8 de marzo: Día Internacional de la Mujer… también en el fútbol

 

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Hoy, 8 de marzo, se celebra el Día Internacional de la Mujer, también llamado Día Internacional de la Mujer Trabajadora, con el que se conmemora la lucha de la mujer por su participación, en pie de igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo íntegro como persona.

Todavía queda mucho camino por recorrer en la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres en todos los ámbitos. Pero, afortunadamente, también se van produciendo avances en ese tan costoso objetivo de conseguir un mundo mejor para todos.

Esas conquistas también se han producido en el mundo del fútbol, en el que la presencia de las mujeres es cada vez mayor, ya sea como aficionadas que acuden a los campos y estadios o como jugadoras.

También en la literatura futbolera las mujeres están presentes. Las encontramos en el papel de personajes que forman parte de equipos, especialmente en la literatura infantil y juvenil, y también como autoras de obras en las que el fútbol es el tema principal.

Por eso, hoy me gustaría recuperar esta alineación de libros futboleros escritos por mujeres que publiqué hace algún tiempo:

 

Y, sobre todo, os recomiendo este magnífico artículo de Miguel Ángel Ortiz Olivera en el que hace un completo repaso por la evolución del fútbol femenino.

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2 de marzo: «¿Día de los futbolistas calvos y los melenudos?»

 



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Que los futbolistas son y han sido modelos a imitar por los niños no es ningún descubrimiento. Querer ser como Messi o Cristiano Ronaldo no es ningún descubrimiento. Y es por esa razón por la que los fabricantes de botas se ponen las ídem con cada modelo que las estrellas del fútbol estrenan a lo largo de la temporada. O por la que se imitan determinados aspectos estéticos de su indumentaria, como ahora las medias hasta el muslo de Neymar. Esto, de todas maneras, no es nuevo. En mis tiempos, fue tendencia llevar aquella especie de tobillera blanca que distinguía a Neeskens. O, también, fue habitual el que –quien pudiera- intentara lucir el melenazo de Schuster o el peinado de Cruyff.

Seguramente, durante los últimos años ha aumentado la importancia del futbolista como modelo estético, especialmente en lo que se refiera al cabello. Esta influencia, sin embargo, tampoco es ninguna novedad. Y si no, mirad esta viñeta de 1983, publicada en el TBO núm. 101.

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Pero si tenemos que hablar de fútbol y peluquería, o de fútbol y cabello, nada mejor que recurrir a Juan Tallón, especialmente un día como hoy, 2 de marzo, en el que se cumplen exactamente 42 años de un episodio ocurrido sobre un terreno de fútbol y en el que el pelo tiene un gran protagonismo. La historia está explicada en “Manual de fútbol. Un libro en fuera de juego”, del citado Juan Tallón, publicado por la editorial Edhasa el 2014.

En realidad, el fútbol siempre ha tenido siempre mucho que ver con el pelo. La historia de Crisanto García Valdés, Tati, es conocida. Jugaba en el Sporting de Gijón y era calvo con veintipocos años. Un drama. Alguien le habló un día de una peluca de fabricación alemana, y quiso probar. El invento funcionó. Valdés jugó con peluquín muchos partidos. Pero el 2 de marzo de 1975, el Sporting recibió a la Real Sociedad. El Molinón estaba a reventar. Daba gusto verlo. El partido se emitía en directo por televisión. En un balón dividido, Tati jugó de cabeza y perdió la peluca. El estadio emitió un respetuoso «¡Ooooohh!». El interior la recogió del suelo y volvió a acomodársela en la calva, con aparente dignidad. Pero en el segundo despeje la perdió otra vez. Una tragedia. El murmullo de la grada fue general, y Tati enfiló los vestuarios anticipadamente.

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Imagen de Crisanto García Valdés, Tati, de www.cromopedia.es

El capítulo en el que se explica la historia de Tati se complementa con otras suculentas curiosidades en las que el cabello es protagonista, como la de Stanley Matthews, que durante un partido disputado en Turín en 1940 procedió de una inesperada manera. Buscad la maravilla que es “Manual de fútbol” si queréis descubrir cuál fue.

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Ratón Ayala, en www.colchoneros.com

Por mi parte, recuerdo a jugadores de cabello abundante o de vistosa melena: desde el Ratón Ayala la trenza de Pinto, o el peludo globo de Valderrama. Pero también recuerdo el caso de Derticia, aquel delantero a quien todos llamaban Míster Proper y que padecía una grave alopecia que hacía que su cabeza fuera como una bola de billar.

Quizá estaría bien convertir el 2 de marzo en el Día de los futbolistas calvos y melenudos.

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1 de marzo: 16 años de la firma del contrato de Messi

 

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De todos es conocida la historia del contrato de Messi en una servilleta de papel. Sucedió el 14 de diciembre de 2000. Aquel peculiar contrato se convertiría, pocos meses después, en un acuerdo de verdad que vinculaba al todavía niño Lionel con el Fútbol Club Barcelona. Esa firma se produjo el 1 de marzo de 2001. Es decir, hoy hace exactamente 16 años.

Y así lo explica el gran Juan Villoro en su relato “Lionel Messi: infancia es destino”, publicado en el recopilatorio “Cuando nunca perdíamos”.

Para tranquilizar a la familia, el técnico firmó el «contrato» más delgado del fútbol. El 14 de diciembre de 2000 tomó una servilleta de papel en un bar y escribió un párrafo en el que se comprometía a velar por el niño. El documento tenía el mismo valor legal que una plegaria en Montserrat, pero hoy en día es custodiado por Josep Maria Minguella, gestor de la contratación, como una valiosísima pieza de arte popular.

 El 1 de marzo de 2001 se firmó un contrato de verdad y la familia Messi  se trasladó a Barcelona para apoyar a la Pulga.

Uno de los mayores desafíos de un futbolista es la administración de la soledad. Durante horas sin fin debe matar el tedio en cuartos de hotel. Esto se agrava cuando el jugador es un niño alejado de su entorno. Sin los pasatiempos ni los ravioles familiares. Leo descubrió que vivir en Barcelona era tan aburrido como chupar un clavo.

Nunca ha sido una persona con muchas ni muy variadas aficiones, pero no es lo mismo estar triste en casa que estar triste lejos.

También sus hermanos se deprimieron. Estaban desubicados, ansiosos. La madre decidió regresar a Argentina con ellos. Leo permaneció con su padre en la ciudad donde el más célebre extranjero envejecía en el zoológico: el gorila blanco Copito de Nieve.

La importancia de quedarse

A Messi le sobraban facultades, pero la historia del fútbol está llena de talentos que se quedaron en el camino. ¿Valía la pena permanecer en Barcelona, lejos de la familia, sin recompensa certera a la vista?

Una tarde, el padre no pudo más y propuso que volvieran. Otra puerta parecía cerrarse en su carrera. Pero a los trece años Leo ya era un especialista en adversidades. El niño que escapó por una ventana para ganar su primer título le pidió a su padre que se quedarn. En Rosario estaba el mundo, pero en Barcelona estaba la Masía, la esuela de fútbol donde se formaron Xavi, Iniesta y Guardiola.

 

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Portada - Cuando nunca perdíamos

Martes de Carnaval: 1800 años del primer partido de fútbol

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Hoy es Martes de Carnaval, el último día de Carnaval, el anterior al Miércoles de Ceniza, con el que se da comienzo a la Cuaresma. Hasta aquí la explicación académica. Porque a nosotros nos interesa mucho más el hecho de que hoy, según refieren algunos estudios, se cumplirían exactamente 1800 de la celebración del primer partido de fútbol. Se trata del que se disputó en la población inglesa de Derby el martes de Carnaval del 217 d. C.

Se pueden encontrar numerosas referencias a este episodio histórico. Por ejemplo, la primera parte de “Épica y lírica del fútbol” de Julián García Candau, ofrece una completísima introducción histórica a la evolución del fútbol, incluyendo referencias a la presencia de ese antepasado del fútbol durante la celebración de los carnavales:

“En aquella ocasión, la ciudad llevaba sitiada cinco meses por las tropas de Carlos I de España y V de Alemania. El asedio duró desde septiembre de 1529 a agosto de 1530. La ciudad estaba sitiada y no se recordaba un carnaval sin parido de «calcio». Pandolfo Puccini, el más famoso de los Gastadores de Florencia, sugirió la posibilidad de jugar un partido, cuyo interés legítimo estaba en que las tropas sitiadoras vieran, desde fuera, la celebración del mismo, lo que venía a significar que la moral de los defensores era alta”.

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Otra referencia es la que encontramos en el libro “Umberto Eco y el fútbol”, de Peter Pericles Trifonas y publicado por la Editorial Gedisa. Un fragmento de la contraportada del libro hace referencia a que “el fútbol es más que un juego; es un sistema de signos que codifica las experiencias y le da significados a diversos niveles. Permite al espectador leer la vida con ayuda de los recursos mediáticos que orientan y controlan nuestra visión de las experiencias”.

Si nos adentramos en el terreno de la interpretación de los signos y la semiótica, el referente es Eco. Y, así, seguimos leyendo: “Umberto Eco y el fútbol” muestra a Eco entregado a la crítica cultural, quien avanza por los caminos sinuosos de los signos de la cultura con la mirada aguda y atenta a los detalles olvidados del gran texto de la vida, sus equívocos e interpretaciones erróneas”.

Y, a continuación, el texto continúa haciendo referencia al partido celebrado el 217 en el marco de las celebraciones de carnaval:

“… Eco hace gala de una acerada ironía cuando afirma que ama los deportes «peligrosos» (como el fútbol) por su tendencia a eliminar una de las grandes lacras de la humanidad: el Homo sportivus, el plusmarquista atlético, permitiendo así que el común de los mortales siga poblando la tierra en anónima mediocridad.

Al establecer una comparación directa entre el fútbol y los juegos circenses –y más concretamente el espectáculo de los gladiadores en el Circo Máximo- Eco alude a las raíces históricas del deporte en el espectáculo de euforia, libertinaje y usurpación que supone la celebración de una victoria bélica. El primer partido del que se tiene constancia data del martes de Carnaval del año 217 d.C., en lo que hoy conocemos como Derby, Inglaterra. El «fútbol» se jugaba como parte de los fastos con que se celebraba una decisiva victoria militar sobre una guarnición romana. En el año 1175, el partido del martes de Carnaval ya se había convertido en un acontecimiento anual. Más tarde, la implantación del rugby hacia el año 1823 trajo consigo la confusión entre los nombres de ambos deportes, y la palabra «soccer» -abreviatura de «association football»- surgió con la fundación de la London Football Association (1863), destinada a promocionar el deporte que ponía el énfasis en la introducción de la pelota en la portería mediante una patada. La mayoría de las formas modernas de fútbol no son sino adaptaciones de juegos ancestrales, como el harpaston o harpastrum, que se jugaba en las antiguas Grecia y Roma, y que aún hoy se practica en la región de la Toscana y en Florencia bajo el nombre de calcio, que es también como se conoce el fútbol hoy en día en Italia.

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23 de febrero: política y un Balón de Oro

 

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Imagen de www.elperiodico.com

 

Hoy es 23 de febrero, una de esas fechas en cuyo ADN siempre permanecerá una connotación negativa, por el intento de golpe de estado que se produjo en 1981.

Una fecha de tal importancia histórica no podía ser ajena a la literatura futbolera, existiendo más de un libro de esta temática en el que podemos encontrarla. Un ejemplo lo encontramos en esa magnífica obra que es “Futbolistas de izquierdas”, de Quique Peinado. En uno de sus pasajes explica la historia de Juan Carlos Pérez López, jugador que cántabro que militó en el Racing de Santander, y que antes formó parte de aquel FC Barcelona del 0 a 5 del Bernabeu en el que ya estaba Cruyff. Juan Carlos, aquel día, marcó el cuarto gol.

Su militancia en partidos de izquierdas le llevó a pasar unos momentos difíciles el día del intento del golpe de estado. Así lo explica Quique Peinado en “Futbolistas de izquierdas”:

“El 23 de febrero de 1981 se llevó un susto de muerte cuando el teniendo coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero entró en el Congreso a tiro limpio. Cualquiera que hubiera tenido vínculo con la izquierda de forma más o menos oficial corrió a esconderse, por si acaso. Así lo hizo Juan Carlos Pérez, que desapareció esa noche sin decir nada a su familia (y así evitarles problemas si llega a triunfar la asonada) para dormir en casa de un amigo de Torrelavega. Al día siguiente, cuando todo se calmó, volvió a aparecer por casa sano y salvo. No había pasado mucho tiempo cuando le pasaron una lista que circulaba en la que, según ponía ahí, él era uno de los rojos a los que había que depurar en caso de haber triunfado el golpe.”

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Pero el 23 de febrero también es un día que merece ser recordado por una cuestión más directamente futbolística y que, particularmente, descubrí hace bien poco. El asunto tiene que ver con la figura de Stanley Matthews, un histórico del fútbol británico sino también del mundial, puesto que se trata del primer jugador que fue premiado con el Balón de Oro, en 1956. Además, según aparece en la Wikipedia, “su carrera es la más larga de la historia de Inglaterra, pues debutó en el primer equipo del Store City F.C. en 1932 y no se retiró hasta 1965, a los 50 años”. Y, por si fuera poco, “también ostenta el récord de ser el goleador de más edad, al anotar un gol contra Irlanda del Norte el 10 de octubre de 1956, a los 41 años”.

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Imagen de http://www.dailymail.co.uk/

La relación de Matthews con el 23 de febrero se debe a que hoy se cumplen 17 años de su fallecimiento. Y así es como aparece en el relato “Matthews, el primero”, escrito por el periodista Joan Domènech y que podemos encontrar en el volumen “Relatos Solidarios del Deporte” del año 2012.

“Imperturbable, impasible, Stanley Matthews no se ríe, pero hace reír al estadio entero. Es, a su manera, un payaso de genio, el Charlie Chaplin del fútbol”, escribió Hanoi a modo de argumentación para la concesión del premio a un jugador modélico que nunca respondió a los golpes de algunos defensas muy malhumorados. “El hombre que nos enseñó el camino de cómo debía jugarse a fútbol”, dijo Pelé en su entierro. Matthews murió el 23 de febrero de 2000 y la ceremonia fúnebre, el 3 de marzo, atrajo a cien mil personas a Stoke-on-Trent. Sus cenizas yacen enterradas en el círculo central del Britannia Stadium. El campo del Stoke”.

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22 de febrero y… ¿una nueva premonición de Jordi Puntí?

Portada - Cuando nunca perdíamos

 

Seguramente hemos llegado al punto en el que una fecha como el 23 de febrero no tenga significado alguno para los más jóvenes. Para los que tenemos una edad, sin embargo, continúa siendo el día en el que alguien intentó dar un golpe de estado hace ya muchos años. Un día antes de aquel episodio, es decir, el 22 de febrero, la vida transcurría más o menos como siempre. Y dentro de esas rutinas habituales digamos que un importante porcentaje se lo llevaba el desarrollo de la liga.

El 22 de febrero de 1981, es decir, hace hoy exactamente 16 años, se celebraba la semanal dosis de encuentros de primera división. Seguramente, la inmensa mayoría de aficionados no podían imaginar lo que sucedería al día siguiente. Y seguramente, también, pocos recuerdan algún partido o resultado destacado de aquella jornada. Sin embargo, yo sí recuerdo perfectamente cómo concluyó uno de los enfrentamientos de aquel día. En concreto, el que disputaron dos históricos del fútbol español (Betis y Barça) en un no menos legendario estadio (el Benito Villamarín) que acabó con empate a un gol. ¿Y cómo lo sé? Pues porque esa fecha y ese resultado pasaron a formar parte del “Diario de música y deporte” que Jordi Puntí fue elaborando durante aquellos años.

Lo explica en su relato “Cuando era un Neeskens”, publicado en “Cuando nunca perdíamos”. Aquí tenéis el fragmento:

«Domingo 22 de febrero de 1981: el Barça ha empatado 1-1 con el Betis en el Benito Villamarín. Goles de Morán y Bernd Schuster.» Aquel Barça lo entrenaba Helenio herrera, precisamente. En él jugaba Quini, a quien habían secuestrado la temporada anterior. El Morán que marcó el gol del Betis era un extremo que acabó jugando en el Barça. Poco a poco, las anotaciones del diario se volvían algo más elaboradas. No me limitaba a apuntar el nombre de los goleadores, sino que comentaba alguna jugada o hablaba de algún futbolista del equipo contrario que me había gustado. Quizá pueda parecer presuntuoso, pero, tal como lo veo ahora, estaba descubriendo el fútbol, el juego más allá del juego, el papel individual de cada futbolista en el partido colectivo. La rapidez de Simonsen, el oportunismo de Quini, los pases largos de Schuster, los caracoleos de Carrasco… 

Y hasta aquí lo que podría ser un ejemplo más de la importancia del calendario en la literatura futbolera. Pero… un momento, porque aún hay más.

Quien sea un atento seguidor de este humilde blog recordará que Jordi Puntí, además de ser uno de los cracks de este Fútbol Club de Lectura, es el responsable de una extraña invocación: la del 13 de septiembre, acerca de la cual hablé en este artículo.

De forma resumida os diré que aquella invocación tenía que ver con algo que Puntí explicaba en el mismo relato al que acabo de hacer referencia. Tras hacer un repaso a jugadores brasileños que a lo largo de la historia han jugado en el Barça, en uno de los pasajes del texto habla de un centrocampista, Fausto dos Santos, y un portero, Jaguaré Bezerra de Vasconcelos, procedentes del Vasco de Gama que en 1931 hizo una gira por Europa.

Aquel año, y tras jugar algunos partidos en el Barça B, ambos fichajes debutaron en un Atlético de Madrid-Barcelona que acabó en empate a 2. Eso sucedió el 13 de septiembre de 1931. Y, caprichos del azar futbolístico literario, el 13 de septiembre de 2015, día en que leí el relato de Puntí, se volvía a jugar un Atlético de Madrid-Barça.

Pues bien. Justamente hoy en el que todo mi interés estaba concentrado en la fecha del 22 de febrero una nueva y posible invocación de Jordi Puntí toma forma. Porque, si continuamos leyendo el párrafo que antes he transcrito encontramos la siguiente referencia:

A veces recortaba fotos de los periódicos deportivos y los pegaba para ilustrar mi comentario. «El brasileño Dirceu juega en el Atlético de Madrid, pero es suplente. The Police publicarán un nuevo casete (sic, no tenía tocadiscos) que se llamará Ghost in the Machine, a ver si es tan bueno como todos los demás», apunté un día que el Barça perdió por el Atlético 1-0 en el Vicente Calderón, y parece como si la mención de The Police consiguiese calmarme de la decepción por la derrota.»

Ya lo habéis visto. De nuevo, un Atlético de Madrid-Barça. ¿Resultado final? 1 a 0 a favor de los rojiblancos. Y ahora la pregunta: ¿sabéis quien juega este domingo en el estadio Vicente Calderón? Pues sí: Atletico de Madrid y Barcelona.

Esperaremos impacientes el resultado.

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13 de febrero: Día Mundial de la Radio, compañera inseparable del fútbol

 

 

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Imagen de www.elfutbolesinjusto.com

 

 

Hoy, 13 de febrero, se celebra el Día Mundial de la Radio. Tardes de domingo, radio, carrusel, fútbol… Seguramente, las retransmisiones radiofónicas han sido uno de los elementos que más han hecho por fomentar la afición futbolera. Escuchar aquellas voces que de manera apasionada explicaban lo que sucedía en terrenos de juego lejanos forma parte del paisaje sentimental de muchos de nosotros. Voces que acercaban goles y jugadas que se estaban produciendo en el Helmántico, en Las Gaunas, en el Benito Villamarín, en los campos de Sport del Sardinero, en la Romareda o en el Molinón.

La radio siempre ha tenido un encanto especial. Una puerta hacia otra dimensión. Y afortunadamente, pese a los avances tecnológicos, a la inmediatez con que la información llega hoy día hasta el último de los rincones, la voz del locutor sigue siendo insustituible, puesto que sus ojos modelan lo mismo que nuestros ojos ven, pero su voz es capaz de traducirlo en palabras que nosotros no habríamos sido capaces de encontrar.

La emisión radiofónica de un partido de fútbol es el complemento perfecto para la imagen que vemos. Del mismo modo que Eurovisión y Twitter han formado una inesperada pareja, el fútbol y la radio son un binomio insustituible. ¿Cuántos aficionados no acompañan lo que están viendo con un auricular en su oído para escuchar a su locutor favorito? ¿Cuántos futboleros, a la hora de mirar un partido por televisión, no quitan el volumen al aparato para poder centrarse en las indicaciones procedentes de una voz del más allá?

Fútbol y radio. En 1980 The Buggles cantaban que el vídeo mató a la estrella de la radio. Eran tiempos en los que parecía que los cambios tecnológicos terminarían por devorar elementos que formaban parte de nuestras vidas y parecían imperecederos. Por suerte, la radio sigue ahí, firme e insustituible, y sigue formando un tándem ganador con el fútbol.

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Imagen de Desdlos11metros

La presencia de ese binomio también se puede encontrar en la literatura futbolera. Un ejemplo de ello lo encontramos en la novela “El fantasista”, de Hernán Rivera Letelier, en el que a lo largo de la historia se va intercalando la narración radiofónica del inigualable Cachimoco Farfán, un espectacular locutor que habla para sus radioescuchas de lo que promete ser un partido histórico.

Explicar, describir, narrar, dibujar la realidad con palabras, con un lenguaje florido que es toda una delicia. Un magnífico homenaje a esos profesionales de la radio que son capaces de transmitir la pasión del fútbol utilizando como único vehículo la palabra y su voz.

 Y ahora, dejemos que Cachimoco Farfán tome el micrófono y comience su narración:

¡Buenos días, señoras y señores; buenos días, amables oyentes; pacientes todos, muy buenos días. Les habla como siempre su amigo Cachimoco Farfán, el más rápido relator deportivo de Coya Sur, el más rá- pido relator de la pampa salitrera, fenilanina hidrolasa y la purga que me parió, el más rápido relator del mundo después del maestro Darío Verdugo, por supuesto que sí, aquí estoy con ustedes, temprano por la mañana en este domingo esquizofrénico de sol, cataléptico de sol, aquí estoy, señora, señor, colorado, acalorado, sudando un mierdoso sudor espeso como medicamento, aquí estoy como siempre con mi leal herramienta de trabajo (este micrófono que unos carrilanos otopiorrentos me habían escondido ayer por la noche en el Rancho Huachipato), aquí estoy, señoras y señores, con las mismas ganas de siempre para llevar hasta ustedes los pormenores previos de lo que será esta memorable justa deportiva, el último partido jugado en nuestros dominios, el último partido que nuestra querida selección blanco-amarillo jugará como local, el último partido antes del fin del mundo para nosotros, por eso me encuentro aquí, en plena pampa rasa, bajo este sol albino, jumentoso de calor, vestido con este traje negro, este traje de muerto que demuestra todo mi duelo y mi congoja en este día tan especial para los coyinos, aquí me encuentro, a la orilla de nuestra querida cancha, nuestra gloriosa 34 cancha llena de tantos recuerdos lindos, de tantas alegrías inolvidables, de tantas penas también, por qué no decirlo, aquí estoy, aún solitario, acompañado sólo por las sombras de unos jotes que han comenzado a planear chancrosamente en el cielo, como anunciando la muerte, como presagiando el abandono y la desolación que caerá sobre este terreno de juego en donde estoy transmitiendo ahora para ustedes, completamente solo, como les digo, si no fuera por la sombra de esas aves agoreras y por la figura raquítica del hombrecito rayador de la cancha que en estos momentos acaba de llegar; sí, señora; sí, señor; sí, queridos radioescuchas, ahí ya vemos al anciano, ahí ya lo vemos encorvado como un campesino sacando papas en el desierto, con su destartalada carretilla de mano cargada de salitre, nuestro preciado oro blanco con que va remarcando las líneas; sí, amables pacientes, aquí ya está el nunca bien ponderado don Silvestre Pareto, que además de ser un buen rayador de canchas, es también, según las lenguas viperinas, el más implacable envenenador de perros al servicio del departamento de Bienestar; según estas lenguas gangrenosas, don Silvestre Pareto, con sus albóndigas envenenadas, ha exterminado más perros que judíos mataron los nazis allá por las Alemanias, ha matado más quiltros que cristianos mató la peste negra allá por las edades medias; pero en el fondo es buena gente este anciano, este hombrecito callado y eficiente como un estafilococo, siempre servicial, siempre atildado, siempre al pie del cañón, como ahora, en que al igual que todos los domingos del año, ya se encuentra trabajando en su «chacrita», como llama él a nuestro reducto deportivo (recordando tal vez los campos de sus sures natales), ahí está rayando y amononando la 35 cancha en donde, según dice llorando y moqueando cada vez que se emborracha, quisiera ser enterrado el día que entregue la herramienta, el día que cague pistola, el día que se pruebe el terno de madera, el día que la santa de su mujercita —como lo joroban los borrachos en los ranchos— termine envenenándolo como a un perro con sus propias albóndigas de estricnina servidas de almuerzo; sí, señora; sí señor, ahí está nuestro buen amigo Silvestre Pareto, bajo este sol purulento, comenzando a remarcar el círculo central con el pulso digno de un cirujano marcando la panza de una parturienta para proceder a una cesárea, ahí está trazando al puro ojo esa redondela cuyo centro es exactamente el lugar en donde este viejo otopiorrento quisiera que sepultaran sus congofílicos restos mortales, fenilanina hidrolasa y la purga que lo parió!

 

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11 de febrero en «Un buen gol no se puede contar», de Pablo Santiago Chiquero. Maclein y Parker

 

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Pablo Santiago Chiquero, en su magnífico “Once goles y la vida mientras”, publicado por Maclein y Parker, se inspira en once grandes momentos de la historia del fútbol para transformarlos en relato. Pero al hacerlo no se sitúa en el punto de vista de los jugadores o los equipos que los protagonizaron, sino desde la vivencia de personas anónimas de quienes acabamos conociendo de qué forma influyeron esos episodios en sus vidas.

Hoy, 11 de febrero, se cumplen 30 años de uno de esos goles. Lo marcó Emilio Butragueño contra el Cádiz, y es el telón de fondo del relato “Un buen gol no se puede contar”.

Así es como aparece la referencia a ese día en el texto.

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Estadio Santiago Bernabéu (Madrid)

11 de febrero de 1987

 

Por la mañana, después de beber una taza de café, José pedaleó hasta el pueblo. Había sido ferroviario, pero llevaba catorce años jubilado y vivía solo desde la muerte de su mujer en un cortijillo que había sido de su familia. Llevaba una vida agradable y la salud aún lo respetaba. Le hacía feliz cultivar su huerto, criar palomas y gallinas y leer los diarios deportivos. Aunque le gustaba la soledad y no necesitaba compañía, dos años antes había comprado un televisor para ver los partidos de fútbol, pero la señal en el valle era mala y no siempre conseguía verlos.

 

Y aquí el vídeo del gol:

 

 

29 de enero: 20 años sin Osvaldo Soriano

 


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Hoy, 29 de enero, se cumplen 20 años de la muerte de Osvaldo Soriano, periodista, escritor y uno de los cracks de la literatura futbolera argentina, y para quien el fútbol fue siempre una reconocida gran pasión.

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Creador de “Las memorias del míster Peregrino Fernández” entre muchos otros textos, también es el autor del relato “El penal más largo del mundo”, un clásico de la literatura futbolera que fue llevado al cine con el mismo título de la mano de Roberto Santiago, autor de la exitosa serie “Los futbolísimos”, destinada al público infantil.

Si navegáis por Internet encontraréis numerosas páginas que profundizan e informan sobre la producción futbolera de la obra de Soriano. Por ejemplo, en esta página encontraréis un completo artículo en el que también se hace un repaso por la evolución de la relación entre fútbol y literatura. Existe una completa recopilación de sus relatos de temática futbolera en una edición en Booket de 2010 bajo el título de «Fútbol. Relatos épicos sobre un deporte que despierta pasiones«.

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Para terminar este modesto recuerdo a Osvaldo Soriano vale la pena recordar un fragmento de «Los fantasmas de Sarrià visten de chándal«, de Wilmar Cabrera, protagonizado por la búsqueda de la tumba del autor argentino.

         – Tanto en 1906 como en 1907 y no hay nada…

         – Espere. ¿Cómo dijo? ¿1906, 1907?

         – Sí, esos fueron los años que usted me dijo.

         – No –le respondió, con la esperanza de vuelta a su cuerpo-. Enero de 1996 o 1997. Veintinueve de enero, para ser más exactos.

         – No, usted me dijo cero seis y cero siete.

         El asunto se había convertido en una discusión sin fondo ni forma. La señora insistía en que le dijo la fecha exacta. ¿Cómo no saberla? Es Soriano, quizá ella no lo conozca pero él sí. Y precisamente fue el día de su muerte, ¿cómo olvidar ese titular en el diario? Ella no quería reconocer. Ahí fue cuando entró en el pasillo un gordo que no caminaba sino que arrastraba su pierna derecha, como los arqueros cuando marcan el área de la cancha antes de un partido. La única diferencia es que este lo hacía adelante.

         – Sabés una cosa pibe –dijo, sin perderlo de vista-. Deja la fecha exacta y te tendremos una pronta respuesta.

 

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FutBlog: Jordi de Manuel, Cayetano Re y Martí Filosía

 

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Hace tiempo que tengo ganas de ir recogiendo los sucesos paranormales que me afectan como consecuencia de mi relación con el fútbol y la literatura. Casualidades, carambolas futbolístico-literarias, episodios austerianos… en fin, toda una avalancha de fenómenos sorprendentes que libro sí, libro también, se manifiestan cuando menos me lo espero.

Finalmente, y tras un tiempo de ir guardando información, notas y apuntes, he decidido no esperar más y estrenar una nueva sección para ir dejando constancia de ellos. Como no se me ocurre un nombre mejor para este nuevo cajón de sastre, he decidido llamarlo “FutBlog”, y os aseguro que todo cuanto aquí se explique, por sorprendente e inverosímil que os pueda parecer, es totalmente real. Algunas historias no os las creeréis, pese a que son totalmente ciertas.

Y como habrá algunos sucesos que os parecerán pura ciencia-ficción, nada mejor que comenzar con lo último que me ha ocurrido, relacionado, precisamente, con Jordi de Manuel, un profesor de ciencias de la naturaleza, además de un reconocido y premiado escritor, que también es miembro de la Sociedad Catalana de Ciencia Ficción y Fantasía (SCCFF).

Aunque su principal actividad en el mundo de la escritura la encontramos en el ámbito de la novela negra y la ciencia ficción, lo que ha supuesto ser distinguido con varios premios, es también el autor de dos libros de relatos que tienen, como temática principal, el mundo del fútbol. Bueno, para ser preciso, debería decir el mundo del “fúmbol”, que así es como él mismo se refiere en ocasiones a todo cuanto tiene que ver con el balompié actual.

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Pantera negra” (Editorial Proa, 2004) y “Orsai” (Editorial Meteora, 2012) son los títulos de esos dos libros, dos joyas en las que el mundo del fútbol es abordado desde diferentes y originales perspectivas, haciendo que la lectura de esos relatos sean un puro goce. Además, se trata de dos volúmenes a los que tengo un especial aprecio, puesto que tuve la inmensa suerte de que me enviara un ejemplar de cada uno de ellos con una cariñosa dedicatoria, gesto que le continúo agradeciendo.

Afortunadamente, esos dos libros no han sido el único detalle que Jordi de Manuel ha tenido conmigo. El caso es que en el 2005 se puso en marcha una campaña, bajo el título de “Lletres al camp” (“Letras al campo”) que intentaba fomentar la lectura entre los socios y aficionados del Fútbol Club Barcelona. Desde la Institució de les Lletres Catalanes, en colaboración con el club azulgrana, se editó durante unos años un folleto en tamaño Din A3 en el que se recogían 11 relatos de cortos de autores catalanes. Los folletos se dejaban en los asientos del Camp Nou coincidiendo con el partido más cercano a la festividad de Sant Jordi, con la intención de incitar a la lectura a cuantos espectadores acudieran aquel día al campo.

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Ese material, con el formato en gran tamaño de la recopilación de diversos relatos, se estuvo editando hasta el año 2009. A partir de entonces, y por motivos que desconozco, la campaña se limitó a la elaboración de unos puntos de libro en los que aparecía una frase de algún escritor. Una incitación a la lectura que casi se convertía en una invitación a la lectura de aforismos.

Jordi de Manuel tuvo un gran detalle en relación con una de esas primeras ediciones de “Lletres al camp”, la correspondiente al 2006. Sucedió hace un par de años, cuando contactó conmigo para decirme que ordenando papeles en casa había encontrado un ejemplar de ese material, y que si me hacía ilusión conservarlo para el Fútbol Club de Lectura no tenía más que decírselo y me lo enviaría. Evidentemente, así lo hice, y no tardé en recibir el folleto, que conservo como oro en paño, con dedicatoria incluida.

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El caso es que esa edición de “Lletres al camp” originó una anécdota que el propio Jordi de Manuel me transmitió. El día en que el folleto de ese año fue editado se imprimieron al menos 30.000 ejemplares que fueron repartidos por los asientos del Camp Nou. La intención era poner en marcha una acción de fomento de la lectura entre los aficionados. Y una buena forma de llevarla a cabo era dejando esa recopilación de relatos futboleros a su alcance.

Seguramente, hubo un pequeño sector del público que tomó el folleto y leyó todos los relatos. Otro grupo más amplio es probable que se limitara a ojearlo y leer, como mucho, un relato suelto. Pero también, tal y como me explicó el propio Jordi de Manuel, hubo quien se tomó el nombre de la campaña al pie de la letra (“Lletres al camp”, “Letras al campo”) y se dedicó a hacer aviones con aquel folleto y a lanzarlos al campo. La imagen de relatos futbolísticos convertidos en aviones de papel que aterrizan sobre el césped del Camp Nou es digna de un relato.

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Toda esta previa informativa sobre mi virtual relación con Jordi de Manuel sirve como antecedente para el episodio vivido hace dos días: el domingo 22 de enero. Siendo aproximadamente las 22 horas, recibí una notificación de facebook que indicaba que el escritor me acababa de etiquetar en una publicación.

Hacía referencia a “El venedor de pipes” (“El vendedor de pipas”) uno de los relatos que aparecen en su libro “Orsai”, y daba a conocer la existencia de un audio gracias al cual se puede escuchar la narración. Realizada por Miquel Llobera, de extraordinaria voz, el escrito estaba acompañado por el enlace desde el cual se podía proceder a la audición.

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La referencia iba acompañada de una imagen en blanco y negro de un antiguo futbolista del Espanyol, Cayetano Re, protagonista de uno de los momentos del relato, y de quien el propio autor explicaba que siempre le había resultado curioso el apellido de nota de musical del futbolista.

Pocos minutos después de la publicación contesté su mensaje agradeciéndole que me diera a conocer el citado audio. Además, le comenté que también a mi me había llamado siempre la atención el nombre de Cayetano Re. Y añadí, no sé porqué, y tras una automática asociación, que también me resultaba curioso otro nombre de la época, el de Martí Filosía. Jordi de Manuel coincidió conmigo en el recuerdo del barcelonista, a quien era inevitable bautizar como Martí Filosofía.

Pues bien. Hace un par de semanas se inició una de esas promociones que continuamente lanzan los diarios, en este caso, para conseguir una cámara del estilo de las GoPro. Mi hijo, nada más ver el anuncio, comenzó a hacer campaña para conseguirla. Al no tratarse de una cosa desmesurada sucumbí a sus deseos y desde entonces compro disciplinadamente el diario “El País” y recorto el cupón que viene con el diario del día.

Y justo el día siguiente de la publicación de Jordi de Manuel, y de nuestra referencia a Cayetano Re y Martí Filosía, descubrí en la sección de Deportes un artículo de Alfredo Relaño en su sección “Memorias en blanco y negro”. ¿Sabéis a quien está dedicado el artículo? ¡A Martí Filosía!

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Un ejemplo más de que los caminos del fútbol y la literatura son inescrutables.

P.D. Cuando pensaba que podía dar carpetazo al episodio con Jordi de Manuel, descubro que no, que todavía existe algún tentáculo suelto que conecta (sorprendentemente) con otro episodio paranormal. En unos días lo explico.