Futblog: libros, Puntí, novela negra, Paco Camarasa y… Japón

 

El pasado viernes Jordi Puntí publicaba un artículo en El Periódico bajo el título “Muchos libros, poco tiempo” en el que reflexionaba sobre formas de leer por parte de lectores empedernidos. En el texto hacía referencia a aquellos que acometen varias lecturas al mismo tiempo, y citaba el caso de Màrius Serra y del crítico Joe Queenan como ejemplos de este tipo de lectores.

Entiendo perfectamente qué significa leer varios libros al mismo tiempo. De hecho, en el Fútbol Club de Lectura siempre tengo dos jugadores sobre el terreno de juego: el del equipo de los adultos y el infantil.

Del texto de Puntí me saltaron a la yugular dos frases. La primera, la que habla de que los lectores constantes “buscamos conexiones entre novelas”. Y, la segunda, “la coincidencia arbitraria crea vínculos”. Con esas dos afirmaciones parece como si Puntí se estuviera refiriendo a mí, puesto que se trata, precisamente, de una de las cosas que más placenteras me resultan en relación con los libros. Descubrir túneles subterráneos que enlazan un libro con otro, vínculos secretos que te hacen saltar de una página a otra, ideas que se repiten en textos totalmente alejados, la azarosa presencia de referencias cruzadas…

Para ilustrar a qué me refiero nada mejor que un ejemplo. Cuando leí la columna de Puntí acababa de adentrarme en “El último milagro”, del argentino Horacio Convertini y publicada por Ediciones Barrett. Se trata de una magnífica novela que además de futbolera es del género negro. Por eso, junto a un texto introductorio a cargo de Jorge Valdano (sector futbolístico) encontramos en el libro un par de artículos más escritos por Alexis Ravelo y Paco Camarasa (ambos del territorio de la novela negra).

Sigamos con la jugada iniciada por Puntí y continuémosla en Paco Camarasa. Comisario de BCNegra, referente indiscutible en este terreno y hasta hace poco responsable de la librería Negra y Criminal, la edición del martes de La Vanguardia le dedicaba su sección La Contra, apareciendo una entrevista con él en la que se habla, por supuesto, de la evolución de la novela negra, de sus autores preferidos, y, también… de Manuel Vázquez Montalbán y su importancia para el crecimiento y aceptació de la relación entre fútbol y la literatura.





Sí, la referencia futbolera es breve pero con fundamento, como diría aquel. Y su simple mención certifica lo que, más o menos, Puntí apuntaba al principio. Que hay lectores -entre los que me incluyo- que no paramos de buscar esas conexiones subterráneas que acaban dibujando una particular cartografía en el planeta literatura.

Inicia la jugada Puntí, el balón se dirige hacia Horacio Convertini que atraviesa la divisoria entrando en el terreno de “El último milagro”. Cesión hacia Paco Camarasa que lo lanza al área de La Vanguardia y es recogido por Manuel Vázquez Montalbán que lo devuelve al territorio de la novela negra con “El delantero centro fue asesinado al atardecer”…

Y en mi cabeza continua sonando la letanía “Buscamos conexiones entre novelas”, “la coincidencia arbitraria crea vínculos”…

No se vayan todavía, que aún hay más.

Para que os deis cuenta del alcance que las ramificaciones de la literatura proyectan sobre la vida real, añado un nuevo y perturbador suceso a este episodio. Uno de los ejes argumentales de “El último milagro” consiste en que a uno de los jugadores y protagonista de la historia se le implanta un revolucionario chip. Ese hecho permitirá que el mejor jugador del mundo de PlayStation lo maneje a su voluntad, transformándolo en un futbolista que superará en calidad a Messi y Maradona juntos. Si hablamos de revolucionarios inventos tecnológicos procedentes de un país determinado lo más probable es que a la mayoría le venga a la cabeza el nombre de Japón.

Así pues, tenemos una historia de temática futbolera en la que un chip de procedencia japonesa es elemento clave. A priori, no parecen ingredientes habituales de la novela negra, ¿verdad? Pues bien. Resulta que ayer, pocos días después de que fútbol y mundo nipón invadieran mi espacio por culpa de la literatura, mi hijo (de categoría alevín) jugó un partido amistoso con su equipo y en su campo, situando a orillas del Mediterráneo. ¿Sabéis quien era el rival? La selección alevín de Tokyo.

¿No os parece una increíble coincidencia?

REMATANDO LA JUGADA

Por si lo explicado fuera poco esperad, que todavía se le puede dar “Otra vuelta de tuerca“. Para ello, volvamos a Paco Camarasa. Podríamos decir que en la entrevista de La Vanguardia cierra un círculo y enlaza con Jordi Puntí al referirse a la pasión por los libros. En la foto que acompaña el texto se ve una estantería con libros de fondo, y a él con aspecto sonriente mientras sostiene una copa con la mano.

Resulta que hace unos días entraron a robar en la librería Negra y Criminal que durante varios años tuvo abierta en Barcelona. Hace un tiempo el establecimiento cerró, pero Camarasa, su propietario, sigue acudiendo de vez en cuando a leer y escribir. Como decía, hace poco entraron a robar, y, tal y como explica, “los ladrones dejaron en la copa numerosas pero ilegibles huellas digitales, pues la utilizaron para beber una botella de cava tras haberse comido antes un pastel“.

La anécdota no dejaría de ser justamente eso, una simple anécdota, si no fuera porque anoche, mientras avanzaba en la lectura de una novela negra publicada por la Editorial BóvedaSolo silencio“, de Massimo Cassani, esto fue lo que leyeron mis ojos:

“… y un banal y torpe intento de robo en la librería de este último, con relativa y consiguiente venganza por parte de los ladrones, léase, principio de incendio, por no haber encontrado nada que robar.

-Pero ¿a quién se le ocurre que vaya a haber dinero en una librería? Hay que ser idiota.

-El mundo está lleno de idiotas, comisario, y perdone el término.”

 

 

¿No os parece otra increíble coincidencia?

Buscamos conexiones entre novelas”, “la coincidencia arbitraria crea vínculos”…

Os dejo con el artículo de Puntí.

JORDI PUNTÍ

Escritor

Muchos libros, poco tiempo

@puntinho10

VIERNES, 24 DE MARZO DEL 2017 – 16:25 CET

Los lectores constantes, empedernidos, sabemos que uno de los signos de nuestra manía es que, además de leer mucho, nos gusta hablar de ello. Buscamos conexiones entre novelas, autores, épocas; leemos a los clásicos, pero también al autor oscuro. Existe sin embargo un tipo de lector que lleva el vicio más allá y, además de hablar de lo que lee, reflexiona sobre la forma de hacerlo. Pienso en la primera página de ‘Si una noche de invierno un viajero’, de Italo Calvino, cuando el narrador nos da instrucciones para empezar a leer su libro. Relájate. Concéntrate. Cierra la puerta. Ponte cómodo. ¿Acaso tienes que mear antes?

Màrius Serra es de esa estirpe de lectores y en su último libro, ‘D’on trec el temps?‘ (Empúries), predica con el ejemplo. Viniendo de él, claro, la cosa tiene trampa: en apariencia nos da consejos para aprovechar el tiempo, como un apunte de autoayuda, pero en realidad le va bien para convertir la teoría en ejemplos prácticos que incluyen cuentos, poemas, artículos… El tiempo de Màrius Serra tiene unas leyes propias y en él a menudo se confunden la vida y la escritura. Es lógico, pues, que nos cuente cómo lo hace para leer tanto. Hay un capítulo, al principio, que es un elogio de la lectura rápida: si aprendes a leer más deprisa y sin poner en peligro la comprensión, nos dice, leerás más libros.

El entusiasmo voraz de Màrius Serra me hace pensar en el crítico Joe Queenan, que también escribe a menudo sobre las formas de la lectura, el cómo y el cuándo. En su libro ‘One for the Books‘ (2012) nos cuenta sus prejuicios y manías: no lee nunca, por ejemplo, novelas en las que el protagonista vaya a una universidad privada. Además, su método consiste en leer unos 25 títulos al mismo tiempo, cada uno con su ritmo. Puede alternar una novela de Simenon con un ensayo sobre Courbet o la relectura de un Joyce. La coincidencia arbitraria crea vínculos. Hay novelas que le duran dos días, pero también tardó 30 años en terminar ‘Middlemarch‘, de George Eliot. Cada título tiene su tiempo. Hay, me parece, un sentimiento que une a Màrius Serra y Joe Queenan: un respeto tan profundo por la literatura que no se permiten sacralizar el acto de leer.

 

“El último milagro”, de Horacio Convertini. Editorial Barrett

 

 

Aunque pueda sonar extraño, no me parece una barbaridad equiparar el desarrollo de algunos libros con el de algunos partidos de fútbol. Así, hay encuentros a los que les cuesta entrar en acción, y convierten sus primeros veinte o treinta minutos en un tanteo aburrido en el que apenas sucede nada, sin oportunidades ni situaciones destacables, como si a los jugadores les costara tomar conciencia de que el combate ya ha comenzado. En cambio, en otras ocasiones, desde el silbido inicial del árbitro la acción se sucede sin apenas respiro. Con el espectador aún sin acomodarse en su asiento ya se han producido tres oportunidades, un tiro al palo y dos córners, como mínimo.

En los libros, a veces, sucede justamente lo mismo. A algunos les cuesta arrancar, y la cosa no se anima hasta que llegas a la página 80. En otros casos, como te descuides, el libro te ha cogido del cuello de tal modo que te va a ser imposible apartar la vista de él.

Eso es, más o menos, lo que ofrece “El último milagro”, del argentino Horacio Convertini y publicado por la Editorial Barrett. Un toma y daca constante desde el inicio de la lectura. Un ritmo trepidante que te hace ir devorando páginas sin respiro. Un permanente sprint que no afloja en ningún momento, y del que cuando lo terminas te das cuenta de que el tiempo del partido se te ha pasado volando, y esperas que haya prórroga y penaltis para que el espectáculo continúe.

Un libro que además de leerse se devora.


ACCESOS AL ESTADIO

El primer contacto con el estadio sorprende muy gratamente por lo cuidados que se presentan sus accesos e instalaciones. La fotografía de portada ya refleja el contenido futbolístico de la novela, puesto que está protagonizada por la soledad de un balón de fútbol junto a un banderín de córner, obra de Michal Jarmoluk. Una imagen diferente a la que apareció en la edición argentina de la novela, publicada el 2014.

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La edición es detallista, con unas zonas previas formadas por dos textos introductorios muy oportunos para comprender mejor algunos elementos del trasfondo de la novela. Así, lo primero que leemos es una presentación a cargo de Jorge Valdano, seguido de un texto de Alexis Ravelo (ganador del premio Dashiell Hamett 2014 por la obra “La estrategia del pequinés”) y otro de Paco Camarasa, comisario del festival Barcelona Negra y un referente del género negro español.

También aparece una “Nota del autor” en la que justifica que el equipo en torno al cual gira la historia no sea ficticio, sino totalmente identificable, correspondiendo a Racing de Avellaneda. Por último, un fondo de color en estas páginas iniciales ayudan a dar un toque atractivo a esta primera toma de contacto.

EL TERRENO DE JUEGO

Citaba al principio que uno de los aspectos más destacables de la novela es su gran ritmo narrativo. El libro, de unas 230 páginas, se organiza en base a capítulos cortos, muy dinámicos, centrados cada uno de ellos en alguno de los principales protagonistas de la historia.

Tres o cuatro páginas a lo sumo en los que se cuenta de manera directa lo necesario para que la historia vaya avanzando. Haciendo un símil futbolístico, diría que cada capítulo es una jugada de ataque directa, una clara intención de buscar el área rival y huir de especulaciones o de congelar el juego.

EL PARTIDO

Lo decía al principio y vuelvo a insistir en ello: “El último milagro” es una magnífica novela con un ritmo trepidante. La tensión narrativa se mantiene del primer al último capítulo, sin que el interés decaiga en ningún momento. Si fuera un partido de fútbol nos encontraríamos ante uno de esos encuentros en los que no hay tregua ni especulación en el juego, y en el que los dos equipos no paran de buscar el gol de manera directa.

En la sinopsis leemos:

“El Racing Club de Avellaneda, uno de los equipos más populares de Argentina, se encuentra en crisis Terminal y a punto de descender a segunda división. Para salvar la situación, una empresa japonesa se ofrece a implantarle un chip a Franzoni transformándolo en el mejor jugador del mundo, superando a Messi y Maradona juntos, ya que puede ser controlado desde la grada por el campeón mundial de PlayStation. Todo envuelve a sus personajes en una trama sangrienta llena de intriga, lo que hace de esta novela un inquietante exponente del género negro”.

Es inevitable dibujar una mueca de sorpresa cuando se lee semejante planteamiento. Novela negra sobre fútbol, en la que hay un implante de chip, presencia del campeón del mundo de PlayStation… Y, todo ello, ambientado en el contexto reconocible de un club identificable –Racing de Avellaneda, uno de los cinco grandes del fútbol argentino-, y no en el lejano futuro del año 2.374, por ejemplo.

Una delirante propuesta argumental que, sin embargo, se acaba convirtiendo en algo totalmente verosímil, sin llegar a chirriar en ningún momento. Más bien sucede lo contrario, y ese incorporación de la ciencia ficción (quizá premonitoria, quien sabe si algún día llegaremos a ver algo así) se integra perfectamente con el devenir de unos personajes sólidos y creíbles.

Toda la historia gira en torno a cuatro personajes principales. Zagaglia, entrenador de largo recorrido que no ha conseguido conquistar el terreno del triunfo. Franzoni, mejor jugador del equipo y conejillo de indias del experimento. Ribonatti, presidente de un club en crisis cuya vida familiar también comienza a hundirse. Y Lis, extraño líder de la barra más ultra del club, una especie de profeta amante de la poesía y obsesionado con el cumplimiento de una misión. Todos ellos son los planetas que sitúan cada uno de los capítulos y en torno a los cuales orbitan otros protagonistas como la enigmática e hipnótia Romina, el japonés Nakamura o Petaca, el asesor del presidente.

Explica el autor en el prólogo que “Racing es una montaña rusa enloquecida, el reflejo futbolístico de una argentinidad siempre en la disyuntiva de la gloria o la hecatombe. La historia de un jugador cyborg que puede salvar a un club en estado terminal es un delirio que toma carnadura y se vuelve creíble solo si hablamos de Racing, de sus aficionados capaces de cualquier epopeya, de sus dirigentes tan propensos al desatino, de su perfil de gigantesco Titanic que puede zozobrar aún en el agua calma de una piscina hinchable”.

Horacio Convertini

Esa sensación de funambulismo, de caminar al filo de la navaja es continua a lo largo de la historia. La crisis por la que atraviesa el club parece encontrar un atisbo de esperanza gracias al revolucionario invento tecnológico de una empresa japonesa. Los protagonistas, cuya situación actual está más cerca del fracaso que del éxito, parecen descubrir aquí la solución a todos sus males. Pero en esa montaña rusa que a veces es el destino es fácil pasar de acercarse a lo más alto para acabar cayendo en lo más bajo.

El interés del libro va más allá de la negrura y la intriga que se respira. La trama avanza como un rompecabezas perfecto en el que las piezas van encajando sin fisuras sin pausa, manteniendo un ritmo constante que no permite relajarse. Pese a la brevedad de lo capítulos la dosis de contenido en cada uno de ellos es alta. Y, además, existe una poderosa corriente subterránea que coloca a los personajes ante una interesante tesitura moral. ¿Hasta dónde se es capaz de llegar con tal de conseguir el éxito?

Una novela, en definitiva, más que recomendable, que ofrece un magnífico rato de lectura a partir de una original forma de aproximarse al mundo del fútbol y en el que también hay espacio para la reflexión.

SALA DE PRENSA



“Un balón envenenado”, de Luis García Montero y Jesús García Sánchez, para el 21 de marzo, Día Mundial de la Poesía

 

 

“Mis amigos poetas futboleros

a veces tienen lunes desastrosos.

Da igual que sean de liga o amistosos,

si pierden sus equipos andan fieros”.

Fragmento de “Mis amigos poetas futboleros”, de Daniel Rodríguez Moya

 

Hoy, 21 de marzo, se celebra el Día Mundial de la Poesía, una iniciativa aprobada por la Unesco en 1999 en París. Uno de sus objetivos es el de apoyar la diversidad lingüística a través de la expresión poética y dar la oportunidad a las lenguas amenzadas de ser un vehículo de comunicación artística en sus comunidades respectivas. El día, en Europa, se conoce como la “Primavera de los Poetas”, y significa la celebración de numerosos actos en los que la poesía es la protagonista absoluta.

No he sido capaz de encontrar si en alguna ocasión se ha realizado alguna acción especial desde el ámbito del fútbol para conmemorar este día. Por ejemplo, si algún club de fútbol celebró el Día Mundial de la Poesía organizando un recital poético, o repartiendo poemas entre los asistentes al partido de esa jornada. En cualquier caso, no sería nada extraño, puesto que la relación entre fútbol y poesía ha sido constante y fructífera a lo largo de la historia.

 

ÁRBITROS

Y tres señores de negro,

Un pito y dos banderines:

Alcancías de improperios.

Rafael Martínez Shaw

 

El año pasado, con motivo del 21 de marzo, publiqué este artículo en el que además del “Poema de fútbol” de Walter Saavedra y Claudio Cherep hacía también referencia a uno de los libros imprescindibles en la biblioteca de todo amante del fútbol y la literatura: “Épica y lírica del fútbol”, de Julián García Candau.

Se trata de un trabajo que ofrece una completísima recopilación de textos de autores de todas las épocas. Desde Rabelais a Shakespeare, pasando por Machado, Alberti, Miguel Hernández, Pemán, y muchísimos otros, el libro es un completo catálogo de poemas que constituye una magnífica muestra de la relación entre fútbol y poesía.

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Hoy, en este día tan especial, vale la pena volver a reivindicar el papel del fútbol como inspirador poética a través de otro libro “Un balón envenenado”, un volumen especial publicado en la Colección Visor de Poesía, en cuyo trasfondo encontramos el trabajo de dos grandes de la poesía: Luis García Montero y Jesús García Sánchez.

En la sinopsis podemos leer:

La colección Visor de Poesía tiene la costumbre de celebrar con un libro especial cada centena de títulos que alcanza su catálogo. Con motivo de la aparición del número 800 se presenta ahora “El balón envenenado”, una antología de poemas dedicados al fútbol. El lector encontrará aquí hermanados los nombres de Platko, Di Stefano, Pelé, Messi o el Niño Torres con Rafael Alberti, Miguel Hernández, Mario Benedetti, Mújica Laínez o Eduardo Galeano. Un partido de fútbol resume en 90 minutos muchas preguntas sobre la memoria, el futuro, la identidad, la suerte, la justicia, el yo y el nosotros. No es extraño que los poetas se hayan interesado por este deporte rey, sin duda el más republicano de todos, desde los años de la vanguardia hasta nuestros días. Como cualquiera de los grandes asuntos relacionados con la vida, el fútbol ha provocado himnos y elegías, sátiras y cultos a la personalidad, declaraciones de amor y de principios.

Lo que corre por las barras de los bares, las discusiones de autobús, los quioscos de prensa, las llamadas de teléfono, las alegrías y tristezas de la gente, no puede ser ajeno a la poesía. Del mismo modo, estamos convencidos de que la poesía sigue ocupando un lugar en la vida. Así lo demuestra un catálogo con 800 títulos, casi un partido con 800 goles. Gracias, lector, por tu compañía.

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Un balón envenenado” es una auténtica joya, una delicia de obra que pone a nuestro alcance una extraordinaria recopilación de poesías de temática futbolera, un atractivo catálogo con una completa diversidad de perspectivas y miradas.

“Elemental y recio, tu pasado

es la cruda tangente para el vuelo

de un litro de aire en cuero aprisionado…”

Fragmento de “Oda a Jacinto Quincoces”, de Federico Muelas

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Poemas escritos por autores que son declarados apasionados del fútbol y también por otros que no lo son. Homenajes a jugadores, a equipos, a estadios, a momentos vitales en los que el fútbol es el centro del mundo, a episodios históricos de la historia del fútbol, a la afición, al árbitro… En “Un balón envenenado” hay espacio para todas las caras del poliédrico universo fútbol.

Algunos ejemplos para que os hagáis una idea de lo que se reúne en este volumen. Autores de Chile, Nicaragua, Perú y España, entre otras nacionalidades. Apasionados de clubes como Nacional de Montevideo, el Manchester United, San Lorenzo, Boca Juniors Atlético de Madrid, Xeréz, Osasuna y algunos más.

Homenajes al fútbol callejero y al fútbol de la infancia, a la grada y a los estadios abandonados, a legendarios jugadores y a goles inolvidables… Versos de poetas, escritores e incluso cantantes. Palabras que se convierten en versos para ofrecernos inolvidables metáforas en torno al mundo del fútbol.

A todo ello cabe añadir un ensayo de presentación que es una auténtica reivindicación de lo que el fútbol ha significado y continúa significando desde un punto de vista social, pero también como parte inherente a la formación de nuestra identidad.

“… la verdadera verdad de las cosas

es que nosotros éramos gente de acción

a nuestros ojos el mundo se reducía

al tamaño de una pelota de fútbol

y patearla era nuestro delirio

nuestra razón de ser adolescentes…”

Fragmento de “Los profesores”, de Nicanor Parra

El libro ideal para leer en días como hoy, de reivindicación poética, pero también para llevarlos en el bolsillo de la chaqueta e ir echándole un vistazo de tanto en tanto, a medida que el partido transcurre, para disfrutar de lo que vemos sobre el “tapete verde del azar” explicado a través de los ojos y las palabras de los poetas.

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Imagen de www.ladiestradegerrard.wordpress.com/futbol-vintage-2/

100 años de TBO y fútbol, 100 años de fuTBOl

El TBO, una de las publicaciones de mayor impacto emocional para varias generaciones, cumple 100 años. Hace un par de semanas, Javier Pérez Andújar escribía un artículo especial con motivo de esta conmemoración en El Periódico de Catalunya. El texto comenzaba así:

“El próximo 17 de marzo, pero otros estudiosos aseguran que fue el día 11, hará 100 años que el primer número del semanario TBO salió de un pequeño taller litográfico de la calle de Enric Granados. Su legado cultural abarca todo el siglo XX y llega hasta el nuestro. En primer lugar, ha contribuido a un oficio, el de dibujante, que en más de una ocasión ha puesto a Barcelona en la cresta de la ola. Y por supuesto ha formado y entretenido a generaciones de lectores. Además ha nutrido el imaginario colectivo con personajes, como la familia Ulises, y con secciones, como Los grandes inventos del TBO o De todo un poco, que acabaron siendo parte de la vida y del lenguaje cotidianos, y trascendieron mucho más allá de nuestra ciudad, donde había empezado todo esto.”

 

A lo largo de todos estos años el TBO ha sido un completo retrato sociológico de la sociedad y las diferentes épocas por las que atravesaba. Y entre los temas tratados, como no podía ser de otra manera, también ha habido una importante presencia del fútbol.

Por esa razón, hoy, 17 de marzo, es un día idóneo para recordar algunas de las portadas que la publicación dedicó a este deporte, y con las que tan agradables ratos pasamos muchos de nosotros.







Próxima publicación de “El último milagro”, de Horacio Convertini. Editorial Barrett

 

El binomio fútbol y literatura goza de una magnífica de salud. La aparición de nuevos libros de temática futbolera es una constante durante los últimos tiempos, de manera que los amantes de este tipo de lecturas podemos continuar alimentando nuestra afición.

Ejemplo de ello es la próxima publicación de “El último milagro”, novela negra del argentino Horacio Convertini cuyo planteamiento no puede ser más interesante. Lo describe la nota de prensa enviada por la editorial Barrett, responsable de la edición.

 

 

LO PEOR DEL FÚTBOL Y LO MEJOR DE LA NOVELA NEGRA

El próximo 23 de marzo llega a España “El último milagro” del escritor argentino Horacio Convertini, con prólogo de Jorge Valdano. Una novela negra con toques de ciencia ficción ambientada en el mundo del fútbol y las barras bravas que ha sido ganadora del Concurso de Novela Negra Extremo Negro-BAN! y finalista del prestigioso Premio Dashiel Hammett a la mejor novela de género negro publicada en 2013.

La novela, que fue publicada en Argentina en 2013, se centra en el Racing Club de Avellaneda, uno de los equipos más grandes y pasionales de Argentina, que está a punto de perder la categoría y atraviesa una crisis económica feroz.

Aparece entonces la insólita propuesta de una empresa tecnológica japonesa: insertarle un chip en la cabeza a uno de sus jugadores para transformarlo en el mejor jugador del mundo, superando a Messi y a Maradona juntos, que será manejado desde las gradas por el campeón mundial de PlayStation. El proyecto involucra a un presidente resignado a hacer trampas, a un goleador que quiere huir hacia un destino dorado en Europa, a un entrenador que ahoga sus penas en las catacumbas de los cabarets y a un fanático que lee a los poetas malditos y sueña con una revolución mística. “El último milagro” muestra el lado más descarnado, crudo y duro del mundo del fútbol, la parte que no se ve en la televisión.

La edición española de “El último milagro” cuenta, además, con la presentación de Jorge Valdano, actual comentarista en radio y televisión y ex manager general y ex entrenador del Real Madrid, entre otros equipos, y con los prólogos de otro gran escritor de novela negra, Alexis Ravelo, y del librero por excelencia de esta materia en España, Paco Camarasa.

Como escribe Valdano: «Si le gusta el fútbol este es su libro. Si le gusta la literatura, también. Es difícil novelar el fútbol porque se trata de un juego que escribe cada día una historia increíble con la que resulta difícil competir (…) Pero alrededor de ese universo emocional hay mucho que explorar y Horacio Convertini lo hace con tanta inteligencia y humor, que uno termina mirando con ternura a los auténticos idealistas del mal que pueblan el libro».

Horacio Convertini (Buenos Aires, 1961), escritor y periodista, fue editor jefe de la sección de Policiales dentro del diario Clarín. Ha recibido importantes premios como el Internacional de Novela Negra y Policial Azabache (2012) o el Memorial Silverio Cañadas (2013), que se otorga en la Semana Negra de Gijón a la mejor opera prima, con “La soledad del mal”. Por otra parte, su novela “New Pompey” fue elegida como la mejor del año 2015 en Argentina. Sus cuentos también han merecido numerosos galardones en España y Argentina, entre ellos el Cosecha Eñe, el Adolfo Bioy Casares o el Tierra de Monegros.

Editorial Barrett es una editorial independiente sevillana que nace en 2016. Su nombre un pequeño homenaje a Syd Barrett, fundador y primer cantante de Pink Floyd, personaje genial que tuvo que dejar la banda por problemas mentales. El logo hace referencia a la canción “Bike”, compuesta por Syd, que define la línea de trabajo. Editorial Barrett busca libros que hablen de música, humor, historias llenas de intensidad y entusiasmo, vidas al límite… “El último milagro” es el tercer lanzamiento de la editorial.

 


13 de marzo:

 

 

El calendario del fútbol y la literatura es un inagotable manantial de curiosidades. Veamos.

Ayer, 12 de marzo, el Barça caía derrotado por 2-1 en el campo del Deportivo de La Coruña en un encuentro que puede resultar “importantísimo” para el desenlace de la Liga.

Importantísimo” también era como calificaba Johan Cruyff el partido que el Barça tenía que jugar en la temporada 1993-1994, también por estas fechas, contra el mismo equipo, por aquel entonces llamado con total merecimiento “Superdepor”.

En aquella ocasión, el partido debía disputarse en el Camp Nou, siendo el resultado final de FC Barcelona 2 – Deportivo 0.

Como consecuencia de aquel encuentro el dibujante e historietista de La Vanguardia Enrique Ventura publicaba la siguiente viñeta, exactamente el 13 de marzo de 1993, hace hoy exactamente 24 años. Una ilustración que ha formado parte de la exposición “Gols de tinta“.

Aquel año Barça y Depor acabaron la liga ocupando los dos primeros puestos, resultando el equipo blaugrana ganador por gol average.

Ayer, David venció a Goliat.

 

 

10 de marzo: 18 años del partido homenaje al Dream Team

 

Todavía con la resaca del histórico partido del miércoles, que será sin duda una poderosa fuente de inspiración literaria, llegamos a otro de los días que forman parte de la historia barcelonista: el 10 de marzo. Ese día de 1999 el Dream Team de Cruyff pudo recibir el homenaje que merecía en el Camp Nou. Un equipo único que también fue un manantial para el fútbol y la literatura, incluso cuando su época había quedado ya atrás. Por ejemplo, a la hora de poder agradecer y reconocer los increíbles momentos de placer futbolístico que fueron capaces de ofrecer a los buenos aficionados al fútbol.

En “Johan Cruyff 14. La autobiografía”, el artífice de aquel equipo hace una referencia al día del homenaje:

“Una de las cláusulas de mi contrato decía que yo tenía derecho a dos partidos benéficos, pero el presidente del club, Josep Lluís Núñez, se negó. Los tribunales dictaminaron en mi favor, pero con la exigencia de que los dos encuentros tenían que organizarse inmediatamente después de la sentencia. Tarea casi imposible, pero se acabó llevando a cabo. Primero en Barcelona el 10 de marzo y, después, el 6 de abril en Ámsterdam. Fueron dos noches inolvidables.

            En el Camp Nou cien mil espectadores pudieron, por fin, mostrar su reconocimiento por el Dream Team de principios de la década de 1990. Algo que los jugadores merecían de sobra. Durante años, Núñez había intentado borrar cualquier recuerdo de aquella época fantástica, pero durante el primer partido benéfico los fans demostraron con su alegría lo que realmente pensaban. No me ha sucedido muchas veces, pero entonces, sobre todo después del pitido final, sentí «gallina de piel» por todo el cuerpo. En particular, cuando los jugadores me rodearon en el círculo central y pude dar las gracias al público en nombre de todos nosotros. En ese momento no pensé en nada y antes de darme cuenta empecé a cantar el himno del club y todo el estadio se unió al canto. Un momento fantástico, pero lo mejor de todo fue, naturalmente, que por fin se hacía justicia”.

 

El texto de Johan Cruyff nos muestra la visión de aquel momento desde el césped. Pero la literatura futbolera nos permite aproximarnos también a la perspectiva de aquella noche desde la grada. Es la que encontramos en el último libro de Sergi Pàmies, “Confesiones de un culé defectuoso”:

“Micrófono en mano, y con el Camp Nou a punto de reventar, Cruyff caminó sobre el césped y dijo: «Solo Dios sabe cuánto tiempo hemos tenido que esperar este momento fantástico. En nombre de todos, y del equipo y el mío, solo deseo una cosa: disfrútatelo, y hasta después del partido». Era el 10 de marzo de 1999, el año del centenario, y una de las noches más intensa y extrañamente barcelonistas que recuerdo. Digo «intensamente» porque, con muy poco tiempo para convocar el partido, se consiguió que 98.000 culés llenaran el Camp Nou. No eran los socios habituales, sino que había que comprar la entrada, y eso movilizó a la parte del barcelonismo que no suele ir al campo. En este caso la motivación de la convocatoria no era competitiva: se trata de un partido de homenaje al Dream Team.”

Dos aproximaciones a un mismo día en el calendario del fútbol y la literatura, con dos particulares referencias al personal vocabulario de Cruyff: “gallina de piel” y “disfrútatelo”.

Genio y figura.