“La utopía del portero”, de Ángel Silvelo Gabriel. Libros Cúpula

 

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Todo está preparado. Los jugadores en el terreno de juego. Los guardametas bajo palos. El árbitro y los linieres dispuestos. Suena el pitido inicial. El balón comienza a rodar y la utopía del portero inicia su camino.

 

Termino emocionado “La utopía del portero”, maravillosa obra escrita por Ángel Silvelo Gabriel, publicada por Libros Cúpula, y ganadora del I Premio de Novela Breve Carlos Matallanas, una magnífica iniciativa impulsada desde la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE), y de la que ya se ha convocado la segunda edición.

La obra, escrita en primera persona y con un marcado tono reflexivo, desprende un profundo trabajo de meditación en torno a la vida, el fútbol, los recuerdos y la literatura, y está repleta de interesantes reflexiones y citas para guardar. Por sus páginas desfilan desde las esperanzas que invaden a un joven del extrarradio de Madrid, materializadas en la posibilidad de convertirse en futbolista profesional, a las expectativas que se acaban truncando con el paso de los años.

 

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De la terapia que significan tanto el fútbol como la literatura a los estragos que ocasiona el Alzheimer, enfermedad que padece el padre del narrador. Así, la novela es un echar la vista atrás para radiografiar unos años decisivos en la formación y evolución personal del narrador, como si con ello intentara combatir el deterioro de la memoria que está conociendo tan de cerca.

 

SINOPSIS

La utopía del portero es una novela que nos habla de la vida. El fútbol es vida y del fútbol se aprende para la vida. El fútbol es una expresión de libertad y de pasión, de diversión y mito, pero por encima de todo, es una infinita fábrica de sueños; un lugar donde se propician las segundas oportunidades, tal y como le ocurre al protagonista sin nombre de esta historia, que nos dice que: «La utopía del portero es marcar un gol. De falta. De cabeza. A la desesperada en el rechace de un saque de esquina. La utopía del portero es desear lo imposible…».

Ángel Silvelo utiliza, con criterio y habilidad, las referencias futbolísticas de algunos de los hitos de la selección nacional de los últimos cuarenta años, para trazar el arco vital del protagonista. La obra tiene como eje narrativo principal el mítico partido del 12-1 de España a Malta, además de ser este el único anclaje que el protagonista encuentra para que su padre, enfermo de Alzheimer, vuelva a ser quien fue. La utopía del portero es una novela que reflexiona sobre los sueños y las decepciones que el tiempo acarrea, y a su vez, sobre la necesidad de madurar, luchar y no perder la esperanza.

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Cuando salí de su consulta, pensé: el partido ya ha comenzado, y el primer gol en contra ya ha subido al marcador. A partir de ese día, a la soledad del portero le harían compañía el silencio y el olvido. Nabokov dijo que el trabajo de un portero es como el de un penitente. Y no le faltaba razón.

 

Que el narrador fuera portero durante su andadura en los equipos en los que militó durante su infancia y juventud no es casual. Seguramente no existe otra posición en el campo en la que encaje tan bien la capacidad de reflexionar. Pensar, evocar, recordar, analizar… son actividades que podemos vincular fácilmente a la pausa y singularidad de esa extraña figura que es el guardameta. Hay que ser especial para ponerse bajo los palos. No hay posición más solitaria que la suya. Y por eso, seguramente, nadie más que un portero podría realizar el ejercicio de introspección que encontramos en “La utopía del portero”.

La escritura es directa, de frases cortas, como zarpazos y destellos que busquen la inmediatez de la palabra para que el recuerdo no se acabe diluyendo en la memoria. El escenario de fondo es, sobre todo, el de las décadas de los 70 y los 80, una cronología que conozco muy bien, con el Mundial 82 como acontecimiento de referencia. Comparto, con el autor, referentes culturales y sociales.

Aunque la historia esté situada en Madrid, los extrarradios de las grandes ciudades (de Barcelona el mío) tienen elementos comunes que los hacen perfectamente extrapolables. Yo también jugué en terrenos de juego delimitados por un terraplén. También conocí el estilo del fútbol de aquellos años de campos de tierra tan alejados de los actuales derechos de televisión. Y también viví aquel mítico 12 a 1 que la selección española endosó a la de Malta y que tan importante es en la novela, pues se trata del único punto de contacto con la realidad que el Alzheimer permite al padre del narrador.

 

Fuera de los límites de un terreno de juego, la utopía del portero es silenciosa y solitaria. Como la lucha interna del enfermo contra su enfermedad. Las dos se desarrollan de una forma uniforme. Bajo la vía láctea. Donde todos luchan por sus sueños.

 

No falta la presencia del oficio de escribir y el papel de la literatura. Y aparecen los nombres de Nabokov, Sartre, Gunter Grass o Camus, entre otros, dibujando una vinculación entre las terapias curativas que fútbol y escritura proporcionan.

“La utopía del portero”, como apuntaba al principio, me ha parecido un auténtico gozo de obra, de aquellas que invitan a la reflexión y a la relectura, que hay que leer con detenimiento, y de la que no podemos olvidar su componente solidaria. Precisamente, vale la pena destacar la magnífica iniciativa de la AFE al promover un premio de estas características, puesto que los beneficios que se obtengan de la venta del libro irán destinados íntegramente a FUNDELA (Fundación Española para el Fomento de la Investigación de la Esclerosis Lateral Amiotrófica).

Transcribo la información que al respecto aparece en el libro:

Las botas con las que jugaba Carlos Matallanas, periodista, exfutbolista, único miembro honorífico de la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE) e incansable luchador contra la ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica), presiden la sede de AFE en Madrid y son un símbolo de la lucha, la firmeza, la rebeldía y los valores de un enorme deportista.

En honor a su valentía y determinación, y coincidiendo con el XL Aniversario de la AFE, la asociación convocó el I Premio «Carlos Matallanas» de novela breve, símbolo de la unión entre cultura y fútbol. El resultado de esta iniciativa es el libro que tiene en sus manos, una muestra del compromiso firme en la defensa de los valores y la responsabilidad social por la que AFE apuesta desde hace años con diversas acciones.

 

Insisto: una maravilla de obra con un trasfondo solidario. Podéis leer un fragmento haciendo clic aquí.

Aquí tenéis un par de videos en los que el autor habla tanto de la novela como de Carlos Matallanas:



Y aquí el vídeo de presentación del premio con la participación del propio Carlos Matallanas:

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