Doce meses, doce dorsales: con el número 8, agosto

 

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Imagen de www.taringa.net

Si el calendario fuera un equipo de fútbol, el dorsal número 8 lo llevaría agosto. Y así es, más o menos, como juega este mes en el terreno de juego de la literatura futbolera.

Esa era mi Valencia. El campo de Mestalla, la sangre emboscada de El Vampiro, las ruinas ferroviarias donde vivían los gitanos. Más allá, a menos de diez minutos, estaba el mar. Pero el mar era una promesa inalcanzable, una ilusión, la quimera escondida al final de un paisaje laberíntico de sendas, acequias y barrios huérfanos de sentido que tenían nombre y apellidos: las alquerías de Beteró, Isla Perdida, las vías del tren que nos separaban del Cabanyal y sus playas.

A esa ciudad sin músculo de ciudad llegó Mario Alberto Kempes Chiodi en agosto de 1976. Se fue a vivir a la plaza Honduras, que era una de esas manzanas sin gracia dejadas caer entre Mestalla y el mar, entre el barrio de San José y La Isla Perdida. Ir a la plaza Honduras exigía un máster en enfermedades tropicales. Para llegar había que atravesar campamentos gitanos y solares fronterizos donde las bandas rivales se hacían fuertes. A la plaza Honduras sólo íbamos cuando había que decirle a Kempes que metiera un gol. La última vez fue en octubre de 1980. Y Kempes cumplió. Le ganamos al Madrid 2-1. Mario marcó los dos.

Fragmento de “La balada del Bar Torino“, de Rafa Lahuerta Yúfera.

Llibres de la Drassana, 2014

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15 de abril en “Libre directo” de Pepe Albert de Paco

 

Hace dos días, el 13 de abril, publicaba este artículo este artículo en el que se hacía mención justamente a ese día. Está extraído de “La balada del Bar Torino“, de Rafa Lahuerta, un libro gracias al cual descubrí otra obra futbolera, “Libre directo“, de Pepe Albert de Paco.

Escrita a modo de dietario, en esta última podemos encontrar entre sus páginas referencias a algunas fechas del calendario, siendo una de ellas el 15 de abril, un día como hoy.

Una combinación entre libros, fechas y referencias que nos permite recordar que en el planeta fútbol también existen las paredes literarias.

Y como hoy es un buen día para recuperarlo, aquí tenéis el fragmento:

15 de abril de 1989

El público de El Sadar se amontona en las gradas de los fondos como si nada hubiera sucedido en Heysel o en Hillsborough. El hincha del Sadar se disuelve como en un magna informe de cuerpos ingrávidos, apenas mecidos por el lado de los acontecimientos. Basta con que el árbitro señale un córner para que el rumor de pacharán que flota en el ambiente sea más ensordecedor que el gol mismo. El césped, en El Sadar, es una escueta interferencia en el paisaje. Ante la contemplación de esa cuerda de terroristas que se asoma al balcón del área, de ese monstruo de tres mil cabezas que casi alcanza a navajear al rival de turno, uno tiene la impresión de que el fútbol es fortuito. De hecho, es precisamente en esa clase estadios, tan idolatrados por los hinchas (es la arquitectura, y no otra cosa, la que apuntala el fervor del hincha), donde el fútbol queda reducido a su mínima expresión, a una secuencia lógica de pelotazos al ariete. El Osasuna, hoy en día, juega igual que en los tiempos de Zabalza porque Zabalza jamás dirigió el juego del Osasuna. Quien lo hizo, en verdad, fue la arquitectura, esa arquitectura que brama a bocajarro las más procaces consignas. Arriba. Dale. Métele. Chuta. Dala ya. Y al poco el balón sobrevuela el campo para enquistarse en el área. Tal vez algún rebote inesperado permita al ariete meter la puntita y el balón allane la portería y el graderío se penetre a sí mismo.

Imagen de www.footballtripper.com

13 de abril en “La balada del Bar Torino” de Rafa Lahuerta

Imagen de www.sentimentche.es

Ayer fue 13 de abril. Si queremos conocer qué tal jugador es podemos acercarnos hasta Mestalla y la historia del Valencia, de la mano de esa magnífica obra que es “La balada del Bar Torino“, de Rafa Lahuerta.

Una historia repleta de nombres como Tendillo, Castellanos, Arias o Sempere, nombres que poblaron mi juventud con reminiscencias de tardes radiofónicas.

Aquí tenéis el 13 de abril en acción:

Sí, es cierto, el club atravesaba una gran crisis económica pero el equipo no era para descender. Tenía todo lo que los manuales exigen para hacer una temporada correcta. Gente experimentada y de la casa (Arias, Tendillo, Subirats, Castellanos, Roberto, Sempere…), chavales emergentes y de la cantera casi consolidados (Fernando, Revert, Quique, Sixto, Giner, Arroyo, Ferrando…), y un delantero tronco pero efectivo como Wilmar Cabrera que te garantizaba un fijo de quince goles por temporada. No, no era un equipo para descender.

No se acertó con los fichajes de Sánchez-Torres y Muñoz-Pérez. Quizás se precipitó el adiós de Saura, que todavía tenía cosas que aportar. Tampoco Valdez como entrenador fue la solución más adecuada. Pero pese a ello el equipo acabó la primera vuelta alejado del peligro y con buenas sensaciones. Tras empatar a tres en Valladolid Cantatore dijo que el Valencia era el mejor equipo que había pasado por Pucela esa temporada. Lo dijo en enero. Antes, en diciembre, un escandaloso arbitraje de Pes Pérez contra el Sevilla (no es de ahora) puso en evidencia que pagaríamos en los despachos la presencia de valencianistas ilustres en otros ámbitos de poder federativo. Ahí escribí mi primera carta en prensa. Salió en Don Balón. Yo la escribí y Alfonsito, Alfonso Pérez-Cervelló, la pasó a limpio. Lagrimeo arbitral justificado. El de Pes Pérez fue uno de los arbitrajes más dañinos sufridos por el Valencia en su historia.

Con todo, lo peor fue la ausencia de Roberto durante buena parte de la temporada. En aquel equipo cogido con alfileres, Roberto aportaba dinamismo, gol, jerarquía y carácter. Era el mejor jugador del equipo y su ausencia fue determinante. Hubo derrotas sobre la bocina en Zaragoza y Sarrià, empates injustos en Mestalla después de desarbolar al rival como el día del Sporting y muy especialmente en marzo contra el Atlético de Madrid, el mejor partido que el Pato Fillol hizo en España. Vale el dicho de que a perro flaco todo son pulgas. Para rematar el empastre, el Valencia fue el último gran conejillo de indias del calendario no unificado. Jugó el penúltimo partido un día antes que su rival más directo. Cuando empezó a rodar el balón en el Ramón de Carranza aquel domingo 13 de abril todo el mundo ya sabía el resultado final. Empate a cero. Desde entonces me cisco en la simpatía institucionalizada de gaditanos y béticos. Desde entonces hay horario unificado los dos últimos partidos de cada temporada.

 

El partido de la jornada: Valencia de Rafa Lahuerta – Español de Pepe Albert de Paco

Valencia - Espanyol

 

Hay partidos que teniendo lugar sobre el terreno de juego de un estadio se extienden también a las páginas de los libros.

Un ejemplo es el de hoy, en el que se enfrentan dos equipos, Valencia y Español, y del que también estarán muy atentos y jugarán a su manera dos escritores que no solo son seguidores de esos clubes, sino que han escrito libros sobre su afición.

Y así saltaran hoy al campo, por partida doble, el once che, representado por Rafa Lahuerta y su “La balada del Bar Torino”, y el equipo de los pericos, capitaneado por Pepe Albert de Paco y su “Libre directo”. Dos equipos, dos aficiones, dos autores, dos libros que además han compartido rectángulo de juego literario combinando entre sí:

“Me gusta estar solo en estas tardes de invierno. Escucho Nostalgia de Bell Ville, la canción de La Gran Esperanza Blanca que inmortaliza el debut de Kempes en Valencia. No espero milagros. Son las 18:35 del sábado 25 de enero de 2014. En un rato me iré a Mestalla para sufrir el Valencia-Espanyol. Cada vez que jugamos contra el Espanyol pienso en Libre directo, el libro de mi buen amigo José María Albert de Paco. Es una joya poco común. Un texto indispensable para cualquier futbolero.”

Fragmento de “La balada del Bar Torino”, de Rafa Lahuerta

Imagen de www.listas.20minutos.es

Y aquí un fragmento de “Libre directo” en el que se hace referencia a un Valencia-Español de hace unos años, siendo el entrenador del equipo perico Javier Clemente (quien vuelve a aparecer en las quinielas de futuribles para el equipo blanquiazul).

“El Español emerge de las arenas movedizas arrancando un punto en Valencia. Por lo que leo, ha sido un partido brusco, amargo, un partido ceñido al guión de hierro que acostumbra a escribir Clemente. El Español ha pretendido defender el gol temprano e inopinado de Marc Bertran (tremendo zapatazo desde el lateral del área) y, al final, ha encajado el empate. Suele suceder; rara es la defensa que aguante sesenta minutos las escaramuzas del rival sin que el diablo, acaso en el lapso de un bostezo, traicione su pacto envilecido.”

Imagen de www.dailymail.co.uk

Fútbol y literatura en estado puro. Un auténtico partidazo para el Fútbol Club de Lectura.

Aquí tenéis el booktráiler de “La Balada del Bar Torino“:

“Libre directo”, Pepe Albert de Paco y los inescrutables designios de la literatura futbolera

 

Imagen de www.diariomas.hn

Lo advierto. Cualquier día de estos me lío el blog a la cabeza y fundo una secta, la de los adeptos a la idea de que “Los designios de la literatura futbolera son inescrutables”. No hablo en broma. “¿Y por qué?“, presiento que preguntan por el córner. Pues porque, chavales (como diría Wild Frank), a mi no es que me pasen cosas raras. No. Lo que a mi me pasa supera lo indescriptible. Reíros de las caras de Bélmez, de las líneas de Nazca o de los ovnis (supuestos) que en 1954 sobrevolaron el estadio Artemio Franchi de Florencia obligando a suspender el partido que en aquel momento se estaba disputando. Lo mío es todavía mucho más raro. O inescrutable, si lo preferís.

Va, que os pongo un ejemplo.

El domingo 3 de enero (es decir, hace tres días) el Real Madrid visitaba el estadio de Mestalla para enfrentarse al Valencia en partido de Liga. Me pareció una buena ocasión para publicar algo en el blog sobre el enfrentamiento entre ambos equipos, alguna cosa relativa a un Valencia–Real Madrid al que se hiciera referencia en algún libro de literatura futbolera.

Supuse entonces que quizá encontraría algo en “La balada del bar Torino” de Rafa Lahuerta. Tratándose de una obra que gira en torno a una trayectoria vital en la que Mestalla y el equipo ché forman parte parte esencial me pareció que habría muchas posibilidades de encontrar alguna vivencia vinculada a ese partido.

Y hete aquí que tomando el libro entre mis manos comencé a pasar páginas, a ojearlas y hojearlas, hasta que mis ojos fueron a aterrizar en el capítulo 46, cuyo título es “La chica del café Lisboa”. Allí, entre el bosque de palabras de aquella página, topé con lo siguiente:

“Me gusta estar solo en estas tardes de invierno. Escucho Nostalgia de Bell Ville, la canción de La Gran Esperanza Blanca que inmortaliza el debut de Kempes en Valencia. No espero milagros. Son las 18:35 del sábado 25 de enero de 2014. En un rato me iré a Mestalla para sufrir el Valencia-Espanyol. Cada vez que jugamos contra el Espanyol pienso en Libre directo, el libro de mi buen amigo José María Albert de Paco. Es una joya poco común. Un texto indispensable para cualquier futbolero.”

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Tomé buena nota de aquella recomendación literaria, ya que se trata de un libro cuya existencia desconocía, y comencé a investigar al respecto. Entre las referencias que encontré por la red destacaré dos: la primera, un artículo escrito por el propio autor hablando del libro en la revista Jot Down.

Y la segunda, una oferta de venta de un ejemplar del libro en Amazon, aunque bien podríamos estar hablando de Sotheby’s, ya que el precio de venta que aparece es de … 590€!

Libre Directo Amazon

Al día siguiente, 4 de enero, decidí publicar una breve referencia a la relación de Albert Camus con el fútbol, aprovechando que ese día se cumplían 56 años desde su fallecimiento. A media mañana publiqué el artículo y lo compartí a través de facebook y Twitter.

Al cabo de poco recibí un aviso de que el tweet había sido retwitteado desde los perfiles de Patricia Cazón, Veva y Alfonso Morillas (este soy yo, jeje). Y justo al cabo de pocos minutos, se publicaba un nuevo tweet desde el perfil Veva, en el que se avisaba a alguien de que quizá podía interesarle la página del Fútbol Club de Lectura. Y aquí aprovecho para agradecer a Veva que considere que este espacio pueda tener algún tipo de interés 😀

El caso, volviendo al suceso paranormal, es que a quien iba dirigido ese tweet informativo es… ¡Pepe Albert de Paco, con quien apenas hacía unas horas que me había tropezado en el libro de Rafa Lahuerta!

Like tweet Pepe Albert de Paco

¿Qué os parece el episodio? No me digáis que no tiene gracia la cosa.

Es lo que digo: los designios de la literatura futbolera son inescrutables.

(NOTA: incluí “Libre Directo” en mi carta a los Reyes Magos. Respuesta: “amigo, mira a ver si el gordo de rojo te lo puede conseguir, porque a nosotros se nos va de presupuesto”).