La vida tiene cosas que sobrepasan lo comprensible. O dicho de otra manera: lo incomprensible es la materia con la que se escribe la vida. Paciencia, que ya me explico.
Hace unos quince días, exactamente el martes día 29 de septiembre, se celebró en la antigua Fábrica Damm el acto de presentación de «RCDE 80’s. Estampas de una década inolvidable«. Se trata de un libro cuyo autor es Francesc Via, editado por La Grada, y en el que se hace un recorrido por lo que fue la década de los 80 para el Espanyol mediante la combinación de texto y más de 150 fotografías de aquella época histórica.
En relación con el libro, en la página web del RCD Espanyol se puede leer que “las fotografías son el hilo conductor de un relato basado en los recuerdos del autor de la década de los 80. A lo largo de las páginas, Via recupera situaciones y anécdotas poco conocidas por el gran público y recuerda las figuras de futbolistas tan importantes en nuestra historia como Rafa Marañón, John Lauridsen, N’Kono, Roberto Martínez, Molinos, Valverde, Pineda, Wuttke, o José Cano, Canito, entre otros”.
En esa década, uno de los episodios que forman parte de la historia del club es la final de la Copa de la UEFA que el Espanyol jugó contra el Bayer Leverkusen. Es aquella final de ida y vuelta, aún recordada, en la que los pericos ganaron el partido de ida en el antiguo estadio de Sarrià por 3 a 0 al Bayer Leverkusen, lo que hacía presagiar que acabarían ganando el trofeo.
Aquella noche, al abandonar el estadio, solo se respiraba optimismo por las calles que rodeaban el campo de Sarrià. ¿Quién iba a imaginar que los alemanes serían capaces de remontar aquel magnífico resultado? Nadie. Y sin embargo, es lo que consiguieron en el partido de vuelta, que acabó en un 3 a 0 favorable a los germanos y en derrota españolista en la tanda de penaltis. Un negro recuerdo en la historia de los pericos, similar a la final de la Copa de Europa de Sevilla de los culés en 1986.
El día del 3 a 0, el 4 de mayo de 1988, yo me encontraba en Sarrià viendo el partido. Recuerdo que fue una de esas noches futbolísticas en la que todo parece conjurarse para ofrecer un espectáculo único. La dimensión del encuentro, una final, tras una trayectoria impecable del Espanyol, que para llegar hasta allí había eliminado a Borussia, AC Milan, Inter de Milan, Viktovice y Brujas.
Un ambiente impresionante en las gradas, un gran partido sobre el terreno de juego… Todo un cúmulo de sensaciones que hacen que recuerde aquel día y aquel partido como uno de mis grandes momentos como aficionado al fútbol.
De aquel partido en Sarrià conservo aún bastantes recuerdos. Y también recuerdo perfectamente cómo seguí el partido de vuelta por la televisión, desde ‘El Parchís‘, un bar que había en Castelldefels y que creo ya no existe.
Aunque no he tenido la oportunidad de ver el libro que se presentó el otro día en la antigua fábrica Damm y desconozco por completo su contenido, estoy seguro de que el recuerdo de aquel día, de aquella eliminatoria, tendrá su espacio en la publicación.
La presentación, como decía al principio, fue el martes día 29 de septiembre por la tarde. Y cosas, azares, casualidades o influencias austerianas de la vida, resulta que en esos precisos instantes yo me encontraba en el gol norte del Camp Nou viendo el partido de Champions que el Barça jugaba contra… el Bayer Leverkusen.
¿Qué posibilidades hay de que una persona no asidua a campos de fútbol vea a lo largo de su vida dos partidos con el mismo equipo alemán, separados 27 años en el tiempo? Pocas, sin duda. Pero haberlas haylas. Y para muestra mi botón. Vi perder al Bayer Leverkusen por 3 a 0 en Sarriá en 1988, y también lo vi caer derrotado el otro día por 2 a 1 en el Camp Nou, mientras en un lugar no demasiado lejano, la antigua fàbrica Damm, se hablaba de un libro de fotografías en el que, probablemente, alguna de ellas habría sido tomada en aquel lejano día de 1988.
No me digáis que la historia no es chula. Si pudiera, se la enviaba a Paul Auster para que escribiera un relato y luego lo ficharía para el Fútbol Club de Lectura. Por cierto, ¿alguien en la sala tiene su teléfono?
Y ya puestos a fantasear, fijaos en la foto de abajo, en el saludo de los capitanes antes de comenzar el encuentro. Fijaros en la difuminada grada del fondo. ¿Os imagináis que uno de los aficionados que integran ese borroso trocito de público fuera yo?
Los coleccionistas de libros relacionados con el fútbol acostumbramos a utilizar tácticas diversas para localizar nuestras presas. Una de las más eficaces es recurrir a las herramientas de búsqueda que ofrecen los catálogos de las bibliotecas. Basta con introducir una palabra clave adecuada (fútbol, futbolista, balón, pelota, portero, partido, gol, etc.) o más directo aún, buscar ‘fútbol’ por materia, para recibir a cambio un listado de libros relacionados con nuestros intereses.
Otra herramienta indispensable para nuestra comunidad es, lo habéis adivinado, San Google, gracias a cuya existencia tenemos la posibilidad de acceder a lugares remotos, inexplorados, allende las fronteras del ciberespacio, y descubrir tesoros en formas de información, materiales desconocidos, botines de conocimiento a los que sería imposible acceder por otros medios.
Escribid ‘libros de fútbol‘, ‘literatura futbolera‘, ‘fútbol y literatura‘ o cualquier otra combinación del estilo en el cajón sagrado y de nuevo nuestro benefactor googleliano acudirá en vuestra ayuda para ofreceros una jugosa recompensa.
Aunque existen más opciones para localizar esas pequeñas presas en forma de literatura futbolera os hablaré de una tercera. Esta, por cierto, además de eficaz es una de mis preferidas. Lo más divertido de todo es que se trata de una caza y captura en dos fases.
Primera: rastreamos autores que hayan escrito alguna vez sobre fútbol, ya sea algún artículo en una revista o diario, algún libro, cualquier cosa servirá para detectar en el autor en cuestión una afición balompédica.
Segunda: indagamos entre la obra del susodicho (recurriendo de nuevo al supremo localizador) y, muy posiblemente, descubriremos alguna obra oculta, desconocida, en la que el fútbol será parte importante. Y cuando eso ocurre, no queda más que exclamar: Touché!
Viene toda esta fase de precalentamiento para explicar que hoy hablaré de «La primera piedra» (Anagrama) («La primera pedra«, Quaderns Crema), la primera novela de un prestigioso escritor de reconocida querencia futbolística, aficionado barcelonista, habitual en radio, televisión y prensa escrita, y de quien podéis leer cada semana la columna que escribe en La Vanguardia dedicada a describir aspectos relacionados con el entorno culé.
Estoy hablando de Sergi Pàmies, quien además fue premiado hace un par de años con el X Premio Vázquez Montalbán de Periodismo Deportivo, reconocimiento también otorgado, entre otros, a autores tan futboleros como Eduardo Galeano, Nick Hornby o Juan Villoro, entre otros (Aquí tenéis el discurso que pronunció tras recibir el premio).
Imagen de Víctor Salgado – Fundació FCB
El caso es que siendo como soy seguidor de sus escritos futboleros, gracias a alguno de los cuales (como «Literatura y fútbol«, de junio del año pasado) he descubierto «Manual de fútbol» de Juan Tallón, otro libro que reposa en mi lista de presas y al que espero poder acabar fichando, desconocía sin embargo que en su primera novela el fútbol tenía un gran peso, y que, además, su protagonista era un futbolista.
Y ahora, si me preguntáis a través de cuál de los métodos de caza al principio descritos llegué al descubrimiento de esta futbolera novela de Sergi Pàmies os diré, aunque me pese… ¡que no me acuerdo!
No recordar también tiene su parte positiva, pues demuestra la existencia de otra de las vías de descubrimiento de literatura futbolera más satisfactorias que existen: el puro azar, la simple casualidad o, dicho en el lenguaje de los partidillos callejeros entre infantes: de chiripa.
Y así, de pura chiripa, de rebote y como quien no quiere la cosa descubro (sin saber cómo) la existencia de una novela protagonizada por un futbolista. O mejor dicho, y tal y como explica la sinopsis del libro:
«La primera piedra» es la historia de un lampista que juega al fútbol y es amante de una mujer casada, y que asume su condición de suplente no solo en el ámbito deportivo sino también en el familiar, en el laboral y en el sentimental».
Escrita en 1990, es decir, hace 25 años nos encontramos ante una novela corta narrada en primera persona por un personaje que parece llevado por lo cotidiano, arrastrado por los sucesos que le envuelven sin que la mayoría de veces exista voluntad alguna por su parte. Como cuando se encuentra participando en un extraño grupo de mariachis empujado por su hermano, o atrapado en una extraña historia por culpa de un coche aparcado en doble fila, o angustiado tras perder de vista a su sobrino en el Salón de la Infancia.
«Los del equipo me han felicitado como se felicita a un suplente: con un cordial menosprecio. Faltaban cinco minutos para acabar el partido y, como había previsto el entrenador, ya teníamos bastante conformándonos con el empate. Pero yo no tenía nada que perder. Si pudiera, prohibiría los empates.»
Una especie de testigo de las cosas que describe todo cuanto le rodea y sucede con minuciosidad, con cierto aire impresionista que en determinados momentos me ha traído ecos, salvando las distancias, del Joseph Bloch de “El miedo del portero ante el penalty” de Peter Handke.
E incluso, en alguna de las situaciones descritas, me ha venido a la cabeza «¡Jo, qué noche!«, aquella extraña película de Martin Scorsese en la que un gris empleado, al finalizar su jornada laboral, se ve envuelto de manera involuntaria en una continua sucesión de extraños e involuntarios sucesos.
Pese a a esta especie de involuntariedad continua y permanente, no parece que el narrador de la historia sea un ser angustiado por la realidad. Simplemente acepta y navega por ese día a día en el que se ve inmerso, con naturalidad. Por decirlo de alguna manera, se trata de una suplencia vital aceptada de buen grado. Así mismo, hay una continua dosis de humor a lo largo de todas las páginas, y una entrañable ternura por parte del protagonista que lo acaba convirtiendo en alguien muy cercano.
– ¿Qué decisión debe tomar el árbitro si un jugador enciende un cigarrillo durante el partido?
– Amonestarlo por conducta incorrecta.
El rebaño de jugadores atraviesa el campo embarrado. Delante, el entrenador pregunta y cualquiera de nosotros responde. Correr, dicen, ayuda a pensar. Los pies me pesan cada vez más, como si el barro que piso fuera el mismo que me llena la cabeza de una crema resacosa con gusto a tequila. He hecho un gran esfuerzo para levantarme. Si hubiera sido titular -indiscutible o no- no habría venido. Pero para un suplente no asistir a un entrenamiento equivale a resignarse para siempre al banquillo.
La historia se lee de un tirón, y una vez comienzas a caminar junto al protagonista en su extraño deambular donde cualquier situación es un cúmulo de minuciosidad ya no puedes dejar de acompañarlo hasta el final. Y una novela en la que Sergi Pàmies demuestra lo cómodo que se encuentra a la hora de escribir sobre fútbol, abordándolo desde ángulos diversos en diferentes episodios de la historia.
La presentación de hoy se incluye en el circuito por diversas ciudades que Casciari hará hasta finales de año, y que servirá para ir leyendo algunos de sus relatos. Las entradas están agotadas desde hace bastantes días, pero tranquilos, no hace falta que me envidiéis: yo tampoco podré asistir.
Sí, claro que me habría hecho una ilusión terrible poder ir y conseguir un ejemplar firmado de ese «Messi es un perro«, pero desde el primer momento ya supe que me resultaría imposible hacerlo por culpa de una cruel conspiración que me persigue desde hace tiempo.
Una conspiración que consiste, básicamente, en una alianza secreta entre el gordo de la lotería de navidad y el de la primitiva, que se han emperrado (uso la palabra «emperrado» por empatía con el título del libro) en no elegirme para ser tocado con su fortuna obligándome, entre otras cosas, a ir a trabajar en tardes de viernes como la de hoy. Y, en consecuencia, a impedirme disfrutar de la que promete ser una gran tarde de fútbol y literatura.
En definitiva: que se frustra el fichaje de un ejemplar de «Messi es un perro» dedicado por su autor para el Fútbol Club de Lectura.
«Messi es un perro y otros cuentos» es el cuarto volumen de relatos de Hernán Casciari, y está formado por dieciocho relatos escritos entre los mundiales de Sudáfrica 2010 y Brasil 2014. Tal y como se explica en la web del autor (www.editorialorsai.com) no todos tienen que ver con el fútbol, pero los atraviesa la vergüenza del delantero que festeja el gol sin saber que, a sus espaldas, el juez de línea ha levantado el banderín.
El relato «Messi es un perro» fue escrito y publicado en su blog en abril de 2012 y rápidamente se convirtió en todo un fenómeno. No era para menos. Comparar a Messi con un perro causaba de entrada un poderoso efecto sorpresa.
Se lo ve como en trance, hipnotizado; solamente desea la pelota dentro del arco contrario, no le importa el deporte ni el resultado ni la legislación. Hay que mirarle bien los ojos para comprender esto: los pone estrábicos, como si le costara leer un subtítulo; enfoca el balón y no lo pierde de vista ni aunque lo apuñalen.
Para que os situéis en el contexto de este relato, comparto un fragmento de lo que se publicó sobre su éxito en el suplemento Verne de el diario El País:
La historia de cómo Messi es un perro se convirtió en viral “es absolutamente internet”, dice a Verne Casciari. En junio de 2012 el actor, también argentino, Norberto Jansenson leyó a cámara el cuento en un plano fijo de once minutos que lleva medio millón de reproducciones. Al año siguiente, alguien mezcló ese audio con jugadas de Messi (otros 2,7 millones de visitas). Después llegaron un sinfín de versiones, copias (esta, de más de 1,7 millones de reproducciones) y remixes en varios idiomas. La última resurrección, hace apenas dos meses, sucedió cuando el vídeo fue subido al Facebook de la web deportiva La Pelotona, donde está a punto de alcanzar los 7,5 millones de reproducciones y ha sido compartido más de 200.000 veces.
Así que esta tarde no me toca otra que conformarme con escuchar una y otra vez esa maravilla de relato, y ver una y otra vez esa combinación de voz e imágenes que os muestro a continuación.
Además, ahora que habéis visto el vídeo, os recomiendo que volváis a escuchar el relato de voz de su autor: aquí tenéis el enlace. Y, por supuesto, os invito a que os dejéis caer a menudo por su web, y su blog, donde tendréis la oportunidad de leer sus artículos. Como por ejemplo «Nunca me importó el fútbol«, una auténtica maravilla. Disfrutar.
Y de ahora en adelante, cada vez que veais jugar a Messi, fijaros en sus ojos, en su mirada y recordar a Casciari.
Catalunya celebra hoy, día 27 de septiembre, una jornada electoral especial. Pese a que la convocatoria está destinada a elegir los representantes al parlamento catalán, las reivindicaciones independentistas de los últimos años han hecho que las elecciones de hoy se planteen en clave plebiscitaria y que la lectura del resultado en las urnas se interprete como algo más allá que la simple distribución de escaños para los próximos cuatro años.
Desde que la convocatoria se hizo pública, la posibilidad de que estemos ante un referéndum que acabe por determinar la separación de Catalunya y España ha generado numerosos comentarios, lecturas e interpretaciones desde todos los ángulos posibles. En este escenario, hasta el fútbol ha tenido su dosis de protagonismo siendo incluso utilizado como arma electoral. Y así, una de las dudas estrella ha sido: si Catalunya se independiza de España, ¿cómo afectará esa situación a Liga española? Más concretamente, ¿qué ocurrirá con el Barça? ¿En qué campeonato jugará? ¿Desaparecerán los clásicos entre el F.C. Barcelona y el Real Madrid? ¿Llegará el día en el que acabemos viendo un España-Catalunya de selecciones?
Mientras esas preguntas no tengan respuesta no nos queda más que elucubrar con lo que significaría para el fútbol una posible independencia de Catalunya. Y, para ello, nada mejor que acudir a la literatura sobre fútbol, ya que esas hipótesis (o parecidas) son las que encontramos en obras como “Orsai. Biografia d’un felí”, de Jordi de Manuel, y publicado por la Editorial Meteora el año 2012.
En la sinopsis del libro (que traduzco) leemos:
“Orsai” es una recopilación de relatos breves en clave de humor y sátira que tienen como hilo conductor un tema que apasiona a muchos jóvenes: el fútbol. Pero el fútbol, visto desde perspectivas diferentes, es tan solo el pretexto para unir una serie de pequeñas historias en las que predomina lo más humano de las personas. Con un lenguaje sencillo y un estilo ágil que lo hacen de fácil lectura y cercano a los jóvenes lectores, el autor nos hace reflexionar sobre toda una serie de aspectos de la vida y los valores de las personas: la amistad, el afecto, la integridad, el respeto a las diferencias de género o de opiniones y la importancia de elegir un camino en la vida. Prevalece, desde la ironía, una crítica social al mundo del fútbol: el desmesurado impacto mediático, la invasión a menudo involuntaria del fútbol en nuestras vidas o la ambición y el dinero que mueven intereses y cifras astronómicas.”
“Orsai” está compuesto por 20 relatos repartidos en cuatro grandes apartados: “Astres”, “Lliga, Copa i Champions”, “Mundial”, i “… i Lliga de les Estrelles”. Y tres de esos relatos están protagonizados por una selección catalana como equipo de fútbol de una Catalunya independiente: “Son sobtada”, “Polska (hat-trick)” y “Clonació (Biografia d’un felí 3”. Como complemento, en la página web de la editorial se puede encontrar una útil e interesante Guía didáctica de lectura.
En “Son sobtada” (“Sueño repentino”) asistimos a una final de la Copa del Mundo disputada en Zanzíbar entre Brasil y Catalunya. El viento del nordeste, procedente de la isla vecina y rival de Pemba, provoca que hasta el estadio llegue una nube de moscas de la especie Morpheus somnolentus, la picada de las cuales provoca que todos los jugadores y espectadores se acaben durmiendo.
“Polska (hat-trick)” nos sitúa en un escenario en el que el mundial se celebra en Catalunya, llegando a la final Alemania y Polonia. Los polacos (gentilicio con el que también se hace referencia a los catalanes de modo despectivo) se muestran sorprendidos y admirados al ver que el público catalán los anima constantemente. Gracias a tres goles de Kandinsky, Polonia acaba ganando tras remontar un 0-2. El público catalán considerará entonces el triunfo polaco como propio.
Y el tercero de los relatos en los que la independencia de Catalunya se traslada al fútbol es “Clonació (Biografia d’un felí 3)” (“Clonación. Biografía de un felino 3”). Nos encontramos de nuevo en una nueva final de la Copa del Mundo entre Catalunya y Brasil, años después de la celebrada en Zanzíbar que aparecía en el relato “Son sobtada” (“Sueño repentino”).
Pantera Negra (que es el apodo de un genial portero con libro propio, «Pantera negra«, firmado por el extraño Joan Gols i Camp) observa desde la tribuna cómo su clon detiene el penalti decisivo al otro clon, Pelecinho. Y como la pelota rebota en el poste y le toca la oreja el clon Pantera Negra 02 decide abandonar el fútbol a los dieciocho años.
Una lectura muy recomendable y apropiada para un día electoral como el de hoy, en el que quien sabe si algunas de las ficciones que aparecen descritas se acaban convirtiendo algún día en realidad.
Y para terminar, aquí tenéis el vídeo de la presentación del libro realizada por Jordi Fernando de la editorial Meteora en la Librería Laie y en el marco de la Setmana Petita del Llibre en Català de 2012.
Se trata de una magnífica oportunidad para acercarse tanto a esta novela como al resto de su obra. Y también para recordar que se trata de un autor que también ha puesto su granito de arena a la hora de vincular fútbol y literatura, como en el relato «El fin de los buenos tiempos«.
Y ya puestos, aprovechemos también para recuperar una entrevista del año 2011 publicada en El País en la que hablaba de su afición al fútbol con alguna referencia también a la literatura futbolera.
Hoy, día 20 de septiembre, es el cumpleaños de uno de los grandes de la literatura contemporánea: Javier Marías. Autor de gran prestigio y reconocimiento, con una producción de una calidad indiscutible, ganador de los premios más importantes (excepto el Nobel, para el que siempre suena), compositor de pequeñas joyas en forma de artículos semanales…
Por si todo lo anterior fuera poco, Javier Marías es un declarado aficionado al fútbol (seguidor del Real Madrid, no todo iba a ser perfecto :-D), y uno de los principales responsables de mi afición por la literatura futbolera.
Cómo ha cambiado todo, pensé. Hace sólo veinte años no había intelectual que se atreviera a confesar públicamente que le gustaba el fútbol.
Javier Marías en «Letras de fútbol«, artículo publicado en «Salvajes y sentimentales«
Y es que siempre que alguien me pregunta de dónde procede mi afición por este tipo de literatura no tengo que pensar demasiado para responder: seguramente, el libro “Salvajes y sentimentales” fue el que me introdujo de verdad en un mundo apasionante que unía dos de mis grandes aficiones, el fútbol y la lectura.
Si hago un esfuerzo de memoria puedo identificar unos primeras aproximaciones ya desde mi infancia, cuando me dedicaba a dibujar jugadas de fútbol en las páginas en blanco que separaban los capítulos de mis libros de “Los cinco” o “Los Hollister”.
Dibujos muy esquemáticos, en los que un par de jugadores hacían una pared y marcaban un golazo que se colaba por la escuadra de un escuálido portero que se estiraba sobre el papel. Aunque de forma inconsciente, creo que ese fue el germen inicial que se traduciría mucho tiempo después en la afición por los libros de fútbol.
Lejos de esos acercamientos infantiles, mi gusto por la lectura me llevó a disfrutar mucho con los artículos en prensa de Manuel Vázquez Montalbán, quizá uno de los primeros que me hizo ver que el fútbol se podía leer. Lo mismo ocurría con las crónicas de los partidos de Santiago Segurola, que me parecían auténticas piezas literarias que nada tenían que ver con las anodinas descripciones de partidos que se podían leer en algunos medios.
Pero, sin duda, el artículo que quizá ejerció de “¡Ábrete, Sésamo!” fue “La recuperación semanal de la infancia”, de Javier Marías, texto y frase que no me he cansado de repetir cada vez que tengo ocasión cuando alguien me pregunta acerca del fútbol. Aquella “recuperación semanal de la infancia”, en mi caso, supuso un regreso a aquellos momentos de soledad en los que dibujaba torpemente jugadas de fútbol en los espacios en blanco de un libro.
En la sinopsis del libro podemos leer:
La supuesta incompatibilidad entre las letras y el fútbol ya fue desmentida por algunos clásicos modernos: tanto Nabokov como Camus ocuparon puesto de portero en sus respectivas juventudes, y el segundo dijo que cuanto de importante sabía acerca de la moral humana lo había aprendido en el fútbol. A ellos se une el novelista Javier Marías (que fue extremo izquierdo en la infancia) con esta colección de piezas futbolísticas en las que tampoco la moral está ausente. Escribir de este deporte es para él «un descanso», lo cual debe entenderse, según apunta Paul Ingendaay en su prólogo, como la oportunidad de abandonar las máscaras de la ficción e instalarse en un territorio en el que «las cosas están claras y el autor se siente seguro de sus pasiones y de sus recuerdos». Para Marías el fútbol es «la recuperación semanal de la infancia»; y también es temor y temblor, dramaticidad y zozobra, una mezcla de sentimentalidad y salvajismo, una escuela de comportamiento y nostalgia, y la escenificación de la épica al alcance de todo el mundo. Y vemos el fútbol como lo que seguramente es, en el fondo, para millones de aficionados: un interminable desfile de héroes, villanos, figurantes y gestas, un espectáculo que quizá merezca la pena tomarse en serio.
“La recuperación semanal de la infancia” acabó formando parte de una joya como es “Salvajes y sentimentales”, un libro editado por Aguilar en el 2000 (la edición que yo tengo) y en el que se recoge una selección de artículos sobre fútbol escritos por Marías entre 1992 y el 2000, publicados mayoritariamente en El País o en el suplemento dominical El Semanal.
Y si el otro día hablaba de la presentación del festival «Letras y fútbol 2015» que se celebrará en noviembre en Bilbao, ahora es momento de volver a citar las palabras «letras» y «fútbol«, puesto que «Letras de fútbol» es el subtítulo del libro de Marías.
En el prólogo al libro se citan unas palabras del propio Marías publicadas en su libro Vida del fantasma, de 1995, en las que dice:
“Pocas cosas me han hecho tanta ilusión en los últimos años como que me pidieran escribir sobre fútbol de vez en cuando: un descanso.”
Afortunadamente, a lo largo de todos estos años esa afición futbolera suya se ha trasladado en numerosas ocasiones a textos y artículos, demostrando así que la combinación de fútbol y literatura puede ser muy fructífera, y que cuando esa unión nace de la mano de grandes autores como él, pueden dar a la luz auténticas joyas literarias.
Sirva pues este modesto artículo como muestra de homenaje y reconocimiento a quien tanto me ha hecho disfrutar con este tipo de literatura. Creo que es de justicia hacerlo, y más aún cuando uno conserva en su biblioteca una dedicatoria suya de hace muchos años en la que se hace referencia a la “caballerosidad impecable”.
Así que aprovecho el día de hoy para felicitarlo por su cumpleaños y para recordar a uno de los grandes jugadores de esta plantilla integrada por escritores que han dedicado parte de su obra al fútbol.
Aparte de recomendaros la lectura de “Salvajes y sentimentales” (y, por supuesto, de toda la obra de Javier Marías), os invito a que os paséis por la web www.javiermarias.es para conocer todo lo que tiene que ver con su obra y por el blog www.javiermariasblog.wordpress.com, en el que encontraréis una recopilación de todos los artículos que va publicando.
Si estáis interesados especialmente en los que hacen referencia al fútbol no tenéis más que utilizar el buscador.
Y para terminar, aquí tenéis el artículo “La recuperación semanal de la infancia”.
“La recuperación semanal de la infancia”
El escritor Guillermo Cabrera Infante detesta el fútbol. La escasa tradición cubana en este deporte podría justificarlo, pero sus más de veinticinco años en Inglaterra anulan tal explicación. Recuerdo su cólera y sus denuestos cuando ocurrió la tragedia de Heysel. Apartándose por una vez de Nabokov, que fue guardameta en su exilio de Cambridge y hasta el final de su vida gustó de ver partidos por televisión, no culpaba a los hinchas del Liverpool, sino al propio deporte: “Ese juego nefasto”, decía, “incita a la violencia porque es violento en sí mismo: se juega con los pies, y pocos movimientos hay tan feroces como el que supone dar una patada”. Es curioso que, en cambio, en Estados Unidos el fútbol no haya prosperado porque allí se lo considera demasiado lento y blando, una práctica propia de señoritas. Y en efecto, cuando estuve unos meses en la Universidad exclusivamente femenina de Wellesley College, el deporte preferido de las alumnas no era otro que el arte de Di Stéfano, para mi gran sorpresa. Claro que allí podía deberse a la influencia del propio Nabokov, que pasó por el lugar en los años cincuenta y quizá instauró la tradición.
Lo que sí sé es que no hay deporte que más angustie, cuando es angustioso. Es más, en mi caso particular confesaré que es de las pocas cosas que me hacen reaccionar hoy en día de la misma manera –exacta- en que reaccionaba cuando tenía diez años y era un salvaje, la verdadera recuperación semanal de la infancia. Hace un mes llegué a asustarme: al carecer de descodificador en mi televisión, hube de seguir la última jornada de la Liga española por radio, como en la postguerra y aun después. Tal vez fue eso lo que me retrotrajo con demasiada vehemencia a los años más indómitos de mi niñez, pero lo cierto es que cuando, acabados los partidos, mi editor culé me llamó con el himno del Barça como música de fondo y dispuesto a hacer bromas de las que –siempre entre risas y sin asomo de ceño- nos gastamos doscientas a lo largo del mes, le anuncié muy serio que ya no podría publicar nunca más con él; y no sólo eso, sino que dudaba que volviera a pisar Barcelona (ciudad que me encanta y en la que viví) y desde luego no pondría jamás pie en Tenerife. Me salió el hooligan que todos los aficionados llevamos dentro.
Por suerte todo se me pasó al cabo de unas horas –pero no menos-, porque el fútbol soporta una maldición que a la vez es la salvación de jugadores, entrenadores y forofos compungidos por una derrota. Se trata de una actividad en la que no basta con ganar, sino que hay que ganar siempre, en cada temporada, en cada torneo, en cada partido. Un escritor, un arquitecto, un músico pueden sestear un poco tras haber hecho una gran novela, un maravilloso edificio, un disco inolvidable. Pueden no hacer nada durante un tiempo o hacer algo menor. Entre los primeros, que son los que más conozco, los hay que han pasado a ser buenos por decreto y hasta el fin de sus días gracias a una sola obra estimable escrita cincuenta años atrás. En el fútbol, por el contrario, no caben el descanso ni el divertimento, de poco sirve tener un extraordinario palmarés histórico o haber conquistado un título el año anterior. No se considera nunca que ya se ha cumplido, sino que se exige (y los propios jugadores se lo exigen a sí mismos) ganar el siguiente encuentro también, como si se empezara desde cero siempre, analogía del resultado inicial de todo partido. A diferencia de otras actividades de la vida, en el deporte (pero sobre todo en el fútbol) no se acumula ni atesora nada, pese a las salas de trofeos y a las estadísticas cada vez más apreciadas. Haber sido ayer el mejor no cuenta ya hoy, no digamos mañana. La alegría pasada no puede hacer nada contra la angustia presente, aquí no existe la compensación del recuerdo, ni la satisfacción por lo ya alcanzado, ni por supuesto el agradecimiento del público por el contento procurado hace dos semanas. Tampoco, por tanto, existen durante mucho tiempo la pena ni la indignación, que de un día para otro pueden verse sustituidas por la euforia y la santificación. Quizá por eso el fútbol sea un deporte que incita a la violencia, como decía Cabrera: pero no por las patadas, sino por la angustia. A cambio hay que reconocer que tiene algo inapreciable y que no suele darse en los demás órdenes de la vida: incita al olvido, lo que equivale a decir que a lo que no incita nunca es al rencor, algo que se aprende sólo en la edad adulta.
Catalunya celebra hoy la Diada, su Fiesta Nacional. Se trata de una fecha con la que se conmemora la caída de Barcelona a manos de las tropas borbónicas del Duque de Berwick durante la Guerra de Sucesión Española de 1714. El 11 de septiembre de aquel año, tras catorce meses de asedio, Barcelona acabó cayendo en manos de los atacantes, una derrota que significó la abolición de las instituciones catalanas tras la promulgación de los Decretos de Nueva Planta del 1716.
Durante el día de hoy son numerosos los actos en recuerdos de aquellos sucesos históricos, con un marcado carácter simbólico y reivindicativo. Como colofón, una multitudinaria manifestación que durante los últimos años ha aumentado su dimensión (y cuyo último gran ejemplo fue el de la Vía Catalana de 2013o laV de 2014) sirve como cierre del día.
El 11 de septiembre también tiene presencia en la literatura futbolera, de manera más o menos indirecta. En este artículo aprovecho para citar tres fragmentos en los que esa fecha aparece.
MANEL SERRAS: “Echando un vistazo a la historia nos encontramos con situaciones de clara identificación del Barça con el sentido de catalanidad. Por ejemplo el junio de 1925, cuando Milans del Bosch, entonces capitán general de CAtalunya, cerró las Corts durante seis meses porque se había silbado al himno español, hubo una respuesta clara no solo de los socios, sino de la sociedad catalana que dio suporte económico a la entidad.
FERRAN ARIÑO: Pero era la consecuencia de otra cosa. Por aquel entonces el Barça era uno de los elementos que reflejaba aquella situación. Y suerte que era así. Pero ahora mucha gente, sobretodo los más jóvenes, piensan que el Barça era un activo elemento político. Y por sí mismo no lo ha estado nunca. En los boletines internos del Barça se explica que Pompeu Fabra dio clases de catalán a los socios, y se hacía una referencia habitual a los 11 de septiembre, y se convocaba a los socios a las manifestaciones, pero nadie se escandalizaba por todo ello. Era una entidad viva del país”.
“No hay que ver, pues, a Núñez como un dictador a la vieja usanza, defendiendo como gato panza arriba su pedestal civil, sino como un profeta de una nueva cosmovisión barcelonista en la que la vinculación nacional será un simple paisaje emocional para el 11 de septiembre, ni un minuto más. El Barça del futuro podrá estar formado por jugadores apátridas que en estos momentos ya deben de estar incubándose en laboratorios holandeses de ingeniería genética, alimentados, eso sí, con sueros aromatizados con pan con tomate artificial para que el globalizado público del futuro perciba el olor a pan con tomate nada más salir los jugadores al césped y se sienta por ello zoológicamente ratificado. Rafael Ribó ha anunciado el posnacionalismo, pero Núñez ha ido más allá al instalar al Barça en el mercado de los imaginarios sin fronteras. El día siguiente ha comenzado”.
“Faltos de épica, hijos y nietos como mucho de una épica de derrotados, de perdedores de Ligas, como nos llamaba Félix de Azúa, entre el 11 de septiembre de 1714 y el 26 de enero de 1939, entre el anarquista de Terrassa y el señor de Terrassa, a los míos, a mi clase, a los que temíamos el lunes porque los castellanos de los carmelitanos eran del Madrid y se burlarían de nosotros y los catalanes de Can Culapi pensaban –entonces- que el fútbol era el opio del pueblo o el entretenimiento de los pobres, nos convenía que pasara finalmente lo que ha pasado, la entrada en la era no sé si llamarla mesiánica o messiánica. De Messi, claro.”
Si no me equivoco, hoy es el cumpleaños de David Trueba, con quien encontraréis una magnífica entrevista sobre cultura y fútbol en el número 40 de la Revista Panenka, y en la que es presentado de la siguiente manera:
«Madrileño y catalanoparlante. Escritor y guionista televisivo. Articulista y cineasta. Amigo de Guardiola y seguidor del Atleti. Voz tranquila pero verbo contundente.
A lo largo de la entrevista son numerosas las referencias a la relación entre fútbol y literatura, comenzando por su magnífico «Saber perder«, un libro que nadie debería perderse y en el que uno de los personajes principales es un futbolista.
Pregunta: «¿Por qué el fútbol, con toda la carga emotiva que tiene, ha trascencido tan poco en el mundo de la novela y el cine?
Cada vez trasciende más, reflejo de que los intelectuales se sienten menos acomplejados al expresar su placer por el fútbol. Pero la razón principal es que la dinámica del fútbol, el marcador, es muy difícil de reproducir en una ficción. Además, enfrenta a once contra once: la agonía individual, algo muy importante en el cine, permite al boxeo, al ciclismo o al atletismo gozar de una filmografía más extensa. Creo que tanto en el cine como en la literatura el fútbol es interesante como contexto, como telón de fondo, incluso diría que desde sus márgenes: en lo anterior y posterior a un partido».
Esta y muchas otras interesantes reflexiones son las que podemos encontrar en la citada entrevista, así como en muchos otros artículos en los que su afición por el fútbol se transforma en palabra. Como por ejemplo en este otro artículo en el que habla de su amistad con Pep Guardiola, alguien que «carga con esa maldición en el mundo del fútbol que es encontrarle placer a la lectura«.
Aprovechemos pues su aniversario para hacer tres cosas:
Desear un feliz cumpleaños a David,
Recuperar la entrevista realizada en la revista Panenka
Y correr hasta la librería o biblioteca más próxima para disfrutar con la lectura de «Saber perder«
Editoriales presentes en la Setmana del Llibre en Català
con libros infantiles de fútbol en su catálogo
Entre los principales agentes que podemos encontrar detrás de todo buen libro están, además de los autores, las editoriales. Si queremos conocer un poco mejor el trabajo y los productos de los editores que publican libros en catalán tenemos la posibilidad de hacerlo durante los próximos días, ya que esta tarde se inaugura en la Avenida de la Catedral de Barcelona la 33 edición de la Setmana del Llibre en Català, que se podrá visitar hasta el domingo 13 de septiembre.
Con una estructura de avenidas y plazas, los visitantes encontrarán un total de 127 expositores entre editoriales, librerías, instituciones y agrupaciones de editores, así como el iQuiosc.cat, un espacio de 100 m2 con una muestra de más de 500 cabeceras editadas en catalán.
Además de los expositores la muestra se complementa con un amplísimo programa de más de 250 actividades que incluye presentaciones de libros, debates, lecturas, cuenta cuentos y recitales.
La Setmana del Llibre en Català se convierte, de esta manera, en un espacio en el que los libros escritos en catalán y todos los agentes y entidades que lo hacen posible, son los protagonistas.
Al mismo tiempo se trata de un magnífica oportunidad de conocer más de cerca, en el caso de los libros sobre fútbol y literatura, a algunas de las editoriales en cuyos catálogos hay series sobre esta temática.
Han sido muchas las editoriales que han sido mencionadas en este blog cuando he publicado alguna reseña sobre alguno de sus libros o series. Por eso, visitar la Setmana del Llibre en Català se convierte en una magnífica oportunidad de conocerlas más de cerca.
En la imagen que abre este artículo encontraréis una alineación con las editoriales presentes en la muestra con algún libro o serie futbolera en su catálogo destinado al público infantil.
En la imagen que encontraréis a continuación la alineación corresponde a las editoriales con libros para adultos.
Editoriales presentes en la Setmana del Llibre en Català
con libros de fútbol para adultos en su catálogo
Seguramente me dejo alguna, así que si alguien quiere ayudarme a completar la jugada o subsanar posibles errores lo tendré en cuenta para el equipo titular de futuros encuentros.
“De pie, empezando por la izquierda; Losada, Lareo, Santos, Ribó, Barrituabeña y Pelayo. Agachados, Semprún, Artúa, Wilson, Planas y Chamizo.
Un gran equipo”.
De este modo tan directo y contundente comienza “La alineación”, un magnífico relato futbolero que he disfrutado muchísimo y cuya lectura me ha resultado muy placentera de principio a fin. Se da la circunstancia, además, de que Jorge Gamero (Jordi Jiménez Gamero), su autor, es una amistad de juventud a la que había perdido el rastro hace muchos años y con quien, cosas de la vida, me reencuentro gracias al fútbol y la literatura.
Y aunque alguien pueda pensar que mi objetividad está condicionada por ese aprecio personal, os aseguro que cuando digo que el relato me ha parecido fantástico es porque lo pienso de verdad, y porque el poso que me deja es excelente.
La previa del partido
El texto forma parte de la obra “Las tres caras de la moneda”, y está publicado por la Editorial Gramática Parda. Como decía, hace ya mucho tiempo que perdí el rastro de Jordi, con quien compartí tiempos de instituto y afición por el fútbol. Tras unos 20 ó 30 años «sin noticias de Gamero«, hete aquí que el pasado julio se organizó un encuentro de fútbol de antiguos jugadores del Levante Las Planas, equipo en el que jugué a finales de los 80.
Si la memoria no me falla (que es lo más probable), acabados los tiempos de instituto todavía mantuve contacto durante un tiempo con Jordi a través de un primo suyo con el que compartí vestuario, y de tanto en tanto coincidíamos los tres, en los momentos post-entreno intersemanales… ¡berreando ante un micrófono!
El mencionado encuentro de viejas glorias del fútbol regional sirvió, básicamente, para redescubrir sensaciones corporales sepultadas bajo el peso de los años: agujetas, amagos de asfixia, tipologías variadas de lipotimias y taquicardias de diversa índole.
Como contrapartida, también sirvió para producir un importante cargamento de fotografías de recuerdo del acontecimiento, algunas de las cuales fueron a parar al Feisbuk, ese artefacto del demonio en el que, mira tú por dónde, no todo es negativo. Y fue así como en una de las imágenes publicadas apareció un comentario de un señor que firmaba como… Jordi Jiménez Gamero.
“¡Ostras!, me dije” -bueno, en realidad lo que dije no fue exactamente “ostras”-. ¡Cuánto tiempo!”.
Y fue así como se abrió la puerta a volver a tener noticias suyas, circunstancia que, para qué negarlo, me hizo bastante ilusión.
Veteranos del F. C. Levante Las Planas… el después
Más ilusión si cabe me hizo el conocer que su actividad profesional estaba directamente vinculada al mundo de los libros y la enseñanza. Intercambiamos un par de mensajes («hicimos unas paredes«, en el argot futbolístico-literario) y no tardó en hacer acto de presencia el binomio fútbol y literatura, siendo entonces cuando me dió a conocer la existencia de su relato «La alineación«.
«Pues habrá que ficharlo«, me dije.
Y comencé a iniciar gestiones antes de que el mercado de fichajes de verano se cerrara.
Mi equipo de ojeadores me informó que había un ejemplar de lo que buscaba en la Biblioteca de Cornellà, formando parte de la Colección Local, que es la destinada a los autores locales. Casualmente, el ejemplar que allí tenían estaba dedicado y firmado por el propio Jordi.
«La alineación»
Siempre me ha parecido que las alineaciones de los equipos de fútbol tienen un componente de musicalidad muy atractivo. Once nombres que unidos, enlazados y dichos de carrerilla se convierten en una agradable melodía. Por esa razón, el inicio de «La alineación» se convierte en la mejor forma de comenzar el partido, de olvidarse de lo superfluo y de poner el balón en movimiento.
«Basora, César, Kubala, Moreno y Manchón«, cantaba Joan Manuel Serrat en homenaje al Barça de las Cinco Copas, incorporando ese framento de alineación a su inolvidable canción «Temps era temps«. «Arkonada, Celayeta, Kortabarría, Alonso, Gorriz, Olaizola, Idigoras, Diego, Satrustegui, Zamora y Lopez Ufarte» llegamos a memorizar muchos a principios de los 80 cuando los donostiarras ganaron la Liga.
Basora, César, Kubala, Moreno y Manchón
Y también me gustaba recordar las alineaciones de uno de los partidos que forman parte de mi educación futbolística, aquel inolvidable Brasil-Italia del Mundial 82 que se disputó en Sarrià y en el que las formaciones fueron:
Brasil: Waldir Peres; Leandro, Oscar, Luizinho, Junior, Socrates, Serginho, Zico, Eder y Falcao.
Sumo ahora a esos particulares estribillos el que nos ofrece «La alineación«, en cuya estructura encontramos justamente eso: la descripción pormenorizada de los jugadores de un equipo. Jugador a jugador, comenzando por el portero, vamos conociendo uno a uno a todos sus futbolistas.
De cada uno de ellos tenemos una breve pero perfecta radiografía de sus principales características como jugador, de aquello que desde un punto de vista futbolístico lo diferencia del resto. Contundencia defensiva, astucia sobre el terreno de juego, elegancia técnica, capacidad goleadora…
Un variado muestrario de peculiaridades propias de los equipos de fútbol, perfectamente repartidas y que demuestran el conocimiento de Jordi sobre la materia y que lo que sucede en un terreno de juego no le es ajeno.
«Su única pierna, una izquierda prodigiosa, le valía por dos. En un partido contra el Atlétic Club de Bilbao se le contabilizaron veinte centros, y ese día, el buen cancerbero vasco Carmelo, encajó cinco goles. En otro partido contra el Sevilla hizo un gol subiendo el solo toda la banda desde su posición de latersl izquierdo. Tenía además una recuperación increíble. Si llegaba en jugada hasta el ataque y el portero contrario lo despejaba rápido de un patadón, en muchas ocasiones tenía tiempo de volver al corte y abortar el ataque contrario.»
Iriondo, Venancio, Zarra, Panizo y Gainza. Imagen de www.deia.com
En la descripción de los integrantes de «La alineación» se intercalan también episodios de partidos contra equipos de primera división que permiten profundizar en su conocimiento.
Así mismo, se describen anécdotas vividas en partidos en los que también intervienen jugadores míticos que permiten situar la historia en la década de los cincuenta: Gento, Stanley Matthews, Czibor, Carmelo, Garay, Kubala, Biosca, Zarra, Panizo, Gainza, Di Stefano, Luis Suárez, Eusebio, Eizaguirre…
«En primera división jugó siete temporadas con nosotros y tres más con el Atlético de Madrid. Recuerdo especialmente un partido contra el Fútbol Club Barcelona en nuestro campo. Empatamos uno a uno pero él hizo un partido de manual, para recordar. No sólo empujó el juego de nuestro ataque sino que anuló prácticamente al gran Kubala y se encaró en un par de ocasiones con Biosca».
De la misma manera, la enumeración de equipos y estadios que salpican el texto informan también de una cierta cultura futbolística propia de los que ya tenemos cierta edad.
Los más jóvenes han crecido con otros referentes, mucho más visuales, mientras que los nuestros, que eran más radiofónicos, conservan ecos míticos al recordar las voces que hablan de gol en El Molinón, el Sadar o el Sardinero. Y así, en el texto, se hacen fugaces visitas a Anoeta, San Mamés, Mestalla o el citado Sadar de Pamplona.
Haciendo un símil con un equipo de fútbol, diría que «La alineación» es un conjunto sólido y compacto, bien trabajado en todas sus líneas, sin fisuras, muy equilibrado. En él todo está muy bien proporcionado, con mucha solvencia en todas sus zonas, ocupando con gran sentido del juego todas las zonas del campo.
Una seriedad como conjunto que se complementa con los detalles delicatessen de algunas de sus jugadas, con una interesante variedad de registros y filigranas que le permite adaptar su táctica y mostrarse resolutivo ante todo tipo de rivales, circunstancias y lectores. Una propuesta futbolísitico-literaria rica en matices, llena de elegancia y con un variado catálogo de detalles propios del fútbol escrito.
Una lectura, además, que tiene un remate letal en tanto que va avanzando hasta llegar al interior del área y sorprender con un disparo inesperado que coge totalmente desprevenido a quien lo recibe para acabar convirtiéndose en un gol por toda la escuadra.
Este dribling final del narrador me ha hecho recordar un relato de Rafael Azcona titulado «Gol«, que también os recomiendo y que podéis encontrar en la recopilación «Cuentos de fútbol 2» de Alfaguara.
En las dos historias hay un sorprendente desenlace final, que nos habla de una común tipología de personajes, muy propia del mundo del fútbol. Pero como no puedo explicar nada sobre los motivos que me llevan a vincular a ambos jugadores sin desvelar el misterio os invito a que lo descubráis por vosotros mismos leyendo y disfrutando las dos historias.
Para aquellos que todavía piensan que fútbol y literatura no forman buena pareja, fijaros en esta historia: un partido de fútbol ha sido el hilo conductor hacia una narración literaria en la que el fútbol es protagonista.
P.D. Solo he encontrado un pero en la solidez de esta «Alineación«, y es que Pichardo no haya salido de titular 😀
Para terminar, aquí tenéis el vídeo de la presentación del libro «Las tres caras de la moneda«, en la que también estuvo presente Luis Landero, uno de los grandes de las letras y autor de la inolvidable «Juegos de la edad tardía«. Entre el minuto 46 y el 47.17 Jordi habla de «La alineación» y da su opinión sobre la relación entre literatura y fútbol.
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