción con algunos casos de famosos y populares futbolistas en los que, quizá, el autor haya encontrado inspiración.

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 Imagen de www.tiempo.hn

Ya desde el título se anticipa gran parte de lo que estamos a punto de presenciar. Sin necesidad de abrir el libro ya intuimos que no estamos a punto de recorrer un camino de rosas. O sí, pero a cambio de un peaje ineludible.

Capítulo a capítulo asistimos al ascenso, desde los más bajo, desde el submundo de la favela de Os Alagados, en Salvador de Bahía, desde los sótanos de la estructura social para vernos arrastrados por la corriente de los acontecimientos, paso a paso, en un recorrido casi milimétrico que conduce al protagonista, escalón a escalón, hasta la superficie y el lugar en el que la luz brilla.

El ascenso, en definitiva, hasta lo más alto, hasta la mismísima cumbre, hasta el trono reservado a los escogidos en el centro del universo, el ídolo a quienes todos persiguen y quieren acercarse.

“- No me puedo creer que de la noche a la mañana yo valga quinientos mil reales al mes, o de que me den un coche y una casa con piscina. Eso es un sueño. Yo no soy distinto del que hace meses vivía en la favela rodeado de ratas y chinches”.

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Imagen de www.diariogol.com

Pero el ascenso, la llegada a la cumbre descubre también la visión de un paisaje hasta entonces desconocido, la otra cara de la moneda. Y es que todo paraíso va acompañado de un particular infierno. La historia nos arrastra, con precisión y dinamismo, con un ritmo que no decae en ningún momento, avanzando arrastrados por la placidez de una corriente plácida y poderosa, hasta que comienza a aparecer en el horizonte la bruma, la nebulosa que levanta la caída al precipicio.

Ascenso y caída de Humberto da Silva” se convierte en una historia que describe a la perfección la trayectoria que algunos futbolistas (aunque no solo futbolistas: también actores, cantantes y otros personajes populares) acaban recorriendo. Desde el más humilde de los inicios hasta la más absoluta de las famas. Pero, tal y como siempre insitía un entrenador que tuve, “lo difícil no es llegar, sino mantenerse”.

Ese mantenerse, ese adaptarse a la nueva situación de éxito, diversión, dinero, drogas y sexo, ese ser capaz de no perder la cabeza ni dejarse arrastrar por la corriente del disfrutar del momento sin pensar en nada más, es lo que los personajes de la novela deberán buscar si no quieren ser engullidos por el remolino que acaba desembocando en el desagüe.

“- A ver si te enteras, de una vez para siempre, que de ahora en adelante eres un personaje público, y todos van a estar pendientes no sólo de cómo juegues en el estadio de fútbol sino de lo que hables, de lo que digas, de cómo te vistas, de con quién salgas. Eso es la fama, no pertenecerte, ser de los demás. El público te adora, y el público te devora: sería feliz si pudiera llevarse un trozo del jugador Da Silva entre los dientes”.

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Imagen de www.thinglink.com

Una novela en la que pese a lo que vamos intuyendo a medida que avanzamos oculta inesperados giros hasta las últimas páginas, con una sorprendente resolución que nos abre nuevas puertas hacia la reflexión de la propia historia.

Gran novela, en definitiva, que me ha hecho recordar una frase que leí hace poco, y en la que se explicaba que Guardiola siempre regalaba a los jugadores de su equipo “Saber perder“, de su amigo David Trueba. Quizá sería también buena idea que añadiera “Ascenso y caída de Humberto da Silva“, y que los futbolistas que han conseguido triunfar y flotan plácidamente sobre las aguas del éxito, la fama y la popularidad la tuvieran permanentemente sobre su mesita de noche.

Dedicar un recuerdo cada día a Humberto da Silva, antes de ir a dormir, sería de gran ayuda para mantener siempre los pies en el suelo.

“Nadaba en la abundancia y vivía con una despreocupación infantil, convencido de que el dinero era un río que nunca se secaba”.

 

MÁS INFORMACIÓN

Tenéis una más que completa reseña del libro en A ras de hierba, el blog sobre libros de fútbol de Miguel Ángel Ortiz. Podéis leer la entrada haciendo clic aquí.

Y aquí tenéis un booktrailer:

 

 

Doce meses, doce dorsales: con el número 10, octubre

 

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Imagen de www.ferozes.com.br

Si el calendario fuera un equipo de fútbol, octubre jugaría con el dorsal número 10. Y así es, más o menos, como juega este mes en la literatura futbolera.

 

Y los cuatro partidos que jugamos en octubre los ganamos todos y yo fuí el artífice de los diez goles que el Vitoria de Bahía marcó. En campo conrario las victorias eran ajustadas por temos a los hinchas de los equipos enemigos, pero en el nuestro nos desquitábamos. Ya nadie, ni el propio Sabará, discutía mi liderazgo, y el Herr seguía tratándome con deferencia…

Fragmento de “Ascenso y caída de Humberto da Silva“, de José Luis Muñoz.

Ediciones Carena, 2016

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