Fútbol y literatura en los “no lugares” de un estadio

 

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Hace unos años, el antropólogo Marc Augé acuñó el concepto de “no lugar” para referirse a espacios transitorios de escasa importancia en comparación con otros que sí podemos calificar como “lugares”. La diferencia entre ambos tipos es que en estos últimos tenemos experiencias vitales, mientras que por los “no lugares” nos limitamos a pasar sin mayor vínculo. Ejemplos de “no lugares” serían los aeropuertos o las autopistas.

¿Y un estadio de fútbol? Los estadios de fútbol, evidentemente, no pueden ser calificados de “no lugares”. Seguramente se trata de uno de los espacios ciudadanos en los que se producen más vivencias de tipo personal. En todo caso, sí se da la circunstancia de que algunos de sus espacios podrían, en mi opinión, considerarse “no lugares”, en tanto se trata de zonas de puro tránsito que ni tan siquiera acostumbran a tener contacto (ni visual) con el espacio sagrado que conforman la grada y el césped. Pienso, por ejemplo, en los pasillos y escaleras, o en el entramado de vigas y muros que sostienen la estructura. Incluso en la cubierta o techos de las tribunas.

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Esos “no lugares”, sin embargo, dejan de serlo en la literatura futbolera e incluso el cine. El pasado sábado, por ejemplo, vi en la televisión la película “La última jugada”, en la que malos y buenos acaban enfrentándose, entre otros espacios, en la tribuna del estadio del West Ham, mientras el estadio está lleno de espectadores viendo un partido de su equipo contra el Dinamo de Kiev.

En el caso del fútbol y la literatura, conozco al menos tres momentos en los que esos “no lugares” se convierten en el escenario de alguno de los momentos de la trama. El primero lo encontramos en “Asesinato en el Mundial 74”, un Bolsilibro de la Editorial Bruguera, publicado en 1974 en la Colección Servicio Secreto y cuyo autor es Curtis Garland. En uno de los pasajes del libro leemos:

—¡Eh, Jean Jacques, no te espero! ¡Sigo hacia la tribuna!

El agitó su brazo, dando por bueno lo que ella decía, sin volverse siquiera.

Saddie corrió a lo largo de los interminables corredores de cemento y hierro, el esqueleto frío de un ardiente y estruendoso recinto deportivo.

Estaba sola. Completamente sola, perdida, extraña y como abandonada, en aquel amasijo laberíntico de cemento, de barrotes, de escalones, de puertas, de vigas y columnas rígidas, tremendamente grises…

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El segundo ejemplo corresponde a “La ciudad de la lluvia”, una maravilla de novela escrita por Alfonso del Río y publicada este 2018 por la Editorial Destino. Uno de los protagonistas del libro es un jugador del Athletic de Bilbao, y también sucede algún episodio de la historia en el estadio de San Mamés (adapto y elimino algunas cosas para no dar toda la información):

– ¡Joder! Hay alguien en el arco. ¿Lo ves?

– Ya se colgó un aficionado en un Athletic -Real Sociedad en el cincuenta y dos -apuntó mientras miraba hacia donde le indicaba-. Oye, tienes razón. Está caminando sobre la tejavana del estadio, debajo del arco…

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Y, por último, un tercer ejemplo es el que encontramos en “Sangre en el estadio”, una de las historietas de la serie del “Inspector Dan”, en la que el malo de la película se acaba precipitando desde las alturas del estadio.

 

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“Asesinato en el Mundial 74”, Curtis Garland. Editorial Bruguera (Colección Servicio Secreto)

 

 

asesinato en el mundial 74

 

EL dardo mortal partió en medio de la llovizna de aquel día trece de junio en que se jugaba la jornada inicial a las cinco de la tarde, hora local de la World Cup Soccer 74, en Frankfurt.

 

Asesinato en el Mundial-74” es una novela de género negro publicada en la Colección Servicio Secreto (con el núm. 1249) de la Editorial Bruguera en 1974, es decir, el mismo año en el que se celebró el Campeonato del Mundo de Fútbol en Alemania, que actúa, además, como telón de fondo. La obra está firmada por Curtis Garland, uno de los pseudónimos de Juan Gallardo Múñoz (1929-2013), uno de los más reconocidos autores de “literatura popular española” (también conocida como ‘novelas de quiosco’, ‘novelas de a duro’ o ‘bolsilibros’), junto a nombres tan populares como los de Marcial Lafuente Estefanía, Corin Tellado, Silver Kane o Frank Caudett, entre muchos otros.

Especialistas en cultura popular como Jesús Cuadrado indican que Curtis Garland llegó a escribir más de 2.000 obras de este tipo, mayoritariamente repartidas entre los géneros policiaco, del oeste, ciencia-ficción, aventuras, terror y bélico, los más habituales en este tipo de producción. Con un catálogo de tal dimensión, y tratándose de una época en la que el fútbol ya se había convertido en todo un fenómeno de masas, era extraño que estos autores no hubieran dedicado al menos alguna obra al mundo del fútbol. La demostración de ello es esta novela. Y todavía existe al menos otra más de temática futbolera escrita por Garland.

 

Esta novela, naturalmente, ha sido escrita por su autor, con anterioridad a este Campeonato Mundial que se celebra actualmente en Alemania Federal. Téngase en cuenta que, para aparecer en estas fechas, el original tuvo que ser hecho con una antelación considerable. De ahí ciertas vaguedades en los detalles, y algunos puntos inconcretos a lo largo del relato que, sin embargo, no merman la intriga ni influyen en el transcurso de los acontecimientos novelescos, aquí reflejados, sobre el fondo apasionante de los encuentros finales de la World Cup 74.

 

En “Asesinato en el Mundial-74” existe una intención evidente de aprovechar la celebración de un acontecimiento de actualidad, como es la celebración de un Campeonato del Mundo de fútbol. El de Alemania fue, además, uno de los que mayor repercusión social han tenido a lo largo de la historia, sobre todo si tenemos en cuenta que en aquellos años la televisión comenzó a invadir los hogares, una circunstancia que permitió multiplicar el número de espectadores que pudieron seguir los encuentros del Mundial. Ese fue, precisamente, mi caso. Y la final que disputaron Alemania y Holanda es, seguramente, uno de los recuerdos de niñez más poderosos que conservo.

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En el prólogo, el propio autor explica algunas cuestiones relativas a la relación entre la novela y el Mundial. Al estar escrita justo antes del inicio del campeonato, gran parte de lo que allí se explica sobre partidos y clasificación de selecciones es inventado. Al margen de ello, existe un intento por ajustar a la realidad todo lo relacionado con Alemania-74: ciudades, estadios, los nombres de algunos jugadores… También existe una referencia a lo largo de la historia al ataque terrorista que la delegación de Israel sufrió durante la olimpiada celebrada en Munich en 1972.

 

El Mundial 74, iba a terminar cómo empezó entre bastidores, en las ciudades elegidas para el gran concierto internacional del Fútbol Asociación.

Con sangre humana derramada.

Con un crimen a distancia, cometido por un asesino desconocido.

 

En cuanto a la novela (con una impactante portada de Enrique Martín), nos encontramos ante una lectura típica del género, todo un magistral ejemplo de ofrecer entretenimiento con una trama negra llena de suspense y acción. Dice Santiago Roncagliolo que el mejor momento para cometer un crimen es durante un partido de fútbol, pues todo el mundo está pendiente de él. Aquí, la repercusión del Mundial de Alemania es utilizada como cortina de humo para la ejecución de un acto delictivo por parte de una poderosa banda internacional. Una serie de asesinatos con la intención de hacer callar a quienes tienen información sobre sus actividades será lo que ponga en marcha la trama.

 

—Un crimen fantástico —dijo lentamente Denk, arrugando el ceño. Oprimió una mano de Saddie, con ánimos—…Me recuerda las novelas de espionaje.

 

Mucho dinamismo, descripciones muy cinematográficas de algunos episodios, con persecuciones automovilísticas y tiroteos incluidos, un futbolista que se convierte en héroes involuntario, una figura femenina protagonista de alguno de los momentos clave, extraños asesinatos promovidos por unos enigmáticos mafiosos… Son elementos que consiguen mantener la atención del lector, que no descubrirá quien es el responsable hasta la última página. Puro divertimento.

 

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Juan Gallardo Muñoz (Curtis Garland), en una imagen de www.elpais.es