“La muerte y el hincha”, Galder Reguera. La Caja Books

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“Yo era el único que creía que el amor por nuestros colores era incompatible con cualquier otro, estuviéramos en segunda B o en tercera división, ganáramos o perdiéramos. Eso me lo enseñó mi padre”.

 

¿Cómo funciona el engranaje emocional de un aficionado al fútbol? ¿Cuál es el secreto de ese enigmático impulso que lo lleva a vincular su vida al seguimiento por un equipo? ¿Cómo es posible que un fenómeno como un partido de fútbol, en el que no somos más que meros espectadores de cuanto sucede, llegue a afectarnos tanto como lo hace? ¿Puede el deporte del balón condicionar nuestras vidas hasta el punto de acabar con ellas?

El mítico Bill Shankly decía: “Algunos creen que el fútbol es solo una cuestión de vida o muerte, pero es algo mucho más importante que eso”. Santiago Roncagliolo, por su parte, escribía hace unos días un artículo en el diario El País titulado “Fanáticos” en el que dice: “En el fondo, los hinchas son así. Cada uno se identifica con algo tan vago y general como unos colores, y está dispuesto a dar la vida por ellos. No existen explicaciones de por qué cada persona asiste a un estadio, se endeuda para viajar a un mundial, llora más por la derrota del equipo que por su propio divorcio”.

Y, casualmente, el periodista Màrius Carol escribía también hace unos días el artículo “Tributo al fútbol” en La Vanguardia, donde decía: “He vuelto a releer el relato de Camus antes de la final del Mundial para entender por qué nos gusta tanto este deporte, por qué es capaz de hacernos tan felices o tan desdichados el hecho de que un balón entre o no en la portería”.

Así pues, la pregunta está clara: ¿dónde está el límite entre la pasión por un equipo y la propia vida?

 

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Ese planteamiento de fondo es el que encontramos en “La muerte y el hincha”, una novela corta de Galder Reguera que se incluye en esa maravilla que es “La Caja del Fútbol”, la atractiva y original propuesta editorial de La Caja Books. La caja en cuestión incluye también “La religión esférica” de Enrique Carretero y “Maradona en Humahuaca y otros goles con historia”, de Vicent Chilet.

 

“Qué sabían ellos, si su fútbol era de oro, de oro y brillantes y plástico y estadios llenos y focos que deslumbran. Qué sabían”

 

La muerte y el hincha” es una novela corta que se acaba devorando en un suspiro, casi como una obra de intriga pues las macabras coincidencias que van afectando a los protagonistas nos van arrastrando hasta la resolución de la historia. Pero es mucho más que eso, pues también plantea una acertada y profunda reflexión sobre lo que significa ser un aficionado al fútbol. Galder Reguera demuestra una vez más su habilidad a la hora de abordar lo futbolístico desde diferentes perspectivas.

Ya lo hizo con la maravillosa e imprescindible “Hijos del fútbol”, donde aplicaba el microscopio para descifrar cómo funciona la transmisión de la afición futbolera de padres a hijos. Y lo vuelve a hacer ahora, con una invitación indirecta a situarnos en el lugar de los protagonistas y terminar preguntándonos qué haríamos nosotros en su lugar.

SINOPSIS

 

Maka, Ariel, Mikel y Sergio son cuatro amigos unidos por una pasión: el fútbol. Cada uno es hincha de un equipo distinto. El día en que su club juega la final de la Copa del Rey, Maka aparece muerto en su cama. La desolación por la coincidencia de la muerte del hincha con la final de su equipo deja paso al miedo cuando lo mismo sucede con Ariel. El día en que su equipo disputa la ansiada final, muere. Quedan Sergio y Mikel. El destino enfrentará a sus clubes en una semifinal. ¿Celebrarán los goles de sus equipos, aunque la victoria tal vez suponga morir? ¿Desearán la derrota del club al que aman?

Galder Reguera ha escrito una conmovedora reflexión en torno a la figura del aficionado y el sentido último de la adhesión irracional a unos colores. Maka y su abnegada visión de la vida, donde la normalidad no se celebra. Ariel, hijo de intelectuales argentinos, con su pasión oculta en el armario. Mikel y su sensación de que el fútbol tritura a los héroes anónimos de la grada. Sergio y los recuerdos de un padre que ya no está. La muerte no se comprende, mascullan. Pero, ¿y la vida?

 

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Aquí hay aficionados al fútbol. Los parámetros que rigen a unos u otros, acaban siendo en el fondo los mismos, tanto si tu equipo es uno de los grandes, habituados a disputar finales a menudo como si es uno de los que se ven obligados a arrastrarse por el infierno de la segunda B. La afición, cuando es sincera, es vivida de la misma manera por unos y otros. Bueno, decir “vivida” en este caso puede sonar a sarcasmo, pues habría que decir, más bien, “muerta”.

A medida que las muertes de los protagonistas se van sucediendo la inevitable pregunta va cobrando cada vez más fuerza. ¿Qué importa más, la propia vida o la victoria de tu equipo? Este, como decía, es uno de los grandes temas de la novela, pero no faltan otros igual de interesantes en tanto que ayudan a comprender el significado de la condición de aficionado al fútbol.

 

“¿Unos niños jugaban con un balón, los bancos de la plaza como porterías? Qué bonita es la vida a veces, Maka.”

 

Así, hay referencias a la forma de vivir las victorias y las derrotas en función del tipo de equipo a quien uno siga (habituales a disputar finales o a “hundirse en las profundidades del fútbol de barro de la segunda B), al desprestigio que lo futbolístico ha tenido desde la esfera de lo intelectual (cada vez menor, afortunadamente), o a la transmisión de la afición por el fútbol que se produce entre padres e hijos, entre otros.

 

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Se trata, en definitiva, de una novela que cualquier aficionado al fútbol debería leer. Por un lado, porque se trata de una original trama que te acaba enganchando desde la primera frase:

 

“Tenían que hacerlo. Sabían que nadie lo comprendería. Sospechaban que era delito. Pero lo sentían como una obligación”.

Y, por otro, porque es una de esas lecturas que no abundan y que son muy necesarias para que todos aquellos que nos declaramos futboleros nos formulemos preguntas acerca de nuestra afición. Reflexionar sobre aquello que somos y hacemos siempre es sano.

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