16 de diciembre: 27 años del debut de Guardiola

 

Imagen de www.arxiu.fcbarcelona.cat

 

Hoy, 17 de diciembre, se cumplen 27 años del debut de Pep Guardiola de la mano de Cruyff. Lo explica el maestro Juan Villoro en el capítulo “Guardiola: el exilio y el reino“, de “Dios es redondo“.

Aquí tenéis un fragmento de la explicación:

                Cuando Cruyff hizo debutar a Guardiola, el 16 de diciembre de 1990, seguramente pensó en lo que se muchacho representaba para la afición. Las multitudes armadas de banderas que cada quince días recorren la Diagonal rumbo al Camp Nou, sabían que Pep era tan local como el viento garbí que llega del Mediterráneo, y suponían que estaría ahí para siempre; no en balde llevaba el número 4, que estimulaba juegos de palabras en las pancartas: «Guardiola 4 ever».

                En 1986, César Luis Menotti, recién salido del Barcelona, publicó su libro Fútbol sin trampa. El prólogo de Joan Manuel Serrat parecía dirigido a Guardiola, entonces de 15 años. El cantante hablaba de los jóvenes que juegan en las calles y pierden la alegría cuando entran al fútbol profesional: «No los conviertan en aburridos prematuros, que de eso, con el tiempo, ya se ocupa la empresa.». Cruyff, poco amigo de las lecturas y de los consejos, llegó a la misma conclusión sin oír a Serrat. Guardiola entraría al Barça como a una prolongación del barrio.

 

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13 de diciembre… y Cleo el Breve

En la mitología griega, Clío es la musa de la historia y la poesía heroica. Es hija de Zeus y Mnemósine, aunque la mayoría de los mortales seguramente asocian su nombre a un vehículo: el Renault Clío.

Desde que este modelo fue lanzado al mercado, cada vez que me cruzaba con uno, de quien en realidad me acordaba era de Cleo. ¿Os acordáis de Cleo? Fue un jugador brasileño que tuvo un brevísimo paso por el FC Barcelona. Pese a ello, tiene cierto protagonismo en la literatura futbolera, apareciendo al menos en dos de mis obras favoritas. Una de ellas es “Fútbol. La novela gráfica”, de Santiago García y Pablo Ríos, publicada por Astiberri.

 

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Y la otra referencia es de Jordi Puntí, en su relato “Cuando era un Neeskens”, publicado en la recopilación “Cuando nunca perdíamos”. Una aparición que tal día como hoy, 13 de diciembre, vale la pena recordar:

“La peripecia azulgrana de Cleo empezó el 13 de diciembre de 1981 en San Mamés, en un Athletic-Barça, el día en que Goikoetxa lesionó a Schuster con una entrada terrible. La larga baja del centrocampista alemán permitió a la directiva traer a un nuevo jugador, a prueba durante tres meses, y el elegido fue Cleo. Tenía veintidós años y venía del Internacional de Porto Alegre. Su llegada, pues, se vivió como una epifanía extraña. Mal negocio, el de sustituto de una estrella lesionada”.

 

Un año más, llegamos al 12 de diciembre: el día del fin del fútbol

 

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Hoy vuelve a ser 12 de diciembre, por lo que vale la pena recuperar de nuevo este artículo.

El día en qué según la profecía que Patrick Cauviny y Enki Bilal dejaron escrita en “Fuera de juego” de Norma Editorial, el fútbol dejó de existir.

Así es como lo explica Stan Skavelicz, el protagonista de la obra:

“Como iba diciendo, los del Delta Work 3 me llamaron. Les costó bastante encontrarme, y lo comprendo. Hace veintitrés años y siete meses que colgué los auriculares y el micrófono al final de un partido de la copa A. En teoría, los mejores. El índice de escucha fue de 0,37. Inferior al de los reestrenos de las películas mudas que pasaban en el programa de la Old Movies Netword, entre las tres y las cinco de la tarde. A partir de aquel día ya no hubo más partidos. Después de todo, tuve bastante suerte, ya que dejé el oficio en el momento justo en el que no hubiera podido seguir ejerciéndolo.

Fue el 12 de diciembre.

El mismo día en que el fútbol dejó de existir.” 

 


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5 de diciembre: de la prohibición del fútbol femenino a los goles de Juanito

 

Imagen de www.historiasdeportias.wordpress.com

El 5 de diciembre, en la literatura futbolera, refleja dos caras opuestas del fútbol.

Por otro lado, describe un día lleno de goles. Son los que marcó Juanito y explicó Álex Grijelmo en el relato “El día en que Juanito no lloró de rabia sino de tristeza“, publicado en el libro “57 historias del deporte por una causa solidaria“:

 

Desde aquel partido en El Plantío contra el Baracaldo, le seguí siempre que pude. Vi en el Manzanares (aún no se llamaba Vicente Calderón) el mítico 0-3 del Burgos ante el Atlético el 5 de diciembre de 1976, cuando Juanito desbordó a Luiz Pereira y a Panadero Díaz para entregar sendos goles a Viteri y a Kresic como si fuera un mensajero que les llevase un paquete hasta la puerta de su casa. (El tercero lo marcó aquel gran uruguayo llamado Valdés, a pase de Ruiz Igartua). El público aún no sabía que ese año iban a ganar la Liga, y por eso se volvió hacia el palco, para preguntar por qué ese jugador estaba en el Burgos, primero cedido y luego transferido. Y Luis Aragonés, en el banquillo rojiblanco, pensaría sin duda que vaya desgracia que aquel muchacho de la cantera atlética, despachado en dirección a Burgos tras una lesión, se les escapara del todo: por la banda derecha y por los despachos. El Real Madrid andaba ultimando el acuerdo para el traspaso, que se anunciaría meses después. Malvendido por veintisiete millones de pesetas, biencomprado por la mitad de lo que valía.

 

 

Pero, por otro, encontramos la decisión tomada por la federación inglesa también un 5 de diciembre, pero de 1921, haciendo lo posible para impedir que las mujeres pudieran jugar al fútbol.

Lo podemos leer en “Atlas de una pasión esférica“, la reciente obra de Toni Padilla, con ilustraciones de Pep Boatella y publicado por Geoplaneta:

La derrota no afectó a la popularidad de las chicas de Dick, Kerr & Co. Delante de más de cincuenta y cinco mil hinchas, vencieron a un combinado del resto del Reino Unido por 9-1. La prensa se llenó de fotos suyas trabajando en la cadena de montaje. Salieron cromos con sus imágenes y las entrevistaron. Eran sencillamente perfectas: mujeres que habían trabajado duro fabricando las balas para los soldados y con la energía suficiente para jugar partidos los fines de semana, con los que ganaban un dinero que destinaban a causas benéficas. Con la paz, también ellas pudieron vivir mejor y se organizó una gira por Francia, para devolver la visita a las francesas. Se jugaron cuatro partidos, como en Inglaterra. Tres acabaron en empate. El Dick, Kerr’s Ladies FC ganó el último.

                Pero, el 5 de diciembre de 1921, la federación inglesa emitió una circular que prohibía a los equipos ceder sus campos para partidos de fútbol femenino. En el comunicado se afirmaba que «el fútbol no es apropiado para las mujeres». Detrás se ocultaba la obsesión por no perder el monopolio de este deporte. Frankland siguió luchando por su equipo y en 1922 se las llevó de gira por Estados Unidos. Disputaron nueve partidos y perdieron tres, un buen resultado teniendo en cuenta que jugaron contra equipos masculinos.

 

 

 

 

4 de diciembre: 75 años del récord de ‘valla invicta’ de Rómulo Lisandro Benítez

 


Imagen de www.e6d.es

Hoy, 4 de diciembre, es el aniversario de un récord en la literatura futbolera. Se cumplen, exactamente, 75 años del día en que Rómulo Lisandro Benítez, guardavallas del Atlético Fútbol Club, se convirtió en el poseedor del récord mundial de “valla invicta” en partidos oficiales.

Podéis leer la historia completa en el relato “Valla invicta” de Eduardo Sacheri, publicado en “Esperándolo a Tito y otros cuentos”. Y aquí un fragmento para ir abriendo boca:

Rómulo Lisandro Benítez: un nombre que dicho fuera de mi pueblo tal vez no signifique nada. Pero en mis pagos esas tres palabras tienen una resonancia casi mágica. Los ancianos, al oírlas, asienten silenciosa y repetidamente, con los ojos perdidos en la nebulosa del tiempo. Los chicos adoptan el aire artificioso y solemne que suponen adecuado para las ocasiones sublimes, como cuando suenan las estrofas del Himno, o se iza la bandera. Basta mencionar ese nombre en cualquier reunión para que los presentes se lancen a una competencia desenfrenada por demostrar que cada cual es casi un amigo íntimo del héroe. Todo detalle intrascendente vale en esas ocasiones. Desde haber sido vecinos en la infancia, hasta estar casado con una prima segunda de su mujer, pasando por haber compartido la fiesta de casamiento de un ignoto conocido en común, o haber enviado a los chicos al mismo colegio en el que estudiaron los suyos.

El lector podrá preguntarse el motivo de semejante orgullo. La causa es sencilla. Rómulo Lisandro Benítez es, según nuestras estadísticas, nada menos que el arquero que posee el récord mundial de valla invicta en partidos oficiales. Cualquiera de nuestros niños puede recitar la cifra pasmosa: tres mil ciento veintidós minutos sin recibir tantos en contra, defendiendo la valla del Atlético Fútbol Club. En la confitería del club, en el atrio de la iglesia, en el salón de actos de la delegación municipal, perduran al amparo de los siglos tres idénticas placas de bronce que celebran la memoria del evento. En grandes letras se lee: «A RÓMULO LISANDRO BENÍTEZ, SU PUEBLO AGRADECIDO». Inmediatamente debajo, la cifra de su récord, en números y en letras. Por último, la fecha inolvidable: 4 de diciembre de 1942.

 

 

12 de noviembre: el día en que un futbolista vendió su alma al diablo

 

 

Hoy es 12 de noviembre, y esta noche un futbolista hará un pacto con Satanás a cambio de marcar más goles y alcanzar el triunfo. Será en el relato “El alma al diablo“, escrito por Justo Navarro y publicado en el volumen “Cuentos de fútbol I“. Uno de los escasos ejemplos, junto a “Buba”, de Roberto Bolaño, en el que el fútbol y lo demoníaco forman parte del mismo equipo.

Aquí, un fragmento de la historia:

Ya no era ni suplente. Ni siquiera jugaba los humillantes partidos amistosos: jugaba un tiempo y era sustituido, porque un equipo grande también debe ser grande en los partidos amistosos. Era un vagabundo entre los defensas, el príncipe de la apatía contagiosa: recibía un balón, se dejaba el balón atrás, resbalaba, era sustituido.

Entonces llegó la noche del viernes 12 de noviembre. Al día siguiente había partido: televisaban el partido y, como de costumbre, él no había sido convocado. Esperó a que dieran las dos de la madrugada, porque a esa hora ningún chivato del club telefonearía para comprobar si el futbolista estaba durmiendo. Lo vigilaban: lo habían examinado médicos y psicólogos. A las dos de la madrugada salió a la calle. Cogió el Volkswagen que había alquilado esa tarde, un coche que no llamaba la atención, para irse a beber cerveza a un bar de carretera donde fuera difícil ser reconocido, si aún alguien recordaba su cara.

Porque a la mala suerte se había sumado la mala vida, las noches de cerveza y los días que pesaban como sacos de arena. Lo habían expulsado de varios entrenamientos, lo habían apartado del equipo durante un mes. Le quedaban pocos meses en el Real Madrid, aunque le quedaran dos años de contrato. Y la cerveza le quitaba la angustia, a la segunda cerveza se encontraba mejor.

 

Imagen de www.futbol9sports.com