“Desde los ojos de Lucas”, Juan Carlos Quezadas y Arianna Vairo. A Buen Paso

 

 

“La fabulación del fútbol desde un barco en alta mar. Una demostración de lo que la palabra hace por el balompié. Un estilo poético, en frases breves, contundentes, lleno de alusiones sutiles. Es entrañable la idea del fútbol como alimento de los hombres solos”.

La frase anterior es de Juan Villoro, y aparece en la contraportada de “Desde los ojos de Lucas”, un álbum ilustrado que es una auténtica maravilla tanto por la historia que explica como por las ilustraciones que lo acompañan.

“No había ocupación mejor, en aquellas noches en medio del mar, que sentarse cerca de él a escuchar el partido.

Cada noche a las nueve.

Allí estábamos, apretujados en la estrechez de su camarote, doce, quince marineros de La bicicleta de Colón, a la espera del silbatazo inicial”.

Imagen de www.ariannavairo.com

El autor del texto es de Juan Carlos Quezadas, y las imágenes de Arianna Vairo. Publicado el año pasado por la editorial A Buen Paso, se trata de la obra ganadora del concurso “Cuentos de Fútbol” que el periódico mexicano Récord convocó el año 2006.

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Desde los ojos de Lucas” describe la historia de un grupo de marineros que cada noche se reúne en torno a Lucas, uno de los miembros de la tripulación, para “escuchar” el fútbol. A las palabras de Villoro no hay más que añadir la sinopsis, en la que podemos leer:

La palabra es la fuerza esencial que da forma al universo. Lucas lo sabe y cada noche se dedica a forjar historias para que los marineros de un barco que se encuentra siempre al otro lado del mundo mantengan la esperanza.

Lucas ha visto todos los partidos de fútbol, absolutamente todos, y en medio del mar se encarga de recrear para aquellos hombres solitarios los vaivenes y los sueños y las alegrías que esos juegos han desatado.

Al caer la noche la oscura pared de su camarote se convierte en una pantalla donde se reflejan los colores más hermosos, jugadas imposibles, batallas que dejan herido el corazón.

Desde los ojos de Lucas”, un cuento para leer el fútbol de otra manera.”

 

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Podéis mirar algunas páginas del libro haciendo clic en este enlace.

 

 

Julian Barnes, “El sueño” y el Leicester City

 

 

Una vez más, me veo navegando en un episodio paranormal. El causante, en esta ocasión, es uno de esos escritores que durante unos años seguí y cuya obra siempre me ha parecido más que interesante: Julian Barnes.

En 1983, el número 7 de la revista Granta publicó un artículo en el que hablaba de una nueva generación de autores británicos, de un “Dream Team” de las letras inglesas integrado por Martin Amis, Ian McEwan, Hanif Kureishi, Salman Rushdie y Kazuo Ishiguro.

Y como capitán de tan poderosa escuadra el citado Barnes, en relación con quien, como decía, os quiero explicar uno de esos extraños episodios que tan a menudo me suceden, que tanto gustaría a Paul Auster y en el que el azar, la casualidad o la simple chiripa es el gran protagonista.

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A medida que mis investigaciones sobre fútbol y literatura han ido avanzando, he descubierto que son numerosos los autores interesados por el mundillo futbolístico, a la vez que son cada vez más los que no se esconden y se atreven a escribir y hablar sobre ello. En el caso del listado anterior, puedo mencionar algunas aproximaciones al mundo del balón. Por ejemplo, la frase de Martin Amis:

“Sé cuál es el atractivo del fútbol. Es el único deporte que habitualmente se decide por un tanto, así que la presión en el momento es más intensa en fútbol que en cualquier otro deporte”.

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O de Salman Rushdie:

“Vale, publicar un libro y lanzar una película está muy bien, pero que el Tottenham le gane 3-2 al Manchester United no tiene precio”.

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En el caso de McEwan, leo en una entrevista relacionada con la aparición de su última novela, “La ley del menor”, una referencia a la visita a un estadio de fútbol.

Y en lo que a Kureishi respecta, conozco referencias al mundo del fútbol en una de sus obras cumbre, “El buda de los suburbios”, cuyo narrador, en un pasaje de la novela, explica:

“Durante un tiempo realmente quise ser el primer delantero centro indio que jugara para Inglaterra y la escuela me mandó al Millwall y al Crystal Palace para que me pusieran a prueba”.

Y poco después:

“Y no es que me encantaran los partidos en vivo. Había que estar ahí de pie, con ese frío y carámbanos en los huevos, y cada vez que un jugador estaba a punto de marcar un gol, el estadio entero daba un brinco al aire y lo único que se alcanzaba a ver eran gorros de lana.”

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En resumen, que como la mayoría de los ingleses el fútbol es un polo de atracción incluso para intelectuales del nivel de los citados.

Pero, ¿y Julian Barnes? ¿No habíamos comenzado hablando de él? ¿Tendrá algún tipo de relación con el fútbol?

Exquisito, elegante, erudito, intelectual, el más francés de los autores ingleses para algunos críticos (de hecho, sus padres eran profesores de francés y él creció siendo un apasionado de la cultura francesa), Barnes es una de esas figuras que me cuesta imaginar fuera del ámbito de la filología y la creación literaria, lejos del mundanal ruido, en un entorno de recogimiento creativo, llevando una vida metódica. Me cuesta visualizarlo siguiendo a un equipo de fútbol, apasionándose ante un partido, declarándose aficionado de algún club, repasando los diarios deportivos del lunes y los resultados de la jornada.

Sin embargo (vamos con las casualidad que os quería explicar) resulta que el gentleman Barnes es un gran aficionado al fútbol y seguidor de un equipo de la Premier League. ¿De cuál? Paciencia, que ahora os lo explico.

Imagen de www.elpais.com

El otro día, mientras ponía orden entre los libros de una estantería de casa, tropecé con los libros de Barnes que tengo. “El loro de Flaubert”, “Amor, etcétera”, “Hablando del asunto”… y “Una historia del mundo en diez capítulos y medio”. Cogí este último volumen e inmediatamente recordé cuanto me había gustado en su momento, uno de aquellos libros que te dejan una huella imborrable, pese a que el paso de los años (como ocurre con tantos y tantos otros) hace que olvides gran parte de su contenido.

El caso es que me puse a ojearlo y a hojearlo, hasta que en el rápido pasar de páginas me pareció haber visto una palabra: “fútbol”. Busqué más detenidamente y descubrí que la palabra aparecía en el último capítulo del libro, cuyo título es “El sueño”.

El sueño” es un relato que transcurre en el cielo. Un cielo al que va a parar el narrador, en el que nada es como se había imaginado y en el que, entre otras cosas, se puede conseguir todo lo que uno desee. Una historia, como tantas y tantas otras (por desgracia) que mi memoria no recordaba.

Y ahora, lo que nos ha traído hasta aquí. En el relato hay una serie de referencias al fútbol, puesto que el narrador es aficionado de un equipo de la Premier League. ¿Sabéis cuál? El Leicester City. Sí, el actual líder de la liga inglesa.

Imagen de www.leicestershirefa.com

Resulta que Julian Barnes es aficionado de ese equipo. De hecho nació en Leicester, y uno de los deseos del narrador del relato en cuestión es, justamente, que su equipo de siempre consiga algún triunfo. La referencia es esta:

“Abrí el periódico que Brigitta había tenido el detalle de poner en mi bandeja y casi derramo el té. Bueno, lo derramé, sólo que esas cosas ya no le preocupan a uno. Era noticia de primera plana. Bueno, lo habría sido, ¿no? El Leicester City había ganado la Copa. En serio, ¡el Leicester City había ganado la Copa! No se lo habrían creído, ¿verdad? Bueno, puede que ustedes se lo creyeran, si no entienden nada de fútbol. Pero yo sé unas cuantas cosas sobre fútbol, y he apoyado al Leicester City toda mi vida, y yo no me lo hubiera creído, ésa es la cuestión. No me malinterpreten, no estoy criticando a mi equipo. Es un buen equipo, muy bueno a veces, pero nunca gana las grandes competiciones. Campeones de Segunda División, tantas veces como quieran, oh, sí, pero nunca han ganado la Primera División. Subcampeones, una vez, sí, sin problemas. Respecto a la Copa…, es un hecho innegable, que en todo el tiempo en que yo he sido hincha del Leicester City (ni antes de eso tampoco) nunca han ganado la Copa. Tuvieron un buen historial de llegar a la final en los años de posguerra… y un historial igualmente bueno de no llevarse el trofeo. 1949, 1961, 1963, 1969, ésos fueron los años negros, y una o dos de esas derrotas fueron, en mi opinión, especialmente cuestión de mala suerte, de hecho yo señalaría… De acuerdo de acuerdo, ya veo que no les interesa el fútbol. No importa siempre y cuando entiendan el dato fundamental: el Leicester City nunca había ganado nada que valiera la pena y ahora se había alzado con la Copa posprimera vez en la historia del club. Y además el partido debió de ser la mar de emocionante, según el periódico: el City ganó por 5 a 4 en la prórroga después de ir perdiendo nada menos que cuatro veces. ¡Qué actuación! ¡Qué mezcla de destreza y puro carácter! Me sentía orgulloso de los muchachos. Brigitta me conseguiría el vídeo al día siguiente, estaba seguro de que podría. Mientras tanto, bebí un poco champán con el desayuno que tomé de cena.”

Las referencias futbolísticas no acaban ahí, puesto que en el siguiente párrafo vuelve a aparecer la “soñada” gesta del Leicester, en forma de dos pinceladas separadas por unas pocas líneas:

“El Leicester City ganó la Copa, como creo haber dicho”.

“El entrenador nacional elegía a todo el equipo del Leicester City en bloque para representar a Inglaterra en la Copa del Mundo y volvían con el trofeo Jules Rimet (derrotando a Brasil 4 a 1 en una final memorable)”.

Imagen de www.thecomeback.com

 

El mundo del fútbol sigue presente un poco después, esta vez en relación a otro equipo:

“Conocí a Duncan Edwards y al resto de los jugadores del Manchester United que iban en el avión que se estrelló en Munich. También conocí a algunos jugadores de los primeros tiempos del Leicester City, la mayoría de cuyos nombres probablemente no les dirían nada”.

Y continua más adelante, ahora sobre futbolistas:

“Por ejemplo, conocí a todos los futbolistas que habían existido. Empecé por los famosos, luego los que yo admiraba aunque no fueran especialmente famosos, luego los corrientes, luego aquellos cuyos nombres recordaba sin recordar su aspecto ni su forma de jugar; finalmente pregunté por los únicos que aún no conocía, los jugadores antipáticos, aburridos o violentos a los que no admiraba en absoluto. No disfruté conociéndolos –eran tan antipáticos, aburridos y violentos fuera del terreno como en él- pero no quería quedarme sin futbolistas. Finalmente me quedé sin futbolistas. Pedí ver a Margaret otra vez.

         – He conocido a todos los futbolistas –le dije.

         – Me temo que tampoco sé mucho de fútbol.

Por si todo eso no fuera suficiente, unas líneas después regresa con una fantasía futbolera en la que marca un gol con su equipo:

“Dejé el tenis. Jugué con el Leicester City en la final de la Copa y me llevé una medalla de ganador (mi tercer gol, un potente cabezazo desde una distancia de doce metros, decidió el partido)”.

Y, ya al final del relato, una nueva referencia al histórico partido en el que su equipo ganó la Copa.

“Vi mi vídeo de la victoria del Leicester City por 5 a 4 en la final de la Copa, aunque no era lo mismo, sabiendo lo que sucedió”.

Así que, como podéis comprobar, no solo existe una afición de Julian Barnes por el mundo del fútbol. De hecho, he descubierto otra frase suya vinculada al fútbol:

“He estado jugueteando durante décadas con la idea de escribir sobre un linier de fútbol: un tío (ahora también puede ser una mujer) que es periférico, necesario y poco valorado”.

Leicester lider Premier League

Quien sabe si tendrá que cambiar el argumento de su posible historia y adaptarlo al deseo que manifestó hace más de treinta años en relación con su equipo. Vista la situación actual de la Premier League, la pregunta es: ¿se acabará cumpliendo “El sueño” de Julian Barnes?

Y la otra pregunta que me hago es: ¿Por qué después de años sin tocar ese libro regreso a él precisamente ahora, por pura casualidad, cuando el Leicester City va líder? Estos sucesos, ¿me ocurren solo a mi?

Imagen de www.doblecinco.mx

Dedicatoria de Santiago García y Pablo Ríos: dos auténticos cracks

 

Imagen de www.enunmomentillo.es

¿Recordáis a Gorm, aquel personaje de la serie Vickie el Vikingo? ¿Os acordáis de su frase más conocida? Os refresco la memoria:

¡Estoy entusiasma-do!

Y entusiasma-do me siento también yo después de convertirme en el afortunado poseedor de una dedicatoria personalizada de dos auténticos cracks: Santiago García y Pablo Ríos.

Autores de dos obras imprescindibles para los amantes de la literatura futbolera como son “Fútbol. La novela gráfica“, publicado por Astiberri Ediciones y “El portero“, editado desde la Fundación del Athletic de Bilbao con motivo de la última edición de “Letras y fútbol“.

El Portero

Un “portero vocacional” y un “goleador de raza”.


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Dos auténticos fenómenos con un juego lleno de malabarismos y filigranas, de profundidad y vistosidad, y cuyos movimientos sobre el terreno de juego son un auténtico espectáculo para los buenos amantes del fútbol y la literatura.

Lo dicho, ¡que estoy entusiasma-do!

¡Muchas gracias, cracks!

 

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Doce meses, doce dorsales: con el número 2, ‘Febrero’

 

Imagen de www.eumd.es

 

Si el calendario fuera un equipo de fútbol, el número 2 lo llevaría el mes de febrero. Y febrero, en la literatura futbolera, juega más o menos así:

“Revelé todo, nuestro secreto de hermanos, en aquella edición de mediados de febrero de 1964 del Jornal dos Sports. El don para leer en las auras multicoloridas de compañeros y adversarios un mapa fluido de puntos flacos y fuertes que se movían por la cancha. La visión anticipada de la jugada por un escaso mas decisivo segundo en el que cabía el mundo entero. La preocupación de la mae-de-santo que diera a luz al prodigio al vislumbrar en la infancia del hijo, en un pueblito distante llamado Merequendu, los desafíos que le guardaba su grandioso futuro. Un furo que estaba escrito en las estrellas y que todo indicaba que incluiría el Mundial de Inglaterra, dentro de dos años, en el cual el hechizo decente de Peralvo sería un arma de grueso calibre en la tercera conquista consecutiva de la copa. Eso parecía cada vez más claro y sólo podía ser rebatido, concluía el texto en gran estilo, «por gente de poca visión, poca luz y poca fe».

Fragmento de “El regate“, de Sergio Rodrigues. Anagrama, 2014.

 

 

Imagen de www.mercafutbol.com