“Letras de fútbol”, de Javier Marías, para despedir el 2015

 

Ayer publiqué un resumen proporcionado por WordPress con las principales cifras que el 2015 ha significado para este blog. 365 días llenos de lecturas futboleras, adultas e infantiles, en ficción o en prosa, actuales y más antiguas. Un año que me ha permitido entablar conocimiento con algunos autores, disfrutar de su obra, profundizar en este apasionante mundo de la literatura futbolera con el que tanto disfruto. Un 2015, en definitiva, que se despide dejando paso a un nuevo año que espero tan interesante como este.

Pero antes de dar carpetazo al ya casi extinto 2015 quiero convertir este 31 de diciembre en un día bisagra, y hacerlo que juegue como uno de esos medios de enganche entre lo que hay hacia adelante (el futuro, el 2016) y lo que dejamos atrás (el pasado). Y por eso quiero aprovechar el día de hoy para retornar a los orígenes, a uno de los artículos al que de tanto en tanto retorno y que tan bien ejemplifican lo que, ya desde el título, significa la unión entre fútbol y literatura.

Se trata de “Letras de fútbol”, de Javier Marías, el responsable de esa maravillosa frase que tantas veces repito: “El fútbol es la recuperación semanal de la infancia”. Marías, madrileño y merengue, además de uno de los grandes de la literatura contemporánea, es un declarado aficionado al fútbol y autor de un gran número de artículos futboleros, una recopilación de los cuales es la que se puede encontrar en el volumen “Salvajes y sentimentales”, publicado el 2000 por Aguilar.

Uno de esos textos es el citado “Letras de fútbol”, de 1995, y anteriormente recogido en “Mano de sombra”, el libro que agrupa los escritos que entre diciembre de 1994 y noviembre de 1996 fue publicando en el suplemento de “El semanal” bajo el título general de Línea de sombra.

Letras de fútbol”, como decía, es un artículo al que me gusta regresar cada cierto tiempo. Está escrito tras la publicación del volumen “Cuentos de fútbol 1” (más adelante se publicaría un segundo volumen), coordinado por Jorge Valdano, en el que Marías también aparece con el relato “En el tiempo indeciso”.

Con la excusa de la publicación de este conjunto de relatos futboleros, Marías nos ofrece en apenas dos páginas un terreno de juego por el que deambulan autores futboleros de nacionalidades diversas, equipos deportivos, alguna anécdota curiosa y, por encima de todo, una demostración de que hablar de fútbol no está reñido con la escritura de alta calidad.

Por último, y para acabar de justificar este cierre de año con este texto, añadir que (casualidades de la literatura futbolera) se incluye una anécdota vivida por el autor en el Santiago Bernabéu mientras se celebraba un partido como el que ayer se disputó en el estadio merengue: Real Madrid – Real Sociedad.

Aquí tenéis el texto. Disfrutadlo.

Letras de fútbol

Por Javier Marías (1995)

En “Salvajes y sentimentales”. Aguilar, 2000

Hace dos semanas participé en el acto de presentación de un libro insólito titulado Cuentos de fútbol, seleccionados por el entrenador del Real Madrid (espero que siga siéndolo cuando salgan estas líneas), Jorge Valdano. En ese grueso volumen de casi cuatrocientas páginas hay veinticuatro relatos de autores vivos y muertos, viejos y jóvenes y maduros, españoles y argentinos, uruguayos y peruanos, mexicanos y paraguayos. Hay nombres bien conocidos, como Delibes, Benedetti, Sampedro, Rosa Bastos o García Hortelano. Entre los de mi generación se alinean el vasco Atxaga, el andaluz Navarro, los gallegos Casares y Rivas, el leonés Llamazares y yo mismo, madrileño. Una sola mujer, la catalana Rosa Regàs. Quizá fuera este dato el único que aún nos hizo ver algo raro en el fútbol durante la tertulia que varios de los cuentistas celebramos ante una sala abarrotada de un público no sé si tan literario como futbolero. Tal vez sí, pues los dos adjetivos no tienen por qué ir reñidos, como se demostró sobradamente durante la charla. Y si entre los antologados sólo había una mujer, no puede decirse lo mismo de ese público, en el que me pareció ver más rostros femeninos que masculinos. Al fin y al cabo, ya en la anticuadísima y divertida letra del himno del Real Madrid se habla de “las mocitas madrileñas” que se encaminan los domingos hacia Chamartín.

                Lo mejor de ese encuentro fue que, pese a estar el estrado lleno de escritores, ninguno se puso a hacer sociología barata, ni a interpretar el juego desde perspectivas psicoanalíticas, ni a buscar burdos paralelismos entre los futbolistas y los novelistas. No hubo pedantería, ni coartadas para justificar una afición. Cómo ha cambiado todo, pensé. Hace sólo veinte años no había intelectual que se atreviera a confesar públicamente que le gustaba el fútbol, algo mal visto, “de derechas” si no franquista, una especie de opio laico del pueblo con el que se lo engañaba y se lo apartaba de la lucha social. Recuerdo una anécdota que lo ilustra bien: vino la Real Sociedad a jugar en Chamartín, y allí coincidieron, cada uno por su cuenta y medio disfrazados para que nadie los reconociera, el rico empresario Querejeta, el novelista Juan García Hortelano, el novelista Juan Benet y el editor Javier Pradera. Al irse descubriendo unos a otros, todavía se sintieron obligados a darse explicaciones: que si el rico empresario había jugado de joven en la Real, que si Pradera era de San Sebastián, que si Benet vivía al lado del estadio y pasaba por allí… Lo contaba Hortelano, el único que no renegaba de su pasión.

                Pero todos los participantes en el coloquio fuimos sacando más precedentes de los imaginables. Vladimir Nabokov había jugado de portero en su exilio inglés, y Albert Camus también se había colocado bajo los palos en su Argelia natal. Ese puesto lo habían ocupado asimismo de chicos Benedetti y Sampedro, quienes confesaron haberse retirado por sendos balonazos recibidos en el estómago, con desmayo incluido del sudamericano. Llamazares reclamó para su equipo, la Cultural Deportiva Leonesa, el honor pionero de haber conciliado en su nombre dos cosas con fama de opuestas. Yo, como zurdo que soy, había jugado de extremo izquierdo, y varios de los presentes habían sufrido lesiones que tal vez truncaron carreras más brillantes que las literarias adoptadas, quién sabe si con resignación. Unos éramos del Madrid y otros del Atlético, del Celta o del Deportivo, del Sporting y del Barça, Benedetti reconoció ser del Nacional de Montevideo y estar muy contento porque habían ganado recientemente al Peñarol, su rival máximo. Yo conté que hace un mes recibí un catálogo inglés de libros antiguos y raros, lleno de exquisitas ediciones primeras de Virginia Woolf, Joyce o Kipling. En medio de tanta literatura de muy altos vuelos aparecía la autobiografía del gran Ferenc Puskas, titulada Capitán de Hungría y a un precio que rondaba al cambio las diez mil pesetas. Dado que Puskas fue de mi equipo y me dio mucha emoción y alegría en mi infancia, y dado que por fin no compré –como quizá recuerden ustedes- aquella pitillera de Sherlock Holmes el pasado verano en loca subasta, llamé a pedir el capricho. Les aseguro que esos catálogos sólo los reciben grandes aficionados a la literatura. Pues bien, el librero londinense me dijo que no sólo la historia de Pancho Puskas ya estaba vendida, sino que era el libro para el que estaban llegando más peticiones. “Si vuelvo a hacerme con un ejemplar”, anunció para mi dolor, “me temo que le doblaré o triplicaré el precio”. Está visto que últimamente no tengo suerte con los caprichos.

 

Ilustración Javier Marías fútbol

 

Pizarra Letras de Fútbol - copia

Ronaldinho Gaucho

A RAS DE HIERBA

1| ESTRELLA FUGAZ

Las estrellas fugaces entran a gran velocidad en la atmósfera de la Tierra y pintan una estela luminosa en la oscuridad del cielo. Pueden brillar poco. O muchísimo. Normalmente, solo unos segundos. Lo que dura un control orientado. O la estirada del portero. Al contacto con la atmósfera, se queman. Desaparecen para siempre. Y, de ellas, solo queda el recuerdo en la constelación de la memoria de quien las vio.

descargaRonaldinho Gaucho pasó por la Liga como una estrella fugaz, dejando destellos de su luminosidad. Regates imposibles: amagos, bicicletas, caños. Goles de gran plasticidad: trallazos desde fuera del área, chilenas dentro de la chica, rabonas sobre la línea de cal. Dibujó pases que solo él veía. Inventó la espaldinha. Se lució con colas de vaca, regaló tacozanos, se adornó con pases de espuela. Lanzó faltas con la precisión de los elegidos: envenenadas de una rosca endiablada. Metió goles con vaselina, puso sombreros, batió con picaditas a enormes porteros…

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“Heysel”, de Armand Company. 3i4 Edicions

 

 

Uno de los episodios más terribles y lamentables de la historia del fútbol sucedió el 29 de mayo de 1985 en el antiguo estadio de Heysel (actualmente llamado Estadio del Rey Balduíno). Faltaba poco para que se diera inicio a la final de la Copa de Europa de aquel año, un partido que enfrentaba a la Juventus y al Liverpool, y que se presentaba, a priori, como una nueva fiesta del fútbol. Sin embargo, una salvaje acción de una horda de hooligans ingleses provocó una avalancha en la que fallecieron 39 aficionados, resultando heridos más de 500. Un acto injustificable que supuso un antes y un después en la historia del deporte.

Tomando como base este hecho histórico, Armand Company ha escrito una novela dura, uno de esos libros que dejan huella y te obligan a reflexionar, cuyas páginas te hacen sentir muy de cerca la vivencia de aquellas horribles horas, y que actúa como un contundente alegato contra la violencia en el fútbol.

Con un título tan sencillo pero poderoso como “Heysel“, y publicado por la editorial 3i4, nos encontramos ante una obra que debería ser lectura obligatoria para todos aquellos que tienen algo que ver con el universo futbolísitico, y a la que sería muy recomendable regresar de vez en cuando para mantener siempre fresco aquel brutal episodio.

Heysel” nos muestra el recorrido de dos de los protagonistas (basados en personajes reales) de aquel día. Por un lado, Giuseppina Conti, de 17 años, una de las víctimas de la tragedia, joven aficionada de la Juventus, estudiante con toda una vida por delante, a quien le hace una terrible ilusión poder asistir a la gran final alcanzada por su equipo, y que conseguirá convencer a su padre para viajar hasta Bruselas y asistir al partido.

-Papà, papà, què me’n dius, d’anar a veure la final? -va preguntar-li la filla-. Papà, és el meu somni des de fa anys, veure la meua Juve campiona d’Europa…

Y por el otro Gary Cooper, un joven conflictivo procedente de un entorno desestructurado, navegante habitual en el mar de la violencia, un hooligan continuamente flirteando con el conflicto, aficionado del Liverpool para quien el alcohol, la agresividad y la delincuencia no son más que algunos elementos de su cotidianidad.

“Per al Gary Cooper, el Liberpool Football Club era la seua vida, el seu amor a uns colors. I la Nutty Crew, la via per a cremar l’adrenalina acumulada en l’època thatcheriana, en què la marginació, la crisi econòmica i l’atur eren els flagells de la comunitat anglesa. Formaven part de la seua vida els altercats a les tavernes, el saqueig d’establiments d’alimentació i l’apedregament de trens i autobusos en què anaven seguidors rivals cada cap de setmana que jugaven a l’estadi Anfield, i, és clar, sobretot les agressions i les baralles amb afeccionats d’equips londinencs i del Manchester fins que la policia apareixia per una cantonada d’un carrer o en un túnel del metro per malmetre la baralla”.

En una de las entrevistas que le hicieron, Armand Company explica:

“Heysel” son dos historias paralelas, tan reales como la vida misma. Dos caminos diferentes que conducen a un mismo sitio. Uno de estos caminos es el que tomó un hooligan del Liverpool Football Club llamado Gary Cooper. Un camino peligroso lleno de curvas. El otro camino es el que tomó una seguidora de la Juventus Football Club, la Giussepina Conti, que a primera vista parece más seguro. Es casi como un trazado en línea recta con vallas de seguridad, con una posibilidad muy remota de que exista una valla rota o sin arreglar. Pero en ocasiones, cuando todo hace pensar que son dos caminos diferentes, de repente estos se unen y se convierten en un único camino hacia Bruselas, al estadio de Heysel.”

Ese trágico avance en esas dos trayectorias vitales, totalmente alejadas entre sí en apariencia, es el que vemos evolucionar a medida que vamos leyendo. Los protagonistas se van alternando los capítulos, hasta llegar al momento siniestro de su encuentro.

Un libro ante el que la indiferencia no es posible, y que sin buscar la truculencia o el sensacionalismo consigue trasladarte hasta aquellas horas y ponerte la piel de gallina en cuanto imaginas lo que en el interior de aquel estadio debió suceder.

Una historia magníficamente trabada que aunque se lee con un nudo en la garganta consigue describir a la perfección las vivencias de los personajes desde los días previos a la final, los preparativos, el viaje, el escalofriante suceso y las terribles consecuencias finales.

En este enlace (Armand Company sobre “Heysel”) encontraréis una entrevista con el autor. En este otro (“reseña Sons de Xaloc“) un artículo sobre el libro, y uno más aquí.

También existe una interesante y adecuada “Guía didáctica” para poder trabajar en profundidad los contenidos del libro en los institutos, y una entrevista con el autor en este otro enlace.

Y aquí tenéis el booktrailer del libro.

“19 de diciembre de 1971”, de Roberto Fontanarrosa

 

 

Imagen de www.chismundo.com

 

Hay fechas que se le graban a fuego a uno y se acaban recordando durante toda la vida. Por una razón u otra, determinadas combinaciones de día, mes y año se nos enganchan a la memoria como un defensa pegajoso, hasta convertirse en una especie de contraseña de nuestra caja fuerte vital.

Así, no acostumbramos a olvidar nunca el día de nuestro cumpleaños, ni el del aniversario de nuestros hijos, ni el de la madre, ni el de tu pareja (este, por si las moscas, mejor engancharlo también con un imán en la nevera), ni el día en qué el hombre llegó a la luna… bueno, de esta última tengo mis dudas (de la llegada, no de la fecha) … En fin, fechas y acontecimientos que no olvidamos y cuya visita esperamos año tras año.

Y entre esas fechas, una por encima de todas para los amantes del fútbol y la literatura: la del 19 de diciembre de 1971. Una casilla del calendario que además de señalar un día en la historia del fútbol da título al que se considera uno de los mejores relatos futboleros jamás escritos por una de las grandes figuras de la literatura futbolera: Roberto “el Negro” Fontanarrosa.

  

Imagen de www.arogeraldes.blogspot.com

 

Una fecha, un partido, un cuento

Yo no sé si vos te acordás lo que era Rosario esos días anteriores al partido. Y te digo esos días, desde semanas antes se venía hablando del partido, la ciudad era una caldera. Porque eso era lo que era la ciudad: una caldera.

 

19 de diciembre de 1971” es un cuento del gran humorista y escritor argentino Roberto Fontanarrosa que fue publicado en 1982 en el libro “Nada del otro mundo”. El relato está inspirado en el partido de semifinales del Torneo Nacional de 1971 que los dos grandes rivales de la ciudad de Rosario (en la que nacieron Messi, Di Maria, Marcelo Bielsa o el Che Guevara, entre otros), Rosario Central y Newell’s Old Boys, disputaron en el Estadio Monumental de River Plate con victoria de los primeros por 1 a 0.

Un partido que ha pasado a la historia por muchas razones, una de las cuales el relato de Fontanarrosa, que incluye también la descripción de uno de los momentos claves en la historia del fútbol y de la literatura futbolera, como es la mítica Palomita de Poy.

El cuento, aunque es una historia de ficción, incluye elementos de total veracidad. La historia comienza durante los días previos al enfrentamiento entre ambos equipos, un partido, recordémoslo, de la máxima rivalidad e importancia, a la altura de un Barça-Madrid, para que nos entendamos.

En ese clima, un grupo de canayas” (así se llama a los aficionados de Rosario Central. Los de Newell’s son conocidos como “leprosos”) decide intentar intervenir en el resultado del partido, recurrir a lo que sea necesario para conseguir la victoria para su equipo, incluyendo la cábala y la superstición si hace falta.

Por supuesto que todas las brujas del barrio ya estaban laburando en la cosa y había muñecos con la camiseta de Newels clavados con alfileres, maldiciones pedidas por teléfono y hasta mi vieja, que no manya nada de todo esto, tenía un pañuelo atado desde hacía como diez días, de esos de Pilato, Pilato, sino gana Central en River no te desato. Después la vieja decía que habíamos ganado por ella. Pobre vieja, si hubiera sabido lo del viejo Casale. Pero yo le decía que sí, para no desilusionarla a la pobre vieja.

Así, en cuanto tienen conocimiento de la existencia de un aficionado canayael viejo Casale– que jamás ha visto perder a su equipo (Rosario Central) deciden que hay que conseguir que acuda al campo sea como sea. El problema aparece en cuanto descubren que el viejo hace tiempo que tiene prohibido acercarse a un estadio de fútbol por prescripción médica, y que ni tan siquiera le está permitido escuchar los partidos por la radio.

Ante tal panorama, y ante la trascendental importancia que para ellos tiene el partido, el grupo de amigos se verá obligado a tomar una medida drástica. El viejo Casale debe estar presente sí o sí en el Monumental de River en Buenos Aires, sede del enfrentamiento. Si para ello es necesario arrastrarlo hasta allí, pues eso es lo que harán. Y eso es lo que ocurre: que secuestran al viejo Casale para llevarlo hasta el campo.

El cuento es una increíble explicación de todo ese proceso, desde los momentos previos a la preparación del viaje, de los intentos de convencer al Viejo Casale hasta la llegada al estadio. Y, por supuesto, la vivencia del partido y su desenlace final. Un partido histórico que estuvo marcado por otro hecho que todavía hoy es recordado.

Imagen de www.lavoz.com.ar

El gol más festejado de la historia

El resultado del encuentro fue favorable al equipo de Rosario por 1 a 0, gracias al gol que Aldo Pedro Poy marcó casi al final del partido. El gol dispone de entrada propia en la wikipedia, y aquí tenéis un fragmento de lo que en ella se puede leer:

Promediaba el segundo tiempo del encuentro, cuando el lateral derecho uruguayo centralista, Jorge José González, envió un potente centro desde la derecha. Poy se zambulló “en palomita”, ganándole al defensor rojinegro De Rienzo, e impactó el balón con la frente de su cabeza para vencer al arquero Carlos Fenoy marcar el 1 a 0 final.

Imagen de www.arogeraldes.blogspot.com

Gracias a aquella victoria, Rosario Central consiguió clasificarse para la final del torneo argentino, del que se acabaría convirtiendo en campeón por primera vez en su historia.

La trascendencia de aquel gol ha sido tal que a día de hoy se sigue celebrando por parte de la afición “canaya”, y cada 19 de diciembre se sigue reuniendo para conmemorar aquella victoria. De hecho, incluso el protagonista del gol, Aldo Poy, sigue participando de la celebración reproduciendo la jugada para volver a imitar aquél cabezazo ante una portería, momento en que los aficionados vuelven a cantar el gol.

Incluso se hizo una petición al libro Guinness de los Récords en 1995 para que fuera considerado el gol más celebrado de la historia del fútbol. De momento, la propuesta no ha prosperado.

Podéis leer el cuento íntegro en este enlace. Y escuchar la narración del gol en este otro.

En este vídeo tenéis un resumen de la Palomita de Poy incluyendo algunas palabras del propio Roberto Fontanarrosa.

En este otro vídeo, encontraréis el reportaje que con motivo de la celebración de los 40 años de aquel gol realizó el canal de televisión Sports Center.

Y, por último, en este vídeo tenéis un montaje elaborado por un aficionado de Rosario Central que incluye la narración íntegra del relato por parte del actor y narrador argentino Alejandro Apo, como parte de su espectáculo “Y el fútbol contó un cuento“. Hay que decir, como anécdota, que casualmente hoy, 19 de diciembre, es su cumpleaños.

“La pelota loca”, núm. 3 de la serie “Fanculés”. Carles Sala y Eloi Sala. La Galera Editorial

 

 

Uno de los resultados más simbólicos para los aficionados del Fútbol Club Barcelona (también conocidos como “culés”) es el de 0 a 5. Y 0 a 5 es, precisamente, el resultado que protagoniza la nueva aventura de estos extraños y curiosos personajes que habitan en el Camp Nou y que se denominan “fanculés”.

Escrita por Carles Sala, ilustrada por Eloi Sala, y publicada por La Galera como producto oficial del Fútbol Club Barcelona, en los dos primeros números de la serie (“La fábrica de nata” y “La princesa comenata” tuvimos la ocasión de conocer a los principales personajes de estas historias.

Fanculés personajes 1

Entre ellos se encuentran Fantrépido, Fantina, Fanmanitas o el Topo Pataplaf, entre otros. Y también tuvimos ocasión de conocer que para los Fanculés no todo es plácido, puesto que también tienen sus enemigos, en especial la Ratata Comenata y sus ayudantes: el Babas o Repuggato.

Fanculés personajes 3

En el número 3 de la serie nos encontramos, nuevamente, con un nuevo intento de provocar problemas por parte de la Ratata Comenata y una nueva intervención de los Fanculés para evitar lo que puede acabar en una auténtica catástrofe.

¿Y qué es lo que ocurre en esta ocasión? Pues que un día, mientras Fantrépido y Fantina hacen una visita a la plas-plateca (el almacén de aplausos del Camp Nou) que cuida y conserva Fanolis, escuchan una extraña conversación de las Fancotillas. El caso es que, según parece, la Ratata Comenata ha hecho una extraña apuesta: que el Barça perderá por 0 a 5 el próximo partido.

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Bueno, hasta aquí, aunque el resultado pueda parecer extraño y ciertamente difícil, no es algo imposible, y si alguien quiere apostar a ese marcador pues allá él. Pero, ¡un momento! La apuesta es, sí, de 0 a 5. ¡Pero en el partido de básket que el Barça jugará dentro de un par de horas en el Palau Blaugrana!

-Tampoco es para tanto -dice la Fantercera-. ¡Los culés también podemos tener un mal día!

-Pero no para quedar 0-5 en un partido de… -responde la Fanprimera.

-…en un partido de básket! -acaba la Fantercera.

Si la Ratata Comenata ha apostado por ese resultado es porque debe haber preparado alguna cosa para conseguirlo, así que los Fanculés se ponen enseguida a investigar para intentar descubrir qué es lo que sucede y, por supuesto, evitarlo.

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Y sí, efectivamente comprueban que la Ratata Comenta y sus ayudantes han ideado un sistema de control remoto de la pelota de baloncesto, lo que hace imposible que los jugadores consigan alguna canasta.

El tiempo corre, el partido ha comenzado, si no se les ocurre algo rápido la Ratata se saldrá con la suya.

Sin pensárselo dos veces, los dos fanculés se introducen en las entrañas del Camp Nou, hasta que, poco después, llegan hasta la escalera de caracol que conduce al nido de la Ratata.

Descienden poco a poco, sin hacer ruido, y a mitad de camino se detienen y se quedan ocultos en la penumbra.

¿Qué sucederá?

Emoción en esta nueva entrega de los Fanculés que encantará a los lectores a partir de 6 años por el atractivo de las ilustraciones, la investigación de los personajes y la aventura que ofrece esta nueva entrega de la serie.

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RESEÑAS DE LOS NÚMEROS ANTERIORES

 

  1. La fábrica de Nata
  2. La princesa Comenata

 

12 de diciembre: el día en que el fútbol dejó de existir

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Un 12 de diciembre, tal día como hoy, el fútbol dejó de existir.

Eso es lo que explica Stan Skavelicz, el narrador de “Fuera de juego“, de Patrick Cauvin y Enki Bilal, publicado por Norma Editorial.

“Como ida diciendo, los del Delta Work 3 me llamaron. Les costó bastante encontrarme, y lo comprendo. Hace veintitrés años y siete meses que colgué los auriculares y el micrófono al final de un partido de la copa A. En teoría, los mejores. El índice de escucha fue de 0,37. Inferior al de los reestrenos de las películas mudas que pasaban en el programa de la Old Movies Netword, entre las tres y las cinco de la tarde. A partir de aquel día ya no hubo más partidos. Después de todo, tuve bastante suerte, ya que dejé el oficio en el momento justo en el que no hubiera podido seguir ejerciéndolo.

Fue el 12 de diciembre.

El mismo día en que el fútbol dejó de existir.” 

Imagen de www.universodecienciaficcion.blogspot.com