FutBlog Capítulo 9: el vellocino de oro, Medusa, la Stasi, probabilidades… y coincidencias

 

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Hace poco (cuatro días, para ser exactos) hablaba de probabilidades desde el punto de vista de libros de temática futbolera. A riesgo de ponerme pesado, no me queda más remedio que volver sobre el tema, para haceros una nueva pregunta en relación con algo tan futbolero como… el vellocino de oro.

De forma resumida, la del vellocino de oro es una de las historias de la mitología griega que está protagonizada por Jasón, a quien su hermano Pelias le impone como prueba de valor que salga a recuperarlo. Jasón, para ello, se embarcará en un viaje para el que se hará acompañar de los argonautas.

Mitología griega, Jasón, argonautas y vellocino de oro. Conceptos muy futbolísticos, ¿no? No, la verdad. Luego, en consecuencia, la probabilidad de que aparezcan en algún libro relacionado con el fútbol debe ser insignificante. ¿Cierto? Pues va a ser que no.

A finales de julio recomendaba encarecidamente la lectura de “Las manos”, de Miguel Ángel Zapata. La novela está protagonizada por un entrañable Mario Parreño, quien emprende un singular viaje para recuperar una desaparecida Copa del Mundo. Pero, en un momento de la historia, leemos:

¿Es que es tan importante que Jasón se haga rey, no le basta haberse apañao el vellocino?, terminaba por preguntar Mario, hastiado y confuso.

En este caso, existe una evidente simbología que relaciona a los dos objetos: Copa y vellocino, siendo ambos, además, de oro.

Hace apenas unos días, y tras acabar la lectura de “Mercado de invierno” de Philip Kerr, decidí enfrascarme en la segunda parte de su trilogía: “La mano de Dios”, de la que dentro de poco publicaré la correspondiente reseña. Podía haber escogido cualquier otro, pues tengo varios en lista de espera, pero algo me impulsó a elegir ese. Y, ¿sabéis con qué tropecé entre sus páginas? Correcto: con el vellocino de oro:

¿Y Jasón? ¿Os acordáis de él? ¿Creía algún griego que sus argonautas y él tenían más posibilidades de recuperar el Vellocino de Oro que una bola de nieve de sobrevivir en el infierno? No. Claro que no lo creían.

Sorprendente, ¿verdad? Pues más pasmoso aún es la coincidencia de la aparición de la palabra “mano” en el título de ambos libros.

Pero esperad, que sigo.

Uno de los libros que actualmente estoy leyendo es “Futbolítica. Històries de clubs políticamente singulars”, un libro en el que se hace referencia a la relación entre fútbol y política a través de los ejemplos de sesenta clubes. En un artículo que publiqué la semana pasada hablé precisamente de este libro, ya que ese azar que de forma continua me zarandea a su antojo me llevó a leer, el día 11 de agosto, justo un episodio ocurrido… un 11 de agosto.

Como los capítulos de “Futbolítica” se pueden ir leyendo de manera independiente, decidí alternar su lectura con otro libro. Tras barajar diferentes opciones, escogí uno que tengo muchas ganas de leer desde hace tiempo, pero que, por unas razones u otras, iba quedando siempre aparcado. Y hoy, precisamente hoy, me he decidido a zambullirme en él.

El libro en cuestión es “El intruso”. Se trata de una novela negra de temática futbolera escrita por Daniel Vázquez Sallés (hijo de Manuel Vázquez Montalbán), y publicada el 2013. Es un ejemplar un tanto especial, vinculado a uno de mis particulares poltergeist que algún día escribiré. El caso es que al poco de comenzarlo leo:

“Había escrito mil metáforas para describir el tacto de la muerte, y tenía en mente la palabra pelusa como pilar del poema, vocablo que rimaba con Medusa, el monstruo hipnótico femenino que convertía en piedra a aquellos que se atrevían a mirarlo. ¿Y por qué pelusa con Medusa? Por la sencilla razón de que Memé se sentía el Perseo de la poesía, capaz de decapitar a Medusa sin necesidad de apartar la vista ante la bestia”. (pág. 23)

Medusa y Perseo. Curioso, ¿no? Parece que mitología griega y literatura futbolera también combinan bien. Seguramente alguien pensará que vale, que es una casualidad que hayan referencias a la antigüedad griega en dos libros. Pero que tampoco es para tanto. Y quizá tenga razón. Lo que ocurre es que la referencia a Medusa y Perseo no aparece únicamente en “El intruso”. ¿Sabéis dónde me la encontré también? Ni más ni menos que en “La mano de Dios” de Philip Kerr, justo en el mismo párrafo en el que se hablaba del vellocino de oro:

«¿Quién creía que Perseo tenía alguna oportunidad de derrotar a la Medusa? Los griegos no, desde luego.

 

Y todavía no he terminado. Antes comentaba que uno de los libros que estoy leyendo es “Futbolítica”. Y justo antes de leer el capítulo con la referencia al 11 de agosto, se explica la historia del Dinamo de Berlín alemán, un club del que fue presidente Erich Mielke, ministro de Seguridad del Estado de la antigua República Democrática de Alemania y máximo responsable de la policía política. Por esa razón, el título del capítulo en cuestión es “El club de la Stasi”.

¿Y qué pinta ahora este salto desde la mitología griega hasta el siglo XX? Pues, simple y llanamente, que hace apenas cuatro días, me topaba con la Stasi en un libro de temática futbolera. Y hoy, hace apenas un par de horas, mientras avanzaba en la lectura de “El intruso”, leía lo siguiente:

– Sé cauto. Lo que te he contado es secreto de Estado y desde hoy, eres miembro de la Stasi del club”.

 

Alucinante, ¿no? Pues, aunque no os lo creáis, soy capaz de dar una nueva vuelta de tuerca a la jugada. Sí, porque no solo de literatura futbolera vive el hombre. Así que, hace bien poquito, intercalé una lectura de un autor muy futbolero pero en la que el fútbol no es ni tan solo residual. Me estoy refiriendo a Enrique Vila-Matas y su última novela, “Mac y su contratiempo”, en la que aparece una referencia a “París era una fiesta”, de Hemingway. Es esta:

“El epígrafe del cuarto relato, Algo en mente, es de Hemingway, de París era una fiesta: «Una muchacha encantadora, de cara fresca como una moneda recién acuñada, si vamos a suponer que se acuñan monedas en carne suave, de cutis fresco de lluvia.

¿Vais intuyendo lo que estoy a punto de decir?

Pues sí. Esta tarde, tras la aparición de la Stasi en “El intruso”, me ha asaltado el siguiente párrafo:

“Cuando el vendedor le aseguró que esos folios eran el original de París era una fiesta, Memé levantó la mano y lo obligó a callar con un contundente «¡Deje lugar a la imaginación, por Dios!». (pág. 37)

 

Para morirse de risa, ¿no? Además, y por si fuera poco, ambos libros habían ya combinado en este artículo.

Pero no os vayáis aún, y dejarme que remate la jugada. Si alguien os pregunta alguna vez acerca de la probabilidad de encontrarse con el vellocino de oro, o con Medusa, o con la Stasi, en más de un libro de literatura futbolera con una diferencia de apenas unos días responded que, curiosamente, es bastante alta.

Y es que, como se explica en “El intruso”:

 

“Memé nunca había sido un hombre de ciencias y le sorprendió descubrir con angustia que el fútbol era una ciencia que funcionaba con sus leyes empíricas y con sus ecuaciones matemáticas”.

 

¿Estarán todos estos sucesos relacionados con la “Negra espalda del tiempo” de Javier Marías? O será, más bien, que como dice Vila-Matas, “la realidad, creo yo, no necesita que nadie la organice en forma de trama, es por sí misma una fascinante e incesante Central creativa“.

 

Imagen de www.esferatic.com

 

 

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“Las manos”, de Miguel A. Zapata. Editorial Candaya

 

 

¿Y cómo es posible que solo yo, Torres y el ladrón de guante no precisamente blanco nos percatásemos de la tragedia sin que otros ojos, de los centenares de miles que se desparramaban por las calles del centro de Madrid, fueran capaces de hacerlo hasta un par de horas más tarde?

 

Para el poeta Antonio Deltoro “el fútbol es la venganza del pie sobre la mano”. Al fútbol se juega con los pies, y no hay extremidad más vinculada al fútbol que ellos. Las manos, en cambio, quedan restringidas al portero, el único jugador que –como explica Juan Villoro, si mal no recuerdo- parece empeñarse en ir en contra de la esencia del juego. Así que si hablamos de fútbol y anatomía, la de los pies será la primera imagen que visualicemos. Pero si hablamos de fútbol y manos, además de recurrir al guardameta, deberíamos también pensar en una extraordinaria novela cuyo título es justamente ese: “Las manos”.

Escrita por Miguel Á. Zapata y publicada por la Editorial Candaya en el 2014, “Las manos” es una de esas obras que contienen tanto material, en las que hay tanto por saborear, que en cuanto llegas al final te entran ganas de volverla a leer. No estamos ante una novela futbolística, aunque el fútbol, o mejor dicho, un episodio muy concreto relacionado con el mundo del fútbol, es la excusa para que toda la historia se ponga en funcionamiento.

SINOPSIS

En la sinopsis leemos:

“Las manos da testimonio de la disparatada odisea de Mario Parreño, un hombre casi común y a la deriva, obsesionado por recuperar la Copa del Mundo de Fútbol, que robaron unas manos sin nombre ni rostro durante el desfile triunfal de la selección española por las calles de Madrid. En un extraño viaje por un mundo en descomposición y en crisis aprenderá a afrontar su pasado sin encogerse de hombros como única respuesta y a arrinconar para siempre ese inquietante par de dados a los que confiaba cualquier decisión. Una desconcertante sucesión de personajes trazados desde el esperpento acompañarán a Mario Parreño en su singular metamorfosis de fracasado catatónico a héroe de pacotilla.

Atravesada de principio a fin por un humor cáustico y una imaginación exuberante, la primera novela de Miguel A. Zapata es una muy singular indagación en la necesidad contemporánea de mesías y griales, que corrobora los elogios recibidos por sus anteriores libros de microrrelatos y cuentos”.

 

Imagen de www.neogol.com

 

“Ha tejido su plan sin convicción de araña pero con determinación de costurera casi lisérgica”.

 

A partir del estrambótico episodio del robo de la Copa del Mundo, se inicia un viaje alucinado y alucinante que llevará al protagonista, Mario Parreño, a abandonar su cueva, su anodino día a día y su parálisis vital para emprender un recorrido que pasará por Madrid, Viena, Nueva York y una arrasada por el tsunami Yotsukura, en el Japón, para regresar de nuevo a su Madrid originario. Pero será ya un regreso en el que volverá transformado, como si el simbólico tsunami que padeció la costa japonesa simbolizara, también, una ola regeneradora para Mario Parreño.

En este increíble viaje el protagonista se irá cruzando con seres tan estrambóticos y extraños como su proyecto. Al mismo tiempo, nos encontramos ante una sucesión de personajes de fuerza arrolladora que al interponerse en el camino de Mario lo irán completando, lo irán (re)construyendo, en simbólica contraposición a los efectos que el viaje de ciudad en ciudad de la Copa va causando sobre ella.

 

“No tiene un solo libro de ficción en casa, aunque sí una biblioteca de libros de viajes y guías de todos los países del mundo”

 

La historia está explicada en tercera persona por un narrador omnisciente, hasta el punto de llegar a confundir si la novela nos explica lo que Mario Parreño experimenta o, por el contrario, lo que los ojos del narrador pretenden que contemplemos. Una forma de contar, en cualquier caso, que enriquece la historia, que amplia las perspectivas desde las que afrontarla, y para la que el autor utiliza todo tipo de recursos lingüísticos, narrativos y tipográficos.

Ese despliegue de herramientas hacen que “Las manos” sea un deslumbrante ejercicio en el que todo encaja a la perfección, y en el que el peligro de caer en lo artificioso y en la mera exhuberancia estilística es resuelto de forma brillante. Forma y contenido se fusionan de tal modo que una y otro construyen un todo sobresaliente.

 

Miguel A. Zapata

 

La novela está repleta de notas, añadidos, pensamientos y citas que se van intercalando a lo largo de la historia, con una capacidad creativa deslumbrante y una inagotable habilidad para la creación de imágenes. Además, y como al principio explicaba, el argumento de la historia es tan delirante que todavía tiene más mérito encontrar todo lo que “Las manos” nos ofrece.

Porque a lo largo de sus páginas encontramos espacio para la reflexión, observaciones sobre la contemporaneidad, pero también hay sitio para el humor, para el descubrimiento de personajes que pese a su extravagancia son de una solidez y una verosimilitud fuera de toda duda. Un elenco encabezado por ese Mario Parreño incapaz de tomar una decisión sin consultar un par de dados, amante de la música de jazz, enemigo de la literatura y el arte, y con un pasado en el que el fantasma de su padre sigue extendiendo su sombra hasta el presente.

 

“Lástima que Mario –poeta, filósofo y detective amateur a ratos, en trance de dejar de serlo- no sea capaz de quitarse la imagen de la Copa de la cabeza, la imagen de Ítaca, aunque sea mutilada”.

Como decía al comienzo, no estamos ante una novela futbolística. De hecho, las referencias de este tipo hacen referencia, mayoritariamente, al devenir de la Copa del Mundo. También hay espacio para otras de tipo futbolístico (alguna relacionada con “las manos”), pero no son las de mayor presencia. Sin embargo, es gracias a un hecho periférico relacionado con el fútbol, como es el robo de la Copa del Mundo, que ese objeto se acaba convirtiendo en el particular vellocino de oro tras el que Mario Parreño iniciará su particular y homérica odisea.

 

Jasón y el vellocino de oro“, imagen de www.entregriegosyromanos.com

Un recorrido en busca de una Ítaca en la que invertirá varios meses, y que se acabará convirtiendo en un viaje de autoconocimiento y metamorfosis vital. Y todo ello sin que la historia flaquee en ningún momento o que el interés decaiga lo más mínimo. Lo que sucede, justamente, es todo lo contrario, convirtiéndose cada página en un nuevo estímulo que nos absorbe y nos incita a seguir avanzando.

Una historia, en definitiva, que -insisto- me ha parecido extraordinaria, y cuya atmósfera te envuelve desde la primera página con su aroma a veces onírico, a veces como una ensoñación. Y una novela que consigue que Mario Parreño, su protagonista, se incorpore por la puerta grande a mi particular galería de personajes literarios, esa que habitan, entre otros, el Ignatius J. Reilly de “La conjura de los necios”, o del Marco Stanley Fogg de “El palacio de la luna”.

Una maravilla que no tardaré en volver a leer.

 

MÁS INFORMACIÓN

En la página web de la editorial encontraréis numerosas reseñas, artículos y alguna entrevista con el autor. Os recomiendo que les echéis un vistazo.