“Pucelín y Ansurón de Primera División”. José Luis Chacel, Santiago Bellido y Santiago Hidalgo. Fundación Valores del Fútbol

 

 

 

Creo que no me equivoco si afirmo que los clubes de fútbol, a la hora de promover publicaciones para explicar su historia, no han explotado del todo las posibilidades de los cómics. Pese a tratarse de un formato de fructífera relación en el campo de la literatura futbolera, y aún reuniendo una serie de características que lo convierten en medio ideal a la hora de actuar con finalidad pedagógica, no me consta que haya sido especialmente utilizado, como decía, para dar a conocer a los apasionados del fútbol la evolución de su entidad a lo largo del tiempo.

Es cierto que existen clubes que sí incluyen entre las publicaciones que tratan de ellos una historia en cómic (el Atlético de Madrid, el RCD Espanyol, el FC Barcelona, el Sevilla, el Betis y el Sporting de Gijón, son algunos ejemplos). También, fuera de nuestra liga, conozco los casos del chileno Colo-Colo, del uruguayo Peñarol o del Club Deportivo Cuenca mexicano. Y lo mismo sucede con algunos equipos ingleses.

Pero, como decía, me resulta un tanto curioso que no se haya explotado aún más teniendo en cuenta que el del cómic es un lenguaje muy adecuado tanto para lectores adultos como infantiles, que es una inmejorable puerta de entrada hacia la lectura para quienes no son habituales y que acostumbran a ser productos de un gran atractivo y efectividad.

 

 

El caso más reciente lo encontramos en el sobresaliente “Pucelín y Ansurón de Primera División”, un maravilloso trabajo centrado en la historia del Real Valladolid y que va mucho más allá del simple producto para “cubrir el expediente”. A la cuidada edición en tapa dura y a todo color se unen un elemento de gran originalidad: está íntegramente escrito en verso, lo que otorga una gran personalidad al resultado final.

 

SINOPSIS

Hace 125 años que rodó el primer balón en estas tierras, 90 años de historia del Real Valladolid, con sus protagonistas, hazañas y anécdotas, narradas por un abuelo a su nieto. El cómic que la afición estaba esperando”.

 

 

Aplicando el recurso del abuelo que transmite su pasión futbolística por un club, el Real Valladolid en este caso, a su nieto, el álbum ofrece un detallado y completo recorrido a lo largo de su evolución histórica, iniciada en 1904. Desde la llegada del fútbol a la ciudad, los primeros equipos, entrenadores y jugadores destacados, los diversos avatares en forma de éxitos y fracasos, los ascensos y descensos, la participación en competiciones europeas, éxitos y fracasos… todo es explicado de modo cronológico de una forma tan amena como pedagógica, con el complemento de unas ilustraciones de gran calidad en las que no faltan los dibujos de carácter realista a la hora de representar personajes o lugares reales.

 

 

El paseo por la historia de Pucelín y su abuelo Ansurón se desarrolla, al mismo tiempo, por los lugares más significativos e identificables de la ciudad, y cuenta, además, con el desenfadado y acertado contrapunto que aportan Cipión y Berganza, los dos canes que protagonizan “El coloquio de los perros”, una de las “Novelas ejemplares” de Cervantes.

Su participación en la historia es muy acertada, pues permiten incorporar otras voces que aportan frescura y enriquecen la narración.

 

 

El cómic comienza con unas estrofas que bajo el título “Con la mejor intención” son toda una declaración de intenciones de lo que se pretende con el álbum.

A continuación un fragmento de este apartado:

 

Con la mejor intención

y no falto de razón

en medio de un callejón

Pucelín dice a Ansurón:

Quien deslice su visión,

sobre esta publicación

y preste algo de atención,

sacará una deducción:

la histórica comunión

de Pucela y el balón,

gracias a la convicción

de la sufrida afición.

 

 

De la introducción se pasa a la historia ilustrada, con la citada peculiaridad de estar escrita mediante rimas a la hora de construir los textos. Y, como complemento perfecto, unas ilustraciones ricas en detalles y minuciosidad, muy coloridas y dinámicas, con diversidad de registros, convirtiendo el conjunto en un trabajo de gran delicadeza.

José Luis Chacel (responsable de los versos), Santiago Hidalgo (de la arquitectura de la historia) y Santiago Bellido (de los dibujos) son los autores de esta maravillosa obra en la que se percibe que han volcado su pasión por el club. Un cómic que hará las delicias de todos los aficionados del conjunto vallisoletano porque en él encontrarán un material para grandes y pequeños con el que alimentar su pasión fuera del estadio.

 

Imagen de los autores de www.elnortedecastilla.es

 

Unos “Comentarios caninos” para rendir también un justo homenaje a quienes formaron parte de la historia del club pero no tienen cabida entre las páginas del álbum, un curioso “Soneto de apodos”, consistente en una relación de motes de algunos jugadores, y la “Canción de la afición, para que la canten Pucelín y Ansurón”, que propone una nueva letra para ser cantada por los hinchas blanquivioletas completan el libro.

 

 

Termino insistiendo en la calidad de este cómic, que además del disfrute me ha hecho rememorar momentos de mi cultura futbolística. Pertenezco a la generación en la que el Real Valladolid era un asiduo de las dominicales tardes de fútbol en la radio, y a la que nombres como Fenoy, Eusebio, Juan Carlos u Onésimo no le resultan extraños.

Que recuerda que los hermanos Hierro, René Higuita, Valderrama o Caminero pasaron por las filas vallisoletanas. Que también jugó allí el extraordinario Mágico González, y que hubo entrenadores como Vicente Cantatore o el Pacho Maturana. Y de los que sigue sin poder evitar la asociación de Pucela con el Estadio de la Pulmonía. Y así, otros muchos nombres y episodios que he vuelto a recordar gracias a esta publicación.

 

 

Y si para mi ha sido un auténtico disfrute, tanto por el conocimiento histórico que aporta como por la forma tan acertada en que consigue transmitirlo, y por la gran calidad de sus ilustraciones, me imagino lo que debe significar para un aficionado del Real Valladolid.

Estoy convencido de que se convertirá en una obra que grandes y pequeños harán suya y a la que recurrirán a menudo para prolongar su pasión por sus colores. Una magnífica iniciativa de brillante resultado.

 

 

 

“La vida en fuera de juego”, de Galder Reguera. Ediciones SM

 

 

He asentido, sonriendo. Pero era una sonrisa fingida. De pronto, el fútbol ya no me parecía tan genial, el vestuario apestaba a sudor y las bromas de mis compañeros ya no tenían ninguna gracia.

 

Hace un par de años, Galder Reguera escribió una de las obras de referencia no solo para los amantes de la literatura futbolera, sino para los aficionados al fútbol en general. Bajo el título de “Hijos del fútbol“, el libro es una brillante indagación en lo que significa la pasión por el deporte del balón y cómo el virus es transmitido de padres a hijos. Una aproximación desde una perspectiva original y poco explorada que tomando como epicentro la relación del propio autor con su hijo se convierte en una obra trascendental en la bibliografía futbolera.

Poco después publicó “La muerte y el hincha“, otra magnífica obra que era un auténtico homenaje a la vinculación que los aficionados establecen con sus clubes. En ambos casos se trataba de obras destinada al público adulto. Y ahora nos sorprende con una obra destinada a los lectores adolescentes y juveniles, también con trasfondo futbolero, pero con la misma brillantez de las anteriores.

Se trata de “La vida en fuera de juego“, una novela para lectores a partir de los catorce años y que viene a ocupar un lugar destacado en un segmento de la literatura no especialmente explorado debido a su complejidad. Sin duda, la adolescencia es la franja de edad ante la que más dificultades se presentan a la hora de conseguir que accedan a la lectura. Sin embargo, hay obras que acaban provocando un click en lectores de estas edades, que por las razones que sean acaban activando en ellos un interés por los libros provocado por el impacto de una obra que ha caído en sus manos. Sea por la historia, por la temática, por la identificación con los personajes, por la forma en que esté escrita o porque entiendan que en aquellas páginas se está hablando de ellos, de tanto en tanto los más reticentes a coger un libro acaban sucumbiendo al encanto de la lectura. Y “La vida en fuera de juego” es uno de esos libros que estoy convencido de que hará que más de un joven alérgico a las historias de papel acabe cambiando de opinión respecto del mundo de los libros.

SINOPSIS

Ibon tiene catorce años, vive en un pequeño pueblo del País Vasco y su mayor pasión es jugar al fútbol. Es centrocampista y se desenvuelve bien sobre el césped, pero un día descubre algo que puede acabar para siempre con su sueño deportivo: lo que siempre ha creído que es el fuera de juego no lo es en realidad. Su equipo, el Sporting de Belako, se juega en los próximos partidos ganar el título de Liga por primera vez en su historia, e Ibon intentará descubrir por sí mismo en qué consiste esa norma indescifrable. En esa búsqueda vivirá su primer amor, hallará secretos que desconocía de sus padres y hermanos y se verá envuelto en un buen puñado de despropósitos, tanto dentro como fuera del campo de fútbol.

Como cualquier chico de su edad, Ibon transita por los márgenes del agujero negro que es la adolescencia. En esa extraña galaxia llena de incertidumbres, vaivenes emocionales y continua búsqueda de la identidad propia existen unos temas y preocupaciones que afectan prácticamente a todos los que la padecen. Y la habilidad por incorporarlos a la historia es destacable. “La vida en fuera de juego” es una novela que combina con un gran acierto todos esos ingredientes, consiguiendo que el interés por todo lo que va sucediendo a Ibon no decaiga en ningún momento y que tiene su culminación en su inesperado y sorprendente final.

 

Es curiosa la vida. Tantas y tantas semanas y meses iguales, en los que nada varía, repitiendo las mismas rutinas, y de repente, en un solo día, ¡paf!, todo cambia y te conviertes en alguien completamente distinto.

 

Me parece brillante el uso del fuera de juego como elemento simbólico para describir lo incomprensible de muchas de las cosas que rodean la vida a esas edades. En el irresistible campo gravitatorio del que antes hablaba, el tránsito de la infancia a la juventud es un torbellino de situaciones en el que todo parece incomprensible. Tanto como esa particular y controvertida regla.

Una etapa de nuestras vidas en la que acostumbramos a pensar que somos los únicos que desconocemos aspectos de la vida que creemos que todos dominan. Preguntas que no nos atrevemos a formular por miedo a quedar en ridículo, aunque después, la realidad, acostumbra a ser bien diferente. Una circunstancia que afecta a Ibon y que es pieza importante en el engranaje de la historia.

Pese a que el libro me llega con cuarenta años de retraso (sin duda, de haberlo tenido en mis manos durante mi época adolescente, se habría convertido en una de esas obras que recuerdas toda la vida) lo he disfrutado como si todavía estuviera anclado en aquella edad. Porque me ha permitido recuperar al joven que fui y rememorar que los mismos temas que protagonizan la vida de Ibon son los mismos en torno a los cuales giraba mi existencia: el fútbol y la pertenencia a un equipo, el descubrimiento del primer amor, las relaciones de amistad, los inevitables conflictos familiares, el comenzar a intuir que el mundo de los adultos se mueve en torno a situaciones que nunca hubiéramos imaginado y que parecen tan incomprensibles como la norma del fuera de juego…

Todos esos ingredientes, como antes decía, son maravillosamente mezclados a lo largo de la historia, y se interrelacionan los unos con los otros, consiguiendo que experimentemos las vivencias de Ibon como propias. La inmensa mayoría de adolescentes que lean el libro se identificarán rápidamente con Ibon. Y los adultos que lo hagan entenderán un poco cómo eran cuando tenían la edad del narrador. Por eso, creo que es una lectura ideal para ser recomendadas a alumnos de ESO, y estoy convencido de que más de un profesor la incluirá en el listado de libros para trabajar con sus estudiantes. Yo lo haría.

 

Ahora es distinto. No sé cómo ni por qué, pero nos hemos alejado. Supongo que él ha cambiado y supongo que yo también.

Si sois padres haced un favor a vuestros hijos e insistid en que la lean. Seguro que dentro de un tiempo os lo acabarán agradeciendo. Y si solo sois adultos, no os dejéis engañar por el hecho de que sea un libro para jóvenes lectores. Liberad al adolescente que fuisteis y acompañad a Ibon en esta maravillosa historia.

Y disfrutad también de la banda sonora, que por ahí suena muy buena música 😀

P. D.: Por si fuera poco, la edición es magnífica, iniciando cada capítulo con unas pinceladas de lo que contiene. Y, sobre todo, por la maravillosa portada que me ha regalado un nuevo cromo para mi colección de jugadores de futbolín en las portadas de libros 🙂

La vida en fuera de juego

“Verde que te quiero verde, verde césped en la portada…”

 

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Imagen de Mordillo

 

Seguramente, todos hemos comprado alguna vez un libro por su portada. Las cubiertas, a las que no siempre se otorga la importancia que merecen, son el primer contacto con el posible lector. Muchas veces la imagen que muestran guarda una relación directa con el contenido, y pretende ser un primer indicio de lo que encontraremos en las páginas del interior. En otros casos, aún no teniendo una gran relación con el objeto de la obra, ejercen una tremenda atracción sobre nosotros.

Es habitual que en las publicaciones de determinadas temáticas predomine un color. Por ejemplo, el negro es el más habitual en las obras de género criminal. Es difícil que en una novela de piratas no aparezca el azul del océano, o que en una historia ambientada en la nieve no se utilice el blanco. Si hay sangre, el rojo. Y si hay fútbol… ¿Está claro, verdad? El verde.

Esto, evidentemente, no siempre es así, y existen numerosas obras futboleras en las que la portada no siempre recurre a la utilización del color del césped. Sin embargo, existen muchas otras en las que sí es el protagonista del fondo de la portada. Y, como se suele decir, como muestra… unas cuantas. Aquí tenéis una recopilación de portadas en las que el color de fondo predominante es el verde.

 

Rafa Cabeleira: “Alienación indebida“.

Círculo de Tiza, 2018

 

 


Wilmar Cabrera: “Los fantasmas de Sarrià visten de chándal“.

Milenio, 2012

 

 


Luis Cantarero: “Diario de campo de un psicólogo en un club de fútbol“. 

Ediciones Pregunta, 2017

 

 


 

Horacio Convertini: “El último milagro“.

Barrett, 2017

 

 


 

Simon Critchley: “En qué pensamos cuando pensamos en fútbol“.

Sexto Piso, 2018

 


 

Wenceslao Fernández Flórez: “De portería a portería“, 1957

 


 

Roberto Fontanarrosa: “Puro fútbol“.

Ediciones de la Flor, 2002

 

 


 

Manuel Mandianes: “El fútbol (no) es así

Sotelo Blanco, 2015

 

 


 

Víctor Panicello: “7000 metres quadrats de gespa“.

Estrella Polar, 2015

 


 

Dante Panzieri: “Fútbol. Dinámica de lo impensado

Capitán Swing, 2012

 

 


 

Galder Reguera y Carlos Marañón:

Quedará la ilusión. Una correspondencia durante el Mundial de Rusia

Libros del K.O., 2019

 

 


 

Galder Reguera: “La vida en fuera de juego

Literatura SM, 2019

 

 


 

Manuel Rodríguez García: “De fútbol y de hombres

Ushuaia, 2016

 

 


 

Antonio Skármeta: “El arquero de los Andes

Editorial Sudamericana, 2013

 

 


 

Javier Tebas y Pedro Torrens: “El fútbol no es así

Titano Ediciones, 2014

 

 


 

VV. AA: “El futbol és així“.

Edicions Xandri, 2018

 


 

Edgardo Marín: “Centenario historia total del fútbol chileno: 1895-1995”

Editores REI, 1995

 

 

 

Novelas con el Mundial 82 de telón de fondo

 

Naranjito

 

Hace unos días publiqué este artículo protagonizado por “Antes del huracán”, la última novela de Kiko Amat. En él hablaba de que sin ser una obra de temática futbolera, sí era posible rastrear a lo largo de sus páginas diversas referencias al mundo del fútbol. Una de ellas era el marco cronológico en el que una parte de la trama se desarrollaba: los días del Mundial 82.

Utilizar un campeonato del mundo como telón de fondo de una novela es bastante habitual. Y aquí me estoy refiriendo única y exclusivamente a obras de ficción. De hecho, casi podríamos emparejar todos los mundiales disputados con alguna.

Centrándonos en el caso del Mundial 82, y dejando al margen obras de ensayo, relatos y cómics, aquí van cinco propuestas, incluyendo la citada de Kiko Amat, en las que el campeonato del mundo de Naranjito tiene más o menos presencia.

 

Secuestro en el Mundial 82“, Basilio Rogado

Caralt, 1982

 

Basilio Rogado - Secuestro Mundial 82

 

Tanto como una novela de acción trepidante y de emoción a raudales “Secuestro en el Mundial 82” es un canto conmovido y trágico al amor filial de un hombre duro.

 


El hombre solo“, Bernardo Atxaga

Alfaguara, 2011

 

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En una España deslumbrada por los Mundiales de Fútbol de 1982, un grupo de amigos con un pasado común, la lucha armada, intenta llevar a cabo la última de las operaciones contra el sistema, que se convertirá también en la última de las operaciones contra sí mismos. Una novela de intriga en la que Bernardo Atxaga, con una escritura brillante y desgarrada, nos adentra en la mente de un hombre que todavía no ha aprendido a caminar fuera del territorio del Miedo.


 

Los fantasmas de Sarrià visten de chándal“, Wilmar Cabrera

Milenio, 2012

 

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Es verano y mientras en Sudáfrica se realiza el Mundial de Fútbol 2010, a cientos de kilómetros de allí, en Barcelona, tres inmigrantes disímiles, un exfutbolista argentino, un periodista colombiano y un gángster búlgaro, se toman la tarea de revivir el partido Italia-Brasil del Campeonato Mundial de España 1982. Lo hacen con el fin único de crear un ¿falso? tour que atraiga a los visitantes llegados a la Ciudad Condal. Un tour que recorra las calles y plazas que reemplazaron al estadio de Sarrià, entre el triángulo marcado por la avenida del mismo nombre, la General Mitre y la calle doctor Fleming. Los tres quieren aprovechar el flujo de turistas para venderles la ruta, la historia y simulados souvenirs -incluso hierba de un campo que ya no existe-. Sin embargo, su idea se ve truncada cuando intentan convencer al jardinero que cuidó el césped durante 43 años para ser el guía del recorrido. El viejo prefiere seguir en un geriátrico, en donde se recluyó, queriendo olvidarse del fútbol, tras la demolición del estadio en 1997.

 


Todas las miradas del mundo“, Miguel Mena

Suma de Letras, 2013

Miguel Mena - Todas las miradas del mundo

 

Málaga, 1982. Campeonato Mundial de Fútbol. Un miembro de la delegación neozelandesa desaparece el mismo día en que el equipo austral aterriza en la Costa del Sol. El inspector Luis Mainar, un policía solitario y sentimental, a veces atormentado por su divorcio y la enfermedad de su hija, viajará hasta el sur con intención de buscarlo, el mismo viaje que emprende un comando de ETA para ejecutar un gran atentado.Con pinceladas de novela negra, de crónica de la Transición y de relato emocional, Todas las miradas del mundo es una historia vibrante y conmovedora en la que confluyen el fútbol y la política internacional con terroristas iluminados, aficionados entusiastas, delincuentes de poca monta, jóvenes fascistas o enfermos de colza. Un caleidoscopio de una época y un país que compaginaba la sonrisa de Naranjito con la rutina de los funerales.

 


 

Antes del huracán“, Kiko Amat

Anagrama, 2018

 

 

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Año 2017. Curro lleva veinte años internado en el hospital psiquiátrico Santa Dympna, en Sant Boi de Llobregat, por un grave brote de locura homicida. Pero Curro está harto de ser un enfermo mental, quiere escapar de ahí y necesita un plan. Para ello nada mejor que su fiel Plácido, mayordomo de plastrón almidonado y calva reluciente, citador patológico de Churchill y persona capaz. Mientras amo y sirviente, unidos por un juramento, traman su huida, el lector empieza a descubrir el pasado terrible que acabó con la cordura del protagonista.

Es 1982 y Curro, un niño frágil de doce años envuelto en tics y fobias, lucha por superar los traumas de su vida: la demencia de su abuelo, el misterioso afán atlético de su padre, la obesidad de su madre, los puñetazos con su hermano y el abuso de los matones locales. Curro y su mejor amigo Priu –desgarbado, precozmente hirsuto, un genio–, nerds originales, raros de nacimiento, sobreviven como pueden en el extrarradio urbano, tierra de gente normal. Hasta el día en que estalla el huracán y todas las mentiras, todos los secretos acumulados en la familia y en el pueblo destruyen su mundo para siempre.

Antes del huracán es una obra triste e hilarante que habla de ser distinto, y estar jodido, en un pueblo de la periferia barcelonesa. En su quinta novela, Kiko Amat combina melancolía y humor para explorar los caminos que llevan de la rareza al delirio. Una inolvidable historia de locura, familia, clase obrera y amistad en el paisaje deshecho del extrarradio –cemento, espiguillas, descampados, torres eléctricas y calles sin asfaltar–, con los años ochenta, la guerra de las Malvinas y el Mundial 82 de fondo.

“Antes del huracán”, Kiko Amat. Anagrama, 2018.

 

 

 

Lo pone en mi libro Copa del Mundo de Fútbol España 1982. Lo regalaban en una caja de pensiones si abrías una cuenta con ellos. Mi libro tiene una página entera dedicada a Kevin Keegan, en la sección «Ídolos». Leo ese libro una y otra vez.

 

Hay una frase de Jorge Valdano que dice: “hay pocas novelas que tengan al fútbol como tema central. Hay muchísimas que lo tienen como paisaje”. En este mismo sentido, otra de sus afirmaciones dice que “se hace difícil encontrar novelas actuales en Inglaterra o en Argentina donde el fútbol no sea parte del paisaje social”.

Explico esto para hacer referencia a la existencia de un importante número de obras de ficción en las que el fútbol, sin ser ni protagonista ni elemento principal de la trama, está también por ahí presente, oculto entre sus páginas, apareciendo y desapareciendo como un Guadiana literario. Por ejemplo, obras como “Las manos” de Miguel Ángel Zapata, o “Lo peor de todo” de Ray Loriga, o “Una canción de Bob Dylan en la agenda de mi madre”, de Sergio Galarza, sin ser específicamente futboleras, incluyen diferentes relaciones más o menos intensas con el mundo del fútbol.

Viene esto a cuento de “Antes del huracán”, la novela más reciente de Kiko Amat publicada por la Editorial Anagrama el pasado 2018. Se trata de una maravillosa y emotiva historia, dura y trágica por momentos pero sin que falte el humor, y protagonizada por dos personajes inolvidables, Curro y Plácido, a quienes conocemos en diferentes momentos de sus vidas. Uno de ellos corresponde a la infancia de ambos, en julio de 1982, justo con el Mundial de España de telón de fondo.

 

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SINOPSIS

Año 2017. Curro lleva veinte años internado en el hospital psiquiátrico Santa Dympna, en Sant Boi de Llobregat, por un grave brote de locura homicida. Pero Curro está harto de ser un enfermo mental, quiere escapar de ahí y necesita un plan. Para ello nada mejor que su fiel Plácido, mayordomo de plastrón almidonado y calva reluciente, citador patológico de Churchill y persona capaz. Mientras amo y sirviente, unidos por un juramento, traman su huida, el lector empieza a descubrir el pasado terrible que acabó con la cordura del protagonista.

Es 1982 y Curro, un niño frágil de doce años envuelto en tics y fobias, lucha por superar los traumas de su vida: la demencia de su abuelo, el misterioso afán atlético de su padre, la obesidad de su madre, los puñetazos con su hermano y el abuso de los matones locales. Curro y su mejor amigo Priu –desgarbado, precozmente hirsuto, un genio–, nerds originales, raros de nacimiento, sobreviven como pueden en el extrarradio urbano, tierra de gente normal. Hasta el día en que estalla el huracán y todas las mentiras, todos los secretos acumulados en la familia y en el pueblo destruyen su mundo para siempre.

Antes del huracán es una obra triste e hilarante que habla de ser distinto, y estar jodido, en un pueblo de la periferia barcelonesa. En su quinta novela, Kiko Amat combina melancolía y humor para explorar los caminos que llevan de la rareza al delirio. Una inolvidable historia de locura, familia, clase obrera y amistad en el paisaje deshecho del extrarradio –cemento, espiguillas, descampados, torres eléctricas y calles sin asfaltar–, con los años ochenta, la guerra de las Malvinas y el Mundial 82 de fondo.

 

No tengo constancia de que Kiko Amat sea especialmente futbolero, pero no debe ser casual que gran parte de la trama se desarrolle en ese verano en el que la sociedad española intentaba alejarse del franquismo para integrarse en la modernidad. El Mundial de naranjito fue uno de los acontecimientos con una marcada intencionalidad de apertura hacia el exterior. Un intento de subir al tren del progreso que, muy acertadamente, creo, se utiliza en la novela en combinación con el lugar geográfico en el que se desarrolla: la ciudad de Sant Boi, comarca del Baix Llobregat, extrarradio barcelonés casi marginal que conozco bien pues nací, me crié y crecí en Cornellá, justo al otro lado del río.

 

Hojeo mi álbum de cromos España 82, y me concentro una vez más en la página de la selección inglesa. Me faltan algunos jugadores, pero no importa: voy con ellos. Mi jugador favorito es Kevin Keegan.

 

Aquel Mundial, en aquel territorio, se aparecía como algo lejano hasta que sucedió lo extraño: la selección italiana se alojaría en un hotel de Sant Boi, y prepararía sus partidos en el campo del Gavá (club en el que acabé mi carrera deportiva), dos pueblos más allá. Los niños y adolescentes de aquellas poblaciones, al comprobar que la noticia era cierta, hacían excursiones hasta esos lugares con la ilusionada esperanza de conseguir algún recuerdo que inmortalizara la presencia italiana tan cerca de los olvidados lugares en los que vivíamos. Vidas de barrios en calles sin asfaltar, muchas torres eléctricas y descampados llenos de escombros. Y un río, el Llobregat, que era el elemento que nos ponía en el mapa por sus elevados niveles de contaminación.

La magnífica novela de Kiko Amat, como decía, no es futbolera, aunque el fútbol tiene una importante presencia entre sus páginas. En forma de pinceladas de diferentes matices, de momentos casi impresionistas, a lo largo de toda la historia se va materializando en formas diversas. No hay juego propiamente dicho, ni partidos ni ligas, y tampoco son mostrados los protagonistas como niños que se pasen el día en torno a un balón (de hecho, se podría decir que uno de ellos odia ese deporte), pero hay varios momentos de cierta presencia que no pasan inadvertidos: las omnipresentes figuras de Kevin Keegan y Rumenigge, alguna referencia a Maradona, la citada estancia de la selección italiana en el pueblo, la guerra entre ingleses y argentinos y su traslado al mundo del fútbol…

Antes del huracán”, por eso, además de una extraordinaria novela que hay que leer, disfrutar y no olvidar, es un magnífico ejemplo de que existen historias, como esta, ambientadas en determinadas épocas y lugares, en las que el fútbol no puede ser ignorado. Lo futbolístico, entonces, adquiere el mismo estatus que otros ingredientes que forman parte del paisaje como la pinaza de los pinos, los sacos de cemento abandonados, los descampados llenos de paquetes de tabaco y baldosas rotas y tantos y tantos otros elementos que formaron el paisaje de décadas pasadas.

 

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Os dejo con un fragmento de la novela leída por el propio autor, y también con el texto leído por Carlos Zanón el día de la presentación de la novela en La Central. Por cierto, la maravillosa “Problemas de identidad” de Zanón en la que se recupera a Pepe Carvalho, no es, evidentemente, una obra futbolera. Pero las píldoras relacionadas con el mundo del fútbol que encontramos desperdigadas entre sus páginas son, igualmente, imprescindibles. (Aunque, dicho sea de paso, de Zanón hay que leerlo todo todo todo).

No lo dudéis. Dejad que el ‘huracán‘ de Amat os arrastre.

“La utopía del portero”, de Ángel Silvelo Gabriel. Libros Cúpula

 

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Todo está preparado. Los jugadores en el terreno de juego. Los guardametas bajo palos. El árbitro y los linieres dispuestos. Suena el pitido inicial. El balón comienza a rodar y la utopía del portero inicia su camino.

 

Termino emocionado “La utopía del portero”, maravillosa obra escrita por Ángel Silvelo Gabriel, publicada por Libros Cúpula, y ganadora del I Premio de Novela Breve Carlos Matallanas, una magnífica iniciativa impulsada desde la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE), y de la que ya se ha convocado la segunda edición.

La obra, escrita en primera persona y con un marcado tono reflexivo, desprende un profundo trabajo de meditación en torno a la vida, el fútbol, los recuerdos y la literatura, y está repleta de interesantes reflexiones y citas para guardar. Por sus páginas desfilan desde las esperanzas que invaden a un joven del extrarradio de Madrid, materializadas en la posibilidad de convertirse en futbolista profesional, a las expectativas que se acaban truncando con el paso de los años.

 

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De la terapia que significan tanto el fútbol como la literatura a los estragos que ocasiona el Alzheimer, enfermedad que padece el padre del narrador. Así, la novela es un echar la vista atrás para radiografiar unos años decisivos en la formación y evolución personal del narrador, como si con ello intentara combatir el deterioro de la memoria que está conociendo tan de cerca.

 

SINOPSIS

La utopía del portero es una novela que nos habla de la vida. El fútbol es vida y del fútbol se aprende para la vida. El fútbol es una expresión de libertad y de pasión, de diversión y mito, pero por encima de todo, es una infinita fábrica de sueños; un lugar donde se propician las segundas oportunidades, tal y como le ocurre al protagonista sin nombre de esta historia, que nos dice que: «La utopía del portero es marcar un gol. De falta. De cabeza. A la desesperada en el rechace de un saque de esquina. La utopía del portero es desear lo imposible…».

Ángel Silvelo utiliza, con criterio y habilidad, las referencias futbolísticas de algunos de los hitos de la selección nacional de los últimos cuarenta años, para trazar el arco vital del protagonista. La obra tiene como eje narrativo principal el mítico partido del 12-1 de España a Malta, además de ser este el único anclaje que el protagonista encuentra para que su padre, enfermo de Alzheimer, vuelva a ser quien fue. La utopía del portero es una novela que reflexiona sobre los sueños y las decepciones que el tiempo acarrea, y a su vez, sobre la necesidad de madurar, luchar y no perder la esperanza.

Premio C Matallanas web nota_483

 

Cuando salí de su consulta, pensé: el partido ya ha comenzado, y el primer gol en contra ya ha subido al marcador. A partir de ese día, a la soledad del portero le harían compañía el silencio y el olvido. Nabokov dijo que el trabajo de un portero es como el de un penitente. Y no le faltaba razón.

 

Que el narrador fuera portero durante su andadura en los equipos en los que militó durante su infancia y juventud no es casual. Seguramente no existe otra posición en el campo en la que encaje tan bien la capacidad de reflexionar. Pensar, evocar, recordar, analizar… son actividades que podemos vincular fácilmente a la pausa y singularidad de esa extraña figura que es el guardameta. Hay que ser especial para ponerse bajo los palos. No hay posición más solitaria que la suya. Y por eso, seguramente, nadie más que un portero podría realizar el ejercicio de introspección que encontramos en “La utopía del portero”.

La escritura es directa, de frases cortas, como zarpazos y destellos que busquen la inmediatez de la palabra para que el recuerdo no se acabe diluyendo en la memoria. El escenario de fondo es, sobre todo, el de las décadas de los 70 y los 80, una cronología que conozco muy bien, con el Mundial 82 como acontecimiento de referencia. Comparto, con el autor, referentes culturales y sociales.

Aunque la historia esté situada en Madrid, los extrarradios de las grandes ciudades (de Barcelona el mío) tienen elementos comunes que los hacen perfectamente extrapolables. Yo también jugué en terrenos de juego delimitados por un terraplén. También conocí el estilo del fútbol de aquellos años de campos de tierra tan alejados de los actuales derechos de televisión. Y también viví aquel mítico 12 a 1 que la selección española endosó a la de Malta y que tan importante es en la novela, pues se trata del único punto de contacto con la realidad que el Alzheimer permite al padre del narrador.

 

Fuera de los límites de un terreno de juego, la utopía del portero es silenciosa y solitaria. Como la lucha interna del enfermo contra su enfermedad. Las dos se desarrollan de una forma uniforme. Bajo la vía láctea. Donde todos luchan por sus sueños.

 

No falta la presencia del oficio de escribir y el papel de la literatura. Y aparecen los nombres de Nabokov, Sartre, Gunter Grass o Camus, entre otros, dibujando una vinculación entre las terapias curativas que fútbol y escritura proporcionan.

“La utopía del portero”, como apuntaba al principio, me ha parecido un auténtico gozo de obra, de aquellas que invitan a la reflexión y a la relectura, que hay que leer con detenimiento, y de la que no podemos olvidar su componente solidaria. Precisamente, vale la pena destacar la magnífica iniciativa de la AFE al promover un premio de estas características, puesto que los beneficios que se obtengan de la venta del libro irán destinados íntegramente a FUNDELA (Fundación Española para el Fomento de la Investigación de la Esclerosis Lateral Amiotrófica).

Transcribo la información que al respecto aparece en el libro:

Las botas con las que jugaba Carlos Matallanas, periodista, exfutbolista, único miembro honorífico de la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE) e incansable luchador contra la ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica), presiden la sede de AFE en Madrid y son un símbolo de la lucha, la firmeza, la rebeldía y los valores de un enorme deportista.

En honor a su valentía y determinación, y coincidiendo con el XL Aniversario de la AFE, la asociación convocó el I Premio «Carlos Matallanas» de novela breve, símbolo de la unión entre cultura y fútbol. El resultado de esta iniciativa es el libro que tiene en sus manos, una muestra del compromiso firme en la defensa de los valores y la responsabilidad social por la que AFE apuesta desde hace años con diversas acciones.

 

Insisto: una maravilla de obra con un trasfondo solidario. Podéis leer un fragmento haciendo clic aquí.

Aquí tenéis un par de videos en los que el autor habla tanto de la novela como de Carlos Matallanas:



Y aquí el vídeo de presentación del premio con la participación del propio Carlos Matallanas:

Balones que desaparecen en balcones

 

Imagen: El balcón de los balones perdidos”, obra presentada por el artista valenciano LUCE para la Bienal de Pintura y Escultura de Mislata (Valencia) celebrada el 2016. 

 

 

“Había balones colgados por todo el barrio. Los había en los balcones de pisos vacíos, desinflados en un rincón del trastero, pinchados en solares olvidados, entre los zarzales de campos de tierra o perdidos en las laderas de Montjuich. Algunos fueron míos, como el Mikasa de cuero rojo y blanco que me habían regalado por Reyes cuando era un enano. Aquel balón había durado años, se había despellejado en el asfalto del barrio hasta que una tarde se colgó en un balcón de una casa que llevaba años con la pancarta de En venda. Otros balones, los del Chusmari, que era el que más había perdido porque era el que más traída de los mercadillos, o los del Pista o del Peludo, también habían terminado colgados en balcones o atropellados o perdidos por ahí”.

Fragmento de “La inmensa minoría“, de Miguel Ángel Ortiz. Literatura Random House (2014)