“Armando”, de Fernando Pérez Hernando. Editorial Takatuka

 

 

Hace unos días se estrenó el documental “Fútbol Club Maradona“, un repaso por el período en el que el crack argentino estuvo en el F.C. Barcelona. El ‘pelusa‘ ha sido uno de los mejores jugadores de la historia, y para ello tuvo que recorrer un largo camino que comenzó en su tierna infancia.

Algo así es lo que parece que encontraremos en “Armando“, una delicia de álbum escrito e ilustrado por Fernando Pérez Hernando, y publicado en el 2016 por la Editorial Takatuka. La portada no puede ser más clara: un niño llamado Armando, vestido con la camiseta de la selección argentina y sosteniendo un balón de fútbol.

 

 

 

En este cuento, sin embargo, las cosas no son lo que aparentan, y en su interior nos espera una original sorpresa. Para comenzar, no nos encontramos ante una biografía del crack argentino, sino ante una historia con un interesante trasfondo, por lo que más vale no extraer conclusiones precipitadas.

 

SINOPSIS

El papá de Armando es un enamorado del fútbol y hoy le ha hecho un regalo muy especial: ¡su primer balón de fútbol! Por fin podrá compartir con él su gran pasión enseñándole a jugar a fútbol. Pero Armando no muestra el mismo entusiasmo que el padre por ese deporte, ni responde a los automatismos que suponemos en los chicos, cuando los enfrentamos a esa famosa esfera. Armando no parece llevar los grandes chuts y las grandes paradas en los genes, pero se las apañará para incorporar la pelota en sus juegos. ¡No apto para papás superfutboleros!

 

 

Una maravilla destinada a los lectores más pequeños (y muy recomendable para los padres aficionados al fútbol) que nos ayuda a reflexionar sobre los expectativas que a menudo proyectan los padres para sus hijos.

Una lectura futbolera para el Día Internacional del Libro Infantil.

 

 

 

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“Retrato del futbolista adolescente”, de Valentín Roma. Editorial Periférica

 

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Cada cierto tiempo sueño con que soy, otra vez, un futbolista adolescente. Y me veo de nuevo en el túnel de vestuarios, nervioso o con frío, palpándome los tobillos. A lo lejos se oye una sarta de abucheos que sacude la arquitectura de cemento, reverbera en las sienes de mis compañeros, quizás en nuestras clavículas.

 

Hubo una generación que abandonó el campo para buscar un futuro en la ciudad. Allí, a menudo, la escapatoria aparecía en forma de contrato en una fábrica y actividad obrera. La estabilidad que en ocasiones proporcionaba esa situación para los padres, se transformó en lugar del que huir en busca de nuevos horizontes para sus hijos. El recorrido, en cierta manera, fue a la inversa, pues se buscó acabar en el campo sin abandonar la ciudad. El campo, en este caso, era algo diferente. Era el campo del triunfo, el campo en el que los héroes modernos eran aclamados: el campo de fútbol.

Triunfar en el mundo del fútbol y abandonar la vida de relativa seguridad y confort -cuota de carencias incluída- que habían conseguido sus padres era uno de los sueños de miles de adolescentes durante la  década de los setenta y los ochenta. Sé de qué hablo porque viví esas aspiraciones. Cuando eso sucedía y alguien de tu entorno alcanzaba el éxito, convirtiéndose en un posible futbolista profesional, todos lo envidiábamos. Conseguía escapar de la prisión y se le abría por delante una prometedora carrera que le permitiría ganar dinero y alcanzar todo los lujos y comodidades que no teníamos.

 

Yo pertenecía a un mundo socialmente reverenciado, me pagaban por jugar al fútbol y, si no me descarriaba, «así y allí», tendría un exitoso porvenir.

 

Tuve en mi entorno más cercano algunos ejemplos de ello. En mi barrio, Daniel Solsona, el histórico jugador del Espanyol y el Valencia, era el referente de los adolescentes que nos pasábamos las horas jugando al fútbol en la calle. Después, durante mi etapa de futbolista aficionado, llegué a compartir vestuario con compañeros que conocieron las mieles del triunfo y llegaron a debutar en primera división. Cambiar campos de tierra y barrio por césped y ciudad era, a nuestros ojos, lo máximo a lo que se podía aspirar.

Para el afortunado, abandonar el estatus social de familia proletaria de barriada para acceder al mundo cosmopolita era una especie de final de trayecto. Digamos que llegado allí, ya no había nada más por lo que pelear. Por supuesto, los problemas eran otros, pero el debate interno acerca del cual hacia donde había que seguir caminando acababa en esa línea de meta.

Algo diferente es lo que sucede con el protagonista de la compleja, atractiva y más uqe recomendable “Retrato de un futbolista adolescente”, de Valentín Roma y publicada por la editorial Periférica. El título es una clara influencia del “Retrato del artista adolescente” de James Joyce, que se prolonga en el carácter de novela de aprendizaje. Escrita en primera persona y situada en los años 70 y 80, coincidiendo con los de adolescencia y juventud del protagonista, también se estructura en cinco partes, y se inscribe en la línea de las denominadas novelas de aprendizaje a la que la de Joyce pertenece.

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Valentín Roma. Imagen de www.elmundo.es

 

SINOPSIS

Albert Camus dijo que todo lo que sabía de las obligaciones y la moral de los hombres se lo debía al fútbol. Este libro explora, precisamente, todo lo que los futbolistas adquieren a pesar de la obligación, todo lo que imaginan contra la moralidad, todo en lo que creen cuando el partido del domingo finaliza. Durante algún tiempo, el autor, Valentín Roma, fue futbolista. Abandonó la práctica del deporte para dedicarse a sus estudios de Historia del Arte y Estética (en la actualidad es director del Centro de la Imagen La Virreina de Barcelona y profesor universitario). Hijo del obrero de una fábrica, un obrero con claras ideas políticas, este libro narra su propio proceso de desclasamiento, que refleja, a la vez, un desclasamiento colectivo, el de una generación nacida en España a finales de los años sesenta y principios de los setenta, los hijos universitarios de padres campesinos emigrados a la ciudad, vástagos de las aspiraciones sociales que circulaban por aquel entonces, y hoy con un pie en el aburguesamiento y otro en el instinto de supervivencia. Este retrato de un futbolista adolescente es, también, cierta recapitulación sobre qué proporciona el éxito y sobre todo qué arrebata, cuánto de ese triunfo pertenecía al narrador, y por qué se apeó de él al comenzar a alcanzarlo… Este libro es un viaje que sigue la sombra de James Joyce y Stephen Dedalus, aquí transformados en un narrador y en el futbolista adolescente que fue. Y, finalmente, este libro es la memoria de lo que se oye en un vestuario de fútbol cuando las puertas se cierran, la ideología que acompaña a meniscos y rótulas, la «vida interior» de los jugadores, sus ansias de ser y sus sospechas de no entender qué les ocurre a los demás. Una historia fascinante, nunca antes contada así en la literatura española, entre la risa y la melancolía.

Según ha explicado su autor, “Retrato del futbolista adolescente” es la segunda parte de una trilogía iniciada con “El enfermero de Lenin”, publicada también por Periférica en el 2017. Allí, la historia gira en torno de un profesor universitario que debe cuidar de su padre enfermo, un obrero de fuertes convicciones ideológicas. La componente ideológica también es aquí uno de los pilares sobre los que se construye esta novela, al que se unen otros como la pertenencia de clase, el alejamiento que se puede alcanzar a través del triunfo (por el fútbol, en este caso) y el interés por la cultura.

Con esa mezcla de ingredientes el autor consigue ofrecer una veraz radiografía de la evolución que experimenta alguien que tiene la posibilidad de escapar del mundo del proletariado pero a quien, sin embargo, no parece satisfacer el destino que ese éxito le ofrece. Tal y como ha explicado Valentín Roma en alguna entrevista,  En las propias palabras de Roma, en la novela quería hablar “sobre el desclasamiento y la gestión del éxito, que lleva a un distanciamiento con la familia“. Algo que conoce por experiencia propia y conforma la componente autobiográfica del libro, pues fue profesional del fútbol hasta los 19 años, tuvo que cambiar de ciudad para continuar con su carrera y, finalmente, acabó abandonándolo para cambiarlo por el de la universidad, la docencia y el mundo del arte.

Retrato del futbolista adolescente” es una novela compleja, rica en matices, en la que se alternan reflexiones con momentos de humor y sarcasmo. Escrita a golpes de pensamientos desde la estación de bombeo de la variable e inestable mente de un adolescente lleno de dudas. Una especie de dietario en la que se suceden los episodios que le toca vivir en los ámbitos familiar, futbolístico y personal y la huella que en él van dejando.

 

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Imagen de @elacertijo

 

Pido que me autoricen a estudiar en la Biblioteca Nacional, los informes de mis profesores son en este sentido tajantes: «Recomendamos que bajo ningún pretexto se interrumpa la evolución formativa del alumno ni sus hábitos lectores. Exigimos que dichas advertencias sean tomadas al pie de la letra».

            «¿Pero tú has visto?», me recrimina mi padre inflamado de motivos, apoyándose en su vieja oratoria sindicalista, «aquí lo pone bien claro: A-L-P-I-E-D-E-L-A-L-E-T-R-A. ¿Te das cuenta de que los pies y las letras no están reñidos. Habrá días en que usarás más los pies, habrá otros que puedes dedicarlos a juntar letras.»

 

El magma que va conformando la personalidad del narrador lo convierte en alguien sin reparos a mentir en ocasiones, que debe ponerse el disfraz de lo que de él se espera aunque, en realidad, prefiera que las cosas sean completamente diferentes. Alguien que intenta simular ser quien no es, una especie de Bartleby que deambula en estado de absoluta extrañeza, como si todo le resultara ajeno, y que todo cuanto está viviendo fuera forzado e involuntario. La cultura y los libros, en este escenario, se convierten en la vía de escape, la luz al final del laberinto que se le ofrece como única escapatoria.

Leyendo esta obra, es inevitable pensar en “Torneo”, de Miguel Pardeza y “La jugada de mi vida”, de Andrés Iniesta. Se trata de libros con los que, desde otra perspectiva, se entienden las vicisitudes que atraviesa el desarraigo de los jóvenes futbolistas que se sitúan a las puertas del éxito y han de dejar atrás familia, barrio y todos los referentes que hasta entonces les han acompañado.

 

Cuando empezaron mis problemas con los éxitos deportivos, papá solía decirme que leyese y escribiese todo lo que quisiera, que la carrera de un futbolista está llena de tiempos muertos y que, al retirarme, podría publicar libros o trabajar como catedrático.

 

La alternancia entre las explicaciones propias del mundo futbolístico con las de tipo ideológico o cultural enriquecen la novela, ofreciendo una atractiva variante en la unión entre fútbol y literatura. Más teniendo en cuenta que en el libro encontramos tanto referencias propias de la atmósfera de un vestuario y las peculiaridades de algunos personajes de este mundillo como otras de tipo literario, musical o cinematográfico: Hanna Arendt, Wittgenstein, Cioran, Beethoven, The Cure, Rothko, Mad Max, Tom Sttopard, Juan Goytisolo…

Una interesante y más que recomendable lectura no solo desde el punto de vista de su calidad literaria, sino por toda la reflexión que contiene. Un libro, además, que también ayuda a entender que desde el telón de fondo que el fútbol ofrece se pueden generar obras del nivel de esta.

 

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España-Malta, y el 12 a 1 en “Once goles y la vida mientras”

 

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Imagen de www.rtve.es

Esta noche, la selección española juega un partido para la fase clasificatoria de la Eurocopa 2020 en Malta. Seguramente, se trata de uno de los encuentros más recordados del fútbol español. Y es que hace ya 36 años, el 21 de diciembre de 1983 para ser exactos, el conjunto español se jugaba la clasificación para la Eurocopa de 1984. Para ello, debía vencer a su rival de aquel día por una diferencia de once goles, ni más ni menos. Once, que se dice rápido, y que por débil que fueran los malteses se veía como una misión imposible.

Sin embargo, lo que sucedió sobre el terreno de juego del Benito Villamarín de Sevilla ha quedado para la historia, puesto que España acabó venciendo por… 12 a 1. Desde aquel episodio se han sucedido las interpretaciones sobre cómo fue posible conseguir semejante marcador, y no faltaron las que acusaron a John Bonello, el portero maltés, de haberse dejado sobornar para encajar cuantos goles fueran necesarios (por cierto, esta noche, el guardameta de la portería de Malta será su hijo).

Sea como fuere, el caso es que los locales consiguieron su objetivo, y eso pese a que tras adelantarse en el marcador, la selección de Malta llegó a empatar a 1. Pero, a partir de ahí, se produjo un carrusel de goles que nadie podía imaginar. Mucho menos aún tras la poca confianza que existía en la escuadra española después del pobre papel realizado un año antes, durante el Mundial del 82.

El partido, como no podía ser de otra manera, hizo correr ríos de tinta. E incluso años después ha sido objeto de recuerdo por parte de la literatura futbolera. En el conjunto de relatos “Once goles y la vida mientras“, escrito por Pablo Santiago Chiquero, y publicado por la editorial Maclein y Parker en el 2016.

En tan recomendable volumen uno de los capítulos está dedicado precisamente al último gol de ese partido. Su título, “¡Gol de Señor, gol de Señor!“, y aquí tenéis un fragmento:

 

Como es habitual en los locos andariegos, Juan parecía más joven de lo que era y tenía su propio y obsesivo espectáculo con el que divertir a los viandantes y ganarse el derecho a una moneda. El suyo estaba centrado en el España-Malta de 1983, el famoso 12 a 1 con el que España consiguió la clasificación para la Eurocopa. Se sabía perfectamente la narración original de cada uno de los goles, incluido el gol de Malta, e imitaba tan bien la voz y el tono de José Ángel de la Casa que resultaba asombroso que una voz tan noble pudiera salir de aquel cuerpo maltratado por la vida en la calle. Y si se le dejaba, la cosa iba para largo.

 

 

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La poética del fútbol en el “Día Mundial de la Poesía”

 

 

En 1910, un lector anónimo escribió a Bohemia: una revista de arte, solicitando la publicación de algún artículo sobre fútbol. La respuesta de los editores fue contundente: “La poesía y las patadas son incompatibles”. Afortunadamente, su afirmación se ha demostrado errónea.

Hoy, Día Mundial de la Poesía, vale la pena recordar que “poesía y patadas” sí son compatibles. Para empezar, forman parte del título de una de las obras de referencia en el terreno del fútbol y la literatura: “Poesía y patadas. Un siglo de fútbol y literatura”, de Miguel Ángel Ortiz, y publicada por Roca Libros.

Quien esté interesado en profundizar en esta relación entre lo poético y lo futbolístico puede recurrir a otros dos libros imprescindibles. El primero es “Épica y lírica del fútbol”, de Julián García Candau, publicado en 1996 por Alianza Editorial. Se trata de una antología de textos de autores que van de Rabelais a Shakespeare, pasando por Machado, Alberti o Miguel Hernández entre muchos otros.

 

 

 

Y, también de consulta obligatoria es “Un balón envenenado”, la antología de poesía y fútbol realizada por Luis García Montero y Javier García Sánchez y publicada en el 2012 por Visor.

 

 

Para terminar, un fragmento del artículo “Los royalties del balón”, de “Poesía y patadas”, para conmemorar el día de hoy.

 

“Hinchado de literatura, el balón encerraba un mundo inexplorado. En su cuero se leía una nueva poética. Con un solo bote, el balón convertía un polvoriento descampado en un lujoso estadio o la plaza más pedregosa en un teatro de ensueño. Poco importaba que la portería fuesen dos pilas de mochilas, los pilares de un soportal o las patas de un banco. Nada se resistía a la magia de un balón. Y de nada servían los royalties cuando echaba a rodar. Daba igual que lo llamasen balompié, furbol o bolapié. Mandaba el balón. Una verdad tan simple como su redondez.

Y con esa simpleza, Gerardo Diego tituló su poema: “Balón de fútbol”.

 

Qué olor la Tabacalera.

– Suelta ya el balón. Incera.

– No somos once. –No importa.

Si no hay eleven hay seven.

Qué elegante es el inglés:

decir sportman, team, back;

gritar goal, corner, penalty.

(Aún no se ha abierto el Royalty).

 

Thinking Football 2019

 

 

Hoy ha comenzado la séptima edición del Thinking Football Film Festival, el festival de cine y fútbol organizado por la Fundación Athletic Club con la colaboración de la Sala BBK y el patrocinio principal de Euskaltel. Hasta el próximo viernes 22 de marzo el festival proyectará una serie de películas cuyo objetivo es el de ayudar a “plantear claves de comprensión sobre el fenómeno social y global que el que el fútbol ha devenido en el último siglo“.

Escapada obligatoria para quien se encuentre a menos de 300 kilómetros de Bilbao.

Toda la programación en la página web del festival.

Fútbol y género negro en las jornadas “Vespres Negres”

 

 

El pasado miércoles se inauguró la 4a edición de “Vespres Negres“, jornadas sobre género negro que se celebran en el Ateneu Santfeliuenc de Sant Feliu de Llobregat. Esta tarde, de 19 a 21h., se celebra la última de las sesiones, en la que el fútbol será protagonista.

El futbol és així“, de Edicions Xandri, “L’últim defensa“, de Jordi Agut i Pagès Editors, i “Sang Culé“, de Jordi Pijoan-López i Manel Barrera, i Llibres de l’Ìndex son los jugadores que han sido convocados para saltar esta tarde a ese particular terreno de juego en el que el césped es de color negro.

 

“El misterio de las 101 calaveras” y las portadas de Los Futbolísimos

 

 

Tras la sesión de presentación que celebramos en enero, como punto de arranque al Club de Lectura de los Futbolísimos que modero en la Biblioteca del Vendrell, el pasado viernes celebramos la primera tertulia, protagonizada por el número 1 de la serie: “El misterio de los árbitros dormidos“.

 

 

Además del comentario de diversos aspectos del libro, aproveché para hablar de la importancia de las ilustraciones en los libros destinados al público infantil. Para ello, hice un repaso por las diferentes portadas de la serie. Hablamos de dinamismo y simetría, de tipos de narices y ojos, y también… de dentaduras. A los chicos y chicas participantes en el club no les pasó inadvertido que entre el número 9 (“El misterio de la lluvia de meteoritos“) y el número 11 de la serie (“El misterio del día de los inocentes“) parecía que Pakete había ido al dentista, pues su dentadura había mejorado claramente.

 

 

Como todavía no era pública, no pude enseñarles la portada del número 15, “El misterio de las 101 calaveras“, que reafirma lo dicho sobre la dentadura de Pakete.

 

 

Un atractivo título para la nueva aventura de “Los Futbolísimos” que estará disponible el próximo mes de abril.

SINOPSIS

No para de llover.El pueblo se ha inundado y, lo que es más misterioso, no paran de aparecer calaveras entre el barro.El alcalde y la policía están pensando en desalojar el pueblo.Y mientras tanto, Soto Alto se prepara para un partido muy importante contra elGreen Thunder: la Copa Intercentros.