“En la turba”, de Laurent Mauvignier. Nocturna Ediciones

 

 

 

pero qué está sucediendo aquí; esto es la guerra, la guerra, con escenas e imágenes apocalípticas

 

Decía Osvaldo Soriano -atribuyendo la frase a Albert Camus– que “en una cancha de fútbol se juegan todos los dramas humanos”. Quizá, con la máxima literalidad, una de las más horribles demostraciones de ello fue lo que sucedió en el estadio de Heysel el 29 de mayo de 1985, antes de que comenzara la final de Copa de Europa entre la Juventus italiana y el Liverpool inglés. Aquel día, aunque lejano ya, es fácilmente transportable al presente pues la vergüenza nunca caduca. Y aunque han pasado ya más de treinta años de aquella pesadilla, basta mencionar ‘Heysel’ para que la ignominia se materialice ante nosotros al instante.

La lectura de “En la turba” me ha llevado automáticamente a “Heysel”, novela escrita por Armand Company, acerca de la cual publiqué este artículo, y en la que se describía lo sucedido desde el horror de una de las víctimas de apenas 17 años: Giuseppina Conti.

Hace unos días participaba de una sesión en la que, en el fondo, se ensalzaba lo maravilloso que puede ser el fútbol. Hablábamos de un partido mítico, el Brasil-Italia del Mundial 82, en el que también, como dice Camus, se escenificó un particular drama. Pero dramático o no, aquel partido fue una fiesta, una demostración de que el fútbol puede ser algo de desbordante belleza. Algo para disfrutar, y en el que la que estética (sobre el césped) y fiesta (en las gradas) se pusieron de acuerdo para ofrecernos una de sus mayores expresiones. Millones de espectadores, en el campo o ante sus televisores, disfrutaron con aquel partido, y seguramente amaron un poco más al fútbol. Apenas tres años después, en Bruselas, millones de espectadores asistieron a un acto en el que el fútbol no podía más que ser odiado.

 

… y hay personas que corren a mi alrededor; y estas mujeres, este niño, estos cuerpos tendidos sobre las mantas; oigo dentro de mi mente una voz que me susurra se puede morir aquí en Bruselas, esta noche, durante un parido de fútbol…

 

Imagen de www.telegraph.com.uk

En la turba”, del francés Laurent Mauvignier, y publicado por Nocturna Ediciones es un puñetazo de literatura. Toma como eje central de su historia aquel horror que sucedió en Heysel y en el que 39 personas, que habían asistido a ver un partido de fútbol, murieron aplastadas como consecuencia de las avalanchas provocadas por hooligans ingleses.

En la sinopsis leemos:

“El 29 de mayo de 1985, la emoción reina en las calles de Bruselas: va a tener lugar «la gran fiesta del fútbol» en el Estadio de Heysel entre la Juventus y el Liverpool. Una hora antes de que empiece, dos centenares de hinchas británicos acorralan a los aficionados italianos en una zona del estadio. Aprisionadas contra las vallas protectoras, treinta y nueve personas mueren aplastadas por la multitud y más de seiscientas resultan heridas. Sin embargo, el partido no se cancela: los cuerpos se apilan en un espacio anexo al campo y la final de la Copa de Europa da comienzo.

         Tres años más tarde, la tragedia ha marcado profundamente a quienes lograron sobrevivir a ese viaje al fin de la noche y sus vidas se entrecruzan en el antes y el después.

         En la turba, ganadora del Premio de Novela Fnac en 2006, es una soberbia obra escrita por uno de los más talentosos autores de la narrativa francesa actual”.

 

Imagen de www.ibtimes.co.uk

Obra coral, en la que las diversas voces de los protagonistas se van alternando para revivir, mediante la palabra, la gestación de aquella tragedia. El lenguaje es claro, directo, incisivo, y va penetrando en lo más profundo de los personajes como un bisturí. La descripción de los prolegómenos de aquel episodio nos hace visualizar que la realidad no siempre es como la imaginamos. Las apariencias nos llevan a mostrarnos ante los demás como se espera de nosotros. Pero la bestia va dentro, y cuando consigue escapar a nuestro control ya no hay quien pueda evitar la barbarie.

Los amigos Tonino y Jeff, que viajan a Bélgica desde Francia; los hermanos Andrewson, dos de los cuales albergan en su interior a lo peor de la bestia del fanatismo; Francesco y Tana, involuntarias víctimas de un destino cruel; la pareja formada por Gabriel y Virgine…, son los principales protagonistas cuyas vidas acabarán confluyendo en los aledaños de aquel estadio. Unos se van alejando de lo que debería ser un viaje idílico e ilusionante para disfrutar de un acontecimiento de la magnitud de una final de la Copa de Europa de fútbol. Algunos se irán acercando peligrosamente al precipicio del desastre, el lugar en el que ya no hay marcha atrás y hay que decidir si se quiere dar un paso más y transformarse en verdugo, en la bestia que todo lo arrasa. Y un animal hambriento que solo puede saciar su hambre de violencia buscando víctimas a las que arrasar comenzará a despertar en busca de presas.

Imagen de www.sopitas.com

En la turba” es una novela casi hipnótica que te va arrastrando como si formaras parte de uno más de esos espectadores que se vieron afectados por el ataque de las hordas inglesas. Es difícil encontrar a alguien que desconozca lo que sucedió en Heysel en 1985. Y, de haberlo, la contraportada ya lo explica. Así que el lector parte de un hecho: el final es conocido, no hay sorpresa.

Todo acaba con 39 muertos y más de 600 heridos. Sin embargo, la forma de introducir las voces de víctimas y culpables en nuestra propia mente, la forma de hacernos revivir lo que ellos vivieron aquellos días hace aún más turbador el suceso. El análisis psicológico de los personajes es de una capacidad de absorción tal que hace que, en ocasiones, se dude sobre si podríamos llegar a ser nosotros mismos esos personajes que hablan, explican, recuerdan y argumentan en primera persona. El narrador se mantiene distante, dejando que sean ellos, los personajes, quienes cuenten lo que sucedió. Y estos lo hacen casi con frialdad.

Pero la novela es mucho más que un informe sobre la tragedia. Desde la perspectiva de los personajes, especialmente de las víctimas, llegaremos a sentir la asfixia, el pánico, el dolor, la incredulidad ante lo que está sucediendo. Pero también, más importante incluso, veremos de qué manera puede un episodio de estas características puede dar un giro completo a nuestras vidas.

Porque el libro es una denuncia de la barbarie que aquel día se produjo, pero los culpables, la jauría salvaje que provocó aquella tragedia será relegada a los márgenes de la historia. Lo importante es centrarse en las víctimas, en esas vidas inocentes que de repente cambian para siempre. Y aquí, Tana, de viaje de bodas con Francesco, una expectativa de felicidad que se ve abruptamente truncada, adquirirá un protagonismo especial en la novela. Ella nos enseñará lo que significa la pérdida. Y ella encarnará lo que significa la fragilidad de la vida.

Imagen de www.parismatch.com

En la turba” es una obra demoledora, incómoda, pero también necesaria, para mantener siempre activadas las alertas de lo que puede suceder si se desprecia e ignora que las gradas de un estadio de fútbol son territorio de caza para quienes aprovechan la turba para dar rienda suelta a sus instintos más salvajes.

MÁS INFORMACIÓN

Tenéis una amplia reseña sobre el libro, escrita por Miguel Ángel Ortiz Olivera, en este enlace de la web de la revista Panenka.

Y también podéis escuchar un audio en el que se recomienda el libro haciendo clic aquí.

 

Imagen de www.bbc.com

“35 años del Brasil-Italia del Mundial 82” y Miguel Ángel Ortiz, el fútbol y la literatura

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Hace un par de días, el 11 de julio, se cumplieron 7 años del gol de Iniesta en la final del Mundial de Sudáfrica. Aquel campeonato, que supuso la primera Copa del Mundo para el equipo español, generó una gran cantidad de literatura futbolera.

Especialmente destacada es su presencia en la novela “La inmensa minoría“, de Miguel Ángel Ortiz Olivera, convirtiéndose en el telón de fondo ante el cual transcurre la narración. Esta combinación de fútbol y literatura no es nueva para Miguel Ángel, quien ya demostró sus posibilidades en “Fuera de juego“, su primera novela.

Su experiencia a la hora de convertir el fútbol en materia literaria  estaba muy en consonancia con uno de los objetivos de la sesión “35 años del Brasil-Italia del Mundial 82, y cómo el fútbol se transforma en literatura“. Por eso, y aunque no pudo estar presente, tuvimos el privilegio de conocer su opinión al respecto de la relación que existe entre fútbol y literatura ,gracias al video siguiente.

 

35 años del Brasil-Italia y cómo se transforma el fútbol en literatura: Llorenç Bonet

 

 

Continuando con los vídeos recibidos por diferentes autores hablando de fútbol y literatura, para ser proyectados durante la sesión “35 años del Brasil-Italia y cómo el fútbol se transforma en literatura”, publico hoy el enviado por Llorenç Bonet, exjugador de fútbol, responsable de La Toca Football Sports, y autor de “Camp de terra“.

En su libro, Llorenç hace una referencia especial al Brasil-Italia en cuestión, un partido que para él supuso un antes y un después en su concepción del fútbol.

Aquí tenéis el vídeo, con la lectura de ese fragmento por parte de su autor, así como otras interesantes aportaciones.

 

 

Fútbol y literatura para celebrar 35 años del Brasil-Italia del Mundial 82

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Disfrutar del fútbol a través de la literatura es una práctica habitual entre quienes tenemos ambas pasiones. Transmitir nuestra experiencia y compartirla con otros aficionados al balompié y la lectura, intentando darles a conocer otros caminos, era el objetivo principal de la actividad que celebramos en la tarde de ayer en la Biblioteca Marta Mata de Cornellà.

Hace casi un par de años, en una conversación sobre fútbol y literatura con el periodista y escritor colombiano Wilmar Cabrera, surgió la idea de organizar un encuentro para volver a visionar el mítico Brasil-Italia del Mundial 82, un partido del que se habló y escribió mucho, y que protagoniza su novela “Los fantasmas de Sarriá visten de chándal”. La idea era volver a disfrutar con aquel partido y acabar improvisando una tertulia sobre libros de fútbol.

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La propuesta ha ido madurando durante el último año, hasta que finalmente consiguió concretarse en el día de ayer, 5 de julio, coincidiendo con los 35 años de aquel partido. El título, “35 años del Brasil-Italia del 82, y cómo el fútbol se transforma en literatura”. Y el lugar de la convocatoria, la Biblioteca Marta Mata de Cornellà, ubicada en el antiguo Cinema Titán.

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Un asunto personal obligó a Wilmar a viajar a Colombia y le impidió estar ayer con nosotros, pero le agradezco toda su implicación, así como los valiosos y más que interesantes videos que me envió ofreciendo sus conocimientos sobre aquel partido y sobre la relación entre fútbol y literatura.

Muchas personas que habían manifestado su interés por la propuesta no pudieron, finalmente, participar de ella, seguramente en parte por tratarse de un día laborable y comenzar a una hora complicada. En cualquier caso, mi valoración es muy positiva, pues además de pasar una tarde muy agradable, con una asistencia reducida pero participativa, no solo disfrutamos al volver a ver aquel legendario partido, sino que creo que conseguimos cumplir el objetivo de difundir que fútbol y literatura hacen muy buena pareja.

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Tuve el gran privilegio de contar con la presencia de Jorge Gamero (amigo de la época de instituto y compañero de vestuario en nuestros tiempos de jugadores), a quien agradezco su implicación y el que pusiera a nuestra disposición sus conocimientos y experiencia como escritor. Su participación estaba reforzada, además, porque es el autor de “La alineación“, un magnífico relato de temática futbolera al que ya dediqué este artículo.

Aprovecho para dar las gracias a Anna Sàlvia, directora de la Biblioteca en la que celebramos la actividad, por acogernos y permitir que un grupo de “Hooligans Ilustrados” (tomo el nombre de la magnífica colección de la editorial Libros del KO) convirtiera los asientos de su sala de actos en los de la gradería de un estadio.

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Y también quiero agradecer muy especialmente la predisposición de diferentes autores y autoras a quienes pedí que me enviaran un vídeo, para proyectarlo durante el día de la sesión, en el que expresaran su opinión sobre la relación entre fútbol y literatura.

Durante los próximos días iré publicando los vídeos que me han ido enviando, para que conozcáis tanto sus opiniones como su obra. Los cito, de momento, para que quede constancia:

A todos ellos, les agradezco su colaboración y que dedicaran una parte de su tiempo a responder a mi petición.

No quiero dejar de citar a otros autores que también mostraron interés en la actividad:

  • Jordi Puntí, uno de cuyos relatos (Cuando era un neeskens), contiene una referencia al partido,
  • Ricard Torquemada, autor del relato “Los antihéroes del 82“, dedicado al equipo brasileño y a aquel partido,
  • Vicent Dasí , autor de “El millor dels 22“,
  • Jaime Palomo , responsable del proyecto “Gol o penalti“.

Y ahora, os dejo con la primera grabación, elaborada por Wilmar Cabrera, autor de “Los fantasmas de Sarriá visten de chándal” (novela inspirada en el Brasil-Italia que nos ocupa). El video está dividido en cuatro partes:

I. Contextualización del Brasil-Italia del Mundial 82

II. Explicación sobre una anécdota relacionada con el césped del estadio de Sarriá para aquel partido.

III. Proceso de elaboración de la novela “Los fantasmas de Sarriá visten de chándal”

IV. Temas para una posible novela de fútbol.

5 de julio: 35 años del Brasil-Italia del Mundial 82

 

 

Hoy, 5 de julio, se cumplen 35 años del memorable Brasil-Italia del Mundial 82 que se disputó en el desaparecido estadio de Sarrià. Un partido que recordaremos esta tarde en la Biblioteca Marta Mata de Cornellá, y que nos servirá también para hablar de fútbol y literatura.

Aquel encuentro generó artículos de prensa, crónicas, referencias en textos, algún relato e incluso una novela, “Los fantasmas de Sarriá visten de chándal”, escrita por Wilmar Cabrera, uno de los textos que tendrán un destacado papel en la sesión de esta tarde.

 

 

Otros ejemplos destacados de transformación de la vivencia de aquel partido en literatura son los que os dejo aquí. El primero corresponde a un fragmento de una de las crónicas escritas por Miguel Delibes, cuyo título es “Sobre el Mundial”, y que se encuentra recogida en “El otro fútbol”. El segundo es el artículo que Mario Vargas Llosa publicó con motivo de aquel legendario encuentro y cuyo título no puede ser más elocuente: “Un partido para la memoria”. El tercero es obra de Llorenç Bonet, y aparece en su libro “Camp de terra“. Y, por último, encontraréis otro fragmento del relato “Los antihéroes del 82” escrito por el periodista Ricard Torquemada.

Puro fútbol, pura literatura.

 

 

            ¿Qué Italia no realizó el mejor fútbol del Mundial? Eso por descontado. El esplendor, la brillantez y, en todo caso, el espectáculo, corrió a cargo del Brasil y, en ocasiones, de Francia y hasta de Polonia. Italia trenzó un fútbol rápido, eficaz y práctico; Brasil, vistoso, festivo, alegre, musical, tonificante. Brasil ha acertado al conjugar la fuerza y la filigrana, el malabarismo y la velocidad. Su fútbol es una fiesta. Para Brasil no rige ese socorrido principio de «sudar la camiseta». Su juego es eso, puro juego, un ejercicio de destreza, lúdico, simple y, sobre todo, asociado, todo lo contrario del fútbol laborioso, aplicado destajista que se le ha opuesto. Los cariocas constituyen un mundo aparte. Mientras Brasil juega, los demás trabajan”.

 

Miguel Delibes, en “El otro fútbol

 

 

 

Será un partido que recordaremos, del que hablaremos todavía cuando hayan pasado muchos años y sus principales protagonistas sean sólo nombres vinculados a la mitología del fútbol. Un partido que vimos con el corazón acelerado, en vilo, como algo electrizante y dramático y cuyos espectadores, tanto los abrumados con la derrota del Brasil como los exaltados con el triunfo de Italia, tendrán siempre por el más emocionante y el de mayor excelencia futbolística que ha visto este Mundial.

Estos son los contrastes y paradojas del balompié: Nada está escrito y la lógica se triza como un cristal. El mejor equipo de la Copa, el que partido a partido había venido exhibiendo el fútbol de calidad más elevada y consistente, cae derrotado, en un encuentro inolvidable, por una escuadra que, luego de unos comienzos mediocres y decepcionantes en la primera vuelta, había venido mejorando progresivamente hasta crecerse y demostrar que podía medirse con los más grandes de igual a igual y vencerIos.

Fui al Estadio de Sarriá con la seguridad de que los brasileños ganarían, pero, apenas ocupé mi lugar en la tribuna, y vi el estadio al tope, repartido entre esas dos barras animosas y multicolores, encrespadas de vítores, bocinas, bombos y banderas, tuve el pálpito de que algo sorprendente podría ocurrir. Estaba en el aire caliente y pegado en la expectativa de la gente, en la convicción rotunda de los hinchas de ambos bandos. Y en ese momento supe, con certeza total, que ganara quien ganara, el partido sería memorable.

Lo fue desde que se iniciaron las acciones y en esos primeros minutos, en que la pelota rodó por el centro de la cancha, entre los dos equipos fue evidente que se vería buen fútbol. Esta vez, a diferencia de lo que ocurrió en el «match» con Argentina, Italia había salido, no a impedir que el adversario marcara goles, sino a marcarlos ella. No le quedaba otro remedio, por lo demás: el empate le bastaba a Brasil para clasificarse.

Sería una injusticia clamorosa decir que la escuadra de Enzo Bearzot ganó el partido porque la de Tele Santana jugó mal. Lo cierto es que, con excepción de algunas fallas de Serginho y de una cierta abulia de Waldir Peres —el portero es el más débil eslabón del equipo—, Brasil jugó magníficamente. Con la maestría y el pundonor de un campeón, luchando hasta el último instante por cerrar la ventaja que le sacó en tres ocasiones el once italiano. Lo consiguió por dos veces, merecidamente. Pero Italia anotó el tercer tanto y supo replegarse y resistir, con recursos de buena ley, hasta lograr esta clasificación que, más todavía que un triunfo sobre Brasil, significa la recuperación para Europa de un cetro futbolístico que se hallaba en América Latina.

El partido no tuvo un instante de abulia, anarquía o mediocridad. Las acciones se mantuvieron todo el tiempo en el nivel más alto, abundaron los tiros a los arcos, las jugadas inteligentes, las combinaciones primorosas y no hubo más brutalidad de la tolerable. No se puede hablar de un dominio de juego por alguno de los adversarios, pues, aunque, tal vez, la pelota estuvo más tiempo en el campo italiano –sobre todo en el segundo tiempo-, los contraataques de Italia fueron mucho más numerosos y más rápidos, y, también, lo más deslumbrante de la tarde.

Si, hasta ahora, la figura de esa delantera italiana había sido Conti, el gran señor y maestro de este partido fue Paolo Rossi, otrora legendario y que, en la primera fase, había interpretado un rol bastante pobre. Hoy estuvo lleno de ideas, de ímpetu, veloz, efectivo, fulminante en los remates, escurridizo en el regateo, potente al patear y astuto al cabecear. Sin desmerecer a sus compañeros, que jugaron, todos, admirablemente, Rossi fue el alma de este cuadro que se agigantó de manera increíble en relación con sus actuaciones anteriores en el Mundial.

Con una misión muy clara a cuestas, la de permanecer adelantado en todo momento, a fin de sujetar, retrasados, a los defensas brasileños y servir de ariete en los contragolpes de su cuadro, Rossi cumplió su cometido de maravilla, pero no contento con ello fue, también, un esforzado que, de cuando en cuando, bajaba a buscar el pase hasta su propio terreno y desde allí ponía en movimiento a Graziani, Conti o Tardelli en ofensivas relampagueantes y demoledoras. Los tres goles que marcó, y que destellarán sin duda mucho tiempo con una luz celestial para los italianos y un fulgor de infierno para los brasileños aficionados al fútbol, son un premio justísimo y una demostración concreta del magistral partido que jugó el delantero italiano.

Los comentaristas registran los ataques y contraataques de la tarde, la estadística probará que el equilibrio reinó todo el tiempo y que, si Italia ganó, fue porque Brasil no tuvo nadie que contuviera a un Rossi y, en cambio, Italia tuvo a un Gentile que no anuló a Zico pero sí lo disminuyó considerablemente.

Y esta vez –a diferencia de lo que hizo en el marcaje a Maradona- con más elegancia y destreza que violencia. Pero también el desempeño de los guardametas fue un factor decisivo a la hora en el resultado. Después de Rossi, el otro monstruo italiano de la cancha fue Zoff, quien, a la postre, resultó más efectivo a la hora de contener la ofensiva brasileña que el célebre «catenaccio» defensivo de su cuadro. No falló ni dudó ni se puso nervioso una sola vez. Los goles que le metieron Sócrates y Falcao sólo eran atajables con ayuda divina. Pero, en cambio, le vimos parar casi milagrosamente dos mortíferos chutazos de Falcao, otros dos cabezazos de Sócrates, salir siempre con oportunidad y despejar hábilmente con los puños cuando las circunstancias eran críticas. Waldir Peres, por su parte, estuvo nervioso, inseguro y sobre todo apático. De los tres goles que encajó, uno al menos era evitable si hubiera mostrado mejores reflejos.

Y bueno, con el desenlace del partido de esta tarde, el Mundial cambia de tónica de composición y de color. Echaremos de menos a los brasileños, no sólo a su fútbol vistoso y creador, sino también a la alegría de esa «torcida» que encendía las tribunas y las calles de España con su música, sus bailes, su buen humor a prueba de todo (incluidas, esperamos, las derrotas), y por supuesto que nos apenará no ver más, en los partidos que faltan, esa cometa mágica que salía de la «torcida» y se paseaba a ritmo de samba sobre la cancha animando subrepticiamente a sus jugadores.

Pero ni siquiera los que esperábamos el triunfo de Brasil debemos ponernos tristes. El fútbol es el fútbol y esta tarde hemos visto que lo que más admiramos en el cuadro brasileño puede lucirlo Italia cuando quiere: ingenio y garra, imaginación y destreza, alegría y potencia. Toquemos madera para que en los partidos que le falta jugar, Italia sepa estar a la altura de esa responsabilidad que con tanta valentía y talento ha conquistado en esta tarde histórica.

Mario Vargas Llosa, artículo publicado en el diario ABC

 

 

 

“El meu primer orgasme no me’l dóna una dona sinó que és fruit d’un partit que em canvia la vida. Es disputa al ja desaparegut camp de l’Espanyol a l’avinguda de Sarrià, un Itàlia-Brasil. Tres a dos a favor dels italians amb aquella fabulosa tarda de l’ídol Paolo Rossi, partit hipnotitzant per la bellesa estètica de dos equips que representaven estils antagònics executats brillantment. Encara ara, al Youtube visualitzo durant les tardes d’investigació futbolística aquella obra mestra que era el Brasil tècnic i elegant enfront d’una Itàlia tàctica i disciplinada. Els colors de la samarreta de la canarinha i el sobri disseny blau i blanc de l’escuadra italiana s’entrellaçaven a la Barcelona mediterrània i solejada en un moment de bellesa estètica memorable.

Llorenç Bonet en “Camp de terra

 

 

“El fútbol ha sido y será siempre mi compañero de viaje vital. Mi primer recuerdo de un partido completo es del Yugoslavia-España de finales del 1977, seguramente por el impacto de aquel gol tan valioso como extraño de Rubén Cano a centro imposible de Cardeñosa; mi primera redacción futbolística escolar y mi primera explosión de euforia en la niñez fue de la final de la Recopa de Basilea; mi primer enamoramiento, de Maradona; y mis primeras lágrimas alrededor del fútbol, luego llegaron muchas más, fueron con la eliminación de Brasil contra Italia en el Mundial de España de 1982. Vi aquel partido con mi padre, sentados en dos sillas de apartamento alquilado, en el comedor, en una televisión pequeña con antenas en blanco y negro”.

Ricard Torquemada en “Los antihéroes del 82