«Futbolsilibro»: fútbol de quiosco, fútbol de bolsillo
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Hace unos días leía el siguiente titular en el diario La Vanguardia: “Barcelona estudia que los quioscos incluyan otras funciones”. La noticia explicaba que desde el ayuntamiento se quería poner en marcha un plan piloto que tenía como objetivo principal el de revitalizar este tipo de establecimientos, muy implantados y valorados socialmente, pese a que atraviesan una cierta etapa de decadencia.
Hace poco más de un año, Javier Pérez Andújar escribía un maravilloso artículo en El Periódico de Catalunya bajo el título “Ser de quiosco”. En él decía, entre otras cosas, que los quioscos eran “la biblioteca de los pobres”, y el «Amazon de los bloques«. Representan la anulación de las fronteras culturales, y actúan como espacios en los que la ‘Ciropedia de Jenofonte‘ es el compañero de ‘Las colinas negras‘, de Lucky Luke.
Los quioscos forman parte del paisaje cultural de mi infancia y mi juventud. Allí compré lo que describe Andújar: tebeos y cromos, cómics y diarios deportivos, revistas y libros de ciencia, novelitas baratas y fascículos de colecciones de grandes clásicos de la literatura. Seguramente, hubo un tiempo en el que el refugio de lo que se podría llamar «fútbol y literatura» de la época estaba allí, en los quioscos: en forma de prensa deportiva, de álbumes de cromos y de revistas como Don Balón.
Pero también en otro producto más desconocido y hoy casi olvidado. Los quioscos fueron los distribuidores, diría que entre la década de los 40 a la de los 80 del siglo XX, de una de las principales opciones de ocio de la época en la que la televisión e internet todavía no lo habían inundado todo. Me refiero a la “novela popular” o «novelas de a duro» (por su precio), «de quiosco» (por el lugar en el que se adquirían) o «bolsilibros» (por el nombre de la famosa colección que puso en marcha Bruguera).
Eran lo que en Estados Unidos se denominaba «pulp«. Tras el rodaje de “Pulp Ficion”, Quentin Tarantino explicó en alguna entrevista que la película era, en el fondo, «un homenaje a ese tipo de literatura kleenex, de usar y tirar, de gran éxito en los años treinta y cuarenta, y que Vincent Vega (el personaje interpretado por John Travolta), devora en sus continuas visitas al cuarto de baño. Te compras un libro de estos por 10 centavos, te lo guardas en el bolsillo trasero del pantalón, te sientas encima de él, lo lees a ratos en el autobús y cuando lo terminas se lo das a alguien o lo tiras, no lo pones en la biblioteca. Algunos estupendos escritores salieron de ahí, pero fueron reconocidos de forma retrospectiva; en su momento se les consideró desechables, sólo para las masas”.
Podéis encontrar una completa explicación sobre los bolsilibros en esta página del blog «La memoria del bolsilibro«. Tal y como allí se explica, su formato era muy manejable, con unas medidas aproximadas de «10,5 cm. de ancho y 15 cm. de largo. Estaban encuadernados con goma y con unas tapas de cartón de baja calidad que contaban con sus correspondientes portadas ilustradas. El número de páginas se acercaba al principio a las 150, para acabar teniendo 96 páginas, lo que obligaba a los autores a ser cada vez más concisos en el desarrollo de las tramas».
Este tipo de obras eran distribuidas en ejemplares de pequeño tamaño y papel de baja calidad (de ahí el nombre de ‘pulp’, en referencia al desecho de pulpa de madera que con que se fabricaba un papel amarillento de muy mala calidad y coste muy barato), y su principal objetivo era, única y exclusivamente, el de proporcionar entretenimiento. Abundaban, en aquellos libritos, las historias de terror, ciencia-ficción, bélicas, de aventuras, del oeste (con Marcial Lafuente Estefanía al frente) y, sobre todo, de género negro. También, por supuesto, había espacio para el romanticismo y la denominada novela rosa, territorio dominado por la gran estrella que era Corín Tellado en el mercado español.
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Existen aficionados que mantienen viva toda aquella producción gracias a espacios en internet que son auténticas enciclopedias en la materia, como los blogs “Novelas de a duro (o bolsilibros)”, “La memoria del bolsilibro”, “Bolsilibros. Novela popular de kiosco”, “Novela de quiosco”. Y conste que los citados son, tan solo, algunos ejemplos de los que existen. Después tenemos los artículos de Pérez Andújar, de Toni Vall (como este), o acciones como la exposición «Francesc Caudet i la novel·la popular» organizada por la Biblioteca La Bòbila de l’Hospitalet. Como no es un tema que domine, seguramente se me escapan otros muchos casos en los que la novela popular es valorada con atención. Pero aún así, tengo la sensación de que se trata de un género que ha sido injustamente marginado y menospreciado.
Prácticamente ya nadie habla de esas obras, y siendo cierto que la gran mayoría se alejan de lo que podríamos considerar determinados criterios estéticos, ni siquiera se le reconoce el importante papel que jugó durante décadas acercando la lectura a varias generaciones. Y no hay que olvidar que hoy otorgamos la máxima consideración a autores que se iniciaron en ese “submundo”, como Raymond Chandler o Dashiell Hammet. La clave de todo radica, como dice Pérez Andújar, en el hecho de que lo que se consideraba “literatura de calidad” se vendía en las librerías, mientras que lo que se vendía en los quioscos no podía ser considerado un producto literario.
He citado antes a Marcial Lafuente Estefanía y a Corín Tellado. Pero junto a ellos destacaron nombres como los Curtis Garland (Juan Gallardo Muñoz), J. Mallorquí, Clark Carrados, (Luis García Lecha), Silver Kane, (Francisco González Ledesma), Frank Caudett, (Francisco Caudet Yarza), George H. White (Pascual Enguidanos) o Lou Carrigan (Antonio Vera Ramírez) entre muchos otros. Nombres que en realidad eran algunos de los diversos pseudónimos que cada uno de ellos utilizaba y bajo los cuales crearon miles y miles de ejemplares. Si a algunos de vosotros les suenan será porque en algún momento habéis sido usuarios de quioscos.
Pero, ¿y el deporte? Por supuesto, entre tanta producción también existía espacio para las narraciones en las que lo criminal se fundía con lo deportivo. Envidias, corrupciones, apuestas ilegales, drogas, bajos fondos y otras tramas inundaban esas páginas. Boxeo, hípica, hockey, béisbol, baloncesto, automovilismo, ajedrez… todas las disciplinas deportivas eran susceptibles de caer en el terreno de estas historias.
Y, cómo no, el fútbol no podía quedar al margen de este particular universo, y encontramos historias ambientadas en Europa, pero también en el soccer norteamericano. Algunas de ellas no tienen nada que envidiar a algunos de los best sellers actuales, y son puro divertimento, intriga y acción de la primera a la última página.
En este artículo comparto los títulos y colecciones de temática futbolera que he podido localizar después de que hace un par de meses me tropezara con «Asesinatos en el estadio«, de Peter Debry. Sin ánimo de exhaustividad, aquí tenéis los libros que desde entonces he conseguido localizar.
Y, por supuesto, si alguien conoce alguna otra obra de esta tipología que tenga al fútbol como temática agradeceré enormemente que me lo comunique para añadirla al artículo.

Imagen de la Biblioteca Tecla Sala de l’Hospitalet
Josep Mallorquí Figuerola: padre de «El Coyote» y de «La novela deportiva«
Iniciamos este repaso a finales de los años 30 y comienzos de los 40, con la figura de Josep Mallorquí Figuerola, popularmente conocido por tratarse del autor de la exitosa serie “El Coyote”. Mallorquí, de infancia complicada y formación autodidacta, trabajó para la Editorial Molino, que se trasladó a Buenos Aires tras el estallido de la guerra civil. Uno de los encargos recibidos fue el de la elaboración de una colección de novelas bajo el título “La novela deportiva”.
La principal referencia a esta colección la he encontrado en el blog “Novela de quiosco”, donde se explica que “allá por el año 1937 Mallorquí comenzó a preparar, para una posible serie de novelas, algunos cuentos y relatos cortos ambientados en el mundo del deporte, exclusivamente del deporte aficionado, excepto en el caso del boxeo”. El formato era de 14,5 x 19,5 cm, con un número de páginas entre 64 y 80. Las portadas eran de Bocquet, y las ilustraciones de Bocquet y otro.
A continuación, las portadas de los ejemplares de la serie dedicados al fútbol, extraídas todas del citado blog:



Peter Debry y sus “Asesinatos en el estadio”

Algunos años después de “La novela deportiva” de la Editorial Molino, en 1950 concretamente, la Editorial Bruguera puso en marcha la Colección Servicio Secreto, de la que se publicaron más de 1500 números en formato bolsilibro y con periodicidad semanal hasta 1985. Uno de ellos, el número 46, corrió a cargo de Peter Debry, pseudónimo de Pedro Víctor Debrigade Dugy, y uno de los considerados padres de la novela negra española. El título del libro que apareció en la colección es “Asesinatos en el estadio”, con una impactante portada atribuida a Provensal, y acerca del cual publiqué este artículo.
Se trata de una historia ambientada en el fútbol norteamericano (peculiaridad presente en otras obras similares) y que contiene todos los ingredientes que se pueden esperar de este tipo de obras: fútbol, suspense, asesinatos, un héroe, acción… Entretenimiento puro y duro.
Colección Balas y Deporte. Editorial Jara (1951-1962)
En el libro “Bang, bang, estás muerto”, se hace referencia a una serie de colecciones de novela negra que triunfaron entre los años 1951 y 1962. Una de ellas llevaba por nombre el expresivo y directo “Balas y Deporte”, perteneciente a la Editorial Jara, editorial de posguerra ubicada en Madrid.
“Balas y Deporte” incluía un llamativo título: “El gol de la traición”. Su autor fue Mompel Folch (pseudónimo de Francisco Faura Peñasco).

Colección Geyser. Editorial Domingo Savio

En 1964, la editorial barcelonesa Domingo Savio comenzó la publicación de una colección en formato bolsilibro a la que puso por nombre Géyser. Según el blog “Bolsilibros. Novelas popular de kiosco” “estaba formada por novelas de bolsillo con diferentes temáticas, acontecimientos históricos, biografías de personajes célebres y también los últimos descubrimientos técnicos, incluyendo la simple novela de entretenimiento”.
El número 19 de la colección era eminentemente futbolístico. Llevaba por título “El ídolo sin pies”, estaba escrito por Federico Revilla y fue publicado en 1967. La cubierta estaba ilustrada por J. Blasco, tenía un total de 80 páginas y contenía ilustraciones a dos tintas de página completa de D. Bladé.
La colección incluía otro libro, titulado “Hazañas deportivas”, del que la única información que he podido conseguir es que, al parecer, contenía una relación de biografías de deportistas de disciplinas diversas.
Colección “Doble Juego”, Editorial Ceres
Sin duda, si nos referimos a la presencia del mundo futbolístico en las novelas populares tenemos que hablar de la colección “Doble juego”, impulsada por la Editorial Ceres y de la que se publicaron 86 números entre marzo de 1982 y noviembre de 1983. Es decir, casi un volumen por semana. Por la fecha en que salió al mercado podemos suponer que hubo un intento de aprovechar el tirón de la celebración del Mundial de España de 1982. Y, quizá también, intentar revitalizar un género que ya comenzaba a mostrar síntomas de declive ante el auge, entre otros, de la televisión.
La impulsora de “Doble Juego” fue Ediciones Ceres, una filial de Bruguera centrada en la temática deportiva desde la perspectiva de lo criminal, que es, justamente, lo que encontramos en las obras de esta colección. Los deportes tratados incluyen automovilismo, boxeo, hockey, tenis, karate, basquet, golf, fútbol americano o hípica, entre otros. En el caso del fútbol, hay nueve títulos dedicados a él:









Los «Asesinatos en el Mundial-74» de Curtis Garland
Termino con este repaso regresando a un autor que ya ha aparecido anteriormente. Se trata de Curtis Garland, pseudónimo de Juan Gallardo Muñoz, uno de los más prolíficos en el universo de la novela popular, con más de 2.000 libros publidados. Llegó a tratar prácticamente todos los géneros: policiaco, del oeste, ciencia-ficción, terror, aventuras, bélico, artes marciales… Como hemos visto, también participó con «¡Penalty!» en la Colección Doble Juego. Pero todavía existe al menos otro libro de temática futbolera: «Asesinato en el Mundial-74«:

Y hasta aquí el repaso con lo que he podido encontrar. Como antes indicaba, si conocéis alguna otra obra que pueda incluirse en este particular catálogo os estaré muy agradecido si me facilitáis su referencia.
«El futbol és així», de Edicions Xandri: fútbol y género negro de la mano de un equipo de lujo
Seguramente, uno de los géneros más explorados y que mejor encajan con la literatura futbolera es el de la novela negra. La relación de artículos y estudios sobre esta materia, y, por supuesto, la relación de títulos, es abundante. Incluso diría que durante los últimos años no hay festival «noir» en el que no se incorpore una sección dedicada a obras de temática futbolera.
Si nos fijamos en la mayoría de publicaciones incluidas en este territorio descubriremos que la gran mayoría corresponden a novelas. Esto es así, probablemente, porque permite tomar algunas de las aristas propias del género (en el caso del fútbol, asuntos de corrupción, crímenes por razones diversas, apuestas ilegales, ambiciones desmesuradas, derivaciones políticas…) y desarrollarlos con la profundidad que la extensión de una novela permite. Como contrapartida, no abundan tanto los relatos de género negro, una tipología más adecuada a tratar otro catálogo de temas propios del mundo futbolístico.
Que la vinculación entre género negro de trasfondo futbolero y cuento no haya sido especialmente prolífica no significa que sean incompatibles. Y, para muestra, la reciente publicación de «El futbol és així«, una obra colectiva publicada por Ediciones Xandri, en la que once autores y periodistas participan con un relato de género negro.
Se trata de un once de lujo integrado por cinco periodistas (Xavier Torres, Frederic Porta, Josep Gimeno, Gemma Montero y Ruth Gumbau) y seis escritores y escritoras de novela negra: Irene Solanich, Joan Ramon Armadàs (estos dos actuando además como coordinadores de la obra), Xènia Armadàs, Ramona Solé, Aida Montoya y Salvador Balcells. Un variado y solvente equipo que consigue proporcionar al conjunto una gran variedad de registros y tramas.
La obra, escrita en catalán, es un magnífico catálogo de las posibilidades de explicar una historia negra y futbolera utilizando el formato del relato. Porque, además de la calidad de las historias, se trata de un libro que es una auténtica demostración de las variadas posibilidades que lo criminal ofrece a la hora de aproximarse literariamente al mundo del fútbol.
SINOPSIS (traducción)
El fútbol es un deporte que despierta pasiones en nuestro país. Ya sea a nivel profesional o en categorías inferiores, estamos acostumbrados a ver conflictos que va desde simples agresiones legales en un terreno de juego hasta crímenes y delitos de primer orden. Directivos de club en presión, estafas, terrorismo, seguidores violentos o rivalidades ancestrales son solo algunos ejemplos de lo que pasa en la vida real. Este libro pretende trasladar todo ese universo a la ficción. En su interior encontrarás 11 relatos con el fútbol y la novela negra como protagonistas.
Vale la pena destacar que el punto de partida del volumen fue de gran originalidad. Todos los relatos se estructuran a partir de un título y un subtítulo. Cada autor pudo escoger el subtítulo más adecuado a la historia que escribía, pero el título (que actuaba como punto de partida al que adaptar su historia) le vino impuesto tras un sorteo celebrado en un bar de Barcelona con dos cajas: una contenía el nombre del autor, mientras que en la otra estaban los títulos propuestos desde la editorial.
Los capítulos tienen nombres tan futbolísticos como: “Més que un club” (“Más que un club”), “Joc perillós” (“Juego peligroso”, “Hooligan”, “Pena màxima”, “Derbi”, “Targeta vermella” (“Tarjeta roja”), “Mundial”, “Fora de joc” (“Fuera de juego”), “Som vermells i blancs” (“Somos blanquirrojos”, “Meravellosa minoria” (“Maravillosa minoría”).
De ellos han surgido los relatos “10 córners”, “El delator”, “Contacte humà”, “Un tret al cap” (“Un disparo a la cabeza”), “La tria” (“La elección”), “Gol providencial”, “El turista”, “Estrellats”, “A triste de brutal história de uma injustiça”, “La fam de la bèstia” (“El hambre de la bestia”) y “Montjuïc 25-5-98”.
Y entre los relatos encontramos argumentos vinculados a la compra de jugadores, episodios que se desarrollan en la Barcelona de los años 20, algún crimen que podríamos calificar de futurista, enigmáticas muertes de jugadores, situaciones dignas de bajos fondos mafiosos, goles capaces de salvar vidas, presencia de la amenaza yihadista, crímenes sospechosos, y muertes casi gore, historias de suspense en las que se cuela lo legendario e incluso relatos donde lo negro y lo futbolístico no impiden la aparición de lo emotivo.
Tal y como los coordinadores explican en el prólogo, “la crónica negra también se ha extendido hasta el mundo del fútbol, tal y como ‘lo ha hecho en cualquier ámbito de nuestro planeta. Y si la crónica llega hasta este deporte, ¿por qué no puede hacerlo el relato negro? Eso es lo que pretendemos demostrar con este libro: que 11 amantes y detractores del fútbol, 11 personas vinculadas de alguna manera al mundo del fútbol, la literatura negra y la escritura son capaces de crear un buen catálogo de crímenes futbolísticos”.
Cabe decir, en relación con esta explicación, que esta obra es la tercera incursión en el género negro puesta en marcha desde la editorial tras “Els crims nostrats” (2015) y “Terra de crims” (2017).
Una gran y recomendable obra que hará las delicias de los amantes del género negro, tanto si son aficionados al fútbol como si no lo son. Sería una gran noticia que apareciera la versión en castellano para que este auténtico equipazo pudiera llegar a un mayor número de lectores.
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«Anoche tuve un sueño», relato de José Antonio Lizana con la final de la Copa Libertadores de fondo

Hace una semana, Boca Juniors y River Plate disputaban el segundo partido de la final de la Copa Libertadores. En cambio, en los sueños del escritor y periodista deportivo José Antonio Lizana, quienes se enfrentaban eran Boca y su querido Club Ferroviarios de Chile, y el encuntro no se jugaba en el Estadio Santiago Bernabéu, sino en el desaparecido Estadio San Eugenio.
Anoche tuve un sueño
(José Antonio Lizana Arce)
Anoche soñé que el Ferro jugaba la final de la Copa Libertadores de América frente a Boca Juniors y que el último partido se disputaba en el Estadio San Eugenio con más de 33.000 espectadores. Por supuesto que la mayoría de los hinchas que repletaban el romántico recinto eran ferroviarios.
Como toda la vida y con mayor razón para este trascendental encuentro, fui con mi padre a la cancha. También invitamos a su amigo “Pepe” Riquelme, que vivía a una cuadra del estadio.
Estábamos nerviosos y nuestros rostros lo evidenciaban. Y cómo no si éramos el equipo chico que enfrentaba a un monstruo del fútbol mundial. Pero a pesar de esto, teníamos fe. Siempre la tuvimos.
Había tanta gente en la galería que subimos como pudimos hasta la parte más alta que daba a la avenida Ramón Subercaseaux. Ahí nos ubicábamos siempre a modo de cábala, aunque esta vez temerosos de que la galería se viniera abajo.
El barrio San Eugenio era el centro de la noticia y los medios de todo el mundo transmitían sus enlaces desde cualquier esquina. Así vieron en todas partes del planeta el ambiente previo que había en los populares y sabrosos restaurantes “El Rápido”, “Saca pica”, “Cabeza de peso” y “Mando mando”. Incluso allí se juntaron, frente a la televisión y acompañados de interminables cervezas, los infortunados fanáticos tiznados que no pudieron conseguir boletos para la final.
El corazón se me apretaba cuando escuchaba a mi padre y al “Pepe” Riquelme gritar el clásico “¡EFE con E!”. Sus voces eran las de dos hombres fuertes y duros que se forjaron desde muy jóvenes en las sacrificadas labores de la Maestranza de Ferrocarriles.
La hora pasó tan rápido que no nos dimos ni cuenta cuando los equipos entraron a la cancha. Primero lo hizo Boca con una pifiadera que nunca había oído en ese recinto. Desde la distancia divisé a su formación plagada de estrellas: Hugo Orlando Gatti; Gary Medel, Rolando “Flaco” Schiavi, Jorge Bermúdez, Silvio Marzolini; Antonio Rattín, Miguel Ángel Brindisi, Juan Román Riquelme, Diego Armando Maradona; Carlos Tévez y Martín Palermo. Y en la banca había un técnico de tanto prestigio como sus dirigidos: Carlos Bianchi.
Luego hizo su ingreso Ferroviarios, de impecable amarillo y negro, con Raúl Coloma, “Lucho” Jorquera, Enrique “Chacal” Iturra, Luis “Fifo” Eyzaguirre, Carlos “Pluto” Contreras, Juan Carlos Escamilla, Carlos Carmona, Gustavo Huerta, Jorge “Guatón” Pérez, Leonel Sánchez y Luis “Negro” Martínez. En la banca ya no estaba el profesor Francisco Graells, pero la Conmebol permitió que dirigiera desde el cielo.
Antes de que sonara el pitazo inicial, me puse a rezar y le pedí a diosito que la copa se quedara en casa, porque ellos tenían tantas y una más ni se iba a notar en su ya repleta vitrina de trofeos.
Los argentinos entraron a jugar con una personalidad avasalladora, con esa misma que les hace pinchar tanto con las chiquillas en Reñaca. No había cómo detenerlos.
El arquero Coloma no paraba de atajar: arriba, abajo, al lado, al córner, cortando centros y también saliendo a jugar. En tanto, las puteadas entre el “Lucho” Jorquera y el “Chacal” Iturra se escuchaban más fuerte que el pitar de la locomotora.
El colombiano Bermúdez se encargó de neutralizar a Leonel Sánchez y nuestras esperanzas de gol se fueron de a poco difuminando.
Sabíamos que Maradona no era un jugador cualquiera, sino un crack cuyo botín izquierdo se pegaba a la pelota de cuero y además tenía el don de enamorar al balón, pero lo dejamos solo, sin marca. Es cierto que todo el estadio aplaudía sus piruetas, pero el problema es que estaba jugando contra nosotros.
Tuvimos suerte de que no nos metieran un gol hasta los 33 minutos, cuando el “Flaco” Schiavi nos clavó un frentazo tras un córner de Riquelme. El estadio se quedó en silencio y el pitar de la locomotora también. Pero, el grito de gol de la pequeña barra argentina se escuchó con nitidez y eso dolía más.
El primer tiempo finalizó a los 45 minutos exactos. Bajamos rapidito al baño para despejarnos un poco. Mi papá me compró una empanada y una Bilz, y ante mi pesimismo me decía que nunca en la vida había que dar algo por perdido. Yo lo miraba y asentía con la cabeza sólo por respeto.
Con otros hinchas nos quedamos entusiasmados analizando el partido y cuando íbamos subiendo las escaleras, Ferroviarios empató con gol del “Negro” Martínez. Le pregunté a mi papá y al “Pepe” si lo habían visto y me dijeron que no, pero a los minutos lo busqué en YouTube y ya estaba disponible. El empate nos mandaba directo a los penales, pues no había alargue.
Hugo Orlando Gatti pasó de ser un mero espectador a ser la figura del encuentro. Y, era que no, el Gary se descontroló y le pegó un par de viajes a Leonel y también se agarró a combos con Marzolini de su propio elenco.
A los 86 minutos, el Diego tomó la pelota en su propia área y comenzó a derribar palitroques, pero cuando llegó al área de Ferro, Gustavo Huerta lo tomó de la camiseta y casi le arrancó el número diez de la espalda. Penal cobró el árbitro.
Juan Román Riquelme y Martín Palermo discutieron un rato, llevando sus diferencias personales al terreno de juego, y finalmente el “9” tomó el balón. La suerte estaba echada, qué más daba. Ya éramos campeones por el solo hecho de estar ahí y por haber eliminado en las fases anteriores a Flamengo, Sao Paulo, Peñarol y Olimpia.
El reloj marcaba el minuto 89 y Martín envió la pelota a las nubes. El árbitro lo repitió y Palermo otra vez la lanzó afuera. El delantero argentino reclamó que Coloma se había adelantado y el hombre de negro ordenó lanzarlo nuevamente. Sin embargo, en el momento que el ariete se aprestaba para ejecutarlo por tercera vez, el juez finalizó el partido. Todo el equipo de Boca se le fue encima y los carabineros tuvieron que protegerlo. Ya no había nada que hacer. Sólo quedaba la tanda definitiva de penales.
En el intermedio fuimos con mi papá y con el “Pepe” a comprar unas bebidas y unas sopaipillas con ají para calmar la ansiedad.
El “Loco” Gatti se arreglaba el cintillo y le hacía gestos a la barra. Se veía tenso. A su vez, Raúl Coloma, con mucha calma y sapiencia, eligió el arco que daba de oriente a poniente.
Como en la final de la Copa Intercontinental de 2003 ante el Milan, empezó Schiavi y con un tiro rasante y a la derecha de Coloma puso el 1-0. Empató para el local “Lucho” Jorquera, que le pegaba con un fierro. A Martín Palermo le tocaba en el último turno, pero decidió tirar en el segundo. Para no seguir pasando vergüenzas, le pegó fuerte y arriba a la derecha de Coloma. Salió celebrando como un desquiciado. Gustavo Huerta se reivindicó de la cagadita en el penal de Boca y puso el 2-2. “Carlitos” Tévez se fue en puros amagues y el viejo portero del Ferroviarios no le compró. Leonel no fallaba y así fue no más: 3-2 para los tiznados. A Riquelme no se le arrugó ni la frente para colocar el 3-3. Juan Carlos Escanilla acercó a Ferroviarios a la gloria con un tiro a media altura del guardameta boquense para el 4-3. Miguel Ángel Brindisi cerró la serie de los lanzamientos xeneizes para dejar las cifras 4-4. El “Guatón” Pérez le pidió una oportunidad al cielo al profe Graells para lanzar el quinto tiro. Seguramente, don “Pancho” le dijo: “Está bien, pero cuidadito con que se te vaya a ir, hueón”.
Desde que el “10” tiznado tomó la pelota, fue imposible no acordarse de la serie ante Chiprodal de Graneros en 1991, cuando este rechoncho se vendió por unas botellas de whisky y perdimos el título de esa temporada. Pero esta vez teníamos fe. Siempre la tuvimos.
Pérez se tocó las muñequeras, caminó y le pegó fuerte a un rincón…
Anoche tuve un sueño. Soñé que mi Ferroviarios era el campeón de la Copa Libertadores de América.

«Cuaderno de Mánchester. De cómo y con quién Pep Guardiola conquistó Inglaterra», de Luis Martín y Pol Ballús. Malpaso Ediciones

“’No quiero followers: a mi alrededor quiero líderes, gente que asuma su papel al límite, que decida, que piense por sí sola. En Dome, Mikel, Carles, Loren o Rodo he encontrado eso’, dice Pep al hablar de sus compañeros. La frase, oída en un reportaje sobre los all blacks, expresa una actitud y un principio con los que ha vivido siempre: lo importante es estar rodeado de líderes”.
Pep Guardiola en «Cuaderno de Mánchester«
Una de las afirmaciones más ciertas sobre el mundo del fútbol es aquella que dice que todos los aficionados tenemos un entrenador dentro. Según esa idea, si a cualquiera de nosotros nos dieran la posibilidad de entrenar a un equipo de primera línea de cualquiera de las ligas más potentes de Europa, con los presupuestos que manejan y los jugadores que tienen en plantilla, con las instalaciones, equipos técnicos y estructuras de club de las que disponen, no hay duda alguna en que seríamos capaces de ganar Liga, Copa y Champions sin necesidad de bajar del autocar.
¿En serio creemos que eso es así? Yo diría, más bien, que las cosas no son tan sencillas. Todos, en el fondo, sabemos que gestionar un equipo del máximo nivel, con el grado de competencia que existe en el fútbol profesional, es de una enorme dificultad. Puedes disponer de los mejores jugadores, de las mejores condiciones y de todos los medios del mundo. Pero combinar las piezas para que ofrezcan un rendimiento óptimo lleno de éxitos es de una complejidad increíble. Y eso es así incluso cuando pones en las manos de Pep Guardiola, uno de los mejores entrenadores del mundo, todo el poderío de un club como el Manchester City.
Una radiografía de ese proceso y sus interioridades, del modo en que se intenta llevar adelante un proyecto y los pasos que para ello se dan es lo que nos ofrece “Cuaderno de Mánchester”, escrito por Pol Ballús y Lu Martín y publicado por la editorial Malpaso. El libro no se limita a hacer un recorrido cronológico por la trayectoria de Pep desde su llegada al City hasta la consecución de sus éxitos más rotundos, sino que nos muestra cómo ha sido el proceso que ha permitido que los objetivos se acabaran cumpliendo, desde las dinámicas de entrenamiento, la construcción del cuerpo técnico y otros ayudantes, la incorporación de los jugadores adecuados para poner en práctica una idea de juego en concreto, o cualquier otro elemento que pudiera contribuir a alcanzar la meta.

SINOPSIS
“Cuaderno de Mánchester” es el libro de la estancia de Pep Guardiola en Mánchester y como entrenador del City. Es un libro en el que las voces son las de los jugadores, los compañeros, su familia y el mismo protagonista. También la voz de la ciudad. Un libro personal, de crónica, de fútbol. “Cuaderno de Mánchester” es el perfil de alguien que revolucionó el deporte más seguido en la humanidad, visto por sí mismo y por el mundo. Del detalle a lo general y de lo general al detalle, Luís Martín modifica la distancia y el objetivo de la cámara narrativa para que en cada ocasión tengamos la fotografía más nítida de quién y cómo es realmente Pep Guardiola, y su vida en Manchester.
Uno de los atractivos de “Cuaderno de Mánchester” es que ofrece una radiografía perfecta de como ha ido construyendo Guardiola el nuevo City desde que llegó. Para mostrarlo, los autores van engarzando todas las piezas que han participado en este juego de orfebrería, tanto las que hacen referencia a futbolistas como las que se refieren a miembros de su cuerpo técnico.
En cada capítulo se procede al análisis de cada una de estas piezas. Se tiene en cuenta de qué manera se consideró que podía ser importante para el proyecto, cómo se consiguió llevarla al club y cuál ha sido su aportación. Y, en todos los casos, un hecho al que se da una gran relevancia: la componente humana del personaje en cuestión. Futbolistas, dietistas, utileros o cualquier otro miembro de cierta relevancia en el club no solo es mostrado a partir de su aportación profesional, sino también destacando la importancia de su presencia como persona. Por eso, no creo que sea desacertado decir que el libro gira en torno a un grupo de personas que han alcanzado el éxito en el mundo del fútbol, pero que lo han hecho manteniendo una gran calidad humana, aspecto este al que Guardiola otorga una gran importancia.
“Lo que le dijo Guardiola a Sané solo lo saben ellos. Lo que saben el equipo y todo Dios en la CFA es que hubo un antes y un después tras aquella mañana y también que el guapo de la plantilla es hoy el mejor futbolista de la Premier menor de 23 años según la Asoción de Futbolistas Profesionales».
«Cuaderno de Mánchester«

La lectura de cada uno de los capítulos es una delicia, pues ese mostrar a sus protagonistas desde la vertiente personal los humaniza y nos hace conocer interesantes cuestiones y anécdotas relacionadas con la vida de todos ellos. Así, descubrimos que Guardiola es un pésimo conductor y que también va al cine con sus hijas a ver “Shreck”. Que Silvia Tremoleda, además de una magnífica dietista, es una apasionada del deporte y practicante de Iron Man. O que detrás de la rigurosa seriedad que transmite Ferran Soriano, hay un tipo al que le gusta cantar y… comer ‘creativas’ (por lo improvisadas) ensaladas.
En los tiempos en que Guardiola fue jugador bajo las órdenes de Cruyfr hubo un término que ese puso de moda en el universo blaugrana: ‘entorno’. Se hablaba del ‘entorno’ para definir a una masa difusa pero cuya acción ejercía una importante influencia (más bien negativa, en aquella época) en el devenir del equipo. “Cuaderno de Mánchester” habla, también, de un entorno, pero desde un punto de vista completamente diferente. Aquí, las piezas que lo integran están perfectamente identificadas, y, en este caso, su influencia sobre el equipo es en parte responsable de todos los éxitos conseguidos.
“Es una persona muy modesta. Me recuerda a Matt Busby, mi primer entrenador. Por como habla, por su forma de actuar en las reuniones de equipo, me recuerda a él desde el primer día. Olvida su capacidad en el fútbol, fíjate en su modestia, en el respeto que siente por la gente: eso es lo que más me gusta de Pep. Y el espíritu de equipo y la piña que ha creado aquí, no solo una fraternidad en el campo, sino en todo el club”.
Brian Kidd en «Cuaderno de Mánchester«
Imagen de www.as.com
Cuestiones personales que combinadas con la faceta profesional de cada uno de ellos –futbolistas de máximo nivel unos, dirigentes de club de presupuestos millonarios otros, entrenador de éxito de una de las ligas más competitivas del mundo- permitan que los apreciemos, también, como personas. “Cuaderno de Mánchester” nos enseña las entrañas de toda esa maquinaria, de todo ese complejo y completo equipo de trabajo en el que todos tienen una misión y todo tiene su función. Y lo descubrimos gracias a la multiplicidad de voces con las que los autores trabajan, un caleidoscopio de visiones de quienes participan de ese conglomerado en primera persona que permiten comprender porqué el liderazgo que Guardiola ejerce le ha permitido transformar el mundo del fútbol.
El libro, así, es un minucioso atlas del universo Guardiola en Mánchester, en el que el gravitar de unas piezas sobre las otras, desde los planetas principales hasta los diferentes satélites y pequeños asteroides, permiten que todo funcione gracias a un perfecto equilibrio.
Y a uno, al final, también le queda la sensación de que cuando detrás del deportista de élite hay una buena persona, las cosas encajan mucho mejor. Algo así es lo que Guardiola y todo su equipo han conseguido en el City, un equipo que el pasado año consiguió destrozar todos los récords de la premier. Y, por eso, nada más descriptivo que el subtítulo del libro: “Cómo y con quién consiguió Guardiola todos sus éxitos”.
Como no podía ser de otra manera en esta cuidada edición, el color que predomina es el azul, y la lectura se puede complementar con el playlist que recoge las canciones que aparecen en el libro y que podemos encontrar en Spotify.

Imagen de www.ara.cat
irakurLE-ON / irakurLE-ONA: nueva acción de fomento de la lectura de la Fundación del Athletic

El pasado mes de noviembre se celebró una nueva edición del Festival Letras y Fútbol, y desde la Fundación del Athletic de Bilbao continúan proponiendo nuevas acciones de fomento de la lectura.
Se trata de la campaña irakurLE-ON / irakurLE-ONA, compuesta por cuatro pósters en los que aparecen la jugadora Ainhoa Tirapu y los jugadores Mikel Balenziaga, Iñigo Lekue y Óscar de Marcos leyendo libros de Virginia Woolf, Eduardo Sacheri, Bernardo Atxaga y Jane Austen.




La idea es asociar la lectura a una forma de aprendizaje y de conocimiento, y, a la vez, a una manera de convertir tus sueños en realidad, por ejemplo, llegar a ser un león o una leona.
Los posters serán enviados a demanda a todos los centros educativos y clubes de fútbol de Bizkaia que los requieran, junto con el libro “Talismana”, compuesto de sendos cuentos escritos para la ocasión por las autoras Katixa Agirre y Aixa De la Cruz y dirigido a jóvenes lectores. Así mismo, se ha convocado un concurso de cuentos dirigido a jóvenes de 14 a 18 años.

Por otra parte, continúa abierto el Athletic Club de Lectura, una acción de promoción de la lectura a través de la cual cualquier aficionado y lector puede proponer un libro para leer a varios jugadores, jugadoras y técnicos del Athletic Club. Cada una de estas personas escogerá una entre todas las sugerencias recibidas, comprometiéndose a leerla en el plazo de un mes.
Así mismo, el lector recibirá una sugerencia por parte del representante del Athletic adquiriendo el mismo compromiso de lectura. Posteriormente, a partir de los libros sugeridos, la Fundación Athletic Club organizará una serie de clubes de lecgura con las personalidades del Athletic Club.
Las propuestas ser podrán ir enviando de manera escalonado durante los próximos meses a través de la ficha de cada personalidad que se puede encontrar en la sección Athletic Club de Lectura de la web de Letras y Fútbol.

Un vermut para hablar de fútbol y literatura

El mes de diciembre comienza de la mejora manera posible. Y es que hoy, a las 12.00 h., la Casa València de Barcelona (c/Còrsega, 335) ha organizado un vermut futbolero en el que participarán Enrique Ballester (autor de «Barraca y Tangana» e «Infrafútbol«), Jacinto Elà («Fútbol B» y «Ulises«) y Carlos Roberto y Miquel Sanchis («Odio el fútbol moderno«).
El acto estará presentado y moderado por Manel Porcar, de Ànima Castelló.


Fútbol, literatura infantil… y cine
Hace apenas tres meses, en agosto de este año, «Los Futbolísimos«, la exitosa serie de libros infantiles de temática futbolera escrita por Roberto Santiago, ilustrada por Enrique Lorenzo y publicada por SM Ediciones, dio el salto al cine. Fue a través de la película de igual título que la colección, «Los Futbolísimos«, obteniendo una gran aceptación tanto por parte de la crítica como de los espectadores.
Aquí tenéis el tráiler de la película:
Simon Critchley y Jordi Puntí hablarán sobre fútbol en el CCCB
Esta tarde, a las 18.30h. el CCCB (Centre de Cultura Contemporània de Barcelona) acogerá el diálogo “¿Por qué pensamos en fútbol?” entre el filósofo británico Simon Critchley y el escritor Jordi Puntí, actividad que se enmarca en el ciclo Bienal de pensamiento. Ciudad abierta.
En la web del centro se puede leer el siguiente texto sobre el diálogo:
El filósofo Simon Critchley visitará el CCCB para dialogar con el escritor Jordi Puntí sobre los aspectos filosóficos y literarios de una pasión que comparten: el fútbol.
Simon Critchley, filósofo británico y aficionado del Liverpool, ha elaborado toda una teoría que enlaza el fútbol y la condición humana en el libro ¿En qué pensamos cuando pensamos en futbol? (Sexto Piso, 2018). Considera que un partido concentra todos los ingredientes de la vida: el espacio, el tiempo, la pasión, la razón, la belleza, las emociones, el destino, la incertidumbre y el azar. Y aunque se ha convertido en paradigma del capitalismo desaforado y las desigualdades, Critchley afirma que es un deporte donde lo que prevalece es la solidaridad y la identidad colectiva. Los equipos de fútbol tienen relato, mitos y valores propios. Y en muchas ocasiones se acaban confundiendo con los de la propia ciudad que representan.
Critchley dialogará con el escritor Jordi Puntí, también apasionado del fútbol y culé de pura cepa. Puntí, después de casi dos décadas escribiendo periódicamente artículos futbolísticos para la prensa, ha dedicado todo un libro a analizar la figura de Leo Messi (Todo Messi; Anagrama, 2018). A través de breves ejercicios de estilo, esboza un retrato de su jugador preferido donde captura y enumera las principales facetas de su juego: la belleza, la voracidad, el genio, la modernidad, la obsesión y el instinto.
«Días de fútbol», de Luis Aleixandre Giménez. Unaria Ediciones

“Cada victoria de los amarillos desencadena, de forma irremediable, un viaje al pasado, hacia vivencias de mi infancia con mi abuelo como protagonista. Una evocación del ayer cargado de sentimientos dispares e intensos: afecto, ternura, tristeza y dolor arraigados en lo más profundo de mi corazón”.
Dice Juan Villoro que “un estadio es un buen sitio para tener un padre. El resto del mundo es un buen sitio para tener un hijo”. Y “¿Quién no recuerda alguna anécdota futbolística vivida con su padre o con su abuelo? ¿Quién, cuando llega a la edad de ser padre o abuelo, no vive anécdotas similares junto a su hijo o su nieto?”, son preguntadas formuladas por Ignacio Martínez de Pisón.
Padres, hijos, abuelos, nietos… y fútbol. Uno de los temas que de tanto en tanto encontramos en el espacio del fútbol y la literatura es el de las relaciones paterno-filiales en las que existe, de fondo, la pasión y la afición por un club. Algunos ejemplo de ellos, a bote pronto:
– Nick Hornby y su padre, una relación a través de las tardes de fútbol siguiendo al Arsenal que se describe en “Fiebre en las gradas”;
– Vicenç Villatoro, en “El sueño de París”, relata el reencuentro de un padre con su hijo adolescente tras el viaje que realizan para ver la final de Champions que el Barça disputó en el 2006 en París (contra el Arsenal de Hornby, casualmente);
– “Heysel” de Armand Company, en el que un padre y su hija Giussy viajan a Wembley para ver infausta final de la Copa de Europa de 1985 entre la Juventus y el Liverpool con trágico final para ella;
– “Dream Team”, de Mario Torrecillas y Artur Laperla, un delicioso cómic en el que el pequeño Enzo, un niño con unas cualidades que apuntan a glorioso futuro en el mundo del fútbol, hará todo lo que pueda para rescatar a su padre de la desastrosa vida que lleva;
– incluso en “Una canción de Bob Dylan en la agenda de mi madre”, de Sergio Galarza, encontramos una vinculación especial entre el narrador y, en este caso, su madre, gracias al fútbol.
Existen más ejemplos de la utilización de esta temática en la que el fútbol actúa como pegamento y nexo de unión entre miembros de una familia. “Independiente, mi viejo y yo”, de Eduardo Sacheri, sería uno de ellos. Y lo mismo sucede en el relato de Manuel Rivas “El míster y Iron Maiden”, protagonizado por un padre y un hijo.
También podemos identificar ejemplos de este tipo de historias en la literatura infantil de tema futbolero. “Demà anirem al camp, Joan!”, de Josep Maria Fonalleras, centrado en describir la primera vez que un niño acude al estadio de su equipo, el Barcelona en este caso, “El mundial de fútbol más raro del mundo”, de Carlos Peramos, donde el fútbol sirve de puente para conectar a nietos y abuelos, o “Sentir los colores”, de Maria del Carmen de la Bandera, novela juvenil en la que un abuelo y su nieto son aficionados del Real Madrid son algunos ejemplos.
Y en el podio de este tipo de obras encontramos “Hijos del fútbol”, de Galder Reguera, un libro imprescindible para entender cómo se contagia el virus de la afición por el fútbol de padres a hijos, con el añadido de que en el caso del narrador la «infección» le fue transmitida por su abuelo.

Imagen de www.laorquesta.mx
Las citadas son solo algunos ejemplos, como decía, de la acción que el fútbol a la hora de unir a los más grandes y a los más pequeños de la familia. Supongo que algo de aquello de que el “fútbol es la recuperación semanal de la infancia” debe haber en ello. Dando por buena tal afirmación, los adultos tenemos una puerta para regresar al tiempo en el que fuimos niños gracias al fútbol. Y por eso, quizá, la sociedad padres-hijos o abuelos-nietos sea tan habitual y, al mismo tiempo, tan prolífica como fuente de material literario.
A tan selecto y entrañable grupo viene a sumarse una delicia de obra escrita por Luis Aleixandre Giménez, publicada por la valenciana Editorial Unaria y que lleva por título: “Días de fútbol”. Se trata de una novela corta bilingüe (se puede leer tanto en valenciano como en español), y que en apenas 50 páginas ofrece un auténtico y emotivo homenaje a la relación entre abuelos y nietos gracias a la pasión por un club, en este caso, el Villarreal.
“Las relaciones con el sexo femenino no se me daban nada mal, pero lo que no cambió con el transcurso de los años fue la asistencia a los partidos de fútbol con mi abuelo”.
El libro está escrito en primera persona, y describe los años de relación entre el abuelo Pascual y su nieto Lorenzo, contados en relación a las temporadas del Villarreal que ambos compartieron. La primera, la 1990-1991, cuando el narrador cumplió los 11 años. La última, la 2017, con la desaparición de Pascual.
El arco temporal que se describe en el libro es de 26 años, en los que el equipo pasó por modestas categorías como la tercera división, y vivió grandes noches en competiciones europeas. Fuera como fuese, tanto en las victorias como en las derrotas, con éxitos o con frustraciones, como espectadores en el estadio la mayoría de veces o, cuando eso no era posible, siguiendo al equipo a través de la retransmisión de un sencillo transistor, algo se mantenía siempre invariable: el fútbol, para Pascual y Lorenzo, era algo que ambos debían siempre compartir juntos. Una lealtad y una fidelidad inquebrantables: hacia el club y hacia sí mismos.
La obra es una delicia de lectura pues refleja hasta qué punto puede llegar el vínculo afectivo entre nieto y abuelo. Sin duda, en la vida existen numerosos espacios en los que ambos pueden exteriorizar los sentimientos del uno hacia el otro. Pero seguramente el del fútbol sea uno en los que esa conexión se pueda manifestar de forma más intensa. Además, en este caso, el autor consigue que el lector se emocione ante determinadas situaciones vividas por el joven y el anciano sin caer en el recurso de buscar la lágrima fácil.
He sentido una envidia sana por los personajes de la historia. No tuve la suerte de conocer a mis abuelos. Como padre, he podido disfrutar de varias experiencias de tipo iniciático con mi hijo. Él, por su parte, tampoco ha tenido la oportunidad de vivirlas de manera tan intensa como sucede en “Días de fútbol”. Pero siempre nos queda la literatura, y poder comprender lo que debe ser una relación de ese tipo es más fácil gracias a obras como esta.

Imagen de www.palabradefutbol.com
Aunque el club del que Pascual y Lorenzo son seguidores es el Villarreal, cualquier aficionado al fútbol que haya tenido la suerte de compartir pasión con su abuelo se sentirá identificado y encontrará en el libro las palabras para verbalizar el universo sentimental de este tipo de relaciones.
«Días de fútbol» es, en definitiva, un maravilloso homenaje a la confluencia que se establece entre generaciones gracias al fútbol, y en la que las edades se difuminan cuando el objetivo es compartir la pasión por un equipo.

Imagen de www.futbolbalear.es
Podéis leer un fragmento haciendo clic en este enlace.
Y el libro se puede adquirir a través de este enlace de la web de la editorial.


















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