«Manchón, Candel y Salvador, tridente de fútbol, barrio y literatura», por Miguel Ángel Ortiz Olivera

 

Hace poco más de dos semanas, Miguel Ángel Ortiz (autor de «Fuera de juego» y «La inmensa minoría«) publicaba en la revista Panenka un magnífico artículo titulado «Manchón, Candel y Salvador, tridente de fútbol, barrio y literatura«. El texto giraba en torno a la curiosa relación que estos tres personajes habían tenido, vinculados por la pertenencia a un mismo barrio (la Zona Franca de Barcelona), y, también, gracias al fútbol y la literatura.

Al final del artículo se hace una referencia a este blog como parte de las fuentes documentales para la escritura del texto. Aquí tenéis el artículo completo.

Disfrutarlo porque vale la pena 🙂

 

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La vida, en ocasiones, se compara con un círculo y ya los griegos dudaban de la existencia de algo más perfecto. En nuestros tiempos, posiblemente no exista uno más prestigioso que el balón. Esa esfera de cuero que, como la vida, bota libre y rebota traicionera, se nos escapa en un mal control, y en muchas jugadas termina perdiéndose por la línea de banda aunque nos dejemos el alma corriendo tras ella.

Dedicó Francisco Candel, en su novela Han matado un hombre, han roto un paisaje (1959), unas líneas a un abollado campo de fútbol que se formó en su barrio de Can Tunis, a fuerza de pisar la tierra. Allí, «las pelotas, debido a las desigualdades del terreno, rebotaban cual si fueran lanzadas con efecto, igual que en el billar, marcando tantos complicados, desconcertantes y geométricos». Tres adjetivos que describen sus inicios como escritor. En 1956, tras años complicados, publicó su primera novela gracias a la desconcertante ayuda de un futbolista de su barrio, Eduardo Manchón. Un año después, a raíz de la publicación de la segunda, tuvo que refugiarse en la casa de otro novelista que, curiosamente, había publicado en 1955 una novela con dos ladrones y un futbolista como protagonistas. Su apellido tenía mucho de presagio geométrico: Tomás Salvador.

El balón redondo. La esfera perfecta. El viaje de la vida.

EL NOI DEL BARRAQUER CONQUISTA LES CORTS

Francisco Candel había visto a Eduardo Manchón correr tras el balón en campos de tierra similares a los de su novela. Cuando Manchón solo era el pequeño Eduardo, mataba las tardes jugando al fútbol en la polvorienta carretera del puerto con pelotas hechas de trapos viejos que birlaban a gitanas aún más viejas. Candel compartía aula con Eduardo, y conocía la historia de su familia: sus padres habían llegado a Can Tunis desde Lorca con los bolsillos llenos de hambre y miseria, en busca del dorado que ofrecía la moderna Barcelona.

Como muchos otros emigrantes, sin embargo, acabaron viviendo en una de las cientos de barracas que moteaban la falda de Montjuich, lejos de la ciudad resplandeciente. Su padre trabajaba como barraquero del campo de Casa Antúnez, el modesto club del barrio. Y a Eduardo lo bautizaron como El noi del barraquer: así de sencilla era la vida en Can Tunis. Siendo juvenil comenzó a jugar en el Casa Antúnez. Había estudiado para mecánico, pero en las tascas del barrio se apostaba por otro destino: sería futbolista. Al cumplir la mayoría de edad, fichó por el Barcelona Amateur de Biosca, Bosch y Eloy. Ganaron el Campeonato de Forofos de 1949, con Manchón como héroe de la final: contra el Indautxu marcó el gol que abría la lata y el que sentenciaba con el definitivo 3-2.

Ese mismo año lo cedieron al SD España Industrial, filial del FC Barcelona. Los vecinos de Can Tunis brindaron muchas veces por sus goles aquella temporada, y en 1950, celebraron por todo lo alto que fichaba por el FC Barcelona. Las gitanas, entonces, aseguraron haberlo leído en la mugrienta palma de su mano cuando todavía era un mocoso. Y los más viejos, mientras se anudaban el pañuelo al cuello, advertían que al chiquillo todavía le quedaba por madurar. Manchón corría sobre la línea de cal como si, en vez de un alambre, fuese una autopista. Y por el barrio bromeaban que se había curtido corriendo de la pestañí.

El noi del barraquer rompía la cintura de los laterales con el mismo descaro que bailaba con las mozas en la verbena. Y el 8 de octubre de 1950, frente al Valencia, Daucik le dio la oportunidad de bailar sobre la cal tras la expulsión del argentino Nicolau. Manchón saltó al campo, marcó el gol de la victoria y la banda de Les Corts, desde aquella tarde, tuvo nuevo dueño. En Can Tunis no hubo tasca en la que no se viese amanecer entre chiquitos y fandangos.

UN FUTBOLISTA CON BIBLIOTECA Y UN NOVELISTA SIN LIBROS

Un futbolista solo tiene una oportunidad para escribir la jugada. El balón es su lenguaje, su palabra. El regate, su adjetivo. Con un pase, pone un punto, y con una pared, un punto y seguido. De nada sirven los bocetos; en un partido no hay opción de tachar, pulir, planchar y retocar hasta que la frase suene perfecta. Cuando el balón le llega a las botas, el futbolista redacta la jugada del tirón, de nada le valen los sinónimos si el adjetivo no es el adecuado. Solo si escoge bien cada palabra, cada regate, cada punto y seguido, escuchará el murmullo de la red: la expresión máxima de su poesía.

A Francisco Candel nadie le decía dónde había poesía y dónde no. Él la encontró en callejuelas sucias, en oscuras tascas, en un enjambre de niños andrajosos que habían aprendido corriendo tras un balón que la vida es demasiado dura para tener los pies blandos. Durante años, había escrito cuentos sobre lo que escuchaba en las aceras del barrio. Por ellas paseaba su poesía porque la poesía, en realidad, se esconde en los ojos del que mira. Y él había decidido mirar dónde otros apartaban la mirada. Su Macondo sería la otra Barcelona que crecía a la sombra de Montjuich: la de las barracas de techos de uralita a la que la Ciudad Condal daba la espalda.

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Por eso se sentía orgulloso de que El noi del barraquer hubiese conquistado, con su baile de piernas, la ciudad que crecía al otro lado de la montaña. Aunque le habían cambiado el mote por el de El bicicleta, la fama no le había cambiado. Los niños coreaban los nombres de la mítica delantera de Les Cinc Copes, y las jovencitas suspiraban por sus huesos; pero Manchón solía pasearse por Can Tunis como uno más, charlar con los vecinos, invitar a unos tragos a los viejos amigos. Y telefonear a Candel periódicamente para ver cómo seguía la vida por el barrio.

Nadie —ni Candel ni, posiblemente, el propio Manchón— imaginaba que 1956 sería la última temporada del extremo en el FC Barcelona. Ni tampoco que esa campaña marcaría su gol más literario. Una tarde, Candel y el futbolista se encontraron por casualidad en el barrio. Tras el apretón de manos, Manchón le preguntó si seguía dibujando:

«—No, ahora escribo, he acabado una novela.

—Qué dices. ¿Cuándo la publicas?

—¡Hay! Eso… Sabe Dios si lograré publicarla. No conozco a nadie.

—Pues yo sí conozco a un editor. Se llama Janés y a veces baja a vernos al vestuario y nos regala libros. Le hablaré de ti.»

Aquella tarde, Manchón lo invitó a su casa para que viera su biblioteca.

«—Fíjate qué de libros, no me los leo ni en broma», le dijo.

Candel pasó la yema de los dedos por los lomos encuadernados. «Y como el mundo está lleno de casualidades», contó años después en El País«a mí me llevó definitivamente a la literatura el futbolista del Barça». Manchón cumplió su palabra y, en una visita al vestuario del poeta y editor barcelonés, le habló de su vecino escritor. Aunque, en realidad, Janés ya tenía referencias de un tal Candel que había presentado su novela al Premio Nadal y, aunque no había ganado, había obtenido dos votos del jurado, uno de ellos de su amigo Sebastián Juan Arbó.

Un día, el hermano de Manchón apareció en el felpudo de Candel.

«—Oye, que dice mi hermano que te editan la novela.»

Entusiasmado por la noticia, Candel le pidió más detalles, pero el otro se encogió de hombros y dijo que solo cumplía con el recado. Poco después, Candel atravesaba el vestíbulo del cine Bohème, al lado del Arenas. Se encontró con Manchón, que le confirmó la buena nueva. Unos meses después llegó a las librerías Hay una juventud que aguarda, con prólogo de Tomás Salvador.

DOS LADRONES Y UN FUTBOLISTA

Tomás Salvador sabía mucho de ladrones. No en vano, había dedicado media vida a perseguirlos. La otra mitad, se la había entregado a la escritura. Y había aprendido que el escritor, aunque lo camufle con adjetivos, tiene mucho de ladrón de guante blanco: para engendrar personajes vivos en la página, debía robar sigilosamente pedacitos de vida a los demás.

En 1955, había publicado Los atracadores. Sus protagonistas —dos ladrones y un futbolista— forman la banda de los “Los Corteses”. Ciertos pasajes discurren en campos de tierra como el de Nevín, en la periferia de Barcelona, donde Chico Ramón defiende los colores de la Asociación Deportivo Carranza. En aquel fútbol de Segunda Regional, se recomendaba tomar mucho azúcar y pocas grasas. Había que cuidarse del café, sustancia dopante que solía reservarse, junto a la copa, para los goleadores. Chico Ramón juega con un sueño anudado a las botas: que un patrón, o el propio Samitier, le fiche para su club. Pero su entrenador, Míster Penalty, sabe que pocos alcanzan el sueño:

«Generalmente los aficionados se desanimaban o se marchaban a un club de mala muerte cuando cumplían los veinte años. Era la edad peligrosa. La edad de las mujeres, de las ambiciones, de la impaciencia».

Manchón había escrito la historia opuesta: la del chico de barrio que asciende a la cumbre futbolística. Con el FC Barcelona, había vivido siete campañas trufadas de títulos. Sin embargo, el círculo no se había cerrado. En 1957, «la llegada del uruguayo Ramón Villaverde», contó Enric Bañeres, «le relegó a la suplencia en una época en la que no estaban permitidos los cambios durante los partidos y no ser titular suponía el olvido». Manchón, muy a su pesar, pidió la baja y abandonó el club de su vida después de anotar 81 goles en 201 partidos. Fichó por el Granada. Cuando se enfrentó a su ex equipo, en el recién inaugurado Camp Nou, los culés vencieron por 4-1. El gol de la honra granadina lo anotó Manchón, y se llevó una ovación cerrada como si lo hubiese convertido un jugador local.

Ese año, su amigo Francisco Candel publicó su segunda novela, Donde la ciudad cambia de nombre, y recibió de todo menos aplausos de los suyos. El revuelo que se formó en Can Tunis fue tal, que muchos vecinos aprendieron a leer solamente para saber qué contaba en el dichoso libro. Decían que Candel había escrito las cosas íntimas de los vecinos: que si la muerte de fulano, que si mengano espiaba a las vecinas por un agujero en la pared, las broncas de tal con la parienta, las palizas de pascual a los hijos.

Los vecinos sentían que les habían robado algo suyo. Y lo esperaron en la puerta de su casa para zurrarlo. Y lo insultaron por la calle. Y algunos incluso decidieron unirse y llevarlo a juicio. A Paco Candel solo le quedó esconderse como un vulgar ladrón, y lo hizo en la casa de su buen amigo —y policía— Tomás Salvador.

UNA VIDA, UNA PASIÓN, UN BARRIO

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Manchón no olvidaba Barcelona. Tras su paso por el Granada, militó una temporada en el Deportivo de la Coruña, en Segunda División. Pero no se encontraba como futbolista ni tampoco como hombre lejos de sus raíces. Decidió volver: fichó por el CA Iberia, el equipo de Can Tunis, a pesar de que jugaba en Tercera. En su barrio, disfrutó de nuevo del fútbol. Y sintió que el círculo, al fin, se cerraba. Dos campañas después, se retiró en el Centre d’Esports d’Hospitalet, también en Tercera. En sus últimos 29 partidos, anotó 9 goles.

Su apellido venció al tiempo con la mítica canción de Serrat, Temps era temps«Panallets; penellons; Basora, César, Kubala, Moreno y Manchón»; versos que, a toda una generación de barcelonistas, traían los ecos de una época dorada de la historia del club. Muchos, de hecho, no entendían que con su calidad solo hubiera jugado un encuentro con la Selección, en 1954, ante Turquía en Estambul. Algo que no impidió que muchas personalidades, como Vázquez Montalbán, recordasen los milagros de aquellos cinco delanteros: «Los dos [Serrat y yo] nos hicimos del Barça por obra y gracia de Basora, César, Kubala, Moreno y Manchón»

Manchón jugó con los veteranos del Barcelona hasta los 75 años. Colaboró en la celebración del 25º aniversario del Hospitalet, en 2007. Y cedió su apellido para apadrinar el campeonato anual de fútbol playa de Coma-Ruga. El balón siempre lo había acompañado, y lo haría también al final de sus días. Tras contraer un cáncer, se saltó algunas sesiones de tratamiento cuando coincidían con los partidos en Coma-Ruga. El fútbol le daba más vida que la quimioterapia.

Murió días antes de que se rindiera homenaje, en el Camp Nou, a los 60 años de su debut en Les Corts: aquel partido —lejano en el recuerdo, pero vivo en la memoria— en que Manchón salió del banquillo, bailó sobre la línea de cal y marcó el gol de la victoria. Aquel día en que todo un barrio brindó por una vida llena de goles y gambetas para El noi del barraquer.


FUENTES:

El fútbol como memoría sentimental del extrarradio en La inmensa minoría, David García Cames, Universidad de Salamanca.

Más sobre Eduardo Manchón y la literatura, Alfonso Morillas, blog FC de Lectura.

El quinto jinete, Enric Bañeres, La Vanguardia.

Presentación «Letras y Fútbol 2017»

 

 

El martes se presentó la nueva edición de Letras y Fútbol, los encuentros de literatura y fútbol organizados por la Fundación Athletic Club y la Biblioteca Foral de Bizkaia. En el acto de presentación participó el escritor David Safier, quien conversó sobre literatura, fútbol y humor con la periodista Txani Rodríguez.

La edición de este año de «Letras y Fútbol» se desarrollará durante los días 20, 21, 27 y 28 de noviembre, y en sus diferentes sesiones participarán autores como Jonathan Wilson, Michael Calvin, Sid Lowe, Miqui Otero, Laura Fernández, Jon Maia, Juan Luis Zabala, Gari, Miguel Angel Ortiz o Belén Gopegui, que dialogarán sobre la relación entre el fútbol y las letras y, también, con la sociedad contemporánea, desde diferentes perspectivas y planteamientos.

 

 

Letras y Fútbol 2017 contará este año con el Athletic Club de Lectura, campaña de promoción de la Lectura que la Fundación pone en marcha anualmente desde hace ya tres años. Se trata de una iniciativa mediante la cual cualquier persona puede sugerir a través de la web Letras y Fútbol la lectura de un libro a jugadores y jugadoras del Athletic. De todas las sugerencias recibidas, cada jugador o jugadora elige una y a partir de esa elección, la Fundación organiza un club de lectura. Este año se añade la novedad de que el AC de Lectura se extiende durante toda la temporada, ya que los jugadores y jugadoras serán anunciados uno a uno en los próximos meses. El primero es Mikel Rico y ya se pueden hacer para él sugerencias de lectura en la web letrasyfutbol.com

Por último, con motivo de Letras y Fútbol, se editará el cuento “Replay”, escrito para la ocasión por David Safier en el centro del campo de San Mamés y del que se repartirán 20.000 ejemplares en Bilbao a partir del 13 de noviembre, en bibliotecas, librerías y otros espacios.

8 de octubre: 17 años de la retirada del dorsal 10 de Maradona en el Nápoles

 

 

Hoy, 8 de octubre, se cumplen 17 años de uno de los homenajes que el Nápoles ofreció a Maradona: la retirada para siempre del dorsal número 10. Lo explica Juan Villoro en el tercer bloque de esa biblia de la literatura futbolera que es “Dios es redondo” y que lleva por título “Vida, muerte y resurrección de Diego Armando Maradona”.

El texto viene precedido por el título “Las opiniones de un pie izquierdo”, y es el siguiente:

 

El domingo 8 de octubre de 2000 la camiseta número 10 fue retirada para siempre la alineación del Nápoles. Otro episodio en la ópera que Diego Armando Maradona representó al borde del Vesubio. Cuando el dios de los pies pequeños llegó al equipo, en 1984, el Nápoles se había salvado del descenso por un punto. Los méritos deportivos del club eran escasos, pero tenía una fanaticada de taquicardia. En un acto de 15 minutos, el argentino fue recibido por ochenta mil feligreses en el Estadio San Paolo y sucumbió a su segunda pasión pública, el llanto inconsolable. La verdad sea dicha, el redentor no estaba en mejor estado que su equipo. Venía de una larga hepatitis, una fractura marca Goikoetxea, el fracaso en el Mundial de España 82, largas disputas con la directiva del Barcelona y el recién adquirido vicio de la cocaína. A los 23 años podía convertirse en un jubilado precoz.

 

Letras y fútbol, David Safier y San Mamés

 

 

El próximo martes 10 de octubre a las 19:30 horas en San Mamés VIP Área, la Fundación Athletic Club organiza un encuentro con el célebre autor alemán David Safier, autor entre otros de los bestsellers Maldito KarmaJesús me quiere o Una familia feliz.

El título del encuentro es “Literatura, fútbol y humor” y estará moderado por la periodista Txani Rodríguez.

El acto se enmarca en la edición de 2017 de Letras y fútbol, encuentros de literatura y fútbol organizados por la Fundación Athletic Club y la Biblioteca Foral de Bizkaia, con el patrocinio principal de Euskaltel.

Durante la presentación se hablará del cuento Replay, escrito por el propio David Safier en el centro del campo de San Mamés, y del cualse editarán 20.000 unidades en euskera y castellano que serán liberadas en Bilbao, a partir del 13 de noviembre, en librerías y bibliotecas.

Espectacular el vídeo promocional:

 

 

Menudo karma, ¿no?

Presentación de la edición de Letras y Fútbol 2017

 

La Fundación Athletic Club presentará el próximo 10 de octubre en San Mamés VIP Área una nueva edición de Letras y fútbol. Será a las 19:30 horas, con una conversación con el escritor alemán David Safier (autor entre otros de “Maldito Karma”, “Jesús me quiere” y “Una familia feliz”) sobre literatura, fútbol y humor. La conversación será conducida por la periodista Txani Rodríguez. La entrada es libre hasta agotar aforo.

Letras y fútbol está organizado por la Fundación Athletic Club y la Biblioteca Foral de Bizkaia, y cuenta con el patrocinio principal de Euskaltel.

 

Presentación de «Futbolítica» con Ramon Usall y Frederic Porta

 

Ayer por la tarde tuve la suerte de asistir a la presentación, en la librería Casa Usher, de “Futbolítica. Históries de clubs políticamente singulars”, una delicia de libro escrito por Ramon Usall y publicado por Ara Llibres acerca del cual ya publiqué esta reseña.

El acto contó también con la participación de Frederic Porta, uno de los referentes del periodismo deportivo. Además de lo que se puede encontrar en el interior del libro se habló de la estrecha relación que fútbol y política han mantenido desde sus inicios, y también pudimos conocer historias y anécdotas relativas a clubes por la mayoria desconocidos pero que han sido activos actores en episodios de marcado carácter reivindicativo.

 

 

Las cuestiones relativas a temas identitarios asociados a algunos clubes, o la disolución de esta en el caso de otros, también fueron tratados durante la presentación. Y, cómo no, la situación que actualmente se está viviendo en Catalunya, y el posicionamiento adoptado por algunos de sus clubes, proporcionó un marco idóneo para ejemplificar la actualidad de este libro.

En resumen, un auténtico placer escuchar a Ramon Usall y a Frederic Porta hablando sobre la influencia de lo político en lo futbolístico, y nada mejor que un libro como “Futbolítica” para profundizar en esta atractiva e interesante temática.

 

 

P.D. La presencia de Frederic Porta me obligaba a intentar conseguir una dedicatoria suya. Como no me fue posible llevar su último libro “Barça inédito. 800 historias de la historia”, publicado este mismo año junto a Manuel Tomás, aproveché para que me firmara el epílogo que escribe en “Quan no érem ni onze”, de Josep Bobé. Más vale eso que nada, ¿no? 😀

 

 

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«Futbolítica. Històries de clubs políticament singulars», de Ramon Usall. Ara Llibres

 

 

El vínculo entre la política y el fútbol es evidente, y son dos conceptos que ayudan a explicar la historia del último siglo y medio”. Tan ilustrativa frase pertenece a Ramon Usall, y sirve como perfecta puerta de entrada hacia su magnífico “Futbolítica. Històries de clubs políticamente singulars”, publicado por Ara Llibres.

Se trata de un completo recorrido por la historia de diversos clubes de fútbol, distribuidos a lo largo y ancho del planeta, en los que la política ha sido, de alguna manera, elemento clave de su identidad. Un total de 60 equipos de los cinco continentes con los que se podría elaborar un atlas sobre la influencia que la política ha tenido en el terreno del fútbol. O, dicho de otra manera, cómo se ha intentado utilizar el fútbol con intencionalidades políticas e ideológicas.

 

SINOPSIS

Pot un partit entre seleccions desencadenar una guerra? És el Barça l’únic club més que un club? Quins trets comuns uneixen equips com ara l’Athletic de Bilbao, el Dinamo de Zagreb i l’Ararat Erevan? I el Benfica, el Colo-Colo i l’Steaua de Bucarest? Podríem dir que el Reial Madrid té un passat republicà? No hi ha cap fet històric contemporani rellevant que no es pugui explicar a través d’un club de futbol. El simbolisme d’alguns clubs i seleccions és tan gran que una mirada acurada a la seva història ens permet reviure bona part dels esdeveniments que han marcat els darrers cent anys: les rebel·lions anticolonials i la lluita de classes, el nazisme i el comunisme, la Guerra Freda o la dels Balcans, els anhels de sobirania més recents…

Futbolítica és una lectura apassionant, farcida d’anècdotes i dades curioses, amb tota l’èpica pròpia de les grans gestes i dels grans partits, que ens convida a conèixer aquests actors polítics extraordinaris, representants de societats senceres, comunitats oprimides o minories rebels, que tot sovint han representat un paper crucial en el decurs de la nostra història. I ho han fet sempre mentre una pilota buscava una porteria i un gol decisiu.

(¿Puede un partido entre selecciones desencadenar una guerra? ¿Es el Barça el único club más que un club? ¿Qué características comunes unen a equipos como el Athletic de Bilbao, el Dinamo de Zagreb y el Ararat Erevan? ¿Y al Benfica, al Colo-Colo y el Steaua de Bucarest? ¿Se puede decir que el Real Madrid tiene un pasado republicano? No hay hecho histórico contemporáneo y relevante que no pueda explicarse a través de un club de fútbol. El simbolismo de algunos clubes y selecciones es tan grande que una mirada en detalle hacia su historia nos permite revivir gran parte de los acontecimientos que han marcado los últimos cien años: las rebeliones anticoloniales y la lucha de clases, el nazismo y el comunismo, la Guerra Fría o la de los Balcanes, los anhelos de soberanía más recientes…

Futbolítica es una lectura apasionante, repleta de anécdotas y datos curiosos, con toda la épica propia de las grandes gestas y los grandes partidos, que nos invita a conocer a estos extraordinarios actores políticos, representantes de sociedades enteras, comunidades oprimidas o minorías rebeldes, que a menudo han jugado un papel crucial en el transcurso de nuestra historia. Y lo han hecho siempre mientras una pelota buscaba una portería y un gol decisivo).

 

El libro se organiza en 60 capítulos dedicados, cada uno de ellos, a un club, excepto en dos casos. En uno de ellos conocemos los diversos equipos de fútbol con los que estuvo vinculado el Che Guevara (Bouwer, Rosario Central, Independiente SC, Madureira EC y CSAD Che Guevara), mientras que en otro se habla de los Passive Resistents Soccer Club, equipos que llegó a fundar Ghandi durante su estancia en Sudáfrica, en aplicación de su filosofía de que el deporte podía ser utilizado con finalidades revolucionarias.

 

“Els partits que el Qarabag disputava com a local a l’estadi Imaret es jugaven soviet sota el soroll dels míssils, que, en ocasions, arribaren a impactar sobre el mateix terreny de joc”.

(“Los partidos que el Qarabag disputaba como local en el estadio Imaret se jugaban, a menudo, bajo el ruido de los misiles, que en ocasiones llegaban a impactar sobre el mismo terreno de juego”.

 

Imagen de www.theclinic.cl

El resto de apartados corresponden a equipos muy conocidos algunos (FC Barcelona, Real Madrid, Juventus o Bayern Munic, entre otros), aunque predominan los que no lo son tanto y, precisamente por ello, se convierten en auténticos descubrimientos, ya sea por los episodios históricos que han protagonizado o por las peculiares circunstancias en los que se han visto envueltos.

Algunos ejemplos son el caso del Qarabag FK de Azerbiyán -el club refugiado de una ciudad fantasma, también denominado “Barça del Cáucaso”-, del Cobresal -club minero fundado en pleno desierto de Atacama-, del Racing Universitario de Argel -en cuyo equipo juvenil militó de portero el premio Nobel Albert Camus– de la simbología armenia del Ararat Erevan, o del Christiania de Copenhage y su “Nunca fumarás solo”, entre muchos otros.

También de ejemplos que son un reflejo del crisol de complejas sociedades, como el Al-Ahed SC del Líbano, o de equipos nacidos en un campo de refugiados de Jordania, como el Al-Wihdat SC palestino, o el Stroitel Pripyat, el equipo que se fundó en la ciudad de Chernóbil y que dejó de existir con motivo de la catástrofe nuclear de 1986.

 

“… però desencadenà alhora una onada de solidaritat i simpatia amb aquest peculiar grup de seguidors que consideraven que la fidelitat a la identitat obrera del barri era tan important com donar suport al seu club de futbol”.

(“… pero desencadenó, al mismo tiempo, una ola de solidaridad y simpatía con este peculiar grupo de seguidores que consideraba que la fidelidad a la identidad obrera del barrio era tan importante como apoyar a su club de fútbol”).

 

Imagen de www.eltemps.cat

Hay casos de marcado carácter revolucionario, especialmente en lo que hace referencia a los tiempos del colonialismo, y también los hay con una marcada conciencia social. Pero también abundan los casos de equipos que han sido utilizados por el poder del momento con finalidades propagandísticas, como por ejemplo el Colo-Colo por Pinochet, el Olt Scornicesti de Rumania por Ceacescu o la vinculación del Dinamo de Berlín alemán con la Stasi, policía política de la RDA hasta la caída del muro de Berlín.

Y, a la inversa, de equipos que han sido todo un ejemplo de lucha antifascista y de reivindicaciones sociales, como el Arsenal Kiev, el Rayo Vallecano o el actualmente de moda Sankt Pauli alemán. De aquí que el añadido «Historias de clubes políticamente singulares» al título no sea gratuito.

El libro, por todo ello, es una lectura no solo atractiva y amena, sino que nos aporta conocimientos de geografía, historia, política, economía, sociología y, por supuesto, fútbol. Una obra de gran interés que ayuda a entender el poder del fútbol, en tanto que ni tan solo el poder se mantiene al margen de su área de influencia, sino que es justamente todo lo contrario: intenta utilizarlo en su beneficio, sabiendo que su potencial dominador y propagandístico es muy poderoso. Por sus páginas desfilan personajes como Franco, Augusto Pinochet, el mariscal Tito o Ceacescu.

 

Imagen de www.elrestoesmio.blogspot.com

 

“El club és conegut popularmente amb el sobrenom d’El Ponchito per la tradicional vestimenta que llueix un futbolista al seu escut i que és la que identifica també la población quítxua de la Sierra Central”.

(“El club es popularmente conocido con el sobrenombre de El Ponchito por la tradicional vestimenta que luce un futbolista en su escudo, y que es la que identifica también la población quechua de la Sierra Central”).

 

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El conflicto entre Catalunya y España que actualmente protagoniza la actualidad hace que el libro adquiera un especial interés en tanto que recoge otros episodios de reivindicación nacionalista desde la perspectiva del fútbol. La actualidad obliga a recordar la afirmación de que “el Barça es el ejército simbólico de Catalunya” formulada por Manuel Vázquez Montalbán.

Además del club blaugrana, “Futbolítica” recoge otros muchos ejemplos de esta reivindicación identitaria y nacionalista: equipos como el Al-Wihdat (nacionalismo palestino), el Celtic de Glasgow (irlandés), el Júpiter barcelonés y su simbología independentista, el Club América (reivindicación mexicana en origen), el Dinamo de Zagreb (nacionalismo croata frente al imperio austrohúngaro), el Esperanza Deportiva Túnez, el Sporting Club de Bastia o el Mushuc Runa Sporting Club de Ecuador, uno de los principales exponentes de la reivindicación de la población indígena quechua., entre otros muchos casos más recogidos en las páginas del libro.

No faltan en el libro algunos interesantes descubrimientos sobre la presencia que el mundo cultural ha tenido en ocasiones en este territorio en el que fútbol y política se acaban mezclando. Desde el Académica de Coimbra, sección de fútbol de la Universidad de Coimbra al Club América mexicano, conocido en la década de los años 20 como los “Estudiantes”, también por su origen universitario, un club de quien fue gran seguidor Mario Moreno “Cantinflas”; del Levante, fundado por el intelectual Pepe Ballester al Racing de Argel, el equipo en el que llegó a militar Albert Camus; o de la Sociedad Obrera Gorki (cuyo nombre se debe al gran poeta) al Hakoah de Viena, fundado por el escritor Fritz Löhner y con un aficionado de excepción: Franz Kafka.

 

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Hakoah Viena en 1925. Imagen de www.es.wikipedia.org

 

Una obra que viene a complementar la que el mismo autor publicó en 2011 bajo el título de “Fútbol per la llibertat” y que significa una primera aproximación a este tema. Tal y como explicaba el autor en la frase que iniciaba este artículo, se trata de un completo repaso por la historia y algunos conflictos del siglo XX desde el punto de vista de la influencia de los clubes de fútbol, explicados de una forma muy amena e instructiva.

Si existiera una hipotética academia del “Fútbol y la literatura”, una de las materias sería “Política”, y para tal asignatura, este volumen sería uno de los libros de texto.

Podéis leer las primeras páginas en este enlace.

 

Imagen de @NTUHistory

«Visca l’Europa!», un cuento de Wilmar Cabrera donde juega el Alzheimer

 

Ayer fue el Día Internacional del Alzheimer, y publiqué este post en el que hablaba de la campaña impulsada desde la revista Líbero en el que el fútbol servía como terapia para combatir esta enfermedad.

Hoy, vale la pena recuperar el emotivo relato que el periodista y escritor Wilmar Cabrera publicó en el número 4 de la revista DeCabeza, hace dos años, y en el que el alzheimer tiene parte de protagonismo.

Aquí tenéis el relato:

 

VISCA L’EUROPA! SEMPRE ENDAVANT!

EL CLUB ESPORTIU EUROPA fue el culpable directo de que alquiláramos, con mi pareja, nuestro primer piso en Barcelona. Aterrizamos en la llamada “Ciudad Condal” en el otoño de 2008, para que Andreta hiciera un doctorado en la Universidad Pompeu Fabra. Y como la universidad y el estudio le tomaban todo el tiempo a ella, a mí me tocó buscar el piso para vivir.

Concerté una cita para ver uno en Can Baró. Un barrio cerca del Parc Güell, en la parte alta de la capital catalana. Donde la ciudad deja de ser Barcelona para pasar a llamarse ‘Barceloma’. De camino, en la intersección de las calles Camèlies y Sardenya, descubrí el Nou Sardenya, la cancha del Europa. En ese momento, sin ver todavía el piso, me dije a mí mismo: “Aquí viviremos. Si hay un estadio de fútbol cerca, está todo”.

Y así fue. Desde ese otoño, casi todos los domingos caminaba las cinco cuadras desde nuestro piso en calle Polònia hasta Sardenya, para ver los partidos de “Los escapulados”, sobrenombre con el que se conoce al club por llevar una “V” azul, a manera de escapulario, debajo del cuello de la camiseta blanca. Sí, como el Vélez Sarsfield de Argentina.

Con un estadio de dimensiones pequeñas, una tribuna principal de sombra, dos mínimas laterales y una de sol que siempre está vacía, mi lugar favorito para sentarme a ver el partido es el bar.

A ritmo de copa de cava, caña de cerveza y bocata de jamón, se puede hacer algo que no está permitido en el Camp Nou: mezclar fútbol con un poco de alcohol. Creo que fue en el cuarto o quinto partido al que asistí, cuando decidí hacerme hincha del Europa. Muy contrario a mis principios de que un seguidor nace y no se hace. Ser forofo de fútbol es algo dinástico, como una corona que se hereda, es un sentimiento y como tal no se puede crear artificialmente. Seguir una camiseta no da tiempo ni espacio para ser promiscuos. Sin embargo, como buen ser humano que se contradice a sí mismo, ese domingo decidí ser del Europa. ¡Coño!, uno como inmigrante tiene toda la razón para echar raíces e inventarse un sentimiento hacia un equipo. Y no necesariamente ese equipo tiene que ser el más grande de la ciudad, el que más gana o el que más socios tiene. Que no, que no.

 

Mi caso me confirmó que las relaciones a distancia no funcionan. Ni siquiera la que te une a tu club de origen. Habiendo dejado tras el Atlántico el azul y blanco del Millonarios de Bogotá, quedé huérfano de equipo. Entonces, como hincha que no puede estar sin club, me di a la tarea de llenar ese sentimiento. Al tiempo que recibía clases de catalán, en el Consorci Per a la Normalització Lingüística -el primer paso que todo inmigrante debe dar para integrarse a la cultura catalana-, me aprendí el himno del Europa.

En mi caso, quería integrarme al Europa, quería sentir al Europa como en su día sentí a Millonarios mismo. Así que con mi B1 de catalán, que no es otra cosa sino nivel elemental, todos los domingos en el Nou Sardenya cantaba con fuerza el himno de mi nuevo club. Un equipo del que ya comenzaba a estar orgulloso porque, con más de 100 años encima, había sido uno de los fundadores de la Liga en España. Alcanzó a jugar tres temporadas en Primera cuando sólo había diez equipos y apenas existía algo más allá de la Primera División. Además, disputó una final de la Copa del Rey, que perdió contra el Athletic por 1-0. Ahora está en la Tercera, algo así como la cuarta categoría de las nueve que tiene el campeonato español. Así, por qué no entonar con fuerza, cada domingo:

 Europa!  Europa!

Europa sempre endavant!

No tinguem por del que vindrà

El futur hem de guanyar!

Europa!  Europa!

Europa sempre endavant!

Que la nostra fe en la victòria

A tothom faci vibrar.

Portem amb orgull el blues escapulari,

Sentim els colors ben endintre del cor.

I que la nostra gran història

Poc a poc poguem retorbar.

Europa!  Europa!  Europa!

Endavant! Endavant!

 

Aprendido el himno, el paso siguiente fue conseguir una chaqueta de chándal o camiseta con la que me identificara con los demás hinchas en la tribuna. Así que visité una tienda deportiva que padecía la crisis económica, enfrente de los despachos del club, en la calle Secretari Coloma. Esport Match, tienda oficial de Givova, se llamaba, y tenía todo su stock en liquidación. Encontré una chaquetilla de chándal Umbro de la temporada 2000-2001, con el escudo en el pecho y en la espalda el C.E. EUROPA que se podía leer desde lejos, y que me daba un aire de hincha de toda la vida, un forofo vintage.

El domingo siguiente la lleve puesta. El equipo visitante era El Prat y como siempre me senté en una de las mesas de bar, al costado de la tribuna general. Chus, la encargada del bar, me sirvió bocata de Llom amb formatge, y un plato de ronyons a la planxa i patates.

Entonces un hombre viejo, con el pelo gris, de camisa blanca, pantalón y jersey negro, sobre el que relucía, a la altura del corazón, un pin del escudo del Europa, se acercó y me preguntó por qué no estaba jugando. No quise sacarlo de su propia historia. La que él mismo se había elucubrado en su cabeza. Así que le respondí que estaba lesionado. Un esguince de rodilla, le dije con ánimo de no seguir hablando.

-¡Qué lástima! -respondió-, el club necesita de tus goles. Recuerdo el que le anotaste al Manou, aquí mismo -me señaló el arco sur del campo-. La recibiste de espalda a la portería, fuera del área. Regateaste entre dos defensas, creo que eran Aleix y Dani. ¡Cómo pudiste pasar entre esos dos gegants de fiesta mayor! Chutaste de izquierda, tu pierna mala. Nada pudo hacer el portero. Fue tan bonita tu jugada, que Sacca se lanzó, pero no a atajar la pelota, sino para estar más cerca de ese golazo.

Escuché atento su narración. Y me imaginé a mí mismo dentro del campo sintético del Nou Sardenya, festejando ese gol con mis compañeros. Le dije que el próximo que anotara, a mi regreso a los campos, lo celebraría con él en la tribuna. Puso cara de tristeza. Y al tratar de interpelarlo, me detuvo levantando su mano. Miró a lado y lado, agachó su cabeza para susurrarme en el oído que quizás no hubiera otra oportunidad. Por la lesión, se había enterado de que el club se quería deshacer de mis servicio a mitad de temporada. Pero seguro que con mi talento ya encontraría otro club, quizás hasta de Segunda B o incluso Segunda A… iba a decir más, pero llegaron dos personas, una señora y un pequeño.

“Jaume, te he dicho que no puedes salir de casa sin alguien que te acompañe”, dijo la señora, tomándolo del brazo derecho. El chico hizo lo mismo con el izquierdo y lo condujeron hacia la puerta. Antes de salir a la calle Camèlies, el chico se devolvió y pidió excusas. “Lo siento, mi avi padece de Alzheimer, disculpa cualquier tipo de molestia que te haya provocado”. Desde el umbral de la puerta, antes de salir del estadio, Jaume se giró, levantó su brazo y gritó: “Visca L’Europa! Sempre endavant!”.

Por Wílmar Cabrera

 

Fútbol para el Día Internacional del Alzheimer

 

 

En 2014, un estudio de la Fundació Salut i Envelliment (FSiE) de la Universidad Autónoma de Barcelona, promovido y financiado por la Federación Española de Asociaciones de Futbolistas Veteranos, descubrió que hablar de fútbol ayuda a las personas con Alzheimer y deterioro cognitivo estimulando su memoria, atención y estado de ánimo.

 

 

Fútbol vs Alzheimer es un proyecto que la revista Líbero puso en marcha en colaboración con la Fundació Salut i Envelliment, creado para apoyar esta línea de investigación y ayudar a todas las personas con esta enfermedad. Lo que hicieron fue enviar sus revistas al pasado para recuperar los recuerdos de los fans del fútbol.

Hoy, Día Internacional del Alzheimer, es una buena ocasión para recordar esta maravillosa iniciativa.

Más imágenes en el siguiente enlace: https://graffica.info/libero-futbol-vs-alzheimer/