Comienza l’Any Brossa

 

 

El 19 de enero de 1919 nacía uno de los más grandes representantes de la poesía visual: Joan Brossa. Hoy, aprovechando el centenario de su nacimiento, se da el pistoletazo de salida a l’Any Brossa, una gran oportunidad de acercarse a la impresionante obra de este gran creador.

Por cierto, no era muy futbolero 🙂

“Fútbol” (1986)

 

 

“País” (1988)

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“El fútbol es así”: tópico… y título

 

 

Si existiera una colección de tópicos futbolísticos, uno de los cromos que ocuparían las primeras páginas sería el tan recurrente “El fútbol es así”. Repetido hasta la saciedad para explicar lo que en ocasiones es difícilmente explicable, se trata de una afirmación que ha servido también para encabezar a un buen puñado de artículos, noticias, algún anuncio de revista (como el último de Gol Televisión) y, por supuesto… libros.

A continuación os dejo con una recopilación de portadas en las que “El fútbol es así” (y algunas de sus variantes) sirven de título. Incluso aparecen el cartel de una obra de teatro y de una exposición.

 

 

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“Asesinato en el Mundial 74”, Curtis Garland. Editorial Bruguera (Colección Servicio Secreto)

 

 

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EL dardo mortal partió en medio de la llovizna de aquel día trece de junio en que se jugaba la jornada inicial a las cinco de la tarde, hora local de la World Cup Soccer 74, en Frankfurt.

 

Asesinato en el Mundial-74” es una novela de género negro publicada en la Colección Servicio Secreto (con el núm. 1249) de la Editorial Bruguera en 1974, es decir, el mismo año en el que se celebró el Campeonato del Mundo de Fútbol en Alemania, que actúa, además, como telón de fondo. La obra está firmada por Curtis Garland, uno de los pseudónimos de Juan Gallardo Múñoz (1929-2013), uno de los más reconocidos autores de “literatura popular española” (también conocida como ‘novelas de quiosco’, ‘novelas de a duro’ o ‘bolsilibros’), junto a nombres tan populares como los de Marcial Lafuente Estefanía, Corin Tellado, Silver Kane o Frank Caudett, entre muchos otros.

Especialistas en cultura popular como Jesús Cuadrado indican que Curtis Garland llegó a escribir más de 2.000 obras de este tipo, mayoritariamente repartidas entre los géneros policiaco, del oeste, ciencia-ficción, aventuras, terror y bélico, los más habituales en este tipo de producción. Con un catálogo de tal dimensión, y tratándose de una época en la que el fútbol ya se había convertido en todo un fenómeno de masas, era extraño que estos autores no hubieran dedicado al menos alguna obra al mundo del fútbol. La demostración de ello es esta novela. Y todavía existe al menos otra más de temática futbolera escrita por Garland.

 

Esta novela, naturalmente, ha sido escrita por su autor, con anterioridad a este Campeonato Mundial que se celebra actualmente en Alemania Federal. Téngase en cuenta que, para aparecer en estas fechas, el original tuvo que ser hecho con una antelación considerable. De ahí ciertas vaguedades en los detalles, y algunos puntos inconcretos a lo largo del relato que, sin embargo, no merman la intriga ni influyen en el transcurso de los acontecimientos novelescos, aquí reflejados, sobre el fondo apasionante de los encuentros finales de la World Cup 74.

 

En “Asesinato en el Mundial-74” existe una intención evidente de aprovechar la celebración de un acontecimiento de actualidad, como es la celebración de un Campeonato del Mundo de fútbol. El de Alemania fue, además, uno de los que mayor repercusión social han tenido a lo largo de la historia, sobre todo si tenemos en cuenta que en aquellos años la televisión comenzó a invadir los hogares, una circunstancia que permitió multiplicar el número de espectadores que pudieron seguir los encuentros del Mundial. Ese fue, precisamente, mi caso. Y la final que disputaron Alemania y Holanda es, seguramente, uno de los recuerdos de niñez más poderosos que conservo.

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En el prólogo, el propio autor explica algunas cuestiones relativas a la relación entre la novela y el Mundial. Al estar escrita justo antes del inicio del campeonato, gran parte de lo que allí se explica sobre partidos y clasificación de selecciones es inventado. Al margen de ello, existe un intento por ajustar a la realidad todo lo relacionado con Alemania-74: ciudades, estadios, los nombres de algunos jugadores… También existe una referencia a lo largo de la historia al ataque terrorista que la delegación de Israel sufrió durante la olimpiada celebrada en Munich en 1972.

 

El Mundial 74, iba a terminar cómo empezó entre bastidores, en las ciudades elegidas para el gran concierto internacional del Fútbol Asociación.

Con sangre humana derramada.

Con un crimen a distancia, cometido por un asesino desconocido.

 

En cuanto a la novela (con una impactante portada de Enrique Martín), nos encontramos ante una lectura típica del género, todo un magistral ejemplo de ofrecer entretenimiento con una trama negra llena de suspense y acción. Dice Santiago Roncagliolo que el mejor momento para cometer un crimen es durante un partido de fútbol, pues todo el mundo está pendiente de él. Aquí, la repercusión del Mundial de Alemania es utilizada como cortina de humo para la ejecución de un acto delictivo por parte de una poderosa banda internacional. Una serie de asesinatos con la intención de hacer callar a quienes tienen información sobre sus actividades será lo que ponga en marcha la trama.

 

—Un crimen fantástico —dijo lentamente Denk, arrugando el ceño. Oprimió una mano de Saddie, con ánimos—…Me recuerda las novelas de espionaje.

 

Mucho dinamismo, descripciones muy cinematográficas de algunos episodios, con persecuciones automovilísticas y tiroteos incluidos, un futbolista que se convierte en héroes involuntario, una figura femenina protagonista de alguno de los momentos clave, extraños asesinatos promovidos por unos enigmáticos mafiosos… Son elementos que consiguen mantener la atención del lector, que no descubrirá quien es el responsable hasta la última página. Puro divertimento.

 

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Juan Gallardo Muñoz (Curtis Garland), en una imagen de www.elpais.es

“Verano en rojo”, de Berna González Harbour. RBA Serie Negra

 

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“… a esperar a que dieran las nueve y comenzara el partido contra Paraguay. Estaba disfrutando del condenado Mundial. No hacía falta ser muy futbolero para compartir una expectación vibrante, nada contenida, una alegría simple y contagiosa que ilusionaba por igual –y sin que sirviera de precedente- a delincuentes y agentes. Había buen humor en el ambiente y eso era reparador. «España contiene el aliento ante los cuartos de final», «El país está en sus manos», «España fútbol club» eran los titulares en su mesa”.

 

Como todo en la vida, también el “placer de la lectura” tiene su cruz. En mi caso, esa parte negativa emerge en cuanto termino uno de esos libros que te atrapan y no te sueltan, y que te hacen perder el mundo de vista durante unas horas. Sucede, especialmente, con esas obras de género negro de trama atractiva y absorbente, protagonizadas por personajes especiales y bien caracterizados, en las que la narración consigue que el lector se sienta partícipe de todo cuanto sucede como si también él formara parte de la historia.

Libros de trama policiaca en las que la minuciosa investigación se acompaña del ritmo adecuado para mantener la tensión en todo momento, pero en los que también hay espacio para intercalar interesantes reflexiones que no solo no entorpecen la historia, sino que la enriquecen y la refuerzan. Obras, en definitiva, que explican el porqué del éxito del género negro.

Una de esas obras es la magnífica “Verano en rojo”, escrita por Berna González Harbour y publicada en el 2012 en Serie Negra de RBA. Se trata de una historia en la que se trata un tema delicado y polémico, como son los casos de pederastia en el seno de la iglesia. La aparición del cadáver de un joven en el estanque de un parque de Madrid pondrá en marcha los mecanismos de una acción que irá alternando tres puntos de interés. Por un lado, el de la minuciosa investigación policiaca, dirigida por la comisaria María Ruiz, mujer valiente, luchadora y atractiva que ha conseguido hacerse un hueco en un mundo de hombres. María contará con la ayuda de otros compañeros del departamento, especialmente Tomás y Carlos, su mentor, con los que conserva vínculos emocionales de diferente tipo. Por otro lado está la participación de Luna, el viejo periodista, conocedor del auténtico oficio en un mundo en el que el periodismo parece estar derrumbándose. Y luego están los personajes del mundo eclesiástico y su oscura atmósfera de actos inconfesables.

SINOPSIS

Madrid, verano de 2010. Corren los días del Mundial de fútbol y, mientras los ojos de todos están puestos en los tortuosos avances del equipo de España en Sudáfrica, la comisaria María Ruiz se enfrenta a un tenebroso crimen: un joven ha aparecido asesinado. Sin identidad visible. Sin pistas aparentes. Sin móvil. Mujer atractiva, concienzuda y tenaz, María iniciará una investigación que se complicará cada vez más. Pero no está sola: el veterano periodista Luna, un maestro de la profesión hoy acorralado por la crisis y la era digital, y Tomás, brillante informático de la Policía, serán claves para llegar hasta el fin. La intriga será para ellos tan trepidante como la que acompañó a la selección nacional hasta su gesta final.

La intriga y el desarrollo de la acción son impecables y te atrapan sin soltarte desde la primera página. La acción va saltando de Madrid a Santander y Burgos, y a lo largo de la novela el lector es testigo de la minuciosa investigación. Esto, acompañado de unos diálogos ágiles, unos personajes muy bien construidos y un cierto tono de crónica periodística hacen que la lectura sea muy fluida.

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En lo que al fútbol respecta, aquí lo encontramos como telón de fondo y acontecimiento que ayuda a definir el marco temporal de la historia. Los sucesos y la investigación que se describen transcurren durante el verano del 2010, el año del Mundial de Sudáfrica. La aparición del cadáver del joven del inicio de la novela se produce el mismo día en el que el equipo español, tras superar la segunda fase, se encamina hacia los cuartos de final.

Es interesante en este sentido el papel de lo futbolístico en el conjunto de la novela. Cada vez que la selección debe disputar un partido se hace referencia en el texto, por ejemplo, porque algún trámite relacionado con la investigación obligará a los policías a perdérselo. Así mismo, parece como si todo lo que sucede pasara en una burbuja aislada del mundo exterior. Los personajes, las acciones, todo cuanto sucede está directamente relacionado con la investigación y los sucesos de la historia. Es como si fuera de ahí no hubiera nada, como si el mundo se hubiera detenido y nada sucediera en él. Excepto el fútbol. El fútbol es el nexo de unión entre lo policial y todo lo demás.

            – Parece que la han puesto solo para nosotros. ¿Dónde se ha metido el resto del universo?

            – ¿No te acuerdas? El partido. La semifinal.

 

En un momento de la historia se hace una referencia a la obra de Turner, el pintor inglés de atmósferas y horizontes difusos e indefinidos. La alusión me parece muy sugerente, puesto que el mundo que hay fuera de la investigación apenas se intuye, quedando difuminado como un cielo de Turner que impide adivinar sus contornos. En cambio, cuando llegan los partidos y los goles las nubes desaparecen, y el mundo que hay fuera de la realidad del caso se vuelve transparente gracias a la presencia del fútbol. Como colofón final, la resolución del caso se produce casi en paralelo a la resolución del Mundial.

Verano en rojo”, como decía, es una gran novela altamente recomendable. Además, supone el debut de la comisaria María Ruiz, uno de esos personajes inolvidables que los amantes del género pueden seguir disfrutando gracias a las dos novelas que dan continuidad a su serie: “Margen de error“, y “Las lágrimas de Claire Jones“.

 

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“Un cadáver junto al Bósforo”, de Celil Oker. Roca Editorial

 

 

– ¿Entiendes de fútbol?

– Como simple espectador –dije al tiempo que me sentaba enfrente de él.

– ¿Y del comportamiento humano?

– Se podría decir que también soy un espectador de comportamientos.

 

Debo reconocer que mis conocimientos sobre el fútbol turco se limitan a tres o cuatro nombres. Son los que acostumbran a aparecer cuando comienzan las eliminatorias de la Champions. Soy incapaz de ir más allá de recordar a equipos como Fenerbahce, Besiktas, Galatasaray o Trabzonspor. Y, en cuanto a futbolistas, más de lo mismo, pues solo puedo recordar a Hakan Sukur (un nombre de sonoridad inolvidable), Rustu, aquel portero que pasó por el Barcelona, o el más reciente Arda Turan.

El fútbol turco, en cambio, es uno de los ejes centrales de “Un cadáver junto al Bósforo”, novela de género negro escrita en el año 2000 por Celil Oker y publicada en el 2008 por Roca Editorial. El libro, sin ser una historia exclusivamente futbolera, sí tiene continuamente al balompié como eje en torno al cual se desarrolla toda la trama. Curiosamente, el fútbol al que aquí se hace referencia no es el de los grandes clubes ni el de la primera división. Los equipos de los que se hablan son los ficticios Karasy Güneshpor y Markez Idmanyurdu, ambos militantes de la tercera división, y máximos rivales que se juegan el descenso en el último partido de liga.

 

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ese a la existencia de ese partido de la máxima rivalidad, en el libro no encontramos jugadas ni descripción del partido. En todas las acciones relacionadas con el fútbol que van apareciendo a lo largo del libro no existe ninguna que tenga que ver con el desarrollo de un partido oficial. Se trata, así, de un acercamiento desde una perspectiva no habitual que demuestra que se puede ir más allá del juego en sí.

 

– En el mundo del fútbol hay muchos más espabilados de lo que uno se imagina. No es tan fácil vender por su cuenta un partido, sin llamar la atención. A menos que el presidente esté metido también en el ajo, en cuyo caso el equipo deja de esforzarse y ya está.

 

Aquí, sobre todo, lo que encontramos son futbolistas como integrantes directos de la trama, un periodista deportivo, situaciones en las inmediaciones e incluso en el interior de un estadio, y la descripción de algún entrenamiento. Así mismo es interesante el hecho de que tras ambos equipos se encuentran dos importantes empresas relacionadas con el mundo de la moda. Esta extraña relación se debe a que la esposa de uno de los propietarios de una de estas empresas es una gran aficionada al fútbol, habiéndose convertido en presidenta de uno de los equipos.

La trama gira en torno a dos grandes empresas del sector de la moda que rivalizan en su mercado. Una de ellas, además, se ha convertido en la propietaria de un equipo de la tercera división turca. Un turbio asunto de compra de partidos, unido a la inesperada muerte de un periodista, llevará al particular Remzi Unal a ponerse al frente de la investigación. Se trata de un peculiar detective, solitario, de vida austera, que parece haber firmado un pacto de aceptación con lo que la vida le presenta. Expulsado de las Fuerzas Aéreas, conserva su afición a pasar su tiempo libro ante el simulador de vuelos que tiene en su ordenador.

 

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Sorprende en él una cierta parsimonia vital, como si estuviéramos ante una especie de Bartleby que actúa casi sin querer, a cámara lenta, y que, sin embargo, da la sensación de dominar los hilos en todo momento. Aparentemente, sus pasos son casi palos de ciego, pues dispone de pocos elementos en los que agarrarse. Pero, en cambio, el más insignificante de los indicios se convierte en la tecla adecuada que le permite continuar avanzando, de manera efectiva, en su investigación.

SINOPSIS

En la sinopsis podemos leer:

El detective privado Remzi Ünal, al que ya vimos en Último acto en el Bósforo, tiene un nuevo caso. El magnate Ilhan karasu, dirigente de Karasu Textil, es también propietario de un equipo de fútbol que está a punto de bajar de categoría. Después de recibir una llamada anónima en la que se le alerta de que dos de los jugadores del equipo, el portero y un defensa, han aceptado un soborno para dejarse ganar en el próximo partido, le encarga a Ünal que averigüe la veracidad de esta información y si el cerebro de dicho soborno es el presidente del equipo de fútbol rival, que casualmente es también el máximo competido de Karasu en la industria textil.Como no podía ser de otra forma, las cosas se complicarán desde el principio, cuando muere, en extrañas circunstancias un periodista deportivo que parecía estar al tanto del supuesto amaño. A pesar de que todo parece indicar que la muerte se ha debido a causas naturales, Ünal sospecha que alguien podría estar interesado en acabar con la vida de quien sabía demasiado. Lo que se presentaba como un simple caso de compra de un partido parece ocultar una compleja trama de turbios intereses, llena de interrogantes y de relaciones impropias e insospechadas.

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Por último, añadir que también la ciudad de Estambul forma parte de la novela, siendo numerosas las referencias a algunos de sus barrios, calles y avenidas. Una meticulosidad presente en la forma de escribir del autor, directo pero detallista, muy descriptivo a la hora de ir mostrando al lector todo cuanto sucede. El autor tiene una gran habilidad para ir esparciendo datos y relacionando a los diferentes personajes que deambulan por las páginas de la novela sin que se desvele el secreto hasta la explicación final del protagonista.

Una novela que nos mantiene enganchados hasta el final y que ofrece un acercamiento a un tipo de fútbol (el de las categorías inferiores turcas) diferente al que podemos encontrar en otras obras. Y, además, lo consigue resaltando a elementos que no son el propio juego en sí, pero que también son de gran importancia.

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Fútbol, bibliotecas, y un lateral izquierdo bibliotecario

 

 

 

Si uno de los hábitats naturales de un balón es el campo de fútbol, las bibliotecas lo son  en el caso de los libros. La relación entre unos y otros –fútbol y bibliotecas– se ha ido haciendo cada vez más fluida con el paso del tiempo. Los ejemplos de ello son numerosos: actividades, exposiciones, tertulias, ciclos de cine, elaboraciones de guías de lectura, e incluso retransmisiones de partidos.

En alguna ocasión he hecho alguna referencia a esa combinación. En mi caso, como creyente absoluto en los beneficios de vincular fútbol y bibliotecas como acción de fomento de la lectura, he puesto en marcha alguna actividad para el público infantil en esa línea.

Las experiencias de acercamiento, como decía, son cada vez más abundantes. Hace tiempo comencé a preparar un artículo al respecto, especialmente motivado por la cantidad de iniciativas que se pusieron en marcha con motivo de la celebración del Mundial de Rusia. Antes del campeonato, sin embargo, ya existían casos interesantes, como por ejemplo el de la Biblioteca Pública del Deporte y la Recreación, situada en el interior del estadio Pascual Guerrero, en Cali (Colombia), y acerca de la cual hablé en este artículo.

 

Imagen de www.marca.com

 

Y ahora tenemos otra más interesante aún, pues fútbol y bibliotecas estrechan sus lazos como nunca en la Biblioteca Pública Ánxel Casal de Santiago de Compostela. un equipamiento cuyo director es Jesús Torres Junquera, ex futbolista profesional que llegó a jugar en segunda división con el Compostela.

Hace unos días el diario Marca publicaba una interesante entrevista con él en la que hablaba de su experiencia. Sin duda,

 

Jesús Torres, de jugar en el Compos a dirigir una de las grandes instituciones de Santiago

EL DIRECTOR DE LA BIBLIOTECA ERA LATERAL IZQUIERDO

Imagen de www.marca.com

 

El mío es un perfil raro, casi único en España… pero marcado en cierto modo por las casualidades”. Lo admite Jesús Torres Junquera, ex futbolista profesional que llegó a jugar en Segunda división con el Compostela, actual director en Santiago de la Biblioteca Pública Ánxel Casal (de titularidad estatal, pero gestionada por la Xunta). “Tuve muchos problemas de impagos, incluso en Segunda nos dejaron 11 nóminas sin cobrar, después también en el Eldense, así que, ante tanta incertidumbre, con 28 años pensé que debía buscar algo que me diera estabilidad. Entré en una academia y las oposiciones que se preparaban en ese momento eran para las bibliotecas de la Universidad. Empecé a estudiar, aprobé y la dedicación profesional aumentó mi pasión por este mundo, pero puede que estuviéramos hablando de otra historia si aquel día me ofrecen por ejemplo para Abogado del Estado”, explica durante la conversación que mantiene con Primera Plana.

Tampoco su irrupción en el fútbol de élite resultó del todo ortodoxa. “Fui yo el que llamó al Compostela, porque me venía a Santiago a estudiar. Estaba jugando en el juvenil del Arousa, después de haberme formado en el Caldas, y destacaba. Así que me hicieron una prueba y me ficharon. Llegué al filial en el momento oportuno, porque el equipo acababa de bajar y se atravesaba una crisis económica. Quizás en tiempos mejores no habrían tirado de la cantera tan pronto, pero el caso es que en pocos meses ya estaba entrenándome con el primer equipo”.

Jesús estuvo en el Compostela hasta 2004 y en el curso 02-03 jugó en la categoría de plata. Para el recuerdo queda, por ejemplo, un marcaje que despachó sobre Mijatovic, entonces en el Levante. La escuadra gallega hizo un curso más que digno… pero descendió en los despachos precisamente por los impagos antes mencionados. Ahí se inició un proceso que llevaría posteriormente a Regional Preferente, primero, y a la liquidación de la entidad, después. Para entonces, como sucedió con tantos otros, ya no formaba parte de la misma el lateral izquierdo. “Antes jugaba de mediapunta o interior, pero al llegar a profesional estaban los Fabiano o Juanito y costaba más, así que poco a poco me fui hacia atrás. De hecho terminé mi carrera como central“, recuerda. Esa carrera también pasaría desde entonces por Ponferradina, el citado Eldense y, en el regreso a Galicia, Ciudad de Santiago, Negreira y, por último, Ordes. De todos, por cierto, guarda perfectamente organizados sus recortes de prensa. No podía ser de otro modo.

En paralelo, aprovechaba el tiempo. Se licenció en Ciencias Políticas y sacó una diplomatura en Relaciones Laborales. “El fútbol te ocupa poco. Dos horas para entrenar por la mañana, y si acaso otras dos por la tarde. Nunca perdí el hábito de estudiar”. Cinco años de interino, pasando por varias Facultades, desembocaron en otras oposiciones. Las de la Xunta. “Eran dos procesos paralelos, pero saqué los dos. Ahora, con 38 años, tengo el honor de dirigir esta biblioteca”, explica, reconociendo la complicada relación entre deporte y cultura. “Es cierto que casi todos los futbolistas que conozco gastaban o gastan poco tiempo libre en lectura y que son mundos poco hermanados, de hecho mi caso llama la atención, pero también hay un montón de intelectuales que escriben sobre fútbol, relatos chulos, cuentas en redes sociales…”

Jesús, marcado por ‘La historia interminable’ en su devoción lectora (“me marcó en la niñez”), desprende pasión a la que la charla deriva por fin hacia la Anxel Casal: “Las nuevas tecnologías nos reconfiguran, pero espero y deseo que nuestra misión principal siga siendo la promoción de la lectura y del amor por la misma. Nosotros tenemos una plataforma digital que funciona y organizamos cerca de 400 actividades culturales al año -conciertos, teatro, juegos de rol por ordenador, magia, aulas para mayores…-, pero la idea final sigue siendo que la gente se lleve un libro. Y es lo que los usuarios demandan. Tenemos más de 40.000 socios sobre una población que no llega a los 100.000 habitantes y en el día a día podemos recibir a más de 1.000 visitantes”.

Entonces, ¿una pelota o un libro? “Depende del momento. Ambas cosas son geniales“. Y compatibles, cabría añadir. Ahí está Jesús Torres para demostrarlo. El director de la biblioteca era lateral izquierdo.

 

Una historia que vale la pena seguir y que demuestra, una vez más, que fútbol y literatura pueden hacer una gran labor cuando juegan en el mismo equipo. Seguro que Jesús demostrará como nadie que entre balones y libros se pueden hacer grandes paredes lectoras.

 

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Imagen de www.elcorreogallego.es

30 de diciembre en “Una historia de fútbol”, de Jose Roberto Torero.

 

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En las primeras páginas de “Mercado de invierno“, la primera novela de la trilogía sobre fútbol de Philip Kerr, podemos leer: “Tres encuentros en siete días. Eso no es deporte, eso es un puto Ironman. Cuando la gente del mundo del fútbol profesional habla de lo bonito que es este deporte, normalmente no contempla las vacaciones navideñas“.

El fútbol inglés no es el único en el que no existe parón vacacional. También en la literatura infantil encontramos algún ejemplo. Como el día hoy, 30 de diciembre en el que el Siete de Septiembre y el Barón del Noroeste, dos de los equipos que podemos encontrar en la maravillosa “Una historia de fútbol“, de José Roberto Torero y Blackie Books, disputan la final de un competidísimo campeonato:

El 30 de diciembre fue la gran final del campeonato. De los treinta y dos equipos que habían empezado la competición, solo quedábamos el Siete de Septiembre y el Barón del Noroeste.

Hacía un sol tremendo. Nuestros uniformes deslumbraban de limpios y un montón de gente fue a ver el partido, todos con ropa de domingo. Algunas mujeres hasta llevaban sombrero. Papá, mama y la señora Celeste se pusieron en el palco que estaba adornado con banderitas. El señor Dondinho se sentó en un banco al borde del campo, junto al señor Landao. Carmencita fue vestida de rojo, que era el color del uniforme del Barón, y Senira iba de azul, que era el color del nuestro. Unos chicos se subieron a los árboles para ver mejor.

 

Si queréis conocer el resultado final… tendréis que leer el libro 🙂

 

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