«Blade Runner» y la literatura futbolera

 

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Jordi Puntí, destacado jugador de este Fútbol Club de Lectura, habló de mí el pasado día 8 en su artículo “El futuro ya está aquí” publicado en El Periódico de Catalunya. Quizá lo hizo sin saberlo (o sí, ves a saber), pero lo importante es que lo hizo, y que quien lo sabe es quien debería saberlo: es decir, yo.

Como la temática de este blog es el fútbol y la literatura y no los jeroglíficos iré al grano y os explicaré lo que sucedió. El caso es que nada más comenzar el citado artículo hizo una alusión directa hacia mi persona, sí, sí, ya en la primera línea, justo cuando se refiere a los seguidores empedernidos de la película “Blade Runner”, de Ridley Scott, y entre los cuales me cuento.  Supongo que entendéis la inmensa emoción que en ese momento me embargó, pues no todos los días es uno objeto de la atención de un escritor. Me entendéis, ¿verdad?.

El caso es que en ese artículo explica Jordi Puntí que Roy Batty -uno de los protagonistas del film- nació, justamente, ese mismo día: el 8 de enero de 2016. Y que dentro de cuatro años (esa es la duración de los Nexus 6, generación de replicantes a la que Roy pertenece) su vida se extinguirá, perdiéndose igual que lo hacen las lágrimas en las gotas de lluvia.

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Y ahora, la pregunta es: ¿y qué pinta la fecha de caducidad de unos androides con aspecto humano en un blog sobre lecturas futboleras? ¿Acaso se está preparando una segunda parte de «Blade Runner» con escenas futbolísticas?

La respuesta a la segunda pregunta es ‘no’ (que yo sepa). En cuanto a la primera cuestión, la verdad es que existe una curiosa y cierta relación entre Blade Runner y la literatura futbolera.

Antes de continuar, tomaros un descanso y leed algo como dios manda. Así que disfrutar con el artículo de Puntí.

«El futuro ya está aquí»

JORDI PUNTÍ

El Periódico de Catalunya – Viernes, 8 de enero de 2016

Si usted es un seguidor empedernido de la película ‘Blade runner’, de Ridley Scott, quizá sepa que el 8 de enero del 2016 es un día importante: esta es la fecha de creación del replicante Roy Batty, el modelo de Nexus 6 programado para vivir cuatro años y que, tras rebelarse y volver a la Tierra, se convierte en un fugitivo. Dentro de cuatro años reales, pues, llegará ese momento culminante en el que Roy, a punto de morir, suelta el famoso monólogo de las lágrimas en la lluvia. Pero de momento ya tenemos la excusa perfecta para ver de nuevo la película.

El paso del tiempo es implacable y al final la ciencia-ficción siempre se convierte en ciencia o en ficción. Nos dejamos engatusar por sus juegos, pero cuando el futuro se convierte en presente suele ser una mezcla entre fascinante y decepcionante. Hace unos meses llegamos al día clave de ‘Regreso al futuro’, de Robert Zemeckis, y muchos lo aprovecharon para convertirlo en una fiesta de la fantasía. El efecto de ‘Blade Runner’ es menos alegre: no tenemos replicantes, ni coches voladores, pero su escenografía era tan potente y verosímil que la realidad a menudo nos hace pensar en ella. Más allá de la intriga, hoy ‘Blade Runner’ es el caos de la hora punta en las megalópolis del siglo XXI, las pantallas gigantes que iluminan la noche eterna, la lluvia inesperada y persistente del cambio climático…

El paso del tiempo es implacable y al final la ciencia ficción siempre se convierte en ciencia o en ficción

En 1948, cuando George Orwell publicó ‘1984’, le debió parecer que invertir los números era suficiente para situar la distopía en un futuro lejano pero amenazador -no iba mal-. En 1968, cuando Stanley Kubrick adaptó un relato de Arthur C. Clarke y le puso ‘2001: una odisea del espacio’, el siglo XXI era un misterio donde los ordenadores podían tener personalidad. Cada vez es más arriesgado jugar con el futuro, porque ahora llega más rápido que antes para desmentir o, peor, confirmar las premoniciones. Es más seguro imaginarse el año 2540, como Aldous Huxley en ‘Un mundo feliz’, o como en esa canción pegadiza que Zager & Evans cantaban en los años 70: «En el 3535 no hará falta decir la verdad ni mentir, todo lo que pienses, hagas o digas estará en la pastilla que te hayas tomado hoy”.

Blade Runner y el fútbol

La literatura futbolera no solo sirve para conocer asuntos relacionados con el fútbol. Afortunadamente, en las páginas de cualquier lectura con el fútbol como tema central podemos encontrar mucho más que los simples devenires de un balón. Si el fútbol es un reflejo de la vida («La vida no es sino un partido de fútbol”, decía Walter Scott) inspirarse en este deporte para llenar páginas y páginas no puede ser más que una fuente inagotable de contenidos.

Pero, además, con este tipo de libros también se aprenden otras muchas cosas, puesto que además de las alusiones puramente futbolísticas (un partido, un equipo, un gol…) en ellos encontramos también otro tipo referencias: a lugares, a sucesos históricos, a obras literarias, a personajes, a canciones… y a películas de cine.

Y entre las citas cinematográficas, ¿sabéis cuál es la película con la que más veces me he topado en este tipo de libros? Premio: con «Blade Runner«.

 A continuación, las pruebas.

«El delantero centro fue asesinado al atardecer», de Manuel Vázquez Montalbán 

En «El delantero centro fue asesinado al atardecer«, del gran Manuel Vázquez Montalbán, encontramos una referencia directa a la película pese a que no llega a ser citada, una descripción que si no eres muy friqui (a lo Puntí) de la película posiblemente no consigas identificar. Es la siguiente:

«Luego, en la calle, el aire fresco del atardecer olía a gasolina y cubos de basura, aire estancado que no conseguía impedir del todo el resol del poniente. Recordó de pronto una película de ciencia ficción que había visto hacía algún tiempo, entre tinieblas de una ciudad contaminada los héroes se persiguen y se matan, una batalla entre hombres y robots de apariencia humana que de pronto termina con un viaje de huida del chico y la chica, hacia el sol, hacia el capo, de pronto de nuevo la luz, como si la ciudad fuera el fondo de un pozo. Pero tenía salida.»

«Las cuatro torres», de Leandro Pérez. Planeta, 2014

«Una novela negra, futbolera y sentimental. Y además, muy bien escrita«. Esto es lo que afirma Arturo Pérez-Reverte sobre esta obra sobre la que publiqué este artículo. Entre sus páginas, hacia la mitad del texto, encontramos lo siguiente:

«En cuanto llegó al estudio, Torca cogió un bolígrafo para anotar todo lo que recordaba del disco duro. Un cuarto de hora más tarde miró el papel. Sólo había puesto la fecha. Madrid, 31 de octubre de 2011. Y no se había quedado en blanco, pero no sabía por dónde empezar. La memoria, caprichosa y volátil, le recordaba el monólogo del replicando de Blade Runner: «Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir».

 

 «Los once de la tribu», de Juan Villoro

Juan Villoro es otro de los cracks de la literatura futbolística. Es el autor de dos obras imprescindibles para los amantes de este tipo de lecturas: «Dios es redondo«, y la más reciente «Balón dividido«. Así mismo, entre su producción encontramos otra obra cuyo título no deja dudas ante su tendencia futbolera: «Los once de la tribu«.

Publicado en 1995, se trata de una recopilación de artículos en la que tienen cabida tanto crónicas futbolísticas como de otros aspectos relativos a la cultura de masas, como el rock o el arte.

Sin ser una obra totalmente futbolera, tanto la portada como algunos de los artículos interiores sí lo son. Y aunque no sea precisamente en estos dónde aparece, también entre las páginas del libro encontramos dos referencias a «Blade Runner«.

La primera de ellas es en el artículo «Los quince minutos de Andy Warhol«:

«El siglo XX inventó a las celebridades, es decir, a las personas famosas por ser famosas. Andy Warhol captó a la perfección su carácter superficial y se convirtió en el pintor de Corte de quienes disponían de más de siete cifras en el banco. Como Goya al retratar a los Borbones de hiperquijada, no dejó de criticar a sus acaudalados modelos. Las caras en serie, pintadas con dos o tres ayudantes, transformaron a los célebres del planeta en fantasmas de sí mismos, figuras creadas por una inteligencia artificial, como los replicantes de Blade Runner».

Y la segunda en la crónica «Las piedras tienen la edad del fuego«

«Empieza a oscurecer y los fotógrafos buscan un último ángulo del escenario diseñado por Mark Fisher, una fantasía metálica, presidida por una cobra de treinta metros que si no estuviera tan pulida podría decorar algún rincón de Blade Runner».

Dos referencias más en un libro titulado «Los once de la tribu» con la silueta de un futbolista conduciendo un balón. Sirven, ¿no?

 

La sintonía del programa «Fútbol de primera»

Y por si todavía quedan dudas sobre la vinculación entre «Blade Runner» y el fútbol recordaros que en la televisión argentina existía un programa, «Fútbol de primera«, cuya sintonía musical era, adivina adivinanza, una de las canciones más conocidas de la banda sonora de la película.

 

CONCLUSIONES

Como podéis ver, la relación entre «Blade Runner«, el fútbol y la literatura futbolera es estrecha. Que tres autores del nivel de los descritos acudan a la misma película para incorporarla a sus obras no puede ser casualidad. Por eso, y a modo de conclusión, solo me resta acabar este artículo con tres observaciones finales.

  1. «Blade Runner» está parcialmente inspirada en la novela «¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?«, escrita en 1968 por Philip K. Dick. La pregunta es: si el autor hubiera sido futbolero, habría cambiado el título a «¿Sueñan los futbolistas con balones eléctricos?«.

2. Además de la de Roy Batty en la escena final, la película está repleta de frases inolvidables. Una de ellas tiene lugar cuando Roy va a visitar a su creador para intentar que le ayude a alargar su longevidad. Un momento de gran intensidad en el que la respuesta del ‘dios de la biotecnología, el responsable de la Tyrell Corporation, es:

«La luz que brilla con el doble de intensidad dura la mitad de tiempo. Y tú has brillado con mucha intensidad, Roy.»

Una magnífica frase aplicable a muchos ámbitos y situaciones de la vida excepto a uno: la longevidad en el rendimiento de Leo Messi, para quien el paso de los años no parece ser inversamente proporcional al brillo de su juego.

3. Para terminar, si Roy Batty fuera un replicante construido con el objeto de jugar a un fútbol futurista (como podría ser el que se describe en «Fuera de juego», de Enki Bilal), quizá la frase final de la película habría quedado de la siguiente manera:

 

«Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar defensas cerradas más allá del punto de penalti. He visto rabonas, bicicletas y elásticas brillar en la hierba cerca de la portería de los mejores guardametas. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia».

 

10 de enero: un día particular en el fútbol y la literatura

 

 

Imagen de www.es.diccionariodefutbol.wikia.com

 

Si no fuera por el Balón de Oro ganado por Messi el año 2010, podría decirse que el día 10 de enero es una fecha, cuando menos, algo conflictiva en el calendario del fútbol y la literatura. Con esta afirmación no me estoy refiriendo a que todo lo sucedido en tal día a lo largo de la historia del fútbol haya sido negativo. Lo que quiero decir es que cada vez que he tropezado con esa fecha en alguna lectura relacionada con el fútbol, lo que describía no era, precisamente, de grato recuerdo.

Este, digamos, parentesco de malos augurios con combinaciones del calendario como “martes y trece” no es reciente, sino que viene ya de antiguo. Desde 1540, exactamente, y tiene que ver con los mismísimos orígenes de la palabra “fútbol”:

“La palabra “football” no nació como la denominación inglesa del juego como comúnmente se entiende, sino como la pelota con que se juega. De acuerdo con un documento del 10 de enero de 1540 de la ciudad de Chester, era costumbre que los martes de carnestolendas los zapateros retasen a los fabricantes de paños a un partido. En ese documento, que marca ese día como uno de los más tradicionales tanto en Chester como en Derby y otras ciudades para la disputa del partido, se hace una condena de estas “mal dispuestas personas” que causaban a la ciudad notables alteraciones de orden público. Por entonces ya se habían producido repetidas condenas de este juego por parte de los reyes.

         El partido al que se refiere el documento de Chester iba a jugarse con una ball of letter (leather), caulyd a foutbale –pelota de cuero llamada fútbol- y de la denominación del balón, como se ve, tomó nombre el deporte.”

En “Un mundo de neologismos”, capítulo 4 de “Épica y lírica del fútbol”, de Julián García Candau

Imagen de www.es.fifa.com

Casi cuatrocientos años después, el 10 de enero continúa generando material para la literatura futbolera. Y no precisamente para describir grandes gestas o momentos gloriosos, sino, más bien, para destacar uno de los aspectos que envuelven este deporte: la rivalidad.

“Los grandes duelos traspasaron la frontera de la ciudad y se extendieron ala provincia y, luego, se ampliaron a la región. Bilbaínos y donostiarras comenzaron a zaherirse casi en el principio de los tiempos futbolísticos. En 1910, tras un partido entre el Athletic y la Real, ganado por el primero, tuvo como estrambote esta nota de la junta directiva: “El Athletic muestra su agradecimiento al club donostiarra y al público de preferencia. No así al de general, por haber tenido varias muestras de incultura, como la de apedrear a nuestro equipo a la salida del campo”.

         El periódico La Crónica de San Sebastián, el 10 de enero de 1916, relató lo sucedido en Bilbao de esta manera: “Nunca hubiésemos creído que en el pecho bilbaíno residieran gérmenes tan bajos como los exteriorizados ayer en San Mamés. Ni hubiéramos pensado que, cual borregos, cumplieran exactamente las sandeces, ruines y venenosas que unos cuantos “zulús” les han expuesto, diciendo de todo menos lo que es ‘sport’”.

En “Derbis y coplas”, capítulo 18 de “Épica y lírica del fútbol”, de Julián García Candau.

Imagen de www.realsociedad.com

Una rivalidad que en ocasiones se ha convertido en una de las grandes lacras del fútbol, como sucede en torno al 10 de enero que encontramos en otra página:

10 de enero de 2005. El colegiado del encuentro Real Madrid-Atlético de Madrid, Alfonso Pérez Burrull, incluye en el acta del partido la emisión de sonidos simiescos procedentes de la grada cada vez que un jugador negro tocaba el esférico. Reproduciéndose los hechos acontecidos con anterioridad, tanto en el Coliseo Alfonso Pérez de Getafe como en el estadio Carlos Belmonte de Albacete.”

Carles Viñas, en “El mundo ultra”. Temas de Hoy, 2005

Imagen de www.pasionfutbol.com

E incluso ese día, el 10 de enero, aparece vinculado a una prohibición: la de contratar extranjeros:

“En nuestro fútbol no siempre ha sido posible la contratación de extranjeros. En este país, como en algunos otros, ha estado prohibida en algunos períodos. En 1962, tras el fracaso del Mundial de Chile, se decidió cerrarla. Era el ocaso de los fabulosos Di Stéfano, Kubala, Puskas y demás, y nuestra liga había salido de aquel período de oro arruinada. El Barça tuvo que vender a Suárez, el Madrid a Del Sol y el Atlético a Peiró para restablecer sus finanzas. Se decía, además, que junto a aquellas gloriosas figuras se había contratado a mucho mediocre que cerraba el paso a los jugadores españoles, así que la Delegación de Deportes decidió prohibir la importación de jugadores”.

Fragmento de “10 de enero. Llaudet contrata un chófer negro (1967)”, en “366 Historias del Fútbol Mundial que deberías saber”, de Alfredo Relaño. Editorial Martínez Roca, 2010.

Imagen de www.elpais.com

Por suerte, el 10 de enero también ha servido para recoger la recompensa a la creación artística sobre un terreno de juego:

“Aseguran quienes le conocen que aquel 10 de enero fue uno de los días más dichosos de su carrera por la sorpresa del resultado, por su incapacidad para tener una respuesta preparada, instado a improvisar, igual que si hubiera ganado un inesperado Oscar. A veces, como en su caso, la imprevisibilidad consiste en volver a ganar. Messi se sintió más niño que nunca en un acto montado por adultos. A falta del cuero, no extrañó que le temblaran las piernas y se recogiera sin mentar a Iniesta y a Xavi, aparentemente predestinados a competir por el trofeo. La hinchada española del Barça suspiraba por Iniesta, nacido en Fuentealbilla, autor del gol que había dado la Copa del Mundo a la Roja, favorito de la prensa extranjera, mientras que Catalunya apostaba sobre todo por Xavi, hijo de Terrassa, extensión de Guardiola en el campo, santo y seña del juego, el joven políticamente correcto del país. El Balón de Oro parecía por una vez un asunto de un catalán o un español y no de un extranjero”.

Fragmento de “¿Un cuento o un relato?”, por Ramón Besa, en “Cuando nunca perdíamos”.

Imagen de www.messinews.net

Como resumen, espero haberos podido demostrar que tras estos cinco extraños sucesos se oculta una conspiración literario-futbolística de dimensiones desconocidas, una gigantesca trama paranormal de intenciones estrambóticas cuyas consecuencias todavía no estoy en disposición de adelantar.

De momento, permaneceré alerta al desarrollo de los acontecimientos y esperaré vigilante la llegada del 10 de enero de 2017.

Imagen de www.youtube.com

 

 

«Libre directo», Pepe Albert de Paco y los inescrutables designios de la literatura futbolera

 

Imagen de www.diariomas.hn

Lo advierto. Cualquier día de estos me lío el blog a la cabeza y fundo una secta, la de los adeptos a la idea de que “Los designios de la literatura futbolera son inescrutables”. No hablo en broma. «¿Y por qué?«, presiento que preguntan por el córner. Pues porque, chavales (como diría Wild Frank), a mi no es que me pasen cosas raras. No. Lo que a mi me pasa supera lo indescriptible. Reíros de las caras de Bélmez, de las líneas de Nazca o de los ovnis (supuestos) que en 1954 sobrevolaron el estadio Artemio Franchi de Florencia obligando a suspender el partido que en aquel momento se estaba disputando. Lo mío es todavía mucho más raro. O inescrutable, si lo preferís.

Va, que os pongo un ejemplo.

El domingo 3 de enero (es decir, hace tres días) el Real Madrid visitaba el estadio de Mestalla para enfrentarse al Valencia en partido de Liga. Me pareció una buena ocasión para publicar algo en el blog sobre el enfrentamiento entre ambos equipos, alguna cosa relativa a un Valencia–Real Madrid al que se hiciera referencia en algún libro de literatura futbolera.

Supuse entonces que quizá encontraría algo en “La balada del bar Torino” de Rafa Lahuerta. Tratándose de una obra que gira en torno a una trayectoria vital en la que Mestalla y el equipo ché forman parte parte esencial me pareció que habría muchas posibilidades de encontrar alguna vivencia vinculada a ese partido.

Y hete aquí que tomando el libro entre mis manos comencé a pasar páginas, a ojearlas y hojearlas, hasta que mis ojos fueron a aterrizar en el capítulo 46, cuyo título es “La chica del café Lisboa”. Allí, entre el bosque de palabras de aquella página, topé con lo siguiente:

“Me gusta estar solo en estas tardes de invierno. Escucho Nostalgia de Bell Ville, la canción de La Gran Esperanza Blanca que inmortaliza el debut de Kempes en Valencia. No espero milagros. Son las 18:35 del sábado 25 de enero de 2014. En un rato me iré a Mestalla para sufrir el Valencia-Espanyol. Cada vez que jugamos contra el Espanyol pienso en Libre directo, el libro de mi buen amigo José María Albert de Paco. Es una joya poco común. Un texto indispensable para cualquier futbolero.”

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Tomé buena nota de aquella recomendación literaria, ya que se trata de un libro cuya existencia desconocía, y comencé a investigar al respecto. Entre las referencias que encontré por la red destacaré dos: la primera, un artículo escrito por el propio autor hablando del libro en la revista Jot Down.

Y la segunda, una oferta de venta de un ejemplar del libro en Amazon, aunque bien podríamos estar hablando de Sotheby’s, ya que el precio de venta que aparece es de … 590€!

Libre Directo Amazon

Al día siguiente, 4 de enero, decidí publicar una breve referencia a la relación de Albert Camus con el fútbol, aprovechando que ese día se cumplían 56 años desde su fallecimiento. A media mañana publiqué el artículo y lo compartí a través de facebook y Twitter.

Al cabo de poco recibí un aviso de que el tweet había sido retwitteado desde los perfiles de Patricia Cazón, Veva y Alfonso Morillas (este soy yo, jeje). Y justo al cabo de pocos minutos, se publicaba un nuevo tweet desde el perfil Veva, en el que se avisaba a alguien de que quizá podía interesarle la página del Fútbol Club de Lectura. Y aquí aprovecho para agradecer a Veva que considere que este espacio pueda tener algún tipo de interés 😀

El caso, volviendo al suceso paranormal, es que a quien iba dirigido ese tweet informativo es… ¡Pepe Albert de Paco, con quien apenas hacía unas horas que me había tropezado en el libro de Rafa Lahuerta!

Like tweet Pepe Albert de Paco

¿Qué os parece el episodio? No me digáis que no tiene gracia la cosa.

Es lo que digo: los designios de la literatura futbolera son inescrutables.

(NOTA: incluí «Libre Directo» en mi carta a los Reyes Magos. Respuesta: «amigo, mira a ver si el gordo de rojo te lo puede conseguir, porque a nosotros se nos va de presupuesto»).

Carta a los Reyes Magos del Fútbol y la Literatura

Queridos Reyes Magos de la Literatura Futbolera:

Como creo que este año me he portado bastante bien, aquí va la lista de libros que me gustaría incorporar a la plantilla del Fútbol Club de Lectura.

 

carta reyes - copia

 

 

1. «La vida es un balón redondo«, Vladimir Dimitrijevic, Sexto Piso, 2010
2. «Cuentos a patadas«, José Urriola, Ediciones Ekaré 2015
3. «No ho expliquis a ningú«, Joan Portell Rifà, Animallibres, 2015
4. «Cañonazo en la tormenta«, Adela Pérez Lladó, Estrella Polar, 2015
5. «Desde los ojos de Lucas«, Juan Carlos Quezadas, A Buen Paso, 2015
6. «Manual de fútbol«, Juan Tallón, Sexto Piso
7. «Maldito United«, David Peace, Contra 2015
8. «Libre directo«, Josep Maria Albert de Paco, Pearson Educación 2004
9. «Los caballos de Dios«, Mahi Binebine, Alfaguara, 2015
10. «Soy Zlatan Ibrahimovic«, David Lagercrant, Córner, 2015
11. «Els àngels juguen a futbol«, Joan Sala i Vila, Tèmenos, 2014

Os prometo que esta noche me iré a dormir bien prontito.

 

5 de enero y Eric Abidal

 

Aquella noche retrocedí en el tiempo hasta el 5 de enero de ese mismo año y me trasladé soñando a la Catedral. El Barça se jugaba el pase a semifinal de la Copa del Rey contra el Athletic. La primera imagen del sueño fue la del gol de Abidal en el minuto 74. Era su primer gol con el Barça. Lo celebró retrocediendo en el campo igual que yo acababa de hacer en el tiempo. Lo vi corriendo para atrás y sacando la lengua como si se burlara del peligro que lo había estado acechando durante todo el partido. Pero el enemigo que lo amenazaba en el sueño no era el Athletic de Bilbao, sino un tumor oculto en el hígado que pretendía derrotarlo. Una amenaza que él aún desconocía. Aquel partido representó mucho para Abidal. Después del enorme esfuerzo alcanzaba la recompensa. Me sentí plenamente identificado con él a lo largo del sueño, porque yo también había de enfrentarme a un enemigo invisible capaz de aniquilar a quien osara ponerse por delante. El sufrimiento también vale para vencer. La noche de San Mamés, al entrar Abidal en el vestuario, los compañeros le hicieron el pasillo. Nadie podía imaginar que al cabo de algunas jornadas iba a ser ingresado en el hospital para extirparle un tumor y que pocos meses después lo mantearían tras reaparecer en el partido de vuelta de la Champions contra el Real Madrid. ¿Será cierto que la vida es sueño?

Fragmento de «Cruce de vidas» de José Antonio Garriga Vela

En «Cuando nunca perdíamos«, Alfaguara, 2011.

4 de enero y Albert Camus

 

Imagen de www.valentinroma.org

Hoy se cumplen 56 años del fallecimiento de Albert Camus. Fue el 4 de enero de 1960 tras estrellarse su coche contra un árbol en Villeblevin (Francia). Premio Nobel de Literatura en 1957, novelista y dramaturgo, autor de obras literarias que se han convertido en clásicos, Camus, además de uno de los grandes intelectuales de la cultura europea nunca ocultó la importancia que el fútbol tuvo en su vida, una relación perfectamente reflejada en una de sus afirmaciones más conocidas:

“Porque, después de muchos años en que el mundo me ha permitido variadas experiencias, lo que más sé, a la larga, acerca de la moral y de las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol”.

Sobre la relación entre Albert Camus y el fútbol existe abundante información. Él mismo escribió un artículo cuyo título es «Lo que le debo al fútbol«.  También encontraréis un extenso artículo en el libro «Los Nobel del Fútbol«, de Jorge Omar Pérez y publicado por Meteora. Una parte del artículo fue publicada en el diario El Mundo Deportivo en una sección con el mismo título.

En el capítulo del libro dedicado al escritor se recoge una anécdota que refleja que la pasión de Camus por el fútbol ya venía desde su infancia y que explica en parte los orígenes de su posición de guardameta:

«Nacido en el seno de una familia muy pobre, sin conocer a su padre muerto en la guerra de 1914, con una madre de ascendencia menorquina, analfabeta y casi muda, y una abuela que lo sometía a severos castigos, Albert Camus desde niño no tuvo otra opción cuando jugaba al fútbol que la de ser guardameta. Su abuela le controlaba la suela de los zapatos a diario para comprobar el estado de los mismos y a la menor raspadura el pequeño Camus recibía una buena tunda de latigazos. Este hecho, con el tiempo, convirtió a Albert Camus en uno de los mejores guardametas de contención, ya que aguantaba el disparo del delantero sin moverse de su sitio hasta el último segundo. Clavado en la hierba y sin inmutarse, sorprendía a los delanteros rivales por su sangre fría.» 

Albert Camus - Los nobel del fútbol

Para acabar, un fragmento de una de las obras cumbre de la literatura, «La Peste«, en el que se incluye una referencia al fútbol, una muestra más de la importancia que para el escritor tuvo este deporte.

“El cielo estaba cubierto a medias, y González, mirando hacia arriba, comentó que este tiempo, ni lluvioso ni caluroso, era el más favorable para un buen partido. Empezó a evocar a su modo el olor de la embrocación de los vestuarios, las tribunas atestadas, las camisetas de colores vivos sobre el terreno amarillento, las limonadas de la primavera y las gaseosas del verano que pican en la garganta reseca con mil agujar refrescantes. Tarrou notó también que durante todo el trayecto a través de las calles del barrio, llenas de baches, el jugador no dejaba de dar patadas a todas las piedras que encontraba. Procuraba lanzarlas bien dirigidas a las bocas de las alcantarillas y si acertaba decía: “Uno a cero”. Cuando terminaba un cigarro, escupía la colilla hacia delante e intentaba darle con el pie. Cerca ya del estadio, unos niños que estaban jugando tiraron una pelota hacia el grupo que pasaba y González se apresuró a devolverla con precisión”.

Imagen de www.vallejoandcompany.com

«Letras de fútbol», de Javier Marías, para despedir el 2015

Ayer publiqué un resumen proporcionado por WordPress con las principales cifras que el 2015 ha significado para este blog. 365 días llenos de lecturas futboleras, adultas e infantiles, en ficción o en prosa, actuales y más antiguas. Un año que me ha permitido entablar conocimiento con algunos autores, disfrutar de su obra, profundizar en este apasionante mundo de la literatura futbolera con el que tanto disfruto. Un 2015, en definitiva, que se despide dejando paso a un nuevo año que espero tan interesante como este.

Pero antes de dar carpetazo al ya casi extinto 2015 quiero convertir este 31 de diciembre en un día bisagra, y hacerlo que juegue como uno de esos medios de enganche entre lo que hay hacia adelante (el futuro, el 2016) y lo que dejamos atrás (el pasado). Y por eso quiero aprovechar el día de hoy para retornar a los orígenes, a uno de los artículos al que de tanto en tanto retorno y que tan bien ejemplifican lo que, ya desde el título, significa la unión entre fútbol y literatura.

Se trata de “Letras de fútbol”, de Javier Marías, el responsable de esa maravillosa frase que tantas veces repito: “El fútbol es la recuperación semanal de la infancia”. Marías, madrileño y merengue, además de uno de los grandes de la literatura contemporánea, es un declarado aficionado al fútbol y autor de un gran número de artículos futboleros, una recopilación de los cuales es la que se puede encontrar en el volumen “Salvajes y sentimentales”, publicado el 2000 por Aguilar.

 

 

Uno de esos textos es el citado “Letras de fútbol”, de 1995, y anteriormente recogido en “Mano de sombra”, el libro que agrupa los escritos que entre diciembre de 1994 y noviembre de 1996 fue publicando en el suplemento de “El semanal” bajo el título general de Línea de sombra.

Letras de fútbol”, como decía, es un artículo al que me gusta regresar cada cierto tiempo. Está escrito tras la publicación del volumen “Cuentos de fútbol 1” (más adelante se publicaría un segundo volumen), coordinado por Jorge Valdano, en el que Marías también aparece con el relato “En el tiempo indeciso”.

Con la excusa de la publicación de este conjunto de relatos futboleros, Marías nos ofrece en apenas dos páginas un terreno de juego por el que deambulan autores futboleros de nacionalidades diversas, equipos deportivos, alguna anécdota curiosa y, por encima de todo, una demostración de que hablar de fútbol no está reñido con la escritura de alta calidad.

 

Por último, y para acabar de justificar este cierre de año con este texto, añadir que (casualidades de la literatura futbolera) se incluye una anécdota vivida por el autor en el Santiago Bernabéu mientras se celebraba un partido como el que ayer se disputó en el estadio merengue: Real Madrid – Real Sociedad.

Aquí tenéis el texto. Disfrutadlo.

 

«Letras de fútbol

Por Javier Marías (1995)

En “Salvajes y sentimentales”. Aguilar, 2000

Hace dos semanas participé en el acto de presentación de un libro insólito titulado Cuentos de fútbol, seleccionados por el entrenador del Real Madrid (espero que siga siéndolo cuando salgan estas líneas), Jorge Valdano. En ese grueso volumen de casi cuatrocientas páginas hay veinticuatro relatos de autores vivos y muertos, viejos y jóvenes y maduros, españoles y argentinos, uruguayos y peruanos, mexicanos y paraguayos. Hay nombres bien conocidos, como Delibes, Benedetti, Sampedro, Rosa Bastos o García Hortelano. Entre los de mi generación se alinean el vasco Atxaga, el andaluz Navarro, los gallegos Casares y Rivas, el leonés Llamazares y yo mismo, madrileño. Una sola mujer, la catalana Rosa Regàs. Quizá fuera este dato el único que aún nos hizo ver algo raro en el fútbol durante la tertulia que varios de los cuentistas celebramos ante una sala abarrotada de un público no sé si tan literario como futbolero. Tal vez sí, pues los dos adjetivos no tienen por qué ir reñidos, como se demostró sobradamente durante la charla. Y si entre los antologados sólo había una mujer, no puede decirse lo mismo de ese público, en el que me pareció ver más rostros femeninos que masculinos. Al fin y al cabo, ya en la anticuadísima y divertida letra del himno del Real Madrid se habla de “las mocitas madrileñas” que se encaminan los domingos hacia Chamartín.

                Lo mejor de ese encuentro fue que, pese a estar el estrado lleno de escritores, ninguno se puso a hacer sociología barata, ni a interpretar el juego desde perspectivas psicoanalíticas, ni a buscar burdos paralelismos entre los futbolistas y los novelistas. No hubo pedantería, ni coartadas para justificar una afición. Cómo ha cambiado todo, pensé. Hace sólo veinte años no había intelectual que se atreviera a confesar públicamente que le gustaba el fútbol, algo mal visto, “de derechas” si no franquista, una especie de opio laico del pueblo con el que se lo engañaba y se lo apartaba de la lucha social. Recuerdo una anécdota que lo ilustra bien: vino la Real Sociedad a jugar en Chamartín, y allí coincidieron, cada uno por su cuenta y medio disfrazados para que nadie los reconociera, el rico empresario Querejeta, el novelista Juan García Hortelano, el novelista Juan Benet y el editor Javier Pradera. Al irse descubriendo unos a otros, todavía se sintieron obligados a darse explicaciones: que si el rico empresario había jugado de joven en la Real, que si Pradera era de San Sebastián, que si Benet vivía al lado del estadio y pasaba por allí… Lo contaba Hortelano, el único que no renegaba de su pasión.

                Pero todos los participantes en el coloquio fuimos sacando más precedentes de los imaginables. Vladimir Nabokov había jugado de portero en su exilio inglés, y Albert Camus también se había colocado bajo los palos en su Argelia natal. Ese puesto lo habían ocupado asimismo de chicos Benedetti y Sampedro, quienes confesaron haberse retirado por sendos balonazos recibidos en el estómago, con desmayo incluido del sudamericano. Llamazares reclamó para su equipo, la Cultural Deportiva Leonesa, el honor pionero de haber conciliado en su nombre dos cosas con fama de opuestas. Yo, como zurdo que soy, había jugado de extremo izquierdo, y varios de los presentes habían sufrido lesiones que tal vez truncaron carreras más brillantes que las literarias adoptadas, quién sabe si con resignación. Unos éramos del Madrid y otros del Atlético, del Celta o del Deportivo, del Sporting y del Barça, Benedetti reconoció ser del Nacional de Montevideo y estar muy contento porque habían ganado recientemente al Peñarol, su rival máximo. Yo conté que hace un mes recibí un catálogo inglés de libros antiguos y raros, lleno de exquisitas ediciones primeras de Virginia Woolf, Joyce o Kipling. En medio de tanta literatura de muy altos vuelos aparecía la autobiografía del gran Ferenc Puskas, titulada Capitán de Hungría y a un precio que rondaba al cambio las diez mil pesetas. Dado que Puskas fue de mi equipo y me dio mucha emoción y alegría en mi infancia, y dado que por fin no compré –como quizá recuerden ustedes- aquella pitillera de Sherlock Holmes el pasado verano en loca subasta, llamé a pedir el capricho. Les aseguro que esos catálogos sólo los reciben grandes aficionados a la literatura. Pues bien, el librero londinense me dijo que no sólo la historia de Pancho Puskas ya estaba vendida, sino que era el libro para el que estaban llegando más peticiones. “Si vuelvo a hacerme con un ejemplar”, anunció para mi dolor, “me temo que le doblaré o triplicaré el precio”. Está visto que últimamente no tengo suerte con los caprichos.

Ilustración Javier Marías fútbol

 

Pizarra Letras de Fútbol - copia

«Heysel», de Armand Company. 3i4 Edicions

 

 

Uno de los episodios más terribles y lamentables de la historia del fútbol sucedió el 29 de mayo de 1985 en el antiguo estadio de Heysel (actualmente llamado Estadio del Rey Balduíno). Faltaba poco para que se diera inicio a la final de la Copa de Europa de aquel año, un partido que enfrentaba a la Juventus y al Liverpool, y que se presentaba, a priori, como una nueva fiesta del fútbol. Sin embargo, una salvaje acción de una horda de hooligans ingleses provocó una avalancha en la que fallecieron 39 aficionados, resultando heridos más de 500. Un acto injustificable que supuso un antes y un después en la historia del deporte.

Tomando como base este hecho histórico, Armand Company ha escrito una novela dura, uno de esos libros que dejan huella y te obligan a reflexionar, cuyas páginas te hacen sentir muy de cerca la vivencia de aquellas horribles horas, y que actúa como un contundente alegato contra la violencia en el fútbol.

Con un título tan sencillo pero poderoso como «Heysel«, y publicado por la editorial 3i4, nos encontramos ante una obra que debería ser lectura obligatoria para todos aquellos que tienen algo que ver con el universo futbolísitico, y a la que sería muy recomendable regresar de vez en cuando para mantener siempre fresco aquel brutal episodio.

«Heysel» nos muestra el recorrido de dos de los protagonistas (basados en personajes reales) de aquel día. Por un lado, Giuseppina Conti, de 17 años, una de las víctimas de la tragedia, joven aficionada de la Juventus, estudiante con toda una vida por delante, a quien le hace una terrible ilusión poder asistir a la gran final alcanzada por su equipo, y que conseguirá convencer a su padre para viajar hasta Bruselas y asistir al partido.

-Papà, papà, què me’n dius, d’anar a veure la final? -va preguntar-li la filla-. Papà, és el meu somni des de fa anys, veure la meua Juve campiona d’Europa…

Y por el otro Gary Cooper, un joven conflictivo procedente de un entorno desestructurado, navegante habitual en el mar de la violencia, un hooligan continuamente flirteando con el conflicto, aficionado del Liverpool para quien el alcohol, la agresividad y la delincuencia no son más que algunos elementos de su cotidianidad.

«Per al Gary Cooper, el Liberpool Football Club era la seua vida, el seu amor a uns colors. I la Nutty Crew, la via per a cremar l’adrenalina acumulada en l’època thatcheriana, en què la marginació, la crisi econòmica i l’atur eren els flagells de la comunitat anglesa. Formaven part de la seua vida els altercats a les tavernes, el saqueig d’establiments d’alimentació i l’apedregament de trens i autobusos en què anaven seguidors rivals cada cap de setmana que jugaven a l’estadi Anfield, i, és clar, sobretot les agressions i les baralles amb afeccionats d’equips londinencs i del Manchester fins que la policia apareixia per una cantonada d’un carrer o en un túnel del metro per malmetre la baralla».

En una de las entrevistas que le hicieron, Armand Company explica:

«Heysel» son dos historias paralelas, tan reales como la vida misma. Dos caminos diferentes que conducen a un mismo sitio. Uno de estos caminos es el que tomó un hooligan del Liverpool Football Club llamado Gary Cooper. Un camino peligroso lleno de curvas. El otro camino es el que tomó una seguidora de la Juventus Football Club, la Giussepina Conti, que a primera vista parece más seguro. Es casi como un trazado en línea recta con vallas de seguridad, con una posibilidad muy remota de que exista una valla rota o sin arreglar. Pero en ocasiones, cuando todo hace pensar que son dos caminos diferentes, de repente estos se unen y se convierten en un único camino hacia Bruselas, al estadio de Heysel.»

Ese trágico avance en esas dos trayectorias vitales, totalmente alejadas entre sí en apariencia, es el que vemos evolucionar a medida que vamos leyendo. Los protagonistas se van alternando los capítulos, hasta llegar al momento siniestro de su encuentro.

Un libro ante el que la indiferencia no es posible, y que sin buscar la truculencia o el sensacionalismo consigue trasladarte hasta aquellas horas y ponerte la piel de gallina en cuanto imaginas lo que en el interior de aquel estadio debió suceder.

Una historia magníficamente trabada que aunque se lee con un nudo en la garganta consigue describir a la perfección las vivencias de los personajes desde los días previos a la final, los preparativos, el viaje, el escalofriante suceso y las terribles consecuencias finales.

En este enlace (Armand Company sobre «Heysel») encontraréis una entrevista con el autor. En este otro («reseña Sons de Xaloc«) un artículo sobre el libro, y uno más aquí.

También existe una interesante y adecuada «Guía didáctica» para poder trabajar en profundidad los contenidos del libro en los institutos, y una entrevista con el autor en este otro enlace.

Y aquí tenéis el booktrailer del libro.

«19 de diciembre de 1971», de Roberto Fontanarrosa

 

 

Imagen de www.chismundo.com

 

Hay fechas que se le graban a fuego a uno y se acaban recordando durante toda la vida. Por una razón u otra, determinadas combinaciones de día, mes y año se nos enganchan a la memoria como un defensa pegajoso, hasta convertirse en una especie de contraseña de nuestra caja fuerte vital.

Así, no acostumbramos a olvidar nunca el día de nuestro cumpleaños, ni el del aniversario de nuestros hijos, ni el de la madre, ni el de tu pareja (este, por si las moscas, mejor engancharlo también con un imán en la nevera), ni el día en qué el hombre llegó a la luna… bueno, de esta última tengo mis dudas (de la llegada, no de la fecha) … En fin, fechas y acontecimientos que no olvidamos y cuya visita esperamos año tras año.

Y entre esas fechas, una por encima de todas para los amantes del fútbol y la literatura: la del 19 de diciembre de 1971. Una casilla del calendario que además de señalar un día en la historia del fútbol da título al que se considera uno de los mejores relatos futboleros jamás escritos por una de las grandes figuras de la literatura futbolera: Roberto «el Negro» Fontanarrosa.

  

Imagen de www.arogeraldes.blogspot.com

 

Una fecha, un partido, un cuento

Yo no sé si vos te acordás lo que era Rosario esos días anteriores al partido. Y te digo esos días, desde semanas antes se venía hablando del partido, la ciudad era una caldera. Porque eso era lo que era la ciudad: una caldera.

 

19 de diciembre de 1971” es un cuento del gran humorista y escritor argentino Roberto Fontanarrosa que fue publicado en 1982 en el libro “Nada del otro mundo”. El relato está inspirado en el partido de semifinales del Torneo Nacional de 1971 que los dos grandes rivales de la ciudad de Rosario (en la que nacieron Messi, Di Maria, Marcelo Bielsa o el Che Guevara, entre otros), Rosario Central y Newell’s Old Boys, disputaron en el Estadio Monumental de River Plate con victoria de los primeros por 1 a 0.

Un partido que ha pasado a la historia por muchas razones, una de las cuales el relato de Fontanarrosa, que incluye también la descripción de uno de los momentos claves en la historia del fútbol y de la literatura futbolera, como es la mítica Palomita de Poy.

El cuento, aunque es una historia de ficción, incluye elementos de total veracidad. La historia comienza durante los días previos al enfrentamiento entre ambos equipos, un partido, recordémoslo, de la máxima rivalidad e importancia, a la altura de un Barça-Madrid, para que nos entendamos.

En ese clima, un grupo de canayas” (así se llama a los aficionados de Rosario Central. Los de Newell’s son conocidos como “leprosos”) decide intentar intervenir en el resultado del partido, recurrir a lo que sea necesario para conseguir la victoria para su equipo, incluyendo la cábala y la superstición si hace falta.

Por supuesto que todas las brujas del barrio ya estaban laburando en la cosa y había muñecos con la camiseta de Newels clavados con alfileres, maldiciones pedidas por teléfono y hasta mi vieja, que no manya nada de todo esto, tenía un pañuelo atado desde hacía como diez días, de esos de Pilato, Pilato, sino gana Central en River no te desato. Después la vieja decía que habíamos ganado por ella. Pobre vieja, si hubiera sabido lo del viejo Casale. Pero yo le decía que sí, para no desilusionarla a la pobre vieja.

Así, en cuanto tienen conocimiento de la existencia de un aficionado canayael viejo Casale– que jamás ha visto perder a su equipo (Rosario Central) deciden que hay que conseguir que acuda al campo sea como sea. El problema aparece en cuanto descubren que el viejo hace tiempo que tiene prohibido acercarse a un estadio de fútbol por prescripción médica, y que ni tan siquiera le está permitido escuchar los partidos por la radio.

Ante tal panorama, y ante la trascendental importancia que para ellos tiene el partido, el grupo de amigos se verá obligado a tomar una medida drástica. El viejo Casale debe estar presente sí o sí en el Monumental de River en Buenos Aires, sede del enfrentamiento. Si para ello es necesario arrastrarlo hasta allí, pues eso es lo que harán. Y eso es lo que ocurre: que secuestran al viejo Casale para llevarlo hasta el campo.

El cuento es una increíble explicación de todo ese proceso, desde los momentos previos a la preparación del viaje, de los intentos de convencer al Viejo Casale hasta la llegada al estadio. Y, por supuesto, la vivencia del partido y su desenlace final. Un partido histórico que estuvo marcado por otro hecho que todavía hoy es recordado.

Imagen de www.lavoz.com.ar

El gol más festejado de la historia

El resultado del encuentro fue favorable al equipo de Rosario por 1 a 0, gracias al gol que Aldo Pedro Poy marcó casi al final del partido. El gol dispone de entrada propia en la wikipedia, y aquí tenéis un fragmento de lo que en ella se puede leer:

Promediaba el segundo tiempo del encuentro, cuando el lateral derecho uruguayo centralista, Jorge José González, envió un potente centro desde la derecha. Poy se zambulló «en palomita», ganándole al defensor rojinegro De Rienzo, e impactó el balón con la frente de su cabeza para vencer al arquero Carlos Fenoy marcar el 1 a 0 final.

Imagen de www.arogeraldes.blogspot.com

Gracias a aquella victoria, Rosario Central consiguió clasificarse para la final del torneo argentino, del que se acabaría convirtiendo en campeón por primera vez en su historia.

La trascendencia de aquel gol ha sido tal que a día de hoy se sigue celebrando por parte de la afición “canaya”, y cada 19 de diciembre se sigue reuniendo para conmemorar aquella victoria. De hecho, incluso el protagonista del gol, Aldo Poy, sigue participando de la celebración reproduciendo la jugada para volver a imitar aquél cabezazo ante una portería, momento en que los aficionados vuelven a cantar el gol.

Incluso se hizo una petición al libro Guinness de los Récords en 1995 para que fuera considerado el gol más celebrado de la historia del fútbol. De momento, la propuesta no ha prosperado.

Podéis leer el cuento íntegro en este enlace. Y escuchar la narración del gol en este otro.

En este vídeo tenéis un resumen de la Palomita de Poy incluyendo algunas palabras del propio Roberto Fontanarrosa.

En este otro vídeo, encontraréis el reportaje que con motivo de la celebración de los 40 años de aquel gol realizó el canal de televisión Sports Center.

Y, por último, en este vídeo tenéis un montaje elaborado por un aficionado de Rosario Central que incluye la narración íntegra del relato por parte del actor y narrador argentino Alejandro Apo, como parte de su espectáculo «Y el fútbol contó un cuento«. Hay que decir, como anécdota, que casualmente hoy, 19 de diciembre, es su cumpleaños.

12 de diciembre: el día en que el fútbol dejó de existir

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Un 12 de diciembre, tal día como hoy, el fútbol dejó de existir.

Eso es lo que explica Stan Skavelicz, el narrador de «Fuera de juego«, de Patrick Cauvin y Enki Bilal, publicado por Norma Editorial.

«Como ida diciendo, los del Delta Work 3 me llamaron. Les costó bastante encontrarme, y lo comprendo. Hace veintitrés años y siete meses que colgué los auriculares y el micrófono al final de un partido de la copa A. En teoría, los mejores. El índice de escucha fue de 0,37. Inferior al de los reestrenos de las películas mudas que pasaban en el programa de la Old Movies Netword, entre las tres y las cinco de la tarde. A partir de aquel día ya no hubo más partidos. Después de todo, tuve bastante suerte, ya que dejé el oficio en el momento justo en el que no hubiera podido seguir ejerciéndolo.

Fue el 12 de diciembre.

El mismo día en que el fútbol dejó de existir.» 

Imagen de www.universodecienciaficcion.blogspot.com