“Una canción de Bob Dylan en la agenda de mi madre”, de Sergio Galarza. Candaya Editorial

 

 

“Aquella tarde de primavera, luminosa y asfixiante, mi equipo de fútbol perdía por dos goles, y ambos habían sido culpa mía. Durante la madrugada había chateado con mi hermana Lupe, que vive en Seattle, confirmando la peor sospecha: a nuestra madre, mi vieja, como ella aceptaba a regañadientes que la llamara en una demostración de afecto bruto, no le quedaba mucho tiempo. El cáncer estaba generalizado”.

 

La reseña que hoy publico no corresponde a un libro de temática futbolística. No lo es, al menos, en el sentido que lo son otras obras del género por todos conocidas como “El delantero centro fue asesinado al atardecer” de Manuel Vázquez Montalbán, “Mercado de invierno”, de Philip Kerr o “Aquella edad inolvidable”, de Ramiro Pinilla, por poner algunos ejemplos.

Tampoco se trata de una obra que aparecería en un posible listado de novelas fútboleras. Sin embargo, voy a hablar de él porque, aunque de forma tenue, casi como una insinuación, el fútbol tiene una presencia constante a lo largo de todas sus páginas. Y aunque no actúe como uno de los ejes principales de la narración, está ahí, latiendo, como un ruido de fondo que puede ser escuchado en clave simbólica.

El libro al que me refiero es “Una canción de Bob Dylan en la agenda de mi madre”. Su autor es el peruano Sergio Galarza, y está publicado por la Editorial Candaya, siendo la primera edición de marzo de 2017.

En la sinopsis leemos:

Doris Puente fue abogada, creía en las palabras y buscó siempre la belleza en la justicia. Cuando descubre que va a morir, decide visitar por última vez a su hijo menor, un escritor que ama el caos y la noche, y vive en Madrid. Juntos realizarán un último viaje en un intento por reconocerse después de muchos desencuentros. Será entonces cuando ella escribirá el epílogo de su vida, con Bob Dylan como música de fondo, en las carreteras y pueblos de Galicia.

Más que un libro de duelo sobre el dolor y la muerte, este emocionado relato es una historia de formación y de lucha, que tiene como fondo una crisis económica inaudita en España y el azote demencial del terrorismo en Perú. Pero Una canción de Bob Dylan en la agenda de mi madre es, sobre todo, la victoria de lo luminoso en lo oscuro, un retrato de una mujer que luchó contra la injusticia y deseó la inmortalidad en el lenguaje, vocación que ella misma contagió a su hijo, el escritor Sergio Galarza Puente.

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Nos encontramos ante una novela contundente, más que recomendable, directa y sin florituras, que pese a su dureza nos demuestra la poderosa capacidad que tiene la buena literatura para apelar a las emociones. Una obra que es como un puñetazo, sin espacio para florituras ni concesiones, un sincero trabajo de introspección en el que los sentimientos quedan al desnudo y en el que no se intentan disimular ni justificar los errores cometidos. Solo la literatura sirve en este caso como analgésico de una memoria dolorosa.

El narrador dibuja un ajuste de cuentas sentimental con su madre, mujer especial, culta, de marcado carácter, una sombra continua en la vida del protagonista y con la que, sorprendentemente, conserva un poderoso vínculo gracias al fútbol, como si de un cordón umbilical que los sigue uniendo a ambos se tratase.

 

“¿Estaba entre sus planes volver a verme jugar al fútbol?

Mi vieja había sido mi soporte cuando empecé a jugar en el equipo del colegio San Agustín en Lima. Era la hincha que exigía que pusiera todo mi talento y garra en la cancha”.

 

En este recorrido autobiográfico el fútbol emerge y desaparece de manera continua, salpicando el relato pero sin llegar a adquirir en ningún momento un papel protagonista. Sin embargo, esa presencia permanente, al menos en mi caso, me lleva a pensar que no estamos ante un simple accesorio, sino a un elemento de carácter simbólico que no puede ser obviado.

Todo cuando se explica transcurre bajo una atmósfera en la que el fútbol es una invisible neblina que está ahí. Es una presencia discreta, que a los no aficionados les permitirá acercarse a la obra desde una perspectiva no futbolística, un elemento que no pretende robar cámara al peso argumental de la historia.

Y, en cambio, sus tenues apariciones hace que quienes sí somos futboleros lo podamos identificar e interpretar desde nuestra vivencia. Muy especialmente cuando determinados pasajes de la lectura nos transporten a una infancia en la que la pelota era uno de los pocos objetos que formaban parte de nuestro día a día.

“En ese universo de patadas donde una línea blanca separa la gloria de la tragedia, todo quedará en la cancha. No hay lugar para la ficción. El marcador no se puede editar a favor cuando ocurre una derrota. En la literatura sí”.

 

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La suave y discreta presencia futbolera, en cambio, adquiere un poderoso simbolismo para quienes somos futboleros. Son apariciones contadas, discretas, casi imperceptibles en el conjunto de la obra, pero, al menos desde mi punto de vista, con un poderoso contenido simbólico.

El autor ha explicado en alguna entrevista que “es un aficionado a jugarlo, pero no a verlo por televisión”. Y, de hecho, su libro debería haber sido de fútbol en principio, pero mientras lo escribía apareció el cáncer de su madre, por lo que se decidió a transformar esos textos en un libro sobre ella.

De momento, la temática futbolera está presente en la producción de Sergio Galarza a través del relato “Donde anidan las arañas”, que aparece en el recopilatorio “Por amor a la pelota. Once cracks de la ficción futbolera”.

Un libro, en definitiva, más que recomendable, que no os dejará indiferentes, que como la buena literatura os dejará una muesca más y no olvidaréis fácilmente. Y desde la vertiente futbolística, si sois futboleros percibiréis en este aspecto el potencial simbólico asociado al fútbol. Si no lo sois, apreciaréis de qué forma el fútbol, en ocasiones, actúa como cuerda que mantiene unidos emocionalmente a una madre y un hijo.

“No disfruto más escribiendo un párrafo con sustantivos sólidos de bajo y batería, adornados con adjetivos como punteos delicados de guitarras de palo, que salvando un gol en la línea o metiendo un pase entre las piernas”.

 

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MÁS INFORMACIÓN

Podéis leer un fragmento en: http://www.candaya.com/antigua/unacancionseleccion.pdf

Y aquí tenéis un par de vídeos relacionados con el libro. El primero es un booktráiler con imágenes de la familia del autor. Y el segundo es una entrevista con Sergio Galarza en la que se habla del libro.

 

 

 

 

 

“Las manos”, de Miguel A. Zapata. Editorial Candaya

 

 

¿Y cómo es posible que solo yo, Torres y el ladrón de guante no precisamente blanco nos percatásemos de la tragedia sin que otros ojos, de los centenares de miles que se desparramaban por las calles del centro de Madrid, fueran capaces de hacerlo hasta un par de horas más tarde?

 

Para el poeta Antonio Deltoro “el fútbol es la venganza del pie sobre la mano”. Al fútbol se juega con los pies, y no hay extremidad más vinculada al fútbol que ellos. Las manos, en cambio, quedan restringidas al portero, el único jugador que –como explica Juan Villoro, si mal no recuerdo- parece empeñarse en ir en contra de la esencia del juego. Así que si hablamos de fútbol y anatomía, la de los pies será la primera imagen que visualicemos. Pero si hablamos de fútbol y manos, además de recurrir al guardameta, deberíamos también pensar en una extraordinaria novela cuyo título es justamente ese: “Las manos”.

Escrita por Miguel Á. Zapata y publicada por la Editorial Candaya en el 2014, “Las manos” es una de esas obras que contienen tanto material, en las que hay tanto por saborear, que en cuanto llegas al final te entran ganas de volverla a leer. No estamos ante una novela futbolística, aunque el fútbol, o mejor dicho, un episodio muy concreto relacionado con el mundo del fútbol, es la excusa para que toda la historia se ponga en funcionamiento.

SINOPSIS

En la sinopsis leemos:

“Las manos da testimonio de la disparatada odisea de Mario Parreño, un hombre casi común y a la deriva, obsesionado por recuperar la Copa del Mundo de Fútbol, que robaron unas manos sin nombre ni rostro durante el desfile triunfal de la selección española por las calles de Madrid. En un extraño viaje por un mundo en descomposición y en crisis aprenderá a afrontar su pasado sin encogerse de hombros como única respuesta y a arrinconar para siempre ese inquietante par de dados a los que confiaba cualquier decisión. Una desconcertante sucesión de personajes trazados desde el esperpento acompañarán a Mario Parreño en su singular metamorfosis de fracasado catatónico a héroe de pacotilla.

Atravesada de principio a fin por un humor cáustico y una imaginación exuberante, la primera novela de Miguel A. Zapata es una muy singular indagación en la necesidad contemporánea de mesías y griales, que corrobora los elogios recibidos por sus anteriores libros de microrrelatos y cuentos”.

 

Imagen de www.neogol.com

 

“Ha tejido su plan sin convicción de araña pero con determinación de costurera casi lisérgica”.

 

A partir del estrambótico episodio del robo de la Copa del Mundo, se inicia un viaje alucinado y alucinante que llevará al protagonista, Mario Parreño, a abandonar su cueva, su anodino día a día y su parálisis vital para emprender un recorrido que pasará por Madrid, Viena, Nueva York y una arrasada por el tsunami Yotsukura, en el Japón, para regresar de nuevo a su Madrid originario. Pero será ya un regreso en el que volverá transformado, como si el simbólico tsunami que padeció la costa japonesa simbolizara, también, una ola regeneradora para Mario Parreño.

En este increíble viaje el protagonista se irá cruzando con seres tan estrambóticos y extraños como su proyecto. Al mismo tiempo, nos encontramos ante una sucesión de personajes de fuerza arrolladora que al interponerse en el camino de Mario lo irán completando, lo irán (re)construyendo, en simbólica contraposición a los efectos que el viaje de ciudad en ciudad de la Copa va causando sobre ella.

 

“No tiene un solo libro de ficción en casa, aunque sí una biblioteca de libros de viajes y guías de todos los países del mundo”

 

La historia está explicada en tercera persona por un narrador omnisciente, hasta el punto de llegar a confundir si la novela nos explica lo que Mario Parreño experimenta o, por el contrario, lo que los ojos del narrador pretenden que contemplemos. Una forma de contar, en cualquier caso, que enriquece la historia, que amplia las perspectivas desde las que afrontarla, y para la que el autor utiliza todo tipo de recursos lingüísticos, narrativos y tipográficos.

Ese despliegue de herramientas hacen que “Las manos” sea un deslumbrante ejercicio en el que todo encaja a la perfección, y en el que el peligro de caer en lo artificioso y en la mera exhuberancia estilística es resuelto de forma brillante. Forma y contenido se fusionan de tal modo que una y otro construyen un todo sobresaliente.

 

Miguel A. Zapata

 

La novela está repleta de notas, añadidos, pensamientos y citas que se van intercalando a lo largo de la historia, con una capacidad creativa deslumbrante y una inagotable habilidad para la creación de imágenes. Además, y como al principio explicaba, el argumento de la historia es tan delirante que todavía tiene más mérito encontrar todo lo que “Las manos” nos ofrece.

Porque a lo largo de sus páginas encontramos espacio para la reflexión, observaciones sobre la contemporaneidad, pero también hay sitio para el humor, para el descubrimiento de personajes que pese a su extravagancia son de una solidez y una verosimilitud fuera de toda duda. Un elenco encabezado por ese Mario Parreño incapaz de tomar una decisión sin consultar un par de dados, amante de la música de jazz, enemigo de la literatura y el arte, y con un pasado en el que el fantasma de su padre sigue extendiendo su sombra hasta el presente.

 

“Lástima que Mario –poeta, filósofo y detective amateur a ratos, en trance de dejar de serlo- no sea capaz de quitarse la imagen de la Copa de la cabeza, la imagen de Ítaca, aunque sea mutilada”.

Como decía al comienzo, no estamos ante una novela futbolística. De hecho, las referencias de este tipo hacen referencia, mayoritariamente, al devenir de la Copa del Mundo. También hay espacio para otras de tipo futbolístico (alguna relacionada con “las manos”), pero no son las de mayor presencia. Sin embargo, es gracias a un hecho periférico relacionado con el fútbol, como es el robo de la Copa del Mundo, que ese objeto se acaba convirtiendo en el particular vellocino de oro tras el que Mario Parreño iniciará su particular y homérica odisea.

 

Jasón y el vellocino de oro“, imagen de www.entregriegosyromanos.com

Un recorrido en busca de una Ítaca en la que invertirá varios meses, y que se acabará convirtiendo en un viaje de autoconocimiento y metamorfosis vital. Y todo ello sin que la historia flaquee en ningún momento o que el interés decaiga lo más mínimo. Lo que sucede, justamente, es todo lo contrario, convirtiéndose cada página en un nuevo estímulo que nos absorbe y nos incita a seguir avanzando.

Una historia, en definitiva, que -insisto- me ha parecido extraordinaria, y cuya atmósfera te envuelve desde la primera página con su aroma a veces onírico, a veces como una ensoñación. Y una novela que consigue que Mario Parreño, su protagonista, se incorpore por la puerta grande a mi particular galería de personajes literarios, esa que habitan, entre otros, el Ignatius J. Reilly de “La conjura de los necios”, o del Marco Stanley Fogg de “El palacio de la luna”.

Una maravilla que no tardaré en volver a leer.

 

MÁS INFORMACIÓN

En la página web de la editorial encontraréis numerosas reseñas, artículos y alguna entrevista con el autor. Os recomiendo que les echéis un vistazo.

 

Futblog Capítulo 7: Metallica, Shakira y la literatura futbolera

 

 

 

 

Hace varios días que no puedo dejar de tararear “Nothing else matters” de Metallica. En Youtube se pueden encontrar varias interpretaciones del grupo realizadas a lo largo de los años en diversos conciertos. También es posible ver y escuchar las versiones que de esa canción han hecho otros grupos (genial la de Steven’n Seagulls), incluyendo las de jóvenes artistas en el programa “La voz kids” de diferentes países.

Todas esas versiones son fantásticas. Y también lo es la que hizo Shakira en el concierto que dio en París en el 2011, si no me equivoco, y que podéis ver a continuación.

 

 

Esa versión, la de Shakira, fue la última que escuché anoche. Esta mañana, tras el correspondiente café, he continuado con la lectura de la novela que me tiene atrapado. Se trata de “Las manos”, de Miguel A. Zapata, publicada por la Editorial Candaya.

El libro explica la “…disparatada odisea de Mario Parreño, un hombre casi común y a la deriva, obsesionado por recuperar la Copa del Mundo de Fútbol, que robaron unas manos sin nombre ni rostro durante el desfile triunfal de la selección española por las calles de Madrid”.

En un momento de la lectura leo:

Le cuenta la cleptomanía de papá (…) con predilección por los objetos dorados”.

Y, un par de páginas más adelante:

– Sí, una réplica de las manos de Sissi de oro… ¿en oro? Sí. La tengo sobre mesa pequeña junto a al cama. Todas noches la miro antes de dormir.

Cuando llego al final del párrafo echo un vistazo al móvil y veo una notificación en twitter. La abro. ¿Sabéis lo que aparece en pantalla?

Ahí lo dejo.