«Nunca fuimos más felices», de Carlos Marzal (Tusquets, 2021)

Vayamos al grano. Escribo esta reseña con la única intención de convencer a quien me quiera escuchar de que nos encontramos ante un libro que, pese a la fealdad de la expresión, es de lectura obligatoria. Y no solo para futboleros, sino para cualquier amante de la lectura. Y dicho esto, debería poner aquí mismo el punto y final a este artículo, porque me siento tan impotente a la hora de escribir algo mínimamente digno de lo que este libro nos ofrece que me entran ganas de sacar la bandera blanca y rendirme.

Y es que se me hace muy cuesta arriba utilizar la escritura para escribir algo sobre lo que alguien me ha hecho disfrutar tanto mediante la escritura. Es como si me dijeran: lanza una falta de modo que todos entiendan cómo lanzaba las faltas Maradona. O haz alguna jugada de las que hacía Mágico González. Imposible, ¿no? Pues esto es lo mismo. Esto es un: explica con palabras lo que las palabras de Nunca fuimos más felices explican.

Pero bueno, como la causa lo merece, voy a tragarme la vergüenza y haré lo que buenamente pueda. ¿No dicen que quien hace lo que puede no está obligado a más? Pues eso.

Carlos Marzal ha escrito una de las obras de referencia de la literatura futbolera. Toque a toque, capítulo a capítulo, ha construido un universo compuesto de infinidad de aspectos relacionados con el fútbol. El caudal de brillantes reflexiones y análisis es tan apabullante que se hace imposible acometer la tarea de ofrecer un simple resumen. Y subrayar o destacar algunas citas es tarea inútil, pues uno acabaría por llenarlo todo de señalados y post-its.

Imagen de Marcos del Mazo/LightRocket via Getty Images

Por las páginas del libro desfilan reflexiones de todo tipo, opiniones sobre aspectos prácticos y análisis teóricos, sobre el seleccionador que cada uno llevamos dentro, los sueldos de los jugadores, anécdotas de ilustres aficionados futboleros, alineaciones literarias que son auténticos tratados de literatura o divagaciones sobre lo estético y lo artístico.

Voy a acuñar una definición de buen aficionado al fútbol. Otra más. Aquel que nunca acude al campo sin pensar que el mundo merece la pena, también, porque hoy hay partido, pero que nunca se marcha del campo pensando que el partido de hoy le ha arruinado el mundo.

Pero, sobre todo, hay una reflexión continua sobre la paternidad y la relación entre padres e hijos, por la aportación vital que el sentimiento de pasión hacia el fútbol provoca y aporta, por el sentido de la literatura. Y apuntes sobre la amistad, reflexiones artísticas, anécdotas y episodios desternillantes. E incluye (¡ojo al dato!) un acertadísimo análisis de la tonalidad del césped y de la irrealidad que la iluminación de los estadios puede llevar a generar. ¡Y hasta una oda a la tortilla de patatas de los descansos que es una auténtica delicia! Y todo ello con una maravillosa forma de escribir, personal, rica y fluida, que hacen que el disfrute de la reflexión se multiplique con el deleite de la lectura.

A menudo pienso en la equivalencia de estilos entre la literatura y el fútbol. ¿Qué sería en fútbol lo barroco, lo neoclásico, lo conceptista, lo luterano? ¿Qué sería simplificando a más no poder, el estilo transparente, frente al estilo recargado? ¿El estilo que aspira a aparentar no tenerlo, frente al estilo que se quiere subrayar decir su nombre y apellidos?

El fútbol es infinito. Bajo su aparente simplicidad (el típico once tíos en pantalón corto corriendo detrás de una pelota) se oculta toda la complejidad de la vida y nuestra existencia. El fútbol es un espejo en el que se reflejan infinidad de cuestiones de nuestra existencia, y en Nunca fuimos más felices es como si Carlos Marzal hubiera ido haciendo una fractal arborescencia en forma de braimstorming de todos esos múltiples elementos y los hubiera ido desarrollando hasta formar con cada uno de ellos las infinitas piezas que dan forma al libro.

En términos de entusiasmo íntimo, vale lo mismo el gol que se marca en la final de un mundial que el gol que marca un niño de seis niños, en el parque de su barrio, cuando juega con sus amigos dando patadas a una lata de cerveza vacía.

Como si fuera una especie de dietario en el que ha ido anotando sus reflexiones a medida que iba experimentando situaciones derivadas de la actividad futbolera de su hijo, el resultado final es de una profundidad y complejidad apabullante, porque sus afirmaciones son tan acertadas y llenas de matices que uno no puede hacer más que rendirse e ir haciéndose a la idea de que ese libro no es un simple libro, sino una obra a la que volver continuamente, por el puro deleite de la lectura, por afianzar alguna opinión o por recuperar algunas de las brillantes reflexiones que incluye.

El gol, si además sirve para la victoia, no tine un mas allá ni un más acá, no admite más comentario ni más explicaciones que su disfrute mayestático. El satori terrenal (valga el sinsentido), el nirvana de los pobres, el despertar místico portátil y al alcance de todos. El gol, el gol de la victoria, significa la catarsis suprema, la reconciliación con el presente. Gol, eureka.

SINOPSIS

Una invitación entusiasta a lo mejor de la vida. Una reivindicación de la felicidad, el amor y la amistad a partir del fútbol.

Este libro es un tratado literario de filosofía epicúrea que reivindica la felicidad y ensalza el amor, la amistad, los libros, la bondad… a partir del fútbol. El narrador parte de los entrenamientos y partidos de su hijo, pero también de la pasión hacia las grandes ligas, los jugadores míticos o sus recuerdos infantiles como aficionado, con la «liturgia» que significaba ir al campo, y en cada uno de estos aspectos, en cada anécdota, en cada rememoración, abandona el fútbol para adentrarse en temas universales. Carlos Marzal va y viene, cuenta ritos de paso, escenas divertidísimas con padres que animan a sus hijos, conversaciones con otros escritores aficionados, historias sin fin que culminan en un capítulo emocionante, el del homenaje a su amigo Antonio Cabrera. El lector descubre entonces que el libro es en realidad un recorrido por la vida, y una invitación a lo mejor de ella, porque para una mirada entusiasta todo forma parte de un mismo universo.

Antes he citado algunos de los asuntos que se tratan en el libro, pero voy a seguir con algunos ejemplos más, porque también se habla sobre la nostalgia, sobre la importancia de las aficiones en nuestras vidas, sobre el placer de las pequeñas cosas, las idiosincrasias nacionales, la pertenencia de por vida a un mismo club, , el espacio de intimidad que proporciona el interior de un coche, los estadios con pista de atletismo, la felicidad del gol, los silencios en los estadios, la sobreabundancia de opiniones, sobre la escritura, los partidos de veteranos… y así hasta el infinito. Un infinito que pasa por un charco y las botas de agua como antídoto. Y del kit de emergencia para los padres de hijos futboleros… Y de… y de… y de…

Aunque haberlas haylas, no abundan las obras que proporcionan un corpus de opinión para el aficionado al fútbol. El aficionado al fútbol de verdad, el que pone el placer y el disfrute del juego por encima del hooliganismo. El que se siente cercano a esa idea del fútbol humanista que el autor defiende.

La asociación simplista de que Brasil es barroca por tocar más veces el balón (en según qué épocas) y por crear una tradición del alarde técnico; y que Alemania (digamos) es neoclásica por tender al fútbol directo, de apariencia más física, sin florituras, es una asociación falsa. Tan bello es el juego alemán como el brasileño, cuando son bellos: es decir, cuando son eficaces al máximo siguiendo las inclinaciones de su estilo. De su estilo propio. Por eso la belleza es verdad y la verdad es belleza.

Nos encontramos ante una especie de big bang del que nace un personal pero complejísimo universo futbolero. Porque por el libro desfilan infinidad de aspectos directamente relacionados con este mundo del balón. Más o menos importantes, todos ellos forman parte del fútbol: desde la vertiente empresarial del negocio hasta los aparentemente insignificantes y potencialmente productivos tiempos de espera en un aparcamiento a que tu hijo termine de entrenar en una fría tarde de invierno.

El fútbol se alimenta y se construye a partir de todo ese magma. Importan los dirigentes, los grandes nombres y los partidos históricos. Pero también esas pequeñas cosas como el kit de supervivencia que todo padre de jugador debe llevar en el maletero, o el recuerdo de acudir al estadio a ver un partido de tu equipo, o las horas y horas de conversaciones con tu hijo durante los trayectos hacia los entrenamientos y los partidos. Asuntos que no tienen repercusión mediática alguna, pero que son tanto o más fútbol que el de los grandes titulares. Y gracias también a todo ello tiene el fútbol la grandeza que tiene.

Creo que una de las razones por las que el fútbol, que constituye una enorme ceremonia -como casitodo el deporte, a grandes rasgos-, es un espectáculo de carácter ecuménico, universal, es el hecho de que permite a todo el mundo elevar lo cotidiano a la categoría de ceremonia privada. El espectador del fútbol es una criatura ritual.

Carlos Marzal rompería la banca si lo llamaran para un recuperado Un, dos, tres y le dijeran: por 25 pesetas, diga cuestiones que tienen que ver con el fútbol. Y él comenzaría su retahíla y mencionaría las ciento treinta y cuatro que componen cada uno de los capítulos del libro. Y estoy convencido de que podría seguir citando otras. Pero como sucede con el tiempo en los concursos, que se acaba, también ocurre con los libros, cuyas páginas son finitas. Sea como sea, el resultado es una obra brillante en lo literario, apabullante en cuanto a la reflexión y el caudal de ideas que se vierten en ella, e inagotable porque es un pozo al que regresar una y otra vez.

Las nuevas botas son un borrón y cuenta nueva con respecto a todo lo jugado, y una manera de volver a empezar con todo lo aprendido. A las botas nuevas se les transfiere toda la experiencia de las viejas botas, toda la experiencia de nuestros pies, toda la experiencia de lo jugado, de lo entrenado, de lo imaginado, de lo soñado.

Una obra que concluye con los dos capítulos más extensos, un maravilloso homenaje a la figura de su amigo el poeta Antonio Cabrera, y también a la vida y su fragilidad, y la importancia de tomar conciencia de lo necesario que se hace ser plenamente conscientes de lo que en cada momento estamos viviendo. Y esa idea de hacer lo posible por fijar vivencias para no olvidarlas nunca y tenerlas siempre bien presentes, y el utópico deseo de poder compartir con los demás lo que hemos vivido gracias a ellos y con ellos me parece muy inspiradora. Lo que describe en esas páginas es tan sencillo (y tan complejo a la vez) como la pura vida. Y aquí tenemos un ejemplo perfecto de lo que la literatura es capaz de hacer a la hora de explicar nuestras vidas.

El fútbol no tiene por qué no ser un humanismo, por ponernos sartreanos y trascendentes. El fútbol no tiene por qué no airear su trascendencia: trascendencia tal vez diminuta con respecto a otros asuntos y pareceres, pero todas las trascendencias, en definitiva, pueden resultar diminutas, según el parecer de quien las contemple. El aficionado ilustrado no solo debe ser un aficionado educado, sino un aficionado educándose, un aficionado que alimente el relato del fútbol, su tradición, sin la cual nada de este mundo alcanza la condición de mitología. Sin arte y sin literatura, nada de este mundo adquiere su estatura real, porque para adquirirla son imprescindibles la hipérbole, el cuento, la leyenda, y eso solo lo proporcionan la literatura y el arte.

Nunca fuimos más felices, en definitiva, es un maravilloso homenaje al fútbol, a ser un apasionado del fútbol y a la pasión compartida, especialmente entre padres e hijos, porque también es un canto al amor que se tiene por los hijos y lo maravilloso que es demostrarlo transmitiendo la pasión por el fútbol. Y también un canto a la literatura, que es el pegamento que le da forma a todo y nos permite disfrutar de joyas como la de este libro.

Podéis leer un fragmento desde este enlace: https://planetadelibroscom.cdnstatics2.com/libros_contenido_extra/48/47701_Nunca_fuimos_mas_felices.pdf

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