10 de agosto: #biblioteca y Fútbol Club de Lectura

 

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Hoy, 10 de agosto, se celebra la octava edición del Día de la Biblioteca en twitter. Se trata de una iniciativa en la que participa la comunidad bibliotecaria hispanohablante y que tiene como principal objetivo el de posicionar el mundo de las bibliotecas convirtiendo el hashtag #biblioteca entre las tendencias de Twitter. Para ello, se anima a quien quiera colaborar con esta interesante propuesta a tuitear sobre las bibliotecas añadiendo el citado hashtag.

Como no podía ser de otra manera, el Fútbol Club de Lectura también quiere aportar su granito de arena (o su granito de hashtag) a este proyecto. De hecho, en la pizarra de nuestro particular equipo siempre tenemos escrito el siguiente silogismo:

Si «fútbol y literatura” tienen vínculos estrechos,

Y si literatura y bibliotecas son una sólida pareja,

Luego «fútbol y bibliotecas» pueden combinar a la perfección.

La fórmula, más o menos, es esa. Y para demostrarlo, nada mejor que algunos ejemplos de ello en un día tan señalado como el de hoy.

DORSAL O TOPOGRÁFICO

Sin duda, la principal relación entre bibliotecas y fútbol es la que encontramos con el dorsal 796.332, que es el topográfico correspondiente a los libros de fútbol de no ficción. Ahí, en las estanterías señaladas con ese número, encontraréis los libros futboleros en cualquier biblioteca.

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#biblioteca EN LA FICCIÓN FUTBOLÍSTICA

Fútbol y literatura también combinan (cada vez más, afortunadamente) en el mundo de la ficción, siendo abundantes las novelas en las que lo futbolístico se convierte en tema central. Y ahí, entre las páginas de algunas de esas obras, podemos descubrir que también tiene cabida “biblioteca”. Como muestra, un botón:

“Al día siguiente de su publicación, el Koeman me visitó en la biblioteca. El éxito del primer número me había hecho recibir un alud de ofrecimientos para escribir por parte de los internos, y yo trataba de hacer un esquema con los contenidos del segundo número. Lo vi emocionado”.

Fragmento de «Once goles y la vida mientras«, de Pablo Santiago Chiquero. Editorial Maclein y Parker, 2016.

UNA BIBLIOTECA EN UN ESTADIO

Estanterías, libros, frases, autores… Y ¿qué tal una biblioteca en un estadio? Sí, sí, en el interior de un estadio. Eso es lo que encontramos en Colombia, en la Biblioteca Pública Municipal del Deporte y la Recreación, situada, por sorprendente de parezca, en el interior de un estadio de fútbol: el Pascual Guerrero de Cali.

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Imagen de www.caliescribe.com

LA BIBLIO, UN EQUIPO DE FÚTBOL

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Imagen de www.yorokobu.es

Por lo que parece, y tal y como hasta ahora hemos visto, parece que la relación entre «fútbol» y «#biblioteca» es más estrecha de lo que a priori pudiera parecer, ¿no? Ya puestos a fantasear, sería la bomba que incluso existiera un equipo de fútbol nacido en un entorno bibliotecario. Bueno, un momento. ¿Y si en lugar de fantasear consultamos con la realidad?

Sí, sí. De nuevo, la sorpresa, y es que ese supuesto equipo ya existió. Me refiero al equipo de la Biblioteca Ameghino, también conocido como «la Biblio«, una sorprendente iniciativa que fue capaz de demostrar el poder aglutinador de una #biblioteca. y de quien llegó a ser seguidor, entre otros, el gran Osvaldo Soriano. Podéis leer su increíble historia en este artículo.

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¿BIBLIOTECAS O ESTADIOS? ¡BIBLIOTECAS Y ESTADIOS!

Como podéis ver, “#biblioteca y fútbol” no son territorios alejados entre sí. Sirva como demostración este artículo, con el que espero aportar también mi granito de arena para convertir en realidad las palabras de Filemón Pi en las que, también, hace referencia a las bibliotecas.

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7 de agosto y las «Jóvenes Promesas» de las Olimpiadas de 1920

 

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Imagen de www.marca.com

 

El 7 de agosto de 1920, papá y yo tomamos el tren en la estación del Norte, dejando atrás Madrid y sus calores. Como habría dicho mamá, el viento había soplado y nos llevaba camino de una Olimpiada en la que el deporte debía ser el único protagonista. Siguiendo su ejemplo, me propuse disfrutar de la experiencia, sin cuestionarme ni un instante si las cosas podían haber sido de otra manera.

Fragmento de «Jóvenes promesas» de Juanjo Díaz Polo. Editorial Planeta, 2016.

 

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Doce meses, doce dorsales: con el número 8, agosto

 

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Imagen de www.taringa.net

Si el calendario fuera un equipo de fútbol, el dorsal número 8 lo llevaría agosto. Y así es, más o menos, como juega este mes en el terreno de juego de la literatura futbolera.

Esa era mi Valencia. El campo de Mestalla, la sangre emboscada de El Vampiro, las ruinas ferroviarias donde vivían los gitanos. Más allá, a menos de diez minutos, estaba el mar. Pero el mar era una promesa inalcanzable, una ilusión, la quimera escondida al final de un paisaje laberíntico de sendas, acequias y barrios huérfanos de sentido que tenían nombre y apellidos: las alquerías de Beteró, Isla Perdida, las vías del tren que nos separaban del Cabanyal y sus playas.

A esa ciudad sin músculo de ciudad llegó Mario Alberto Kempes Chiodi en agosto de 1976. Se fue a vivir a la plaza Honduras, que era una de esas manzanas sin gracia dejadas caer entre Mestalla y el mar, entre el barrio de San José y La Isla Perdida. Ir a la plaza Honduras exigía un máster en enfermedades tropicales. Para llegar había que atravesar campamentos gitanos y solares fronterizos donde las bandas rivales se hacían fuertes. A la plaza Honduras sólo íbamos cuando había que decirle a Kempes que metiera un gol. La última vez fue en octubre de 1980. Y Kempes cumplió. Le ganamos al Madrid 2-1. Mario marcó los dos.

Fragmento de «La balada del Bar Torino«, de Rafa Lahuerta Yúfera.

Llibres de la Drassana, 2014

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15 de julio, el Llop Stars y «Pantera negra» de Joan Gols

 

Tal día como hoy, un 15 de julio a las cinco de la tarde, se lanzaba a la carretera la versión futbolística de los Harlem Globe Trotters. Un equipo único e irrepetible, cuya misión principal era la de ir de pueblo en pueblo, de fiesta mayor en fiesta mayor, para ofrecer sus exhibiciones lúdico futbolísticas llenas de jugadas increíbles y goles de bandera, todo cuanto fuera necesario para dejar con la boca abierta a un público ávido de espectáculo.

Tal día como hoy, un 15 de julio, iniciaba su andadura el Llop Stars. Y así lo explica Joan Gols (alter ego de Jordi de Manuel) en su libro “Pantera negra”:

 

Un quinze de juliol a les cinc de la tarda, a la plaça major del poble sota un sol de justícia, els Llop Stars van pujar al guarnit autocar amb el rerefons del repic de les campanes. Les famílies i els amics els acomiadaren agitant mocadors amb els ulls enterbolits. Començava una aventura que cap d’ells no oblidaria.

En «Pantera negra«, de Joan Gols, Proa Editorial (2004)

5 de julio, el Italia-Brasil de 1982 y «Los fantasmas de Sarrià visten de chándal»

 

SócratesImagen de www.jotdown.es


Hoy, 5 de julio, se cumplen exactamente 34 años de uno de los encuentros más míticos y recordados de la historia del fútbol: el Italia-Brasil que se disputó en el desaparecido estadio de Sarrià durante el Mundial de 1982.

Aquel partido es el epicentro de la gran novela «Los fantasmas de Sarrià visten de chándal«, un libro acerca del cual ya escribí este artículo y que os sigo recomendando encarecidamente.

El autor de la novela es Wilmar Cabrera, que también es el propietario de una gran frase especialmente dedicada a ese partido:

El partido Italia-Brasil del Mundial 82 debería estar en el Louvre, como una obra de arte.”

 

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Imagen de http://www.deportes.elpais.es

Así que hoy, 5 de julio, es una ocasión magnífica para recordar aquel partido, volverlo a visionar, saltar por YouTube de vídeo en vídeo y empaparse de la recuperación de emociones insuperables, de deleitarse con imágenes que forman parte de la historia del fútbol, de disfrutar con la contemplación del deambular sobre la desaparecida hierba de Sarrià de auténticas leyendas futbolísticas.

Un día, en definitiva, para disfrutar con la experiencia estética de aquel partido, porque Wilmar, en parte, tiene razón cuando se refiere al contenido artístico de aquel encuentro. Y un día, en resumen, para que os entren unas ganas terribles de revivir lo que aquel partido fue capaz de generar gracias a «Los fantasmas de Sarrià visten de chándal«.

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Aquí tenéis el inicio de la novela:

El golpe de la bala lo mandó al suelo. Cuando sintió que el plomo caliente atravesó su carne, lo único que aquel cuerpo dejó salir por la boca, tras un hilo de baba blanca que ya se asomaba por una de las comisuras, fue la alineación de la selección italiana de fútbol del Mundial de España. Pronunció cada apellido lentamente, casi sin aire, entrecortado por una respiración que se volvía difícil y una visión que comenzaba a oscurecerse.

– Zoff… Scirea, Cabrini, Oriali, Collovati…

Tirado sobre el cemento de la acera de la Travessera de Les Corts con Vallespir, nadando en su sangre, la voz de aquel cuerpo recitaba los apellidos de la Squadra Azzurra para darse fuerzas y mantenerse con vida o para despedirse de ella recordando ese 5 de julio de 1982, cuando Italia ganó a Brasil por 3-2, en el demolido estadio de Sarrià, sobre la avenida del mismo nombre.

– Gentile, Tardelli, Antognoni, Conti… Rossi y Graziani.

 

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Doce meses, doce dorsales: con el número 7, julio

 

 

Si el calendario fuera un equipo de fútbol, el dorsal número 7 lo llevaría julio. Y así es, más o menos, como juega este mes en el terreno de juego de la literatura futbolera.

                Las circunstancias solo me permitieron ver un partido más en vivo, en el Foxboro, el 5 de julio. De nuevo uno de los dos equipos era Nigeria, que había superado la primera fase del torneo a pesar de perder con Argentina. Sin embargo, en aquella ocasión el rival era Italia, que, aunque era una de las favoritas, había jugado tan mal en la fase de grupos que solo por un escasísimo margen estadístico se había clasificado para los octavos de final.

                Durante casi toda aquella tarde en el Foxboro, de un calor y una humedad insoportables, Italia tampoco pareció mejorar ni una pizca. En efecto, mi segundo partido en vivo tenía pinta de acabar en una de las derrotas más inesperadas de la historia del fútbol. A falta de solo dos minutos para el final, ganaba Nigeria 1-0. Los cincuenta y cinco mil espectadores –todos los que cabían en el Foxboro Stadium- habían gritado hasta enronquecer, habían recorrido toda la gama de los sentimientos humanos y, cerca del pitido final, estaban tan agotados emocionalmente como lo estaban físicamente los jugadores.

 

Fragmento de «El milagro de Castel di Sangro«, de Joe McGinnis

17 de junio y el «no gol» de Pelé en el Mundial de 1970

Hoy, 17 de junio, se cumplen 46 años de una de las jugadas más míticas y recordadas de la historia del fútbol. Sucedió en el partido de semifinales del Mundial de 1970 que se disputó en México que enfrentó a Brasil y a Uruguay. Un encuentro que finalizó con el resultado de 3 a 1 a favor de los cariocas, lo que les permitió «vengarse» del maracanazo de unos años antes.

Aquel fue el mundial de Pelé. Y en aquel partido se produjo un «no gol» a cargo de Pelé que ha sido más recordado que muchos otros de los goles marcados en los mundiales.

«El regate» de Sérgio Rodrigues (Anagrama, 2014) es una novela que además de poner el listón de la literatura sobre fútbol muy alto, otorga un gran protagonismo a la jugada de Pelé.

Lo que ves en la imagen liberada por última vez, la definitiva, es lo siguiente: mientras el tal Ancheta que iba a perder el tren se desploma en el césped, la pelota chutada por Pelé pasa rozando el poste derecho de Uruguay. Saque de meta, hecho consumado, el crack de cracks sale chupando un hielo que recogió por ahí con expresión levemente contrariada pero serena.

El viejo detiene el video. Coloca el control remoto en el brazo del sofá, te mira a los ojos otra vez y dice, lo que pasó aquí, Neto, fue simple: Pelé desafió a Dios y perdió. Imagínate que no hubiera perdido. Si no hubiera perdido, la humanidad nunca más habría dormido tranquila. Pelé desafió a Dios y perdió, pero qué desafío soberbio. Ese gol que no hizo no es sólo el mayor momento de la historia de Pelé, es también el mayor momento de la historia del fútbol. ¿Entiendes eso? ¿La intervención de lo sobrenatural, el relámpago de eternidad que cayó a la izquierda de las cabinas de radio y televisión del simpático estadio Jalisco, el 17 de junio de 1970? Puedo asegurarte que eso fue lo que sucedió, yo estaba allí y lo sé, y si fue algo más no me sorprendería, pero, como mínimo, eso fue lo que sucedió y lo que la cinta de video nos permite ver y rever para siempre, ¿entendiste? Una cosa tremenda, Tiziu.

 

Y aquí tenéis la jugada:

 

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Doce meses, doce dorsales: con el número 6, junio

 

Imagen de www.bolanerede.pt

 

Si el calendario fuera un equipo de fútbol, la camiseta con el dorsal número 6 la llevaría el mes de junio. Y así es, más o menos, como juega este mes en el terreno de juego del fútbol y la literatura.

Para empezar, el mundo era un lugar mucho mayor cuando en junio de 1992 abandoné Inglaterra en ferry con una máquina de escribir en la mochila. Antes de internet, era difícil saber algo de Ucrania o Camerún, por ejemplo, sin haber viajado hasta allí. El aislamiento de esos países los hacía también mucho más distintos del resto que ahora. Y desde luego, sus culturas futbolísticas también eran mucho más variadas. Cuando ahora viajo por el mundo para ver partidos, advierto la repetición de los mismos fenómenos en todas partes: las caras pintadas de los aficionados, las camisetas del Barcelona y un estilo de juego cada vez más parecido. Ahora ya no hay tanta diferencia entre el juego de ingleses, americanos, japoneses y cameruneses.

                El significado de ser aficionado también ha cambiado. Cuando escribí este libro, el fútbol europeo enfrentaba regularmente a una tribu contra otra tribu: holandeses contra alemanes, catalanes contra castellanos o católicos escoceses contra protestantes escoceses. Los estadios de fútbol eran todavía un lugar en el que se ponían de relieve las tensiones reprimidas de índole étnica, religiosa, regional y de clase de la Europa Occidental.

 

Fútbol contra el enemigo”, Simon Kuper. Editorial Contra, 2012

10 de mayo, Ignacio Martínez de Pisón y el gol de Nayim


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Hoy, día 10 de mayo, se cumplen exactamente 21 años de uno de los goles más espectaculares que recuerdo. Fue en 1995, durante la final de la Recopa que el Zaragoza y el Arsenal jugaban en París.

La espectacularidad de gol presentaba tres facetas: la de su gran dificultad, la de su impactante belleza y la de lo que aquel gol, conseguido desde 40 metros en el último minuto de la prórroga de una final europea, significó.

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Ignacio Martínez de Pisón, en su obra «El siglo del pensamiento mágico«, publicada en la colección Hooligans Ilustrados de Libros del K.O., lo (d)escribe así:

Me acuerdo de cuando cayó en mis manos “Fiebre en las gradas”, el libro en el que el británico Nick Hornby recreaba la evolución sentimental de un joven a través de su condición de seguidor del Arsenal. Lo primero que hice fue buscar en el índice las páginas dedicadas al 10 de mayo de 1995, pero la narración concluía con un partido contra el Aston Villa de 1992 y no hablaba de la final de la Recopa que ese 10 de mayo enfrentó al Arsenal y al Zaragoza en el Parque de los Príncipes de París. Se llegó con empate a uno en la prórroga y, cuando ésta estaba a punto de terminar y todos nos preparábamos para la tanda de penaltis, ocurrió lo inesperado. Nayim recibió el balón a la altura de la línea central y, casi sin pensárselo, lo lanzó hacia la portería defendida por David Seaman. El balón subió y subió hasta rozar el cielo de París, y luego descendió en busca del único hueco posible entre el desesperado bracear de Seaman y el larguero de su portería. Aquello no fue un gol: aquello fue un milagro.”

Y aquí tenéis el gol.

Doce meses, doce dorsales: con el número 5, mayo

 

<> at Camp Nou on January 29, 2014 in Barcelona, Spain.

Imagen de www.elgraficochile.cl

 

Si el calendario fuera un equipo de fútbol, el dorsal número 5 lo llevaría el mes de mayo. Y así juega mayo, más o menos, sobre el terreno de juego del fútbol y la literatura.

RONALDO: UN DIOS DE LA INGENIERÍA FUTBOLÍSTICA

Partido Barcelona-Deportivo de La Coruña. Mayo de 1997. El Barcelona aún tiene oportunidades de acercarse al líder, el Real Madrid, pero ha de ganar al Depor cueste lo que cueste. Faltan pocos minutos para el final y se mantiene el empate. Un equipo de gala capitaneado por Ronaldo se ha estrellado una y otra vez contra la muralla de la excelente defensa coruñesa. Ronaldo lo ha intentando una vez más y ha caído al suelo. Parece un atleta vencido, con la mirada perdida buscando algo que sólo él ve. Es la pelota. Y de pronto la pelota rebota en un jugador coruñés y pasa ante Ronaldo como si le invitara a levantarse y seguirla para bailar la samba. La pelota le está diciendo: «Tú estás el primero en mi carnet de baile». El atleta caído obedece la llamada. Se levanta. Recupera la pelota con la punta de la bota y mira hacia la portería. Es el momento Ronaldo, ese instante técnico en que sabe medir como nadie el pasillo que le lleva hacia el gol. Empieza su carrera y su dribling a costa de cuantos adversarios se pongan en su camino y, ante la salida del portero del Depor, el gol está servido. La magia de Ronaldo ha funcionado una vez más, y un episodio se suma a la leyenda áurea de un jugador de fútbol prefabricado a la medida del siglo XXI.

Manuel Vázquez Montalbán, en «Fútbol. Una religión en busca de un Dios«. (Debate, 2005)

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