«Dia Internacional de la Mujer»

 

portadas futbol femenino - copia

 

Hoy es el Día Internacional de la Mujer, una buena oportunidad para recordar que ellas también forman parte del binomio fútbol y literatura, como por ejemplo en la selección de libros de este artículo.

Y también le podéis sumar el número 34 de la revista Panenka, cuya portada es bien elocuente:

panenka 34 futbol femenino

 

 

 

«El delantero centro fue asesinado al atardecer», de Manuel Vázquez Montalbán. Editorial Planeta

SINOPSIS

Todo comienza cuando se recibe este anónimo en las oficinas del club de fútbol más rico del mundo: 

“Porque habéis usurpado la función de los dioses que en otro tiempo guiaron la conducta de los hombres, sin aportar consuelos sobrenaturales, sino simplemente la terapia del grito más irracional: el delantero centro será asesinado al atardecer”.

 Carvalho será contratado para esclarecer el caso.

Este es el arranque de “El delantero centro fue asesinado al atardecer” de Manuel Vázquez Montalbán, el volumen número 14 de la serie Pepe Carvalho. Publicado por la Editorial Planeta, se trata de un libro escrito en 1988, en plena época de la Barcelona preolímpica, y en él se combinan a la perfección temas como el fútbol, la corrupción, la vida de las fronteras de barrios marginales y, como en tantas otras de sus obras, la ciudad de Barcelona.

La historia arranca cuando Pepe Carvalho es contratado por la directiva del “club de fútbol más poderoso de la ciudad, de Cataluña, del universo” para que investigue el origen de los extraños mensajes anónimos que amenazan con asesinar al delantero centro.

Aunque a lo largo del libro no aparece el nombre, no cabe duda de que el club del que habla en todo momento es el Barça. Un club que acaba de hacer uno de los fichajes estelares del campeonato: el inglés Jack Mortimer, actual bota de oro europeo y promesa futbolística del continente.

– Le facilitaré las cosas. Todo el mundo habla del fichaje que ha hecho el club. La junta directiva saliente nos dejó una plantilla descompensada y en cierto sentido quemada. Hemos trabajado para recomponerla y nos faltaba un gran crack, una gran figura internacional que devolviera la ilusión al público. Jack Mortimer. Bota de oro.

– ¿Es una metáfora?

– No. Es un galardón. Al mejor futbolista europeo.

– ¿Le dan una bota de oro? ¿Maciza?

Fútbol de élite, fútbol de barrio

Es una evidencia que nos encontramos ante una novela en la que el fútbol es elemento destacado. Con un título como “El delantero centro fue asesinado al atardecer” la conclusión es bien sencilla: delantero asesinado y Carvalho equivale a novela negra y futbolera. Incluso el número de serie del volumen (el 14) tiene reminiscencias muy futbolísticas, puesto que el 14 era el dorsal de Johan Cruyff.

Imagen de www.squadraeterna.com

En el libro Montalbán demuestra todo su conocimiento de los entresijos del fútbol de élite, y la curiosa simbiosis que se produce entre factores tan alejados entre sí como el de los intereses que mueven a algunos de sus principales agentes. Los futbolistas, a los que solo preocupa el juego en sí, y algunos dirigentes, para quienes el fútbol es un mecanismo de poder. Desde la inocencia futbolística de Jack Mortimer a las ansias de poder y reconocimiento social de Basté de Linyola, presidente del club:

Desaparecidos los fotógrafos y los periodistas, Mortimer había perdido el aura de dios de las áreas y parecía un muchacho que se había equivocado de salón y de compañía. Especialmente en relación con Basté de Linyola, empresario y ex político que había hecho de la presidencia del club una cuestión de penúltima significación social (…). La presidencia del club era la antesala de la jubilación, pero le convertía en un poder fáctico y amaba el poder como único antídoto contra la autodestrucción.

Junto a esta visión de la realidad del fútbol de élite encontramos la otra realidad del fútbol, la del terreno de juego, la del jugador que se ha pasado la de campo en campo disputando infinitas batallas y que aun en el ocaso de su vida deportiva continua manteniendo el ADN del fútbol. Vázquez Montalbán también describe esta realidad con gran conocimiento:

– Somos profesionales. El fútbol es nuestro pan. Los jugadores más peligros son o los más jóvenes o los más viejos. Los más jóvenes porque quieren llegar cuanto antes a ser respetados, y los más viejos porque quieren seguir demostrando que están en forma.

Pongo esta foto para ilustrar lo que eran los campos de tierra de hace años. La imagen es la del primer equipo de la U. D. Cornellà de finales de los 80, en el antiguo campo de la Vía Férrea ya reformado. Como entrenador una vieja gloria del fútbol: Pepín Cabezas, del Espanyol. Y entre los jugadores, el que escribe 😀 

Y, el otro nivel futbolístico que encontramos representado es el del fútbol de base, de categoría regional, de campos de tierra, vestuarios infames y duchas de agua fría. Un submundo que conozco muy bien y que, afortunadamente, ha mejorado mucho con el paso de los años. Pero en la época en la que se sitúa la historia la realidad era justamente la descrita. Una realidad que, salvando las distancias, me ha recordado la descrita en “Fuera de juego”, de Miguel Ángel Ortiz, y que tan bien descrita está en el partido que disputan el Alcázar y el …

Es, en definitiva, un ejemplo más del gran conocimiento que Vázquez Montalbán tenía del mundo del fútbol, tanto del que latía en la base, en las categorías regionales, como el de los grandes fastos del teatro de los héroes, con sus flashes, sus focos, sus grandes titulares y sus altares. Y claro, decir esto no es ninguna novedad. Más teniendo en cuenta que el fútbol era una de las pasiones de Montalbán, y que no hay que olvidar otra de sus grandes obras dedicadas a esta temática: “Fútbol. Una religión en busca de un dios”.

– Tú juega a tu aire. Pero pon cojones. Muchos cojones. Los defensas centrales de categoría regional son más asesinos que los de tercera o los de segunda. Al lado de ellos, Pontón era un angelito.

         Y le guiñaba el ojo porque había mencionado el nombre del histórico asesino de su rodilla.

Tenemos, en resumen, un gran análisis de la psicología de los diferentes estamentos que forman parte del planeta fútbol. Desde los jugadores, a los entrenadores, pasando por los presidentes, los aficionados, los periodistas, etc.

Como colofón de este apartado, recomendar una atención especial a la espectacular y revolucionaria teoría táctica del nuevo entrenador fichado por el club. No tiene desperdicio. Y más aún si la comparamos con la otra teoría táctica que aparece en el libro. Pizarra de élite y pizarra de barrio. Un ejemplo más del abismo que separa a los equipos de fútbol de la cima y a los de la base.

Del fútbol de barrio al barrio chino

Imagen de www.timeout.es

Como en otras obras de Vázquez Montalbán, la ciudad y el barrio Chino especialmente tienen un especial protagonismo. En este caso lo que se respira es un continuo sentimiento de pérdida, de nostalgia hacia una época que se va, hacia la desaparición del país de su infancia, con las intervenciones urbanísticas en la Barcelona preolímpica, en general, y en el barrio chino, su barrio, en particular.

… y a sus espaldas, la piqueta se cernía sobre el barrio del Raval para abrir caminos por los que se fueran los malos olores de la droga y el sida, la inmigración magrebí y negra.

Nos encontramos aquí otro de los grandes temas de la novela: la modificación de la ciudad con motivo de los juegos olímpicos de 1992. El libro está escrito en 1989, época de grandes operaciones de cirugía estética urbana y entre las cuales luces y sombras se alternaban y confundían. La ciudad vivía sumida en un auténtico cambio de etapa y de época, una situación que al escritor le producía un cierto rechazo por lo que significaba de eliminación de una identidad a cambio de un maquillaje. Por eso hay un cierto tono de nostalgia, de pérdida, de adiós irrecuperable a toda una época.

“Un gigantesco bulldozer con cabeza de insecto de pesadilla convertiría la arqueología de la miseria en definitiva arqueología de libro”.

“Pero aunque se derrumbaran las casas y los viejos, los drogadictos, los camellos, las putas pobres, los negros, los moros tuvieran que escapar empujados por la pala mecánica, a algún lugar llevarían su miseria, tal vez al extrarradio, donde la ciudad pierde su nombre y ya no se hace responsable de sus desastres”.

Imagen de www.intensificantvidesnervioses.wordpress.com

Una visión en la que a lo largo de las páginas vamos descubriendo una radiografía que muestra una ciudad que es, para unos, el territorio en el que vivir, y para otros, el espacio con el que negociar. Una visión que podríamos vincular con la de Manuel Delgado y su crítica a la ciudad escaparate solo para turistas.

Y entre los grandes damnificados los habitantes de unas clases para quienes la especulación era un término de sonoridad lejana hasta que comenzó a acercarse peligrosamente amenazando con expulsarlos más allá de las fronteras del sistema. Un barrio chino cuyas calles son un personaje más de la novela y que requieren de una lectura con un plano al lado y poder callejear junto a Carvalho.

¿Quién podía suponer que desconocía los límites del país de su infancia ¿Quién podía escamotearle los puntos cardinales que mejor conocía?

En este sentido, os recomiendo que visitéis la página de Barcelona Llibres en la que aparecen numerosas referencias a esta presencia del barrio chino en la obra de Vázquez Montalbán y, en particular, en el caso de “El delantero centro fue asesinado al atardecer”.

Imagen de Joan Colom sacada de la página www.barcelonallibres.cat

Del Barrio Chino a los personajes del barrio

Imagen de www.vespito.net

– Deben ser los árabes, jefe.

– ¿Qué árabes?

– Los jeques árabes. Se llevan a todos los futbolistas buenos a esas ciudades del desierto para hacer equipos invencibles a base de talonario.

Carvalho, Biscuter, Bromuro… personajes llenos de esa vida auténtica de barrio, las vidas del superviviente. Personajes que continúan flotando con dignidad en medio de una corriente que les aleja de lo conocido y les arrastra hacia lo desconocido. Carvalho, como siempre, es uno de esos personajes en los que la resignación se convierte en dignidad, y en los que las dificultades y los obstáculos se aceptan sin permitir que acaben ahogando esos pequeños placeres que dan sentido a la vida.

En la novela, Carvalho se mueve continuamente entre esos dos mundos que oficialmente nunca se tocan aunque, en los subterráneos, están en un continuo contacto. Haciendo gala permanente de su escepticismo y sabiduría de calle, Carvalho se mueve en los altos ambientes sin dejarse deslumbrar y sin perder nunca su desconfianza ante el brillo de la opulencia.

Y de postre, un poco de gastronomía

Y, por supuesto, está la gastronomía, tan presente en las historias de Carvalho. No recordaba algo que me dije a mi mismo hace años: no leas una historia de Carvalho antes de comer. ¡Cuánta razón! Porque cuando menos te lo esperas te asalta una comida, un manjar, una delicatessen, una visita a uno de los templos culinarios que Montalbán tan bien conocía, o cualquier maravilla gastronómica que como te pille con el estómago vacío te acaba haciendo babear encima del libro.

– Asombroso. Entiende usted de cocina.

– No entiendo de otra cosa. Pero tampoco demasiado.

– ¿Es indispensable entender de cocina para un detective privado?

– No. Pero para un psicólogo social, sí.

– Qué interesante. Explíquese.

– No soy orador.

– Antes me ha parecido que lo era.

– Las sobremesas me excitan.

Imagen de www.currycurryquetepillo.com

Para terminar, una referencia futbolística para recomendar el libro. Y es que, transformando la expresión del desaparecido Luis Aragonés, no puedo más que decir que “El delantero centro fue asesinado al atardecer” de Manuel Vázquez Montalbán es un libro para leer y leer y volver a leer. Y leer y leer y leer. Y leer y leer y volver a leer…

Pues eso.

Más información

Encontraréis reseñas y comentarios sobre el libro muchos más interesantes que este en los enlaces siguientes, en los que también encontraréis algún artículo sobre la relación de Vázquez Montalbán y el fútbol.

Imagen de www.barcelonallibres.cat

El fútbol, el 23-F y las casualidades lectoras

 

Imagen de www.flapa.es

Ayer fue 23 de febrero, una fecha sin nada especial para unos, y cargada de simbolismo para los que, digámoslo claro, tenemos una cierta edad. Recuerdo que durante un tiempo los informativos de la televisión y la radio, cada 23 de febrero, recordaban que el mismo día de 1981 se produjo uno de los episodios más relevantes (y frikies, también) de la historia española. Un hecho que ha dejado de ser material de recordatorio informativo quedando sepultado en lo más profundo del baúl de los recuerdos de Karina.

Aquel día, un grupo de guardia civiles, liderados por el teniente coronel Tejero y su mostacho, irrumpieron en el congreso de los diputados, manteniendo secuestrados a todos los que por allí pululaban durante 18 horas. A quien le interese el tema le recomiendo el libro de Javier Cercas “Anatomía de un instante”, o, también, el interesante programa «Operación Palace«, que hace poco se emitió y fue realizado por el equipo de Salvados.

Para que nos entendamos, aquello fue un intento de golpe de estado en toda regla, de los de tomo y lomo, expresión esta que recuerdo de los tebeos y me hacía mucha gracia. Hacia las 18.22 exactamente se produjo la invasión del Congreso de los Diputados, y supongo que minuto arriba minuto abajo fue cuando en la bóveda del edificio retumbó el famoso “¡Alto todo el mundo! ¡Todo el mundo al suelo!”.

Son momentos que uno acaba siempre recordando. Y se recuerdan por razones diversas. De hecho, como me pilló jovencito (16 años, segundo de B.U.P. Sí, sí: B.U.P., una cosa de la prehistoria), en una época en la que transición, democracia, libertades, franquismo, espíritu reivindicativo… eran términos de gran actualidad, me tocó vivir el suceso con toda la atención del mundo, poniendo sobre él mis cinco sentidos, desde las trincheras del instituto de una ciudad dormitorio, consciente de la repercusión histórica de lo que estaba sucediendo.

Imagen de www.imortaisdofutebol.com

(Bueno, de hecho, también puse los cinco sentidos –y porque no tenía más- y tuve conciencia de la importancia planetaria de lo que sucedió un año después, cuando la Italia de Paolo Rossi eliminó del Mundial 82 al Brasil de Sócrates en aquel inolvidable partido que se jugó en Sarriá. ¡No había llorado por una final de fútbol desde la de Alemania contra Holanda en 1974!

Pero como decía, si tengo fresco aquel 23 de febrero de 1981 fue por un momento clave que se produjo aquella tarde. Un momento que me hizo entender de golpe lo que significan las expresiones “sabiduría popular” y “¡Ay la que se va a liar!”. Y fue cuando mi madre, muy seria, me dijo: “Niño, baja a la bodega y compra todos los huevos, patatas, latas de conserva y otros productos imperecederos que puedas, que como esto vaya en serio vamos a necesitar provisiones”. Vaaaa, lo reconozco: me he tomado la licencia de transformar las auténticas palabras que mamá pronunció aquella tarde, que como se puede suponer fueron bastante menos literarias y mucho más onomatopéyicas.

Imagen de www.marca.com

¿Y por qué precisamente hoy me asalta el recuerdo del (valga la redundancia) asalto del 23-F? Se supone que en este blog se habla de lecturas relacionadas con el fútbol, ¿no? Bueno, sí. Se habla de libros en los que el fútbol es el tema principal. Y también se habla de lo que se habla en los libros que hablan de fútbol. Más o menos. Y justamente en uno de esos libros, “El delantero centro fue asesinado al atardecer”, de Manuel Vázquez Montalbán, justamente hoy, decía, leo:

…ante ellos apareció de pronto una pequeñísima taberna, inexplicablemente superviviente en aquella acera del paseo de la Bonanova, titulada Cervecería Víctor y nada más entrar Carvalho recibió cien informes visuales de que algo irreparable había pasado en su vida: había traspasado el dintel del tiempo. A este lado de la puerta, la Barcelona democrática, olímpica y yuppie, y al otro un rincón para la nostalgia de la España franquista, una madriguera color vino donde hasta las jarras de cerveza llevaban la bandera española y las postales eran señales de una identidad nostálgica: Onésimo Redondo, Ramiro Ledesma Ramos, el general Muñoz Grandes con la Cruz de Hierro, el coronel Tejero con los bigotes de hierro, Adolfo Suárez disfrazado de jefe falangista y acompañado del lema “¿Juras, Judas?”.

Pues eso. Que como quien no quiere la cosa me ha saltado a un ojo desde las páginas del libro que estoy leyendo “el coronel Tejero con los bigotes de hierro”. Un asalto que se ha producido un 23 de febrero. Y he creído que la cosa no podía quedar así.

Otro ejemplo más de todo lo que se puede aprender leyendo literatura futbolera. Hoy, historia contemporánea.

Cogido con pinzas, ¿verdad?

Imagen de www.arasdehierba.wordpress.com

«Fútbol» y «San Valentín»

 

Imagen de www.elbocon.pe

 

Hoy, día de San Valentín, vale la pena preguntarse si hay espacio para el amor en el fútbol. Y no me refiero solo al amor por un equipo, o al amor por el fútbol en general. Me refiero al amor que podemos encontrar entre las páginas de la literatura futbolera.

Historias de amor, más o menos, como la encontramos en «Lucha por la victoria«, de Gerard van Gemert, entre Hans y Femke:

Femke esbozó una tímida sonrisa y susurró:

– ¿Sabes que no solo me pareces un buen FUTBOLISTA?

Hans se preguntó qué querría decir con eso. Se le ocurrió una idea descabellada, pero ni se atrevió a considerarla, así que prefirió quedarse callado.

Femke siguió hablando:

– Me gustas mucho, Hans. Cuando estoy contigo, siento mariposas en el estómago.

Él la miró, alucinado.

– A mi me pasa lo mismo -consiguió balbucear.

Femke se echó a reir, y a continuación le tomó la cara entre las manos… y lo besó.

Por un momento, Hans se olvidó de todo. La cabeza le daba vueltas.

Cuando Femke lo soltó, Hans la contempló maravillado, le dedicó una amplia sonrisa y se puso en pie.

 

O como la declaración que encontramos en «El misteri dels àrbitres adormits«, primer número de la serie «Els futbolíssims«, de Roberto Santiago y publicada por Cruïlla. Una declaración de uno de los protagonistas, Francesc Parxet Cases hacia la Xantal, la jugadora más guapa de su equipo:

– La Xantal és una noia molt…, guapa i molt simpàtica i juga molt bé al futbol…, i a mi…, diaxò…, a mi m’agrada… Tampoc no és que m’agradi gaire, però, vaja, que si, que m’agrada… I aquesta nit he quedat amb ella al camp de futbol i estic una mica nerviós.

 

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Otro ejemplo de amor en la literatura futbolera es el que encontramos en «Fuera de juego«, de Miguel Ángel Ortiz:

 

 

Noelia cruzó los brazos.

– Ya lo sabes -dijo-. No te hagas el tonto.

– Dilo.

– Eres un payaso. -Se volvió a Fichu-. Él.

– ¿Quién?

– Fichu.

– Su nombre -dijo Koldo.

– No te cebes -dijo Salva-. Ya lo ha dicho.

– Su nombre, o fuera.

– Jesús.

– ¿Ves cómo no era tan difícil? -dijo Koldo acercándose a Fichu; le cogió por la barbilla, pero Fichu se revolvió-. Uhhh, las orejas rojas: amor del bueno.

 

Y, por si no es suficiente, aquí tenéis un par de ejemplos más del amor que podemos encontrar en la literatura futbolera.

 

 

Que paséis un buen y futbolero San Valentín!

Ramon Besa i el «Foot-ball» de Cesc Gelabert

 

 

Fa uns dies dedicaven aquest article a «Foot-ball«, l’espectacle de Cesc Gelabert que uneix futbol i dansa i es converteix en tot un homenatge a l’estètica del joc del Barça dels últims anys.

La ressenya on es parla de l’èxit de l’estrena al Teatre Nacional de Catalunya es pot llegir en aquest article publicat divendres al diari El País, i on sota el títol «Cesc Gelabert marca gol» es parla d’un impactant i àgil espectacle que no va decebre el públic assistent.

La notícia anava acompanyada d’un petit text de Ramon Besa parlant de l’espectacle, una peça que com totes les de l’autor val la pena gaudir en tant que exemple de les relacions entre futbol i literatura.

El joc amb pilota i sense

Mig futbolista, mig ballarí, Gelabert decodifica jugades cèlebres del Barça

Encara que el futbol del millor Barça sempre va despertar una gran sensibilitat artística, no se sabia la seva relació amb la dansa fins que Cesc Gelabert va idear un espectacle que porta per nom Foot-ball.Calia ser un seguidor molt culer, tenir un passat reconegut com a futbolista i estar considerat un coreògraf de fama mundial per descodificar algunes de les jugades més cèlebres de l’equip que van entrenar Rijkaard, Guardiola i Tito. I Gelabert és soci barcelonista (té el carnet 6.242), va resoldre un dels partits més històrics del CP Sarrià i balla com si fos Cruyff.
El diàleg de la dansa amb el futbol funciona magníficament, la imatge es barreja molt bé amb l’escenari i els moviments dels ballarins no s’hi superposen, sinó que són complementaris amb els dels jugadors del Barça. Futbolistes i ballarins participen, de fet, d’una disciplina semblant, necessiten dominar la tècnica i controlar l’espai, ser ràpids i elegants en els seus moviments, per després arribar als espectadors a partir de la seva creativitat, com es va poder apreciar ahir al Teatre Nacional.

Les fintes de Messi, la ferocitat de Puyol, la pelopina de Xavi, lescroquetes d’Iniesta apareixen en pantalla i en escena, igual que lapunyalada de Lo Pelat al Camp Nou. No hi juguen onze, sinó set, i el partit no dura una hora i mitja, sinó 60 minuts. Tant se val perquè hi ha prou temps per gaudir de les diferents fases del joc, assaborir la victòria, patir per la derrota i cantar sobretot el gol maradonià de Messi al Getafe. Una jugada que posa el punt i final a una obra in crescendo després d’una arrencada preocupant per l’aparició d’Arbeloa.

El gol de Messi s’assaboreix ràpidament i a càmera lenta mentre es dramatitza de manera colpidora sobre el llançament de penal. La força alterna amb l’emoció en una funció per gaudir, mèrit de Cesc Gelabert, mig futbolista, mig ballarí, admirable com a innovador i creador de Foot-ball. Ningú ha explicat millor com es juga a futbol amb pilota i sense.

RAMON BESA  
(Publicat al Diari El Pais el 23 de gener de 2015)

I a continuació, un fragment de l’espectacle.

 

Jordi Puntí: «Jugar bé i guanyar»

 

Imatge de www.ara.cat

Ahir a la nit es va emetre al «Sense ficció» de TV3 el documental “L’últim partit. 40 anys de Johan Cruyff a Catalunya”. Entre d’altres intervencions vam poder veure i escoltar les lloances de Guardiola o Xavi, que consideren que cal situar l’origen en els canvis experimentats en el club blaugrana durant les últimes dues dècades en l’arribada de l’holandès.

La defensa a ultrança d’una filosofia insubornable, unes idees futbolístiques revolucionàries, en tant que la seva principal aposta passava pel bon joc, i una trajectòria històrica amb successors que han continuat amb la línia marcada per Cruyff han estat les peces que han transformat en guanyador un club que fins aleshores no ho era.

Per això, val la pena recuperar un article de Jordi Puntí, un dels autors que ha fet servir el futbol com a matèria primera per algun dels seus textos i que és un gran representant de la dignificació de la relació entre futbol i literatura.

Imatge de www.elperiodico.com

I un exemple d’aquesta relació és la d’aquest text, publicat en el número 403 de L’Avenç, corresponent als mesos de juliol i agost de 2014, i en el que fa una magnífica relació entre les idees futbolístiques de Cruyff i la seva estètica i la narrativa actual.

Res més apropiat per formar part d’aquest Futbol Club de Lectura. A més, el text inclou una magnífica descripció de la creació literària fent servir descripcions pròpies del futbol.

(NOTA: no us perdeu els escrits de Jordi Puntí relacionats amb el futbol. Trobareu aportacions seves, juntament amb les de molts altres escriptors, en les obres següents:

– “Amb blau sofert i amb grana intens”, publicat per Proa el 1999, inclou una conversa entre Jordi Puntí i Vicenç Villatoro on sota el títol “Barça i literatura” parlen sobre aquest tema;

– “Cuando nunca perdíamos”, publicat a Alfaguara el 2011, un altre recull d’escriptors i periodistes on trobem el text “Cuando era un neeskens”, signat per Jordi Puntí).

A continuació, l’article sobre Cruyff, l’estètica, l’estil i la narrativa actual, en el qual m’he pres la llibertat d’intercalar algunes imatges per il·lustrar-lo.

JUGAR BÉ I GUANYAR

Jordi Puntí

No és cap disbarat considerar que les idees de Johann Cruyff sobre el futbol ens poden ajudar a entendre alguna cosa de la narrativa actual. Cruyff sempre ha defensat un futbol basat en una estètica molt clara, segons la qual jugar bé, amb un bon control de la pilota, amb vistositat i diversitat de recursos, és molt millor que anar a buscar només la victòria per satisfer la intriga dels aficionats.

Un altre entrenador, Xabier Clemente, apel·lava al sentit pràctic i deia que abans preferia guanyar que no jugar bé, perquè el públic paga per veure la victòria, però Cruyff li responia amb el seu proverbial sentit comú:

Si vols jugar bé i ho aconsegueixes, a la llarga acabes guanyant. Si només et preocupa guanyar sigui com sigui, quan perds et queda cara de ruc”.

D’alguna manera, Cruyff reivindica que cada equip tingui una veu pròpia que el representi, on l’èxit surti de la combinació de forma (jugar bé, passar-se la pilota amb criteri) i contingut (marcar gols o, si més no, crear perill).

Com deia, aquest mateix plantejament pot funcionar quan pensem en la narrativa actual, on la tendència que s’imposa per part d’editors i agents literaris és la de guanyar (diners, vendes, potser lectors) per sobre de la qualitat. Així, per necessitats de mercat, hi ha molts narradors que sempre van de cara a barraca i només es fixen en el contingut.

Imatge de www.mispeloterosfavoritos.blospot.com

L’estil més aviat els fa nosa: no tenen cap interès per trobar una veu pròpia i acaben escrivint en una prosa funcional, de defensa matusser que llança pilotades llargues, d’equip que només busca l’emoció del gol des de les formes més tòpiques i previsibles. Són novel·les que, un cop acabades, s’obliden igual que l’empat a zero més insubstancial. Sovint també aquests autors defensen la quantitat per sobre de la qualitat, i insisteixen a centrar sempre pel mateix cantó, a repetir un cop i un altre la mateixa jugada, la mateixa fórmula de best-seller que ja els ha funcionat abans.

A l’altre extrem hi ha els narradors que s’obliden de guanyar i defensen la forma per sobre de tot, la forma com a contingut, i en aquest cas el perill és ben bé el contrari: que l’autor s’oblidi que hi ha un partit en joc i s’acabi recreant en el dríbling gratuït, la bicicleta exagerada, l’experimentació com a finalitat, que només condueixen al narcisisme estilístic o a l’absurd. Com si el llibre no fos un partit de futbol, sinó un entrenament perpetu.

La filosofia de Cruyff se situa en algun punt intermedi i no perd de vista que un partit dura 90 minuts i al final s’ha d’haver marcat algun gol, tot i que amb el temps el lector recordarà sobretot les jugades, la impressió general d’haver freqüentat una obra d’art.

Fa anys que el best-seller d’escassa qualitat literària, que reprodueix tòpics, troba milions de lectors a tot el món, en totes les llengües. Als Estats Units, potser perquè és un país on els espots dominants es refien més de la força física –el futbol americà, el beisbol, fins i tot el bàsquet- que no de l’estratègia col·lectiva, fa dècades que la novel·la de consum és el gènere amb més seguidors. Alhora, però hi ha una llarga tradició d’autors que escriuen combinant una trama complexa amb un esforç estilístic notable, de John Irving a Annie Proulx, André Dubus III, Michael Chabon o Jeffrey Eugenides.

Aquest territori pot ajudar a entendre el fenomen de The Goldfinch (La cadernera), la novel·la de Donna Tartt que aquest any ha guanyat el premi Pulitzer i és a les llistes de llibres més venuts de mig món. Tartt és una autora lenta (publica una novel·la per dècada), molt lloada per una prosa elaborada i l’habilitat per crear trames complexes.

 En el cas de The Goldfinch, es tracta d’una novel·la dickensiana, de més de mil pàgines, que en el conjunt s’ha de veure com una obra fallida i alhora exitosa. A estones l’exercici estilístic és notable, sobretot a peu de gespa, frase a frase, però massa sovint el lector té la sensació que l’autora carrega en excés la història, la vesteix amb detalls i descripcions innecessaris només per disfressar una trama que té molts replecs, com si li fes por caure en l’esquematisme.

La majora de novel·les best-seller no tenen qualitat literària per defecte d’estil; en aquest cas únic, el problema és per excés.

JORDI PUNTÍ

 

 

Foot-ball: Cesc Gelabert fusiona el futbol del Barça i la dansa contemporània

Fotografia de www.lavanguardia.com

 

Tot i que el tema principal d’aquest Futbol Club de Lectura és parlar de futbol i literatura, també hem fet algunes incursions en el cinema. I, avui, també deixem parcialment de banda les lletres per tractar d’una altra manifestació cultural que ha fet servir el futbol com a tema principal. Avui parlem de «Foot-ball«, el nou espectacle de Cesc Gelabert., un dels grans referents de la dansa contemporània.

I és que, afortunadament, la relació del futbol amb altres territoris culturals es va consolidant cada vegada més. Amb tot, encara hi ha camí per recórrer, perquè sobreviuen els qui encara pensen que futbol equival a ignorància i el continuen desprestigiant amb les seves opinions. Aquests, però, no volen veure que la nòmina d’intel·lectuals que s’han fixat en el futbol per fer-lo servir com a matèria primera de les seves creacions culturals és molt àmplia. Una nòmina en la que trobem, per exemple, destacats escriptors i cineastes.

Ves per on, ara ens trobem amb un nou argument, de gran potència per cert, pels qui defensem que futbol i cultura no són incompatibles, sinó més bé tot el contrari. Es tracta de “Foot-ball”, el nou espectacle de Cesc Gelabert, apassionat del futbol i culer, soci del Barça des de fa molts anys, i un dels grans creadors i referents contemporanis en el camp de la dansa.


Foot-ball 2

En un clar homenatge al futbol i, especialment, al Barça de Guardiola, l’espectacle mostra sobre l’escenari la descodificació d’algunes de les millors jugades del Barça per part dels ballarins, unint d’aquesta manera els llenguatges corporals del futbol i de la dansa.

L’espectacle es basa en jugades de partits del Barça de Lliga i de Copa del Rei dels últims anys, amb les quals s’ha fet un audiovisual que uneix els moviments del ballarins i els futbolistes i es projecta a al sala mentre s’actua a l’escenari. Així, trobem referències a Messi, Iniesta, Xavi, Pujol i Valdés.

 Foot-ball 1

L’espectacle s’estrenarà el 22 de gener al Teatre Nacional de Catalunya, i a la web del TNC trobem la següent sinopsi:

Segons Pasolini, el futbol és un llenguatge en el qual els jugadors escriuen els signes amb el seu cos i els espectadors els desxifren. Així, des del moment en què els signes del futbol deixen de ser purament instrumentals per esdevenir expressius, es pot considerar que aquest llenguatge presenta diferents categories estètiques, igual que els conceptes de prosa o poesia permeten classificar la llengua verbal. I en aquest sistema de signes hi ha moments exclusivament poètics, com ara els gols o els driblatges, perquè són sempre pertorbacions del codi, igual que també ho és la paraula poètica.

La hibridació de llengües —anglès i català— que formen el títol d’aquest espectacle serveix al coreògraf Cesc Gelabert per presentar una hibridació de dos dels principals llenguatges no verbals de la nostra cultura —el futbol i la dansa— i així establir un diàleg entre la capacitat expressiva i la naturalesa poètica d’aquestes manifestacions escèniques. Foot-ball és l’ocasió de veure un equip de ballarins que juguen a descodificar coreogràficament algunes de les millors jugades del Futbol Club Barcelona.

I, com a complement, aquí teniu el magnífic i extens article que sota el títol «El dream team de Cesc Gelabert» va dedicar Emilio Pérez de Rozas en El Periódico de Catalunya a «Foot-ball«.

El ‘dream team’ de Gelabert

El prestigioso bailarín estrenará en el TNC, el próximo día 22, ‘Foot-ball’, una obra que convierte en danza el tiki-taka del Barça

 

EMILIO PÉREZ DE ROZAS

DOMINGO, 11 DE ENERO DEL 2015

 

Este es, en efecto, el ‘dream team’ de Cesc Gelabert. De pie, Anna Hierro, Luis Pedraza, Gelabert, Virginia Gimeno, Lluc Fruitós y Alberto Pineda. Sobre el escenario, Lorena Nogaly Daniel Corrales.

En el patio grande de los Sagrados Corazones de avenida de Vallvidrera, 10, era poco menos que invencible. Cuando éramos impares, el que sobraba siempre se lo daban al equipo rival de Cesc Gelabert, pues todos sabíamos que, incluso con uno menos, nos iba a apalizar. Era bueno, muy bueno, buenísimo, jugando a fútbol. Pero… pero cuando tuvo que decidirse entre el balompie y el baile, por más contemporáneo, moderno, extraño, original, único y poco comercial que fuese, eligió la danza, hasta convertirse en uno de los pocos bailarines y coreógrafos españoles que figuran en The Concise Oxford Dictionary of Dance.

Finalmente Gelabert, siempre en compañía de la encantadora Lydia Azzopardi, ha podido cumplir una ilusión, más que un sueño, y juntar, unir, mezclar, escenificar, combinar, aunar, bailar, fundir fútbol y danza. Hace muchos, demasiados, años que Gelabert (Barcelona, 1953), socio del Barça, casi, casi, desde que nació (tiene el número 6.242, increíblemente bajo, no si se conoce su pasión por el Barça y su tiki-taka) le daba vueltas a la posibilidad de reflejar sobre el escenario aquello que Ronaldinho, Messi, Xavi, Iniesta y compañía escenificaban en el césped.

Un proyecto muy culé

Y, al final, con la ayuda del propio Barça (mucho ha tenido que ver Carles Vilarrubí), de Mediapro (a Jaume Roures le encantó la idea desde el primer momento) y el Teatre Nacional de Catalunya (TNC), Gelabert ha seleccionado una serie de jugadas, gestos, mimos, pasajes, quiebros, cintas, driblings, goles y cánticos azulgranas para replicarlos, a su manera, sobre el escenario, mientras el espectador visiona, en grandes pantallas de video, no solo la jugada original, sino también imágenes, fragmentos, trozos, acciones, grabadas y tratadas en video por el director Jordi Morató, que ha contado con la colaboración de Isaki Lacuesta, otro genio del video.

Virginia Gimeno, que ejerce de Leo Messi en el gol al Getafe, sortea rivales.A la derecha, Anna Hierro y Lorena Nogal.

Fútbol y danza

 «Pier Paolo Pasolini decía que el fútbol es un lenguaje en el que los jugadores escriben los signos con su cuerpo y los espectadores los descifran», explica el propio Gelabert en un pequeño descanso de la grabación de distintos pasajes del espectáculo Foot-ball, que estrenará, el próximo 22 de enero (¡solo habrá nueve sesiones!) en elTNC. «Fútbol y danza son dos de los principales lenguajes no verbales de nuestra cultura y nosotros lo que hemos intentado es establecer un diálogo entre la capacidad expresiva y la naturaleza poética de estas dos manifestaciones escénicas. La coreografía es a la danza como la estrategia al fútbol».

Foot-ball, que encantará a los futboleros y asombrará a los amantes del baile, la danza y la improvisación, es la ocasión ideal para ver a un equipo de bailarines, original, desenfadada y divertidamente vestidos por Azzopardi, que juegan a descodificar, coreográficamente, algunas de las mejores jugadas del Barça, recreadas documentalmente por la mirada de Morató y Gelabert.

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Defensas espectaculares

Está, como no, el fabuloso y mundialmente admirado gol de Messi al Getafe, aquel increíble y memorable eslalom maradoniano. Hay cabriolas, quiebros, silencios y regates de Iniesta. Pausas de Xavi. Saltos, despejes y remates desmelenados de Puyol. Electrizantes carreras de Pedro. En los ensayos, Gelabert pide, siempre con pausa, con exquisitez, con delicada educación, casi ruega, a sus bailarines que se metan en la piel de los futbolistas que representan e, incluso, a los defensas del Getafe les pide que actúen con disciplina y agresividad, que se lancen por el escenario-césped con intención de interrumpir la cabalgada de Messi.

Y, cuando la jugada lo requiere, cuando de lo que se trata es de bajar con el pie en alto, a lo Xavi, a lo Iniesta, a lo Ronnie, un balón que cae del cielo con nieve y se posa bellísima y pausadamente en el borceguí del bailarín, Gelabert exige la elegancia que se intuye en el danzarín vestido con corbata por Azzopardi, para dar idea de la plasticidad de la acción futbolística y aumentar su belleza.

 Claqueta de grabación de la obra Foot-ball

Adoración por Cruyff

Gelabert no lo cuenta, pero él adoraba la manera de jugar de Johan Cruyff, pero no hay demasiado material (bueno, excelente, de calidad) como para hacer el espectáculo con el fútbol, la elegancia, el ritmo, la fragilidad y belleza que ejecutaba el flaco, el profeta del gol, curiosamente gran amigo de Roures. Así que el artista se ha tenido que conformar con el fútbol diabólico del Barça de los últimos años. «Se diría que, desde que nací, tengo un pie en cada mundo, uno en la danza y otro en el fútbol», explica Gelabert, cuya carrera como bailarín se asemeja a la carrera futbolística de Guardiola. ¿Xavi?, «Xavi me parece el menos bailarín y más coreógrafo de todos. Siempre sabe dónde se encuentra y esa es la labor más complicada. La perspectiva coreográfica de Xavi hace que, en todo momento, sea capaz de saber qué está pasando alrededor suyo, de ahí que su prodigiosa colocación».

Admira, como no, a Iniesta. «Es el más bailarín de todos, por su forma de mantener la distancia y genial posicionamiento». Por supuesto, Gelabert, solo agresivo y espectacular cuando lo requiere la representación, siente debilidad plástica por el ímpetu que poseía Puyol y su leonina melena al viento. «Puyol era pura danza atlética y oficio de anticipación». Y Gelabert no se resiste a hablar de Messi. «Leo, que es bípedo, es tan prodigioso con el balón en los pies que es capaz de correr controlando la pelota, dándole pausados y orientados golpecitos y, a la vez, ¡piénselo bien!, a la vez, sortear, driblar a futbolistas que intentan arrebatarle, como sea, el cuero. Lo prodigioso de Messi es que es capaz de hacer todo eso con el balón en sus pies mucho más deprisa que unos tíos que van a su caza sin llevar entre sus pies el balón. Y, sin embargo, ni lo pillan, ni lo atrapan, ni le quitan el esférico, ni le hacen caer. Esa es una operación psicofísica idéntica a la que hace un bailarín para resolver combinaciones muy complejas».

 
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Maldita crisis

A Gelabert le duele que el mundo, la sociedad, los gobiernos, España, el país entero, haya dañado la posibilidad de hacer crecer la cultura. «La crisis nos ha dañado tanto, tanto, que me encantaría ser tan famoso como Messi para poder influir con las cosas que digo y hago para empujar esto hacia un gran cambio». Y vuelve a Leo, claro: «Una de las principales cosas en común entre fútbol y danza es el equilibrio supremo sobre una sola pierna, para lograr estética en el baile y, en el fútbol, el tiempo acertado para controlar el balón».

Mientras Azzopardi retoca los ropajes de los siete bailarines de Foot-ball, Morató negocia los planos con sus cámaras y la música, compuesta por Borja Ramos, resuena en el improvisado escenario, Gelabert reconoce que su deseo es «entrar en el movimiento del fútbol y convertir el juego en una lente de aumento para que el público se apasione por el ritmo, por la acción». Es evidente que Gelabert y su dream team no tienen intención alguna de reproducir sobre el escenario lo que hacen los futbolistas «pues es imposible hacerlo mejor que ellos». Lo que quieren, y logran de forma originalísima, es escenificar, a su manera, determinadas acciones. «Lo que hacen Messi, Iniesta, Xavi, Ronaldinho, Neymar es de una complejidad rítmica muy similar a cualquier baile nuestro».

El Barça actual

«El mejor Barça es una auténtica danza coreográfica única, magnífica, inimitable», señala Gelabert, mientras Azzopardi, discreta, atenta a todo y todos, añade en mitad del silencio: «Los movimientos y acciones que hacen los futbolistas son prodigiosos y de una psicomotricidad idéntica a la de los bailarines. Es impresionante, pese a que ellos, los futbolistas, no se dan cuenta de la dificultad de sus acciones, de sus gestos, de sus quiebros, porque lo hacen de forma intuitiva».

La grabación ha terminado. Mientras todos recogen todo (la crisis ha reducido hasta la mínima expresión los equipos), Gelabert, que ha dado un par de giros en el aire, no quiere despedirse sin lanzar su pronóstico sobre el actual Barça: «El Barça actual, y menos con Luis Enrique al frente, no tiene un problema físico, sino la dificultad de luchar contra una excelencia que no volverá. Es, pues, un problema psicológico, más de bailarín que de futbolista».

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Pilotades literàries: Peter Handke i «El miedo del portero al penalty», Ed. Alfaguara

 

 

Fa una estona, mentre escoltava per la ràdio el partit de lliga entre el Barça i l’Atlètico de Madrid, no he pogut evitar fer una ràpida associació literària quan s’ha xiulat el penalti contra el Barça.

 

 

Un penal xiulat a Messi, que xutaria Mandzukic, i que intentaria aturar Bravo evitant “El miedo del portero ante el penalty”, de l’escriptor austríac Peter Handke, i publicat per l’Editorial Alfaguara.

 

Se anunció un penalti. Todos los espectadores corrieron a ponerse detrás de la portería.

         – El portero está pensando hacia qué esquina va a lanzar el otro el balón –dijo Bloch-. Si conoce al jugador, sabrá cuál es la esquina que elige normalmente. Pero generalmente, el jugador que lanza el penalty cuenta también con que el portero está haciendo éstas o aquellas conjeturas. Así que el portero sigue reflexionando, y llega a la conclusión de que esta vez el tiro irá dirigido a la otra esquina. ¿Pero qué ocurre si el jugador continúa reflexionando también, y decide dirigir el tiro a la esquina acostumbrada? Etcétera, etcétera.

          Bloch vio como poco a poco todos los jugadores iban saliendo del área de castigo. El que iba a lanzar el penalti colocó el balón en el sitio adecuado. Entonces él mismo retrocedió y salió del área de castigo.

          – Cuando el jugador toma la carrerilla, el portero indica con el cuerpo inconscientemente la dirección en que se va a lanzar, antes de que hayan dado la patada al balón, y el jugador puede entonces lanzar el balón tranquilamente en la otra dirección –dijo Bloch-. Es como si el portero intentara abrir una puerta con una brizna de paja.

          De repente el jugador echó a correr. El portero, que llevaba una camiseta de un amarillo chillón, se quedó parado sin hacer un solo movimiento, y el jugador le lanzó el balón a las manos.