El fútbol en la infancia en “Vuelta a la vida en 30 años”, artículo de José Antonio Lizana Arce

 

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El nacimiento de la afición por un equipo, el disfrute de encontrar y enganchar cromos en un álbum, la primera vez que se acude a un estadio… Experiencias que se viven durante la infancia y que se quedan para siempre enganchadas a nuestros recuerdos.

El periodista y escritor chileno José Antonio Lizana Arce ha tenido la gentileza de enviarme un emotivo artículo, publicado en la edición chilena de Le Monde Diplomatique, en el que habla de todo ello y con el que es fácil sentirse identificado.

 

 

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Imagen de www.futboldesiempreydehoy.blogspot.com

 

Vuelta a la vida en treinta años

(José Antonio Lizana Arce)

 

Dedicado a José Eugenio Lizana V.

 

En mi infancia me asombraron muchas hazañas de Súperman, de la Mujer Maravilla y del Chapulín Colorado, pero ninguna como cuando en una noche de lluvia, mi viejo salió en busca de las láminas que me faltaban para completar el álbum Fútbol ‘88.

Una bolsa en la cabeza y otras en los zapatos le bastaron para ir recorrer los bazares del barrio. Eran tiempos difíciles, donde la integridad cotidianamente estaba en peligro, pero mi papá nunca le tuvo miedo a esas cosas.

Se demoró harto, pero cuando abrió la puerta respiré aliviado. Traía una bolsa colmada de sobres, pero también un asfixiante olor a pólvora.

A él no le apasionaba el fútbol tanto como a mí. Prefería mirar una película a un partido, pero decía que era simpatizante de la Universidad de Chile. Por lo mismo, cuando me preguntaban por mi equipo favorito, yo respondía que era de la U, porque era el elenco de mi padre. Éramos sanguíneamente hinchas del Ferroviarios en el fútbol amateur, por lo que no estaba tan convencido de mi adhesión por los universitarios en el profesionalismo. Esta opción también me diferenciaba de mis amigos que eran acérrimos hinchas del Colo-Colo.

Me encantaba pegar monitos, porque esos simples papeles multicolores cobraban vida propia en mi mente. Las estampitas del “Ligua” Puebla, del “Jurel” Herrera, del “Pititore” Cabrera, del “Condorito” Ugarte eran las que más se me repetían, pero me interesaban las de la U: Patricio Reyes, Horacio Rivas, Valdir Pereira y Héctor Hoffens.

La primera vez que asistí al Estadio Nacional, fue el 9 de enero de 1988 y se jugó el clásico entre la U y la UC. Pero lo que más me impresionó en esa ocasión, fue el marcador electrónico que se había inaugurado hace algunos meses en el recinto de Ñuñoa. Nunca había visto nada igual.

Después de esa experiencia, llegué alucinado a la casa y le pedí a mi madre que con sus manos nobles y cálidas me bordara una bandera que de vez en cuando asomaba desde la ventana de mi casa en el pasaje de la calle Antofagasta.

La campaña de esa temporada la registré en un cuaderno. El debut en el Campeonato Nacional lo consigné el 9 de julio de 1988, con un empate a uno frente a Palestino con gol de Marcelo Silva. Un periplo donde todo fue cuesta abajo, incluyendo la racha de cinco fechas sin marcar un gol. Los hinchas estaban choreados con el entrenador Manuel Pellegrini, porque dejó botado al equipo varias semanas para ir a un curso de perfeccionamiento a Inglaterra y en su ausencia los resultados fueron paupérrimos.

A final de la competencia, no bastó el triunfo por 3 a 0 ante Colo Colo, porque el 15 de enero de 1989 se produjo la debacle total. Tras empatar a dos goles en el Estadio Nacional ante Cobresal, descendió por primera vez en su historia a la segunda división. El equipo había obtenido veintiséis puntos en treinta partidos y había ganado siete encuentros, empatado doce y perdido once. Si bien O’Higgins y Unión Española también habían terminado el campeonato con veintiséis puntos, la diferencia de gol los salvó de perder la categoría: tenían menos siete goles contra menos ocho de la U. Un tiempo después, se habló de que esos equipos se habían confabulado para que los azules bajaran.

Aquella tarde íbamos con mi familia a visitar al tío Ángel Cornejo a su casa nueva en Puente Alto y en la micro nos enteramos de la terrible noticia. Vimos gente llorando en la calle junto a sus hijos o acompañados de sus vecinos. Yo no lloré, pero abracé a mi padre, a mi madre y a mi hermana. Ese fue el año de la huelga de ferrocarriles, el año en que cursé el sexto básico y en el que se inauguró el Estadio San Carlos de Apoquindo. Ese fue el año en que Alfonso de Iruarrizaga ganó medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Seúl, en el que Los Prisioneros lanzaron la edición latinoamericana de “La Cultura de la Basura” y en el que se estrenó Sussi con la magistral actuación de Marcela Osorio. Ese fue el año en que nació Alexis Sánchez y en el que murieron el poeta Enrique Lihn y el dibujante Lukas. Ese fue el año en que el 53% de los chilenos le dijo No a la dictadura de Augusto Pinochet. La vida dio una vuelta en treinta años y ese fue el año en que tuve un efímero entusiasmo por el tinte azul de una camiseta que a mi papá le gustaba.

 

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Banksy, el fútbol y la literatura

 

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“Girl with balloon”

Sin duda, una de las noticias más sorprendentes de los últimos días es la referida a la autodestrucción de “Girl with balloon, la obra del popular y enigmático Banksy, uno de los grandes representantes del arte urbano. El cuadro fue vendido por 1,4 millones de dólares en una subasta de Sotheby’s. En cuanto el martillazo de adjudicación resonó en la sala, un mecanismo oculto en el lienzo trituró la obra ante la mirada atónita de los asistentes.

El debate, ahora, gira en torno a si la persona que adquirió la obra debe o no pagar lo acordado por ella. Aunque, en cualquier caso, dicen los expertos que lo sucedido ha conseguido incluso aumentar su precio en un 50%.

Banksy es un artista cuya auténtica identidad sigue siendo un enigma después de más de 20 años. Sería, en el campo del arte, el equivalente a lo que sucede con Thomas Pynchon en el de la literatura. Las ganas de conocer a quien se oculta tras ese nombre son tan importantes como el valor de sus obras, siendo uno de los grafiteros de mayor reconocimiento a nivel internacional. De hecho, “Girl with balloon” fue la obra artística más valorada por los ingleses en el 2017.

Sobre la persona de Banksy se han formulado varias hipótesis. Y, curiosamente, en una de ellas podemos establecer una relación con el fútbol y la literatura. El caso es que todo el halo de misterio que envuelve al susodicho está alimentado por el hecho de que apenas existen fotografías de quien se oculta bajo ese nombre.

Algunas de las pocas que hay fueron obtenidas en el año 2001, en Chiapas (México). Banksy, por aquel entonces, formaba parte de un peculiar equipo de fútbol, el Easton Cowboys and Cowgirls de Bristol, ciudad de la que el artista es originario. Tal y como escribe Diego Barcala en el artículo que la revista Líbero dedicó a este episodio, se trataba de “una especie de escuadra benéfica que se define como anarquista, socialista, antiracista, antisexista y contra la homofobia. La foto se hizo pública en 2010 y el secretario del club, Will Simpson, confirmó a la prensa británica que Banksy viajó con ellos, que jugaba en los 90 en las pachangas y que era un “buen portero”.

 

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El episodio aparece en Freedom Through Football: The Story Of The Easton Cowboys & Cowgirls“. El libro, publicado en el 2012, está escrito por Will Simpson (secretario del club por aquel entonces) y Malcolm McMahon, y publicado por la editorial Tangent Books.

Una vinculación con el fútbol, por otro lado, que no es extraña en el artista y que podemos ver reflejada en algunas de sus obras.

 

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MÁS INFORMACIÓN

En los siguientes enlaces tenéis más información:

https://www.plataformadeartecontemporaneo.com/pac/imagenes-nunca-vistas-de-banksy/

https://revistalibero.com/blogs/contenidos/un-portero-de-bristol-llamado-bansky

https://culturacolectiva.com/arte/el-mural-de-banksy-en-mexico-que-casi-nadie-conoce/

https://lomioes.com/enredados/confirmado-la-primera-imagen-de-banksy-haciendo-un-graffiti-fue-en-chiapas-mexico

 

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Jugadores de futbolín en portadas de libros de fútbol

 

El “futbolín” es, seguramente, el mejor sucedáneo que existe del fútbol.

Fue inventado por Alejandro Finisterre, un personaje con una vida increíble que podemos seguir en una más que recomendable novela gráfica de Alessio Spataro y cuyo título es, justamente, “Futbolín”.

Futbolín” (o “Metegol”, en Argentina) es también una historia de Eduardo Sacheri basada en el cuento “Memorias de un wing derecho” de Roberto Fontanarrosa. El texto fue convertido en película del mismo título en el 2013, con dirección de José Campanella.

Y el futbolín y, muy especialmente, los jugadores de futbolín, han sido uno de los motivos más utilizados en las portadas de los libros de literatura futbolera. En este artículo comparto 20 portadas que he conseguido ir reuniendo con el tiempo. Si conocéis alguna más estaré encantado de incorporarla a esta modesta exposición.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

11 Intelectuales futboleros versus 11 intelectuales antifutbol

 

Viñeta de Forges

Como soy un tipo transversal, puedo decir que tengo amigos a quienes el fútbol no le interesa lo más mínimo. Que alguno de ellos tenga ese defecto tampoco es que me afecte demasiado, la verdad. Cada cuál tiene los gustos que tiene. A mi tampoco me gusta el queso y no por ello me han retirado la palabra mis colegas talibanes del roquefort. Aunque, ahora que lo pienso, jamás me invitan cuando celebran algo en una fondue.

Más que la desafección por el fútbol, me preocupa más el desinterés por la literatura futbolera de alguno de los más lectores. Aquí es donde me brota la vena peleona y acabo cayendo en discusiones literarias para intentar convencerles de su gran error. Ellos, normalmente, siempre recurren a lo mismo: “A Borges tampoco le gustaba el fútbol. Y, de rebote, seguro que no leía nada que tuviera que ver con ello“.

Hoy me he despertado con ganas de convencer al personal antiliteratura futbolera. Para ello, voy a utilizar la psicología inversa, a ver si de esa manera consigo algún adepto para la causa. En lugar de la típica alineación con los once autores de literatura futbolera, lo que he hecho ha sido convocar a once autores a los que el fútbol NO les interesa para nada. Con ellos sobre el terreno de juego, he montado un partido en el que los enfrento a once autores que sí son futboleros.

No he seguido ningún criterio especial a la hora de escoger ni a unos ni a otros. Afortunadamente, cuesta bastante más encontrar intelectuales antifútbol que a favor. En el caso de los favorables, podría haber escogido muchísimas otras citas. Las elegidas se deben únicamente a la intervención del azar.

A continuación, las alineaciones:

 

 

1. Jorge Luis Borges

«El fútbol despierta las peores pasiones. Despierta sobre todo lo que es peor en estos tiempos, que es el nacionalismo referido al deporte, porque la gente cree que va a ver un deporte, pero no es así».

2. Fernando Savater

«El espectador de fútbol no hace incesantemente más que perder. Mientras los equipos juegan, pierde los nervios; cuando su equipo es derrotado, pierde la compostura y la decencia; pero si su tribu vence, él pierde la cabeza».

3. Salvador Pániker

«¿Fútbol? ¡Panem et circenses! Es un negocio desmesurado y aborregante. En él se descansa de las ocupaciones del día, pero también es un lugar donde conseguirse una identidad colectiva: esta adhesión a un equipo es una necesidad antropológica. Poderte enajenar es un descanso ontológico, y los intelectuales han encontrado su coartada al culturizar el fútbol, con lo que además aparentan democratizarse».

4. Fernando Sánchez-Dragó

«Los adultos aficionados a ese deporte –a verlo, no a practicarlo– son personas que no han crecido. Adolescentes perpetuos, como lo son hoy casi todos los seres humanos. Vivimos en un mundo infantil. Basta encender la tele o ver lo que, excepciones aparte, se lee para comprobarlo».

5. Alejandro Jodorowsky

«Por un lado, canaliza el instinto gregario nacionalista, sirviendo de catarsis a los impulsos guerreros primitivos. Esto satisface el espíritu competitivo de los hombres de conciencia poco desarrollada. Sin embargo cabe preguntarse el porqué de esta inmensa atracción hacia el futbol, sobrepasando a las otras actividades deportivas. Creo poder explicarlo: el ser humano, al mismo tiempo que es atraído por impulsos cavernarios, también es objeto de una fascinación por lo sagrado. Y el futbol reúne estos dos aspectos».

6. Umberto Eco

«Yo no odio al futbol, yo odio a los apasionados del futbol. El aficionado tiene una extraña característica: no entiende por qué tú no eres aficionado, e insiste en hablar contigo como si tú lo fueras».

7. Óscar Wilde

«El rugby es un juego de bárbaros practicado por caballeros; el futbol, un juego de caballeros practicado por bárbaros».

8. Fernando Marías

«El aborregamiento del fútbol es evidente. Recelo cuando veo que todos se visten igual y gritan las mismas consignas enclaustradas y obsoletas. La psicología de masas del fascismo juega un papel en toda esa agitación. Aunque lo más molesto es el ruido: mi partido ideal sería en blanco y negro, en “fast-forward” y con Chaplin entre los jugadores».

9. Juan José Sebreli

«El acto de patear una pelota es ya de por sí esencialmente agresivo y crea un sentimiento de poder, amén de que la picardía de vencer al adversario basada en la trampa, la mentira, el disimulo, la zancadilla, tan alabada por todos los apologistas del fútbol como una forma de inteligencia natural y espontánea, no es sino una característica de la personalidad autoritaria».

10. Guillermo Cabrera Infante

«Ese juego nefasto incita a la violencia porque es violento en sí mismo: se juega con los pies, y pocos movimientos hay tan feroces como el que supone dar una patada».

11. George Orwell

«Hay ya bastantes causas reales de conflicto para que además las incrementemos incitando a los jóvenes a darse patadas en las tibias en medio del rugido de los espectadores enfurecidos».

 

 

1. Camilo José Cela

“El intelectual debe interesarse por todo lo que está vivo, y el fútbol lo está”.

2. J. B. Priestly

“Decir que pagaron para ver a 22 mercenarios dar patadas a un balón es como decir que un violín es madera y tripa, y Hamlet papel y tinta”.

3. Gabriel García Márquez

“No creo haber perdido nada con este irrevocable ingreso que hoy hago públicamente a la santa hermandad de los hinchas. Lo único que deseo ahora es convertir a alguien”.

4. Dante Panzieri

 “Asociar el fútbol a las letras y las artes puede parecer irrespetuoso, pero, operando siempre sobre el supuesto de que fútbol y deporte son integrantes del hombre lúdico que juega cuando cultiva su intelecto en aquello que le divierte, la asociación de fútbol y humanismo intelectual no parece tan disparatada”.

 5. Ricardo Piglia

“Estoy siempre más atento a los jugadores que a los equipos, a las individualidades más que a la disposición táctica. En el fútbol, como en la literatura, lo que interesa es la creatividad y el estilo”.

6. Juan Cruz

“El fútbol no es una tontería y no es tan solo un juego en el campo, es un juego de metáforas que luego tienen un correlato en la escritura”.

7. Santiago Segurola

“Los grandes países futbolísticos son aquellos que tienen un gran discurso literario”.

8. Manuel Rivas

“Yo tampoco sé si el fútbol puede ser definido como arte, pero sí que estoy seguro de que el irlandés Best era un artista. Tenía ideas en la cabeza, ponía todo el cuerpo en vilo, y conseguía transmitirlas hasta la punta de los dos pies”.

9. Almudena Grandes

“El fútbol es como la vida, una educación sentimental. Pretender que sea algo banal sería como trivializar la vida misma. Esa idea de que el fútbol atonta a la gente y aliena a las personas en una sociedad con esta degradación me parece estúpida, hay cosas mucho peores”.

10. Santiago Roncagliolo

“El fútbol es el máximo teatro de nuestra identidad. Es donde todos ponemos en juego en un escenario lo que somos, lo que deseamos, lo que aspiramos como sociedad. Además, es estéticamente hermoso ver los movimientos de los equipos”.

11. Laura Restrepo

“Para mí Pelé ha sido un dios, Chilavert un papá, Maradona un ídolo, Batistuta un amor imposible, el Palomo Usuriaga un sex symbol, el Pibe Valderrama un hermano y Ronaldinho Gaúcho -meu mininho mais lindo-, el otro hijo que siempre quise tener”.

 

 

 

2 de octubre: fútbol y apuestas en la Superliga China

 

 

 

 

Hace tiempo que China forma parte de las grandes potencias mundiales. Esto es así en lo económico y, cada vez más, en lo futbolístico. Aunque el fútbol chino todavía no pueda situarse a la altura del europeo, pocos dudan de que dentro de una o dos décadas quizá todo haya cambiado.

En “Falso nueve”, la novela que cierra la trilogía de Philip Kerr sobre el mundo del fútbol, Scott Manson, el protagonista de la serie, firma un contrato para entrenar un equipo de Shangai. Durante la conversación en la que alcanzan un acuerdo, el multimillonario dueño del club le dice: “Cuando compré este equipo, quería hacer énfasis en el gran poderío que iba a demostrar y en la mucha esperanza que deposito en su futuro, que es donde entran en juego tanto el número nueve como usted, señor Manson. Tengo grandes planes para el futuro de este club de fútbol y para la Superliga china“.

Sin duda, China y su fútbol serán, en un futuro cercano, un goloso pastel para las televisiones… y las casas de apuestas. De hecho, para estas últimas ya lo es. Y precisamente un 2 de octubre como el de hoy, pero del 2004, se produjo un hecho jamás visto en un campo de fútbol. Sucedió, justamente, en un partido de la liga china, y encontramos la descripción de lo sucedido en “Juego sucio. Fútbol y crimen organizado“, de Declan Hill:

El 2 de octubre de 2004, Yang Zuwu, el entrenador del equipo chino Pekín Hyundai, hizo una cosa extraña. A los ochenta y cuatro minutos de partido, frente a miles de seguidores en el estadio Wulije de Shenyang, ordenó al equipo que saliera del campo. El árbitro acababa de pitar un penalti en su contra. Sin embargo, tras la orden de Yang, sucedieron cosas más extrañas aún. Todos los jugadores le obedecieron y, mientras estaban en el vestuario, salió Yang y anunció que el equipo no acabaría de jugar el partido ni seguiría participando en la superliga china.

Yang no era un entrenador cualquiera de un equipo cualquiera, cuya conducta pudiera atribuirse a una pataleta. El Pekín Hyundai, patrocinado por el fabricante de coches coreano, era uno de los equipos más poderosos de la liga. Yang Zuwu, con más de cuarenta años de experiencia en el fútbol chino, declaró que en la liga había demasiados «partidos amañados, árbitros comprados, apuestas ilegales y otras cosas igual de repugnantes». Todas esas actividades se habían impuesto tan descaradamente que, en su opinión, era imposible ser honrado en la liga. Yang recibió el apoyo de otros clubs muy importantes. Un dirigente de la federación, Xu Ming, propietario del Dalien Shide y el inversor privado más influyente del fútbol chino, lo apoyó públicamente: declaró que varios equipos estaban pensando en la posibilidad de abandonar la liga china por culpa de la corrupción.

 

La verdad es que el gesto de Yang Zuwu daría para escribir una novela, ¿no?

 

Imagen de www.taringa.net