«A boca de canó», de Manel Àlamo. Ediciones Bromera

 

Ya he comentado en más de una ocasión que la relación entre fútbol y literatura es, afortunadamente, cada vez más fructífera, yendo en aumento la producción de libros de este tipo. Entre todas las obras que se publican, sin embargo, podemos identificar dos grupos de destinatarios claramente mayoritarios. Se trata, por un lado, del público adulto. Y por otro, del público infantil. Tanto uno como otro han visto como el número de obras de temática futbolera que se publican ha ido creciendo, teniendo a su disposición un considerable catálogo de títulos entre los que escoger.

Pero, ¿qué ocurre con el público juvenil? ¿Existe literatura futbolera destinada a los jóvenes, a aquellos lectores que no son ni niños ni adultos?

Pues sí. Aunque no sea especialmente abundante, las obras literarias en las que el fútbol tiene un importante papel también existen. Es el caso de “A boca de canó” (“A bocajarro”), un ejemplo de novela juvenil que es, a la vez, una gran historia en la que fútbol y literatura hacen una magnífica pareja.

Escrita por Manel Àlamo y publicada por la editorial Bromera, “A boca de canó” es una de aquellas historias que te atrapan ya desde el inicio, con personajes muy cercanos y entrañables, y que te dejan un gran sabor de boca en cuanto la acabas.

Una de las frases que podemos leer en la web de Bromera en relación con la novela es la siguiente:

«Una història agredolça, on l’esport no sols és un joc, sinó també una oportunitat vita

(“Una historia agridulce, en la que el deporte no es solo un juego, sino también una oportunidad vital”)

Y es que, tal y como explica el propio autor en su blog, nos encontramos ante la historia de dos personajes:

Vera, una joven de 16 años que no ha tenido demasiada fortuna en la vida y con una enorme facilidad para meterse en problemas, y Ángel, un viejo conflictivo cuyo estilo de vida no tendría el consentimiento de ningún médico. Ambos, sin embargo, comparten una ilusión: el fútbol. Será precisamente el deporte de la pelota el que conseguirá extraer lo mejor de ellos”.

Y añade:

Estoy convencido de que atrapará a muchos aficionados al fútbol. Pero también estoy convencido de que atrapará a todos aquellos que tienen preferencia por otros deportes o que, simplemente, no tienen preferencia por ningún deporte. Porque, como en la vida, el deporte es solo una parte, pero no la esencial”.

Imagen de www.manelalamo.blogspot.com

Ciertamente, se trata de una obra que siendo futbolera podría haber estado protagonizada por cualquier otro deporte. Porque el fútbol, en este caso, actúa como llave maestra que ofrecerá otra oportunidad a dos vidas casi desahuciadas, a la existencia de dos perdedores que deambulan dando tumbos y de problema en problema.

SINOPSIS

Vera estudia tercero de ESO y su vida es un caos, por no hablar de los estudios… No conoce a su padre y la adicción a las drogas de su madre no le ayuda a centrarse, pero las cosas comienzan a cambiar cuando entra en el Athletic Túria Juvenil. En este equipo de fútbol femenino conocerá a Àngel Sabater, el entrenador. Se trata de un antiguo jugador del Valencia –una joven promesa que se lesionó gravemente y quedó excluído del fútbol profesional– convertido ahora en un fumador empedernino, borracho y conflictivo.

En el terreno personal, ambos luchan contra un panorama bien complicado, pero en lo que respecta al deporte, tienen un claro objetivo: ganar el campeonato de España femenino. Y no se trata solo de fútbol, el campeonato podría ser una gran oportunidad…

Vera y Ángel son la demostración de que en la vida se puede caer, siendo a veces las caídas muy dolorosas. Pero también se presentan posibilidades para levantarse y seguir caminando. Aunque cuando parezca que todo está perdido, que existe un cierto fatalismo en nuestro destino, siempre queda alguna puerta por abrir y desde la que acceder al camino que nos permita reconducir nuestra vida. El fútbol, en esta novela, es esa puerta. Pero, sobre todo, lo es el encuentro de los protagonistas gracias al fútbol.

Vera també va començar a plorar.

– Pe… pe… però jo també sóc una desgraciada… Tot m’ix al revés… M’he criat sense pare… Ma mare… Ma mare també se’n va anar… I després… després… La tia… L’oncle…

Vera comenzó a llorar también.

– Pe… pe… pero yo también soy una desgraciada… Todo me sale al revés… Me he criado sin padre… Mi madre… Mi madre también se fue… Y después… después… Mi tía… El tío…

A sus 16 años, Vera es ya una derrotada y una convencida de que su vida está ya escrita, destinada al fracaso, como sucedió con su madre, una drogadicta que acaba muriendo en plena juventud de su hija. Y algo similar sucede con Àngel Sabater, quien llegó a tocar la gloria futbolística al debutar en primera división con el Valencia pero a quien el destino, en forma de irrecuperable lesión de rodilla, lo hizo caer hasta el infierno. Dos perdedores que, sin embargo, se aferrarán a la oportunidad que el fútbol les ofrecerá y que acabará por transformar por completo sus vidas.

En esta historia el fútbol del que se habla no es el de las grandes estrellas ni el de los grandes estadios. Es el fútbol femenino, ese gran olvidado en el que nadie se fija y del que casi nadie habla, convirtiéndose la novela, en este sentido, en toda una reivindicación de su existencia.

Precisamente, la historia transcurre durante el año 2010, justo aquel en el que la selección española de fútbol ganó el Mundial de Sudáfrica, en una clara contraposición a la repercusión que el fútbol femenino tiene (ninguna, apenas unas líneas de vez en cuando en los diarios) frente a los fastos del masculino. Mientras todos los focos se sitúan sobre un equipo, la vida, el mundo del fútbol, también late en la periferia del universo fútbol.

 

Imagen de www.politica.elpais.com

Del mismo modo, la vida de Vera, de Sabater, y de tantos y tantas otras personas transcurre con sus obstáculos y dificultades de forma anónima, pero real, a menudo imbricada entre los vericuetos del sistema, al que también existe una alusión en cuanto a la custodia de Vera. Un sistema en el que la justicia es ciega, y, en ocasiones, toma decisiones en contra del sentimiento y las emociones de las personas.

Una historia que pese a la dureza de algunas situaciones es mostrada de una forma que no deja de lado el humor cuando es necesario, y que, como al principio decía, está protagonizada por unos personajes entrañables a los que el lector, pese a sus defectos y errores, no puede hacer otra cosa que ofrecer su comprensión.

La historia está explicada en primera persona por Sabater, y avanza con muy buen ritmo, estanto la novela estruturada como si de un partido de fútbol se tratara: fase de clanetamiento, primera parte, segunda parte y prórroga. Las situaciones que se describen nos ofrecen una perfecta radiografía de los personajes, y aunque en algunos casos deban enfrentarse a momentos dramáticos, la novela mantiene un tono en el que también abundan los episodios que se leen con una sonrisa en los labios.

Mire, senyor Castany, reconéixer els errors no formava part de la llista de les meues virtuts. No. Fins on m’arriba la memòria, sempre m’encarregava de culpar els altres de tot el que m’ocorria. Si no era feliç, la culpa era del defensa de l’Espanyol que m’havia destrossat el genoll. O de la meua exdona, que era una cabrona. O dels jugadors que m’havia tocat entrenar aquell any, molt roïns… O dels veïns, que em feien la vida impossible. Sempre hi havia uns culpables que conspiraven perquè tot m’eixira malament…

(“Mire, señor Castany, reconocer mis errores no formaba parte de la lista de mis virtudes. No. Hasta donde la memoria me alcanza, siempre me encargaba de culpar a los toros de too cuanto me sucedía. Si no era feliz, la culpa era del defensa del Espanyol que me había destrozado la rodilla. O de mi exmujer, que era una cabrona. O de los jugadores que me había tocado entrenar aquel año, que eran muy malos… O de los vecinos, que me hacían la vida imposible. Siempre había unos culpables que conspiraban para que todo me saliera mal…”

Una magnífica novela en la que no falta un golpe de efecto que acaba por redondearla. Una gran lectura para el público adolescente y juvenil, con una historia que seguro les resultará de gran atractivo, con personajes que les resultarán muy reconocibles, como el de Vera, y con un contenido lleno de temas e hilos sobre los que reflexionar.

En este enlace podéis leer un fragmento de la novela. Y, en este otro, os podéis descargar las propuestas didacticas asociadas a la lectura del libro.

Por último, aquí tenéis el vídeo de presentación de la novela.

«Literatura y fútbol» según Jenn Díaz

 

 

Hace unas semanas se celebró la Feria del Libro de Varsovia (Polonia), que tuvo a la literatura catalana como invitada especial. Entre otros autores catalanes, hasta la capital polaca se desplazaron autores como Sebastián Alzamora, Blanca Busquets, Jaume Cabré, Jenn Díaz, Rafael Nadal, Marc Pastor, Jordi Puntí, Care Santos, Màrius Serra y Jordi Sierra i Fabra.

Lo más destacado del asunto es que gracias a uno de los asistentes, la escritora Jenn Díaz, descubro que la Feria se celebró en el estadio Nacional de la ciudad, construido el 2012 para albergar la Eurocopa que aquel año se celebró allí. El ambiente de fútbol y literatura no se acaba aquí, puesto que a la delegación de las letras catalanas se sumó una el apoyo del Fútbol Club Barcelona, así como una mesa redonda sobre fútbol y literatura o la proyección de un documental sobre el presidente azulgrana José Suñol, asesinado en 1936, como parte del programa de actividades sobre «Deporte y cultura» de la feria.

 

A partir de ahora, a la pregunta ¿cuál es el hábitat natural de los libros? habrá que añadir a las tradicionales «biblioteca» y «librería» una nueva respuesta: el estadio de fútbol.

Aquí tenéis el artículo que el pasado martes escribió Jenn Díaz (para quien la vinculación entre fútbol y literatura no es ajena) en El Periódico de Cataluña, bajo el título , precisamente, de «Literatura y Fútbol«.

Literatura y fútbol

@JnnDiaz

MARTES, 7 DE JUNIO DEL 2016 – 10:41 CEST

Hace unas semanas estuve en Polonia. El Institut Ramon Llull nos llevó a diez escritores con obra catalana a Varsovia, a la feria del libro, que se hacía en un estadio de fútbol. La primera vez que fui a una feria fue en Turín: los editores en italiano de mi primer libro me llevaron para que pudiera firmar algunos ejemplares en la caseta y para presentar ‘Belfondo’. Nada relevante en mi trayectoria: libros firmados a conocidos de los editores y menos de 10 personas en el acto.

Lo primero que me impresionó de la feria de Varsovia es que se haga en un campo de fútbol. En cuanto llegas a otro país empiezas, sin poder remediarlo, a hacer comparaciones y a preguntarte cómo lo haríamos en casa. No, dudo mucho que una feria pudiera hacerse en un estadio de fútbol. Para empezar, la luz del estadio de Varsovia no tiene nada que ver con la luz del único campo de fútbol que he visto: el Camp Nou. Pero el problema no creo que sea la luz, sino la idea, que a menudo se repele, de unir fútbol y literatura.

Lo segundo que me impresionó de la feria de Varsovia, o quizá del público polaco en general, fue cómo se fueron acercando a los nueve autores catalanes -mi libro aún no se ha publicado- para que les firmaran sus ejemplares. Me sorprendió porque aquí, en una presentación o en algunas de las firmas de Sant Jordi, hay menos gente haciendo cola para que les firmes que en Polonia. Lo viví con asombro: allí, claro, éramos el autor extranjero, la literatura invitada. Y no solo fueron fantásticamente las firmas, también los actos.

Y esa es la tercera cosa que me impresionó de la feria de Varsovia: el público para nuestras mesas redondas. Y en particular, los lectores que acudían a ver al maestro: Jaume Cabré. Sí, lo vi con mis propios ojos: colas larguísimas como las de blogueros el día del libro, todo un teatro para él solo lleno de personas atentas (y muchos jóvenes) a sus palabras.

La última noche celebré la victoria del Barça en la Copa del Rey allí, en un bar de deportes, con Marc Pastor y Rafel Nadal. Tuvimos que llegar a la prórroga y sufrir, pero acabamos bien la noche. Al volver a casa, fútbol y literatura se unieron sin remilgos: no llenaremos estadios de libros, no tendremos un teatro lleno de gente para nosotros… no valdrán tanto nuestros títulos sin Champions.

 

Imagen de www.badabiblios.cat

Doce meses, doce dorsales: con el número 6, junio

 

Imagen de www.bolanerede.pt

 

Si el calendario fuera un equipo de fútbol, la camiseta con el dorsal número 6 la llevaría el mes de junio. Y así es, más o menos, como juega este mes en el terreno de juego del fútbol y la literatura.

Para empezar, el mundo era un lugar mucho mayor cuando en junio de 1992 abandoné Inglaterra en ferry con una máquina de escribir en la mochila. Antes de internet, era difícil saber algo de Ucrania o Camerún, por ejemplo, sin haber viajado hasta allí. El aislamiento de esos países los hacía también mucho más distintos del resto que ahora. Y desde luego, sus culturas futbolísticas también eran mucho más variadas. Cuando ahora viajo por el mundo para ver partidos, advierto la repetición de los mismos fenómenos en todas partes: las caras pintadas de los aficionados, las camisetas del Barcelona y un estilo de juego cada vez más parecido. Ahora ya no hay tanta diferencia entre el juego de ingleses, americanos, japoneses y cameruneses.

                El significado de ser aficionado también ha cambiado. Cuando escribí este libro, el fútbol europeo enfrentaba regularmente a una tribu contra otra tribu: holandeses contra alemanes, catalanes contra castellanos o católicos escoceses contra protestantes escoceses. Los estadios de fútbol eran todavía un lugar en el que se ponían de relieve las tensiones reprimidas de índole étnica, religiosa, regional y de clase de la Europa Occidental.

 

Fútbol contra el enemigo”, Simon Kuper. Editorial Contra, 2012

«Los fantasmas de Sarrià visten de chándal», de Wilmar Cabrera. Editorial Milenio

 

 

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Hace tiempo escuché a un escritor decir que a la mayoría de las novelas le sobran 200 páginas. Se refería, claro está, a las que sobrepasaban las 400 o 500. Durante una época de mi vida dejaba caer esa cita cada vez que tenía ocasión, pues me parecía que me hacía más intelectual y conocedor de los entresijos de la alta literatura. Una chorrada como tantas otras de las que acostumbro a soltar en cuanto puedo.

Hoy me reafirmo en la idea de que el número de páginas a veces es importante. Y no porque sobren, sino justamente por todo lo contrario. Porque esas 200 páginas que a aquel autor le sobraban hoy las he echado en falta. Y cuando eso ocurre solo hay una explicación: se está disfrutando tanto que uno no querría que la historia acabara.

Viene todo esto a cuento de la magnífica “Los fantasmas de Sarrià visten de chandal”, una novela de Wilmar Cabrera a la que, ya lo he dicho, me habría gustado que se hubiera prolongado durante 200 páginas más. Un número –el 200- con el que casualmente antes de tener la oportunidad de leer el libro ya se produjo un cierto intercambio. Fue cuando publiqué el artículo con el que conmemoraba el post número 200 del blog. Para celebrarlo, no se me ocurrió otra cosa que publicar 11 páginas 200 de 11 novelas futboleras. Como aún no había tenido la ocasión de leer la novela de Wilmar, contacté con el autor para que me facilitara, al menos, una fotografía de la página 200 de su novela. Su respuesta fue: “Te lo agradezco, pero mi novela tiene menos de 200 páginas”.

Visto lo visto, Wilmar, no sabes cuánto me habría gustado que las tuviera. O 200 más 😀

Sinopsis

 

Es verano y mientras en Sudáfrica se realiza el Mundial de Fútbol 2010, a cientos de kilómetros de allí, en Barcelona, tres inmigrantes disímiles, un exfutbolista argentino, un periodista colombiano y un gángster búlgaro, se toman la tarea de revivir el partido Italia Brasil del Campeonato Mundial de España 1982. Lo hacen con el fin único de crear un ¿falso? tour que atraiga a los visitantes llegados a la Ciudad Condal. Un tour que recorra las calles y plazas que reemplazaron al estadio de Sarrià, entre el triángulo marcado por la avenida del mismo nombre, la General Mitre y la calle doctor Fleming. Los tres quieren aprovechar el flujo de turistas para venderles la ruta, la historia y simulados souvenirs –incluso hierba de un campo que ya no existe-. Sin embargo, su idea se ve truncada cuando intentan convencer al jardinero que cuidó el césped durante cuarenta y tres años para ser el guía del recorrido. El viejo prefiere seguir en un geriátrico, en donde se recluyó, queriendo olvidarse del fútbol, tras la demolición del estadio en 1997.

Los fantasmas de Sarrià visten de chándal, más que una novela, es una “almazuela literaria” que mezcla, agrupa, contiene, incorpora y combina: ficción, crónica deportiva, realidad, periodismo, inmigración, soledad, olvido, supervivencia y turismo futbolero. Una historia para leer más allá de los 90 minutos.

“Revivir un partido mítico como la derrota de Brasil frente a Italia en el Mundial de España  regala grandes momentos de disfrute en esta novela”. David Trueba.

Estructura

La estructura de la novela no podría ser más futbolera: once capítulos que incluyen tres niveles de lectura. Por un lado, la historia de los protagonistas, Wolframio Caballero y José Wenceslao Novac Irigoyen, y su surrealista proyecto de convertir la memoria del antiguo estadio de Sarrià en una ruta turística, impulsada por el búlgaro mafioso Dimitar Zehirov.

Un segundo nivel que es una auténtica disección de un partido de fútbol para recomponerlo en forma de ofrenda literaria: el legendario Italia-Brasil que se disputó en Sarrià en el Mundial 82.

Y, por un último, un tercer nivel, más breve y conciso, pero no por ello menos interesante y ameno, el de los apuntes que Wolframio va registrando en su “Cuaderno de notas” tras recibir el encargo del búlgaro de ir preparando el folleto publicitario para la ruta turística.

Imagen de http://www.jotdown.es

Las tres capas de lectura se complementan a la perfección, ofreciendo al lector tres perspectivas de una misma historia. Una composición en la que las tres partes independientes acaban construyendo el todo, como sucede en un caleidoscopio.

Los fantasmas de Sarrià visten de chándal” nos ofrece un detallado desglose de uno de los partidos más míticos de la historia del fútbol: el Italia-Brasil del Mundial 82. El autor aplica el microscopio y desmenuza el partido para volverlo a mostrar a partir de la gran cantidad de detalles que en él se pueden encontrar. Detalles que no solo se limitan a lo futbolístico (una alineación, una jugada, un gol…) sino que también contienen una gran componente emocional, y que nos muestra a algunos de sus protagonistas desde el punto de vista de lo que son: futbolistas, pero también personas.

Explica Wilmar Cabrera que uno de sus objetivos en relación con la literatura futbolera es el de intentar ir más allá de la mera descripción futbolística, alejarse del terreno tan habitual que se limita a aproximarse al fútbol desde una óptica más periodística que literaria. El fútbol, dice, también puede ser materia literaria. En torno a él también hay vida, y la vida puede ser explicada en igualdad de condiciones aun cuando el fútbol sea el escenario principal. Y cita como ejemplo de esta idea la novela de Ramiro PinillaAquella edad inolvidable”.

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No solo estoy totalmente de acuerdo con él, sino que, en mi opinión, en “Los fantasmas de Sarrià visten de chándal” consigue que eso sea así, que el fútbol sea el cemento para construir una novela como cualquier otra cuyo tema fuera de tipo más “literario”. Aquí, lo que al final queda, además de aumentar nuestro idilio hacia un espectáculo histórico como fue aquel partido, es la sensación de que gracias al fútbol hemos conocido a unos personajes y unas vidas.

Lo que al final queda es el recuerdo de lo vivido, las ilusiones, las expectativas, la emoción vital que nos empuja a continuar adelante. Y eso, en esta novela, lo encontramos perfectamente descrito gracias al telón de fondo de dos episodios futbolísticos: el partido Italia-Brasil y la memoria del estadio de Sarrià.

Imagen de www.eldomingoalascinco.com

Tal y como explica el propio autor, nos encontramos ante una historia de transformaciones con el fútbol como motor de cambio. La transformación de un periodista en falso futbolista, y la transformación de un estadio en un conglomerado de viviendas. Un contenedor de historias en el interior del cual encontramos crónica deportiva, ficción, realidad, periodismo, supervivencia, inmigración, soledad…

Y también nos encontramos ante una contraposición entre dos modelos del fútbol. El de antes, en el que quien dominaba eran los futbolistas, representado por el jardinero, que tras la demolición del estadio se interna en un geriátrico, desaparece, como ha desaparecido su vida, y el del negocio actual, simbolizado por la sustitución del campo de fútbol por viviendas, por la sustitución del juego por el negocio inmobiliario.

Fútbol y literatura

Que el fútbol pueda ser considerado materia literaria de primera división y no de la tercera territorial es una de las intenciones del autor ya indicadas. La literatura, también lo he dicho ya, forma una excelente pareja con el fútbol en esta novela. Y, por si fuera poco, esa relación se remata con numerosas referencias a obras y autores repartidas a lo largo y ancho del terreno de juego del libro.

Así, por sus páginas no solo desfilan citas de autores como Juan Villoro o Dante Panzieri, sino que encontramos referencias a Osvaldo Soriano, Peter Handke, Enrique Vila-Matas e incluso a “La plaça del diamant” de Mercè Rodoreda.

Un tema acerca del cual tuve oportunidad de hablar con el autor el día que pude conocerlo. Una muy agradable conversación que espero no tardar en repetir.

Y para los que somos unos amantes de este tipo de referencias en los libros tenemos un regalo extra, como es el caso de las referencias cinematográficas, e incluso musicales, que van apareciendo dispersadas entre las páginas del libro. Y alguna escena, como la pasión del búlgaro por cierto cantante es impagable.

 

Jardines del Campo de Sarrià, imagen de www.barcelona.cat

Wolframio y Wenceslao, o Valentí y Fermín, son parejas de personajes que perfectamente podrían haber coincidido con Carvalho y Biscuter en alguna de las novelas de Vázquez Montalbán. Gentes que intentan tirar hacia adelante como pueden, algunos (Wenceslao y Wolframio) con más esperanza que otros (Valentí y Fermín, en el final de sus vidas). Los unos en fase de reconstrucción tras haber superado una etapa que ya no volverá (la de futbolista, en el caso de Wenceslao). Los otros, a la espera del derribo definitivo, apartados ya de toda circulación, como Valentí y Fermín.

Especialmente significativo es el caso de Valentí, jardinero durante más de 40 años del estadio de Sarrià. Aquel césped era su vida. El fútbol era aquel césped. Desaparecido el uno, desaparecido el otro. Y a partir de entonces, el aislamiento. El derribo. La desaparición.

Y todo ello con el telón de fondo de una identificación geográfica muy concreta y precisa, que hace que la novela se convierta también en un homenaje a una cierta zona de Barcelona, con numerosas referencias geográficas que, al menos a mi, me hacen entrar ganas de “recorrerla” y pasear por los lugares que aparecen.

Una novela en la que los dualismos son continuos, con una historia de parejas encabezada por la que para siempre será una de las más distinguidas y elegantes de la historia del fútbol: la formada por Italia y Brasil.

(Por cierto: “bonaerense” y “baronense” solo se diferencien en una letra “e”. ¿Otro dualismo?)

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Una novela, en definitiva, que es una pequeña joya en la que el autor combina diferentes y variados ingredientes para conseguir su objetivo: que el fútbol sea la excusa y el contexto para tratar temas universales. Para demostrar, nuevamente, que el fútbol y la literatura, cuando van de la mano, tienen mucho que decir.

Una historia llena de detalles a los que regresar, de referencias que releer, de ángulos desde los que aproximarse, rica en matices, y que, como al principio decía, me habría gustado hubiera tenido 200 páginas más 😀

MÁS INFORMACIÓN

Podéis leer el primer capítulo de la novela desde este enlace.

En este otro tenéis diferentes referencias aparecidas en prensa sobre la novela. Y aquí una entrevista con el autor.

En este vídeo tenéis una breve entrevista con el autor alguna opinión sobre la novela:

 

Este es el mapa de la novela:

 

Y aquí tenéis un booktráiler:

Diez años de la Champions del Barça en París, «Tenim un nom» y Vicenç Villatoro

 

Hoy os traigo una auténtica asociación en la que fútbol y literatura combinan y organizan una jugada que va desde la Edad Media hasta el día de hoy. Bueno, tampoco esperéis gran cosa, que no soy Umberto Eco. Y, como podréis imaginar, la pared literario-futbolística que me dispongo a describir no deja de tener un punto estrambótico. Pero es lo que hay. Así que vamos allá.

El año 2016 está dedicado en Catalunya a la figura de Ramon Llull, uno de los escritores y pensadores más destacados a nivel europeo de toda la Edad Media. Ramon Llull también da nombre a un prestigioso premio literario, ganado hace seis años por Vicenç Villatoro. Y Villatoro ganó ese premio con la novela «Tenim un nom» («El sueño de París«, en la edición en español), cuyo escenario de fondo es la Champions que el Barça ganó en París en el 2006, y de la que hoy, 17 de mayo, se cumplen exactamente diez años.

La historia de la novela es la siguiente:

Un periodista y su hijo adolescente viajan juntos a París para asistir a la final de la Champions, que jugará el F.C. Barcelona contra el Arsenal inglés. Distanciados desde hace unos años, padre e hijo participarán de la épica del deporte rey y la compartirán con todos los aficionados del campo. Al mismo tiempo, padre e hijo intentarán reconstruir su relación y recuperar, por fin, el tiempo perdido.

Vicenç Villatoro presenta una maravillosa historia repleta de personajes marcados por el pasado: una fascinante narración que nos habla del amor, del paso del tiempo, de las renuncias personales y de la difícil comunicación entre las personas.

¿Lo véis? Gracias al fútbol y la literatura hemos viajado desde la Edad Media hasta el presente pasando por la Champions de París. Un París que protagoniza el título de la versión en castellano de la novela: «El sueño de París«.

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Próximamente… nueva entrega de «Los Futbolísimos»: «El misterio de la lluvia de meteoritos»

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Gran noticia para terminar la semana para los aficionados infantiles al fútbol y la literatura, y es que se aproxima un nuevo número de «Los futbolísimos«, el que correspondería al número 9 de la serie.

Lleva por título «El misterio de la lluvia de meteoritos«, y en esta ocasión acompañaremos al equipo hasta Disneyland París.


Futbolísimos IX - 2

 

Aquí tenéis el booktrailer:

10 de mayo, Ignacio Martínez de Pisón y el gol de Nayim


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Hoy, día 10 de mayo, se cumplen exactamente 21 años de uno de los goles más espectaculares que recuerdo. Fue en 1995, durante la final de la Recopa que el Zaragoza y el Arsenal jugaban en París.

La espectacularidad de gol presentaba tres facetas: la de su gran dificultad, la de su impactante belleza y la de lo que aquel gol, conseguido desde 40 metros en el último minuto de la prórroga de una final europea, significó.

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Ignacio Martínez de Pisón, en su obra «El siglo del pensamiento mágico«, publicada en la colección Hooligans Ilustrados de Libros del K.O., lo (d)escribe así:

Me acuerdo de cuando cayó en mis manos “Fiebre en las gradas”, el libro en el que el británico Nick Hornby recreaba la evolución sentimental de un joven a través de su condición de seguidor del Arsenal. Lo primero que hice fue buscar en el índice las páginas dedicadas al 10 de mayo de 1995, pero la narración concluía con un partido contra el Aston Villa de 1992 y no hablaba de la final de la Recopa que ese 10 de mayo enfrentó al Arsenal y al Zaragoza en el Parque de los Príncipes de París. Se llegó con empate a uno en la prórroga y, cuando ésta estaba a punto de terminar y todos nos preparábamos para la tanda de penaltis, ocurrió lo inesperado. Nayim recibió el balón a la altura de la línea central y, casi sin pensárselo, lo lanzó hacia la portería defendida por David Seaman. El balón subió y subió hasta rozar el cielo de París, y luego descendió en busca del único hueco posible entre el desesperado bracear de Seaman y el larguero de su portería. Aquello no fue un gol: aquello fue un milagro.”

Y aquí tenéis el gol.

Doce meses, doce dorsales: con el número 5, mayo

 

<> at Camp Nou on January 29, 2014 in Barcelona, Spain.

Imagen de www.elgraficochile.cl

 

Si el calendario fuera un equipo de fútbol, el dorsal número 5 lo llevaría el mes de mayo. Y así juega mayo, más o menos, sobre el terreno de juego del fútbol y la literatura.

RONALDO: UN DIOS DE LA INGENIERÍA FUTBOLÍSTICA

Partido Barcelona-Deportivo de La Coruña. Mayo de 1997. El Barcelona aún tiene oportunidades de acercarse al líder, el Real Madrid, pero ha de ganar al Depor cueste lo que cueste. Faltan pocos minutos para el final y se mantiene el empate. Un equipo de gala capitaneado por Ronaldo se ha estrellado una y otra vez contra la muralla de la excelente defensa coruñesa. Ronaldo lo ha intentando una vez más y ha caído al suelo. Parece un atleta vencido, con la mirada perdida buscando algo que sólo él ve. Es la pelota. Y de pronto la pelota rebota en un jugador coruñés y pasa ante Ronaldo como si le invitara a levantarse y seguirla para bailar la samba. La pelota le está diciendo: «Tú estás el primero en mi carnet de baile». El atleta caído obedece la llamada. Se levanta. Recupera la pelota con la punta de la bota y mira hacia la portería. Es el momento Ronaldo, ese instante técnico en que sabe medir como nadie el pasillo que le lleva hacia el gol. Empieza su carrera y su dribling a costa de cuantos adversarios se pongan en su camino y, ante la salida del portero del Depor, el gol está servido. La magia de Ronaldo ha funcionado una vez más, y un episodio se suma a la leyenda áurea de un jugador de fútbol prefabricado a la medida del siglo XXI.

Manuel Vázquez Montalbán, en «Fútbol. Una religión en busca de un Dios«. (Debate, 2005)

Portada Futbol religion dios

 

30 de abril: partido en «Fuera de juego», de Miguel Ángel Ortiz

 

Hoy es 30 de abril, y en el calendario de la literatura futbolera eso significa que hay un importante partido de la Liga Regional Juvenil entre el Alcázar CD y el Nela FC. El partido está programado para las 12 horas, en el Estadio Jesús María Pereda. Aunque estos últimos datos -hora y campo- son simbólicos y orientativos.

El verdadero encuentra se juega en las páginas de «Fuera de juego«, primera novela de Miguel Ángel Ortiz, y una auténtica joya a la que siguió otra más, «La inmensa minoría«.

fuera de juego

 

Aquí tenéis un par de imágenes facilitadas por el propio autor del campo al que se hace referencia en el libro. Fotografías que conservan toda la esencia de los campos de fútbol de hace dos o tres décadas.

 

Campo Pereda

Campo Medina de Pomar

 

Aquí tenéis la referencia al día 30 de abril:

 

Pedro entró en el bar riéndose, mientras Gorka bordeaba los coches aparcados en batería. Al pasar por donde estaban sentados Koldo y Fichy, se quitó uno de los auriculares. Su voz sonó por encima del rumor de guitarras eléctricas.

– Paquetes.

Volvió a ponerse el auricular.

– Subnormal -rumió Koldo.

Cuando Gorka dobló la esquina, le vieron pararse frente a la esquela, en la esquina de Mari Tere. Se recolocó el auricular, mientras la miraba. Después tiró de los pantalones y giró la esquina.

Koldo y Fichu se acercaron hasta la puerta del bar. En el cartel, de fondo, aparecía la silueta de un futbolista corriendo. Encima, en letras mayúsculas, negras y puntiagudas, ponía:

18º PARTIDO LIGA REGIONAL JUVENIL

ALCÁZAR CD vs NELA FC

12:00 HORAS DOMINGO 30 DE ABRIL

ESTADIO JESÚS MARÍA PEREDA

La puerta del bar se abrió de golpe.

– Tú -le dijo Pedro a Koldo-, para dentro.

El bar estaba tranquilo: en una de las mesas redondas, dos mujeres jugaban a las cartas. Un hombre, que empuñaba una cerveza, leía el periódico deportivo en la barra y, en la mesa más cercana a la tarima, un viejo leía la televisión.

– ¿Ahora?

– Hay que preparar bocatas -dijo Pedro encendiendo lo que quedaba de purito.

– No hay ni chus.

Una nube gris se escapó entre los dientes de Pedro.

– Ni chus ni chusa. Coge el balón y para dentro.

– Lo tiene Salva.

– ¿Salva?

– Se lo he dejado.

– Pues venga -dijo Pedro entrando al bar-, al tajo.

– Ya voy -dijo Koldo sujetando la puerta.

Fichu esperó a que Pedro no le oyera.

– ¿No vas a decirle lo del balón?

– Todavía no. ¿Qué vas a hacer?

– Llamaré a Salva.

– Dile lo del equipo. Y a tu novia.

– No es mi novia.

Koldo sonrió.

– Agur. Luego estamos.

 

Y, para acabar, otra imagen que es un auténtico tesoro y que también me facilita el autor. Se trata de la foto de un cartel anunciando un partido entre los mismos equipos que aparecen en el libro, con todo el sabor y la estética de unos tiempos sentimentalmente cercanos para mi, pero cronológicamente ya lejanos.

En este caso, la fecha que aparece es la del 5 de marzo, pero nos vamos a permitir la licencia de considerar que no es más que un error de imprenta, que la que debía aparecer es la del 30 de abril.

Cartel

 

Por cierto, un 30 de abril que coincide con el aniversario del autor. Así que muchas felicidades, Miguel Ángel 😀

28 de abril, Simon Kuper y la tragedia de la selección de Zambia

 

Imagen de www.diariosdefutbol.com

Chabala, Muanza, Changue, Chomba, Kangua, Watiyakeni, Makinka, Mulenga, Mutale, Soko, Muila, Chansa, Muitua, Masuwa, Chikualakuala, Banda y Simamba.

¿Os dicen algo estos nombres? Reconozco que a mi, hasta ayer mismo, no me sonaban de nada. Pero gracias al calendario he conocido sus nombres y su historia. Un episodio triste y trágico, pues se trata de los nombres de los futbolistas de la selección de Zambia que fallecieron el 28 de abril de 1993 en un accidente de avión.

Venían de ganar por 3 a 0 a Islas Mauricio en un partido de clasificación para la Copa África, y se dirigían hacia Dakar, donde jugarían el siguiente partido frente a Senegal, en este caso correspondiente a la fase de clasificación para el Mundial de 1994 de Estados Unidos. Una clasificación que era todo un sueño para la que se estaba revelando como una brillante generación de futbolistas. Un sueño que quedó truncado por culpa de un trágico accidente de avión.

Encontraréis información sobre el trágico suceso en este artículo que publicó el diario El País, y en este otro de la página Diarios de Fútbol.

Y también aparece una referencia al accidente en el fragmento que tenéis a continuación, correspondiente al libro «Fútbol contra el enemigo«, de Simon Kuper y Contra Editorial, y en el que se recuerda aquel triste 28 de abril.

            Etiopía fue una de las veintisiete selecciones africanas que pudo disputar todos los partidos de la fase de clasificación para el Mundial de Estados Unidos. Su primer partido fue contra Marruecos en campo contrario. Los etíopes volaron vía Roma, donde sus cinco mejores jugadores solicitaron asilo político. Solo quedaban ocho jugadores para disputar el partido, por lo que tuvieron que echar mano, para completar el once inicial, del portero suplente, del segundo entrenador y de un amigo. En el descanso, dos de los «fichajes» de última hora no podían con su alma y Marruecos ganaba ya por 5 a 0. Al empezar la segunda parte, tres jugadores etíopes más se rindieron y, con solo seis jugadores sobre el terreno de juego, el árbitro decidió dar por concluido el encuentro. Etiopía no se clasificó para el Mundial.

            Pero lo que le pasó a Zambia por falta de presupuesto fue muchísimo peor. Y es que los integrantes de su selección murieron cuando el avión en el que viajaban a Senegal para disputar un partido clasificatorio se estrelló en el Atlántico el 28 de abril de 1993, cerca de la costa de Gabón. El avión que se suponía que tenía que cubrir 4.800 kilómetros desde Lusaka hasta Dakar, no era más que un pequeño avión militar diseñado para cubrir trayectos cortos. La Federación de Fútbol de Zambia no había podido costearse un avión de línea regular. Cuando se conoció la tragedia, la indignación en Zambia fue mayúscula y las cosas empeoraron cuando los ministros responsables de las investigaciones se trasladaron a Gabón en el potentísimo Douglas DC-8 presidencial. «Jamás en la vida se lo perdonaré a la Federación», declaró Albert Bwalya, quien no había sido seleccionado por discrepancias económicas.

            Pero la falta de presupuesto no fue, como me explicó Burkhard Ziese, un alemán que había entrenado a Ghana, la única causa de la tragedia: «Ten en cuenta que volar en aviones militares no deja de ser más lucrativo tanto para dirigentes como para jugadores. Como no tienes que pasar el control de la aduana, puedes comprar gran cantidad de jabón, perfumes, ginebra y whisky de alta gama a precio muy bajo, y ganar algo vendiéndolo en Ghana».

 

Fragmento de “África (en pocas palabras”, en “Fútbol contra el enemigo”, de Simón Kuper. Contra Editorial, 2012

 

Imagen de www.bbc.co.uk