«Tuits al aire. Del Camp Nou a la vida», un relato corto de F. Xavier Simarro

 

PARTIDO

 

Tiempos de confinamiento en los que una de las mejores tablas de salvación que nos quedan es la lectura. Y si es literatura futbolera, mejor.

Os dejo un emotivo relato corto que el escritor y profesor Francesc Xavier Simarro ha tenido la gentileza de enviarme, y que gira en torno a ese mágico e inolvidable momento en el que un padre lleva a su hijo por primera vez al estadio de su equipo. En este caso, es el Camp Nou. Pero seguro que cualquier aficionado que haya vivido la experiencia de descubrir el fútbol de la mano del padre se sentirá identificado.

Espero que lo disfrutéis.

 

Tuits al aire. Del Camp Nou a la vida

 

Luz al final del túnel. Socios y seguidores vestidos de ilusión. Una platea verde abierta al mundo. 22 pies blaugranas danzando. La partitura se ha explicado en el vestuario. Toca interpretarla. Con ritmo, sudor y talento. Barça en estado puro.

***

La belleza de contemplar en can Barça la danza de los jugadores. Sus pies trenzando pases. El chut se presiente. Hay que vencer al dragón de la derrota. Las espinas caen y el castillo de la portería será asaltado. Respiramos aroma de victoria.

***

Barça son los ojos sorprendidos, abiertos de par en par, de un niño convertido en bocadillo entre el padre ebanista y un desconocido. Su dolor de pies y el bigote frio, metálico, de los antiguos soportes situados tras los goles. La nariz congelada, el corazón a punto de estallar, y el chut que apenas atisbaba. ¡Fuerza, padre!

***

Can Barça es un bosque de luciérnagas ondulando. Un mar de muñecas que cimbrean, gritos. Aupamos a Messi. Soñamos con sus goles subiendo al marcador. Miles de cuellos, cual flamencos en las marismas del estadio, se alargan.

***

Bocas del estadio vomitando público. Un Barça que mastica triángulos, posiciona delanteros y logra que ruja el público. La pizarra es la ruta, también el paseo que nos conduce al estadio. Afilamos los dientes intuyendo el placer que nos aguarda. ¡Comámonos el balón!

***

El corazón atenazado por la emoción. La vista fija en la alfombra verde. Alfileres de mil colores puntean la gradería. Todo él tiembla. Un culer de siempre. Demasiados años con el saco roto por las derrotas. La red se llena de goles. ¡Queremos una nueva Champions!

***

Antes que nada, dibujaron el rectángulo de juego. Luego edificaron. Ella lo veía en sus idas y venidas de casa al trabajo. En la Maternidad, a un tiro de piedra, nacerían sus dos hijos.

La gestación del estadio la acompañaba durante sus paseos por la Travessera de les Corts. Todavía nadie escribía tuits. La platea verde, que nunca quiso contemplar en directo, no era su teatro particular. La línea de producción en la fábrica, sí. El dragón de la miseria cabalgaba poderoso en los años 50. Costaba llegar a final de mes. Ante sus ojos, día a día, se alzó el castillo blaugrana.

Al niño del tercer tuit lo parió ella. Miró Sans, un año antes (1957) alumbró un estadio que dejaba atrás el de la calle Industria (si, el de los culos al aire) y el de las Corts.

A base de bocadillos (no solo los del campo) y otras menudencias el bigote del niño salió a la luz y cobró forma. El dolor de pies ahora le llega tras 5 horas de clase haciendo malabarismos, no con los pies, como los futbolistas; sino con las mentes (no siempre receptivas, de sus alumnos de primaria) La pizarra es una de las rutas del saber, aunque cada vez menos. Ahora son digitales. Y los marcadores, y las pantallas gigantes del estadio.

No siempre consigue dejar boquiabiertos a los niños (únicamente cuando les lee un cuento).

Culer de siempre, de toda la vida. Como el padre ebanista (el del tercer tuit) que nos dejó, perdiéndose el bosque de luciérnagas punteando la gradería. Messi no ha llegado a verlo. Lástima, los artistas siempre se acaban entendiendo entre ellos. Construía unos muebles que hubieran enamorado al mago argentino. Mi padre depositaba la magia en la madera convertida en sillas, butacas y sofás, dignos de una tribuna culer.

En la previa, la emoción de ir al campo de su mano. Luego venia el paseo desde Collblanc hasta la puerta del estadio. Una boca nos vomitaba, y la platea esperaba ansiosa ser pisada por las botas. Yo no respiraba, no decía ni pio, subido a la torre de las emociones.

Había una vez un niño que se convertía en bocadillo humano. Que lucia un bigote imposible de afeitar. Que algunas noches cenaba berenjenas fritas, antes o después del bocadillo en el campo, no recuerdo. Ahora escribe tuits, y se queda mudo de emoción cuando contempla algunas jugadas.

Respiro aromas de victoria. Conozco el rectángulo de la vida. Me han puesto la zancadilla algunas veces. He olvidado la táctica a seguir, pero aún no he caído de la alineación.

Seguro que papá, con la vista fija en la alfombra verde, vio desde su tribuna particular la primera Champions. Aquella inútil estirada de Pagliuca. Quizás pensó: ¡ya era hora! Demasiado años cargando con el saco roto por tantas derrotas. Le escribiré un tuit: papi, tenías razón. Deberían comerse el balón cuando encaran la portería.

F. Xavier Simarro Montané.

 

Biel Camp Nou

«El halo de luz», un relato futbolero de José Antonio Lizana Arce

 

 

El periodista y escritor chileno José Antonio Lizana, autor de «Ceacheí”: Palabra de Campeón» o «Pelota en la (s) red (es) sociales», entre otras muchas obras de temática deportiva, ha tenido la deferencia de enviar un original y emotivo relato futbolero que a muchos de vosotros, estoy convencido, os traerá buenos recuerdos.

Su participación en el blog no es nueva, pues ya pudimos disfrutar de otros de sus relatos: «Anoche tuve un sueño» y «El timbre de don Rolando«, acompañado de un video, en el que explica una experiencia con un balón desaparecido.

Disfrutadlo 🙂

El halo de luz

(José Antonio Lizana Arce)

 

Los últimos treinta pesos de la mesada me los gasté, a pesar de que mi papá me aconsejó que los hiciera durar. Por lo mismo, mi emoción cuando en el sobre me salió la figurita clave del álbum oficial de Italia ’90.

Recuerdo que todas las tardes nos juntábamos con los amigos del barrio a intercambiar láminas y dicha impresión no pasó desapercibida. “La tengo, la tengo, la tengo, ohhhhh, esa no la tengo”, me decían los niños asombrados.

En mi billetera portaba las láminas repetidas y el álbum lo guardaba debajo de la almohada cuando me iba a dormir. En el sueño profundo, las figuritas cobraban vida propia y se enfrentaban en un partido inédito en un campo de dimensiones infinitas.

El primer equipo de láminas vestía a listas y estaba conformado por Tony Meola, Paolo Maldini, Nestor Fabbri, Mauro Galvao y Ronald Koeman; Sergei Aleinikov, Andreas Möller, Tab Ramos y Bernardo Redín; Anton Polster y Marius Lacatus. Y el otro elenco de cromos, uniformado a franjas, se presentaba con Thomas N’Kono; Andrés Escobar, Óscar Ruggeri, George Popescu y Peter Larsson; Erwin Koeman, Jan Ceulemans, Rafael Martín Vásquez y Paul Gascoigne; Francois Oman Biyik y Ruben Sosa.

Este partido no tenía horario de inicio, porque no estaba condicionado a las obligatoriedades de las transmisiones televisivas. Tampoco había letreros de publicidad al borde de la cancha y la pelota no respondía a los diseños típicos de las marcas deportivas, sino más bien era un titilante halo de luz.

Sin tantas reglas, la luminosidad intempestivamente comenzó a posarse en los pies de Maldini, para saltar a la cabeza de Polster, quien quiso pivotearla con la técnica que le había enseñado Iván Zamorano en el Sevilla, pero su movimiento fue tan rápido que se desplazó hasta el otro sector del campo de dimensiones infinitas.

El portero N’Kono le lanzó una patada voladora al fulminante destello, que hizo que cayera en los pies de Ramos, quien lo dominó por menos de una de centésima de segundo. Redín, creyendo que se jugaba con un balón tradicional, no aceptó la imprecisión y le movió los brazos al estadounidense en señal de protesta. La posesión del halo de luz no se podía cuantificar, porque su permanecía era efímera en los pies de los futbolistas.

La disputa por el balón entre Koeman y Ceulemans se parecía más a una pintura de Miguel Ángel o a un épico final de cuento de Roberto Fontanarrosa. Asimismo, la férrea marca de Aleinikov a Sosa era más bien un estilizado paso de ballet al más puro estilo de Cascanueces. Sí, eso era verdaderamente el fútbol y no lo que se había visto hasta ahora, señoras y señores.

Maldini se posicionó con liderazgo en el piso celestial, así como lo hizo durante tres décadas en el Milan de Italia. Junto a Fabbri conformaron un murallón de nube que bloqueó todos los intentos ofensivos de Oman Biyik. Ambos defensores exhibían mucho oficio y siempre adivinaban la caída del halo.

En uno de esos duelos, el delantero camerunés tuvo una mala caída y quedó inconsciente por algunos minutos. Inevitable fue el terrible recuerdo de su compatriota Marc Vivien Foe pero, afortunadamente, el ariete se repuso muy rápido.

El español Martín Vásquez era un termostato del juego e intuía de forma natural el movimiento del halo, mostrándoles a sus compañeros la dirección en que éste se dirigía. Uno de esos ataques fue neutralizado por Möller, quien comenzó con una espléndida jugada en área propia, tomando carrera y superando la marca de Erwin Koeman, hasta posicionarse en cielo contrario y lanzar el rayo luminoso a Lacatus, que finiquitó con un tiro rasante idéntico al que le conectó a los soviéticos en el Mundial de Italia.

Los sudamericanos de la retaguardia, Escobar y Ruggeri, fueron a encarar al portero N’Kono, quien en un espontáneo francés les dijo: “Je n’ai pas vu la lumière”. Al ver que sus compañeros no le entendieron, tradujo en un perfecto español: “No vi la luz”. Ambos zagueros se miraron ante la extraña explicación, aunque ellos tampoco la vieron.

El halo volvió al centro del cielo y el juego lo reanudó Sosa, quien entregó de primera a Gascoigne. Sin embargo, el pase fue corto y lo interceptó Ramos, que trató de gambetear a Popescu, pero éste lo agarró de la camiseta y lo derribó. No obstante, la falta quedó sin cobro porque no había árbitro ni reglas. Y menos se podía reclamar a la FIFA o consultarle al VAR, porque simplemente no existían.

Los jugadores se detuvieron y se arreglaron a la buena. El “Cabezón” Ruggeri pensó en sus míticos duelos con Aldo Serena y José Luis Chilavert.

Los delanteros Polster, Lacatus, Sosa y Oman Biyik, hastiados de recibir todo el juego brusco, les reclamaron a los defensores que, de esa forma, su vida futbolística iba a ser mucho más corta de lo deseado. Por resta razón, los arietes de ambos cuadros, decidieron retirarse del encuentro. Como no había capitanes, los más avezados Ruggeri y Aleinikov intentaron evitar la salida, pero no lo consiguieron.

El duelo proseguiría con nueve hombres por lado y con ambas escuadras totalmente adelantadas para cubrir el infinito campo de juego.

En uno de sus vertiginosos desplazamientos, el halo fue capturado por Martín Vásquez, quien se lo entregó a Ceulemans y éste posteriormente se lo cedió a Escobar. El colombiano se lo iba a ceder al arquero N’Kono, pero un trueno cayó muy cerca del guardameta, quien se desmayó debido al gran estruendo que provocó el fenómeno eléctrico. Mauro Galvao se acercó lo que más pudo al portero accidentado, pero Erwin Koeman y Gascoigne no lo dejaron pasar. El defensa vociferaba desde la distancia: “Esta é uma farsa. O arqueiro esta fingindo, eu sei”. Los futbolistas europeos lo miraban, pero no le entendían. El juego, después de un rato, continuó con normalidad.

El cielo se cubrió completamente y no había forma de seguir las acciones del encuentro. A través de los destellos lumínicos del halo se podía ver un poco el ida y vuelta del partido divino. Ruggeri, en ese invisible panorama, le advertía a Escobar que se cuidara de los autogoles. Mientras, Popescu y Larsson se aprovechaban de la situación y le metían codazos en el cuerpo y en la cara a Redín. A su vez, Erwin Koeman cuidaba, cual cancerbero, a su hermano Ronald para que no lanzara de distancia como en esa recordada final de la Copa Europea de Campeones de 1992.

Gascoigne, que estaba demasiado huérfano en delantera, imploraba un rayo de luz mediante un cambio de frente de Celeumans o Martín Vásquez. En la profundidad de la noche, el inglés sacó una botella de whisky de adentro del pantalón y se la tomó de una vez. ¿Quién iba a decirle algo si ese fue el mismo camino por el que transitaron los celestiales Garrincha, George Best y Sócrates?

El viento y la espesa masa nubosa se transformarían en los mejores aliados ofensivos del equipo franjeado. El aro luminoso se instaló en el área de Meola por más de tres horas, tiempo en que la esfera no registró movimiento alguno. El portero observaba impresionado el arcoíris que se formaba en la parte interna y externa del anillo del halo. Sin respuesta ante tal inercia, sus compañeros lo instaban para que saliera a achicarle el ángulo al astro. Sin embargo, cuando se empezó a acercar a la brillantez, ésta se metió por debajo de sus piernas, pero inauditamente se detuvo sobre la demarcación de la meta y luego se devolvió al centro del campo. A esas alturas ya se habían integrado las láminas del póster promocional: Ruud Gullit y Enzo Francescoli para reforzar la ofensiva del equipo de listas y Careca y Emilio Butragueño para potenciar a los franjeados.

Butragueño encontró en Martín Vásquez a un socio perfecto y en pasajes del encuentro rememoraron algunas jugadas de la maravillosa época de la “Quinta del Buitre”, que en la década de los ochentas conformaron en el Real Madrid junto a Míchel, Manolo Sanchís y Miguel Pardeza.

Ambos dominaban el rayo de luz de manera fantástica. Sus jugadas empezaban desde el fondo con el “tuya, mía, para ti, para mí” de cabezazos o toques con borde interno. De hecho, a través de uno de esos impactantes virtuosismos futbolísticos llegó el empate para los de la franja.

El recién ingresado mediocampista Francescoli asumió una espontánea capitanía y a sus defensores les pidió mayor cohesión. El uruguayo les contaba a los suyos acerca de los innumerables títulos conseguidos con Uruguay y River Plate de Argentina. Incluso, el “Príncipe” recordó un episodio de la final de la Copa América 1987 ante Chile. “Toqué la pelota por un lado y Astengo me hizo una rotura de cuádriceps que todavía tengo. Me puse mal, Astengo se me paró adelante, no contuve el impulso y le metí un cabezazo. Me echaron a los veinte minutos. Y ni siquiera le rompí la nariz. Bueno, las finales son así”, relató.

Posteriormente, el mediocampista echó a correr el halo, se lo pasó a Koeman y con su elegancia acostumbrada picó al vacío para buscar el lanzamiento en profundidad del holandés, el cual habían ensayado en las prácticas. Tal como en el partido amistoso entre River Plate y Polonia en 1986, Francescoli realizó una contorsión en el aire y conectó la luz de chilena. Su grito de gol se escuchó con un eco cósmico, así como el de Carlos Caszely ante Botafogo en el Maracaná en 1973.

El elenco franjeado sintió el segundo tanto casi como un golpe de knock-out. El juego bonito de Butragueño y Vásquez se fue diluyendo, para dar paso a la imprecisión, al nerviosismo y la descoordinación. El arquero N’Kono nunca más volvió y el forado en la retaguardia ya no había cómo disimularlo. El “Cabezón” Ruggeri estaba extenuado de ir a tantas coberturas y de gritarles y ordenar a los duros Escobar, Larsson y Popescu. El mediocampo era definitivamente de otro planeta, porque Erwin Koeman, Celeumans, Gascoigne y Vásquez estaban totalmente desconectados entre sí.

En un contraataque de los franjeados, el halo se pegó al pie de Careca, quien se sacó la marca de los defensores y arrancó por la banda derecha. En esa carrera derribó a todos sus rivales y desde el suelo marcó un golazo. No había hinchas para celebrarlo y tampoco cámaras para inmortalizar la mejor jugada de todos los tiempos Todos los jugadores fueron a abrazar a Careca, para posteriormente sacarlo en andas, y dar la vuelta olímpica por el piso de los bienaventurados. Dada la belleza del tanto, las estrellas del balompié internacional decidieron terminar el encuentro en empate, sin vencedores ni vencidos.

El campo infinito se empezaría a despoblar de manera paulatina. De repente, el despertador sonó y me aseguré de que estuviera el álbum debajo de la almohada y de que no me faltara ninguna lámina, especialmente las que habían disputado el alucinante partido. Afuera de mi ventana, estaba el halo de luz.

 

3a edición de Korner, Kultura & Futbol Festibala

 

Cartel

 

Mañana día 9, y hasta el 15 de febrero, San Sebastián acogerá la tercera edición de Korner, Kultura & Futbol Festibala, un proyecto impulsado desde el Centro Cultural Ernest Lluch y coorganizado por Donostia Kultura y Real Sociedad Fundazioa que explora las relaciones cada vez más intensas entre el deporte rey y diversas disciplinas artísticas.

Tal y como se explica en su página web, el festival «vuelve a apostar con fuerza por el fomento de la creación con varios proyectos que establecen puentes entre cultura y fútbol«.

Debates, exposiciones, tertulias, cine, literatura, entre otras variadas e interesantes propuestas forman parte del programa del festival, al que se puede acceder desde este enlace.

Manuel Vilas, Benjamín Prado, Luis García Montero, Ander Izaguirre, Mikel Alonso o José Luis Garci son algunos de los nombres que desfilaran por el festival.

 

 

korner-presentacion-programa-txiki

 

«La hermandad de los balones desaparecidos» en FNAC-Splau de Cornellà

 

 

 

El pasado sábado tuve el gran honor de celebrar un acto de presentación de «La hermandad de los balones desaparecidos» en el espacio Fòrum de Fnac-Splau, en Cornellà. Una vez más, tuve la cobertura del amigo y escritor Jorge Gamero, con quien me siento afortunado de continuar realizando combinaciones futboleras. De jóvenes lo hicimos en el campo. De adultos lo seguimos haciendo en la Agrupación de Veteranos de la UE Cornellà y, también, gracias a la literatura.

Que la asistencia no fuera la esperada no afecta para nada al buen recuerdo que me quedará de haber tenido la oportunidad de hablar de «La hermandad…» en aquel lugar. Aprovecho, por eso, para dar las gracias al equipo de FNAC por proporcionarme esa oportunidad y permitirme disfrutar de su magnífico «estadio».

Tal y como comenté al principio de la presentación, el lugar geográfico en el me encontraba tiene un significado especial para mi. Un simbolismo del que ni siquiera me había dado cuenta hasta pocos días antes del acto. Fue de camino hacia allí cuando caí en la cuenta de que había cierta travesura del destino en aquella situación.

 

 

El caso es que si tuviera que identificar un detonante para «La hermandad de los balones desaparecidos» debería situarlo en un episodio que ya he explicado en varias ocasiones, y que tiene que ver con una pelota que perdí cuando tenía unos 11 o 12 años. Al menos, eso es lo que pensaba hasta hace bien poco, pues hace unos días, un fogonazo de lucidez me ha hecho comprender que, en realidad, el origen de toda esta obsesión se sitúa muchos años antes. Concretamente en un recuerdo desaparecido, borrado de mi memoria, tras un suceso ocurrido, exactamente, el 20 de septiembre de 1971.

Me reservo la explicación de lo que ocurrió aquel día para otro post, y De momento, y volviendo a la presentación del sábado, aquí tenéis algunas fotos de lo que fue una tarde muy especial.

 

Con el gran Chele, gran compañero y futbolista y uno de los defensas más técnicos y elegantes con los que he tenido el placer de jugar.

 

Carla y Queralt, jugadoras de la UE Cornellà, y a quien el amigo Jorge Gamero tuvo el gran detalle de hacerles llegar un ejemplar de «La hermandad de los balones desaparecidos«.

 

 

Y una foto que me encanta, acerca de la cual publiqué en facebook que no tenía ni idea de hacia dónde estábamos mirando con tanta atención. Y el amigo Jorge Gamero, como respuesta, escribió casi un minirrelato literario-futbolero: en el que no faltó mi querido «bordillo de Zanón«:

Alfonso, debíamos observar la parábola que describía la pelota tras una volea impulsada por la literatura. La imagen, aunque muy chula, no recoge el momento en el que la pelota entró por la escuadra ante la algarabía de una grada rendida a tu arte. Yo solo fui el bordillo de Zanón contra el que habías perpetrado una tarde perfecta.

 

Mapas y calendarios en el fútbol y la literatura

 

mapamundi literari

 

 

En la «Crítica de la razón pura«, el filósofo alemán Immamnuel Kant analiza los conceptos de espacio y tiempo para elaborar su teoría sobre el conocimiento. Se trata de dos dimensiones a través de las cuales los objetos son percibidos por nuestros sentidos.

Espacio y tiempo son también dos conceptos siempre presentes en mis incursiones por la literatura futbolera. El tiempo, en tanto que me permite fijar las fechas de aquello que leo y el espacio porque puedo ubicar donde suceden. Con el tiempo construyo mi particular «Calendario de la literatura futbolera«, mientras que el espacio me ha servido para crear el «Mapa del Fútbol Club de Lectura» y el «Mapa provincial del fútbol y la literatura«.

Cuando era niño me gustaba deambular con la vista por las páginas de los mapas. Aquellas líneas y colores me parecían mágicas. También me gustaba saltar de un país a otro, y conocer sus banderas, y los ríos que los cruzaban, y las fronteras con otros países. La literatura futbolera me ha permitido disfrutar del espacio y la geografía de otro modo, buscando historias al azar que suceden en diferentes lugares del mundo. Y para disfrutar de esta afición dispongo de algunas obras de referencia por las que es un auténtico placer viajar:

 

«Fútbol que estás en la Tierra. La vuelta al mundo en 40 historias con balón«

David Ruiz de la Torre. Poebooks, 2017

 

SINOPSIS

La magia del fútbol consigue que millones de personas en todo el planeta estén conectadas a través de un juego que se ha instalado en sus vidas como una liturgia imbatible. A lo largo de este revelador y fascinante viaje de 40 historias, David Ruiz nos descubrirá cómo Gandhi pulió su revolución pacífica sirviéndose de un deporte por el que sentía una especial fascinación; cómo los monjes budistas han revitalizado en la antigua Birmania la pasión por un juego prohibido por la dictadura comunista; el modo en que Palestina se aferra a los Barça-Madrid y a su selección frente a la ocupación israelí; o cómo el embrujo de la redonda logra que los niños africanos salgan a las calles con el anhelo de seguir algún día el sendero de los Drogba, Yaya Touré, Essien o Eto’o. No hay estado de ánimo, actitud ante la vida o comportamiento que se resista a la embriagadora fragancia del fútbol, ya sea en Rusia, Borneo, Costa de Marfil, Irak, Rumanía, Tonga, Nicaragua o Mongolia. Porque el fútbol es una aldea global.

 


«Atlas de una pasión esférica«

Toni Padilla y Pep Boatella. Geoplaneta, 2018

 

 

SINOPSIS

Atlas de una pasión esférica reúne 34 historias de todo el mundo unidas por un nexo común: la pasión por el fútbol. Una pasión capaz de elevarse sobre conflictos bélicos, fronteras, prejuicios atávicos o discriminaciones de género para erigirse en un monumento a la dignidad humana.

Este atlas recoge historias narradas en un estilo ameno pero con gran rigor histórico, con emocionantes ejemplos de superación personal (comola lucha de la primera persona transgénero que llegó a ser futbolista internacional o la escuela de fútbol que salvó la infancia de cientos de niños bosnios durante la guerra)y del triunfo de los valores deportivos sobre las adversidades (por ejemplo, la delos soldados de la Primera Guerra Mundial que hicieron una tregua navideña para jugar a fútbol con los enemigos).

 


 

«Fútbol contra el enemigo«

Simon Kuper. Editorial Contra, 1994

 

 

SINOPSIS

El fútbol no es solo el deporte más popular del mundo. Como dijo Bill Shankly, el mítico entrenador del Liverpool: «el fútbol no es una cuestión de vida o muerte; es mucho más importante que eso.» Y no le faltaba razón: durante años ha fraguado guerras, ha alimentado revoluciones e incluso ha contribuido a mantener a dictadores en el poder. Por algo se le conoce como «el deporte rey».
Simon Kuper viajó a veintidós países, de Argentina a Camerún, de Ucrania a Botsuana, de Brasil a Sudáfrica, de Alemania a España, para investigar la poderosa influencia que el fútbol ejerce en la política, en la cultura y en la sociedad. El resultado, a medio camino entre un libro de viajes y un ensayo sociopolítico, es un fascinante y divertido relato de las complejas tramas ocultas de ambición y poder, de pasiones individuales y nacionales, de la historia y, cómo no, de la belleza del deporte más popular del mundo.

 


 

«Futbolítica. Històries de clubs políticament singulars«

Ramon Usall. Ara Llibres, 2017

 

 

SINOPSIS

 

Pot un partit entre seleccions desencadenar una guerra? És el Barça l’únic club més que un club? Quins trets comuns uneixen equips com ara l’Athletic de Bilbao, el Dinamo de Zagreb i l’Ararat Erevan? I el Benfica, el Colo-Colo i l’Steaua de Bucarest? Podríem dir que el Reial Madrid té un passat republicà? No hi ha cap fet històric contemporani rellevant que no es pugui explicar a través d’un club de futbol. El simbolisme d’alguns clubs i seleccions és tan gran que una mirada acurada a la seva història ens permet reviure bona part dels esdeveniments que han marcat els darrers cent anys: les rebel·lions anticolonials i la lluita de classes, el nazisme i el comunisme, la Guerra Freda o la dels Balcans, els anhels de sobirania més recents…

Futbolítica és una lectura apassionant, farcida d’anècdotes i dades curioses, amb tota l’èpica pròpia de les grans gestes i dels grans partits, que ens convida a conèixer aquests actors polítics extraordinaris, representants de societats senceres, comunitats oprimides o minories rebels, que tot sovint han representat un paper crucial en el decurs de la nostra història. I ho han fet sempre mentre una pilota buscava una porteria i un gol decisiu.

 

¿Puede un partido entre selecciones desencadenar una guerra? ¿Es el Barça el único club más que un club? ¿Qué rasgos comunes unen a equipos como el Athletic de Bilbao, el Dinamo de Zagreg y el Ararat Erevan? ¿Y el Benfica, el Colo-Colo y el Steaua de Bucarest? ¿Se podría decir que el Real Madrid tiene un pasado republicano. No hay ningún hecho histórico contemporáneo de relevancia que no pueda ser explicado a través de un club de fútbol. El simbolismo de algunos clubes y selecciones es tan grande que una atenta mirada a su historia nos permite revivir buena parte de los acontecimientos que han marcado los últimos cien años: las rebeliones anticoloniales y la lucha de clases, el nazismo y el comunismo, la Guerra Fría o la de los Balcanes, los más recientes anhelos de soberanía…

Futbolítica es una lectura apasionante, repleta de anécdotas y datos curiosis, con toda la épica propia de las grandes gestas y de los grandes partidos, que nos invita a conocer estos extraordinarios actores políticos, representantes de sociedades enteras, comunidades oprimidas o minorías rebeldes, que a menudo han representado un paper crucial en el devenir de nuestra historia. Y lo han hecho siempre mientras una pelota buscaba una portería y un gol decisivo.

Juan Sasturain, director de la Biblioteca Nacional de Argentina

 

Observatorio Libro 4

 

 

Hay exfutbolistas que dirigen bibliotecas, proyectos de promoción de la lectura a partir de «Bibliotecas futboleras«, bibliotecas en el interior de estadios de fútbol (como la del Estadio Pascual Guerrero de Cali, en Colombia)…

También hay bibliotecas que desarrollan actividades futboleras, como algunas que he tenido la oportunidad de coordinar yo mismo: un ‘mundialito lector‘, un juego de preguntas y respuestas que simulan un partido de fútbol, una actividad con participación del ‘Maradona de las Ramblas‘, la coordinación de un club de lectura sobre los Futbolísimos, o una actividad para demostrar cómo se convierte el fútbol en literatura tras el visionado del Brasil-Italia del Mundial 82…

 

15453215128230

Imagen de www.marca.com

 

IMG_20160804_183442 - còpia

 

Afortunadamente, la relación entre fútbol y bibliotecas es cada vez más intensa. Durante el Mundial de Rusia de 2018 fueron numerosos los equipamientos bibliotecarios que organizaron actividades protagonizados por el fútbol: elaboración de guías de lectura, exposiciones de libros, carteles o piezas artísticas, tertulias con autores, visionados de partidos en pantalla gigante, sesiones de fútbol y cine…

 

cartel brasil italia 1982 - castellano

Y ahora, por si no fuera suficiente demostración de la buena relación que ambos estamentos mantienen, los argentinos -siempre pioneros en este terreno- acaban de nombrar director de su Biblioteca Nacional a un reconocido futbolero: Juan Sasturain.

Seguidor de Boca, llegó a probar suerte en San Lorenzo, Independiente y Lanús. No le fue posible hacer carrera, así que trasladó lo futbolístico a lo literario, y forma parte de la tripleta que integran Fontanarrosa y Osvaldo Soriano.

 

El día del arquero

La patria transpiradaPicado grueso

 

Wing de metegol

 

Autor, entre otros de «Picado grueso«, «Wing de metegol«, «La patria transpirada«, o «El día del arquero«, su presencia en un organismo de la importancia de la Biblioteca Nacional Argentina es la mejor noticia para quienes pensamos que los estadios de las bibliotecas son idóneos para que la literatura juegue al fútbol en ellas.

Tenéis un completo artículo con el perfil de Sasturain en Un futbolero en la biblioteca nacional, texto publicado hace unos días por el periodista Alejandro Duchini., autor de «La palabra hecha pelota«.

 

Juan Sasturain

Imagen de www.marcainformativa.com

 

 

«Togo», Óscar de Marcos. Fundación Athletic Club (2019)

– Hijo, yo lo que quiero es que seas feliz. Si para ser feliz tenemos que volver a jugar en el equipo del pueblo, jugamos en el equipo del pueblo.

Hace ya varios años que desde la Fundación del Athletic Club se programa el festival “Letras y fútbol”, dirigido por Galder Reguera. Se trata, sin duda, de la muestra más importante de las que se convocan con el objetivo de difundir y destacar la relación que existe entre lo futbolístico y lo literario. Como complemento a las tertulias y encuentros con escritores que se organizan, se editan unos magníficos materiales –en euskera y en castellano- que se reparten por bibliotecas, librerías y otros centros culturales de Bilbao. Las publicaciones de este año han tenido una marcada componente biográfica, y han sido encargadas a Ainhoa Tirapu y a Óscar de Marcos.

 

 

Togo”, de Óscar de Marcos, es un maravilloso ejercicio de sinceridad y una auténtica lección para todos los niños que sueñan con ser futbolistas. Son algo menos de 100 páginas que se leen en un suspiro, porque el periodo vital que el narrador va explicando te engancha y ya no te suelta.

La narración va alternando los inicios del futbolista desde sus tiempos de cadete y su llegada y estancia en Togo, el país africano en el que todo acaba confluyendo. Capítulo a capítulo vamos saltando en el tiempo para conocer cómo fue el fichaje por el Athletic, sus expectativas y vivencias, sus éxitos y fracasos, y su maduración como futbolista y como persona. Y, también, el descubrimiento de lo que realmente es importante al contactar con la función social que todo deportista de cierto nivel debe ejercer, y, sobre todo, las consecuencias de su contacto con una realidad tan diferente como la africana.

 

A mi padre le gustaba decirme esta frase: «El amor es como un frontón; cuanto más fuerte le pegas a la pelota, con más fuerza sale. Cuanto más das, más recibes».

 

El mérito del libro es que un futbolista de élite como De Marcos explica su experiencia con una absoluta transparencia, sin disimular ni ocultar sus caídas en los brazos de la vanidad como los de incertidumbre y aquellos otros en los que crees que todo se va a venir abajo. No tiene reparo alguno en contar al lector tanto lo bueno como lo malo de todo cuanto le toca vivir, pero lo hace con una claridad envidiable. Además, en De Marcos se detecta que se trata de alguien de gran calidad humana, una característica que tiene mucho que ver en el recorrido que le acaba llevando hasta el África.

A medida que las páginas de “Togo” me iban absorbiendo no podía dejar de pensar en algo: es un libro ideal para que coordinadores, entrenadores y jugadores de las escuelas de fútbol base lean en voz alta como complemento a su formación deportiva. Estoy convencido de que los convertiría a todos en mejores futbolistas y, lo más importante, les haría descubrir que nunca, tanto si llegan a triunfar como si no, deben olvidarse de la persona que son.

 

«Entonces me doy cuenta de algo importante: África, nada más llegar, sin darme siquiera tiepo a ver la luz del día, me ha quitado de un guantazo toda burbuja protectora, toda tontería, toda fama».

 

Podéis leer una fantástica y completa reseña de «Togo» en la web de la revista Panenka.

Y aquí tenéis un video de la presentación de ambas publicaciones.

«El gol del diablo», de Juan Antonio de Laiglesia. Editorial Saturnino Calleja (1953)

El gol del diablo.jpg

 

Juan Antonio de Laiglesia (1917-2002) fue un polifacético autor que destacó en numerosos géneros, incluyendo desde obras teatrales y para el público infantil y juvenil como otras de tipo teórico sobre el mundo de las historietas y la cultura popular. (En este enlace encontraréis más información sobre él).

En su extensa producción no faltan obras policiacas, entre las que se cuenta la interesante serie de “Los enigmas del Inspector Vega”, publicados por la Editorial Saturnino Calleja en la década de los 50. Fueron, en total, once novelas, correspondiendo el número 6 a “El gol del diablo”, con el fútbol como telón de fondo.

 

juan_antonio_de_laiglesia

Juan Antonio de Laiglesia. Imagen de www.tebeosfera.com

 

SINOPSIS

Una novela policiaca sin robos ni asesinatos. ¿Materia de delito? ¡¡UN GOL!! Un gol que decide un Campeonato del Mundo, y que el portero, cegado por un misterioso rayo de luz, no puede detener, ante el asombro de millares de espectadores. ¿Cómo se proyectó aquella luz? ¿Quién dirige la banda que ha saboteado al equipo derrotado? El inspector Vega y su secretaria Sonsoles…

La historia se sitúa en Atenas, ciudad que acoge una final del Mundial a la que han llegado las selecciones de Holanda y Rumania. En uno de los lances del partido, el equipo rumano se adelanta en el marcador batiendo con facilidad al portero holandés, considerado el mejor del mundo, después de que este haya sido deslumbrado a propósito por un destello de procedencia desconocida. El Inspector Vega y Sonsoles, su secretaria, que estaban en Atenas como simples visitantes, se pondrán manos a la obra para intentar averiguar qué es lo que ha ocurrido.

La novela tiene un planteamiento interesante, pues, tal y como destaca la sinopsis, no existe ni robo ni asesinatos. El enigma de todo lo que sucede va por otros derroteros, consiguiendo el autor poner en funcionamiento un amplio conjunto de piezas y personajes que mantienen el interés hasta el final. Narrada en tercera persona, por sus páginas se van entrelazando y construyendo la trama jugadores de la selección rumana y la holandesa, el responsable de la policía de Atenas, un antiguo amigo griego del inspector Vega y otros secundarios con participación en la historia.

 

20200108_214631

 

Pese al siniestro título de la novela, “El gol del diablo”, que puede llevar a pensar que nos encontramos ante una obra oscura y dura, lo que prevalece aquí es el proceso de deducción de lo que sucede. Incluso podría decirse que existe un cierto tono amable en toda la historia, no exenta de ciertos toques de humor presentes a lo largo de todo el libro.

Se trata de una novela en la que se nota la maestría del autor, dominador de géneros muy diferentes, y que cabría incluir en la amplia producción de las denominadas novelas de quiosco cuyo único objetivo era el de proporcionar un buen rato de lectura. Pero, además de conseguirlo, se demuestra una vez más que en este extenso conjunto de obras olvidadas la calidad literaria está bien presente en muchas de ellas.

Una delicia de obra: entretenida, ágil, muy bien escrita y en la que las piezas del enigma están tan bien encajadas que el interés no decae en ningún momento.

 

El gol del diablo.jpg