11 de febrero en “Un buen gol no se puede contar”, de Pablo Santiago Chiquero. Maclein y Parker

 

Sombra tipo novela

Pablo Santiago Chiquero, en su magnífico “Once goles y la vida mientras”, publicado por Maclein y Parker, se inspira en once grandes momentos de la historia del fútbol para transformarlos en relato. Pero al hacerlo no se sitúa en el punto de vista de los jugadores o los equipos que los protagonizaron, sino desde la vivencia de personas anónimas de quienes acabamos conociendo de qué forma influyeron esos episodios en sus vidas.

Hoy, 11 de febrero, se cumplen 30 años de uno de esos goles. Lo marcó Emilio Butragueño contra el Cádiz, y es el telón de fondo del relato “Un buen gol no se puede contar”.

Así es como aparece la referencia a ese día en el texto.

Emilio Butragueño

Estadio Santiago Bernabéu (Madrid)

11 de febrero de 1987

 

Por la mañana, después de beber una taza de café, José pedaleó hasta el pueblo. Había sido ferroviario, pero llevaba catorce años jubilado y vivía solo desde la muerte de su mujer en un cortijillo que había sido de su familia. Llevaba una vida agradable y la salud aún lo respetaba. Le hacía feliz cultivar su huerto, criar palomas y gallinas y leer los diarios deportivos. Aunque le gustaba la soledad y no necesitaba compañía, dos años antes había comprado un televisor para ver los partidos de fútbol, pero la señal en el valle era mala y no siempre conseguía verlos.

 

Y aquí el vídeo del gol:

 

 

“Estimat Leo, volia escriure’t una carta però…”, de Miquel y Daniel Arguimbau. Barcanova Editorial

 

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– Aquesta manera de veure les coses, les haig d’agrair a l’esport?

Em sorprèn quan diu això.

– Una mica, suposo…

– Doncs m’agrada l’esport.

(- Esa forma de ver las cosas, ¿tengo que agradecerla al deporte?

Me sorprende al decir eso.

– En parte, supongo…

– Pues me gusta el deporte.)

El deporte en general, y el fútbol en particular, son una escuela de valores y enseñanzas para la vida cuando se alejan de todo lo que no tenga que ver con su pura esencia. Si lo despojamos de los elementos contaminantes que en ocasiones lo envuelven –intereses económicos, ambiciones de poder- es una auténtica academia de la que extraer enseñanzas positivas.

Un magnífico ejemplo de ello es lo que encontramos en “Estimat Leo, volia escriure’t una carta, però…” (“Querido Leo, te quería escribir una carta, pero…”), escrita a cuatro manos por Arguimbau&Arguimbau (Miquel y Daniel, padre e hijo), y publicado por la Editorial Barcanova.

Escrito en catalán y en primera persona, está destinado a los lectores entre 8 y 14 años.

SINOPSIS

“Adrià aprende a perder dentro y fuera del terreno de juego de los sentimientos, cuando su mejor amigo también se enamora de la misma chica, la Sara.

En la vida, el 10 es un número muy importante. El lector deberá decidir si Adrià, su familia y sus amigos e incluso los profesores y entrenadores merecen un reconocimiento por sus actitudes y actuaciones en el día a día.

¿Hay humor? Sin duda.

¿Y mal rollo? Pues también.

¿Hay desánimo, frustración…? Hay superación.

¿Es un libro para chicos o para chicas? Este libro es para ti, te llames Sara o Adrià…


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Imagen de Miguel Arguimbau en el programa FAN Castelldefels

Tal y como explica la sinopsis, el núcleo de la historia de “Estimat Leo…” está en el conflicto que aparece entre dos amigos en cuanto ambos se interesan por Sara, la misma chica. Pero se trata de un planteamiento muy original al que llegamos después de conocer uno de los sueños de Adrià, jugador de un equipo de fútbol en la posición de portero.

A lo largo de la historia asistimos al nacimiento y evolución del problema entre dos de los protagonistas, y de qué modo intervienen el resto de elementos y personajes que forman parte de la novela: el entorno familiar, Maurutto, el amigo italiano de Adrià, Gardelo, el novio argentino de su hermana, o Sara y Pol.

“La Sara té raó: l’esport ens ensenya un munt de lliçons”.

“Sara tiene razón : el deporte nos enseña un montón de lecciones”.

Además, a lo largo de la historia aparecen diferentes situaciones en las que el fútbol puede ser útil para enfrentarse a determinadas situaciones de las vidas de un joven como Adrià. Una serie de enseñanzas que acaban confluyendo al final del libro. Y un ejemplo más de la positiva función que puede cumplir la relación entre fútbol y literatura.

Precisamente esa transmisión de valores es una de las razones por las que “Estimat Leo…” fue premiada con el Premi de Narrativa Infantil i Juvenil Guillem Cifre de Colonya 2016, por tratarse de un “canto al valor del deporte y la amistad, con una visión positiva y optimista de la vida de los jóvenes de hoy en día, que también tienen sus problemas pero que se acaban resolviendo en un final feliz y emocionante al mismo tiempo”.

Una lectura ideal para que ser propuesta y comentada por grupos de alumnos, por los abundantes temas y matices que en ella se pueden encontrar y con los que los jóvenes se podrán identificar plenamente.

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Imagen del blog de Literatura Infantil y Juvenil de la Editorial Barcanova.

Podéis leer el primer capítulo haciendo clic en este enlace.

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FutBlog: ¿Estoy viviendo una versión futbolero-literaria de “El show de Truman”?

 




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A veces me siento como el personaje que interpretaba Jim Carrey en “El show de Truman”. ¿Lo recordáis? Un tipo normal, con una vida aparentemente normal, pero que en realidad no es más que un títere inconsciente que deambulaba por un mundo totalmente planificado por otros. Protagonista de un programa de televisión con millones de espectadores que eran testigos de su día a día sin que él sospechara nada. Una vida teledirigida en la que todo cuanto sucedía estaba perfectamente programado.

¿Y por qué digo esto? Pues porque tal y como me he propuesto ir explicando en esta azarosa sección, a menudo me suceden cosas extrañas, como si algún oculto guionista estuviera empeñado en que mi cotidianidad literario-futbolera estuviera gobernada por las más inverosímiles y retorcidas coincidencias. Os explico la última.

(Por cierto: una más que se interpone en la que desde hace ya más de dos semanas tengo pendiente de explicar, la de las famosas “hormigas”, en relación a la cual el viernes vino a sumarse otro episodio que la refuerza aún más. Pero ya llegará el momento de explicarlo, si es que el destino me deja).

A lo que iba.

El domingo 29 de enero, tal y como expliqué en este artículo, fui hasta Mollerussa acompañando al equipo de mi hijo (el Alevín A del Calafell), con el objetivo de participar en un torneo de fútbol base en aquella localidad. Situada en el centro de Catalunya, y perteneciente a la provincia de Lleida, creo que disputé algún encuentro allí durante mi etapa de jugador juvenil. Es decir, hace más de 30 años. Desde entonces, no recuerdo haber pisado Mollerussa.

Cuatro días después, es decir, el jueves 2 de febrero, recibí con alborozo la llegada de un invasor a mi buzón. Se trata del libro “Estimat Leo, volia escriure’t una carta, però…”, de Miquel y Daniel Arguimbau y publicado por la editorial Barcanova. Esa misma noche comencé a leer sus primeras páginas, protagonizadas por un chico de 16 años cuyo nombre es Adrià y que juega de portero.

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El sábado 4 de febrero, a las 10 de la mañana, mi hijo tenía partido de liga en campo propio, así que a las 9 llegábamos los dos al campo. Él se dirigió hacia los vestuarios, y yo, para hacer tiempo, me volví al coche para continuar avanzando en la lectura de “Estimat Leo”. Al llegar a la página 22 descubro que el protagonista de la historia juega en el Igualada, un equipo de la provincia de Barcelona al que también me enfrenté en los tiempos de la prehistoria.

Mientras navegaba entre futboleros recuerdos del pasado percibí que ya faltaban pocos minutos para que comenzara el partido de mi hijo, así que decidí aparcar la lectura, salir del coche y observar el calentamiento que realizaban sobre el terreno de juego.

A las 11.15, aproximadamente, finalizó el partido, con victoria cómoda por parte de los nuestros. Cuando se dirigía hacia los vestuarios, mi hijo me vio en la grada, se acercó para saludarme y, a continuación, añadió:

– Después juega el infantil. ¿Nos podemos quedar a ver el partido?

El partido al que se refería era el que disputaría una hora después el Infantil A del Calafell, equipo que milita en una categoría (la Preferente) que acostumbra a ofrecer atractivos momentos de fútbol. Como no teníamos prisa, le dije que vale, que podíamos quedarnos a verlo, pese a que todavía faltaba casi una hora y media para que empezara.

Decidí hacer tiempo regresando al coche para retomar la lectura. Cuando me dirigía hacia el parking pasé por delante del tablón de anuncios en el que aparece la relación de los partidos que se juegan en ese día en el campo y busqué el rival del infantil.

Era el Igualada.

Sobresalto. Treinta años sin noticias de este equipo y ahora reaparecía ante mi por dos sitios. Y claro, pregunta inevitable que emergió a continuación. ¿Se llamará Adrià el portero del Igualada?

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Entré en el coche dándole vueltas a la coincidencia de que fuera precisamente ese equipo y no otro el rival de ese día. Pensé, además, que si aquel día estábamos allí era por una casualidad, ya que lo habitual es que el equipo de mi hijo juegue como local los domingos, y no los sábados.

Tomé nota mental del episodio para regresar a él y escribirlo en cuanto llegar a casa, y continué avanzando en la lectura. Cuando llegué a la página 57 os juro que me sentí igual que Truman cuando descubre que todo lo que le rodea no es más que una ficción diseñada por otros. Miré nervioso hacia un lado y a otro del interior del coche, convencido de que en algún lugar alguien había ocultado una cámara a través de la cual estaban observando mi reacción. Y es que esto es lo que leí en la página en cuestión:

“El patit va bé, distret, amb alternatives. A la primera part, faig bones parades i, tot i que el Mollerussa marca primer…”

¡¡¡¿¿¿El Mollerussa???!!!

¡¡¡El partido que aparece en el libro que estoy leyendo es un Igualada-Mollerussa!!!

¿No os parece cosa de brujas?

P.D. Por cierto. “Estimat Leo…” es un libro magnífico, una recomendable lectura para jóvenes de la que en unos días publicaré la reseña.

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FutBlog: Las inesperadas conexiones de un 29 de enero

 

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Cuando me decidí a estrenar esta sección del blog dedicada a casualidades y coincidencias con las que a menudo me voy tropezando, lo hice especialmente impulsado por un episodio relacionado con un libro escrito por Blanca Álvarez, destinado a jóvenes lectores y cuyo título es “Hormigas en  botas de fútbol”.

Sin embargo, justo cuando comencé a redactar el artículo en el que habría de explicar lo que me acababa de ocurrir, se interpuso una aparición del escritor Jordi de Manuel, su relato “El venedor de pipes”, los jugadores Cayetano Re y Martí Filosía y un texto del periodista Alfredo Relaño, un cóctel cuya combinación dio como resultado el texto con el que, finalmente, estrené la sección. Al tratarse de algo que acababa de ocurrir, no quise dejar pasar la oportunidad de explicarlo justo al día siguiente, y eso es lo que hice.

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Una vez publicada la que me pareció una curiosa carambola futbolístico-literaria volví a centrar mis pensamientos en las “hormigas” de Blanca Álvarez, siendo mi intención la de dedicar algún momento del fin de semana a redactar el texto correspondiente. El domingo, sin embargo, un caprichoso destino volvió a cruzarse en mi camino obligándome nuevamente a cambiar lo planificado.

Quienes están más o menos al corriente del tipo de publicaciones que alimentan este blog sabrán que una de sus fuentes es la aparición de fechas en textos literarios dedicados al fútbol. Las voy agrupando bajo la etiqueta “Calendario del fútbol y la literatura”, siendo lo más habitual que hagan referencia a partidos o acontecimientos históricos, goles o jugadas especiales, o cualquier otro episodio relacionado con el fútbol la fecha del cual aparezca reflejada en algún texto de este tipo.

¿Ejemplos? El 2 de enero en “Saber perder” de David Trueba, el 12 de diciembre en “Fuera de juego” de Patrick Cauvin, el 13 de septiembre de Jordi Puntí, el 11 de julio de “La inmensa minoría” de Miguel Ángel Ortiz o el 5 de julio, día del Italia-Brasil del Mundial 82 tan presente en “Los fantasmas de Sarriá visten de chándal” de Wilmar Cabrera.

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Pocas veces esa colección de fechas con las que voy completando mi particular calendario, corresponden a necrológicas. Sin embargo, repasando el blog descubro que los últimos artículos de esta tipología que he publicado corresponden, precisamente, al aniversario de pérdidas: la de Matthias Sindelar un 23 de enero, la de Giusy Conti en Heysel un 26 de enero, y una de las últimas publicadas, dedicada a Osvaldo Soriano, fallecido un 29 de enero de hace 20 años.

Escribí esta entrada en recuerdo del escritor argentino el sábado por la noche, y la dejé programada para que apareciera publicada el domingo por la mañana. Ese día debía salir temprano hacia Mollerussa, una población situada en la zona central de Catalunya, a una hora y media en coche del lugar en el que vivo, aproximadamente. El motivo de ese desplazamiento era que mi hijo de doce años participaba en un torneo de fútbol alevín, la Danone Nations Cup. La hora del primer partido –las 10.20 de la mañana- nos obligaba a salir temprano de casa, por lo que no dispondría de demasiado tiempo para escribir el artículo esa misma mañana.

El mismo sábado por la noche recordé que Llorenç Bonet, autor del libro “Camp de terra”, y responsable de La Toca Football Sports, una empresa dedicada a la gestión de actividades deportivas, vivía relativamente cerca de Mollerussa. Supuse que sería bastante probable que se acercara a ver algunos partidos del torneo al que pensábamos ir, por lo que le envié un mensaje preguntándole. Su respuesta no tardó, y me confirmó que sí, que pasaría toda la mañana en el citado torneo, ya que actualmente es el coordinador de fútbol base del club anfitrión. Quedamos que en cuanto llegara al campo lo avisaría para vernos, y de esa manera nos podríamos conocer personalmente.

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Mi hijo y yo salimos el domingo de casa a las 7.45 de la mañana, y hacia las 9 ya estábamos en el campo de fútbol de Mollerussa. Aunque hacía algo de frío, la mañana era soleada, y cuando llegamos se estaban celebrando ya los primeros partidos del torneo. Pensé que quizá era un poco pronto para contactar con Llorenç, así que esperé hasta las 9.30 para enviarle un mensaje. Nuestro primer partido estaba programado para las 10.20, y estaríamos, como mínimo, hasta las 12.30 allí, por lo que tenía toda la mañana por delante.

Sin embargo, mientras observaba el partido de los equipos que ya estaban jugando, me pareció distinguir en la grada a alguien cuyo aspecto físico me pareció al que había visto en alguna foto de Llorenç. Hasta entonces, nuestra relación se había limitado al entorno de las redes sociales, por lo que no estaba del todo seguro de que aquel espectador fuera la persona a quien buscaba.

Ante la posibilidad de que sí se tratase de él me decidí a enviarle un mensaje informándole de que ya estaba en el campo. Nada más enviarlo observé si aquel espectador reaccionaba de alguna manera. Hasta que al cabo de unos minutos vi como tomaba su móvil, leía algo en él y se levantaba de su asiento en actitud de buscar a alguien. Estaba claro: aquel era Llorenç Bonet.



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Rápidamente nos vimos y nos saludamos, y de inmediato comenzamos a hablar de fútbol, de libros y de cultura. Fue una conversación muy agradable e interesante, en la que hubo también espacio para hablar de proyectos. Y aquí es donde vuelve a emerger el oculto poder de lo azaroso, puesto que me explicó algo que no solo motiva este texto, sino que demuestra, una vez más, que existen subterráneas corrientes que no dominamos que provocan que sucesos aparentemente inconexos muestren imprevistos contactos.

Llorenç me puso al corriente de un interesante proyecto en el que está trabajando, y cuyo origen se sitúa en un trágico accidente de tráfico. Sucedió en la mañana de un sábado de 1995, cuando el equipo infantil del Poal se dirigía a jugar un partido. El vehículo en el que iban, mientras esperaba en un semáforo en rojo, fue embestido por un tráiler junto a tres coches más, dejando como resultado un muerto y trece heridos. El fallecido tan solo tenía 13 años. Se llamaba Moisés, y era hermano de Llorenç.

El documental que le gustaría tirar adelante tiene uno de sus motores en ese suceso. Me pareció una historia muy emotiva y poderosa, sobre todo porque la lectura que se le quiere dar se aleja del planteamiento más dramático. Lo que se quiere transmitir y potenciar es la realidad del fútbol más modesto, el que practican quienes solo buscan divertirse sea en la categoría que sea. Y todo ello sin olvidar la función integradora del fútbol y el conjunto de valores que le son implícitos, como la superación, el compañerismo o la solidaridad.

Nuestra conversación se prolongó durante un buen rato, una charla muy agradable y enriquecedora en la que pudimos compartir pasiones comunes. Entre ellas, uno de los temas que Llorenç ha trabajado y en relación con el cual ha impartido algunas conferencias: la importancia del territorio en el carácter de determinados futbolistas. Por ejemplo, las diferencias existentes entre el norte y el sur de Italia, el uno más marcado por la elegancia (con representantes como Paolo Maldini, Roberto Baggio o Andrea Pirlo) y el otro por un estilo futbolístico más picaresco (solo ahí, en el ejemplo de Nápoles, podía encajar alguien como Maradona).

Y hablando de fútbol italiano no tardó en saltar al terreno de juego de nuestra conversación el Italia-Brasil del Mundial 82, un partido del que ambos somos admiradores. Era inevitable que en este punto de la conversación hiciera referencia a Wilmar Cabrera, el auténtico gran apasionado de ese mítico encuentro, epicentro de su novela “Los fantasmas de Sarriá visten de chándal”.

En este punto se produjo una de las primeras coincidencias del día. Ante la perspectiva de encontrarme con Llorenç me llevé hasta el campo del Mollerussa el ejemplar de su libro “Camp de terra”, con la intención de que también apareciera en la fotografía que con toda seguridad nos acabaríamos haciendo. Tuve el libro en mis manos durante nuestra conversación, y en cuanto apareció la referencia al Italia-Brasil, lo cogió y comenzó a buscar algo entre sus páginas.

– Aquí está –dijo al cabo de poco-.

Lo que “allí estaba” era, justamente una referencia al citado partido que aparece en la página 24 de su libro. El texto (que traduzco) es el siguiente:

Mi primer orgasmo no me lo provocó una mujer, sino que es el fruto de un partido que me cambió la vida. Se disputa en el ya desaparecido campo del Espanyol de la Avenida de Sarrià, un Italia-Brasil. Tres a dos a favor de los italianos con aquella fabulosa tarde del ídolo Paolo Rossi, partido hipnotizante por la belleza estética de dos equipos que representaban estilos antagónicos brillantemente ejecutados. Todavía hoy visualizo en YouTube durante las tardes de investigación futbolística aquella obra maestra que era el Brasil técnico y elegante frente a una Italia táctica y disciplinada. Los colores de la camiseta canarinha y el sobrio diseño azul y blanco de la escuadra italiana se entremezclaban en la Barcelona mediterránea y soleada en un momento de belleza estética memorable.

Otra coincidencia más”, pensé. Y, tras ello, hice una fotografía del párrafo en cuestión y la publiqué en twitter citando a Wilmar Cabrera, a quien seguro que le haría ilusión descubrir la cita a su admirado partido. Wilmar defiende que ese partido “debería estar en un museo“, y Llorenç habla de él en términos de “obra maestra“.

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La conversación continuó durante algunos minutos, hasta que el reloj informó de que faltaba poco para que mi hijo comenzara su participación en el torneo. Nos despedimos y nos emplazamos para continuar en contacto y volvernos a encontrar en cuanto tuviéramos oportunidad. Después me fui hacia las gradas, y poco antes del mediodía volví a cruzarme con Llorenç, de quien volví a despedirme ya que él se marchaba.

Ya por la noche, de vuelta en casa, recibí un mensaje suyo en el que me decía que le había hecho ilusión que nos hubiéramos conocido. También me pidió una dirección de correo electrónico para enviarme el teaser del documental del que me había hablado y en el que estaba trabajando. Se lo facilité y al cabo de un rato recibí el enlace al vídeo y el dossier de presentación del proyecto. Eché un vistazo a ambos y me reafirmé en que se trata de una propuesta muy interesante que merece tirar adelante. Pensé entonces en aquella desgraciada tragedia, y busqué en Internet alguna referencia a la noticia.

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No tardé en encontrar lo que se publicó en relación con el accidente en la edición del Mundo Deportivo del día siguiente. Y fue nada más ver la página y leer la reseña que el destino me ofreció una muestra más de sus azarosos vaivenes. El día del accidente, el equipo infantil del Poal se dirigía a jugar un partido contra otro equipo de la provincia de Lleida, el Balàfia, el mismo equipo contra el que mi hijo había jugado el primer partido del torneo durante la mañana.

Además, el accidente se produjo el 28 de enero de hace 21 años, mientras que yo había publicado en el blog una referencia a otro 29 de enero, el día del fallecimiento de Osvaldo Soriano. Y, para rematarlo todo, en la página en la que aparecía la noticia se podía también leer la crónica de un partido jugado aquel mismo fin de semana. En letras bien grandes y visibles el partido al que se hacía referencia era un Vendrell-Rapitenca, dos poblaciones con las que tengo una estrecha relación. Especialmente con la primera, puesto que es el lugar en el que vivo actualmente.

Un conjunto de relaciones y conexiones en torno a una fecha, el 29 de enero, que no he sido capaz de ignorar y que por esa razón me he decidido a explicar.

Ahora toca volver a empezar y regresar a las “hormigas” de las que hablaba al principio. Aunque, quien sabe si no volverá a aparecer alguna otra extraña interferencia por el camino. Porque, como dice la narradora de “Hormigas en botas de fútbol” en uno de los momentos de la historia:

     No tenía claro como me sentía.

     Y mucho menos a dónde nos conducían los extraños laberintos, conexiones y «coincidencias» de aquella historia.

 

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