Pepe Carvalho en cómic

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Nada mejor para rematar la sesión de fútbol y cómic del domingo que completarla con la lectura de una buena noticia tres días después. En El Periódico del miércoles se publicaba un artículo con el siguiente título: “Carvalho resucita en el cómic“. Y es que el próximo 17 de noviembre se pondrá a la venta “Tatuaje“, la primera de las novelas de la serie de Pepe Carvalho, el detective creado por el gran Manuel Vázquez Montalbán. , que serán adaptadas al cómic por parte de Hernán Migoya y Bartolomé Seguí.

Según se explica desde Norma Editorial, responsable de la edición, el proyecto contempla publicar todas las novelas a razón de un álbum cada 18 meses. Y eso significa que en algún momento veremos también adaptada al mundo del cómic una de las obras de referencia en el campo del fútbol y la literatura: “El delantero centro fue asesinado al atardecer“.

Esperaremos con impaciencia.

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10 de noviembre: 8 años sin Robert Enke

 

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Hoy, 10 de noviembre, se cumplen 8 años de la “última salida al campo” de Robert Enke. Lo explica, mejor que nadie, Juan Villoro en “Balón dividido“.

Aquí tenéis un fragmento:

El 10 de noviembre de 2009, Robert Enke, portero de la selección alemana de fútbol, hizo su última salida al campo. Le dijo a su esposa que iba a entrenar, subió a su Mercedes 4×4 y se dirigió a un pequeño poblado cuyo nombre quizá le pareció significativo: Himmelreich, Reino del Cielo. Cerca de allí hay un descampado por el que corren las vías del tren. El guardameta dejó su cartera y sus llaves en el asiento del vehículo y no se molestó en cerrar la puerta. Caminó a la intemperie, como tantas veces lo había hecho para defender el arco del CZ Jena, el Borussia Mönchengladbach, el Benfica, el Barcelona, el Fenerbahçe, el Tenerife o el Hannover 96.

A doscientos metros de ahí, como a unas dos canchas de distancia, estaba enterrada su hija Lara, muerta a los dos años.

Un portero ejemplar, Albert Camus, dejó los terregales de Argelia para dedicarse a la literatura. Acostumbrado a ser fusilado en los penaltis, escribió un encendido ensayo contra la pena de muerte. Su primer aprendizaje moral ocurrió jugando al fútbol. Años después, escribiría: «No hay sino un problema filosófico realmente serio: el suicidio». Morir a plazos es la especialidad de los porteros. Sin embargo, muy pocos pasan de la muerte simbólica que representa un gol a la aniquilación de la propia vida. Enke fue más lejos que la mayoría de sus colegas. Su muerte, de por sí dolorosa, llegó con un enigma adicional: estaba en plenitud de su carrera y podía defender la portería de su país en el Mundial de Sudáfrica.

 

 

Y aquí tenéis un vídeo en el que Villoro habla de este magnífico libro publicado en el 2014, en el marco del Mundial de Brasil. Como siempre, una auténtica delicia escuchar al maestro.

 

Fútbol y cómics en una mañana de domingo

 

 

Sin haberlo buscado ni planeado, el domingo se acabó convirtiendo en un día presidido por la relación entre fútbol y cómic. Todo comenzó a primera hora de la mañana, cuando me pude regalar un par de horas de deambular por uno de mis particulares refugios: el Mercat Dominical de Sant Antoni. Allí, tras un buen rato husmeando entre libros, revistas e interesantes acabé comprando un ejemplar de TBO de junio de 1988, cuya portada está dedicada, evidentemente, al fútbol. En concreto, a la Eurocopa de naciones de 1988.

 

 

Como curiosidad, y antes de marcharme, descubrí una auténtica joya que no dudé en capturar para incorporarla a mi particular biblioteca del fútbol y la literatura. Se trata de “Dictagol”, un librito publicado en 1997 y cuyo objetivo principal era el de enseñar la lengua catalana mediante dictados de temática futbolera. Los textos están escritos por David Torras, Marcos López y Joan Domènech, tres periodistas deportivos, y presentado por un joven Josep Guardiola. Una auténtica delicia.

 

Tras dejar el Dominical de Sant Antoni puse rumbo hacia Cornellà, donde tenía previsto visitar un par de exposiciones, las dos relacionadas con el mundo de la creación gráfica. La primera era la correspondiente a la 33 Mostra de Còmic de Cornellà. La cita, que cumple 33 años de existencia, es una de las más importantes que se convocan en relación con el mundo del cómic.

Durante el mes de noviembre se celebran diferentes actividades y se reparten los lugares expositivos en los que contemplar y disfrutar de las obras presentadas. Actualmente, el principal espacio para ver los trabajos presentados es el Castell de Cornellà, y hacia allí que me fui, como antes decía, a media mañana.

 

 

Nada más entrar comenzar la visita primera sorpresa, puesto que el recorrido comienza con una historia en cuya temática hay presencia futbolera. Se trata de un emotivo trabajo realizado por Neus Figueras Balañá e ilustrado por Evangelista Piccirillo que se desarrolla en un campo de refugiados.

 

 

Seguí mirando después el resto de historias expuestas, y volví a descubrir una nueva presencia futbolera (puramente anecdótica, eso sí) en una de las ilustraciones de otro de los cómics presentados. Se trata, en esta ocasión, de una referencia al fútbol en la obra “Así es mi vida“, de Álvaro Abuin Sánchez, que además ha recibido el Premio a la Mejor Historieta de Humor de la muestra.

 

 

Acabada la visita, y contento por el nuevo encuentro entre fútbol y cómic, me dispuse a acudir a la tercera de las citas del día: la inauguración de la exposición “Gols de tinta. Futbol i vinyetes a Catalunya des de 1895 fins avui“, en el Palau Mercader de Cornellà. La exposición, que ya visité hace unos meses cuando estuvo en el Museu de Història de l’Hospitalet, y acerca de la cual ya escribí un artículo, es de visita obligatoria.

A través de diferentes plafones podemos conocer cómo ha ido evolucionando la presencia del fútbol en el mundo de las viñetas gráficas, desde 1895 hasta la actualidad. Además de los textos explicativos, podemos contemplar ilustraciones de autores míticos a lo largo de estos más de 100 años, como OpissoValentín CastanysXiriniusMuntanyolaSalvador Mestres, el propio Kap (uno de los directores de la muestra), PañellaÒscar NebredaIvàGinFrancisco IbáñezManel FontdevilaRaymond Redding o incluso Yoichi Takahashi.

 

 

La exposición se complementa con una colección de objetos relacionados con el fútbol correspondientes a todas las épocas que son auténticas joyas, y en lso que encontramos desde botas y balones antiguos a banderines, folletos, entradas o curiosos juegos con los que años atrás se intentaba simular el juego del fútbol.

 

 

Como curiosidad, indicar que justo a la entrada de la exposición hay una vitrina en la que aparecen diversos objetos (banderines, camisetas, etc.) del equipo de la ciudad, la UE Cornellà, en el que jugué durante muchos años y a cuya Agrupación de Veteranos pertenezco en la actualidad.

 

 

En resumen, y como al principio decía, una productiva mañana ilustrada de fútbol y cómics.

 

 

Futblog Capítulo 12: Miguel Ángel Ortiz y Belén Gopegui en “Letras y Fútbol”

 

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Como buen amante del fútbol y la literatura, hace tiempo que intento hacer una escapada a Bilbao y poder asistir a las jornadas Letras y Fútbol que organiza la Fundación del Athletic de Bilbao. Por unas razones u otras, nunca hasta ahora me había sido posible disfrutar in situ de las interesantes tertulias que en cada edición se organizan. Este año, sin embargo, la cosa cambiará. Como si de un regalo de Reyes anticipado se tratase, voy a poder cumplir mi deseo y, si no pasa nada, seré uno más de los asistentes a estos imprescindibles encuentros para los lectores futboleros.

Para redondear la jugada, el destino ha querido obsequiarme con un episodio paranormal que seguir llenando de combustible esta sección del blog. Aunque ya lo he explicado en más de una ocasión, no está de más insistir en que todos los austerianos episodios que por aquí voy contando son rigurosamente ciertos. Lo que cuento, por extraño y estrambótico que parezca, es real. No hay ni una gota de invención. (Ojalá la hubiera. Eso significaría que tengo capacidad inventiva, algo de lo que carezco por completo). Las cosas que hasta ahora he ido describiendo –insisto, aunque dudéis de su veracidad- se ciñen con exactitud a lo que me ha sucedido, y si lo que reflejan es más o menos acertado se debe, única y exclusivamente, a mis limitaciones como narrador.

O sea, que inspirándome en la advertencia de algunos libros y películas, afirmo que, en mi caso, cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia, sino realidad pura y dura.

 

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Real como lo que estoy a punto de explicar.

Volviendo al principio del artículo, a finales de noviembre me voy a Bilbao. Las jornadas “Letras y Fútbol” se desarrollan en días diferentes repartidos en dos semanas. Mientras no me toque la lotería no me puedo permitir el disfrutar de una quincena de vacaciones en noviembre. Por eso, me tengo que conformar con hacer una corta escapada de tan solo un par de días. Condicionado por esta limitación, mi decisión final fue que visitaré la capital vizcaína el lunes 27 y el martes 28 de noviembre, lo que me permitirá asistir a las sesiones programadas para esos días.

La del lunes lleva por título “Futbola eta Euskal Kultura“, y contará con la participación de Jon Maia, Gari, Juan Luis Zabala, e Iratxe Fresneda. En cuanto a la del martes, tiene como tema central el de “Fútbol, literatura y sociedad“, y tendrá como tertulianos a Miguel Ángel Ortiz, Belén Gopegui y Leire Palacios.

Esta segunda sesión, que es a la que asistiré, me interesa especialmente. De entrada, ya presenta una curiosidad, como lo es el hecho de que hace tiempo que Miguel Ángel (uno de los cracks del Fútbol Club de Lectura, y autor de “Fuera de juego” y “La inmensa minoría“) y yo intentamos quedar, pero por unas cosas u otras nunca conseguimos encontrar el momento, pese a vivir ambos en el entorno de Barcelona. Sin embargo, cosas de la vida, finalmente vamos a conseguir coincidir: en Bilbao.

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Pero existe otro episodio aún más extraño y paranormal. Conocí la existencia de un autor llamado Miguel Ángel Ortiz tras la publicación de “Fuera de juego“, su primera novela. Me pareció un gran libro, y publiqué un artículo en el blog explicando mis impresiones. Después, en el 2015, se publicó su segunda obra, “La inmensa minoría“, magnífica y más que merecedora de los reconocimientos que hasta el momento ha recibido. La novela está ambientada en el barrio de la Zona Franca, donde él estuvo viviendo durante un tiempo y en cuyo equipo -el Iberia– también llegó a jugar. En aquel barrio también vivió un histórico del Barça de las Cinco Copas, Eduardo Manchón, que es uno de los personajes al que se hace referencia en el libro.

Uno de los protagonistas está realizando un trabajo para el instituto sobre el mítico delantero, alguien que simboliza la posibilidad de prosperar y salir de una vida difícil a través del fútbol. Por circunstancias de la vida he llegado a conocer personalmente a la viuda de Eduardo Manchón, ya que cada año se organiza en Coma-ruga, donde vivo, un torneo con el que se le sigue rindiendo homenaje.

 

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Recuerdo el efecto que me produjo leer, al poco de comenzar “La inmensa minoría“, la referencia a Eduardo Manchón y, precisamente, el torneo de Coma-ruga. Me pareció una más que curiosa coincidencia, y se convertía en un episodio a comentar con Miguel Ángel el día que tuviera la oportunidad de conocerlo personalmente. Eso sucedió, en concreto, una tarde de sábado de febrero de 2015. Se me presentó la posibilidad de desplazarme hasta Barcelona, y aproveché para acercarme hasta el lugar en el que, según había leído en una entrevista, trabajaba Miguel Ángel: la desaparecida librería La Formiga d’Or.

Situada en el corazón de la ciudad, en la que quizá sea una de las calles más transitadas y comerciales de Barcelona, La Formiga d’Or fue, durante años y ya desde joven, uno de los puntos de visita obligada cada vez que iba a dar una vuelta por el centro. Ahora, años después, volvía a entrar allí, esta vez con mis ejemplares de “Fuera de juego” y de “La inmensa minoría” bajo el brazo.

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El encuentro con Miguel Ángel fue muy agradable, y tuvimos el tiempo suficiente para hacer cuatro rápidos comentarios, hacernos un par de fotos y que me dedicara las dos novelas. Como él estaba trabajando y la librería estaba llena de compradores no tuvimos tiempo para más.

Nos despedimos sabiendo que de un modo u otro seguiríamos en contacto. Él siguió a sus menesteres, y yo aproveché para echar un vistazo entre libros. Recuerdo que lo primero que hice fue dirigirme hacia la sección de Deportes, por si encontraba alguno de temática futbolera. También miré los de gran formato, y no me fui sin antes pasar por la sección de libros infantiles y juveniles, de donde no pude resistir la tentación de comprar uno de la colección “El Barco de Vapor“.

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Desde aquel día he mantenido un contacto más o menos fluido con Miguel Ángel. Pero siempre, circunstancias mandan, de forma virtual. En más de una ocasión hemos intentado coincidir para vernos aunque fuera un rato, pero sus horarios laborales y los míos no son lo que se dice “especialmente sociales”. La figura de Eduardo Manchón también ha seguido estando presente, y de hecho tanto Roser (su viuda) como Josep Maldonado (quien fue uno de los mejores amigos del jugador y alma mater del torneo que se organiza cada año en su honor) fueron obsequiados con dos ejemplares de “La inmensa minoría” firmados por el autor. Incluso tenemos pendiente quedar con Roser para tomar un café con ella y hablar del artículo que no hace mucho escribió Miguel Ángel, en la sección Tiempo Extra de la revista Panenka, sobre la relación de Eduardo Manchón y la literatura, y en la documentación del cual puse un granito de arena.

 

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Como decía, la realidad es que no ha sido posible que nos volvamos a ver en Barcelona. Y ahora, cosas del destino, los astros se han alineado para que nos encontremos… en Bilbao. Pero si este hecho ya es de por sí sorprendente, existe otro que aún lo es más todavía. Ya he explicado al principio que la sesión en la que Miguel Ángel participa lleva por título el de “Fútbol y sociedad“, y que estará acompañado por una más que reconocida autora, a quien descubrí por su libro “La conquista del aire“.

Se trata de Belén Gopegui, varias veces premiada y también autora de varias obras para el público infantil y juvenil. Lo que seguramente muchos no sabrán es que aunque no se trata de una escritora reconocidamente futbolera, sí tiene, curiosamente, un libro de esta temática destinado al público más joven. Se trata de “El balonazo“, un volumen que viajará conmigo hasta Bilbao y que aprovecharé para que sea dedicado por su autora.

(Hago un paréntesis para añadir que además de la de Belén, aprovecharé para aumentar mi colección de dedicatorias con la de Galder Reguera, responsable de las jornadas y autor de “Hijos del fútbol“).

Y ahora la sorpresa. ¿Recordáis cuando he explicado que el día que conocía a Miguel Ángel Ortiz acabé comprando un libro? ¿Recordáis el título? No, no podéis, porque no lo he dicho. Pero ahora os lo diré. El libro que compré aquella tarde fue… “El balonazo” de Belén Gopegui. Es decir, que hace dos años, cuando conocí personalmente a Miguel Ángel, también estuvo junto a nosotros Belén Gopegui a través de su libro. Y ahora, dos años después, esa extraña conjunción se volverá a producir, aunque en un lugar separado 600 km. del primero.

Y todo, gracias a la literatura futbolera.

¿Algún adjetivo para definir este episodio?

 

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“Hijos del fútbol”, de Galder Reguera. Lince Ediciones

 

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“¿Quiero realmente legar a mis hijos esta pasión, esta locura, este sinsentido que me ha acompañado desde que tengo uso de razón, que ha determinado tanto mi manera de ser, de ver el mundo, de comportarme, de sentir?”

 

Decía Jean-Paul Sartre que todo cuanto sabía de su vida lo había aprendido en los libros. Albert Camus dijo que todo cuanto sabía con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres se lo debía al fútbol. Y yo, inspirándome en ambas, remato: “Gran parte de lo que el fútbol ha significado en mi vida lo acabo de leer en un libro”.

El libro en cuestión es “Hijos del fútbol”, escrito por Galder Reguera y publicado por Lince Ediciones. Una obra que me ha parecido extraordinaria, de la que firmo prácticamente todo de lo que en ella se cuenta, que sin duda será uno de los libros de cabecera a los que regresar de tanto en tanto para los amantes de la literatura futbolera, y a la que solo he encontrado un defecto: sus 200 páginas se acaban muy pronto.

Pero quiero pensar que esta obra no es más que el inicio de algo que volverá dentro de un tiempo, a medida que Oihan, hijo del autor y leit motiv en torno al cual el libro va gravitando, vaya evolucionando como futbolista y, en consecuencia, su padre siga reflexionando en torno a lo que el fútbol significa.

 

SINOPSIS

Un elogio al fútbol como juego, como felicidad, como infancia permanente que acompaña para siempre a quienes lo practican y lo aman.

Hijos del fútbol es una historia personal sobre la afición al fútbol entendido como un juego en el que lo importante es seguir jugando. Hijos del fútbol deposita toda su fuerza en la voz del autor y sus reflexiones acerca de esta pasión transmitida de generación en generación. Es también un análisis sobre cómo ven los padres a sus hijos, y los hijos a sus padres; en este caso, todos ellos enfermos de fútbol, contagiados de esta pasión.

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Un hijo, un padre, un balón

 

“No llega a los dos años y el virus del fútbol ya se está incubando en él”.

 

Al poco de comenzar a leer “Hijos del fútbol” tuve la sensación de que me encontraba, posiblemente, ante el que podría ser nuestro particular “Fiebre en las gradas”. Y lo sigo pensando porque se trata de un libro que más allá de la simple explicación del nacimiento de una afición por el fútbol, o del origen de la pasión que un aficionado siente por un equipo en particular.

Partiendo de la experiencia personal de la paternidad y de la influencia que un padre puede ejercer sobre un hijo –voluntaria o involuntariamente- a la hora de inculcarle determinadas aficiones –la del fútbol, en este caso- el libro consigue ir mucho más allá de la simple descripción de esta circunstancia. La mirada sobre la evolución del hijo, la vivencia sobre su deseo de jugar al fútbol, sus alegrías y decepciones desde que comienza a experimentar lo que significa este juego y el formar parte de un equipo son situaciones que se acaban transformando, al mismo tiempo, en un espejo que nos devuelve a nuestra infancia, y nos permite reflexionar sobre aquel niño que también fuimos y recorrió el mismo camino que ahora observa en su hijo.

De algún modo, el padre actúa como correa de transmisión hacia el hijo, pero al final se acaba retroalimentando al regresar, a la vez, hasta aquella época en la que fuimos niños. Quienes hemos sido futboleros y tenemos hijos que comienzan a serlo nos sentimos, de inmediato, identificados con lo que en el libro se describe.

“Sonreí pensando que ojalá conserve siempre esa pasión por el mero juego, por ése que no se deja contaminar de realidad”.

 

Explica Ignacio Martínez de Pisón en el prólogo que “resulta muy difícil escribir sobre fútbol sin caer en tópicos, y que este libro lo consigue”. Y es cierto, porque el tratamiento que propone Galder es completamente original, además de emotivo y sincero.

 

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Quienes hemos crecido enganchados a una pelota sabemos perfectamente el significado que ese simple objeto de forma esférica tiene para un niño. Partidos interminables de resultados infinitos incluso cuando ya no había casi luz, el anhelo porque llegara la hora del recreo y salir al patio a jugarnos la vida, como si estuviéramos a punto de disputar la final de la Champions, la seriedad con la que nos tomábamos cualquier jugada por insignificante que fuera, la preocupación por estar entre los titulares cuando entrábamos a formar parte de algún equipo…

En ese torbellino de experiencias se encuentra Oihan, el hijo del autor, siendo este testigo de todo ello en primera persona, además de hacerle recordar y reflexionar justamente por la vivencia que tuvo él de ese mismo escenario cuando era niño.

Un estudio sobre la afición por el fútbol

Pero el mérito del libro es que no se limita a hacer una simple descripción de lo que a Oihan le va sucediendo, sino que va mucho más allá. La mirada del autor, a partir de este escenario general, comienza a detenerse en interesantes detalles relacionados con la pasión por el fútbol y para analizarlos con precisión y proponer respuestas antes algunos planteamientos.

“A veces sospecho que hoy día es incluso una parte necesaria de cualquier biografía intelectual que se precie haber escrito unas líneas sobre fútbol”.

 

Así, a medida que su hijo se va convirtiendo en un devoto del universo fútbol, Galder va construyendo una especie de tratado, un itinerario reflexivo que indaga en la afición futbolera. En el libro, desde el punto de vista del papel de la paternidad, se habla de la experiencia del padre como agente que contagia la afición por el fútbol, una infección que también padeció él de niño, por mediación de su abuelo y sus visitas a San Mamés.

Y, dentro del proceso evolutivo de su hijo, nada más simbólico que el bautizo en la Catedral, el ritual de visitar San Mamés. Todo ello, además, se consigue mediante una equilibrada mezcla de pasión y emotividad que no impide mantener en todo momento la mirada reflexiva del intelectual que se formula preguntas y propone algunas respuestas.

 

“Me gusta la idea de un fútbol humanista. Me seduce más esa metáfora que la que apela a la izquierda. En un fútbol humanista no sería la estética la que primaría, sino otros valores”.

 

Desde mi punto de vista, este es otro de los grandes logros del libro, puesto que se encajan con fluidez pensamientos que podrían formar parte de un estudio sobre la naturaleza de la afición por el fútbol. En “Hijos del fútbol” hay también una exploración de otros muchos aspectos que construyen una teoría tanto sobre la esencia de este deporte como de la forma de aproximarse a él por parte de los hinchas.

Y, por ejemplo, proporciona un marco teórico en el que encajar el fútbol en el ideario de los intelectuales de izquierdas, o propone la definición de un “fútbol humanista”. No faltan las referencias a la relación entre “fútbol y literatura”, ni tampoco a la forma de aproximarse al balompié por parte de los intelectuales. Y por ahí van apareciendo Eduardo Galeano, Juan Villoro, Enrique Ballester o Nick Hornby, entre otros.

En este sentido, esa es otra de las razones por las que agradezco la existencia de este libro, ya que me ofrece una colección de argumentos para defender que afición por el fútbol e intelectualidad no forman un oxímoron.

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Recuerdos de infancia

Personalmente, he sentido en más de un pasaje una sana envidia de Galder por poder seguir viviendo esos momentos con su hijo: estirarse en la cama antes de ir dormir y leer un cuento futbolero (inevitable recordar “Soñar goles. Fútbol y cuentos de padres a hijos”, de Miquel Nadal. Editorial Drassana), el acompañamiento al campo de fútbol los días de entreno y partido (en esta película todavía estoy), las preguntas que solo un padre puede responder, la sensación de ser un superhéroe que en pocos años desaparecerá…

El libro pone voz a gran parte de mis vivencias personales. Y me he sentido más que tocado emocionalmente en varios de sus fragmentos. Me ha divertido leer cómo completaba su ejemplar de “El fútbol de la A a la Z” incorporando su biografía. Y eso me ha hecho recordar que mi primer contacto entre fútbol y literatura se produjo de una forma similar: escribiendo (mejor dicho, dibujando) jugadas de fútbol en los espacios en blanco que había al comienzo de capítulos o en las hojas que los separaban. Galder lo hacía en un libro estrictamente futbolero. Yo utilizaba mis ejemplares de Enid Blyton que nunca supe cómo habían llegado a casa.

 

“Pero a veces, de noche, sigo imaginándome saltando a San Mamés vestido de corto y recibiendo el aplauso con el que la parroquia local da Ariño a todos los canteranos”.

 

También yo he jugado ligas de papel en la soledad de mi habitación, partidos en los que la victoria o la derrota dependían del azar de los dados. Recuerdo que iba anotando en una libreta todos los encuentros de la jornada (supongo que previamente copiados de algún periódico) y que además de los puntos, goles a favor y en contra de cada uno de los equipos también anota los puntos positivos y los negativos, algo que con el paso de los años ha desaparecido. Por supuesto, como niño que era, no podía evitar hacer alguna trampa e intentar corregir los designios del azar cuando su resultado no era favorable a los intereses de mi equipo.

Insisto en lo maravilloso que es este volumen, y en que me habría gustado que hubiera tenido 200 páginas más. Por eso, quiero pensar que acabamos de asistir a la primera parte del partido. Y que antes o después llegará la segunda.

Para terminar, le deseo toda la felicidad y todos los éxitos del mundo a Oihan. No me puedo imaginar lo que podría significar que llegara a debutar algún día en San Mamés, con la camiseta del Athletic, mientras su padre aplaude desde la grada.

 

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2 de noviembre: “El fantasista” y Cachimoco Farfán

 

 

 

Si existiera un aparato de radio capaz de sintonizar con el mundo de la ficción, hoy, 2 de noviembre, buscaría en su dial la emisora desde la que transmite los partidos Cachimoco Farfán, “el más rápido relator deportivo de Coya Sur, el más rápido relator de la pampa salitrera, fenilanina hidrolasa y la purga que me parió, el más rápido relator del mundo después del maestro Darío Verdugo”.

Cachimoco es uno de los estrambóticos personajes que deambulan por las páginas de “El fantasista”, una novela escrita por Hernán Rivera Letelier y publicada en el 2006. En la página que la wikipedia le dedica se explica que en ella “el autor aborda el mundo del fútbol amateur tomando como eje central a la rivalidad de dos equipos de oficinas salitreras en decadencia durante los inicios de la Dictadura Militar en Chile”.

El título del libro hace referencia al apodo de uno de sus protagonistas, Expedito González, el “Fantasista” que llega a salvar a Coya Sur, y a quien también denominan “el Mesías”. Le acompaña la Colorina, que padece amnesia, y deambulan por las páginas de la novela otros peculiares personajes como El Choche Maravilla, el “pata de diablo”, el “California” o el mismo Cachimoco Farfán, el comentarista de partidos que intercala en sus narraciones toda la terminología médica de que es capaz.

 

 

Hoy, como decía, es el día idóneo para deleitarse con la retransmisión de Cachimoco, puesto que a las cuatro de la tarde de este 2 de noviembre se celebrará el último partido entre las selecciones de María Elena y Coya Sur, el más famoso clásico salitrero de todos los tiempos.

Pero dejemos que sea Cachimoco quien nos narre la previa del partido:

 

¡Ya es casi mediodía en la pampa, señora, señor, enfermos míos; ya casi son las doce de este domingo 2 de noviembre y el calor aquí es infernal, los jotes están cayendo asados y las moscas llegan a chirriar en las calaminas ardientes; sí, amables radioescuchas, el azul del cielo llega a doler en los ojos de puro luminoso y el puto sol hemofílico del desierto está picando como sólo pica el puto sol hemofílico del desierto, y aquí me encuentro yo, Cachimoco Farfán, transmitiendo en onda corta y en onda larga para todos ustedes, llevándoles los instantes previos al último partido entre las selecciones de María Elena y Coya Sur, entre los Cometierra y los Comemuertos, el más famoso clásico salitrero de todos los tiempos, partido que está programado, si Dios no dispone otra cosa, para las cuatro de la tarde, hora en que, como todo el mundo sabe, comienzan a arreciar los más tierrosos vientos de la pampa, y aunque aún faltan cuatro horas y cinco minutos exactos, según el reloj de la pulpería, aunque aún falta todo ese tiempo para que el señor árbitro dé el pitazo inicial, ya vemos cómo desde el campamento comienza a llegar público a la cancha, comienzan a llegar en primer lugar los perros de siempre, los primeros niños y los primeros vendedores ambulantes…

 

1 de noviembre: el delantero que vendía flores, Nick Hornby y Eidur Gudjohnsen

 

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Comenzamos un nuevo mes, noviembre, y lo hacemos a través de una celebración de carácter religioso: la festividad de todos los santos. Si el 1 de noviembre coincide con un fin de semana y, en consecuencia, hay jornada futbolística, los estadios se convierten en lugares concurridos. En cambio, si la jornada coincide con un día laborable, el récord de asistencia se lo llevará, seguramente, otro lugar: el cementerio.

En el día de hoy las familias suelen acudir a llevar flores a los lugares en los que reposan sus difuntos. Si el día del año en el que la venta de libros se dispara es el 23 de abril, seguramente sea hoy cuando se bate el récord de venta de flores. Bien. Pero, ¿qué tienen que ver las flores y el día 1 de noviembre con el fútbol y la literatura futbolera? Pues, aunque no lo parezca, podemos encontrar una cierta relación. Por ejemplo, mirad lo que explica Julián García Candau en su obra “Èpica y lírica del fútbol” sobre Arregui, un delantero centro que militó en las filas de la Real Sociedad:

 

“Entre los grandes mitos rematadores hizo historia Rafael Moreno Aranzadi, Pichichi, delantero muerto prematuramente y del que existe un busto en San Mamés. Tras la contienda bélica española todos los grandes delanteros centro respondieron a la estampa del rematador. Hicieron fortuna Campanal (Sevilla), Mundo (Valencia), Mariano Martín (Barcelona), Pruden (Atlético y Real Madrid), Pérez Payá (Atlético y Real Madrid) y sobre todo, Telmo Zarraonaindia, Zarra, goleador del Athletic Club, internacional y el hombre del que los liberales y anglófilos del país llegaron a decir que tenía la mejor cabeza de Europa, después de la de Churchill.

A los delantero centro no les estaba permitida la más mínima delicadeza intelectual o simplemente humana. El delantero centro debía ser una especie de individuo con orejeras. Se sabe, no obstante, de un delantero de la Real Sociedad, Arregui, que poseía una floristería, que tenía un contrato en el que se le eximía de jugar los días 1 de noviembre. En esa jornada se dedicaba exclusivamente a los ramos y coronas para los muertos”.

Epica lirica futbol

 

 

Existe un cierto punto de tristeza en este día en tanto que nos lleva a recordar, con mayor intensidad, a los seres que ya no están entre nosotros. Pero también puede convertirse en un día de ingrato recuerdo por otras razones, como por ejemplo por culpa de un partido. Y si no, mirad lo que explica Nick Hornby en “Fiebre en las gradas” en relación con el Arsenal-Brighton al que asistió, precisamente, un 1 de noviembre, el de 1980:

ARSENAL – BRIGHTON

1/11/80

“Un partido penoso entre dos equipos que daban pena. Dudo mucho que cualquiera de los que estuviesen allí recuerde nada de aquel partido, tal como es indudable que mis dos compañeros de aquella tarde, mi padre y mi hermanastro, habían olvidado el encuentro a la mañana siguiente. Yo solamente lo recuerdo (¡solamente!) porque fue la última vez que estuve en Highbury con mi padre, y aunque quién sabe si no iremos todavía alguna que otra vez (últimamente ha hecho un par de mínimas alusiones), ese partido tiene un aura propia del final de toda una época”.

 

Fiebre en las gradas

 

Pero dejemos atrás la tristeza y acabemos este recorrido con un poco de alegría, como la que sintió un todavía niño Eidur Gudjohnsen cuando el equipo en el que jugaba su padre eliminó al Barça en una eliminatoria de Recopa disputada en el Camp Nou en 1989. Él estaba en la grada, con una bufanda del Anderlecht. Aquel día pisó el estadio blaugrana por primera vez. Seguramente no podía imaginarse que años después llegaría a jugar con aquel equipo. Lo explica Santi Giménez en su relato “La isla maldita de los Gudjohnsen”, que aparece en el volumen número 5 de “Historias solidarias del deporte”:

 

Eidur Gudjohnsen

 

“De esa época, Eidur Gudjohnsen recuerda que era el fútbol lo que más le apasionaba. “Y eso que sacaba muy buenas notas, pero estudiar no me gustaba nada, no me motivaba. Yo quería jugar a fútbol”. Desde muy pequeño supo cómo funcionaba un vestuario profesional porque después de cada partido en el viejo Contant van den Stock, Eidur bajaba al vestuario para recoger a su padre. Allí era como la mascota de un equipo en el que jugaban tipos de la talla de Milan Jankovic, Marc Degryse, Marc van der Linden, Luc Nilis o Georges Grun. De todos ellos, Van der Linden era su preferido. Formaba pareja en la línea de ataque con su padre y fue el futbolista que le dio una de sus mayores alegrías cuando el 1 de noviembre de 1989 marcó en la prórroga un tanto que eliminaba al Barcelona de los octavos de final de la Recopa. Eidur vio ese partido desde la grada del Camp Nou con una bufanda del Anderlecht y al final del partido bajó a los vestuarios para participar de la kermesse que ahí se vivía. Era la primera vez que pisaba el estadio del Barça”.

Historias solidarias deporte