«RCD Espanyol. La història en còmic», de Lluís Recasens «L’Avi», Sergio Fidalgo y Nacho Julià

 

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El sábado regresa la liga, y lo hace con un plato fuerte: el derbi que Espanyol y Barça disputarán a las 21h. en el Estadio de Cornellà-El Prat. Se trata de un encuentro con diferentes puntos de atención, siendo uno de los principales el debut del exbarcelonista Abelardo como entrenador del conjunto perico. Sin duda, será una sensación extraña para él, en la que no podrá evitar tener el corazón dividido. Pero, tal y como dijo el día de la presentación (“ahora soy el primer perico, el socio número uno del Espanyol”), lo profesional acaba prevaleciendo por encima de todo.

Algo de eso sentiré yo también el sábado. No me gusta ver al RCD Espanyol en la situación actual, ocupando el último puesto de la clasificación, y espero que puedan salir de ahí abajo cuanto antes. Por diversas razones, mantengo simpatías y vínculos emocionales con el club perico. El primero de todos ya viene de lejos, desde mi infancia, pues Dani Solsona vivía en mi barrio y era el ídolo de todos los niños.

 

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Cada día, de camino al instituto, pasaba por delante de la vaquería que sus padres tenían a poca distancia de mi calle, por lo que día sí día también era inevitable visualizar su cromo y fantasear con la idea de llegar a ser algún día un futbolista como él. Poco después, durante mis tiempos de jugador en la UE Cornellà, tuve algunos compañeros que acabaron vistiendo la camiseta blanquiazul, e incluso uno de los mejores años que recuerdo fue cuando tuve como entrenador a Pepín Cabezas, un destacado jugador del Espanyol de la década de los 70 que también coincidió con Solsona.

 

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También estuve en Sarrià en el inolvidable partido de ida de la final de la Copa de la Uefa contra el Bayer Leverkusen, y disfruté del contundente 3 a 0 que poco después los alemanes acabarían remontando, sorprendentemente, en su campo. Aquello sucedió en 1988, seis años después de que el Italia-Brasil del Mundial 82 convirtiera el estadio de Sarrià en un campo mítico en mi cartografía emocional como aficionado al fútbol. Por último, el hecho de que el nuevo campo se haya ubicado no solo en el lugar en el que nací, sino prácticamente sobre el terreno en el que había un antiguo campo de fútbol sobre el que di mis primeros pasos con el equipo del colegio, se convierte en un vínculo más.

 

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Sirva esta previa para hablar de “RCD Espanyol. La historia en còmic”, una obra que explica la evolución del club blanquiazul en formato cómic, con ilustraciones de Lluís Recasens (“L’Avi”) y guión de Sergio Fidalgo, Nacho Julià y el propio Avi. Fue publicada originalmente en el 2010, desde la Revista 23 perico, y existe una reciente actualización del 2019.

Siguiendo una evolución cronológica, un abuelo y su nieto van paseando por la historia del club, visitando sus momentos victoriosos y los conflictivos, las rivalidades con el club blaugrana, el papel de diferentes personajes destacados de la entidad, desde presidentes a jugadores y entrenadores, así como muchos otros aspectos que permiten hacer una aproximación a la historia del club.

 

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Las ilustraciones presentan el personal estilo de ‘L’Avi’, y muchas de ellas se sobreponen sobre fotografías, incorporando la creación a la imagen real. No faltan los toques de humor, y la descripción minuciosa de muchos de los acontecimientos más importantes del club.

Se trata de un tipo de material que me parece muy útil y de gran valor pedagógico, pues permite a muchos aficionados aproximarse a la historia de los clubs de los que son seguidores de una forma muy amena y atractiva. Sorprendentemente, todavía existen muchos que aún no disponen de una historia en formato cómic, y considero que todos los que han apostado por esta opción han acertado plenamente.

 

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Todavía estamos en tiempo de buscar obsequios, por lo que los seguidores del RCD Espanyol deberían considerar la existencia de esta opción. Un libro siempre es un buen regalo, y este es ideal para los aficionados pericos de todas las edades.

1 de enero, San Lorenzo de Almagro y Viggo Mortensen

 

Viggo Mortensen San Lorenzo de Almagro

 

Hace unos días volvió a saltar la noticia del episodio que el actor Viggo Mortensen vivió en 2006, cuando un grupo de ultras intentó agredirlo por llevar una camiseta con los colores azul y grana. Los agresors pensaron que era un aficionado del FC Barcelona, cuando, en realidad, la indumentaria pertenecía al club del que es un más que declarado aficionado: San Lorenzo de Almagro.

 

San Lorenzo de Almagro y el día 1 de enero mantienen una relación ideal para comenzar el año leyendo un fragmento de buen fútbol y literatura. Su autor, Osvaldo Soriano, y lo podemos encontrar en «Fútbol. Relatos épicos sobre un deporte que despierta pasiones«.

Feliz 2020 🙂

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Entre los hinchas de San Lorenzo de Almagro que festejaron alborozados la conquista de los títulos de 1972, caminaba un hombre de setenta y nueve años, de rostro seco como una cáscara de nuez, de ojos desteñidos que sólo podían permitirse una mirada lejana. No sintió los habituales dolores en el hígado y en la nariz, quebrada sesenta años atrás por un pelotazo. En el bolsillo trasero del pantalón guardaba una billetera de cuero gastado, abrigo de doscientos pesos, un carnet de socio vitalicio de San Lorenzo y una medalla de oro. Nadie lo reconoció, nadie le agradeció nada. Cuando llegó a la pensión de la calle Monte al 3700, se encerró en su pieza de tres por tres, sacó el calentador de queroseno, peló tres papas y las puso a hervir. Se sentó en la única silla, prendió la radio y escuchó cómo la gloria caía sobre un grupo de hombres que se ganan holgadamente la vida con el fútbol. Él no lo dice, pero quizás haya mirado a su alrededor, la vieja cómoda, el camastro, el crucifijo en la pared del que cuelgan siempre dos flores que se marchitan. La voz del locutor cuenta la historia de San Lorenzo, memora nombres rutilantes y menciona a los Forzosos de Almagro. El viejo Francisco Xarau asiente con la cabeza. Recuerda el 1 de enero de 1915: el wing derecho desbordó su punta y tiró el arco, la pelota rebotó en un defensor de Honor y Patria y vino de buscana, justito para la zurda de Xarau; le pegó como venía, buscando el efecto contrario para enderezarla. La pelota rozó con el tiento en la cabeza de un defensor y se clavó en la red. Xarau, veloz, hábil con las dos piernas, lo imprescindible para ser un gran centroforward, corrió a festejar. Lo ahogaron a abrazos. La vieja cancha de Ferrocarril Oeste estaba repleta. La barra de Almagro deliraba. Era la misma alegría que en 1972 sintieron los herederos de aquellos hinchas cuando Figueroa logró el tanto del triunfo frente a River Plate. Aquel gol de Xarau abrió el camino para que San Lorenzo ascendiera a la primera división de la Asociación Argentina de Football. Corrían treinta y siete minutos del primer tiempo. Dos goles más, el último del wing izquierdo Luis Giannella, sellaron el score definitivo: tres a cero. La barriada de Almagro tenía ya un club que la identificara.

 

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