12 de diciembre: el día del fin del fútbol

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Hoy vuelve a ser 12 de diciembre.

El día en qué según la profecía que Patrick Cauviny y Enki Bilal dejaron escrita en «Fuera de juego» de Norma Editorial, el fútbol dejó de existir.

Así es como lo explica Stan Skavelicz, el protagonista de la obra:

“Como iba diciendo, los del Delta Work 3 me llamaron. Les costó bastante encontrarme, y lo comprendo. Hace veintitrés años y siete meses que colgué los auriculares y el micrófono al final de un partido de la copa A. En teoría, los mejores. El índice de escucha fue de 0,37. Inferior al de los reestrenos de las películas mudas que pasaban en el programa de la Old Movies Netword, entre las tres y las cinco de la tarde. A partir de aquel día ya no hubo más partidos. Después de todo, tuve bastante suerte, ya que dejé el oficio en el momento justo en el que no hubiera podido seguir ejerciéndolo.

Fue el 12 de diciembre.

El mismo día en que el fútbol dejó de existir.” 

 


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«La magia del fútbol», de Josep Busquet y Àlex Santaló. Panini Cómics




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¡Descubre todos los secretos del fútbol!

Siempre se dice que detrás de cada aficionado hay un seleccionador pero, en realidad, cuánto sabemos de fútbol. Y somos capaces de hacer comprender a un niño dónde radica la belleza del deporte. Este cómic es una guía esencial para que los niños comprendan el fenómeno del fútbol, las tácticas, el reglamento, la historia y, lo que es más importante, los valores que puede aportar en su desarrollo.

Además, desde el punto de vista didáctico, está demostrado que quienes leen tebeos tienen una mejor comprensión lectora y por lo tanto el cómic en general y éste en particular es una herramienta pedagógica.

El texto anterior corresponde a la contraportada de “La magia del fútbol”, un cómic con guión de Josep Busquet, ilustrado por Àlex Santaló, y publicado por Panini Cómics en junio de 2016. La sinopsis citada condensa a la perfección algunos de los principales elementos de esta más que recomendable obra: la aproximación al fútbol, los valores que como deporte de equipo puede transmitir a los más pequeños, y los beneficios que la lectura de tebeos significan en cuanto a la mejora de la comprensión lectora.

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Imagen de www.alexsantalo.com

La magia del fútbol” proporciona un recorrido por los principales aspectos del fútbol. De una forma muy clara y fácilmente comprensible para los más pequeños, texto y dibujo se combinan para ir desgranando cuestiones relativas al reglamento, el papel de los entrenadores y las tácticas, la importancia del trabajo en equipo, las posiciones sobre el terreno de juego, el árbitro, los principales organismos, los inicios de este deporte o el crecimiento del fútbol femenino, entre muchos otros aspectos.

Incluso, pese a que la línea principal de las explicaciones tenga un marcado carácter didáctico, los autores consiguen encajar de forma magnífica otros aspectos quizá no tan conocidos por el gran público.

Es el caso, por ejemplo, de los nombres de algunas de las estrellas mundiales del fútbol femenino, de la descripción de jugadas tan espectaculares como la chilena, el sombrero o la rabona, o de referencias a jugadores que han pasado a la historia por su en parte excéntrica forma de entender el fútbol, como los porteros Chilavert o el loco Higuita.

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El hilo argumental parte de un grupo de niños jugando al fútbol en un parque. Sus padres, que hacen de espectadores, intervienen mostrando lo peor de este deporte: el individualismo, la competitividad, el egoísmo…

Alguno hace mención a que ya está buscando agente para su hijo, mientras que otro considera que el suyo es una auténtica figura. Mientras tanto, un señor mayor observa la escena y la actitud de niños y padres, y decide intervenir. Lo que hará a partir de entonces es ofrecer a dos de los niños, sus nietos y protagonistas de la historia, el recorrido por el fútbol y todo lo que con él tiene que ver que iremos descubriendo página a página.

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La forma de mostrar estos elementos y su distribución en las viñetas es muy clara, con predominio de los primeros planos y fondos de color, en un tipo de dibujo de tipo realista, de marcados perfiles y sombreados que aportan volumen y dinamismo a la ilustración, convirtiendo cada página en un conjunto visualmente muy atractivo a la vez que comprensible. La edición, en tapa dura, es muy cuidada, con un total de 48 páginas todas en color.

La magia del fútbol” es, así, uno de esos libros cuya lectura es ideal para realizar conjuntamente por padres e hijos futboleros, puesto que podrán descubrir de forma muy pedagógica cosas muy interesantes sobre el mundo del fútbol. Pero, más importante aún, es que podrán descubrir que el fútbol puede ser mágico si se sabe extraer de él todo lo bueno que contiene. Que es mucho.

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MÁS INFORMACIÓN

Podéis leer otras reseñas sobre el cómic en los siguientes enlaces:

 

Y aquí tenéis el booktráiler grabado por Josep Busquet, el guionista de la historia.

F.C. Barcelona-Real Madrid y la tripleta Vila-Matas, Gamero, Landero




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Es inevitable. Cada vez que llega un Barça-Real Madrid (o un Real Madrid-Barça) la primera imagen que me viene a la cabeza no es la de Messi, Iniesta o Busquets, ni la de Cristiano Ronaldo, Bale o Benzemá. No. Lo primero que visualizo es el rostro de dos escritores, uno al lado del otro, dos autores a los que admiro y a los que imagino atentos al devenir del partido. Me estoy refiriendo al culé Enrique Vila-Matas y al merengue Javier Marías, dos escritores para quienes el fútbol no ha sido una afición de la que haya que esconderse, y dos de los principales responsables en demostrar que la relación entre fútbol y literatura puede ser muy placentera.

También me acuerdo, cómo no, del gran Vázquez Montalbán, y de Juan Villoro. Y de Jordi Puntí y de Sergi Pàmies. Y de muchos otros. Tantos, que cualquier día me lío la manta a la cabeza y transformo esa canción de Sisa que tanto me gusta (“Qualsevol nit pot sortir el sol”) y la convierto en un “Qualsevol dia surten els escriptors al terreny de joc”. Tiempo al tiempo.

Puestos a inundar la cabeza de suposiciones añado una que me asaltó el otro día. Tenía que ver con mi amigo Jorge Gamero, también escritor, y autor de un magnífico relato futbolero cuyo título es “La alineación” y acerca del cual ya hice referencia en su día en este artículo. Jorge es muy culé, tanto como Vila-Matas, de quien es tan admirador que se ha dejado infectar de manera voluntaria de esa vilamatiana enfermedad denominada “El mal de Montano”. Así que me los imaginé a ambos sentados en el Camp Nou, el uno al lado del otro, comentando la jugada. La futbolística, por supuesto, no la literaria.

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Recuerdo que hace tiempo explicó Vila-Matas explicó un encuentro con Guardiola, gran aficionado a la lectura, como es de dominio público. De lo que el escritor quería hablar era de cuestiones futbolísticas. Lo que al entrenador le interesaba eran los asuntos literarios. Por eso, estoy convencido que mi amigo Jorge y Vila-Matas se pasarían el partido hablando de fútbol, soltando algún que otro improperio (literario, eso sí) de tanto en tanto, y completamente absorbidos por los vaivenes del balón.

Y siguiendo con mi elucubración del otro día, y aplicando “Otra vuelta de tuerca” más que diría Henry James, decidí introducir más personajes en la escena, y no se me ocurrió otra cosa que darle un papel a Luis Landero, reconocido merengue y quien, para más inri, actuó como padrino literario en la presentación madrileña de un libro escrito por Jorge Gamero. Y ya con la escena completa me imaginé a los tres, Vila-Matas, Gamero y Landero (buena tripleta, fonética de alineación) sentados en el estadio, muy juntitos los tres, intentado cada cual empujar a su equipo hacia la victoria.

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Como podéis comprobar, la imaginación puede ser muy traviesa. Afortunadamente, siempre nos queda la literatura para continuar a flote. Y, por eso, nada mejor que un texto de Enrique Vila-Matas hablando sobre Barça y Madrid para poner orden:

Al principio de esta Liga, viendo cómo los dos supuestos colosos, Barça y Real Madrid, ganaban de calle sus primeros partidos, se llegó a pensar que no perderían nunca un solo punto con nadie y que la competición sería la más igualada y más monótona de toda la historia. Pero había en esta perspectiva de tedio algo que no cuadraba y llevaba a pensar en unas palabras de Maradona en los años ochenta: «En el fútbol español, cuando el Madrid va bien, el Barça va fatal, y viceversa. Nunca se ha visto algo distinto».

¿Por qué iba a ser diferente este año? Lo más sensato era suponer que, aun en el caso de que Barça y Madrid conocieran triunfales trayectorias simétricas hasta el final de la competición, siempre uno de los dos, aunque tan sólo fuera ligeramente y por un mínimo detalle, acabaría saliendo mejor parado de una eventual comparación, dejando al otro de inmediato hundido en una crisis.

Barça y Madrid no pueden ser felices al mismo tiempo. Aunque la diferencia sea minúscula, uno de los dos ha de ser superior al otro…”

Enrique Vila-Matas en «Cuando nunca perdíamos«. Editorial Alfaguara

Disfrutar del partido y de la literatura futbolera. Y como dice el tópico, «que gane el mejor… lector».

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Imagen de www.GQ.com

Doce meses, doce dorsales: con el número 12, diciembre

 

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Si el calendario fuera un equipo de fútbol, la camiseta con el número 12 lo llevaría el mes de diciembre. Y así es, más o menos, como se desenvuelve este mes sobre el terreno de juego de la literatura futbolera.

«Víctor… Señor y Víctor… ha caído… Señor, Señor, goooooooooooool, gooooooooooooool de Seeeeeñor, goooooooool de Señor, el número doce, señores…»

Y así se cumplieron treinta años del partido. Una tarde de diciembre, Diego veía los informativos de la televisión cuando escuchó la noticia: el 12 a 1 cumplía tres décadas. Era una cifra redonda, por lo que hubo un largo reportaje sobre la hazaña y repitieron íntegra aquella narración que Diego se sabía de memoria. El aniversario lo sacudió como a veces nos sacude ver las fotografías en las que éramos más jóvenes, y Diego se limitó a susurrar para sí mismo: 

-Joder, cómo pasa el tiempo. Treinta años.

Pablo Santiago Chiquero, en «Once goles y la vida mientras«.

Maclein y Parker, 2016

Sombra tipo novela

«La jugada de mi vida. Memorias», de Andrés Iniesta, Ramon Besa y Marcos López. Malpaso Editorial

 

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Si mal no recuerdo, creo que era el principio de incertidumbre de Heisenberg el que establecía que no es posible conocer con certeza la realidad de las cosas. Cuando las observamos intervenimos sobre ella, interactuamos, la modificamos, por lo que de un modo u otro introducimos alguna modificación en su esencia. Al mismo tiempo, la observación acaba construyendo en parte la realidad que observamos, de forma que lo que vemos acaba impregnado de una pátina externa: la que aportamos nosotros.

Me sirve esa idea para hablar de “La jugada de mi vida. Memorias”, el libro de Andrés Iniesta, escrito con la colaboración de los periodistas Ramon Besa y Marcos López, y publicado por la editorial Malpaso, puesto que está estructurado no desde el punto de vista de la persona que escribe su autobiografía, ni del de aquellos que escriben una biografía. En este caso, “la realidad Iniesta” es una construcción coral, fabricada desde la visión de múltiples voces, las de la mayoría de aquellos que han tenido algún tipo de relación con el jugador, tanto desde el punto de vista deportivo como personal y familiar.

Esta no es una biografía normal, no es el tradicional relato de una vida. Ni siquiera es un libro sobre “Iniesta”. Es, en realidad, el libro de Andrés. Su libro.

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De este modo, a través de la superposición de miradas y de recuerdos vamos conociendo la historia de uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol desde sus inicios de niño y su llegada a la Masía, una experiencia ambivalente por lo que suponía de acercarse a un sueño a costa del peaje que supone el desgarro de la separación familiar.

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Imagen de la web de Malpaso Editorial

SINOPSIS

Si pones mi nombre en Google tal vez llegues a creer que puedes averiguar todo lo esencial sobre mi, tú y miles de personas. Allí, al fin y al cabo, te saldrá mi vida al instante. Pero no lo sabrás todo, ni mucho menos. Hay hechos que no han trascendido, episodios que me gustaría contextualizar, experiencias que necesito ordenar… Más que una necesidad es una ilusión: la de ver mi verdadera historia reflejada en un libro, en una autobiografía. Sería feliz si este relato gusta a los lectores tanto como mi juego porque al escribirlo he puesto el mismo empeño e interés que pongo en el campo cuando visto las hermosas camisetas del Barça o la selección. Ésa era mi meta.

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Éste es el libro de Andrés. Ni más ni menos. Quienes estén acostumbrados a las memorias donde el héroe registra uno tras otro los episodios más gloriosos o banales de su existencia (casi siempre ensalzando los éxitos y velando los fracasos o los miedos) tal vez se sorprendan al advertir que nuestro protagonista aparece menos de lo que, en principio, sería de rigor. Andrés hace aquí todo lo contrario. Asoma en todos los capítulos, interviene en las controversias, puntualiza, aclara, confirma o desmiente; está ahí, pero casi siempre lo vemos con los ojos de las personas que lo han acompañado. Está, pues, en cada línea de esta obra. Convertido en el capitán del Barcelona y en el símbolo de un fútbol que ha conquistado el planeta, quiso detener el cronómetro. Paró el balón y miró atrás. La pelota, como siempre, ha sido suya.

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Pese a su calidad como futbolista y al reconocimiento internacional alcanzado, Iniesta siempre se ha mostrado como una persona discreta, alejada de todo cuanto tenga que ver con los fastos del espectáculo. Poco dada a generar noticias fuera del terreno de juego, convive con su mediática profesión con una extraña normalidad. Sin embargo, en la trastienda de esa fachada existen recovecos desconocidos que este libro nos viene a revelar.

Y es que en “La jugada de mi vida. Memorias” profundizamos en una realidad a veces inesperada que nos lleva a conocer episodios marcados por el éxito y el triunfo, pero también otros más oscuros, llenos de dificultades, en los que el jugador tuvo que superar momentos complejos y nada fáciles en lo personal.

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Imagen de la web de Malpaso Editorial

Para darnos a conocer ese “mundo Iniesta” la estructura que el libro sigue es la de ir dando la palabra a una multiplicidad de voces y visiones, lo que permite construir un completo retrato del Iniesta jugador, pero también del Iniesta persona. Cada uno de los personajes invitados a exponer su visión añade una pincelada al retrato, completándolo, añadiendo nuevos matices al resultado final. Todas las perspectivas son abordadas, la personal y la deportiva, la de quienes han sido compañeros suyos y la de quienes le rodean.

Todavía ahora interrumpe su relato con un largo silencio cuando evoca aquella primera noche lejos de casa. Llegó finalmente a la Masía en septiembre de 1996 porque, tra»s varias semanas de dudas e incertidumbres, sorprendió a su padre con una petición inesperada: «Papá, quiero ir. Llámalos, por favor».

El perfil que finalmente acabamos descubriendo nos muestra aspectos desconocidos e incluso sorprendentes en algunas circunstancias. Por eso es muy adecuada la advertencia que Andrés hace cuando afirma que “… tal vez llegues a creer que puedas averiguar todo lo esencial sobre mí… Pero no lo sabrás todo, ni mucho menos”.

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No hace mucho dedicaba este post a “Torneo”, de Miguel Pardeza, una obra también publicada por Malpaso en la que se nos descubría también que lo que el público acostumbra a ver en el caso de los futbolistas famosos son las luces, pero pocas veces las sombras. Coincide en ese aspecto con el libro de Iniesta, puesto que ayuda a entender que el triunfo no siempre es un camino de rosas.

Por “La jugada de mi vida. Memorias” van desfilando todos aquellos que han tenido una relación más o menos directa con Andrés Iniesta, desde aquellos que lo acompañaron en sus primeros pasos en la Masía hasta compañeros actuales y pasados.

La obra está dividida en dos partes. En la primera, “En un lugar de la cancha”, vamos conociendo su evolución como deportista y los principales episodios de su carrera, tanto los positivos como los negativos, conocidos desde la perspectiva de quienes estuvieron junto a él en cada uno de esos momentos. La segunda parte, “Desde la banda”, cede la palabra a excompañeros y a rivales, completando así una completa y elaborada aproximación a la figura del jugador, como órbitas cuya trayectoria acaban perfilando sus rasgos más profundos.

Por las páginas del libro desfilan los primeros compañeros en Fuentealbilla, su pueblo natal, y también quienes formaron parte de aquel equipo que llamó la atención en sus primeros años. Se nos habla de su llegada a la Masía, de su paso por las categorías inferiores del Barça, de su ascenso al primer equipo y de sus vivencias hasta alcanzar asentarse en él. La Champions, la selección, entrenadores y preparadores, compañeros y rivales, amigos y familiares… Todos ellos nos ayudan a comprender un poco más quien es Andrés Iniesta.

Y, como anécdota en esta sección, citar el completo análisis futbolístico que Laudrup hace sobre la forma de jugar de Iniesta, o la particular referencia de Sergio Ramos cuando habla de él como rival. Para terminar, una especie de vuelta al origen para cerrar el círculo del libro, otorgando la palabra a sus padres, quienes tuvieron que pasar por la experiencia de ver cómo su hijo marchaba de casa con tan solo doce años para cumplir un sueño, a cambio de renunciar a una infancia.

MÁS INFORMACIÓN

Puedes leer el artículo que sobre el libro escribió Miguel Ángel Ortiz para la revista Panenka en este enlace.

Aquí tenéis el tráiler del libro:

 

Y aquí tenéis dos de los goles que han marcado la trayectoria futbolística de Iniesta: el que marcó en Stamford Bridge y el de la final del Campeonato del Mundo del 2010.

 

 

Promoción de la lectura desde el mundo el fútbol: «Letras y fútbol», Fundación del Athletic de Bilbao

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Esta tarde, el estadio de San Mamés acogerá la quinta jornada de la edición de este año de «Letras y Fútbol«, una iniciativa más que consolidada que está organizada por la Fundación Athletic Club con la colaboración de la Diputación Foral de Bizkaia y el patrocinio principal de Euskaltel

Se trata, sin duda, de una propuesta que se ha convertido en el auténtico referente de vinculación entre fútbol y literatura, que edición tras edición consigue proponer un programa en el que letras y fútbol son emparejados desde diferentes perspectivas, una apuesta valiente y necesaria que contribuye a potenciar el mensaje de que el fútbol es mucho más que un deporte para «almas pequeñas que pueden ser saciadas por los embarrados idiotas que lo juegan«, como afirmaba Rudyard Kipling.

Cada año, por estas fechas, cuando una nueva edición del festival se acerca, me propongo hacer lo posible por no perderme tan suculento banquete de fútbol y literatura. Luego, claro está, llega la realidad del currito como yo y de una colleja me pone firme y mirando, no a Cuenca, sino a Bilbao.

Por eso, mientras espero el día en que pueda pisar San Mamés en noviembre, reinterpreto la frase de Eduardo Galeano (quien, por cierto, ya estuvo en una de las ediciones de «Letras y Fútbol«), y grito:

«Yo no soy más que un mendigo de fútbol y literatura. Voy por el mundo, libro en mano, y en los estadios, librerías y bibliotecas suplico una linda lecturita por amor de Dios. Y cuando el buen fútbol sucede en un libro, agradezco el milagro sin que me importe un rábano cuál es el club o el país que me lo ofrece».

Pues eso.

Y por si alguien necesita más información sobre el festival «Letras y fútbol» puede entrar en su página web, y también la tiene en su pagina web, y también mirar este vídeo en el que Galder Reguera, su responsable, lo explica detalladamente.

«Lobos mendocinos» y «leones bilbaínos» unidos por la literatura y el fútbol

 

 

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Un océano, más de 10.000 kilómetros y dos continentes. Esa es la distancia que separa a dos clubes de fútbol: el Athletic de Bilbao (de la liga española) y el Gimnasia y Esgrima de Mendoza (de la liga argentina). Sin embargo, y pese a tratarse de dos mundos aparentemente sin contacto, ambos clubes tienen más cosas en común de lo que parece.

Para empezar, unos y otros son conocidos por sobrenombres extraídos del mundo animal. Leones, los de Bilbao, y lobos, los de Mendoza. Pero además, y más interesante aún, es que ambos han coincidido en dedicar este noviembre a demostrar que el fútbol alberga un gran potencial literario, y que la literatura puede ser muy futbolera.

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Para ello, los bilbaínos han organizado una nueva edición de su exitoso ciclo “Letras y fútbol” que se celebrará del 7 al 12 de noviembre. Seis días con un espectacular programa que pondrá de manifiesto, una vez más, que al fútbol también se puede jugar con letras, palabras y frases.

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Y los “lobos mendocinos”, por su parte, celebran hoy, 4 de noviembre, una sesión dedicada al fútbol y la literatura con el atractivo título de “No tan rústicos”. La iniciativa después de que un grupo de aficionados (entre los que se encontraba un escritor, un pintor, un músico, etc.) decidieran crear una Comisión de Cultura.

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La sesión contará con la presencia de tres escritores que son seguidores de equipos diferentes: Gabi Jiménez (de Gimnasia y Esgrima), Fernando Montaña Berdugo (de Atlético Argentino), y Leandro Hidalgo (de Huracán Las Heras).

Tres autores que explicarán historias y relatos de fútbol a la audiencia.

Podéis escuchar una entrevista radiofónica con Gabriel Jiménez, uno de los escritores participantes, explicando más detalles sobre esta interesante propuesta, haciendo clic en este enlace.

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«En Nicolau blanc-i-blau i el seu amic Quitu», de Georgina Esteva y Montse Buñuel. Editorial Gregal

 

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Los aficionados del RCD Espanyol tienen una magnífica herramienta para introducir a los más pequeños en el sentimiento “perico”. Se trata de “En Nicolau blanc-i-blau i el seu amic Quitu”, un libro destinado al público infantil que les ayudará a conocer aspectos relacionados con el club de la mano de la aventura que viven Nicolau, Sebastià y Pau a partir del día que encuentran un periquito a quien pondrán de nombre “Quitu”.

La obra está escrita por Georgina Esteva, ilustrada por Montse Buñuel y editada por la Editorial Gregal, la misma del libro “Quan no érem ni onze”, al que ya dediqué un artículo en el blog.

“En Nicolau blanc-i-blau i el seu amic Quitu” combina la transmisión de una idea de club –el RCD Espanyol- con la aventura que viven los protagonistas. Nicolau, el narrador, juega en el fútbol base del equipo blanquiazul, y sueña con ser futbolista. Sus mejores amigos son los gemelos Sebastià y Pau. El primero de ellos, es compañero de equipo de Nico, mientras que Pau considera que el fútbol es un deporte aburrido y prefiere dedicar su tiempo libre a hacer acrobacias con un monopatín.

«M’ho imagino amb un somriure a la cara, amb la mirada perduda més enllà de la finestra. Penso que sóc un superjugador de futbol de l’Espanyol».

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Un día Pau descubre un pájaro que necesita ayuda en la copa de un árbol. Trepa por él hasta que consigue alcanzarlo, descubriendo entonces que se trata de un periquito. Los tres amigos decidirán entonces adoptarlo como mascota, aunque ese hecho llegará también a provocar algunos conflictos entre ellos. A partir de este momento, la historia intercala la influencia de Quitu en el día a día de los chicos: quién se encargará de cuidarlo, los momentos en la escuela, los entrenamientos y los partidos.

En la sinopsis leemos:

En Nicolau blanc-i-blau i el seu amic Quitu narra la història d’en Nicolau, un nen apassionat del futbol. El seu gran somni és jugar, algun dia, al primer equip de l’Espanyol i esdevenir Aixa un jugador professional. Però això encara li queda ben lluny i, mentrestant, entrena i juga amb l’equip base amb il·lusió.

En Nicolau no només jugarà a futbol, sinó que viurà una sèrie de aventures inesperaes i farà, també, un nou amic: en Quitu. Vols saber qui és en Quitu? Doncs, apa, no esperis més, obre el llibre i comenta a llegir! De passada, aprendràs la història del club i descobriràs els valors de ser periquito.

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La aparición de Quitu en la vida de los tres protagonistas provocará la aparición de algunos conflictos que los amigos deberán aprender a gestionar. El libro, así, no solo se limita a mostrar las peripecias más directamente relacionadas con la práctica del fútbol. También encontramos en él situaciones relacionadas con la amistad, la gestión de conflictos, las formas de superar la frustración, la recompensa por el esfuerzo, la importancia del grupo e incluso para los primeros contactos con el sentimiento amoroso.

«El periquito és la mascota dels futbolistes i admiradors de l’Espanyol. A tu no t’agrada ni el futbol ni l’Espanyol, així que fora! Serà la meva mascota -afirmo irritat.

La obra incorpora abundantes ilustraciones, todas en color y de gran atractivo, muy plásticas, haciendo que la lectura sea muy agradable.

Un libro, como decía al principio, que es una magnífica opción de regalo para todos los aficionados pericos que quieran introducir a los más pequeños en lo que es su club, y que además de la ficción que explica incorpora unos apuntes históricos sobre el RCD Espanyol, así como la letra del himno.

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Y el vídeo de la presentación del libro:

 

Doce meses, doce dorsales: con el número 11, noviembre

 

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Si el calendario fuera un equipo de fútbol, el dorsal número 11 lo llevaría noviembre. Y así es, más o menos, como juega este mes en el terreno de juego del fútbol y la literatura.

 

“La emoción del fútbol no está solo en el gol, sino en la ocasión perdida, en el balón que salió del campo a milímetros de los palos o en los que tropezaron con éstos cuando el público ya se había puesto en pie en los graderíos.

            El 16 de noviembre de 1948 en las páginas de ABC el escritor académico Wenceslao Fernández Flórez, que por entonces firmaba una sección en las páginas de deportes titulada «Entre portería y portería», llegó a la conclusión de que ese mundo de ayes y suspiros, de lamentaciones y, a veces, de tristes consuelos debía tener un nombre propio y lo expresó así:

            «Un cierto sentido de la equidad me instiga a difundir que si bien el Celta no obtuvo ningún gol, cosechó varios interesantes vicegoles. Así como el vicepresidente es lo que más se aproxima al presidente, y las vicetiples, aunque no son siempre las que se aproximan más a las tiples, les siguen en categoría, así llamo yo “vicegol” al hecho de que una pelota pase por encima o al lado de la puerta o bata en los largueros, sin ser gol, pero en inminencia de serlo. Este fenómeno carece de denominación propia en el fútbol y yo tengo un gran placer en condensarlo en una sola palabra, de la que hago regalo para contribuir al esplendor del deporte.

            “Vicegol”… Suena bien y es a un tiempo consoladora y exacta.»

 

Fragmento de “El gol”, capítulo 7 de “Épica y lírica del fútbol” de Julián García Candau. Alianza Editorial, 1996

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24 de octubre: Día de la Biblioteca… y el día que «La Biblioteca migró al fútbol»

 

El fútbol y la biblioteca forman parte de la cultura de la gente, no tienen que estar separados.

Pablo Sevilla, uno de los impulsores del equipo de «la Biblio»

“…se arrimaron a jugar al fútbol y terminaron leyendo una poesía.

Omar Panza Majul, odontólogo, volante y goleador

del equipo de «la Biblio»

 

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Desde el año 1997 cada 24 de octubre se conmemora el Día de la Biblioteca. La propuesta surge de la Asociación Española de Amigos del Libro Infantil y Juvenil, apoyada por el Ministerio de Cultura, en recuerdo de la destrucción de la Biblioteca de Sarajevo, que fue incendiada el 1992 durante el conflicto balcánico.
La iniciativa nació para trasladar a la opinión pública la importancia de la biblioteca como lugar de encuentro de los lectores de todas las edades con la cultura, y como un instrumento de mejora de la formación y la convivencia humana.
Para el Fútbol Club de Lectura, una biblioteca es el estadio simbólico en el que el fútbol se continúa practicando sobre el terreno de juego de las páginas de los libros. Por eso, hoy es un buen día para recordar el artículo «Fútbol, bibliotecas y el dorsal 796.332« que publiqué el año pasado para conmemorar este día.
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En el artículo, además de hacer referencia a las bibliotecas como despensa de los amantes del fútbol y la literatura, también hablaba del número 796.332, el correspondiente a los libros cuyo tema es el fútbol según la Clasificación Decimal Universal.
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En el artículo también aprovechaba para destacar la existencia de un lugar que es un auténtico oasis para quienes consideran que fútbol y bibliotecas son la pareja perfecta. Se trata del Estadio Pascual Guerrero de Cali (Colombia), el primero de Latinoamérica que dispone de… una biblioteca pública de deporte.
Un lugar que destroza todos los tópicos en los que fútbol se relaciona con incultura, puesto que aquí se puede afirmar que uno va al estadio a culturizarse.
Pero, sin duda, si queremos hablar de bibliotecas y fútbol no podemos dejar de recordar el extraordinario caso de la Biblioteca Florentino Ameghino, situada en Venado Tuerto, en la provincia argentina de Santa Fe. La restauración de la biblioteca de la ciudad por parte de un grupo de jóvenes con inquietudes culturales se vinculó a la creación de un equipo de fútbol de vestimenta extravagante y colorido, como contraposición al oscuro clima de la dictadura militar. Corría el año 1982, y aquellos jóvenes se llamaban los muchachos de la «Biblio».
Vale la pena leer la historia. Desde este enlace podéis acceder al texto escrito por Juan Mascardi en la página http://www.yorokobu.es Por si tenéis algún problema para acceder a la página os la transcribo íntegra. Disfrutad de la historia.

La biblioteca que migró al fútbol

POR JUAN MASCARDI – 08 MAYO 2013

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“Dijo Gabo: cuando un cuento es bueno tiene que parecer verdad y para que una crónica sea buena ha de parecer mentira”, Alberto Salcedo Ramos cita a Gabriel García Márquez

 

Los exjugadores se disfrazan de jugadores. El ropaje es anacrónico. Camiseta mitad amarilla y mitad roja cruzada en diagonal, pantalones a discreción, pompones en las medias, zapatillas para algunos, para otros botines usados. Se reencuentran y se cambian en un vestuario ajeno. Dos décadas después pretenden entonar los viejos cánticos. Desafinan con el ritmo de Sobreviviendo del cantautor Víctor Heredia. Le cambian la letra:

Tomamos vino puro en damajuana

y los boludos dicen que es marihuana…

 

Luego, el anti-insulto, la canción que desconcertaba a los rivales.

Ay qué ordinarios

son los contrarios

ellos tocan el bombo con la manguera,

eso a nosotros si nos desespera

 

Salen a la cancha. Hay menos de veinte simpatizantes desperdigados en las gradas de madera y cuatro banderas: ‘Enamórese’, ‘La vida ataca a los molinos’, ‘San Eduardo contigo puedo’ y ‘Tristeza aquí no entrás’. El viejo director técnico Dionisio Rubio, un excomisario que abandonó la Policía de Santa Fe por no aceptar las órdenes criminales que emitía la cúpula de la fuerza durante la dictadura de Jorge Rafael Videla, habla. Les habla.

Hoy es un día histórico para el fútbol. Esto es muy hermoso porque nos volvemos a encontrar después de veinte años. Ustedes fueron verdaderos cracks, jugadores que convocaban hinchas de otros clubes que venían a verlos”.

Dionisio se agacha y abre una canasta.

Nuestro símbolo de paz y libertad fue la paloma”.

En efecto, la casaca alternativa de la Biblioteca Ameghino era blanca, lisa con una paloma en el pecho. De la canasta salen un puñado de aves. La escena es surrealista. Los pájaros vuelan. Los jugadores aplauden. El DT vestido de DT continúa con el simulacro y da una brevísima charla técnica. Nosotros tratamos de grabar con tres cámaras la mayor cantidad de detalles, gestos y sonidos. Somos los responsables del disfraz. Deseamos contar la historia de la biblioteca transformada en equipo de fútbol y sugerimos una consigna casi como una exigencia: si el equipo se reencuentra deben jugar vestidos de jugadores. En la propuesta decimos “vestidos”, jamás “disfrazados”. El simulacro crece, los actores actúan y se apropian de su pasado.

Los exjugadores no pueden meterle un gol al equipo juvenil del club Jorge Newbery de la Liga de Venado Tuerto. La ficción propuesta para el documental es un fiasco. Los exjugadores se cansan a los quince minutos. Los partenaires no se dejan ganar y meten un golazo. Nadie entiende nada. Dionisio se exalta. Sobre el final, Lalo Pieroni, el volante derecho devenido en psicólogo aprovecha un rebote en el travesaño y la mete con el arco libre. El partido termina 1 a 1. Nosotros tenemos algunos inserts de apoyo para ‘vestir’ las entrevistas. Yo me quedo con ganas de entrar a la cancha, como lo hizo cierta vez el escritor Osvaldo Soriano.

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Un hombre medio gordo, medio pelado, medio canoso, medio tímido, medio petiso pregunta:

Disculpen, ¿esta es la Biblioteca Ameghino?

Un grupo de directivos, hinchas y lectores, en su mayoría jóvenes recién salidos de la escuela secundaria, hacen lo de siempre: juegan al truco, pintan paredes, recauchutan libros, diseñan acciones, debaten ideas, componen canciones. Están en el hall de la Biblioteca Florentino Ameghino de Venado Tuerto, el espacio que literalmente tomaron en 1984 cuando la reapertura democrática dejó de ser una promesa. Están en una ciudad ubicada en plena Pampa Húmeda, en el centro del polo agroexportador más importante de Argentina. Están en el sur de la provincia que tiene forma de bota: Santa Fe. Están tan concentrados en lo que están haciendo que responden automáticamente: “sí, ésta es la Biblioteca Ameghino”.

Yo soy Osvaldo Soriano, hoy tengo que dar una conferencia.

Los muchachos no reconocen al escritor sin rostro, al columnista sin foto. Los jóvenes que siempre devoraban las contratapas del innovador diario Página 12 jamás habían leído un libro de Soriano. El autor de las novelas Triste, solitario y final y No habrá más pena ni olvido había regresado a la Argentina luego de un prolongado exilio en Bélgica y se acercó a esa particular experiencia cultural que mezclaba literatura con fair play. Se quedó en la ciudad todo el fin de semana. “Hubo una amistad con Osvaldo hasta el día de su muerte”, recuerda Pablo Sevilla, bibliotecario y dirigente futbolístico en la Biblioteca Florentino Ameghino. “Él era un intelectual que amaba el fútbol”.

Soriano no fue el único escritor que recorrió los 370 kilómetros por la ruta nacional 8 para llegar a Venado Tuerto. Desde Buenos Aires, otros intelectuales hicieron el mismo camino: Tomás Abraham, Beatriz Sarlo y Juan Carlos Portantiero, entre otros. Y, desde Uruguay, llegaron Eduardo Galeano y Mario Benedetti.

El fútbol tiene la significación de una guerra sin muertos, pero con conflicto. Con drama, reflexión e ironía. Y amalgama a la familia, cosa que no consigue la política”. Así, el Gordo Soriano, definía su pasión, su eterno amor de infancia. Porque Soriano es, ante todo, futbolista. El narrador que hasta los 20 años jugó de centrodelantero en las áridas tierras australes, el autor que imaginó al hijo de Butch Cassidy como árbitro en un partido de fútbol en la Patagonia, fue uno de los pocos intelectuales que traspasó el espacio de los libros para cumplir un deseo: salir a la cancha junto a esa infrecuente formación donde el arquero vestía un buzo que emulaba un frac y los jugadores portaban bermudas a cuadros como un mantel.

Fue en un partido en Murphy —dice Pablo Sevilla—. A mí me tocaba, de algún modo, cuidarlo. Soriano salió a la cancha con el plantel.

El equipo posa para la foto. El Gordo está de pie en el margen izquierdo abrazado al capitán Marcelo Sevilla y al arquero Marcelo Dabove, de frac, vincha y sonrisas. Minutos antes de comenzar el partido, Pablo, el dirigente, se acerca hasta el escritor porque lo nota conmovido, excitado.

—¿Te pasa algo, Osvaldo?

—Daría todos los libros que escribí en mi vida por volver a jugar al fútbol.

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El perfil del DT es desconcertante. Dionisio Rubio quiebra el estereotipo del policía duro y se autoproclama como guía, es el camino de acceso para contar la historia. El hombre al frente de la dirección técnica de un equipo rebelde, con ideas que marchaban a contramano de los estándares conservadores de la época, transformó su propio pasado. La Biblio fue la experiencia que le permitió canjear las miserias humanas que vio en la fuerza del orden por el andar displicente y aventurado de un equipo de fútbol. Rubio se pregunta por qué los jueces no renunciaron a sus cargos durante la dictadura si no había Justicia. Él lo hizo, su enroque fue menos balas y más goles.

Un mes antes del partido simulado lo convocamos a una reunión de producción. El objetivo: que Rubio convoque uno por uno a los integrantes del equipo para un partido de reencuentro. Dioni tiene los números de varios de sus exdirigidos prolijamente anotados en una agenda de cuero. Disca, tono, hablan. Algunos se sorprenden por la comunicación telefónica, otros aseguran que aún poseen los pantalones a rayas multicolores. La mayoría se compromete para el partido. Nosotros grabamos las llamadas.

Goles de la campaña 87-88” dice en la portada de un CD. Dionisio posee un archivo fotográfico cronológico, impecable, detallado. Hay afiches, artículos con análisis que hablan de la cultura y del fútbol y postales. Él puede reconstruir los pasos del equipo como si tuviera las figuritas difíciles de un álbum deportivo de moda. El CD gira en off. El relator vuelve a detallar gambetas y goles. Dionisio escucha en trance. El reencuentro ya está organizado.

Antes de irse, advierte: “Me gustaría hacer una suelta de palomas”.

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Pablo Sevilla está sentado en el patio interno de la Biblioteca junto al poeta Walter Abaca, uno de los empedernidos hinchas que durmió al calor de una estufa varias madrugadas en este mismo lugar. “Dormíamos acá, nos tapábamos con las banderas”, recuerda el poeta. Pero el impulso de los muchachos de la Biblio tiene su génesis durante la oscuridad de la dictadura.

En Venado Tuerto también hubo desaparecidos políticos, faltaban, pero nadie preguntaba por ellos — dice el bibliotecario.

En 1981, dos años antes de la caída de los militares, nace el Grupo Luz. Pablo, de 17 años por aquella época, rememora una acción concreta que considera un punto de quiebre: la convocatoria a una muestra de arte “sin censura” en la plaza. La campaña de difusión fue de altura: colgaron carteles en postes del tendido eléctrico a varios metros de la superficie, muy altos, para que la policía no pudiera alcanzarlos. El lema fue: “Estamos vivos, luz y entremos a la plaza”. El primer acto fue en octubre de ese año. Asistieron seis mil personas en una ciudad que hoy tiene más de cien mil habitantes. La gente comenzó a entrecruzarse, a intercambiar ideas, a reconocerse, a aparecer. “Vivir en esa época fue terrible, penosa, porque a pesar de mi edad yo era muy consciente de lo que ocurría en el país”.

Llevamos casi dos horas de grabación con Pablo Sevilla. Es la tercera entrevista que le hacemos. Ya estuvimos en la plaza de Venado Tuerto y en el patio de la biblioteca asediándolo. Ahora, que estamos entre libros, le pregunto cómo llegó la idea del balompié.

—Eso fue surgiendo entre el límite permitido, en el filo de la navaja. La idea original de la Biblio eran los libros y que la gente se acercara a los libros. Luego, pensamos que el fútbol también podía sumar. Después de un mes de asados nos preguntamos por qué no jugar en la Liga Venadense. El fútbol y la biblioteca forman parte de la cultura de la gente, no tienen que estar separados.

Los jóvenes no entendían por qué a las bibliotecas se las asociaba con una atmósfera de solemnidad. El devenir se fue dando instintivamente. Una de las primeras ideas del grupo fue pintar el frente de la Biblioteca con un estilo psicodélico, multicolor, para que los estudiantes que aún usaban pantalones grises y corbatas azules no tuvieran miedo de ingresar. También escribieron poemas en las paredes y sacaron las mesas y los libros a la calle. Dicen que todo lo hacían con felicidad, que no era un trabajo común: dormían, se levantaban, tomaban mate y seguían trabajando. Era algo que les pertenecía y aún hoy les pertenece. Para Pablo, el hombre, el legado de la Biblio “es la experiencia misma”. Haber participado de aquella experiencia.

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Para un argentino el asado es una misa pagana. No es solo el arte de la cocción de los distintos cortes de la vaca en una parrilla desgrasándose al calor de las brasas. Es un encuentro interminable que puede dividirse en etapas: selección de la carne, encendido de la fogata, ritual del vino tinto, comunión alrededor de fuego, degustación del manjar y extensa sobremesa. En algunos de los cientos de asados en la Biblioteca se empezó a gestar la idea de armar un equipo de fútbol y afiliarlo a una de las ligas más voluminosas de Latinoamérica: 30 equipos divididos en dos categorías. Los futbolistas coinciden: las grandes ideas se gestaron en un asado.

A media cuadra del epicentro ideológico había una carnicería que les proveía la materia prima para las ideas. Su dueño, un tal Mussini: tano temperamental que poco a poco fue seducido por la bohemia y el buen juego. Marcelo Sevilla, poeta, actor, exquisito volante central y capitán del equipo, recuerda que el carnicero no solo les fiaba sino también los atendía en horarios atípicos: “Le caíamos a las tres de la mañana, nos abría el local y nos daba la carne”.

Más allá de la seducción y más acá del temperamento, el poeta Abaca todavía tiembla cuando rememora la persecución de madrugada del tano que lo corrió cuchilla en mano, en calzoncillos y en cuero por la impertinencia del horario para adquirir una tira de asado. No obstante, Mussini entendió que con la puesta en escena de una acción de pura emoción violenta no iba a conseguir el dinero adeudado y cambió la estrategia. Cierta mañana irrumpió en la Biblioteca, quebrando la calma y la serenidad de los lectores.

Gritó: “¡Todos estos libros son míos!”.

Para apaciguar la ansiedad, los asadores le canjearon el trofeo de un campeonato oficial por un par de kilos de carne. El tano lo exhibió durante tres semanas entre las achuras y los chorizos.

En una sociedad de doctrina fabril, donde el trabajo es la automatización de las tareas, los muchachos de la Biblio construyeron en las extensas pausas de una democracia en pañales sus más brillantes ideas. Una tarde, en el patio de la Biblioteca se toparon con una pelota que formaba parte de la utilería de una obra de teatro infantil y se pusieron a jugar. Era verano y en las ciudades argentinas se suelen promover campeonatos estivales donde los amateurs pueden cumplir el sueño de sus vidas. ¿Y si nos anotamos en el torneo? Ese hecho fue el puntapié inicial para dar un paso más: afiliar una Biblioteca en una liga de la Asociación del Fútbol Argentino.

La filosofía del grupo era dedicarle tiempo completo al proyecto. “Era la vida cotidiana vivida de manera grupal, interactuada y siempre pensando en alternativas”. Marcelo Sevilla sostiene que las cosas ocurrieron gracias al contacto entre la gente. Aquellas personas que estuvieron recluidas en sus propios hogares durante los seis años de una dictadura sangrienta se empezaron a mezclar. “Se arrimó mucha gente y de todas las edades. Se organizaron peñas, se imprimieron revistas. Fue una experiencia colectiva y cultural. Pensábamos en cómo vivir siendo felices todo el día y no de a ratos”.

Los hechos sucedían en simultáneo: el fútbol, las peñas, los bailes, los libros, las charlas. Todo desbordaba y estaban enloquecidos, era la vida misma la que les iba poniendo leyes en la boca. Ante tanto desparpajo la sociedad los tildó de vagos, hippies y faloperos. Cómo podía ser que esos jóvenes estuvieran de asado en asado todas las noches y que se pusieran a bailar en la vereda a cualquier hora.

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Dionisio Rubio llega con una pata de ternera. Hay panes saborizados, salsa criolla, chimichurri, mayonesa, kétchup y cuchillos. Una versión posmoderna del asado, una especie de fast food cárnico de moda donde se va derecho al grano: cortar, embadurnar y deglutir. Si bien no hay ritual, a nosotros nos permite recrear un encuentro dos décadas después según nuestras propias necesidades audiovisuales. Los exjugadores, exdirectivos, y exsimpatizantes están amontonados en el quincho del club Jorge Newbery, el equipo más ganador de toda la historia de la Liga de Venado, plantel que ahora dirige Marcelo Sevilla. Como en un reencuentro de graduados de la escuela secundaria la evocación del pasado está en la esencia pero aquí no hay una parodia del pasado sino la puesta en palabras de una experiencia fundante.

En el libro de Matías Bauso ‘Dirigentes, Decencia y Wines’ sobre la obra periodística de antológico periodista deportivo Dante Panzeri se analiza la denominada ‘Máquina de River’ de los años ’40. Dice Panzeri: “El fútbol jamás podrá ser trabajo, puesto que es artesanía del atrevimiento, no del cálculo”(1). La Máquina fue un equipo multicampeón e innovador por la colaboración y el despliegue donde “todos suben, todos bajan, unos entran y otros salen”. El excomisario admira profundamente las ideas de Adolfo Pedernera y de aquel equipo de River. Él aplicó ese estilo cuatro décadas después.

El crack no es un jugador individual sino el equipo en su conjunto. En mi equipo no hay enganches ni jugadores encumbrados, tienen que laburar todos— dice Rubio.

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La rigidez y la estampa de Rubio contrastaban con la desfachatez de los jugadores que se disfrazaban como payasos pero jugaban seriamente. En el almuerzo ya no lo tratan de “usted”: pasó mucho tiempo y los players no son tan jóvenes. Dionisio, no obstante, es una especie de tutor, de formador. Muchos de ellos siendo niños jugaron en las divisiones inferiores de Centenario, equipo que el policía dirigía en sus ratos libres. Dionisio imponía algunas reglas: no matar pajaritos con gomeras, mostrar el boletín de calificaciones de la escuela.

Algunos exjugadores aún están transpirados. Casi ninguno se saca la casaca amarilla y roja que emula el equilibrio del yin y el yan. Comen y se ríen en clave irónica. Yo los veo como figuritas, esas figuritas redondas que venían en plano medio para completar los álbumes de los años felices. Las limitaciones del documental televisivo reduce la historia en tiempo y espacio y convierte a los personajes en bustos parlantes: son figuritas que hablan.

Jugar nos producía alegría”, dice el Gringo Bianco, un 9 rubio, grandote y corpulento al estilo Batistuta de la primera época. Omar Panza Majul, odontólogo, volante y goleador recuerda que no fueron pocos los que “se arrimaron a jugar al fútbol y terminaron leyendo una poesía”. Julio Cinquepalmi, plomero y gasista, es el más viejo y el que aún conserva la fibra del deporte en su físico. Con más de 50 años aún hoy sigue jugando. Era el 10 del equipo, un jugador rentado que optó por resignar cobrar suculentos sueldos para sumarse “a pulmón” a la Biblio. La historia dice que cuando jugó en las inferiores de Argentinos Juniors el mismísimo Diego Maradona fue suplente suyo. “Dejábamos a la vista del espectador lindas jugadas, un fútbol vistoso”.

El fútbol de la Biblio era solidario y colaborativo. Un centrodelantero podía bajar y sumarse en la defensa como así también un marcador central tenía la libertad de permitirse un lujo. “Intentábamos practicar un fútbol armonioso y alegre”, dice Dionisio, que entregaba un meticuloso informe por escrito a cada jugador y otro colectivo luego de cada partido.

El extravagante equipo jugaba de local en San Eduardo, a 17 kilómetros de Venado Tuerto, una localidad olvidada por la cartografía mundial. La única forma de llegar al pueblo es por un camino de tierra. Aún hoy, los días de lluvia, el paraje queda incomunicado. Cuando llegó la Biblio, los pobladores inmediatamente se apropiaron del equipo. Los jugadores eran una especie de “estrellas” y Dionisio reformulaba las reglas de la infancia: les tenía prohibido sobrepasarse con las mujeres de allí.

La mesa se hace larga e intensa como en las reuniones familiares de fin de año. La acumulación de una anécdota sobre otra hace que la reconstrucción histórica sea fragmentada, subjetiva, imposible. Ya tenemos casi diez horas de material para un documental de 26 minutos.

Algo extraño le ocurrió a otro equipo el año de la afiliación de la Biblio en la Liga. El plantel completo de Centenario quedó en libertad de acción por un error administrativo y como los jugadores no tenían en dónde jugar varios se sumaron al proyecto cultural-deportivo. Eso le dio volumen y dimensión al sueño que se gestó al calor de los asados. Luego aparece Dionisio, el DT de la infancia, el policía romántico, el amante de Pedernera.

Los integrantes del proyecto aceptaron al azar como aliado. El primer partido oficial de la Biblio se jugó un mes después de lo previsto. Esto hizo que se incrementaran los gastos y con la recaudación de las entradas era imposible sanear la deuda con el banco. El mismo domingo, luego del match, la comisión directiva se reunió y decidieron por unanimidad apostar el dinero que disponían en el casino para poder cancelar la deuda. La comisión lo dejó registrado en un acta y Pablo Sevilla, junto a otros integrantes, viajaron hasta Corral de Bustos, una localidad en el sur de la provincia de Córdoba. Fue un viaje relámpago. En 15 minutos de ruleta ya habían ganado el dinero que necesitaban.

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Un partido decisivo frente a uno de los equipos más poderosos de la Liga fue en Firmat. El relator de la radio de la ciudad vecina buscaba definiciones. En la previa criticó duramente a los jugadores de la Biblio por su aspecto desalineado y por comer junto a los hinchas unos pollos a la parrilla debajo de una arboleda. Durante el match, el equipo jugó su mejor juego y ganó. Al finalizar el encuentro el relator concluyó: “Serán lo que serán pero juegan bien”.

La televisión se empecina en montar acciones efímeras. Un highlight que justifique la emoción o la sensiblería inmediata condensada en un par de segundos. La escenificación del partido simulado fue la excusa del encuentro. El audiovisual posee enormes ventajas narrativas como así también limitaciones de lenguaje. Los relatos se encarcelan en encuadres, el montaje reduce y condensa sin piedad una década de pura vida, el flash-back viene a nosotros, la historia no viaja al pasado sino el pasado se reactualiza. El disfraz de jugador no es ridículo, los jugadores de la Biblio se vistieron de ellos mismos en el presente y al igual que Osvaldo Soriano volvieron a salir a la cancha un tiempo después.

Las canciones de Joan Manuel Serrat y Silvio Rodríguez en las tribunas, las banderas como consignas de defensa extrema a la vida, las flores repartidas en el día de la madre, los pompones multicolores en las medias, las pantalones a cuadros y los aplausos a los goles exquisitos de los adversarios son sólo detalles decorativos de un proyecto pleno. El bicampeonato 1987-1988 de la Liga Venadense de Fútbol es la expresión máxima sobre cómo se puede sostener con alegría y desparpajo un plan con argumentos, con amor, con dedicación.

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La sobremesa se extiende. Yo me retiro unos metros más allá del quincho y le pregunto a Marcelo Sevilla qué es la utopía.

—Es el horizonte que no se alcanza nunca. Es ese lugar de luz que uno quiere llegar. La utopía es el presente.

No es nostalgia por lo que fue y no volvió a ser. No es tristeza por el alejamiento de un pasado que puede tironear con la potencia de una cinchada sostenida por recuerdos precisos. No es la remembranza teñida de humor, chanzas, amagues, asados, libros y goles que crece mientras más se alejan de un tiempo que ya pasó. Tal vez sea un poco de todo. O tal vez sean la desmemoria y el olvido los antídotos que les permiten a los jugadores avanzar en otros roles, en otros puestos, en otras funciones donde ellos mismos son sus propios directores técnicos. El devenir como potrero plagado de banderas, canciones y tribunas que siempre acompañaron en paralelo los nuevos caminos, los asientos contables, los divanes, los remedios, los caños de termofusión, otros bancos de suplentes. Si la utopía es el presente, la utopía ya pasó.

“A la juventud se la entiende recordando cómo éramos nosotros. Y el fútbol es primero quehacer de jóvenes, luego de maduros”, Dante Panzeri escribe sobre los protagonistas admirados por Dionisio: ‘La Máquina de River’, las estrellas que revolucionaron el fútbol. El modelo que el viejo DT pudo plasmar en la Biblio reactualizando las ideas del team de los’40 en una liga de campo. Dionisio fue actor de un engranaje híbrido, interpretó la esencia y dejó que las cosas sucedan dando lugar al imprevisto, a esa desmesura juvenil de un grupo de pibes que primero vivían, después jugaban. Siempre vivían.

Juan Mascardi es cronista, guionista y profesor en la Universidad Nacional de Rosario (Argentina).

Nota del autor:

El 10 de octubre de 2009 viajamos a Venado Tuerto para rodar La biblio y el fútbol, un capítulo de la serie de crónicas Sustancias Elementales que escribí y dirigí, y que se luego se emitió en Señal Santa Fe, Colsecor Córdoba, Canal Encuentro de Argentina y Canal Institucional de Colombia.

La investigación periodística de tamaña historia les pertenece a mis compañeros Antonio Galimany, Paulo Ballan y Federico Pissinis. La historia de la Biblio la conocí a los 13 años gracias a la revista Super Fútbol, una especie de enciclopedia mensual que otorgaba espacio a equipos de las provincias de Argentina, lejos de las tapas de exitismo que difundían los diarios de distribución nacional donde sólo Boca, River y algunos clubes de la Capital Federal tenían espacio.

Con el paso del tiempo, en los años 90, conocí al futbolista Iván Gabrich a través de su hermano Fernando, colega y amigo. El exjugador de Newell’s y del Ajax de Holanda había jugado en la Biblio a los 14 años un Torneo Regional. La historia contada por Iván sirvió como una revisión de aquel vago recuerdo de mi adolescencia.

Siempre quise contar esta historia como hoy lo estoy haciendo. Como lo hicimos aquella jornada lluviosa del 2009 que entró también en mi historia personal por ser el día que más grité un gol en mi vida: el que Martín Palermo le convirtió a Perú y que le permitió a la selección Argentina clasificar para el Mundial de Sudáfrica. Ese día, mientras viajábamos desde Rosario a Venado Tuerto, le dije al camarógrafo Marcos Garfagnoli: “Hoy Maradona querrá ingresar en uno de los capítulos de la novela de Palermo”.

Y así fue. Argentina le ganó a Perú 2 a 1, agónicamente y en el último minuto. Grité tanto, tanto, tanto ese gol parado en una silla de un bar de Venado Tuerto abrazándome con desconocidos que perdí la voz en el instante, quedé mudo. El segundo día de rodaje no pude continuar con las entrevistas. Mi modo de comunicación fue a través escuetas escrituras en papelitos y señas que casi ningún integrante del equipo podía comprender.

En Venado Tuerto dejé mi voz pero renové la pasión, fui testigo del desenlace de una novela que seguí durante más de diez años, la vida de mi ídolo futbolístico Matín Palermo y le pode poner rostros, sonidos, colores, aromas, tamices a la historia más bella que nos regaló el fútbol: los bibliotecarios que sembraron el verde césped con ideas y desparpajo.

Mayo 2013. Rosario, Argentina.

(1) Dirigentes, Decencia y Wines. Obra periodística de Dante Panzeri. Edición a cargo de Matías Bauso. Editorial Sudamericana, Buenos Aires 2013

Imágenes de Dionisio Rubio y edición de Antonio Galimany.

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