23 de febrero: política y un Balón de Oro

 

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Imagen de www.elperiodico.com

 

Hoy es 23 de febrero, una de esas fechas en cuyo ADN siempre permanecerá una connotación negativa, por el intento de golpe de estado que se produjo en 1981.

Una fecha de tal importancia histórica no podía ser ajena a la literatura futbolera, existiendo más de un libro de esta temática en el que podemos encontrarla. Un ejemplo lo encontramos en esa magnífica obra que es “Futbolistas de izquierdas”, de Quique Peinado. En uno de sus pasajes explica la historia de Juan Carlos Pérez López, jugador que cántabro que militó en el Racing de Santander, y que antes formó parte de aquel FC Barcelona del 0 a 5 del Bernabeu en el que ya estaba Cruyff. Juan Carlos, aquel día, marcó el cuarto gol.

Su militancia en partidos de izquierdas le llevó a pasar unos momentos difíciles el día del intento del golpe de estado. Así lo explica Quique Peinado en “Futbolistas de izquierdas”:

“El 23 de febrero de 1981 se llevó un susto de muerte cuando el teniendo coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero entró en el Congreso a tiro limpio. Cualquiera que hubiera tenido vínculo con la izquierda de forma más o menos oficial corrió a esconderse, por si acaso. Así lo hizo Juan Carlos Pérez, que desapareció esa noche sin decir nada a su familia (y así evitarles problemas si llega a triunfar la asonada) para dormir en casa de un amigo de Torrelavega. Al día siguiente, cuando todo se calmó, volvió a aparecer por casa sano y salvo. No había pasado mucho tiempo cuando le pasaron una lista que circulaba en la que, según ponía ahí, él era uno de los rojos a los que había que depurar en caso de haber triunfado el golpe.”

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Pero el 23 de febrero también es un día que merece ser recordado por una cuestión más directamente futbolística y que, particularmente, descubrí hace bien poco. El asunto tiene que ver con la figura de Stanley Matthews, un histórico del fútbol británico sino también del mundial, puesto que se trata del primer jugador que fue premiado con el Balón de Oro, en 1956. Además, según aparece en la Wikipedia, “su carrera es la más larga de la historia de Inglaterra, pues debutó en el primer equipo del Store City F.C. en 1932 y no se retiró hasta 1965, a los 50 años”. Y, por si fuera poco, “también ostenta el récord de ser el goleador de más edad, al anotar un gol contra Irlanda del Norte el 10 de octubre de 1956, a los 41 años”.

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Imagen de http://www.dailymail.co.uk/

La relación de Matthews con el 23 de febrero se debe a que hoy se cumplen 17 años de su fallecimiento. Y así es como aparece en el relato “Matthews, el primero”, escrito por el periodista Joan Domènech y que podemos encontrar en el volumen “Relatos Solidarios del Deporte” del año 2012.

“Imperturbable, impasible, Stanley Matthews no se ríe, pero hace reír al estadio entero. Es, a su manera, un payaso de genio, el Charlie Chaplin del fútbol”, escribió Hanoi a modo de argumentación para la concesión del premio a un jugador modélico que nunca respondió a los golpes de algunos defensas muy malhumorados. “El hombre que nos enseñó el camino de cómo debía jugarse a fútbol”, dijo Pelé en su entierro. Matthews murió el 23 de febrero de 2000 y la ceremonia fúnebre, el 3 de marzo, atrajo a cien mil personas a Stoke-on-Trent. Sus cenizas yacen enterradas en el círculo central del Britannia Stadium. El campo del Stoke”.

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22 de febrero y… ¿una nueva premonición de Jordi Puntí?

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Seguramente hemos llegado al punto en el que una fecha como el 23 de febrero no tenga significado alguno para los más jóvenes. Para los que tenemos una edad, sin embargo, continúa siendo el día en el que alguien intentó dar un golpe de estado hace ya muchos años. Un día antes de aquel episodio, es decir, el 22 de febrero, la vida transcurría más o menos como siempre. Y dentro de esas rutinas habituales digamos que un importante porcentaje se lo llevaba el desarrollo de la liga.

El 22 de febrero de 1981, es decir, hace hoy exactamente 16 años, se celebraba la semanal dosis de encuentros de primera división. Seguramente, la inmensa mayoría de aficionados no podían imaginar lo que sucedería al día siguiente. Y seguramente, también, pocos recuerdan algún partido o resultado destacado de aquella jornada. Sin embargo, yo sí recuerdo perfectamente cómo concluyó uno de los enfrentamientos de aquel día. En concreto, el que disputaron dos históricos del fútbol español (Betis y Barça) en un no menos legendario estadio (el Benito Villamarín) que acabó con empate a un gol. ¿Y cómo lo sé? Pues porque esa fecha y ese resultado pasaron a formar parte del “Diario de música y deporte” que Jordi Puntí fue elaborando durante aquellos años.

Lo explica en su relato “Cuando era un Neeskens”, publicado en “Cuando nunca perdíamos”. Aquí tenéis el fragmento:

«Domingo 22 de febrero de 1981: el Barça ha empatado 1-1 con el Betis en el Benito Villamarín. Goles de Morán y Bernd Schuster.» Aquel Barça lo entrenaba Helenio herrera, precisamente. En él jugaba Quini, a quien habían secuestrado la temporada anterior. El Morán que marcó el gol del Betis era un extremo que acabó jugando en el Barça. Poco a poco, las anotaciones del diario se volvían algo más elaboradas. No me limitaba a apuntar el nombre de los goleadores, sino que comentaba alguna jugada o hablaba de algún futbolista del equipo contrario que me había gustado. Quizá pueda parecer presuntuoso, pero, tal como lo veo ahora, estaba descubriendo el fútbol, el juego más allá del juego, el papel individual de cada futbolista en el partido colectivo. La rapidez de Simonsen, el oportunismo de Quini, los pases largos de Schuster, los caracoleos de Carrasco… 

Y hasta aquí lo que podría ser un ejemplo más de la importancia del calendario en la literatura futbolera. Pero… un momento, porque aún hay más.

Quien sea un atento seguidor de este humilde blog recordará que Jordi Puntí, además de ser uno de los cracks de este Fútbol Club de Lectura, es el responsable de una extraña invocación: la del 13 de septiembre, acerca de la cual hablé en este artículo.

De forma resumida os diré que aquella invocación tenía que ver con algo que Puntí explicaba en el mismo relato al que acabo de hacer referencia. Tras hacer un repaso a jugadores brasileños que a lo largo de la historia han jugado en el Barça, en uno de los pasajes del texto habla de un centrocampista, Fausto dos Santos, y un portero, Jaguaré Bezerra de Vasconcelos, procedentes del Vasco de Gama que en 1931 hizo una gira por Europa.

Aquel año, y tras jugar algunos partidos en el Barça B, ambos fichajes debutaron en un Atlético de Madrid-Barcelona que acabó en empate a 2. Eso sucedió el 13 de septiembre de 1931. Y, caprichos del azar futbolístico literario, el 13 de septiembre de 2015, día en que leí el relato de Puntí, se volvía a jugar un Atlético de Madrid-Barça.

Pues bien. Justamente hoy en el que todo mi interés estaba concentrado en la fecha del 22 de febrero una nueva y posible invocación de Jordi Puntí toma forma. Porque, si continuamos leyendo el párrafo que antes he transcrito encontramos la siguiente referencia:

A veces recortaba fotos de los periódicos deportivos y los pegaba para ilustrar mi comentario. «El brasileño Dirceu juega en el Atlético de Madrid, pero es suplente. The Police publicarán un nuevo casete (sic, no tenía tocadiscos) que se llamará Ghost in the Machine, a ver si es tan bueno como todos los demás», apunté un día que el Barça perdió por el Atlético 1-0 en el Vicente Calderón, y parece como si la mención de The Police consiguiese calmarme de la decepción por la derrota.»

Ya lo habéis visto. De nuevo, un Atlético de Madrid-Barça. ¿Resultado final? 1 a 0 a favor de los rojiblancos. Y ahora la pregunta: ¿sabéis quien juega este domingo en el estadio Vicente Calderón? Pues sí: Atletico de Madrid y Barcelona.

Esperaremos impacientes el resultado.

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San Valentín y el amor en el fútbol

Hace un par de años publiqué un artículo en este blog que tenía por título «Fútbol y San Valentín».

Y hoy me ha parecido un buen día para recuperarlo. Es este:

 

Imagen de www.elbocon.pe

Hoy, día de San Valentín, vale la pena preguntarse si hay espacio para el amor en el fútbol. Y no me refiero solo al amor por un equipo, o al amor por el fútbol en general. Me refiero al amor que podemos encontrar entre las páginas de la literatura futbolera.

Historias de amor, más o menos, como la encontramos en «Lucha por la victoria«, de Gerard van Gemert, entre Hans y Femke:

Femke esbozó una tímida sonrisa y susurró:

– ¿Sabes que no solo me pareces un buen FUTBOLISTA?

Hans se preguntó qué querría decir con eso. Se le ocurrió una idea descabellada, pero ni se atrevió a considerarla, así que prefirió quedarse callado.

Femke siguió hablando:

– Me gustas mucho, Hans. Cuando estoy contigo, siento mariposas en el estómago.

Él la miró, alucinado.

– A mi me pasa lo mismo -consiguió balbucear.

Femke se echó a reir, y a continuación le tomó la cara entre las manos… y lo besó.

Por un momento, Hans se olvidó de todo. La cabeza le daba vueltas.

Cuando Femke lo soltó, Hans la contempló maravillado, le dedicó una amplia sonrisa y se puso en pie.

O como la declaración que encontramos en «El misteri dels àrbitres adormits«, primer número de la serie «Els futbolíssims«, de Roberto Santiago y publicada por Cruïlla. Una declaración de uno de los protagonistas, Francesc Parxet Cases hacia la Xantal, la jugadora más guapa de su equipo:

– La Xantal és una noia molt…, guapa i molt simpàtica i juga molt bé al futbol…, i a mi…, diaxò…, a mi m’agrada… Tampoc no és que m’agradi gaire, però, vaja, que si, que m’agrada… I aquesta nit he quedat amb ella al camp de futbol i estic una mica nerviós.

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Otro ejemplo de amor en la literatura futbolera es el que encontramos en «Fuera de juego«, de Miguel Ángel Ortiz:

Noelia cruzó los brazos.

– Ya lo sabes -dijo-. No te hagas el tonto.

– Dilo.

– Eres un payaso. -Se volvió a Fichu-. Él.

– ¿Quién?

– Fichu.

– Su nombre -dijo Koldo.

– No te cebes -dijo Salva-. Ya lo ha dicho.

– Su nombre, o fuera.

– Jesús.

– ¿Ves cómo no era tan difícil? -dijo Koldo acercándose a Fichu; le cogió por la barbilla, pero Fichu se revolvió-. Uhhh, las orejas rojas: amor del bueno.

Y, por si no es suficiente, aquí tenéis un par de ejemplos más del amor que podemos encontrar en la literatura futbolera.

Que paséis un buen y futbolero San Valentín!

13 de febrero: Día Mundial de la Radio, compañera inseparable del fútbol

 

 

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Imagen de www.elfutbolesinjusto.com

 

 

Hoy, 13 de febrero, se celebra el Día Mundial de la Radio. Tardes de domingo, radio, carrusel, fútbol… Seguramente, las retransmisiones radiofónicas han sido uno de los elementos que más han hecho por fomentar la afición futbolera. Escuchar aquellas voces que de manera apasionada explicaban lo que sucedía en terrenos de juego lejanos forma parte del paisaje sentimental de muchos de nosotros. Voces que acercaban goles y jugadas que se estaban produciendo en el Helmántico, en Las Gaunas, en el Benito Villamarín, en los campos de Sport del Sardinero, en la Romareda o en el Molinón.

La radio siempre ha tenido un encanto especial. Una puerta hacia otra dimensión. Y afortunadamente, pese a los avances tecnológicos, a la inmediatez con que la información llega hoy día hasta el último de los rincones, la voz del locutor sigue siendo insustituible, puesto que sus ojos modelan lo mismo que nuestros ojos ven, pero su voz es capaz de traducirlo en palabras que nosotros no habríamos sido capaces de encontrar.

La emisión radiofónica de un partido de fútbol es el complemento perfecto para la imagen que vemos. Del mismo modo que Eurovisión y Twitter han formado una inesperada pareja, el fútbol y la radio son un binomio insustituible. ¿Cuántos aficionados no acompañan lo que están viendo con un auricular en su oído para escuchar a su locutor favorito? ¿Cuántos futboleros, a la hora de mirar un partido por televisión, no quitan el volumen al aparato para poder centrarse en las indicaciones procedentes de una voz del más allá?

Fútbol y radio. En 1980 The Buggles cantaban que el vídeo mató a la estrella de la radio. Eran tiempos en los que parecía que los cambios tecnológicos terminarían por devorar elementos que formaban parte de nuestras vidas y parecían imperecederos. Por suerte, la radio sigue ahí, firme e insustituible, y sigue formando un tándem ganador con el fútbol.

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Imagen de Desdlos11metros

La presencia de ese binomio también se puede encontrar en la literatura futbolera. Un ejemplo de ello lo encontramos en la novela “El fantasista”, de Hernán Rivera Letelier, en el que a lo largo de la historia se va intercalando la narración radiofónica del inigualable Cachimoco Farfán, un espectacular locutor que habla para sus radioescuchas de lo que promete ser un partido histórico.

Explicar, describir, narrar, dibujar la realidad con palabras, con un lenguaje florido que es toda una delicia. Un magnífico homenaje a esos profesionales de la radio que son capaces de transmitir la pasión del fútbol utilizando como único vehículo la palabra y su voz.

 Y ahora, dejemos que Cachimoco Farfán tome el micrófono y comience su narración:

¡Buenos días, señoras y señores; buenos días, amables oyentes; pacientes todos, muy buenos días. Les habla como siempre su amigo Cachimoco Farfán, el más rápido relator deportivo de Coya Sur, el más rá- pido relator de la pampa salitrera, fenilanina hidrolasa y la purga que me parió, el más rápido relator del mundo después del maestro Darío Verdugo, por supuesto que sí, aquí estoy con ustedes, temprano por la mañana en este domingo esquizofrénico de sol, cataléptico de sol, aquí estoy, señora, señor, colorado, acalorado, sudando un mierdoso sudor espeso como medicamento, aquí estoy como siempre con mi leal herramienta de trabajo (este micrófono que unos carrilanos otopiorrentos me habían escondido ayer por la noche en el Rancho Huachipato), aquí estoy, señoras y señores, con las mismas ganas de siempre para llevar hasta ustedes los pormenores previos de lo que será esta memorable justa deportiva, el último partido jugado en nuestros dominios, el último partido que nuestra querida selección blanco-amarillo jugará como local, el último partido antes del fin del mundo para nosotros, por eso me encuentro aquí, en plena pampa rasa, bajo este sol albino, jumentoso de calor, vestido con este traje negro, este traje de muerto que demuestra todo mi duelo y mi congoja en este día tan especial para los coyinos, aquí me encuentro, a la orilla de nuestra querida cancha, nuestra gloriosa 34 cancha llena de tantos recuerdos lindos, de tantas alegrías inolvidables, de tantas penas también, por qué no decirlo, aquí estoy, aún solitario, acompañado sólo por las sombras de unos jotes que han comenzado a planear chancrosamente en el cielo, como anunciando la muerte, como presagiando el abandono y la desolación que caerá sobre este terreno de juego en donde estoy transmitiendo ahora para ustedes, completamente solo, como les digo, si no fuera por la sombra de esas aves agoreras y por la figura raquítica del hombrecito rayador de la cancha que en estos momentos acaba de llegar; sí, señora; sí, señor; sí, queridos radioescuchas, ahí ya vemos al anciano, ahí ya lo vemos encorvado como un campesino sacando papas en el desierto, con su destartalada carretilla de mano cargada de salitre, nuestro preciado oro blanco con que va remarcando las líneas; sí, amables pacientes, aquí ya está el nunca bien ponderado don Silvestre Pareto, que además de ser un buen rayador de canchas, es también, según las lenguas viperinas, el más implacable envenenador de perros al servicio del departamento de Bienestar; según estas lenguas gangrenosas, don Silvestre Pareto, con sus albóndigas envenenadas, ha exterminado más perros que judíos mataron los nazis allá por las Alemanias, ha matado más quiltros que cristianos mató la peste negra allá por las edades medias; pero en el fondo es buena gente este anciano, este hombrecito callado y eficiente como un estafilococo, siempre servicial, siempre atildado, siempre al pie del cañón, como ahora, en que al igual que todos los domingos del año, ya se encuentra trabajando en su «chacrita», como llama él a nuestro reducto deportivo (recordando tal vez los campos de sus sures natales), ahí está rayando y amononando la 35 cancha en donde, según dice llorando y moqueando cada vez que se emborracha, quisiera ser enterrado el día que entregue la herramienta, el día que cague pistola, el día que se pruebe el terno de madera, el día que la santa de su mujercita —como lo joroban los borrachos en los ranchos— termine envenenándolo como a un perro con sus propias albóndigas de estricnina servidas de almuerzo; sí, señora; sí señor, ahí está nuestro buen amigo Silvestre Pareto, bajo este sol purulento, comenzando a remarcar el círculo central con el pulso digno de un cirujano marcando la panza de una parturienta para proceder a una cesárea, ahí está trazando al puro ojo esa redondela cuyo centro es exactamente el lugar en donde este viejo otopiorrento quisiera que sepultaran sus congofílicos restos mortales, fenilanina hidrolasa y la purga que lo parió!

 

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12 de febrero en «Hormigas en botas de fútbol», de Blanca Álvarez

 

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Imagen de Tics artísticas

 

Esas “hormigas” de las que últimamente acostumbro a hablar vuelven a asomar sus antenas para recordar que hoy, 12 de febrero, habría cumplido 94 años uno de sus personajes.

Esta es la referencia:

En realidad, se había convertido en biblioteca, diccionario, hemeroteca y memoria colectiva.

            Minutos más tarde, contemplábamos en la pantalla los resultados de la búsqueda. Con las primeras líneas, ya se podía decir que aquello era una biografía limpia de oscuros pasados, favores y pagos por servicios.

             Pedro Domingo Expósito, nacido en Madrid el doce de febrero del veintitrés. Entra en la plantilla del Real en el año cuarenta y siete.

             – Le pagaron pronto el favor –exclamó Ángel.

            – Rosa dijo que Santiago estaba entre los «más buscados» por el Régimen.

            Seguía una larga lista de artículos y fotos de quien pronto comenzó a ser conocido como el Bala por su rapidez en el campo de juego.

            Una lesión en el cincuenta y seis. Homenaje en el cincuenta y siete con visita y audiencia en El Pardo.

            Después, silencio.

En “Hormigas en botas de fútbol”, de Blanca Álvarez.

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11 de febrero en «Un buen gol no se puede contar», de Pablo Santiago Chiquero. Maclein y Parker

 

Sombra tipo novela

Pablo Santiago Chiquero, en su magnífico “Once goles y la vida mientras”, publicado por Maclein y Parker, se inspira en once grandes momentos de la historia del fútbol para transformarlos en relato. Pero al hacerlo no se sitúa en el punto de vista de los jugadores o los equipos que los protagonizaron, sino desde la vivencia de personas anónimas de quienes acabamos conociendo de qué forma influyeron esos episodios en sus vidas.

Hoy, 11 de febrero, se cumplen 30 años de uno de esos goles. Lo marcó Emilio Butragueño contra el Cádiz, y es el telón de fondo del relato “Un buen gol no se puede contar”.

Así es como aparece la referencia a ese día en el texto.

Emilio Butragueño

Estadio Santiago Bernabéu (Madrid)

11 de febrero de 1987

 

Por la mañana, después de beber una taza de café, José pedaleó hasta el pueblo. Había sido ferroviario, pero llevaba catorce años jubilado y vivía solo desde la muerte de su mujer en un cortijillo que había sido de su familia. Llevaba una vida agradable y la salud aún lo respetaba. Le hacía feliz cultivar su huerto, criar palomas y gallinas y leer los diarios deportivos. Aunque le gustaba la soledad y no necesitaba compañía, dos años antes había comprado un televisor para ver los partidos de fútbol, pero la señal en el valle era mala y no siempre conseguía verlos.

 

Y aquí el vídeo del gol:

 

 

«Estimat Leo, volia escriure’t una carta però…», de Miquel y Daniel Arguimbau. Barcanova Editorial

 

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– Aquesta manera de veure les coses, les haig d’agrair a l’esport?

Em sorprèn quan diu això.

– Una mica, suposo…

– Doncs m’agrada l’esport.

(- Esa forma de ver las cosas, ¿tengo que agradecerla al deporte?

Me sorprende al decir eso.

– En parte, supongo…

– Pues me gusta el deporte.)

El deporte en general, y el fútbol en particular, son una escuela de valores y enseñanzas para la vida cuando se alejan de todo lo que no tenga que ver con su pura esencia. Si lo despojamos de los elementos contaminantes que en ocasiones lo envuelven –intereses económicos, ambiciones de poder- es una auténtica academia de la que extraer enseñanzas positivas.

Un magnífico ejemplo de ello es lo que encontramos en “Estimat Leo, volia escriure’t una carta, però…” (“Querido Leo, te quería escribir una carta, pero…”), escrita a cuatro manos por Arguimbau&Arguimbau (Miquel y Daniel, padre e hijo), y publicado por la Editorial Barcanova.

Escrito en catalán y en primera persona, está destinado a los lectores entre 8 y 14 años.

SINOPSIS

“Adrià aprende a perder dentro y fuera del terreno de juego de los sentimientos, cuando su mejor amigo también se enamora de la misma chica, la Sara.

En la vida, el 10 es un número muy importante. El lector deberá decidir si Adrià, su familia y sus amigos e incluso los profesores y entrenadores merecen un reconocimiento por sus actitudes y actuaciones en el día a día.

¿Hay humor? Sin duda.

¿Y mal rollo? Pues también.

¿Hay desánimo, frustración…? Hay superación.

¿Es un libro para chicos o para chicas? Este libro es para ti, te llames Sara o Adrià…


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Imagen de Miguel Arguimbau en el programa FAN Castelldefels

Tal y como explica la sinopsis, el núcleo de la historia de “Estimat Leo…” está en el conflicto que aparece entre dos amigos en cuanto ambos se interesan por Sara, la misma chica. Pero se trata de un planteamiento muy original al que llegamos después de conocer uno de los sueños de Adrià, jugador de un equipo de fútbol en la posición de portero.

A lo largo de la historia asistimos al nacimiento y evolución del problema entre dos de los protagonistas, y de qué modo intervienen el resto de elementos y personajes que forman parte de la novela: el entorno familiar, Maurutto, el amigo italiano de Adrià, Gardelo, el novio argentino de su hermana, o Sara y Pol.

“La Sara té raó: l’esport ens ensenya un munt de lliçons”.

«Sara tiene razón : el deporte nos enseña un montón de lecciones”.

Además, a lo largo de la historia aparecen diferentes situaciones en las que el fútbol puede ser útil para enfrentarse a determinadas situaciones de las vidas de un joven como Adrià. Una serie de enseñanzas que acaban confluyendo al final del libro. Y un ejemplo más de la positiva función que puede cumplir la relación entre fútbol y literatura.

Precisamente esa transmisión de valores es una de las razones por las que “Estimat Leo…” fue premiada con el Premi de Narrativa Infantil i Juvenil Guillem Cifre de Colonya 2016, por tratarse de un “canto al valor del deporte y la amistad, con una visión positiva y optimista de la vida de los jóvenes de hoy en día, que también tienen sus problemas pero que se acaban resolviendo en un final feliz y emocionante al mismo tiempo”.

Una lectura ideal para que ser propuesta y comentada por grupos de alumnos, por los abundantes temas y matices que en ella se pueden encontrar y con los que los jóvenes se podrán identificar plenamente.

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Imagen del blog de Literatura Infantil y Juvenil de la Editorial Barcanova.

Podéis leer el primer capítulo haciendo clic en este enlace.

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FutBlog: ¿Estoy viviendo una versión futbolero-literaria de «El show de Truman»?

 




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A veces me siento como el personaje que interpretaba Jim Carrey en “El show de Truman”. ¿Lo recordáis? Un tipo normal, con una vida aparentemente normal, pero que en realidad no es más que un títere inconsciente que deambulaba por un mundo totalmente planificado por otros. Protagonista de un programa de televisión con millones de espectadores que eran testigos de su día a día sin que él sospechara nada. Una vida teledirigida en la que todo cuanto sucedía estaba perfectamente programado.

¿Y por qué digo esto? Pues porque tal y como me he propuesto ir explicando en esta azarosa sección, a menudo me suceden cosas extrañas, como si algún oculto guionista estuviera empeñado en que mi cotidianidad literario-futbolera estuviera gobernada por las más inverosímiles y retorcidas coincidencias. Os explico la última.

(Por cierto: una más que se interpone en la que desde hace ya más de dos semanas tengo pendiente de explicar, la de las famosas “hormigas”, en relación a la cual el viernes vino a sumarse otro episodio que la refuerza aún más. Pero ya llegará el momento de explicarlo, si es que el destino me deja).

A lo que iba.

El domingo 29 de enero, tal y como expliqué en este artículo, fui hasta Mollerussa acompañando al equipo de mi hijo (el Alevín A del Calafell), con el objetivo de participar en un torneo de fútbol base en aquella localidad. Situada en el centro de Catalunya, y perteneciente a la provincia de Lleida, creo que disputé algún encuentro allí durante mi etapa de jugador juvenil. Es decir, hace más de 30 años. Desde entonces, no recuerdo haber pisado Mollerussa.

Cuatro días después, es decir, el jueves 2 de febrero, recibí con alborozo la llegada de un invasor a mi buzón. Se trata del libro “Estimat Leo, volia escriure’t una carta, però…”, de Miquel y Daniel Arguimbau y publicado por la editorial Barcanova. Esa misma noche comencé a leer sus primeras páginas, protagonizadas por un chico de 16 años cuyo nombre es Adrià y que juega de portero.

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El sábado 4 de febrero, a las 10 de la mañana, mi hijo tenía partido de liga en campo propio, así que a las 9 llegábamos los dos al campo. Él se dirigió hacia los vestuarios, y yo, para hacer tiempo, me volví al coche para continuar avanzando en la lectura de “Estimat Leo”. Al llegar a la página 22 descubro que el protagonista de la historia juega en el Igualada, un equipo de la provincia de Barcelona al que también me enfrenté en los tiempos de la prehistoria.

Mientras navegaba entre futboleros recuerdos del pasado percibí que ya faltaban pocos minutos para que comenzara el partido de mi hijo, así que decidí aparcar la lectura, salir del coche y observar el calentamiento que realizaban sobre el terreno de juego.

A las 11.15, aproximadamente, finalizó el partido, con victoria cómoda por parte de los nuestros. Cuando se dirigía hacia los vestuarios, mi hijo me vio en la grada, se acercó para saludarme y, a continuación, añadió:

– Después juega el infantil. ¿Nos podemos quedar a ver el partido?

El partido al que se refería era el que disputaría una hora después el Infantil A del Calafell, equipo que milita en una categoría (la Preferente) que acostumbra a ofrecer atractivos momentos de fútbol. Como no teníamos prisa, le dije que vale, que podíamos quedarnos a verlo, pese a que todavía faltaba casi una hora y media para que empezara.

Decidí hacer tiempo regresando al coche para retomar la lectura. Cuando me dirigía hacia el parking pasé por delante del tablón de anuncios en el que aparece la relación de los partidos que se juegan en ese día en el campo y busqué el rival del infantil.

Era el Igualada.

Sobresalto. Treinta años sin noticias de este equipo y ahora reaparecía ante mi por dos sitios. Y claro, pregunta inevitable que emergió a continuación. ¿Se llamará Adrià el portero del Igualada?

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Entré en el coche dándole vueltas a la coincidencia de que fuera precisamente ese equipo y no otro el rival de ese día. Pensé, además, que si aquel día estábamos allí era por una casualidad, ya que lo habitual es que el equipo de mi hijo juegue como local los domingos, y no los sábados.

Tomé nota mental del episodio para regresar a él y escribirlo en cuanto llegar a casa, y continué avanzando en la lectura. Cuando llegué a la página 57 os juro que me sentí igual que Truman cuando descubre que todo lo que le rodea no es más que una ficción diseñada por otros. Miré nervioso hacia un lado y a otro del interior del coche, convencido de que en algún lugar alguien había ocultado una cámara a través de la cual estaban observando mi reacción. Y es que esto es lo que leí en la página en cuestión:

“El patit va bé, distret, amb alternatives. A la primera part, faig bones parades i, tot i que el Mollerussa marca primer…”

¡¡¡¿¿¿El Mollerussa???!!!

¡¡¡El partido que aparece en el libro que estoy leyendo es un Igualada-Mollerussa!!!

¿No os parece cosa de brujas?

P.D. Por cierto. «Estimat Leo…» es un libro magnífico, una recomendable lectura para jóvenes de la que en unos días publicaré la reseña.

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FutBlog: Las inesperadas conexiones de un 29 de enero

 

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Cuando me decidí a estrenar esta sección del blog dedicada a casualidades y coincidencias con las que a menudo me voy tropezando, lo hice especialmente impulsado por un episodio relacionado con un libro escrito por Blanca Álvarez, destinado a jóvenes lectores y cuyo título es “Hormigas en  botas de fútbol”.

Sin embargo, justo cuando comencé a redactar el artículo en el que habría de explicar lo que me acababa de ocurrir, se interpuso una aparición del escritor Jordi de Manuel, su relato “El venedor de pipes”, los jugadores Cayetano Re y Martí Filosía y un texto del periodista Alfredo Relaño, un cóctel cuya combinación dio como resultado el texto con el que, finalmente, estrené la sección. Al tratarse de algo que acababa de ocurrir, no quise dejar pasar la oportunidad de explicarlo justo al día siguiente, y eso es lo que hice.

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Una vez publicada la que me pareció una curiosa carambola futbolístico-literaria volví a centrar mis pensamientos en las “hormigas” de Blanca Álvarez, siendo mi intención la de dedicar algún momento del fin de semana a redactar el texto correspondiente. El domingo, sin embargo, un caprichoso destino volvió a cruzarse en mi camino obligándome nuevamente a cambiar lo planificado.

Quienes están más o menos al corriente del tipo de publicaciones que alimentan este blog sabrán que una de sus fuentes es la aparición de fechas en textos literarios dedicados al fútbol. Las voy agrupando bajo la etiqueta “Calendario del fútbol y la literatura”, siendo lo más habitual que hagan referencia a partidos o acontecimientos históricos, goles o jugadas especiales, o cualquier otro episodio relacionado con el fútbol la fecha del cual aparezca reflejada en algún texto de este tipo.

¿Ejemplos? El 2 de enero en “Saber perder” de David Trueba, el 12 de diciembre en “Fuera de juego” de Patrick Cauvin, el 13 de septiembre de Jordi Puntí, el 11 de julio de “La inmensa minoría” de Miguel Ángel Ortiz o el 5 de julio, día del Italia-Brasil del Mundial 82 tan presente en “Los fantasmas de Sarriá visten de chándal” de Wilmar Cabrera.

12-diciembre

Pocas veces esa colección de fechas con las que voy completando mi particular calendario, corresponden a necrológicas. Sin embargo, repasando el blog descubro que los últimos artículos de esta tipología que he publicado corresponden, precisamente, al aniversario de pérdidas: la de Matthias Sindelar un 23 de enero, la de Giusy Conti en Heysel un 26 de enero, y una de las últimas publicadas, dedicada a Osvaldo Soriano, fallecido un 29 de enero de hace 20 años.

Escribí esta entrada en recuerdo del escritor argentino el sábado por la noche, y la dejé programada para que apareciera publicada el domingo por la mañana. Ese día debía salir temprano hacia Mollerussa, una población situada en la zona central de Catalunya, a una hora y media en coche del lugar en el que vivo, aproximadamente. El motivo de ese desplazamiento era que mi hijo de doce años participaba en un torneo de fútbol alevín, la Danone Nations Cup. La hora del primer partido –las 10.20 de la mañana- nos obligaba a salir temprano de casa, por lo que no dispondría de demasiado tiempo para escribir el artículo esa misma mañana.

El mismo sábado por la noche recordé que Llorenç Bonet, autor del libro “Camp de terra”, y responsable de La Toca Football Sports, una empresa dedicada a la gestión de actividades deportivas, vivía relativamente cerca de Mollerussa. Supuse que sería bastante probable que se acercara a ver algunos partidos del torneo al que pensábamos ir, por lo que le envié un mensaje preguntándole. Su respuesta no tardó, y me confirmó que sí, que pasaría toda la mañana en el citado torneo, ya que actualmente es el coordinador de fútbol base del club anfitrión. Quedamos que en cuanto llegara al campo lo avisaría para vernos, y de esa manera nos podríamos conocer personalmente.

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Mi hijo y yo salimos el domingo de casa a las 7.45 de la mañana, y hacia las 9 ya estábamos en el campo de fútbol de Mollerussa. Aunque hacía algo de frío, la mañana era soleada, y cuando llegamos se estaban celebrando ya los primeros partidos del torneo. Pensé que quizá era un poco pronto para contactar con Llorenç, así que esperé hasta las 9.30 para enviarle un mensaje. Nuestro primer partido estaba programado para las 10.20, y estaríamos, como mínimo, hasta las 12.30 allí, por lo que tenía toda la mañana por delante.

Sin embargo, mientras observaba el partido de los equipos que ya estaban jugando, me pareció distinguir en la grada a alguien cuyo aspecto físico me pareció al que había visto en alguna foto de Llorenç. Hasta entonces, nuestra relación se había limitado al entorno de las redes sociales, por lo que no estaba del todo seguro de que aquel espectador fuera la persona a quien buscaba.

Ante la posibilidad de que sí se tratase de él me decidí a enviarle un mensaje informándole de que ya estaba en el campo. Nada más enviarlo observé si aquel espectador reaccionaba de alguna manera. Hasta que al cabo de unos minutos vi como tomaba su móvil, leía algo en él y se levantaba de su asiento en actitud de buscar a alguien. Estaba claro: aquel era Llorenç Bonet.



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Rápidamente nos vimos y nos saludamos, y de inmediato comenzamos a hablar de fútbol, de libros y de cultura. Fue una conversación muy agradable e interesante, en la que hubo también espacio para hablar de proyectos. Y aquí es donde vuelve a emerger el oculto poder de lo azaroso, puesto que me explicó algo que no solo motiva este texto, sino que demuestra, una vez más, que existen subterráneas corrientes que no dominamos que provocan que sucesos aparentemente inconexos muestren imprevistos contactos.

Llorenç me puso al corriente de un interesante proyecto en el que está trabajando, y cuyo origen se sitúa en un trágico accidente de tráfico. Sucedió en la mañana de un sábado de 1995, cuando el equipo infantil del Poal se dirigía a jugar un partido. El vehículo en el que iban, mientras esperaba en un semáforo en rojo, fue embestido por un tráiler junto a tres coches más, dejando como resultado un muerto y trece heridos. El fallecido tan solo tenía 13 años. Se llamaba Moisés, y era hermano de Llorenç.

El documental que le gustaría tirar adelante tiene uno de sus motores en ese suceso. Me pareció una historia muy emotiva y poderosa, sobre todo porque la lectura que se le quiere dar se aleja del planteamiento más dramático. Lo que se quiere transmitir y potenciar es la realidad del fútbol más modesto, el que practican quienes solo buscan divertirse sea en la categoría que sea. Y todo ello sin olvidar la función integradora del fútbol y el conjunto de valores que le son implícitos, como la superación, el compañerismo o la solidaridad.

Nuestra conversación se prolongó durante un buen rato, una charla muy agradable y enriquecedora en la que pudimos compartir pasiones comunes. Entre ellas, uno de los temas que Llorenç ha trabajado y en relación con el cual ha impartido algunas conferencias: la importancia del territorio en el carácter de determinados futbolistas. Por ejemplo, las diferencias existentes entre el norte y el sur de Italia, el uno más marcado por la elegancia (con representantes como Paolo Maldini, Roberto Baggio o Andrea Pirlo) y el otro por un estilo futbolístico más picaresco (solo ahí, en el ejemplo de Nápoles, podía encajar alguien como Maradona).

Y hablando de fútbol italiano no tardó en saltar al terreno de juego de nuestra conversación el Italia-Brasil del Mundial 82, un partido del que ambos somos admiradores. Era inevitable que en este punto de la conversación hiciera referencia a Wilmar Cabrera, el auténtico gran apasionado de ese mítico encuentro, epicentro de su novela “Los fantasmas de Sarriá visten de chándal”.

En este punto se produjo una de las primeras coincidencias del día. Ante la perspectiva de encontrarme con Llorenç me llevé hasta el campo del Mollerussa el ejemplar de su libro “Camp de terra”, con la intención de que también apareciera en la fotografía que con toda seguridad nos acabaríamos haciendo. Tuve el libro en mis manos durante nuestra conversación, y en cuanto apareció la referencia al Italia-Brasil, lo cogió y comenzó a buscar algo entre sus páginas.

– Aquí está –dijo al cabo de poco-.

Lo que “allí estaba” era, justamente una referencia al citado partido que aparece en la página 24 de su libro. El texto (que traduzco) es el siguiente:

Mi primer orgasmo no me lo provocó una mujer, sino que es el fruto de un partido que me cambió la vida. Se disputa en el ya desaparecido campo del Espanyol de la Avenida de Sarrià, un Italia-Brasil. Tres a dos a favor de los italianos con aquella fabulosa tarde del ídolo Paolo Rossi, partido hipnotizante por la belleza estética de dos equipos que representaban estilos antagónicos brillantemente ejecutados. Todavía hoy visualizo en YouTube durante las tardes de investigación futbolística aquella obra maestra que era el Brasil técnico y elegante frente a una Italia táctica y disciplinada. Los colores de la camiseta canarinha y el sobrio diseño azul y blanco de la escuadra italiana se entremezclaban en la Barcelona mediterránea y soleada en un momento de belleza estética memorable.

Otra coincidencia más”, pensé. Y, tras ello, hice una fotografía del párrafo en cuestión y la publiqué en twitter citando a Wilmar Cabrera, a quien seguro que le haría ilusión descubrir la cita a su admirado partido. Wilmar defiende que ese partido «debería estar en un museo«, y Llorenç habla de él en términos de «obra maestra«.

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La conversación continuó durante algunos minutos, hasta que el reloj informó de que faltaba poco para que mi hijo comenzara su participación en el torneo. Nos despedimos y nos emplazamos para continuar en contacto y volvernos a encontrar en cuanto tuviéramos oportunidad. Después me fui hacia las gradas, y poco antes del mediodía volví a cruzarme con Llorenç, de quien volví a despedirme ya que él se marchaba.

Ya por la noche, de vuelta en casa, recibí un mensaje suyo en el que me decía que le había hecho ilusión que nos hubiéramos conocido. También me pidió una dirección de correo electrónico para enviarme el teaser del documental del que me había hablado y en el que estaba trabajando. Se lo facilité y al cabo de un rato recibí el enlace al vídeo y el dossier de presentación del proyecto. Eché un vistazo a ambos y me reafirmé en que se trata de una propuesta muy interesante que merece tirar adelante. Pensé entonces en aquella desgraciada tragedia, y busqué en Internet alguna referencia a la noticia.

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No tardé en encontrar lo que se publicó en relación con el accidente en la edición del Mundo Deportivo del día siguiente. Y fue nada más ver la página y leer la reseña que el destino me ofreció una muestra más de sus azarosos vaivenes. El día del accidente, el equipo infantil del Poal se dirigía a jugar un partido contra otro equipo de la provincia de Lleida, el Balàfia, el mismo equipo contra el que mi hijo había jugado el primer partido del torneo durante la mañana.

Además, el accidente se produjo el 28 de enero de hace 21 años, mientras que yo había publicado en el blog una referencia a otro 29 de enero, el día del fallecimiento de Osvaldo Soriano. Y, para rematarlo todo, en la página en la que aparecía la noticia se podía también leer la crónica de un partido jugado aquel mismo fin de semana. En letras bien grandes y visibles el partido al que se hacía referencia era un Vendrell-Rapitenca, dos poblaciones con las que tengo una estrecha relación. Especialmente con la primera, puesto que es el lugar en el que vivo actualmente.

Un conjunto de relaciones y conexiones en torno a una fecha, el 29 de enero, que no he sido capaz de ignorar y que por esa razón me he decidido a explicar.

Ahora toca volver a empezar y regresar a las “hormigas” de las que hablaba al principio. Aunque, quien sabe si no volverá a aparecer alguna otra extraña interferencia por el camino. Porque, como dice la narradora de “Hormigas en botas de fútbol” en uno de los momentos de la historia:

     No tenía claro como me sentía.

     Y mucho menos a dónde nos conducían los extraños laberintos, conexiones y «coincidencias» de aquella historia.

 

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29 de enero: 20 años sin Osvaldo Soriano

 


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Hoy, 29 de enero, se cumplen 20 años de la muerte de Osvaldo Soriano, periodista, escritor y uno de los cracks de la literatura futbolera argentina, y para quien el fútbol fue siempre una reconocida gran pasión.

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Creador de “Las memorias del míster Peregrino Fernández” entre muchos otros textos, también es el autor del relato “El penal más largo del mundo”, un clásico de la literatura futbolera que fue llevado al cine con el mismo título de la mano de Roberto Santiago, autor de la exitosa serie “Los futbolísimos”, destinada al público infantil.

Si navegáis por Internet encontraréis numerosas páginas que profundizan e informan sobre la producción futbolera de la obra de Soriano. Por ejemplo, en esta página encontraréis un completo artículo en el que también se hace un repaso por la evolución de la relación entre fútbol y literatura. Existe una completa recopilación de sus relatos de temática futbolera en una edición en Booket de 2010 bajo el título de «Fútbol. Relatos épicos sobre un deporte que despierta pasiones«.

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Para terminar este modesto recuerdo a Osvaldo Soriano vale la pena recordar un fragmento de «Los fantasmas de Sarrià visten de chándal«, de Wilmar Cabrera, protagonizado por la búsqueda de la tumba del autor argentino.

         – Tanto en 1906 como en 1907 y no hay nada…

         – Espere. ¿Cómo dijo? ¿1906, 1907?

         – Sí, esos fueron los años que usted me dijo.

         – No –le respondió, con la esperanza de vuelta a su cuerpo-. Enero de 1996 o 1997. Veintinueve de enero, para ser más exactos.

         – No, usted me dijo cero seis y cero siete.

         El asunto se había convertido en una discusión sin fondo ni forma. La señora insistía en que le dijo la fecha exacta. ¿Cómo no saberla? Es Soriano, quizá ella no lo conozca pero él sí. Y precisamente fue el día de su muerte, ¿cómo olvidar ese titular en el diario? Ella no quería reconocer. Ahí fue cuando entró en el pasillo un gordo que no caminaba sino que arrastraba su pierna derecha, como los arqueros cuando marcan el área de la cancha antes de un partido. La única diferencia es que este lo hacía adelante.

         – Sabés una cosa pibe –dijo, sin perderlo de vista-. Deja la fecha exacta y te tendremos una pronta respuesta.

 

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