El fútbol gaditano se pone negro

 

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Hace justo una semana estuve participando en la segunda edición de Rècord, la muestra del libro deportivo de Barcelona, y tuve el enorme privilegio de hacerlo como moderador de una sesión sobre fútbol y novela negra en compañía de Carlos Zanón, Santiago Roncagliolo y Jordi Agut.

La atmósfera criminal de lo futbolístico se mantiene bien presente siete días después, pues acabo de tener conocimiento de la publicación de una obra que me alegra doblemente. Por un lado, porque nos encontramos ante un libro que hace crecer el catálogo de novelas negras ambientadas en el mundo del fútbol. Y, por otro, porque su espectacular portada me proporciona un nuevo cromo para mi colección de jugadores de futbolín en portadas de libros.

El título del libro es “Bajo la piel del alacrán“, su autor es el gaditano Paco de Paula y está publicado por la editorial Cazador de Ratas en su colección Thompson. En la sinopsis se puede leer:

Una ciudad en la que nunca ocurre nada. El delantero estrella del Cádiz Deportivo que aparece brutalmente asesinado. Acribillado. Una última tragedia que sacude a un club que acaba de descender matemáticamente a Segunda División. Un inspector de policía al límite que en plena crisis marital tendrá que lidiar con las altas presiones tanto de superiores como de la prensa mientras intenta resolver el caso más importante de su carrera. Que deberá indagar entre la vida del jugador, sumergida en un mundo que levanta pasiones y donde el dinero lo dirige absolutamente todo.

¿Lograrán capturar al culpable?

El problema es que probablemente el futbolista no sea la única y última víctima y que las palabras «Asesino en Serie» empiecen a rondar entre los titulares de los medios de comunicación.

Y el pánico se desatará y la ciudad no volverá a dormir tranquila.

Negocios turbios, tabúes futbolísticos, secretos, mentiras, venganzas, narcotráfico, maletines, agentes deportivos, sicarios, bajos fondos, poder, manipulación periodística, aficionados ultras, detectives, corrupción, policías y asesinos se dan la mano para forjar una historia entre la novela negra y policiaca que arrojará luz sobre los recovecos más oscuros de uno de los deportes más lucrativos del mundo.

 

Aunque las temporadas acaben, la liga del fútbol y la literatura no descansa nunca.

 

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Fútbol y género negro en las jornadas “Vespres Negres”

 

 

El pasado miércoles se inauguró la 4a edición de “Vespres Negres“, jornadas sobre género negro que se celebran en el Ateneu Santfeliuenc de Sant Feliu de Llobregat. Esta tarde, de 19 a 21h., se celebra la última de las sesiones, en la que el fútbol será protagonista.

El futbol és així“, de Edicions Xandri, “L’últim defensa“, de Jordi Agut i Pagès Editors, i “Sang Culé“, de Jordi Pijoan-López i Manel Barrera, i Llibres de l’Ìndex son los jugadores que han sido convocados para saltar esta tarde a ese particular terreno de juego en el que el césped es de color negro.

 

Fútbol y literatura en los “no lugares” de un estadio

 

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Hace unos años, el antropólogo Marc Augé acuñó el concepto de “no lugar” para referirse a espacios transitorios de escasa importancia en comparación con otros que sí podemos calificar como “lugares”. La diferencia entre ambos tipos es que en estos últimos tenemos experiencias vitales, mientras que por los “no lugares” nos limitamos a pasar sin mayor vínculo. Ejemplos de “no lugares” serían los aeropuertos o las autopistas.

¿Y un estadio de fútbol? Los estadios de fútbol, evidentemente, no pueden ser calificados de “no lugares”. Seguramente se trata de uno de los espacios ciudadanos en los que se producen más vivencias de tipo personal. En todo caso, sí se da la circunstancia de que algunos de sus espacios podrían, en mi opinión, considerarse “no lugares”, en tanto se trata de zonas de puro tránsito que ni tan siquiera acostumbran a tener contacto (ni visual) con el espacio sagrado que conforman la grada y el césped. Pienso, por ejemplo, en los pasillos y escaleras, o en el entramado de vigas y muros que sostienen la estructura. Incluso en la cubierta o techos de las tribunas.

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Esos “no lugares”, sin embargo, dejan de serlo en la literatura futbolera e incluso el cine. El pasado sábado, por ejemplo, vi en la televisión la película “La última jugada”, en la que malos y buenos acaban enfrentándose, entre otros espacios, en la tribuna del estadio del West Ham, mientras el estadio está lleno de espectadores viendo un partido de su equipo contra el Dinamo de Kiev.

En el caso del fútbol y la literatura, conozco al menos tres momentos en los que esos “no lugares” se convierten en el escenario de alguno de los momentos de la trama. El primero lo encontramos en “Asesinato en el Mundial 74”, un Bolsilibro de la Editorial Bruguera, publicado en 1974 en la Colección Servicio Secreto y cuyo autor es Curtis Garland. En uno de los pasajes del libro leemos:

—¡Eh, Jean Jacques, no te espero! ¡Sigo hacia la tribuna!

El agitó su brazo, dando por bueno lo que ella decía, sin volverse siquiera.

Saddie corrió a lo largo de los interminables corredores de cemento y hierro, el esqueleto frío de un ardiente y estruendoso recinto deportivo.

Estaba sola. Completamente sola, perdida, extraña y como abandonada, en aquel amasijo laberíntico de cemento, de barrotes, de escalones, de puertas, de vigas y columnas rígidas, tremendamente grises…

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El segundo ejemplo corresponde a “La ciudad de la lluvia”, una maravilla de novela escrita por Alfonso del Río y publicada este 2018 por la Editorial Destino. Uno de los protagonistas del libro es un jugador del Athletic de Bilbao, y también sucede algún episodio de la historia en el estadio de San Mamés (adapto y elimino algunas cosas para no dar toda la información):

– ¡Joder! Hay alguien en el arco. ¿Lo ves?

– Ya se colgó un aficionado en un Athletic -Real Sociedad en el cincuenta y dos -apuntó mientras miraba hacia donde le indicaba-. Oye, tienes razón. Está caminando sobre la tejavana del estadio, debajo del arco…

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Y, por último, un tercer ejemplo es el que encontramos en “Sangre en el estadio”, una de las historietas de la serie del “Inspector Dan”, en la que el malo de la película se acaba precipitando desde las alturas del estadio.

 

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“La lesión”, de Lem Ryan. Bruguera Bolsilibros. Colección Doble Juego núm. 62

 

 

 

Un espectáculo lamentable, que jamás debería haberse producido en un deporte tan noble como el fútbol, tenía lugar en el estadio, ante las cámaras de televisión que transmitían el encuentro. Un espectáculo que derramó sangre, sin motivo alguno que lo justiciase, que provocó heridos…

 

 

El pasado jueves, con motivo de la inauguración de la nueva edición de BCNegra, se celebró una interesante tertulia bajo el título “Novela negra y Bolsilibros, un extenso legado. amplio legado. ¿Qué representaron las novelas de quiosco de los bolsilibros y cuál fue su legado?”. En ella participaron autores y especialistas en este tipo de publicaciones, siendo uno de ellos Lem Ryan, pseudónimo de Francisco Javier Gómez, y un destacado escritor de obras de este tipo.

Tal y como recogí en este artículo, Lem Ryan tiene, al menos, dos “bolsilibros” de temática futbolística. Uno de ellos es “La lesión”, publicado en 1983 con el número 62 de la Colección Doble Juego de Bruguera Bolsilibros. Mientras que el otro es “Historia de un crack”, publicado en la misma colección con el número 68 y también el mismo año.

En “La lesión” (cuya portada es de Antonio Bernal) nos encontramos una historia protagonizada por Brian Crawford, destacado futbolista del Britain Sports Club. La novela comienza con el desarrollo de un partido entre su equipo (que se juega el acercarse a los puestos de cabeza de la clasificación) y el Conquerers (equipo que lucha por evitar el descenso). Conocemos de donde procede el título de la obra desde la primera página. Después, mediante un salto atrás en el tiempo, se nos desvela el desarrollo de la historia.

 

 

El citado partido termina con victoria del Britain por 1 a 3. Nada más terminar el encuentro se produce una invasión de campo por parte del público. Uno de los aficionados, aprovechando la confusión y el tumulto generados, apuñala en la pierna a Brian lesionándolo gravemente. Tras ser operado, los médicos le diagnostican que será muy difícil que pueda volver a jugar al fútbol.

Brian decidirá entonces retomar los estudios de psicología que abandonó por el fútbol. Se matriculará para ello en la universidad de Cambridge, donde conocerá a Bertrand Hawick, quien se convertirá en compañero y amigo, y a Rosemary Cunningam, atractiva estudiante con algunas zonas oscuras. Brian y ella iniciarán una relación que servirá para que él se proponga recuperarse de su lesión y volver a jugar al fútbol al máximo nivel.

Su vida, sus sueños, sus ilusiones… convertidas en pedazos por culpa de un loco que utilizó el fútbol para desahogar sus ansias de violencia, causándole un daño irreparable.

 

Pero, tanto en su relación con Rose como en su propia recuperación deberá enfrentarse a la oposición de William Falsworth, pretendiente de la chica y, además, líder del equipo tanto de la facultad en la que estudian como de la selección de fútbol de la universidad de Cambridge. Falsworth hará todo lo posible para que Brian no sea admitido en el equipo, evitando, así, que su recuperación siga progresando. Y, cuando no puede evitar que Brian juegue algún partido, intentará por todos los medios que no sea con resultado satisfactorio.

Al mismo tiempo se interpondrá en la relación con Rosemary, con quien mantiene una extraña relación que provoque que ella acabe dejando a Brian por una razón que no se desvela hasta el final de la historia.

Si jugaba bien, si veía que seguía siendo el mismo con un balón en los pies, muchas cosas cambiarían. Igual que cambiaron aquel día maldito en su memoria, cuando un afilado trozo de metal estuvo a punto de acabar con su vida. Pero, para ello, debía demostrar que continuaba siendo el mejor.

 

Como en la mayoría de este tipo de obras, “La lesión” ofrece entretenimiento desde el principio. Nada más entrar en la obra el lector se ve arrastrado página a página hasta conocer el desenlace final. Quizá en este caso los elementos de “género negro” no sean tan abundantes como en otras novelas, limitándose aquí a cierto tipo de actividades de uno de los personajes. No falta alguna escena tórrida, y son abundantes las descripciones de tipo futbolístico, incluyendo algunas reflexiones en torno a lo que envuelve este deporte.

 

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Imagen de la tertulia del jueves extraída del twitter de Ralph Barby

 

Podéis leer un artículo sobre la exposición inaugurada también el pasado jueves y dedicada a la novela pupular en este enlace.

 

 

 

 

 

“Asesinato en el Mundial 74”, Curtis Garland. Editorial Bruguera (Colección Servicio Secreto)

 

 

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EL dardo mortal partió en medio de la llovizna de aquel día trece de junio en que se jugaba la jornada inicial a las cinco de la tarde, hora local de la World Cup Soccer 74, en Frankfurt.

 

Asesinato en el Mundial-74” es una novela de género negro publicada en la Colección Servicio Secreto (con el núm. 1249) de la Editorial Bruguera en 1974, es decir, el mismo año en el que se celebró el Campeonato del Mundo de Fútbol en Alemania, que actúa, además, como telón de fondo. La obra está firmada por Curtis Garland, uno de los pseudónimos de Juan Gallardo Múñoz (1929-2013), uno de los más reconocidos autores de “literatura popular española” (también conocida como ‘novelas de quiosco’, ‘novelas de a duro’ o ‘bolsilibros’), junto a nombres tan populares como los de Marcial Lafuente Estefanía, Corin Tellado, Silver Kane o Frank Caudett, entre muchos otros.

Especialistas en cultura popular como Jesús Cuadrado indican que Curtis Garland llegó a escribir más de 2.000 obras de este tipo, mayoritariamente repartidas entre los géneros policiaco, del oeste, ciencia-ficción, aventuras, terror y bélico, los más habituales en este tipo de producción. Con un catálogo de tal dimensión, y tratándose de una época en la que el fútbol ya se había convertido en todo un fenómeno de masas, era extraño que estos autores no hubieran dedicado al menos alguna obra al mundo del fútbol. La demostración de ello es esta novela. Y todavía existe al menos otra más de temática futbolera escrita por Garland.

 

Esta novela, naturalmente, ha sido escrita por su autor, con anterioridad a este Campeonato Mundial que se celebra actualmente en Alemania Federal. Téngase en cuenta que, para aparecer en estas fechas, el original tuvo que ser hecho con una antelación considerable. De ahí ciertas vaguedades en los detalles, y algunos puntos inconcretos a lo largo del relato que, sin embargo, no merman la intriga ni influyen en el transcurso de los acontecimientos novelescos, aquí reflejados, sobre el fondo apasionante de los encuentros finales de la World Cup 74.

 

En “Asesinato en el Mundial-74” existe una intención evidente de aprovechar la celebración de un acontecimiento de actualidad, como es la celebración de un Campeonato del Mundo de fútbol. El de Alemania fue, además, uno de los que mayor repercusión social han tenido a lo largo de la historia, sobre todo si tenemos en cuenta que en aquellos años la televisión comenzó a invadir los hogares, una circunstancia que permitió multiplicar el número de espectadores que pudieron seguir los encuentros del Mundial. Ese fue, precisamente, mi caso. Y la final que disputaron Alemania y Holanda es, seguramente, uno de los recuerdos de niñez más poderosos que conservo.

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En el prólogo, el propio autor explica algunas cuestiones relativas a la relación entre la novela y el Mundial. Al estar escrita justo antes del inicio del campeonato, gran parte de lo que allí se explica sobre partidos y clasificación de selecciones es inventado. Al margen de ello, existe un intento por ajustar a la realidad todo lo relacionado con Alemania-74: ciudades, estadios, los nombres de algunos jugadores… También existe una referencia a lo largo de la historia al ataque terrorista que la delegación de Israel sufrió durante la olimpiada celebrada en Munich en 1972.

 

El Mundial 74, iba a terminar cómo empezó entre bastidores, en las ciudades elegidas para el gran concierto internacional del Fútbol Asociación.

Con sangre humana derramada.

Con un crimen a distancia, cometido por un asesino desconocido.

 

En cuanto a la novela (con una impactante portada de Enrique Martín), nos encontramos ante una lectura típica del género, todo un magistral ejemplo de ofrecer entretenimiento con una trama negra llena de suspense y acción. Dice Santiago Roncagliolo que el mejor momento para cometer un crimen es durante un partido de fútbol, pues todo el mundo está pendiente de él. Aquí, la repercusión del Mundial de Alemania es utilizada como cortina de humo para la ejecución de un acto delictivo por parte de una poderosa banda internacional. Una serie de asesinatos con la intención de hacer callar a quienes tienen información sobre sus actividades será lo que ponga en marcha la trama.

 

—Un crimen fantástico —dijo lentamente Denk, arrugando el ceño. Oprimió una mano de Saddie, con ánimos—…Me recuerda las novelas de espionaje.

 

Mucho dinamismo, descripciones muy cinematográficas de algunos episodios, con persecuciones automovilísticas y tiroteos incluidos, un futbolista que se convierte en héroes involuntario, una figura femenina protagonista de alguno de los momentos clave, extraños asesinatos promovidos por unos enigmáticos mafiosos… Son elementos que consiguen mantener la atención del lector, que no descubrirá quien es el responsable hasta la última página. Puro divertimento.

 

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Juan Gallardo Muñoz (Curtis Garland), en una imagen de www.elpais.es

“Verano en rojo”, de Berna González Harbour. RBA Serie Negra

 

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“… a esperar a que dieran las nueve y comenzara el partido contra Paraguay. Estaba disfrutando del condenado Mundial. No hacía falta ser muy futbolero para compartir una expectación vibrante, nada contenida, una alegría simple y contagiosa que ilusionaba por igual –y sin que sirviera de precedente- a delincuentes y agentes. Había buen humor en el ambiente y eso era reparador. «España contiene el aliento ante los cuartos de final», «El país está en sus manos», «España fútbol club» eran los titulares en su mesa”.

 

Como todo en la vida, también el “placer de la lectura” tiene su cruz. En mi caso, esa parte negativa emerge en cuanto termino uno de esos libros que te atrapan y no te sueltan, y que te hacen perder el mundo de vista durante unas horas. Sucede, especialmente, con esas obras de género negro de trama atractiva y absorbente, protagonizadas por personajes especiales y bien caracterizados, en las que la narración consigue que el lector se sienta partícipe de todo cuanto sucede como si también él formara parte de la historia.

Libros de trama policiaca en las que la minuciosa investigación se acompaña del ritmo adecuado para mantener la tensión en todo momento, pero en los que también hay espacio para intercalar interesantes reflexiones que no solo no entorpecen la historia, sino que la enriquecen y la refuerzan. Obras, en definitiva, que explican el porqué del éxito del género negro.

Una de esas obras es la magnífica “Verano en rojo”, escrita por Berna González Harbour y publicada en el 2012 en Serie Negra de RBA. Se trata de una historia en la que se trata un tema delicado y polémico, como son los casos de pederastia en el seno de la iglesia. La aparición del cadáver de un joven en el estanque de un parque de Madrid pondrá en marcha los mecanismos de una acción que irá alternando tres puntos de interés. Por un lado, el de la minuciosa investigación policiaca, dirigida por la comisaria María Ruiz, mujer valiente, luchadora y atractiva que ha conseguido hacerse un hueco en un mundo de hombres. María contará con la ayuda de otros compañeros del departamento, especialmente Tomás y Carlos, su mentor, con los que conserva vínculos emocionales de diferente tipo. Por otro lado está la participación de Luna, el viejo periodista, conocedor del auténtico oficio en un mundo en el que el periodismo parece estar derrumbándose. Y luego están los personajes del mundo eclesiástico y su oscura atmósfera de actos inconfesables.

SINOPSIS

Madrid, verano de 2010. Corren los días del Mundial de fútbol y, mientras los ojos de todos están puestos en los tortuosos avances del equipo de España en Sudáfrica, la comisaria María Ruiz se enfrenta a un tenebroso crimen: un joven ha aparecido asesinado. Sin identidad visible. Sin pistas aparentes. Sin móvil. Mujer atractiva, concienzuda y tenaz, María iniciará una investigación que se complicará cada vez más. Pero no está sola: el veterano periodista Luna, un maestro de la profesión hoy acorralado por la crisis y la era digital, y Tomás, brillante informático de la Policía, serán claves para llegar hasta el fin. La intriga será para ellos tan trepidante como la que acompañó a la selección nacional hasta su gesta final.

La intriga y el desarrollo de la acción son impecables y te atrapan sin soltarte desde la primera página. La acción va saltando de Madrid a Santander y Burgos, y a lo largo de la novela el lector es testigo de la minuciosa investigación. Esto, acompañado de unos diálogos ágiles, unos personajes muy bien construidos y un cierto tono de crónica periodística hacen que la lectura sea muy fluida.

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En lo que al fútbol respecta, aquí lo encontramos como telón de fondo y acontecimiento que ayuda a definir el marco temporal de la historia. Los sucesos y la investigación que se describen transcurren durante el verano del 2010, el año del Mundial de Sudáfrica. La aparición del cadáver del joven del inicio de la novela se produce el mismo día en el que el equipo español, tras superar la segunda fase, se encamina hacia los cuartos de final.

Es interesante en este sentido el papel de lo futbolístico en el conjunto de la novela. Cada vez que la selección debe disputar un partido se hace referencia en el texto, por ejemplo, porque algún trámite relacionado con la investigación obligará a los policías a perdérselo. Así mismo, parece como si todo lo que sucede pasara en una burbuja aislada del mundo exterior. Los personajes, las acciones, todo cuanto sucede está directamente relacionado con la investigación y los sucesos de la historia. Es como si fuera de ahí no hubiera nada, como si el mundo se hubiera detenido y nada sucediera en él. Excepto el fútbol. El fútbol es el nexo de unión entre lo policial y todo lo demás.

            – Parece que la han puesto solo para nosotros. ¿Dónde se ha metido el resto del universo?

            – ¿No te acuerdas? El partido. La semifinal.

 

En un momento de la historia se hace una referencia a la obra de Turner, el pintor inglés de atmósferas y horizontes difusos e indefinidos. La alusión me parece muy sugerente, puesto que el mundo que hay fuera de la investigación apenas se intuye, quedando difuminado como un cielo de Turner que impide adivinar sus contornos. En cambio, cuando llegan los partidos y los goles las nubes desaparecen, y el mundo que hay fuera de la realidad del caso se vuelve transparente gracias a la presencia del fútbol. Como colofón final, la resolución del caso se produce casi en paralelo a la resolución del Mundial.

Verano en rojo”, como decía, es una gran novela altamente recomendable. Además, supone el debut de la comisaria María Ruiz, uno de esos personajes inolvidables que los amantes del género pueden seguir disfrutando gracias a las dos novelas que dan continuidad a su serie: “Margen de error“, y “Las lágrimas de Claire Jones“.

 

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“Un cadáver junto al Bósforo”, de Celil Oker. Roca Editorial

 

 

– ¿Entiendes de fútbol?

– Como simple espectador –dije al tiempo que me sentaba enfrente de él.

– ¿Y del comportamiento humano?

– Se podría decir que también soy un espectador de comportamientos.

 

Debo reconocer que mis conocimientos sobre el fútbol turco se limitan a tres o cuatro nombres. Son los que acostumbran a aparecer cuando comienzan las eliminatorias de la Champions. Soy incapaz de ir más allá de recordar a equipos como Fenerbahce, Besiktas, Galatasaray o Trabzonspor. Y, en cuanto a futbolistas, más de lo mismo, pues solo puedo recordar a Hakan Sukur (un nombre de sonoridad inolvidable), Rustu, aquel portero que pasó por el Barcelona, o el más reciente Arda Turan.

El fútbol turco, en cambio, es uno de los ejes centrales de “Un cadáver junto al Bósforo”, novela de género negro escrita en el año 2000 por Celil Oker y publicada en el 2008 por Roca Editorial. El libro, sin ser una historia exclusivamente futbolera, sí tiene continuamente al balompié como eje en torno al cual se desarrolla toda la trama. Curiosamente, el fútbol al que aquí se hace referencia no es el de los grandes clubes ni el de la primera división. Los equipos de los que se hablan son los ficticios Karasy Güneshpor y Markez Idmanyurdu, ambos militantes de la tercera división, y máximos rivales que se juegan el descenso en el último partido de liga.

 

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ese a la existencia de ese partido de la máxima rivalidad, en el libro no encontramos jugadas ni descripción del partido. En todas las acciones relacionadas con el fútbol que van apareciendo a lo largo del libro no existe ninguna que tenga que ver con el desarrollo de un partido oficial. Se trata, así, de un acercamiento desde una perspectiva no habitual que demuestra que se puede ir más allá del juego en sí.

 

– En el mundo del fútbol hay muchos más espabilados de lo que uno se imagina. No es tan fácil vender por su cuenta un partido, sin llamar la atención. A menos que el presidente esté metido también en el ajo, en cuyo caso el equipo deja de esforzarse y ya está.

 

Aquí, sobre todo, lo que encontramos son futbolistas como integrantes directos de la trama, un periodista deportivo, situaciones en las inmediaciones e incluso en el interior de un estadio, y la descripción de algún entrenamiento. Así mismo es interesante el hecho de que tras ambos equipos se encuentran dos importantes empresas relacionadas con el mundo de la moda. Esta extraña relación se debe a que la esposa de uno de los propietarios de una de estas empresas es una gran aficionada al fútbol, habiéndose convertido en presidenta de uno de los equipos.

La trama gira en torno a dos grandes empresas del sector de la moda que rivalizan en su mercado. Una de ellas, además, se ha convertido en la propietaria de un equipo de la tercera división turca. Un turbio asunto de compra de partidos, unido a la inesperada muerte de un periodista, llevará al particular Remzi Unal a ponerse al frente de la investigación. Se trata de un peculiar detective, solitario, de vida austera, que parece haber firmado un pacto de aceptación con lo que la vida le presenta. Expulsado de las Fuerzas Aéreas, conserva su afición a pasar su tiempo libro ante el simulador de vuelos que tiene en su ordenador.

 

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Sorprende en él una cierta parsimonia vital, como si estuviéramos ante una especie de Bartleby que actúa casi sin querer, a cámara lenta, y que, sin embargo, da la sensación de dominar los hilos en todo momento. Aparentemente, sus pasos son casi palos de ciego, pues dispone de pocos elementos en los que agarrarse. Pero, en cambio, el más insignificante de los indicios se convierte en la tecla adecuada que le permite continuar avanzando, de manera efectiva, en su investigación.

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En la sinopsis podemos leer:

El detective privado Remzi Ünal, al que ya vimos en Último acto en el Bósforo, tiene un nuevo caso. El magnate Ilhan karasu, dirigente de Karasu Textil, es también propietario de un equipo de fútbol que está a punto de bajar de categoría. Después de recibir una llamada anónima en la que se le alerta de que dos de los jugadores del equipo, el portero y un defensa, han aceptado un soborno para dejarse ganar en el próximo partido, le encarga a Ünal que averigüe la veracidad de esta información y si el cerebro de dicho soborno es el presidente del equipo de fútbol rival, que casualmente es también el máximo competido de Karasu en la industria textil.Como no podía ser de otra forma, las cosas se complicarán desde el principio, cuando muere, en extrañas circunstancias un periodista deportivo que parecía estar al tanto del supuesto amaño. A pesar de que todo parece indicar que la muerte se ha debido a causas naturales, Ünal sospecha que alguien podría estar interesado en acabar con la vida de quien sabía demasiado. Lo que se presentaba como un simple caso de compra de un partido parece ocultar una compleja trama de turbios intereses, llena de interrogantes y de relaciones impropias e insospechadas.

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Por último, añadir que también la ciudad de Estambul forma parte de la novela, siendo numerosas las referencias a algunos de sus barrios, calles y avenidas. Una meticulosidad presente en la forma de escribir del autor, directo pero detallista, muy descriptivo a la hora de ir mostrando al lector todo cuanto sucede. El autor tiene una gran habilidad para ir esparciendo datos y relacionando a los diferentes personajes que deambulan por las páginas de la novela sin que se desvele el secreto hasta la explicación final del protagonista.

Una novela que nos mantiene enganchados hasta el final y que ofrece un acercamiento a un tipo de fútbol (el de las categorías inferiores turcas) diferente al que podemos encontrar en otras obras. Y, además, lo consigue resaltando a elementos que no son el propio juego en sí, pero que también son de gran importancia.

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